miércoles, 27 de agosto de 2014

RECORTES







(De una entrevista de Enric González a Quim Monzó)


EG -¿El proceso de tus padres te impresionó?

QM -Mucho. Ya no era un niño, era un señor mayor, pero no había visto nunca la decrepitud humana. Porque soy solitario, no he conocido a mucha gente. En el caso de mi madre vi la degradación del cerebro, y en el caso de mi padre la degradación del cuerpo. Siempre me pregunté qué era peor. Mi padre tuvo la cabeza perfecta hasta pocos días antes de morir, cuando empezó a tener las piernas rígidas (y entonces entendí aquello de ‘estirar la pata’). Es tan triste la decrepitud. Eso es lo que da miedo. La muerte no importa. Pfff…, adiós y sin despedirme. Un bar que me gustaba mucho cuando salía cada noche era el Bikini. ¿Sabes por qué me gustaba tanto? Primero porque el lugar era excepcional, había todo tipo de gente, conocías ganado muy diferente. Y había dos pistas, y el hecho de que hubiese dos pistas permitía que también hubiese dos salidas diferentes. Odio despedirme, por las noches. Por eso si estaba en la pista del rock decía que me iba un momento a la de salsa. Hacía ver que iba hacia esa pista pero entonces salía a la calle por la otra puerta, sin decir nunca adiós a nadie. No soporto el rollo de los besos y de los adioses y del ya nos veremos. No, a ver: ya nos llamaremos si tenemos ganas y para eso no hay que despedirse. La sala Bikini sería el lugar ideal para morirse y así marcharse sin decir adiós. El problema es todo lo que viene antes. Además, salen fantasmas. En el caso de mi padre y mi madre, una pareja que hubiera tenido que separarse a los cinco minutos de haberse conocido, en la residencia mi madre hacía una cosa muy buena. Le decía a mi padre: “Mira que eres idiota, mira que eres imbécil, porque… porque…” Y entonces se quedaba parada porque había olvidado porqué lo insultaba. ¡Pero es que no había ningún porqué! Treinta años atrás, cuando la cabeza todavía le regía un poco, le decía “eres imbécil” porque has dejado la silla así y la tienes que dejar de esa otra forma, o “eres imbécil” porque llevas eso así y tiene que ser asá… Buscaba la excusa para decir “eres un imbécil, eres un idiota”. Ahora no, como ya había perdido definitivamente la cabeza, agredía pero no podía justificarlo con ninguna excusa porque la cabeza ya no le funcionaba lo bastante… ¡Ah, y perdona, otros fantasmas! No es un caso mío, pero un amigo librero me explicó el de un hombre que, ya muy mayor y con su mujer muerta, cogía el autobús y se iba al pueblo de al lado de esa ciudad, donde habían vivido de jóvenes, y se pasaba el día intentando pillar a su mujer con el amante. La mujer ya estaba muerta y él debía tener cerca de noventa años, pero le salían los fantasmas de cuernos."








“El dinero ha sido bien definido por Marx como un equivalente general. El dinero es lo que equivale a cualquier otra cosa. Esto es lo que hace que exista la pasión por el dinero. Esa pasión por el dinero sustituye a la pasión por todas las cosas que deseamos. Es como si el dinero se pusiera delante de las cosas que queremos y fuera el medio de satisfacer cualquier deseo.”

(Alain Badiou).




“Herbert Marcuse, el filósofo americano de origen alemán, perteneciente a la Escuela de Frankfurt, creó toda una escuela en la defensa de los estudiantes y de los marginados como grupo que ha relevado en la edad contemporánea, al proletariado en la vanguardia de la revolución. Según Marcuse, que vio el esplendor de sus teorías en las barricadas del mayo francés del sesenta y ocho, la clase obrera tenía ya bastante que perder en su combate y había sido asimilada por la complejidad y las migajas del sistema capitalista.”

“El poder de la trilateral en España” J. Estefanía (Akal, 1979)





¿Por qué darle a la otra persona la satisfacción de descubrirlo por sí misma? Una vez ventilado el asunto, al menos sabes que nunca será un problema en la relación, y si lo es, siempre puedes decir: «Pues te lo dije al principio».

(Andy Warhol)




 "Sabes, no sé si voy a vivir mucho tiempo. Creo que pinté bastante. Llegué a lo que quería…" nota de Nicolas de Staël, escrita el 5 de marzo de 1955, se mató el 16 de Marzo, lanzándose desde la terraza de su estudio, piso 11.




"Generalmente no sé lo que me hago; robo mis ideas de los libros, tomo prestadas mis miradas a los ojos de otros, no adelanto a los subnormales ni tullidos por la calle porque temo que mi agilidad los deprima, me encanta ver jugar tanto a los niños como a los animales, pero no me importaría ver cómo le dan una patada a un pordiosero o cómo atropellan a una niña porque no son más que nuevas experiencias que voy acumulando; no me gusto a mí mismo y observo con burlona sonrisa este mundo más feo y menos inteligente que yo...."

(Martin Amis."El Libro de Rachel")


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