lunes, 29 de diciembre de 2014

Citas



“En la playa, aquel verano, me afanaba en los esquemas de los crucigramas, de los jeroglíficos, de los anagramas y de las criptografías. Si no los resolvía, no miraba las respuestas publicadas en el número siguiente. Dejaba el vacío a mi espalda y proseguía. Hoy creo que las revistas de pasatiempos son una buena escuela de escritura, adiestran en la exactitud del vocablo, que debe de corresponder a la definición requerida. Excluye los afines, y la exclusión es gran parte del vocabulario de quien escribe historias. Los pasatiempos me han proporcionado las dotes malabaristas necesarias para las palabras. Lo que entonces creía un vicio solitario fue en cambio el taller mecánico de la lengua”.

(Erri de Luca, “Los peces no cierran los ojos” )





“No culpes al espejo: La mueca, la haces tú”

(Proverbio ruso)





“¿Y quiénes son nuestros ídolos? Pues los vocalistas, los escritores de libros de aventuras y los que hacen cine malo y los que editan revistas de actualidad… Hay que dar a los trabajadores aquello que desean… Si quieren porquería, ¡que caray!, porquería les daremos. Todo está bien para nosotros. Porque nosotros no pedimos nada. Porque no sabemos pedir nada más. Y todo el mundo podrido de este bajo comercio de prostitución del obrero nos insulta un día tras otro y a nosotros lo mismo nos da.”

(Arnold Wesker, “Las raíces” )




“No es para que nos contesten a una pregunta por lo que nos hemos puesto en camino, sino para que, en el silencio del lugar de los antiguos oráculos, cada uno descubra cuál es su pregunta.”

(Peter Handke, “El juego de las preguntas” )




“¿Te sorprende ver que los demás pasen por tu lado y no sepan, cuando tú pasas al lado de tanta gente y tampoco sabes, no te interesa qué penas tienen, qué cáncer secreto llevan?”

(Cesare Pavese, “El oficio de vivir” )




“Soñar el sueño imposible, luchar contra el enemigo imposible, correr donde valientes no se atrevieron, alcanzar la estrella inalcanzable. Ese es mi camino.”

(Cervantes, “Don Quijote” )



“Mi verdad, mi carácter y mi nombre estaban en manos de los adultos; había aprendido a verme con sus ojos; yo era un niño, ese monstruo que ellos fabrican con sus añoranzas.”

(Jean-Paul Sartre, “Las palabras” )





“Bobby descubría en los pliegues de los labios, en la barbilla un poco prominente, en las arrugas, en los ojos cansados y en los cabellos blancos de aquella decrépita majestad, aún alta y sonriente, toda la esencia de una Barcelona aristocrática y comercial, popular, orgullosa y un poco infantil, de la cual se acababa el rastro…
La viuda Xuclá representaba  todas esas cosas, y, además, una mujer anciana que ha vivido mucho mantiene, más que un hombre, la huella del pasado y la sensible permanencia de los recuerdos. Porque la mujer tiene unos nervios más pasivos, tiene un alma más perceptiva, no se desgasta ni se abandona totalmente a la acción como un hombre; es más avara y más previsora y en los pliegues de su piel arrugada tiene la buena fe de coleccionar sueños, de arrinconar aventuras y de conservar aquello que no se ve y que sólo se respira: el perfume de la historia.

(Josep-M. de Segarra, “Vida privada” )



Una generación puede ser juzgada por el mismo juicio que ella hace de la generación anterior, un período histórico por su propio modo de considerar el periodo que lo ha precedido.

Una generación que desprecia a la generación anterior, que no logra  ver su grandeza y su significado necesario, no puede más que ser mezquina y carente de confianza en sí misma, aunque adopte poses combativas y exhiba ínfulas de grandeza.
Es la acostumbrada relación entre el gran hombre y el criado.
Hacer el desierto para sobresalir y distinguirse.
Una generación vital y fuerte, que se propone trabajar y afirmarse, tiende por el contrario a sobrevalorar a la generación anterior porque su propia energía le da la seguridad de que llegará aún más lejos; simplemente vegetar es ya una superación de lo que se pinta como muerto. Se reprocha al pasado el no haber realizado la misión del presente; así como sería más cómodo que los padres hubiesen realizado ya el trabajo de los hijos. En la devaluación del pasado se halla implícita una justificación de la nulidad del presente: Quien sabe qué habríamos hecho si nuestros padres hubieran hecho esto y aquello..., pero ellos no lo hicieron y por consiguiente nosotros no hemos hecho nada más.
¿El techo de un primer piso es menos techo que el del piso diez o el piso treinta? Una generación que sólo sabe hacer techos se lamenta de que sus predecesores no hayan construido ya edificios de diez o treinta pisos. Decís que sois capaces de construir catedrales, pero no sois capaces más que de construir techos."


(Antonio Gramsci. Pasado y presente)


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