sábado, 31 de mayo de 2014

Entrevista con Silvia Federici / Ana Requena Aguilar




"Es un engaño que el trabajo asalariado sea la clave para liberar a las mujeres"  


Entrevista con la pensadora feminista Silvia Federici, que reivindica que el trabajo reproductivo y de cuidados que hacen gratis las mujeres es la base sobre la que se sostiene el capitalismo
"Ahora las mujeres tienen dos trabajos -el de fuera de casa y el de dentro- y aún menos tiempo para luchar, y participar en movimientos sociales o políticos"

Ana Requena Aguilar

Silvia Federici (Italia, 1942) es una pensadora y activista feminista, un referente intelectual por su análisis del capitalismo, el trabajo asalariado y reproductivo, siempre desde una perspectiva de género. Profesora en la Universidad de Hofstra de Nueva York, Federici fue una de las impulsoras de las campañas que en los años setenta comenzaron a reivindicar un salario para el empleo doméstico. "El trabajo doméstico no es un trabajo por amor, hay que desnaturalizarlo", defiende. La escritora está de gira por España: allá donde ha estado las librerías y salas se han llenado para escucharla. Su último libro publicado en español es "Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas", publicado por Traficantes de Sueños.

¿Es esta crisis económica una crisis también de igualdad?

Sí, es una crisis de igualdad y que amenaza especialmente a las mujeres. Hay muchas consecuencias de las crisis que impactan en las mujeres de forma particularmente intensa. Por un lado, los recortes de servicios públicos, de la sanidad, de la educación, de los cuidados, las guarderías... eso trae a las casas un montón de trabajo doméstico que todavía siguen haciendo mayoritariamente las mujeres. La mayoría de las mujeres trabajan fuera de casa pero siguen encargándose de este trabajo y tienen que absorber esta parte de tareas que antes eran públicas. Por otro lado, la crisis del empleo y del salario crea nuevas tensiones entre las mujeres y los hombres. Que las mujeres tengan más autonomía ha creado tensiones y un aumento de la violencia masculina. El hecho de que los hombres no tengan el poder económico y al mismo tiempo las mujeres reivindican una mayor autonomía ha creado formas de violencia masculina contra las mujeres que se pueden ver en todo el mundo.




¿En qué momento diría que estamos entonces?

Estamos en un periodo en el cual se está desarrollando un nuevo tipo de patriarcado en el cual las mujeres no son solo amas de casa, pero en el que los valores y las estructuras sociales tradicionales aún no han sido cambiadas. Por ejemplo, hoy muchas mujeres trabajan fuera de la casa, muchas veces en condiciones precarias, lo que supone una pequeña fuente de mayor autonomía. Sin embargo, los lugares de trabajo asalariado no han sido cambiados, por tanto, ese trabajo asalariado significa adaptarse a un régimen que está construido pensado en el trabajo tradicional masculino: las horas de trabajo no son flexibles, los centros de trabajo no han incluido lugares para el cuidado, como guarderías, y no se ha pensado formas para que hombres y mujeres concilien producción y reproducción. Es un nuevo patriarcado en el que las mujeres deben ser dos cosas: productoras y reproductoras al mismo tiempo, una espiral que acaba consumiendo toda la vida de las mujeres.

De hecho, usted dice que se ha identificado la emancipación de las mujeres con el acceso al trabajo asalariado y que eso le parece un error, ¿lo es?
Es un engaño del que hoy podemos darnos cuenta. La ilusión de que el trabajo asalariado podía liberar a las mujeres no se ha producido. El feminismo de los años 70 no podía imaginar que las mujeres estaban entrando al trabajo asalariado en el momento justo en el que éste se estaba convirtiendo en un terreno de crisis. Pero es que, en general, el trabajo asalariado no ha liberado nunca a nadie. La idea de la liberación es alcanzar la igualdad de oportundiades con los hombres, pero ha estado basada en un malentendido fundamental sobre el papel del trabajo asalariado en el capitalismo. Ahora vemos que esas esperanzas de transformación completa eran en vano. Al mismo tiempo sí vemos que muchas mujeres han conseguido más autonomía a través del trabajo asalarido, pero más autonomía respecto de los hombres no respecto del capital. Es algo que ha permitido vivir por su cuenta a muchas mujeres o bien que tuvieran un trabajo, mientras su pareja no lo tenía. De alguna forma esto ha cambiado las dinámicas en los hogares, pero en general no ha cambiado las relaciones entre hombres y mujeres. Y, muy importante, eso no ha cambiado las relaciones entre mujeres y capitalismo: porque ahora las mujeres tienen dos trabajos y aún menos tiempo para, por ejemplo, luchar, participar en movimientos sociales o políticos.



