lunes, 1 de diciembre de 2014

Citas




¿ A quien cojones le importa ahora que el Boeing con 298 pasajeros que fue derribado por los rusos lo haya derribado el fascismo de Kiev?
(ELOTRO)




“A propósito de lecturas, no paro de leer a Rabelais y Don Quijote, los domingos, con Bouilhet. ¡Qué libros aplastantes! Crecen a medida que uno los contempla, como las pirámides, y uno casi termina por tener miedo. Lo que hay de prodigioso en Don Quijote es la ausencia de arte y esa constante fusión de ilusión y realidad que lo convierte a la vez en un libro tan cómico y tan poético. A su lado, ¡qué enanos parecen todos los demás!”
(G. Flaubert)



«Desde su exilio en Londres, Marx emprende la tarea de criticar los pasos inmediatos de los parisienses “valientes hasta la locura” y “dispuestos a tomar el cielo por asalto”.
    ¡Oh, cómo se habrían mofado entonces de Marx nuestros actuales sabios “realistas” que, en 1906-1907 se mofan en Rusia del romanticismo revolucionario! ¡Cómo se habría burlado esa gente del materialista, deleconomista, del enemigo de las utopías que admira el intento de tomar el cielo por asalto! ¡Cuántas lágrimas, cuántas risas condescendientes, cuánta compasión habrían prodigado todos estos filisteos respecto a las tendencias motinescas, utopistas, etc., etc., con motivo de semejante apreciación del movimiento dispuesto a asaltar el cielo!»

(Lenin)




«De cualquier manera, la insurrección de París, incluso en el caso de ser aplastada por los lobos, los cerdos y los viles perros de la vieja sociedad, constituye la proeza más heroica de nuestro partido desde la época de la insurrección de junio. Que se compare a estos parisienses, prestos a asaltar el cielo, con los siervos del cielo del sacro Imperio romano germánico-prusiano, con sus mascaradas antediluvianas, que huelen a cuartel, a iglesia, a junkers y, sobre todo, a filisteísmo.»

(Marx)




En el prólogo a la edición castellana de Se levantaron antes del alba… (1977), Arthur London, uno de los más carismáticos comunistas depurados por la criba estalinista de la postguerra, explica cómo esa fe iba hacia el resplandor de la revolución y contra el oscurantismo de la reacción fascista de la burguesía:
«El enemigo esta enfrente, era preciso destruirlo porque de ello dependía la suerte de la humanidad. Entonces no teníamos ni el tiempo ni los medios para controlar lo que sucedía a nuestras espaldas. La fe incondicional era uno de los rasgos de nuestra generación. ¿Acaso un revolucionario no debe tener fe? Por supuesto que sí y la fe puede ensalzar a un hombre. Es necesaria para el que cree en la verdad de su combate, le permite realizarse e incluso superarse, le ayuda a ver permanentemente el otro extremo del túnel en lo más profundo de la noche. Sin ella ¿hubiéramos afrontado día a día la muerte en los distintos campos de batalla, en la resistencia, en las cárceles, bajo la tortura y en los campos de exterminio nazi?».
También señala London que esa fe en aquellos años impedía reflexionar sobre las realidades de una revolución inconclusa, de un partido, dice… «que habíamos contribuido a crear y que, progresivamente, se había convertido en una abstracción». Esa fe era especialmente necesaria en tiempos de lucha desde la clandestinidad y era invocada constantemente como la explicación suprema de la cultura de la resistencia, como lo hizo Irene Falcón en el debate con Claudín y Semprún en 1964, cuando citó a Marx: «Los comunistas son capaces de asaltar los cielos».

Asaltar los cielos, he aquí el impulso de Prometeo, un héroe romántico en opinión de Rafael Argullol (El Héroe y el Único), que roba el fuego o el saber a los dioses para dárselo a los hombres. En la cita de Hölderling que justifica este aserto, el poeta ha brindado a los conspiradores románticos del siglo XIX la audacia de dioses enfrentados a los dueños del cielo, traducidos en dueños de la Historia. Incluso los escritores comprometidos de la izquierda del siglo XX serán calificados de prometéicos porque como Camus o Sartre le han robado la palabra al poder para dársela a los justos que luchan por la emancipación humana. Dicen los versos de Hölderlin:

Y asegurado el fuego divino
se burla la porfía, y solo entonces
opta el atrevimiento, despreciando los senderos
mortales y aspirando a ser igual a los dioses.

Y como premio al esfuerzo de Prometeo:
Al pueblo le suenan sus palabras
Como si vinieran del Olimpo:
Le agradecen
Que haya robado al cielo
La llama de la vida y que
La descubra a los mortales.

A esa disposición a asaltar los cielos, Teresa Pàmies la llamaría años después «romanticismo militante» […].

  (Manuel Vázquez Montalbán, Barcelona, 2001)




Dices tú de historia:
“En uno de los bandos –el ejército- todo estaba preparado anticipadamente; en el otro, improvisado; la ofensiva no cambió de campo ni por un momento. En el primer bando, un ejército bien equipado, moviéndose fácilmente en manos de sus generales; en el otro, unos jefes que van a pesar suyo hacia delante, equipados por el ímpetu de un pueblo imperfectamente armado”.
(Karl Marx sobre el golpe de O’Donnell de 1856)

“Historia magistra vitae” que dice Manuel Sacristán.

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