miércoles, 29 de octubre de 2014

Dardo Sebastián Dorronzoro: “Mi lengua no sirve para tapar basura” / Horacio Papaleo




Dardo Sebastián Dorronzoro:   “Mi lengua no sirve para tapar basura” 



Hace 38 años pasaba a formar parte de la lista de desaparecidos Dardo Sebastián Dorronzoro, el poeta y herrero lujanense que comprometió su palabra hasta los últimos días. El periodista Horacio Papaleo nos cuenta parte de la historia encubierta de este imprescindible de las letras.



Ni un solo rastro digital de un tal Ernesto Lennard, juez que estampó sello y firma en la Causa Nº 59092, Legajo 1525 caratulada “Dorronzoro de Dorronzoro, Nelly Adela, Denuncia Privación ilegal de la libertad. Víctima Dorronzoro, Dardo Sebastián”.

Tampoco es mucho lo que se puede conseguir si se intenta dar con la suerte laboral, personal o judicial que corrió el comisario Víctor Jorge Yostak, aquel uniformado que registró los detalles de denuncias que se acercó a radicar Nelly Dorronzoro en la Comisaría Luján primera, el diez de marzo de 1976. Apenas un listado del “Grupo de Apoyo a los Juicios por la verdad”, a partir de una solicitud de la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, en el marco de la Ley Provincial N° 12498 “Registro Único de la Verdad”. Allí consta la identidad de los jefes y subjefes de las Brigadas dependientes de la Dirección General de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y aparece, perdido entre nombres grises, Víctor Jorge Yostak.



El treinta de marzo de 1976 Dardo se presentaba espontáneamente en la Comisaría de Luján y sentía la necesidad de dejar plasmado en actas, primero, que “hace diez años aproximadamente dejó su actuación política como afiliado en el Partido Socialista de los Trabajadores, con asiento en Luján”.

El oficial de turno golpeaba las teclas de una vieja Olivetti y escribía: “El día diez del corriente, en horas de la madrugada, siendo la una de la mañana y en circunstancias en que el deponente se hallaba con su esposa Nelly Adela Dorronzoro, dormitando, cuando alguien golpea la puerta de acceso. Entonces su esposa responde al llamado preguntando quién es. Desde afuera le respondieron que eran Policías Federales. Acto seguido el dicente se coloca sus prendas de vestir y abre la puerta, pero sin mediar palabras lo cubren con una prenda al tiempo que lo amenazan con armas de fuego. Acto seguido ingresan varias personas a la casa y obligan al dicente a tirarse al suelo, esposándolo en las manos, haciendo lo mismo con su esposa, según creyó en ese momento”.




El relato de Dardo seguía; el oficial azulado pasaba al papel. “Después de dos horas y media, según le comentara su esposa, la liberaron dentro de la casa. En cuanto al dicente alrededor de la una y media lo llevaron a un automóvil estacionado afuera de la vivienda y se lo llevaron sin rumbo fijo, quedando cautivo tres días en una misma casa. Que como lo mantuvieron siempre con los ojos cubiertos, no pudo identificar a los secuestradores ni tampoco el sitio donde lo tenían. Que realizaron un interrogatorio acerca de vinculaciones políticas y acusándolo de ‘marxista-leninista’, pero aclara que las preguntas que le efectuaron el dicente respondió con claridad y veracidad, por cuanto resolvieron dejarlo en libertad en un camino de tierra jurisdicción de Carmen de Areco”.

Por entonces algún baqueano pudo haber cruzado a Dardo, quien caminó varias horas hasta llegar a un pueblo y en él tomarse un tren que lo llevó hasta San Andrés de Giles. Horas más tarde un micro que lo dejó cerca de su casa.
El oficial que tipeaba aquel suceso quizás sintió un zonzo orgullo castrense cuando escribió: “Que en ningún momento lo maltrataron”, pero “sí siempre bajo amenazas de armas de fuego”.
“Cuando regresó a su casa su esposa le manifestó que no había sido maltratada, pero sí que los malhechores habían hecho inscripciones en el interior y exterior de la casa. Que los mismos actuaron encapuchados. Que es todo, no siendo más para el acto, se da por finalizado”. Conste, y consta aún, en actas.
En un derroche de creatividad, los que en aquella jornada de 1976 entraban a la casa de Dardo y Nelly a avisar sobre sus intenciones, estampaban en las paredes “Dios, Patria, Hogar”; “Croto” y una pista más para reconstruir aquel pasado: “Comando Jordán Bruno Genta”.

