sábado, 11 de octubre de 2014

Rafael Reig / “Visto para sentencia”






Kristian Lundberg


Sala 2.ª de lo crítico

Han sido vistas las diligencias seguidas contra D. Kristian Ludberg y ha sido probado y así se declara como:

HECHOS PROBADOS

PRIMERO: Que D. Kristian es un escritor y crítico literario sueco que comenta libros en el periódico Helsibsborgs Dagbladet. Que su última crítica la dedicó a la novela policíaca El poder del miedo, de la escritora (bastante conocida en Suecia) Britt-Marie Mattsson. Ítem más: que en su crítica D. Kristian valoraba muy negativamente dicha novela. En su opinión, como en otras obras de la autora, de nuevo “la trama es previsible” y “la caracterización de los personajes demasiado plana”.

SEGUNDO: Que la novela de la Sra. Mattsson no sólo no había sido publicada, sino que ni siquiera la había escrito por completo todavía. Apareció por error anunciada entre las nuevas publicaciones, pero la autora aún no había terminado siquiera de escribirla.

TERCERO: Que D. Kristian se disculpó alegando que sólo se había anticipado a lo que de todas formas iba a escribir cuando se publicara”. Ítem más, añadió: “Esperemos que se publique pronto y por fin pueda decir lo mismo”.




CUARTO: Que el director de “Cultura del periódico, Gundar Berdah ha decidido prescindir de D. Kristian como crítico literario, si bien seguirá contando con él para publicar “textos de ficción” (sic, pues al parecer sus críticas literarias no se consideraban hasta ahora “textos de ficción”).

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Los hechos probados han sido calificados por la Fiscalía como constitutivos de los delitos de fraude cr´tico y majadería monumental. Tal y como ha declarado Mattias Boström, el director editorial que no publicó el anunciado libro de la Sra. Mattsson: “Sabíamos que los críticos no leían los libros enteros; ahora sabemos qué es lo que en realidad hacen”. En nuestro país ya se observa que la mayoría de las críticas de los suplementos literarios son previsibles y parecen redactadas sólo a partir del nombre del autor, el título y, con suerte, la información de la contraportada. Los peritos de este tribunal, sin haberlas leído, han sido capaces de adivinar el contenido de las críticas a recientes novelas de, entre otros autores, Manuel Rivas (en Babelia), Carlos Fuentes (en El Cultural) y Mario Vargas Llosa (en ABC). Como es obvio, en Suecia están ya mucho más adelantados y los críticos son capaces, como D. Kristian, de valorar un libro sin necesidad de que haya sido escrito. El empleo de crítico literario es ingrato y mal pagado, pero tampoco es fácil escribir novelas, por lo que la admirable iniciativa de D. Kristian merece nuestro aplauso, al liberar a un tiempo a los sufridos críticos de la engorrosa tarea de leer y a los autores del incómodo trámite de tener que escribir más de doscientas páginas. La conducta de D. Kristian no incurre en ilícito penal alguno, sino que, antes bien, constituye un ejemplo pionero digno de imitación y una inteligente propuesta que renovaría el aburrido y monótono panorama de la crítica literaria.





ACUERDO

Que debo absolver y absuelvo, con todos los pronunciamientos favorables, a D. Kristian de los delitos de fraude crítico y majadería monumental. Que dispongo que sea readmitido como crítico en su periódico. Otrosí, que debo recomendar y recomiendo que el ejemplo de D. Kristian sea imitado sin pérdida de tiempo en nuestros suplementos literarios y, a partir de ahora, sólo se publiquen críticas de novelas que no hayan sido jamás escritas, como, por ejemplo: La defensa Grunfeld, de Enrique Vila-Matas (“brillante, inquietante y enigmática”, “un jaque mate en veinte capítulos tan sobrios como precisos”, etc.); Ficciones febriles, de Rosa Montero (“indagación en la esencia contradictoria de la maternidad”, “prosa urgente, directa y certera”, etc.); El quicio del mundo, de benjamín Prado (valiente denuncia del abuso de poder en las relaciones cotidianas, en la pareja, en la oficina, en el taller”, “desoladora belleza de lenguaje”, etc.). Así, no sólo se evitaría a críticos y autores el fastidioso trámite de leer y escribir, sino que los suplementos se volverían menos previsibles y mucho más interesantes. Puesto que los críticos siempre dicen lo mismo, deberían llevar a cabo al menos un esfuerzo de imaginación para inventar la nueva novela no escrita por el autor, quien a su vez se evitaría tener que volver a escribir otra vez la misma novela con distinto título y personajes.

Contra esta resolución cabe interponer recurso de apelación en el plazo de siete días ante el juzgado digital de segunda instancia.
Así lo pronuncio, mando y firmo.


Rafael Reig, “Visto para sentencia”


***