miércoles, 30 de abril de 2014

DEFENSA DE LA IMAGINACIÓN / José Maria Blanco White





DEFENSA DE LA IMAGINACIÓN

La afición de los españoles a obras escritas en estilo oriental y llenas de ficciones de encantos y de seres sobrenaturales, abrió, en mala hora, la puerta a mil extravagancias en la multitud de libros de Caballerías. La inmortal obra de Cervantes hizo en breve que su nación diese en el extremo opuesto; y, de no gustar más que de hechicerías y vestigios, vino a caer en una apatía de imaginación que no da, ni admite una vislumbre del fuego que el clima, y los árabes, les comunicaron en otro tiempo. Yo confieso que a pesar de mi admiración del Quijote, he tenido por muchos años la sospecha de que sus efectos morales y literarios, no fueron favorables a la nación española. Esta sospecha crece en mi día a día…




El alma de los pueblos modernos… se formó de la mezcla del valor y generosidad de los pueblos del Norte, con la sensibilidad y ardor de los del Mediodía. En semejante carácter la imaginación tiene el mayor influjo, mejor diré, sin ella no es posible que exista. Cervantes, sin intentarlo, le cortó las alas, y contribuyó a la obra, en que la casa de Austria se empleaba, de reducir a los españoles a meros instrumentos, con que establecer su despotismo. Los españoles del siglo XVII perdieron lo que pudiera llamarse el noble y generosos Quijotismo de la edad anterior. Quedóles el valor obstinado con que pelearon bajo los Felipes contra su propia libertad y la de Europa; pero de generación en generación fueron perdiendo aquella lozanía de ingenio, aquella esplendidez de carácter de que tantos rasgos vemos en la historia de los siglos catorce y quince, sin que reste nada más de lo que eran que una especie de fuego ahogado en cenizas…



No quiero decir que esto sea totalmente efecto de la obra del incomparable Cervantes; pero no puedo menos de creer que el Quijote contribuyó a producirlo. Dominaba, es verdad, en la nación española un mal gusto favorable a las ficciones extravagantes de los libros de Caballería; pero esta afición debiera haberse corregido, no sofocado. Las armas de lo ridículo son instrumentos envenenados que en vez de cortar excrecencias, destruyen el total que hieren.



El placer de las ficciones que nos transportan a un mundo imaginario poblado de seres superiores al hombre, y sujeto a otras leyes que las inmutables de la naturaleza visible es tan natural y tan inherente a nuestra constitución, que no puede arrancarse del alma sino con violencia. Examínese la historia del género humano, y se hallará que hasta en el estado más rudo y salvaje, la imaginación se emplea en crear seres sobrenaturales, habitantes de un mundo invisible, que, o vagan por este, o lo visitan de cuando en cuando, mezclándose en los negocios y tomando parte, ora favorable ora adversa, en los intereses del hombre. Propensión tan natural y decidida no se debe aniquilar, sino dirigir al bien y utilidad de la especie… Mas ¿no podríamos pasar sin ficciones?. Muy bien, si quisiéramos, o pudiéramos convertirnos en una especie de seres de cal y canto, en quienes solo hiciese mella o impresión un martillo. Pero en vano se cansan los que a título de Filósofos, quieren extirpar de la mente humana la facultad que nos lleva a pintar mundos invisibles…

No quiero, por título alguno, decir que la intervención de seres sobrenaturales, y fuerza misteriosas, tales como la creencia popular las figuraba en los tiempos caballerescos, sea necesaria, y ni aún admisible, en todas ocasiones. Mi intento es sólo protestar contra la sentencia de destierro que se ha fulminado sobre ellas, especialmente en España…



Pero ¿qué ventaja, me preguntarán, se saca de estas suposiciones? La de variar las situaciones. Cualquiera que haya probado a escribir obras de imaginación, habrá visto cuan difícil es el poner a los personajes en circunstancias, que desplegando todo su carácter, los hagan hablar y proceder de modo que exciten fuertemente nuestros afectos y simpatías. El orden de los acontecimientos humanos, en la vida social, forma un círculo de acontecimientos, en que hay poquísima variedad. La introducción de agentes sobrenaturales abre un campo extendido, en que el carácter humano se despliegue con el mayor efecto. La falta verdadera de los más semejantes escritos no es, que las situaciones son inverosímiles, sino que los afectos y expresiones no corresponden ni a los caracteres ni a la situación. La magnífica tragedia de Shakespeare, Macbeth, se funda en la predicción de unas hechicerías, con que la ambición del héroe se despierta, apoderándose poco a poco de toda su alma. Esta ambición, como tea encendida que se acerca a combustibles violentos, pone en acción el carácter feroz y determinado de su mujer, quien precipita a Macbeth al crimen horrendo de asesinar, en una misma persona, a su rey, su amigo, y su huésped. Nada es más inverosímil que la predicción; pero nadie, a no ser otro Shakespeare, podría dar más realidad y verdad a las pasiones que sus personajes expresan en consecuencia de la situación en que el espectador permite que el poeta los ponga. Ejemplos de esto se podrían aglomerar, tanto de obras antiguas como modernas.

José Maria Blanco White



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martes, 29 de abril de 2014

Democracia cadáver / Luciano Canfora / Pablo Ordaz






A sus 71 años, Luciano Canfora, filólogo clásico, historiador y ensayista italiano, sigue haciendo cada día el trayecto entre la antigüedad y el presente sin perder el aliento. Es más, si uno queda con él después de una de sus clases en la Universidad de Bari o en la de Bolonia, tiene que tener en cuenta que sus alumnos siempre intentan que haga un bis como si se tratase de un cantante de moda. Debe buena parte de su fama internacional a sus investigaciones sobre el mundo griego, pero sus publicaciones —más de setenta— demuestran que su mirada crítica también se detiene en Julio César, Gramsci o la política italiana actual y su relación —de dependencia— con el verdadero poder.

