martes, 9 de diciembre de 2014

¿Por qué cree usted que se callan? / Rafael Reig





A Antón Losada
 ¿Por qué cree usted que se callan? 


Por higiene, siempre he intentado apartar de mí la tentación de creer que sé lo que quiere "la gente". Cada vez que alguien afirma: lo que quiere, o espera, o desea, o necesita… la gente, amartillo mi pistola, porque no me creo ni una palabra. De joven (¿como todos los jóvenes?) también pensaba que todo el mundo, la gente, quería (esperaba, deseaba, necesitaba) lo mismo que yo, aunque en voz alta o incluso a gritos dijeran lo contrario.

Descubrir que hay gente distinta a mí ha sido, en mi vida gris y hogareña, una aventura; aprender a quererla, una epopeya. Hay un hecho curioso en la novela de Cervantes: que don Quijote y Sancho Panza se pasan cientos de páginas charlando. Ésa es quizá la novedad más radical de la obra, porque a principios del XVII, ¿quién iba a pensar que un hidalguillo y un destripaterrones tendrían tantas cosas que decirse? Juntos no descubrieron paisajes nuevos ni reinos encantados, sino la sorpresa mayúscula de descubrirse el uno al otro, de ser capaces de escucharse.

Esto es lo que más echo de menos en la novela actual (pero no hablaré de polifonía ni de Bajtin, que hoy no toca ponerse estupendos). Cada vez que veo la tele en un bar me repito aquellos versos de Machado (el otro Machado): " Me acuso de no amar sino muy vagamente / una porción de cosas que encantan a la gente". Y sin embargo… (como diría el Machado con denominación de origen), sin embargo, cada vez me interesan más los mundos que hay detrás de otras pupilas, dentro de otras cabezas: ese " mundo tuyo, / la vieja vida en orden tuyo y nuevo" (dijo el Machado number one).

Me ha interesado mucho su artículo, en el que usted reclama que, quien tenga una propuesta de cambio, la declare hoy mejor que mañana. Vale. pero le hago una pregunta: ¿por qué rayos no lo hacen? ¿Cree que será por pudor, por cobardía, por leninismo de pacotilla, para darnos una gran sorpresa?

¿No será porque nada tienen que decir?

Por citar los partidos que usted menciona. Ni el PP ni el PSOE pueden hacer ninguna propuesta que mueva a nadie. Por pura indigencia. Nada poseen más que ambición de poder y voluntad de servicio (a los bancos, empresas y mandamases). Son unas chachas, y muy bien mandadas, del gran capital, que les deja llevarse ropa casi nueva, con una sola puesta, y las sobras de los banquetes. Con eso tienen bastante.

En cuanto a Podemos, poco hay que rascar, es un partido marxista (pensamiento Groucho): tienen unos principios, pero, si no gustan, en seguida inventan otros.

¿Izquierda Unida? Para mí han perdido el oremus: andan buscando candidatos que puntúen como modelos de ropa interior, gente joven y esas pamplinas propias de publicitarios: qué grande ser joven,

¿verdad?

Siempre he pensado que lo que hace falta es un Partido Comunista que se presente como tal (incluyendo su vieja historia). No creo en la "mayoría natural", ese invento de Fraga en el que sigue creyendo Podemos (aunque con la cursilería de llamarlo "centralidad del tablero") y ante el que también se arrodillan IU y el PSOE.
Recuerdo una vez que en una charla alguien calmó los ánimos con el consabido: "bueno, no vamos a pelearnos por esto". Un buen amigo dijo: "¿y por qué no? Ése es el problema que aquí no hay nadie dispuesto a pelearse por nada, todos queremos tener la fiesta en paz".

Eso es lo que pienso: que hay que dar un puñetazo y decir "se acabó la fiesta" (a la que, de todas formas, no estábamos invitados). Y, por resumir un poco, hay aclarar que se trata de cambiar la sociedad, es decir, de un acto de violencia contra los que tienen el poder.

Ni idea de lo que espera la gente. Yo espero que alguien diga eso con claridad, sin templar gaitas, sin el más mínimo espíritu de concordia, convivencia democrática y consenso. A lo mejor soy el único que piensa eso y en ese caso sólo me queda una, como diría Lenin: paciencia y persuasión.

Y recordando siempre que, para persuadir a cualquiera, primero es necesario escucharle, como hizo don Quijote con Sancho Panza, al que al principio sólo pudo comprar con dinero, pero luego llegó a convencer.

Rafael Reig




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