sábado, 20 de diciembre de 2014

Mary Ann Clark Bremer, (Una biblioteca de verano)




“Aquel verano fue el primer verano después de la guerra, casi dos años después de la muerte de mis padres en el Canal de la Mancha, sólo unos meses más tarde de la muerte del tío Marcel en su cama de La Bienhereuse.

Yo había sobrevivido al ataque del submarino alemán que asesinó a mis padres y había pasado días de ceguera y miedo en un hospital sin nombre.

Días de llanto.

Luego llegué a D., me instalé en La Bienhereuse y me convertí en bibliotecaria por unos meses.

Fueron los más felices de aquel tiempo.


***


Las colinas de D. son famosas por su manto de flores diminutas –moradas, rosas, rojas, de un amarillo tenue- y sus antiquísimas cruces de hierro.

Nadie recuerda ya quienes fueron enterrados bajo esas cruces, aunque los más ancianos hablan de viajeros víctimas de salteadores.

La teoría del mejor amigo de mi tío, el ingenioso señor Tournefeuille, es distinta: los enterrados son aristócratas ajusticiados por la Revolución.

-De la Revolución Vieja –añade siempre, quizá para distinguirla de aquellas otras revueltas del siglo pasado-. Ah, la guillotina –dice también. Y hace una burla, señalando su sotana-. A estas alturas, yo ya habría sido guillotinado.

Todos saben que Tournefeuille –o Tourne, como lo llaman todos por abreviar- hubiera gozado de la simpatía de los revolucionarios; o, al menos, de los más cabales. No hay mejor persona, una vez muerto mi tío, en todo el pueblo. Y es el primero en perdonar los errores ajenos. Y no lo hace como sacerdote, sino como ciudadano. Es más, le gusta esa palabra: “ciudadano”. (En definitiva, él mismo es fruto de la Revolución y su lenguaje.)

Mi padre era judío y se convirtió alcatolicismo para casarse con mi madre. La familia paterna de mi madre había nacido en Egipto, y había vivido también en Siria: eran cristianos coptos. Según la tradición, los hombres de la rama materna habían luchado en las Cruzadas y habían llegado hasta Jerusalen, rezaban varias veces al día y se decían “puros de corazón”.

Éstas eran las historias familiares que contaba mi tío Marcel. En realidad, creo que las inventaba para mí, que había nacido en Brooklyn y creía que Europa, Oriente y África eran territorios míticos.

Mi padre era judío y alemán. Mi madre había sido educada en Inglaterra y se había cambiado el apellido antes de casarse. Mi tío Marcel era, en realidad, primo de mi madre, y hablaba un inglés tan perfecto que en D. todos lo llamaban Mr. Mark.

Leía en voz alta poemas de Coleridge, su autor favorito, cada sábado, en el club de lectura de la biblioteca. A continuación escogía algún breve poema de Lord Byron e inventaba, sobre la marcha, una o dos estrofas.

¿Cómo era mi tío?

Le gustaban Italia, La Iliada, las historias de amor y muerte y resurrección de La Biblia y el vino joven. Nunca tuvo hijos.

También le gustaban las cruces de las colinas.”



Mary Ann Clark Bremer, (Una biblioteca de verano)



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