martes, 30 de septiembre de 2014

CUT: Llevar a las urnas la unidad y la lucha de la calle




Llevar a las urnas la unidad y la lucha de la calle

DECLARACIÓN DE LA CUT SOBRE LA CONFLUENCIA
Unidad desde abajo, desde las luchas, programa de transformaciones sociales, primarias, código ético y política de alianzas.

En el séptimo año consecutivo de crisis económica seguimos viviendo una situación de excepcional emergencia social con millones de personas desempleadas y cientos de miles de familias desahuciadas. La juventud más preparada de la historia se ve abocada emigrar buscando empleo. Andalucía sigue siendo una de las naciones europeas con mayores índices de paro, precariedad y desprotección social.

A la crisis de un sistema, el capitalismo, que es incapaz de satisfacer las necesidades más básicas de la población se une el desgaste de unos gobiernos cómplices con La Troika y el deterioro del régimen de La Transición. A nadie se le escapa el posible carácter constituyente de las próximas elecciones municipales.

Tras un ciclo de movilizaciones importantes, con varias huelgas generales, y la participación de millones de personas en la lucha, las elecciones europeas del 25 de mayo abrieron un nuevo ciclo, de carácter electoral, donde sin abandonar las movilizaciones las ansias e ilusiones de cambio de la calle se quieren ver reflejadas en los resultados.

El surgimiento de nuevos movimientos de base y plataformas de lucha y unidad de acción, como el 15M, el 22M y las mareas, con nuevas asociaciones como la PAH, la Coordinadora 25S o el Frente Cívico y la implicación de algunos de estos colectivos, de manera más o menos activa, en procesos de convergencia así lo atestiguan.



2014 nos muestra que la normalidad política ha acabado, asistimos a una nueva situación de extraordinaria inestabilidad social y política. Nunca antes un millón y medio de personas (Marchas de la Dignidad 22 de Marzo) tomaron las calles de Madrid convocados por la izquierda sindical y los movimientos sociales alternativos por fuera de las estructuras del bipartidismo sindical. Nunca antes el tablero electoral se ha trastocado tanto, no sólo por la irrupción de Podemos, sino también por el descalabro del bipartidismo político. La monarquía, uno de los sostenes intocables del régimen de La Transición, producto del pacto con el franquismo, herida por los escándalos de corrupción, ha tenido que abrir la sucesión, con la retirada de Juan Carlos I. El otro elemento de sostén del régimen, la unidad de España, también está siendo socavado por la masiva movilización soberanista catalana en pro del derecho a decidir.

Como en otros momentos de la historia, la lucha por los derechos sociales, por el pan, el techo y el trabajo se une y vincula a demandas políticas como el derecho a decidir, no sólo de los pueblos, sino también de la ciudadanía, que aspira decidirlo todo. Cuando la rebeldía y la insumisión se instala en las mentes y los corazones de la gente, de la multitud, no hay forma de ponerle puertas la campo y el sueño de la utopía, de lo que ayer parecía imposible se abre camino mediante la lucha.

De lo que se trata ahora es de no decepcionar las ansías de cambio que existen en la calle, de encauzar la rebeldía, de llevar la unidad y la lucha en la calle también a las urnas.

La pregunta es: ¿cómo hacerlo?. Desde nuestra humilde organización, la CUT, queremos aportar públicamente nuestra visión no sólo para posicionarnos en el debate de la convergencia sino también para intercambiar opinión con muchos actores políticos, sociales y sindicales que en estos momentos se mueven en esas coordenadas.

En primer lugar, unidad. Unidad de los de abajo, unidad de la gente que ha estado en la lucha, en la movilización. Si fuimos capaces de ponernos de acuerdo para luchar juntas, hombro con hombro, ¿por qué no vamos a conseguirlo en el ámbito institucional?. El activismo, ya sea social, político o sindical, acumula una enorme experiencia de unidad de acción. Hemos sabido tanto en el 15M como en las Marchas de la Dignidad, en numerosas plataformas, fortalecer lo colectivo, mediante el debate asambleario y de base, creando sinergias y complicidades, frente a los cainismos de siempre. No tiene ningún sentido que ese capital acumulado de unidad no se ponga en valor en las instituciones, que constituyen otra parcela de la lucha de clases.