Es también muy crítica con organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la ONU. Algunos de ellos publican informes animando a la participación femenina en el mercado laboral, mientras alientan medidas de recorte que perjudican la igualdad y la vida de las mujeres...
Sí y esto es fundamental. Es un error no ver el tipo de planificación capitalista que se está desarrollando dentro del proyecto de globalización. Hubo una intervención masiva en la agenda y en las políticas feministas con el objetivo de usar el feminismo para promover el neoliberalismo y para contrarrestar el potencial subversivo que tenía el movimietno de mujeres en términos, por ejemplo, de lucha contra la división sexual del trabajo y contra todos los mecanismos de explotación. Por un lado, el trabajo de la ONU fue redefinir la agenda feminista y creo que fueron bastante efectivos. A través de  varias conferencias mundiales, por ejemplo, se presentaban así misma como la representación de las mujeres del mundo y de lo que es o no el feminismo. Por otro lado, su otro objetivo era 'educar' a los gobiernos del mundo en que algo tenía que cambiar en la legislación laboral para permitir la entrada de las mujeres en el trabajo asalariado.

¿Cómo salir entonces de esa trampa, cómo conseguir reivindicar la igualdad sin caer en esas trampas? Porque, por ejemplo, usted rechaza que las mujeres se incorporen en igualdad a los Ejércitos.

No a las mujeres en el Ejército, de ninguna manera. Hay que tener en cuenta que los hombres también son explotados. Entonces, si decimos simplemente que queremos la igualdad con los hombres estamos diciendo que queremos tener la misma explotación que los hombres tienen. La igualdad es un término que congela el feminismo: por supuesto que en un sentido general no podemos estar en contra de la igualdad, pero en otro sentido decir solo que luchamos por la igualdad es decir que queremos la explotación capitalista que sufren los hombres. Creo que lo podemos hacer mejor que eso, hay que aspirar a transformar el modelo entero, porque los hombres tampoco tienen una situación ideal, los hombres también deben ser liberados, porque son sujetos de un proceso de explotación. Por eso no a las mujeres en el ejército, porque no a la guerra, no a la participación en ninguna organización que nos comprometa a matar a otras mujeres, a otros hombres en otros países con el objetivo de controlar los recursos del mundo. La lucha feminista debería deicr en ese sentido que los hombres deberían ser iguales a las mujeres, que no haya hombres en los ejércitos, es decir, no a los ejércitos y no a las guerras.




¿Y cómo salir de la trampa en el caso del trabajo asalariado?
Esto es diferente porque en muchos casos el trabajo asalariado es la única forma en la que podamos ser autónomas y no estamos en la posición de decir no al empleo. La cuestión es considerar el trabajo asalariado como una estrategia más para la liberación, no como la gran estrategia para liberarnos. Por ejemplo, en EEUU la cuestión del trabajo reproductivo no se tiene en cuenta para nada e incluso cuando las mujeres luchan por liberarse de las tareas de cuidado eso solo se tiene en cuenta como una forma de que ellas puedan dedicar más tiempo al trabajo fuera de casa. El capitalismo devalúa la reproducción, y eso significa que devalúa nuestras vidas para continuar devaluando la producción de trabajadores. Es un asunto fundamental que no se está teniendo en cuenta. Así que no se trata de decir no al trabajo asalariado sino de decir que el trabajo asalariado no es la fórmula mágica para liberar a las mujeres. Las mujeres no están afuera de la clase trabajadora, la lucha feminista debe estar totalmente imbricada en la lucha trabajadora.