PREGUNTA. Usted es uno de los más importantes historiadores del mundo griego, pero a la vez un observador constante, y muy crítico, de la situación política actual. ¿Cómo hace para ir y venir de un mundo a otro?
RESPUESTA. Nunca he sentido que fuese una contradicción. Es más, podría responderle con las palabras de un gran filósofo italiano que se llamaba Benedetto Croce que decía que “toda la historia es contemporánea, porque vive dentro de nosotros. Nos ocupamos del pasado porque tiene que ver con lo que ocurre hoy”. Pero la respuesta correcta es que yo comencé mi vida pensante partiendo de un ambiente familiar que era muy político y me he dado cuenta de que la antigüedad que me gusta tanto no es un cementerio, ni un museo de cera, es un campo de batalla, donde el enfrentamiento continúa. Me parece obvio. El pasado es el inicio de tantas cosas. Si, por ejemplo, yo pretendiese entender la democracia de un punto en adelante no entendería nada. Así que no es un capricho, sino una necesidad.



P. Una necesidad de investigar y una necesidad de contar. Usted empezó a publicar en 1968 —con 26 años— y sus escritos son ya más de setenta…

R. Al principio se escribe por búsqueda erudita. Me di cuenta de que había versiones contrapuestas del mismo hecho. Me gusta ver las variantes entre textos, tratar de confrontarlos y acercarme a lo que se llama la verdad. La verdad, que es una palabra gruesa, pero que tiene que estar en alguna parte, no puede no estar. Es como un hilo conductor único a través del cual yo he de afrontar una búsqueda. Y ese hilo es exactamente el de la política antigua, la relación entre los hechos y la narración de los hechos.
P. En El mundo de Atenas, uno de los últimos libros suyos —junto a La historia falsa— que se han publicado recientemente en España, usted sostiene que en el tiempo del imperio ateniense no existía ese mito, que esa idealización de Atenas viene después.
R. En su tiempo, Atenas no solo no era amada, sino que era odiada. El mito de Atenas comienza tarde, comienza ahora. Atenas al principio se convierte en una especie de universidad, un lugar donde hay muchos libros antiguos, las escuelas filosóficas todavía funcionan, es el tiempo de Cicerón. Es mucho después, podríamos decir que con la Revolución Francesa, con la Ilustración, cuando Atenas se vuelve a convertir en un modelo político. Es considerada una ciudad rica, dedicada al comercio, simpática. Montesquieu la amaba muchísimo. Atenas se convierte en interesante para la Ilustración digamos no jacobina. Durante la revolución se hacen un lío enorme porque hablan de repúblicas antiguas sobre el mismo plano, sin entender las diferencias. La reacción contra el modelo ateniense viene cuando comienza la Restauración, y se empieza a decir: “Nos habéis puesto como modelo una sociedad horrenda”. Por tanto, hay dos vías: una, la de los liberales radicales ingleses que pretenden que sea el precedente de whigs [el antiguo nombre del Partido Liberal Británico], y la otra, la de los conservadores alemanes, que decían que Atenas era peor que la Tercera República Francesa. Y ya se combate sobre tesis opuestas.


P. ¿Quién tiene más razón?
R. Seguramente los conservadores alemanes, que ven el aspecto negativo de una sociedad fundada por una parte sobre el privilegio, la esclavitud escondida pero enorme, y por otra, sobre un poder popular controlado. Esta es la situación al final del siglo XIX. Y se hace más dramática con la revolución rusa. Un gran personaje, alumno de Maier, de los conservadores, que se llamaba Rosenberg (como el teólogo), dice: “Atenas no es una sociedad comunista, es un Estado social en el que no se confisca la riqueza, sino que los ricos tienen que pagar para hacer funcionar la ciudad”. Atenas nos interesa por esto, porque es el primer experimento popular que no expropia, sino que utiliza, la riqueza para devolverla a fines sociales. Por otro lado, el pensamiento conservador o reaccionario dice: “Atenas es el precedente de Lenin donde el poder de todos es el sóviet, y por tanto es un modelo horrible”. La línea que idealiza Atenas es, por tanto, minoritaria.
P. Cuando habla de democracia, ¿se refiere al mismo concepto que entendemos ahora?
R. Me gustaría que fuese así, pero no. Yo me refiero a lo que decía el viejo Aristóteles. La democracia es el gobierno de los pobres, aunque no sean numéricamente la mayoría. El contenido de clase social cuenta para distinguir los sistemas políticos. Un sistema político en el que mandan, porque son la mayoría, los ricos no es una democracia, es una oligarquía. Hasta hace pocos años —ahora la crisis está cambiando las cosas—, en Italia las personas en buenas condiciones económicas constituían una mayoría numérica del país.Aristóteles habría dicho que “son la oligarquía” —esquemáticamente, porque lo puedes decir de una ciudad de 20.000 a 30.000 personas, no sobre un país de millones…—. Para mí la democracia no es el hecho de que gobierne la mayoría después de hacer el recuento de votos, es el Estado social, el hecho de que quienes no poseen la riqueza cuenten en la vida política y tengan el modo de hacerlo.
P. Teniendo esto en cuenta, ¿entonces ahora en qué sistema vivimos?
R. Ni en la historia ni en la historia política, nada permanece firme. Estamos asistiendo a un cambio importantísimo. El andamiaje es igual y sigue en pie —el Parlamento, las elecciones...— y aparentemente se sigue discutiendo sobre las leyes electorales, las coaliciones… Pero la realidad es que se ha desarrollado y consolidado un fortísimo poder supranacional, no electivo, de carácter tecnocrático y financiero que tiene en los organismos europeos los instrumentos para gobernar toda la comunidad, dando a un país más importante que los demás, Alemania, el papel de dictar las reglas. Uno podría decir, por tanto, que la democracia ha muerto, que solo permanece el cadáver que camina —se hacen elecciones, leyes…—, porque quien decide realmente lo hace sin contar con un parlamento.
P. ¿Quién decide entonces?
R. Una oligarquía fundada sobre los intereses de grandes grupos financieros, que son el verdadero poder. Comparada con ellos, la familia Agnelli, por poner un ejemplo, es una familia de mendigos, no pobres, pero cuentan poco y nada. Los grandes grupos financieros que tienen un poder mundial e ilimitado pueden decidir el destino de todos. El Parlamento Europeo que elegiremos en mayo es un seminario universitario, no tiene ningún poder real, solo aquel de crear una clase de parásitos muy bien pagados, preciosísimos para el sistema, porque sirven para hacer ver que existe un parlamento y que Europano es completamente antidemocrática. Por eso les pagan tanto. Porque uno compra una persona si le da 10.000 euros al mes.