Quienes han aceptado la sucesión borbónica, quienes han reformado el art. 135 de la Constitución para primar el pago de la deuda bancaria antes que el impulso de los derechos sociales y los servicios públicos, quienes nos han impuesto reformas laborales para llevar al mundo del trabajo a la precariedad más absoluta, quienes han desmantelado el sector público mediante reconversiones salvajes, privatizaciones y recortes... no parece que tengan mucho que decir en un proceso de confluencia que tiene como objetivo llevar a las instituciones la lucha contra lo que han hecho y representan.

Y llegados a este punto queremos expresar una alerta. No somos ilusos. En ningún momento hemos confundido instituciones o gobierno con poder. Quien crea que bajo el euro y la ultra neoliberal Unión Europea es posible llevar adelante políticas emancipadoras de nuestra clase y nuestro pueblo se está auto engañando. Las instituciones poseen un margen mínimo de actuación y son más parte del problema que de la solución. Pero eso no quita que las instituciones de su mal llamada democracia también sean terreno en disputa, que intentemos llevar las contradicciones más allá de lo que ellos quieren, para asaltar la tranquilidad de sus sillones gobernantes.

La democracia es una falacia en el capitalismo porque el capital financiero siempre ha dominado a los gobiernos. Sólo es posible articular soluciones duraderas a los problemas de la gente con genuinas políticas de ruptura con el sistema y el régimen al servicio de la mayoría social, esto es, poniendo la banca y los sectores estratégicos de la economía en manos del pueblo y para ello es necesario romper las estructuras dominantes mediante la combinación de una poderosa movilización obrera, popular y ciudadana con la lucha institucional.

Y aquí entramos en una segunda fase de la convergencia. Resuelta la pregunta de con quién hacemos la unidad, se trata de responder a para qué queremos la confluencia, para hacer qué?.

No vamos a ocultar nunca nuestra identidad. Somos de izquierdas, soberanistas y anticapitalistas. Deseamos una república andaluza que responda a los intereses del pueblo trabajador andaluz, por fuera de la Unión Europea y en alianza con las dos orillas del Mediterráneo, nuestro espacio natural. Pero nosotros abordamos la confluencia dejando el carnet en la puerta, porque sólo desde el mestizaje, la generosidad y la honestidad podremos afrontar con viabilidad la confluencia.

La convergencia es programática. No se trata de establecer debates ideológicos sobre que cultura política lleva o no la razón, tendremos que ir todas las personas a la confluencia, confeccionando de manera participada un programa. Un programa que responda a los problemas acuciantes de la población, al modelo de ciudad y pueblo, conectando con los barrios y respirando sus inquietudes.

El programa es el carnet de identidad colectivo y la elaboración de un programa participado es en sí mismo un proceso de conexión con los barrios, con la ciudadanía, es un proceso de empoderamiento colectivo que nos arma políticamente para afrontar el reto de las municipales no contando con la gente como sujeto pasivo, sino siendo la gente.

El programa no es una lista de demandas y reivindicaciones. El programa es, en primer lugar, la comprensión común de las tareas comunes. El programa debe definir el comportamiento ético de los cargos públicos y la política de alianzas. Si queremos algo realmente nuevo, ajeno a la vieja política, es necesario que el código ético de los cargos públicos se cumpla escrupulosamente. Lo contrario sería defraudar a la ciudadanía. Los cargos públicos deben estar bajo mandato revocatorio de la asamblea en el caso de que no cumplan lo acordado democráticamente. Quienes nos representen como cargos públicos deben desde el minuto uno comportarse de forma diferente. Deben repudiar los privilegios y dar ejemplo siendo los primeros a la hora de luchar y situarse en la última línea a la hora de disfrutar los beneficios de la lucha. No queremos ensillonados, queremos cargos públicos que estén con la gente, en las luchas, a pie de tajo y de calle.