Entonces, ¿qué más estrategias se pueden seguir para conseguir esa liberación?
El trabajo que la mayoría de mujeres hacen en el mundo, que es el trabajo reproductivo y doméstico, es ignorado. Y ese trabajo es la base del capitalismo porque es la forma en la que se reproducen los trabajadores. El trabajo de cuidados no es un trabajo por amor, es un trabajo para producir a los trabajadores para el capital y es un tema central. Si no hay reproducción, no hay producción. Si ese trabajo que hacen las mujeres en las casas es el principio de todo lo demás: si las mujeres paran, todo para; si el trabajo doméstico para, todo lo demás para. Por eso el capitalismo tiene que devaluar este trabajo constantemente para sobrevivir: ¿por qué ese trabajo no está pagado si mantiene nuestras vidas en marcha? La corriente de la que yo provengo vimos que si el capitalismo tuviera que pagar por este trabajo no podría seguir acumulando bienes. Y al menos que lidiemos con este asunto no produciremos ningún cambio en ningún otra plano.

¿Defiende el salario para el trabajo doméstico?
Sí. Muchas feministas nos acusan de institucionalizar a las mujeres en casa porque entienden que esta demanda es una forma de congelar a las mujeres en los hogares, pero es exactamente lo contrario, es la forma en que podemos liberarnos. Porque si este trabajo es considerado como tal los hombres también podrán hacerlo. El salario sería para el trabajo, no para las mujeres.

Sí, pero aún hoy son las mujeres las que hacen mayoritariamente ese trabajo, esa sigue siendo la tendencia a pesar de que ha habido otros cambios, ¿qué haría cambiar esa inercia?
La tendencia es esa porque la ausencia de salario ha naturalizado la explotación. ¿Te imaginas que los hombres hubieran hecho un trabajo industrial gratis durante dos años porque es lo propio de los hombres? Estaría totalmente naturalizado, igual que lo está el trabajo doméstico, que está ligado a la feminidad y a lo que se considera propio de las mujeres. En una sociedad conformada para las relaciones monetarias, la falta de salario ha transformado una forma de explotación en una actividad natural, por eso decimos que es importante desnaturalizarla.
¿Y la forma de desnaturalizarla es precisamente mediante un salario?
Sí, es un primer paso para hacerlo. Pero nunca vemos el salario como un fin, sino como un medio, un instrumento para empezar la reivindicación. Ya solo pedir un salario tiene el poder de revelar toda un área de explotación, de sacar a la luz que esto es un trabajo propiamente dicho, y que es esencial para el capitalismo, que ha acumulado riqueza gracias a ello.




¿No se corre el riesgo de perpetuar así la división sexual del trabajo?
No, es una forma de romperla. Se puede demostrar que la división sexual del trabajo está construida sobre la diferencia salario-no salario.
Sin embargo, en muchos países como España el trabajo doméstico ya está reconocido como tal (no con todos los derechos) y aún así ese trabajo sigue siendo femenino mayoritariamente, es decir, que esté remunerado no ha hecho que los hombres se incorporen a esos empleos. ¿Por qué pensar entonces que pagar por las tareas del hogar hará que los hombres se incorporen a ese área?
En una situación en la que el trabajo doméstico no es reconocido como trabajo y millones de mujeres lo hacen gratis en todo el mundo, las mujeres que lo hacen por dinero están en una situación de debilidad, de no poder negociar mejores condiciones. Yo espero que se construya un nuevo movimiento feminista que una a las mujeres que hacen trabajo doméstico pagado y a las que lo hacen no pagado. Empezar una lucha sobre qué significa este trabajo, reivindicar nuevos recursos al servicio de este trabajo y proponer nuevas formas de organización. Este trabajo se hace separadas las unas de las otras y hace falta unión, nuevas formas de cooperación que nos permitan unir nuestras fuerzas para contestar esta devaluación del trabajo doméstico. La conexión entre mujeres y trabajo doméstico es muy fuerte y no será fácil, pero creo que sí se podrían conseguir cosas. La reinvidicación del salario para el trabajo doméstico ha sido muy liberadora porque muchas mujeres podían comprender así que lo que hacían era trabajo y era explotación, y no algo natural.