P. Pero si este retrato descarnado es cierto, ¿cuál es la salida?
R. Diré algo que igual parece anacrónico, pero en la situación actual de las cosas el único lugar en el que se puede explicar el mecanismo democrático es el Estado nacional. Porque tiene la medida en la que las clases contrapuestas pueden contar. Hoy el conflicto de tipo sindical de cualquier país es totalmente irrelevante, porque no tiene oídos que lo escuchen, solo dentro del Estado nacional. Así que o se cambia de raíz el pacto constituyente o cada uno se salvará a sí mismo saliendo antes o después. Creo que sería mejor la primera solución, que se haga con espíritu de justicia y se transforme en algo en el que todos se reconozcan, no solo los poderosos.
P. Y mirando el panorama de la política actual, ¿quién cree usted que puede acometer una obra de tal magnitud?
R. El momento es pésimo. Hace diez años yo estaba convencido de que los partidos socialistas tendrían un gran futuro. En Alemania estaba el Gobierno socialdemócrata; en España, también; en Italia, de vez en cuando aparecía algo así; también en Grecia… Parecía que, por una parte, Europa reconocía la necesidad de convertirse en una comunidad más grande y, por otra, una fuerza históricamente supranacional como el socialismo había alcanzado la dirección política adecuada. Pero no ha sido así. Y esto, ¿qué nos enseña? Nos enseña sobre todo que cuando llega una crisis terrible no somos capaces de dar una respuesta justa, que cada uno ha pensado en lo suyo y que no se ha conseguido contener a los poderes financieros. Un pensador liberal, Benjamin Constant, escribió que la libertad de los antiguos era opresiva, que prefería la libertad de los modernos. La riqueza es más fuerte que el gobierno. Y es verdad, él lo dice con entusiasmo, yo no, pero es cierto, los partidos socialistas no han sido capaces de plegar a la utilidad social el capital financiero. No era tampoco una empresa fácil. Pero no creo que haya alternativas al intento de volver a traer al movimiento socialista a los fines para los que nació.
P. Usted —no hay más que ver el entusiasmo que suscita entre sus alumnos— le ha dado un papel importante en su vida a la docencia. ¿Cómo está la enseñanza en Italia?
R. Una respuesta brevísima. El salario del profesor italiano es una quinta parte del salario del profesor alemán. De aquí viene todo, viene la desmotivación, la calidad escasa. Porque, ¿quién sale de la universidad para trabajar de maestro? Se puede decir que en la escuela terminan o los idealistas —y no son pocos y los admiro— o, sobre todo, una gran masa totalmente desmotivada y con una preparación pobre. En Italia más que en otros lugares las cuentas del Estado penalizan a la escuela. Ni en Francia ni en Alemania sucede esto. Y es grave que Italia haya hecho esta elección porque si la escuela va mal, en diez años todo irá mal.



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lunes, 28 de abril de 2014

(y 2) Gabo entrevistado en 1972 / Plinio Apuleyo Mendoza






(y 2) Gabo entrevistado en 1972
(Extractos)
Por Plinio Apuleyo Mendoza


-Muchas gentes se preguntan si no te da miedo seguir escribiendo, después del éxito estrepitoso de Cien Años de Soledad. Supongo que te habrán hecho esa pregunta.

-Sí, me hacen esa pregunta con frecuencia, pero son gentes que desconocen por completo los problemas de la creación. Una carrera literaria, aunque su nombre parezca indicarlo, no es una competencia deportiva con uno mismo. Uno escribe cada vez el libro que puede escribir. Cien Años de Soledad la leí cuando revisé las pruebas de imprenta, hace cinco años, y sólo cambié dos palabras. La volví a leer hace unos meses, por casualidad, pues no tenía otra a la mano para un largo viaje de tren, y en ningún momento de su lectura se me ocurrió pensar si era más fácil o difícil escribir algo mejor, aunque si ahora pudiera escribirla de nuevo no le cambiaría solamente dos palabras sino muchas páginas, y algunas cosas serían mejores. En todo caso, esa novela, como las anteriores y las futuras, fue el centro y la razón de mi vida mientras la estuve escribiendo, pero ahora es un león muerto, como decía Hemingway, y si alguna vez acepto que me hablen un poco de ella es solamente por buena educación.

-¿Qué es pues lo que te gusta de tus libros?

-Escribirlos. Una vez terminados no me interesan…

-¿Te incomoda el éxito?

-Me estorba, la fama me intimida, y la consagración se me parece mucho a la muerte, y por eso me molesta participar en espectáculos públicos y no he asistido nunca a ningún acto de publicidad de mis libros…

-¿Cómo te gusta ser leído?

-Es estupendo que lo lean a uno sin complejos intelectuales, que la gente aprenda a perderle el respeto a la literatura. En realidad, todavía quedan demasiados rastros de cuando la cultura era un patrimonio oculto de aristócratas y hechiceros…

-Veo que no tienes en casa muchos libros. Casi nunca has tenido muchos. ¿Por qué?

-Tengo un enorme desprecio por los objetos, y no hago excepción con los libros. Mis únicas propiedades son mis aparatos de música. Los libros, una vez leídos, los regalo, pues siempre estorban en la casa, son feos y mal resueltos como elementos de decoración, y cuesta mucho llevarlos de viaje. Mario Vargas Llosa, que tiene por los libros un respeto sagrado, se crispó cuando le contaron que mi mujer quería leer un libro que yo no había terminado, y resolví la situación de un modo práctico: cada vez que terminaba una hoja la arrancaba del libro y se la pasaba a ella.