La política de alianzas es otro elemento clave. Y ya no vale decir que se afrontará tras las elecciones. La gente quiere estar informada y saber a qué atenerse. Al igual que pensamos que la permanencia de IU en un gobierno con el PSOE es un lastre para la convergencia, consideramos que si queremos representar un nuevo tiempo no valen las argumentaciones de "todos contra la derecha" en el sentido de establecer gobiernos con el PSOE. El PSOE ha estado en las decisiones importantes en la misma trinchera que el PP y forma parte de las políticas de La Troika y del régimen. Nos parece que el nuevo tiempo exige que se tenga un debate sobre esta cuestión y que el electorado sepa y conozca cual es la política de alianzas de forma previa a las elecciones, para que nadie se lleve a engaño. Nosotros adelantamos nuestra opinión, que se sustancia en "nada con el bipartidismo". No queremos gobiernos conjuntos con quienes tienen un modelo de sociedad y de ciudad que no respetan los derechos humanos ni la sostenibilidad medioambiental, con quienes han hecho de la especulación inmobiliaria y el ladrillo, fuente de muchas corruptelas, su modelo estratégico. Y parece que no estamos tan locos cuando en la última encuesta de la SER el 31,6% de los andaluces y andaluzas prefieren un gobierno de "una coalición alternativa de la izquierda que integre a IU, Equo y Podemos" frente al 10% que opta por un gobierno del PSOE en solitario o un ridículo 5,3% que apoya la continuación del bipartito. [1]

Es obvio que el programa debe responder a las peculiaridades de cada ciudad o pueblo. Pero también es lógico que tenga una cohesión. No es de recibo que en un pueblo o ciudad se plantee la privatización de servicios municipales mientras que en otro se apueste por lo contrario. Si estamos contra los recortes vengan de donde vengan, contra La Troika, habrá que establecer un programa marco mínimo que sea común con ejes como la defensa de los servicios públicos, el fomento del empleo público y de calidad, impulso del cooperativismo y la economía social, la democracia participativa, la lucha contra la corrupción, la promoción del alquiler social de la vivienda, el fomento del transporte público... y todo ello atravesado por políticas de igualdad de género y  de sostenibilidad medioambiental.



El tercer estadio de construcción de la confluencia es la confección de las listas. A nuestro parecer hay que huir de cualquier sospecha de pacto de cúpulas o mesas camillas. Y la única forma de evitarlo es el procedimiento de primarias. Hay que darle la palabra a la ciudadanía rebelde, coherente, insumisa... no sólo en el programa, no sólo en la política de alianzas, también en la confección de las listas, en la elección de las candidaturas. Es el mejor método para que la transparencia fluya desde el inicio.

Las candidaturas de confluencia, inevitablemente, deben incorporar una articulación jurídica que permita que los votos puedan sumar a la hora de disputar también las diputaciones. En las elecciones municipales no sólo se eligen concejalías, también se eligen, en función de los votos obtenidos por cada candidatura en el marco de cada partido judicial, los diputados y diputadas que conforman el gobierno de las diputaciones. Partiendo de nuestra apuesta por la desaparición de estos entes administrativos intermediarios, constituiría una locura jugar sólo la mitad del partido y dejar la otra mitad al bipartidismo. Mientras que existan las diputaciones y no tengamos la fuerza suficiente para cambiar la Constitución y hacerlas desaparecer, tenemos que tener en cuenta esa realidad administrativa provincial que ha salido muy fortalecida de la última reforma local auspiciada por el Gobierno del PP en detrimento, una vez más, de los Ayuntamientos. Hasta tal punto esto es así que muchos Ayuntamientos necesitan de los programas de la Diputación para garantizar los servicios básicos esenciales.



Finalmente, queremos reiterar de nuevo y nunca insistiremos suficientemente en esta idea, que las elecciones no son un fin en sí mismo y que no constituyen ninguna solución real y definitiva para los problemas de la gente. Nuestro objetivo nunca deberá ser gestionar las miserias presupuestarias que nos deja el sistema, sino intentar la subversión del mismo, incluso dentro de esas mismas instituciones. Claro que hay que mitigar, en la medida de lo posible, el sufrimiento de la gente, pero no es esa la finalidad. No es la finalidad de la izquierda recortar mejor que la derecha, sino acabar con los recortes. Las elecciones son un medio más del que disponemos para sumar fuerzas en la lucha por transformar la realidad, por cambiar el sistema, por derrocar el régimen y abrir un proceso de ruptura democrática y por derribar a los gobiernos de La Troika. Las posiciones ganadas en las instituciones deben estar al servicio de la lucha y no al revés.

Estamos por la confluencia y participaremos en todos los procesos de unidad que se abran a cualquier nivel territorial y lo haremos con los criterios que aquí hemos apuntado.

Andalucía, 16 de septiembre de 2014


***