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viernes, 30 de mayo de 2014

Ben Lerner / 4 piezas






EL AGOTAMIENTO NERVIOSO

El agotamiento nervioso por vuelo prolongado no es excusa de su coloración. Tampoco que al nacer la cegaran con un alambre al rojo vivo para incrementar la belleza de su canto. Una cultura que carece del concepto de carencia sigue siendo extranjera, sin importar la cantidad de ayuda, la cantidad de cobertura. ¿Qué dicen los sin techo en lugar de “Andate”? Un día, todos vamos a ser terratenientes. Mantener los sentidos aguzados en medio de un estado de descomposición avanzada, alias abstracción. Repartir suministros desde el aire no es problema. ¿Pero al aire?




EL SEDANTE DE LIBERACIÓN GRADUAL

El sedante de liberación gradual se promociona mediante fotogramas acelerados. La música no llega a producir conciencia, pero suscita una respuesta violenta. Como artista, me interesa llenar cosas de sangre, especialmente relojes, pero como mamá exijo la ilusión del movimiento continuo. Se recomienda ver a través de las hendiduras radiales de un tambor. Se recomienda ver antes de 1987. Una serie parpadeante de instantáneas inducida por un ataque produce a su vez un ataque, restaurando la ilusión de un flujo conceptual continuo. Mis colegas, ¿qué hemos aprendido? Que la conciencia tiene un correlato neuronal en la nieve. Que el movimiento está pintado.






UNA PROGRESIÓN INFINITA

Una progresión infinita de últimas fronteras, diseñada para distraer al público de su herida en el pecho. No vamos a quedarnos ahí sentados mientras nos muestran el culo, insiste el presidente. Tus hijos están preparando un día de luto nacional con un cajón de tequila y bombas de fabricación casera. Tras perder la esperanza, el pintor regresa a la figura. ¿O es que el mundo se volvió abstracto? En mi propia experiencia, el ojo se endurece. En mi opinión, el sonido del llanto. Tal vez el micrófono mismo está hablando. A la cuenta de tres, que todo el mundo en todas partes lo conceda todo.




EN LA PUBLICIDAD

En la publicidad, ella le clava una pajita a una naranja y sorbe. Lo intentamos en casa y perdimos una enorme cantidad de sangre. Cuando era chica, confesó, rompiendo en llanto, nos obligaban a correr carreras de embolsados, a correr en pareja con una pierna atada a la del otro. Al final, despidieron al entrenador por recompensar los hits con una pieza resplandeciente de pornografía. A su equipo de bola lenta lo auspiciaba Alcohólicos Anónimos. Su casa estaba siempre cubierta de huevazos. Cuando intenté comer una pajita a través de una pajita aprendí la primera lección importante sobre forma.

BEN LERNER



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El desalojo de Can Vies




Periódico Diagonal: Todas las crónicas sobre el desalojo de Can Vies y las movilizaciones de Sants aquí: https://www.diagonalperiodico.net/movimientos/23052-desalojo-can-vies.html


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jueves, 29 de mayo de 2014

Entrevista a Angela Davis / Patt Morrison






¿Qué significa ser radical en el siglo XXI?