-Pero supongo que habrá alguno que te interese guardar…

-Si un libro me interesa de nuevo lo vuelvo a comprar, lo vuelvo a leer y lo vuelvo a regalar. Edipo Rey lo he comprado infinidad de veces en el mundo entero y hoy no lo tengo. Los libros de Pablo Neruda me han costado la mitad de la vida. Mi biblioteca personal se reduce a unos pocos volúmenes que me gusta releer, pero que no son los mismos todas las épocas.

-¿Cuáles son los más constantes?

-Los más constantes son Conrad y Sant Exupery, y no tengo nada de Tolstoi, aunque creo que la mejor novela que se ha escrito es La Guerra y la Paz.
(…)




-¿Cuándo comprendiste que debías cambiar de rumbo?

-Necesité casi siete años de reflexión, sin escribir una letra, para encontrar otra vez el hilo perdido desde La Hojarasca. Cuando decidí correr el riesgo de Cien Años de Soledad, y de los dos libros que estoy escribiendo ahora, fue porque mi propia madurez política me hizo ver que mis comisarios estaban equivocados, que el compromiso de un escritor con agallas no es solamente con la realidad política y social, sino con toda la realidad de este mundo y del otro sin preferir ni menospreciar ninguno de sus aspectos. Fue una especie de clarividencia ideológica que había de conducirme a una más amplia libertad de creación. La revolución cubana, con su explosión imaginativa y su atropellada humanidad, tuvo mucho que ver con esta recuperación de mi conciencia de escritor.
(…)

-Pero los críticos han encontrado en el libro otras cosas más complejas…

-Si los críticos han encontrado otras cosas más complejas, puede ser que en realidad se me hayan salido por válvulas inconscientes, pero también puede ser porque los críticos, al contrario de los novelistas, no encuentran en los libros lo que pueden sino lo que quieren.




¿Cómo debe de interpretarse el papel de la fabulación en Cien Años de Soledad?

-Como una tentativa de romper los límites estrechos que los cartesianos y los estalinistas de todos los tiempos le han puesto a la realidad para que les cueste menos trabajo entenderla… …trato de romper esos condicionamientos mentales mediante trasposiciones poéticas.

-Trasposiciones poéticas de una realidad…

-Claro. En mis libros no hay una sola línea que no esté fundada en un hecho real. Mi familia y mis amigos lo saben muy bien. Hay quienes me dicen: “Es que a ti te suceden cosas que no le suceden a nadie”. Yo creo que le suceden a todo el mundo, pero no tienen la sensibilidad para registrarlas, ni el hábito para verlas, y que la gran mayoría de las personas cultas simplemente las rechaza y las ignora por simple prejuicio intelectual.
(…)




-Gabo: ¿Cómo te definirías políticamente?

-Soy un comunista que no encuentra donde sentarse. Los viejos partidos comunistas están formados por hombres honrados y castos, esterilizados por el catecismo y apaciguados por la reverenda madre soviética, que ahora está más interesada en hacer buenos negocios que en patrocinar la revolución. Esto es evidente en América latina. Aparte de la ayuda económica que le ha prestado a Cuba, y que ha sido muy grande, la Unión Soviética no ha tenido la menor reticencia en negociar con los regímenes más reaccionarios del continente, sin ninguna reserva de orden político. Acuérdate que los carros armados de la policía de Colombia, con los cuales matan a los estudiantes en la calle, fueron fabricados  y vendidos por la Unión Soviética y bendecidos en la plaza pública por el arzobispo.
(…)

-Una última pregunta: una pregunta de cajón: ¿cuál es el mayor riesgo que ves para un joven escritor en América Latina?

-Creo que hay dos peligros: la estrechez ideológica y la prisa por publicar. Como jurado de concursos, y por los manuscritos que me mandan para que los lea, me parece que muchos están escritos solamente para tumbar al gobierno, y la gran mayoría están terminados de cualquier modo para llegar a tiempo. Es cuestión de paciencia: son los editores quienes viven de los escritores, y no al contrario, de manera que es a los editores a quienes corresponde el trabajo de buscar a los escritores. Y de hecho lo hacen. Que no me lo crean a mí, que no sé que hacer con tantos editores en el teléfono, y sin embargo necesité cinco años para que me hicieran el favor de publicarme mi primer libro. Esto parece un consejo, y nunca me ha gustado darlos ni recibirlos. Pero no importa, déjalo así. Al fin y al cabo, no sé por qué tengo la impresión de que ésta es mi primera entrevista de viejo.

(Transcrita de la revista “Libre”, editada en París.
Publicada en el Nº 3, Marzo, Abril, Mayo, 1972. )


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domingo, 27 de abril de 2014

(1) Gabo entrevistado en 1972 / Por Plinio Apuleyo Mendoza








Gabo entrevistado en 1972
(Extractos)
Por Plinio Apuleyo Mendoza

“Necesito silencio y muy buena temperatura para escribir desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde”, dice García Márquez. El lugar donde trabaja, en su apartamento del barrio de Sarriá en Barcelona, corresponde bien a estas exigencias: un cuarto pequeño, con una ventana de planta baja que da a un trozo de césped y a una calle tranquila, de aspecto provincial…
Buena parte del cuarto está ocupado por dos muebles: una mesa mallorquina, amplia, con soporte de hierro forjado, vagamente episcopal, y un diván moderno forrado en tela roja. Todo está dispuesto en orden sobre la mesa, como, como en el taller de un relojero: carpeta, lápices, lámpara, un par de anteojos…

García Márquez tiene apenas dos años menos de la edad que siempre consideró como la ideal para un escritor: 43 años. (“45 es la edad para escribir buenas novelas”.) Hoy ha perdido el aire de argelino desamparado que tenía en París, cuando por culpa de su aspecto y de la guerra de Argelia los policías franceses lo metían a empellones en los coches celulares con demasiada frecuencia… (…)

-¿Qué hiciste de especial en ese viaje?