La agencia católica “ACI” ayuda a desempolvar aquella referencia, aunque tampoco abundan los rastros para saber a qué se referían los graffiteros de la dictadura. “Jordán Bruno Genta, catedrático católico asesinado en la década del setenta por un comando terrorista marxista cuando se dirigía a participar de la Misa dominical (se respeta la mayúscula de la fuente consultada). Los organizadores recordaron que Genta fue asesinado ‘por el delito de haber sido un catedrático católico que jamás fue acallado, pese a las amenazas, en su inquebrantable prédica de la Doctrina de la Iglesia’. En ese sentido, afirmaron que se trata de ‘un verdadero mártir de la Iglesia, porque murió por Cristo´”.




Don Genta, quien le cedía el nombre a los personeros de la muerte organizados en un supuesto “Comando” había nacido en Buenos Aires el dos de octubre de 1909. “Su madre, Carolina Coli, falleció de una enfermedad del corazón cuando su hijo tenía trece años de edad. Su padre, Carlos Luis Genta, era ateo y anticlerical, motivo por el cual Jordán ni sus dos hermanos fueron bautizados.”
Destaca la prosa católica que “en los años sesenta la izquierda radical inicia en Argentina la llamada ‘Guerra Revolucionaria’. Genta, preocupado por la realidad de su país, inicia desde la docencia la oposición intelectual al marxismo. Sin embargo, esta toma de posición llevó a que el veintisiete de octubre de 1974 un comando del Ejército Revolucionario del Pueblo lo acribillara de once disparos cuando salía de su casa para participar en la Misa dominical. Este asesinato nunca fue investigado por la Justicia argentina y según recuerdan los organizadores de la próxima Misa, han habido algunos intentos por abrir su causa de beatificación”.
ACI te “informa”, aunque sin duda encontramos más rigurosidad histórica en un tramo del “Proyecto ‘Los muertos de la tapera de Perel’”, redactado por alumnos de la EEMNº 5 de Mercedes en 2008. “Nuestra ciudad siempre ha sido bastante politizada. Así, en los años del terrorismo de Estado, la dictadura se ensañó con los más activos de sus habitantes. Mercedes cuenta con veintidós desaparecidos y con algunas otras terribles bajas. Cuatro en particular, serán objeto de esta investigación. Estudios recientes dan cuenta de un comando, “Bruno Genta”, dependiente del Regimiento 6 de Infantería local, que habría sido el encargado de operaciones de la inteligencia, persecución y amedrentamiento a militantes populares antes y durante la dictadura militar”.
Así te “informan” alumnos de secundaria.




Poco tiempo más tarde de aquel aviso documentado por la Olivetti de la Comisaría de Luján, Dardo Dorronzoro fue secuestrado de su domicilio y desde entonces permanece desaparecido. El calendario marcaba veinticinco de junio de 1976.
Él se anticipaba a su forzado destino escribiendo: “Desde hace tiempo siento la amenaza de este viento sobre la luz de mi lámpara, sobre esa luz que apenas me alcanza para no perderme entre las garras del mundo, entre los dientes de esa inmensa muchedumbre de lobos en la sombra”.

El resto es historia más conocida.
Dorronzoro escribió gran cantidad de libros, pero solo se publicaron la novela La nave encabritada (1964) y las obras de poemas Una sangre para el día (1974), Llanto americano(1984) y Viernes 25 (1989).