Patt Morrison



45 años después de que sus primeros bolos académicos atrajesen la ira del gobernador [de California] Ronald Reagan, Angela Y. Davis vuelve al campus este semestre como profesora del departamento de estudios de género de la Universidad de California en Los Ángeles. Su discurso del jueves pasado en el Royce Hall sobre feminismo y supresión de las cárceles resume parte de su trabajo, pero no todo, una larga carrera académica con su activismo radical en paralelo. El presidente Nixon la llamó "peligrosa terrorista" cuando fue acusada de asesinato y conspiración tras un tiroteo mortal en un juzgado en 1970. Fue absuelta y, desde entonces, esta mujer nacida en el campo de minas de la segregación racial de Birmingham, en el estado de Alabama, ha escrito, enseñado y dado clase por todo el mundo. Su emblemático pelo “afro” se ha transformado desde su silueta de 1970; su intensidad, no. La entrevista la realizó Patt Morrison, conocida comentarista de Los Angeles Times.

El Congreso está trabajando en la reforma de de las penas de cárcel. Muchos estados han prohibido la pena capital. ¿No resulta esto alentador?

Me he vinculado al movimiento de supresión de las prisiones; eso no significa que me niegue a respaldar reformas. Hay una campaña muy importante contra las celdas de aislamiento, una reforma que es absolutamente necesaria. La diferencia reside en si las reformas contribuyen a hacer la vida más habitable para la gente que está en la cárcel o si apuntalan el complejo penitenciario-industrial. De modo que no es una situación de blanco o negro.





¿Qué sería un sistema penal justo para usted?

Es complicado. La mayoría de quienes estamos en el movimiento abolicionista del siglo XXI nos fijamos en la crítica que hizo W.E.B. Du Bois respecto a la supresión de la esclavitud: que no se trataba simplemente de arrojar las cadenas. La verdadera meta consistía en volver a crear una sociedad democrática que permitiera la incorporación de los antiguos esclavos. La supresión de las cárceles tendría que ver con la construcción de una nueva democracia: derechos substanciales, a la subsistencia económica, a la salud; un énfasis mayor en la educación que en el encarcelamiento; crear nuevas instituciones que tenderían a hacer obsoletas las cárceles.

¿Cree que llegará un día en que las cárceles ya no sean necesarias?

Es posible, pero aunque no suceda esto, podemos pasar a un tipo muy diferente de justicia que no requiera un impulso retributivo cuando alguien hace algo terrible.

¿Ha visto la tragicomedia Orange Is the New Black [serie televisiva], de tema carcelario?

No sólo he visto la serie sino que he leído las memorias [de Piper Kerman], que es un análisis mucho más profundo que el que se ve en la serie, pero como persona que ha analizado el papel de las cárceles de mujeres en la cultura visual, sobre todo en el cine, creo que [la serie] no está mal. Hay tantos aspectos que con frecuencia no aparecen en las representaciones de la gente en estas circunstancias opresivas. Por ejemplo, en Doce años de esclavitud, uno de las cosas que eché de menos era cierto sentido de alegría, cierto sentido de placer, cierto sentido de humanidad.

Este semestre vuelve usted a la UCLA [Universidad de California en Los Ángeles], el campus del que el gobernador Ronald Reagan hizo que le expulsaran.

Era una oferta que no podía rechazar. Los estudiantes son muy diferentes de los estudiantes de 1969, 1970. Son mucho más sofisticados en el sentido de que tienen preguntas más complicadas.

Cuando considera hoy el feminismo, ¿cree que las mujeres han retrocedido, salvo, si acaso, cuando se trata de la sala de juntas?

Se puede hablar de multiples feminismos; no se trata de un fenómeno unitario. Hay quienes asumen que el feminismo significa ascender dentro de la jerarquía en puestos de poder, y eso está bien, pero no es lo que mejor sabe hacer el feminismo. Si las mujeres que están en la base se mueven hacia arriba, el conjunto de la estructura se mueve hacia arriba.

La clase de feminismo con el que me identifico es un método de investigación, pero también de activismo.




Stokely Carmichael solía bromear diciendo que la posición de las mujeres en el Student Nonviolent Coordinating Committee del movimiento de derechos civiles era "boca abajo". ¿Son las mujeres participantes plenas de la política de hoy?

