martes, 11 de noviembre de 2014

ANOVA, foto con perspectiva / Martiño Noriega






ANOVA, foto con perspectiva 


O mando capitalista,
avisas,
non entende de amabilidade.
E nós, que quixemos ser amábeis,
 con dificultade,
imos máis ou menos resistindo.
Non prometemos nada.
No ceo,
os paxaros ensaian unha fuxida.
Miramos para eles e aprendemos que si,
que efectivamente temos medo

Daniel Salgado


Vivimos en un momento de crisis del sistema capitalista, que coincide en el Estado español con la posible apertura de un proceso de procesos constituyentes. Todo está en cuestión. En esa dinámica también operamos en los prolegómenos de un caos sistémico, donde lo que hoy es nuevo mañana es viejo y donde la creciente frustración de la ciudadanía con los poderes políticos y económicos, coincide con una disminución del tiempo de respuesta a la agresión, asentada en el uso de las nuevas tecnologías y las nuevas fórmulas organizativas. En un momento donde las demandas innegociables son pan, trabajo y techo, nunca fue tan necesaria la acumulación de fuerzas para una respuesta y nunca fue objetivamente tan difícil. Mucha gente piensa que la solución definitiva se encuentra en unos resultados electorales, los derechos individuales priman en muchos casos sobre los colectivos, la fraternidad cotiza a la baja en la bolsa de valores y el ego, mas allá de las necesarias referencialidades, es el nuevo dios. Operamos en las respuestas, incluso en las mas novedosas, presos en muchos casos de los valores y la cultura política que heredamos y decimos querer cambiar. Es el precio a pagar en un momento  donde lo nuevo no acaba de emerger y lo viejo se resiste a desaparecer. Mientras todo esto pasa, Roma arde.





Históricamente, el nacionalismo gallego organizado desde finales de los años 80 hasta finales de la década pasada opto mayoritariamente por priorizar la acumulación de fuerzas en el eje identitario, subordinando en su discurso el eje izquierda-derecha, que se sobreentendía (el galleguismo y el nacionalismo contemporáneo siempre tuvo una raíz popular asentando su praxis en posiciones progresistas que en algunos casos siempre fueron históricamente y sin matices, de izquierdas). El BNG, donde algunos militamos durante muchos años, fue el campo de experimentación mas exitoso asentado en esta fórmula, donde se apostó por la búsqueda de una hegemonía en la reivindicación de la cuestión nacional mas allá de otras cuestiones. En esa casa llegaron a coincidir durante la década de los 90, un abanico de sensibilidades organizadas que englobaban desde posiciones socio-liberales a posiciones que se decían de comunismo patriótico.

La ruptura del BNG a principios del año 2012 con la marcha de dos de sus tres sensibilidades organizadas partidariamente por aquel entonces (Encontro Irmandiño con un perfil altermundialista y Mais Galiza con un perfil de corte socialdemócrata) coincide con el epicentro de una sintomatología que , desarrollándose con el estallido de la crisis, se sustancia en una mayoría social huérfana de referentes políticos, que demandan nuevas formas de participación y empiezan a elaborar una enmienda a la totalidad  al margen de las estructuras partidarias clásicas, delante de la gran estafa. Ese proceso consciente en lo colectivo se expresa por primera vez en el 15M.

En ese contexto se desarrolla el nacimiento de Anova-irmandade nacionalista en un proceso asambleario de base territorial que confluye en su asamblea constituyente en verano de 2012. Personas sin militancia política previa, sensibilidades sindicales como la FOGA, activistas sociales y partidos políticos que salieron escalonadamente del BNG desde finales de los años 80 (Encontro Irmandiño, Frente Popular Galega, Movimento pola Base) configuraron una  herramienta política o partido-movimiento de nuevo cuño con el mandato de empezar a navegar en mar abierto. Al frente de la nave, la gran carga simbólica del liderazgo de Xosé Manuel Beiras , que tuvo un rol decisivo en  el exitoso BNG de los 90 hasta convertirlo en segunda fuerza del parlamento gallego.