-Simplemente viví en el Caribe, que es el único mundo en que no me siento extranjero, y donde pienso mejor. Lo más interesante fue volver a las Antillas Menores: Antigua, Martinica, Guadalupe, Trinidad, Barbados, Curazao. Son unas islas hermosas y miserables, donde uno vuelve a convencerse de que los españoles, con todo lo que les reprochamos, son los únicos que pusieron los riñones en su empresa colonial, y los que de veras crearon un mundo nuevo. Los franceses y los ingleses no han dejado siquiera un idioma, y hay una separación radical entre los colonos y los nativos. Por un lado están los pueblos polvorientos y ardientes cuyas casas de madera se desbaratan con los ciclones, están los chinos cruzados de indios que lavan ropa y venden amuletos, y los hindúes verdes que salen de sus tiendas de marfiles para cargarse en la mitad de la calle, y por otro lado están los rascacielos de vidrios solares de los hoteles de los gringos, con su mar de topacio y sus playas privadas. Es un mundo sin términos medios.




-¿Cómo te pareció Curazao?

-Es una bella locura de los holandeses, lo único distinto de las Antillas. La ciudad es una miniatura de Amsterdam, con canales interiores de puentes levadizos, y tulipanes en las refinerías de petróleo, y casas de madera de colores muy vivos con techos para la nieve en un trópico de 30 grados. Yo llegué un martes cualquiera pero el comercio estaba cerrado y había banderas en los balcones y música en la calle, porque era el cumpleaños de la reina de Holanda a 10.000 kilómetros a través del océano. No logré convencer a nadie de que aquello no tenía sentido porque en Amsterdam ya era miércoles y el cumpleaños de la reina había sido ayer. Todo es posible en Curazao: tú te sientas a tomarte una cerveza en la terraza de un café, y de pronto te quitan la mesa, y te dicen que te apartes, y es que un trasatlántico blanco está cruzando el centro de la ciudad por entre las vitrinas de las tiendas y las cocinas de los hoteles. (...)




-Es curioso, pero de París, en cambio, no pareces conservar ningún recuerdo nostálgico. Es una ciudad que nunca hemos visto del mismo modo ¿Se debe a tu conocida fobia contra los franceses?

-No, también conservo de París una imagen fugaz que compensa todas mis hambres viejas, y toda la grosería y la mezquindad de los franceses. Había sido una noche muy larga, pues no tuve donde dormir, y me la pasé cabeceando en los escaños, calentándome en el vapor providencial de las parrillas del metro, eludiendo los policías que me cargaban a golpes porque me confundían con un argelino. De pronto, al amanecer, tuve la impresión de que todo rastro de vida había terminado, se acabó el olor de coliflores hervidos, el Sena se detuvo, y yo era el único ser viviente entre la niebla luminosa de un martes de otoño en una ciudad desocupada. Entonces ocurrió: cuando atravesaba el puente de Saint Michel sentí los pasos de alguien que se acercaba en sentido contrario, sentí que era un hombre, vislumbré entre la niebla la chaqueta oscura, las manos en los bolsillos, el cabello acabado de peinar, y en el instante en que nos cruzamos en el puente ví su rostro óseo y pálido por una fracción de segundo: iba llorando.




-¿Cuál es tu sitio ideal para escribir?

-Para mí el sitio ideal es la isla desierta por la mañana y la gran ciudad por la noche. Yo necesito silencio y muy buena temperatura para escribir desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, pero por la noche necesito un poco de alcohol y muy buenos amigos para conversar, y siempre tengo que estar en contacto con la gente de la calle y bien enterado de la actualidad. Esto corresponde a lo que quiso decir William Faulkner cuando declaró que la casa perfecta para un escritor es un burdel, pues en las horas de la mañana hay mucha calma para escribir, y en cambio todas las noches hay fiesta. Es curioso que esta declaración la publicó The Paris Review, cuando yo vivía en Barranquilla, y precisamente en un burdel.

(Continuará)


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sábado, 26 de abril de 2014

Desinformar como la CIA / Pascual Serrano






El reto debe ser aprender a seleccionar, jerarquizar y elegir la información

La CIA había descubierto que el mejor sistema para no tener informados a los legisladores no era ocultarles la información, sino sepultarlos en documentos.
Pascual Serrano

Un conflicto entre la senadora Dianne Feinstein, que preside la poderosa Comisión Selecta de Inteligencia del Senado estadounidense, creada tras el escándalo de Watergate, y la CIA debido a que se ha descubierto la existencia de un informe que muestra que la agencia espió y mintió a los miembros de la comisión, ha permitido conocer el sistema por el que los servicios secretos rendían cuenta a los representantes políticos.

En un indignado discurso de Feinstein, una defensora habitual del amplio programa de espionaje a nivel mundial de la Agencia de Seguridad Nacional y de otras agencias de inteligencia de Estados Unidos, explica que "la CIA comenzó a enviar documentos en formato electrónico a los miembros de la Comisión en un establecimiento alquilado por la CIA a mediados de 2009. El número de páginas llegó a ser rápidamente de miles, decenas de miles, cientos de miles, y luego millones. Los documentos facilitados no tenían índice ni una estructura organizativa. Era una verdadera pila de documentos que los miembros de nuestra comisión tuvieron que examinar y tratar de interpretar".

Es decir, la CIA había descubierto que el mejor sistema para no tener informados a los legisladores no era ocultarles la información, sino sepultarlos en documentos. En realidad el mismo modo con el que se nos mantiene desinformados a los ciudadanos gracias a la borrachera de medios, internet, redes sociales, blogs, chats y todo tipo de formatos y soportes.