En el año 1983 se alzó con el primer premio de poesía en el IX Concurso Rafael Morales de Talavera de la Reina (Toledo), España, por el libro Llanto Americano. Estaba desaparecido y recién en junio de 1986 su esposa Nelly recibió ejemplares de ese trabajo que contenía más de treinta poemas.
Es a raíz de otro premio, otorgado en marzo de 1971 por la Biblioteca Ameghino de Luján, cómo se puede acceder a una descripción de Dardo en primera persona.

Como parte de ese reconocimiento, el poeta y herrero ganaba ochenta mil pesos de la época y rápidamente trascendieron las críticas de sectores que le cuestionaban aceptar el dinero luego de acusar a la institución de “macartismo”. A través de las páginas de El Civismo de entonces, Dardo escribió:
“El primer deber del hombre es defender su pellejo, dijo Martín Fierro, y como mi pellejo anda volando por todas partes, incluso hasta por teléfono, salgo a defenderlo. Después de las pocas palabras que dije en la Biblioteca Ameghino el sábado 4, al presentarme para recibir un primer premio de poesía y los ochenta mil pesos correspondientes al premio, cierta ‘gentecita que se llueve en los jardines’ me acusa –sin levantar cargos- de haber aceptado ese dinero. “¿Por qué –dicen algunos- Dorronzoro agarra esa plata de una institución a la que ha acusado de practicar un grosero macartismo?



 “Otros dicen: ‘Acusó pero agarró la lista, ¿eh? ¿Por qué no la regaló a los pobres, él que es tan revolucionario?’. Y otro, alguien sin nombre ni apellido, está enojado porque no les di las ochenta lucas a los menesterosos. Y todos déle con eso. Pero nadie levanta cargos. “Aunque, en realidad, ya estoy sospechando que lo que les duele a estos benéficos ciudadanos no son los cargos, sino que un simple herrero se junte con ochenta billetes de a mil, y para colmo, por la estúpida razón de haber garabateado un poema.

“Para mí resulta fácil explicar por qué agarré esos zarandeados papeluchos y enseguida lo digo, parad vuestras orejas:
1- porque, como todos saben, amo extraordinariamente el dinero.
2- porque de ninguna manera podía dejarlo en manos de gentes que, muy probablemente, irían a utilizarlo en comprar una soga para ahorcarme, o algo parecido.
3- porque, dado mis convicciones ideológicas, no puedo regalárselo a los menesterosos (como pretende un anónimo y melancólico Orfeo), pues los menesterosos no saldrán de esa terrible condición con limosnas sino con una auténtica revolución socialista.




4- porque no soy un imbécil.
“Además, siempre fui enemigo de hacer regalos. Y a no engañarse con mi cara de ángel. Todos recordarán, tal vez, cuando en una ocasión liquidé completamente un asilo de ancianos prendiéndolo fuego.
“Porque, lo reconozco, yo tengo un alma diabólica, pero mi lengua no sirve para tapar basura. Prefiero morir sin pellejo antes que silenciar inmoralidades.
“En cuanto al autor del anónimo publicado en El Civismo del 11 del corriente, le digo que sí, que soy yo tan vanidoso como el que más, pero le digo también que para decir cosas no recurro a esa sucia arma, impropia de utilizar en un periódico decente, sino que las digo con mis dos nombres y apellido o frente a una cara, por más fea que sea.
Y a dejar los ochenta mil tranquilos, que ya están gastados”.

“Hay hombres imprescindibles. Para Luján Dardo fue uno de esos hombres imprescindibles. ¿Por qué? Porque con su herrería decoró algunos rincones de nuestra ciudad. Porque con su poesía realzó las grietas de este pueblo. Porque su casa, de puertas abiertas, permitió la reunión, el debate y la formación de jóvenes que en los setenta iniciaron su militancia política. Porque Dardo fue un provocador de encuentros”. Las palabras las pronunciaron el año pasado Adriana Acosta y Analía Gómez, integrantes del Grupo de Apoyo a Madres de Plaza de Mayo de Luján y organizadoras de un homenaje a Dardo que colmó las instalaciones de la Biblioteca Popular Jean Jaurés.




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