El 25 de Julio del 2012 (Día da Patria Galega) en un acto político celebrado en Compostela, Beiras implosiona la lectura del nacionalismo gallego de las últimas cuatro décadas, con un lúcido análisis de la situación social que se estaba a percibir. Allí explicita  por primera vez la necesaria acumulación de fuerzas en el campo de la izquierda gallega y pone tan solo una condición, la aceptación del derecho de autodeterminación de Galiza. Esa propuesta que nacía de la emergencia social del momento, abrió la puerta a la colaboración con formaciones políticas de tradición federal y fue la facilitadora de la coalición que se dio por llamar Alternativa Galega de Esquerdas (AGE) , coalición de Anova, Esquerda Unida, Equo y Espazo Ecosocialista que obtuvo con un mes de vida, un fulgurante éxito a finales del 2012 en las autonómicas gallegas con mas de 200.000 votos, lo que la convirtió en la tercera fuerza parlamentaria. No es secundaria en la génesis de la propuesta de Xosé Manuel su experiencia y su formación. Beiras es sin duda uno de los pocos referentes políticos del nacionalismo contemporáneo en Galiza que nunca cortó su cordón umbilical con el galleguismo histórico por razones afectivas (su padre fue un insigne galleguista), intelectuales y políticas. Tenemos que retrotraernos a la década de los años 30 para entender el análisis actual de Beiras y las similitudes del momento. Por aquel entonces, el Partido Galeguista de Castelao y Bóveda también dieron este debate con costes políticos lo que provocó la entrada del PG en el Frente Popular que ganó las elecciones del 1936. En ambos casos, una única condición; el respecto a los derechos nacionales de Galiza. En ambos casos, un único resultado; poner la reivindicación identitaria en el eje de rotación de una izquierda obligada a acumular fuerzas en torno a un poder popular. La soberanía como demanda transversal. Queremos decidir, pero queremos decidirlo todo.



Estos dos años han sido de todos menos tranquilos en la vida de Anova que cerró su proceso constituyente el pasado 12 y 13 de Octubre en su II Asamblea nacional. Durante este tiempo, Anova ha conciliado éxitos electorales y centralidad de discurso tanto en Galiza como en el estado con un intenso debate interno que le ha dejado heridas y un acoso externo que ha conciliado posiciones antagónicas mediáticas y  también partidarias como las del BNG y el PP. Desde el éxito electoral de AGE, en el año 2012, en Anova se consolidaron con muchos matices, dos sensibilidades que provocaron un debate que nunca fue menor. Una lectura más de corte tradicional del nacionalismo contemporáneo gallego que demandaba una modificación del camino iniciado para volver al puerto de partida y otra lectura, ratificada durante todo este año por la militancia de Anova tanto en la reedición de AGE en las europeas como en la II Asamblea, que entiende que en el camino iniciado no hay marcha atrás y en todo caso, queda un largo trecho por andar. Son muchos los retos en el horizonte y son mayoría las urgencias para dar una respuesta. No es suficiente generar nuevos espacios mestizos de representación partidaria. El reto actualmente está en buscar una fórmula donde cohabitemos ciudadanía no organizada partidariamente que quiere participar del proceso político y de las instituciones y las formaciones partidarias que entienden que esa acumulación es necesaria para cambiar la naturaleza de las cosas. Un programa de mínimos y un método de participación abierto deben pintar el campo de juego. En el horizonte, las municipales son la oportunidad. Anova decidió en su II Asamblea participar en el impulso de las candidaturas populares que están a emerger en Galiza que en la mayor parte de los casos tienen un nombre en común, diferentes maternidades y diferentes apellidos (Marea Atlántica, Marea de Vigo, Marea Ártabra, Marea de Pontevedra, Ourense en Común, Compostela Aberta). Lo hacemos con vocación de aportar y acompañar, alejados de cualquier tentación de tutela. Lo hacemos distanciados de los intereses partidarios clásicos, anteponiendo la respuesta de la ciudadanía consciente sobre los miserables réditos electorales de parte. Lo hacemos, porque queremos mojar los pies de los culpables con miles de mareas y poner estos espacios públicos a nombre de las agredidas.




No tenemos nada, pero podemos tenerlo todo. Anova es una organización que ha decidido ser coherente con el reto marcado hace dos años. Una organización con un discurso identificado, sin deuda bancaria, con un claro relevo generacional y con un importante capital simbólico ciudadano en cuanto a sus referentes. Una organización que apuesta con todas sus contradicciones por explorar la nueva cultura política y por participar en la acumulación de fuerzas para hacer frente a la bestia, en un proceso que no espera por nadie y donde Galiza como nación, corre el riesgo de quedar excluida. Si nosotros no somos capaces de hacerlo, otras lo harán.


Martiño Noriega es un médico gallego, Alcalde del Ayuntamiento de Teo (A Coruña) y Portavoz Nacional de Anova-IN junto a Xosé Manuel Beiras.




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