De un oligopolio en el que una exclusiva élite tenía el privilegio de informar a la opinión pública, y de ahí la facilidad para que desde el poder se pudiera controlar la información, hemos pasado a una marabunta informativa en la que este poder ha tenido que replantear el modo en el que siga manteniéndonos desinformados. Y parece que lo ha encontrado, ha descubierto que si quería que no encontráramos una aguja, en lugar del método poco elegante de esconderla en una caja fuerte y no darnos la llave, era más “democrático” dejarla en un pajar y señalarnos que se encontraba allí (además junto con otras agujas falsas).

En contra de lo que muchos piensan, un grupo de investigadores de la Universidad de Londres ha alertado sobre el aumento de la desigualdad informativa en el sistema actual (Juan Varela, Periodistas 21, 6-5-2013. http://www.periodistas21.com/2013/05/redes-poco-fiables.html).







Hasta ahora el mundo se dividía entre los que tenían acceso a la información y los que no. Hoy la diferencia está entre quienes saben desenvolverse en la vorágine, seleccionar las fuentes adecuadas, organizarse en las búsquedas y jerarquizar los resultados; y los que viven perdidos en un torbellino sin diferenciar lo que se ha quedado viejo de lo actual, lo valioso de lo inservible, lo riguroso de falso. De eso se sirve la CIA enterrando a los senadores en documentos y el resto de los poderes enterrando a los ciudadanos entre paja. El reto entonces debe ser aprender a seleccionar, jerarquizar y elegir la información. Y los medios que no nos ayudaban a informarnos antes, tampoco esperemos que lo hagan ahora.

Pascual Serrano



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viernes, 25 de abril de 2014

Franz Kafka (Diarios)





21 de noviembre (1911). Mi antigua niñera, la de la cara amarilla negruzca, la nariz cuadrada y una verruga, que tanto me gustaba entonces, en algún lugar de la mejilla, estuvo hoy en casa por segunda vez en poco tiempo, para verme a mí. La primera vez no me encontró, y esta segunda, yo quería que me dejasen en paz y dormir, y mandé decirle que no estaba en casa. ¿Por qué me habrá educado tan mal? No obstante, yo era dócil; ahora mismo se lo está diciendo en la antesala a la cocinera y a la institutriz; yo era de carácter tranquilo y formal. ¿Por qué no supo aprovecharlo en beneficio mío y no me preparó para un futuro mejor? Está casada o viuda, tiene hijos, habla con una vivacidad que no me deja dormir, piensa que soy un caballero alto y sano, en la hermosa edad de veintiocho años, que me gusta recordar mi adolescencia y que, sobre todo, sé lo que debo hacer conmigo. Y sin embargo estoy aquí, tumbado en el canapé, expulsado del mundo de una patada, a la espera del sueño que no quiere venir, y si viene, me rozará tan sólo; tengo las articulaciones lastimadas por el cansancio, mi cuerpo reseco camina temblando hacia el abismo, con excitaciones de las que no debo tener plena conciencia; las sacudidas de mi cabeza son asombrosas. Y ahí están las tres mujeres, ante mi puerta; una me elogia tal como era, dos tal como soy. La cocinera dice que me iré en seguida (quiere decir sin dar rodeos) al cielo. Así será. (…)




22 de noviembre. (…) Es evidente que mi estado físico constituye un obstáculo fundamental para mi progreso. Con semejante cuerpo es imposible llegar a nada. Tendré que acostumbrarme a sus constantes renuncias. A causa de las últimas noches, llenas de arrebatados sueños, en las que apenas si he dormido a trechos, me he sentido esta mañana tan falto de coherencia; no sentía otra cosa que mi frente, veía un estado medianamente soportable, situado mucho más allá del actual, y me hubiera gustado acurrucarme sobre las losas de cemento del corredor, con las actas en la mano, de tan dispuesto como estaba a morir. Mi cuerpo es demasiado largo para sus flaquezas, no tiene la menor cantidad de grasa para producir un calor beneficioso, para preservar el fuego interior, ninguna grasa de la que el espíritu pudiese alimentarse al margen de las necesidades diarias más indispensables, sin perjudicar el conjunto ¿Cómo puede mi débil corazón, que a menudo me ha atormentado últimamente, impulsar la sangre a través de toda la extensión de estas piernas? Bastante trabajo debe tener para hacerla llegar hasta las rodillas, y luego ella se limita a irrigar las frías pantorrillas con una fuerza senil. Y he aquí que ahora vuelve a ser necesaria en la parte de arriba; uno espera que suba, pero ella se desperdicia allá abajo. La longitud del cuerpo hace que todo se desperdigue. ¿Qué rendimiento puede dar si –aunque fuese más compacto- tal vez no tendría fuerzas suficientes para lo que yo quiero conseguir?”

 Franz Kafka (Diarios)



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jueves, 24 de abril de 2014

Infiltrados, razón de Estado y democracia / Marcos Roitman




No existe partido político, sindicato ni movimiento social relevante, estudiantil, étnico, cultural, de género o ecologista que no sea objeto de infiltración por parte de los servicios de inteligencia y agencias de seguridad nacional. La razón de Estado ha sido el argumento para llevar a cabo esta función de gobernabilidad centrada en prever, controlar o cambiar el rumbo de acontecimientos políticos, económicos y sociales acorde a sus necesidades. Los ejemplos se multiplican en la historia y sorprenden por su trama y objetivos. Desde magnicidios, golpes de Estado, campañas electorales, atentados o secuestros, hasta financiar movimientos religiosos, grupos disidentes, partidos y operativos para  descalificar o aupar dirigentes. Sin olvidar su participación en huelgas, actos públicos y manifestaciones. Nada parece interferir en su agenda cuando se trata de encauzar la realidad política en una dirección considerada prioritaria por la agenda del establishment.



