jueves, 11 de septiembre de 2014

CHILE: SOBERANA E INTERVENIDA… / Joan E. Garcés




CHILE: SOBERANA E INTERVENIDA… 


“…en 1947 el precario equilibrio entre libertad externa amputada y libertades internas preservadas se rompió en el país latinoamericano al ser enrolado, esta vez subrepticiamente, en la Coalición contra la Unión Soviética. Coalición que englobaba tanto a los Estados aliados de EE UU como a sus instituciones multilaterales económicas –Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial- y políticas –como los partidos y fundaciones agrupados en las Internacionales Democristianas y Socialdemócrata, ambas con su centro de gravedad en la RFA. El enrolamiento de Chile en la guerra fría se llevó a cabo no mediante una resolución formal del Senado, sino por la vía del control de hecho sobre la persona del jefe del Estado. Con todo, tampoco en 1947 resultaron totalmente destruidas las instituciones y libertades republicanas internas. Su sobrevivencia posibilitaría en 1958 abrogar las leyes represivas impuestas en 1947-1948. Pero desde 1958 hasta 1970 Chile continuó estando encerrado dentro de la Coalición de la Guerra Fría a través del enfeudamiento personal de sucesivos presidentes elegidos con apoyo, directo o indirecto, de la propia Coalición bélica, canalizado a través de sus instrumentos de intervención. (…)






Liberar el país de la subordinación a la disciplina de la Coalición bélica es lo que, desde 1948, se planteaban las coaliciones político-sociales impulsadas por el senador Salvador Allende. Y lo que éste puso en práctica en cuanto formó Gobierno, en 1970, al abrir relaciones económicas y diplomáticas con los Estados hostigados por la Coalición de la Guerra Fría en América Latina –Cuba-, en el Pacífico oriental –China, Vietnam- y en Europa central –RDA-, e ingresar Chile en el universal Grupo de Países No Alineados. Cuando en septiembre de 1970 el sistema republicano permitió elegir en Chile, en elecciones libres y limpias, un jefe del Estado no deseado por la Coalición bélica, el líder de ésta última ordenó destruir las instituciones del Estado latinoamericano –las repúblicas de fundamento democrático-representativo. La Administración Nixon-Kissinger no logró su propósito en 1970, pero desde la Coalición de la Guerra Fría aplicó medidas de guerra económica, psicológica, subversiva, hasta conseguir enrolar a Chile de nuevo en septiembre de 1973. El castigo impuesto al Estado latinoamericano por la Coalición bélica fue el que se aplica a quien rompe la disciplina militar: cañonazos, terror y hambre sobre la población, cámaras de tortura y pelotones de ejecución para cuantos osaron desafiar la disciplina –hasta el extremo del politicidio. El Estado chileno volvía a su condición de no independencia, pero a diferencia de lo acaecido en las coyunturas de 1943 y 1948, en 1973 sus libertades e instituciones republicanas fueron deliberadamente destruidas, su soberanía fue puesta bajo control militar a fin de impedirle elegir formas de Gobierno y de régimen económico distintas de las aceptadas por el líder de la Coalición. Tutela castrense castrense institucionalizada en la “Constitución” impuesta en 1980 y vigente desde entonces.









Si por sistema republicano entendemos soberanía popular, libertades y deberes políticos y cívicos, gobierno representativo, separación de poderes, Estado de Derecho, solidaridad, igualdad, FF AA emanadas de la Nación y subordinadas a ella, desde 1973 Chile está amputado de sus raíces históricas como República independiente. Pinochet ha sido el primer militar en identificar los orígenes de un ejército de Latinoamérica no en el que nació en la lucha contra la Metrópoli durante la segunda década del siglo XIX, sino en el de la propia época colonial. Y dice bien, pues la misión del Ejército colonial era, y es, ocupar el territorio sometiendo a su población a la autoridad última del Imperio, y a la inmediata de la oligarquía criolla. Para semejante doctrina militar los sectores sociales populares son un “enemigo interior” equivalente al de indígenas y mestizos rebeldes para el Ejército colonial. El concepto republicano de “ciudadano” les es ajeno, tiene la connotación subversiva originaria.








La segunda guerra de EE UU con Alemania empezó y terminó con Chile dirigido por presidentes de coaliciones de Frente Popular-Alianza Democrática, de las que formaban parte los partidos Radical, Democrático, Socialista, Comunista y otros. Durante la segunda guerra mundial los partidos políticos dividieron sus simpatías ideológicas entre uno u otro bando, e intentaron ganar posiciones en función del predominio de una u otra Potencia. En 1941, mientras Alemania y el fascismo dominaban Europa de un extremo a otro, en Chile la mayoría conservadora de ambas Cámaras del Congreso aprobó un proyecto de ley que ilegalizaba el Partido Comunista. El presidente Pedro Aguirre Cerda lo vetó, ninguna Potencia extranjera intervino para impedírselo. Sin embargo, después que Chile hubiera sido enrolado en la Coalición bélica pero antes de que Alemania hubiera capitulado -7 de mayo de 1945-, ya la Administración Truman había adoptado iniciativas para sumar las repúblicas latinoamericanas a su nueva estrategia mundial, y dirigía su atención hacia aquel singular gobierno apoyado en una coalición de centro-izquierda que incluía el Partido Comunista. La documentación disponible hoy da a entender que desde tan temprana fecha los responsables de Washington decidieron quebrar la Alianza Democrática que sostenía al gobierno de Chile, aislando al Partido que identificaban como expresión política de sindicatos obreros y, encima, simpatizante de la Potencia europea rival. Las iniciativas de los servicios de EE UU se dirigieron hacia el centro del poder en el sistema político, el jefe del Estado. El embajador de EE UU en Santiago hizo los sondeos oportunos y, el 26 de abril de 1945, comunicó a Nelson Rockefeller que tenía luz verde para invitar al presidente Ríos a reunirse con el presidente Truman. El 4 de mayo Rockefeller respondió que Truman cursaría la invitación. El 24 de abril Juan Antonio Ríos la aceptaba.

El gobierno de EE UU deseaba, en sustancia, obtener del presidente Ríos que mantuviera a Chile subordinado a sus prioridades en América Latina –recuperar el control sobre la rebelde Argentina-, y en el Continente europeo –subordinar a la Potencia sobreviviente. Ríos se sintió engrandecido por la invitación. “



Joan E. Garcés, “Soberanos e intervenidos” (Editorial Siglo XXI)



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