No hace mucho, en Madrid, un periodista filmaba la siguiente escena. Al concluir la marcha de protesta del 25-S, un manifestante encapuchado sería objeto de agresión por parte de las Fuerzas de Operaciones Especiales (GEO). Para evitar la paliza,  gritaba: "¡¡¡ a mí no que soy compañero, coño!!!". Aun así, hasta que no fue identificado, siguió siendo objeto de puñetazos y patadas. Otro policía sentenció: "calmaos, coño". Poco más que agregar.
¿Qué hacía un policía infiltrado arengando a los manifestantes al enfrentamiento cuerpo a cuerpo con los GEO? La respuesta no está muy lejos. Provocar, generar confusión y justificar la represión policial bajo el argumento de "actuar en legítima defensa". Su objetivo, deslegitimar las protestas sociales democráticas y justificar el cambio en la ley de seguridad ciudadana, que regula el derecho de manifestación, criminalizando y responsabilizando de los subsiguientes posibles atentados contra las fuerzas de seguridad del Estado y la propiedad privada acaecidos durante la convocatoria a sus organizadores. En esta línea ha insistido el Partido Popular desde su llegada al gobierno. Cristina Cifuentes, la delegada del gobierno en Madrid, declaraba que la "actual ley es muy permisiva y amplia... y habría que modificarla". Tanto el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz como sus asesores se hacen eco de ello y redactan la nueva ley que, entre sus 55 artículos, prohíbe manifestarse ante el Congreso, el Senado y las sedes parlamentarias,  aumenta la cuantía de las multas y, desde luego, justifica la violencia policial. La última ocasión, con motivo de las marchas de la dignidad del 22 de marzo.
Asimismo, los servicios de inteligencia militar, cuando les interesa, destapan la presencia de infiltrados en movimientos sociales y fuerzas políticas, para crear una sensación de control y poder omnímodo. La existencia de topos en ETA se constató con Mikel Lejarza, conocido como "Lobo", cuya actuación en los años setenta facilitó la captura de algunos miembros de su cúpula. Su destape fue excusa para multiplicar las acciones represivas del tardo franquismo y justificar, entre otros, los últimos fusilamientos de la dictadura en septiembre de 1975.


En América Latina, los partidos de izquierda, socialistas, comunistas y movimientos populares de liberación nacional han sido y siguen infiltrados. Asimismo, para desacreditar los movimientos de liberación nacional y su actividad política en la región, la CIA, los servicios de inteligencia y el responsable de política latinoamericana de James Carter, Robert Pastor, entregaron a Jorge Castañeda los documentos e informes secretos necesarios para la redacción del libro: "La utopía desarmada"; texto donde se plantea el fracaso de la izquierda latinoamericana, la necesidad de abandonar el antiimperialismo y abrazar la hegemonía norteamericana como solución a los problemas de subdesarrollo de América Latina.



Durante los años oscuros de las dictaduras, las fuerzas armadas obtuvieron información relevante sobre el organigrama y estructura de seguridad interna de dichas organizaciones, gracias a una minuciosa labor de zapa realizada durante décadas (casas de seguridad, lugares de reunión, apodos, etc.). Así por ejemplo, en Argentina, el jefe de la inteligencia militar de la dictadura de Videla, general Carlos Alberto Martinez, declaró: "La verdadera eficacia de la inteligencia contrasubversiva no se derivó de las torturas, sino de la extremadamente riesgosa tarea de infiltración de las principales organizaciones subversivas que el área de inteligencia de las fuerzas armadas y de seguridad desarrollaron paciente y estoicamente". Entre los casos relevantes, la entrega de Conrado Higinio Gómez, número dos de finanzas de Montoneros, realizada por el mini-staff de informantes Montoneros adscritos a la Escuela Superior de Marina (ESMA), centro de tortura dirigido por Massera donde se asesinaron a más de 5.000 personas.


Hablar de espías, contraespionaje, infiltrados y confidentes nos puede llevar al terreno de la teoría de la conspiración que explica el devenir de la historia por la existencia de una mano negra omnipresente anclada en las lógicas más perversas de un poder mundial transversal que actúa con patente de corso. Huyendo de tales interpretaciones, donde una imaginación fantasiosa se adueña del relato, no se puede negar la presencia de infiltrados en cualquier país que se precie de tener unos servicios de inteligencia y seguridad nacional articulados a la razón de Estado. En este sentido, llama la atención la opacidad sobre sus actividades y, lo que es más grave, la independencia para fijar objetivos y desarrollar operaciones al margen del poder político.
La pregunta "¿quién vigila al vigilante?" sigue siendo válida. En este sentido, podemos constatar que las deliberaciones e informes presentados en las comisiones de defensa, seguridad e interior, al igual que los temas abordados en los consejos de ministros, están sometidos a secreto. Divulgar su contenido conlleva ser imputado como traidor. Asimismo, pensemos en la escasa información revelada acerca del traslado de presos a Guantánamo, tras la guerra de Irak, utilizando el espacio aéreo de países pertenecientes de la Unión Europea y adscritos a la OTAN.
No menos preocupante son las labores de espionaje, que -sumadas a la infiltración- ponen en entredicho la llamada "calidad de la democracia" de los países occidentales, que se vanaglorian de ser líderes en transparencia y protección de los derechos humanos, civiles y políticos de sus ciudadanos. Estados Unidos constituye un buen ejemplo del uso indiscriminado y sin control de los mecanismos de infiltración y espionaje en pro de sus intereses por dominar y controlar el proceso de decisiones a nivel mundial. Las revelaciones de Julian Assange en WikiLeaks manifiestan el escaso respeto hacia países, instituciones y personas del establishment estadounidense. Y los documentos secretos aportados por Edward Snowden sobre la vigilancia masiva realizada por la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) a líderes y dirigentes políticos del mundo entero supera con creces lo conocido en métodos de espionaje. Intervenir llamadas telefónicas o correos electrónicos, junto a la utilización de drones, marca un punto de inflexión en el mundo del espionaje político.


Tampoco podemos obviar que lo dicho vale para todos los países con independencia del color ideológico. No hay régimen político en el mundo que renuncie a la razón de Estado. Pero lo que suscita su rechazo e indignación no es su existencia, sino descubrir por sorpresa que somos vigilados y sometidos a un riguroso control. Mientras no conocemos su existencia, somos felices e ingenuos. Sólo cuando se desvelan las torturas, malos tratos y los mecanismos espurios de infiltración suena la voz de alarma. En ese momento se descubre la fragilidad del orden democrático, tanto como la plasticidad de las instituciones dedicadas a ejercer la represión, el control y el mantenimiento que escapan al control del poder legislativo y judicial. Esta es una de las grandes contradicciones del orden democrático. Sin renunciar al ejercicio coactivo del poder, en democracia no todo método puede ser validado bajo el paraguas de la razón de Estado. La infiltración en organizaciones democráticas o la violación de los derechos constitucionales supone una barrera infranqueable. Ahí se encuentra el límite de actuación de los organismos e instituciones de inteligencia de un país. El resto es terrorismo de Estado. Usted decide.


Marcos Roitman





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miércoles, 23 de abril de 2014

Raymond Queneau (Diario íntimo de Sally Mara)





“…Por suerte tuve una idea. Una idea estupenda, lo confieso sin falsa modestia. Atravesó la barrera de mis labios incluso antes de que me diera cuenta.
-Señor Baoghal, ¿y si me mostrara las obras de la señora Baoghal?
-¿Qué obras? –preguntó desconcertado.
-Las que pinta ahí, en esa mesa, durante mis clases.
Como yo había previsto, estaba completamente confuso.
-¡Ah! ¿Las obras que pinta ahí, en esa mesa, durante sus clases?
No sabía qué hacer.
-¡Ah, sí! –añadió-. Sus miniaturas, sí, sus miniaturas. ¿Las que pinta ahí, en esa mesa?
Estaba hecho un lío.
-¿No podría mirarlas? –le pedí con mi expresión más pura.
-Claro que sí, seguro.
¿Qué otra cosa podía decir? Se acercó a la mesita con paso mesurado y levantó reverencialmente el papel pintado que cubría los trabajos de la dueña de la casa.
Me acerqué. Había tres o cuatro miniaturas terminadas, y dos o tres esbozos. Siempre era lo mismo. Se parecían exacta y escrupulosamente a las que me había mostrado Mève. Es curioso cómo la gente que tiene obsesiones perseveran en ellas y se obstinan. Cualquiera que fuera el planeta o la nebulosa de donde vinieran, los genios celestes y los puros espíritus de la señora Baoghal parecían ser, para un ojo tan ingenuo como era el mío en ese momento y pese a sus alitas, simples chivos.
Con el dedo señalé una de las imágenes y dije:
-He ahí uno en el que esa parte del cuerpo me parece de proporciones exageradas.
-¡Ahoh!
-¿A usted no le parece, señor Baoghal?
-¡Ohah!
-Y este otro me parece realmente demasiado favorecido por la naturaleza.
-¡Ahoh!
-Respecto a aquel, debe hacerse un lío con las piernas, a menos que se la ponga en bandolera.
-¡Ohah!
-Por fin uno que me parece mucho más equilibrado, aunque debe reconocerse que no lograría pasarla por el ojo de una aguja.
La cara de Baoghal me encantaba. Tan noble siempre y ahora tan estúpida, tan pomposa y tan hipócrita, tan estable y tan frágil. Deglutía mis palabras con estupor, como si, sin que yo lo supiese, hubieran sido oráculos.
-Y ese, tiene un buen par –declaré designando las alas desplegadas de un espíritu seguramente uranista.
-¡Ohohohohohohohohoho! –se puso a aullar Padraic Baoghal presa de un súbito desenfreno.
Se puso a dar brincos a través de la habitación, saltando por encima de las sillas (las que no eran demasiado altas) y agitando su cabellera, ya un poco grisácea. Tras haber realizado dos o tres circuitos, se volvió hacia mí manifestando intenciones francamente satíricas. Lo esperé preparada; una zancadilla elemental me permitió enviarlo bailando contra la pared. Como se golpeó la cabeza en ese obstáculo, mi agresor se derrumbó completamente sonado.



Esta última escena había hecho algo de ruido. Una puerta se abrió lenta y tímidamente. El morrito de Mève asomó. Después de una mirada en redondo, entró y se acercó al supuesto cadáver:
-¿Lo ha matado? –preguntó.
-Claro que no –le respondí-. Se despertará en cinco minutos.
-Habría sido bath si lo hubiera matado –murmuró.
Me abrazó y se estrechó frioleramente contra mí. Miramos en silencio al desmayado, ella con una intensidad tal que entreabría algo la boca asomando un trocito de lengua rosa. Se dio cuenta de que la miraba y levantó la vista hacia mí. Descubrí en ella tanta ternura y fervor que pronto nuestros labios se unieron y nuestras lenguas se mezclaron en un beso lleno de moderación. Luego, con mano casta, apreciamos mutuamente nuestros encantos respectivos. Mi slip cayó púdicamente a mis pies, la manita enérgica de Mève me arrastró hasta un diván, y allí, con los ojos cerrados, comencé a sentir los efectos de la espiritualidad más pura. Al umbrío valle con el arroyuelo tumultuoso vino a beber la gata, cuya lengua rasposa se obstinó contra una diminuta roca como si quisiera hacer manar un manantial. Por mucho que yo me repetía: “Agárrate bien al mango, agárrate bien al mango”, terminé por dejarme llevar, diciéndome: “¿qué mango, qué mango?” y en seguida se produjo el milagro, me fundí en estrellas y mojé el cielo.

Cuando bajé a Dublín, a casa del poeta Padraic Baoghal, una dulce cabeza descansaba entre mis muslos y sus cabellos se mezclaban con los que, por una de esas fantasías particulares de la naturaleza, ornan las muy intimidades femeninas. Pasé lentamente los dedos por la melena de Mève, que tuvo un escalofrío. Quiso enderezar la cabeza, pero se la incliné imperativamente y de nuevo gocé de los púdicos transportes de mi almita (inmortal).”

Raymond Queneau  (Diario íntimo de Sally Mara)


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