Tal vez no del todo, pero hemos hecho muchos progresos. Respecto a cómo pensamos sobre los movimientos del pasado, animo a la gente a mirar más allá de las heroicas figuras masculinas. Si bien Martin Luther King es alguien a quien reverencio, no me gusta dejar que lo que representa borre las aportaciones de la gente corriente. El boicot de los autobuses de Montgomery en 1955 tuvo éxito porque hubo mujeres negras, trabajadoras domésticas, que se negaron a tomar el autobús. ¿Dónde estaríamos hoy si no hubieran actuado así?

¿Apoya usted el libre control de la natalidad y el aborto, que se denuncia entre ciertos sectores como genocidio?

A veces en lo que podrían parecer afirmaciones estrafalarias, descubrimos que puede haber un grano de verdad. Aunque nunca sostendría que el control de la natalidad o el derecho al aborto constituyen genocidio, he de tomar en consideración de qué modo se ha impuesto la esterilización a la gente pobre, sobre todo a la gente de color, y que alguien como Margaret Sanger [precursora de la planificación familiar en los años 20] sostenía que [el control de natalidad] era un privilegio para las mujeres acomodadas, pero un deber en el caso de las mujeres más pobres.

¿Qué piensa del primer presidente negro del país?

Hay momentos de enormes posibilidades, y su elección fue uno de esos momentos. En todo el mundo la gente tenía la impresión de que nos movíamos hacia un mundo nuevo. Por breve que fuera esa sensación de euforia, se trata de algo que no olvidaremos. Eso nos permite comprender qué posibilidades podría reservarnos el futuro. [Pero] mucha gente tendía a depositar tantas aspiraciones en individuos singulares que no han conseguido — no hemos conseguido — realizar esa labor de sacarle más partido a ese momento. La gente fue a las urnas y dijo "Ya hemos hecho nuestro parte" y le dejó el resto a Obama.

¿Es la democracia un buen chasis sobre el que erigir un sistema politico?

Creo profundamente en las posibilidades de la democracia, pero la democracia necesita emanciparse del capitalismo. Mientras vivamos en una democracia capitalista, se nos seguirá escapando un futuro de igualdad racial, de igualdad de género, de igualdad económica.

En 1980 y 1984 se presentó como candidata del Partido Comunista a la vicepresidencia; ¿significaba eso que tenía fe en el proceso democrático?

Se trataba de sugerir que hay alternativas. Nadie creía que fuera posible ganar, pero en los años 80 se produjo el ascenso de la globalización del capital, del complejo penitenciario-industrial, y era importante proporcionar algunos análisis políticos alternativos.

¿Qué piensa ahora del comunismo?

Todavía mantengo un vínculo, [pero] ya no soy militante. Abandoné el partido porque tenía la impresión de que no estaba abierto al tipo de democratización que nos hacía falta. Creo que el capitalismo sigue siendo el género de futuro más peligroso que podamos imaginar.





¿Por qué falló el comunismo en lo que falló?

Eso exigiría una larga conversación. Puede que haya habido democracia económica, que es lo que nos falta en Occidente, pero sin democracia política y social, lo cierto es que no funciona. No creo que tengamos que tirar el bebé con el agua del niño, sería importante ver qué es lo que verdaderamente funcionaba y lo que no.

¿Como que no hubiera libertad de expresión?

Sí.

En 2016 se cumplirá el 50 aniversario del partido de las Panteras Negras; fue usted miembro del mismo durante algún tiempo.

El movimiento de derechos civiles tendía a centrarse en la integración, pero había quienes decían: "No queremos asimilarnos en un barco que se hunde, de modo que cambiemos totalmente el barco". El surgimiento del Partido de las Panteras Negras marcó un momento de ruptura y todavía estamos en ese momento.

El partido tenía dos tipos distintos de activismo: el activismo de base que contribuyó a crear instituciones que todavía hoy funcionan, por ejemplo, el Departamento de Agricultura dispone ahora de programas de desayunos gratuitos. Por otro lado, está la posición de defensa propia y de control de la policía.

Si se le echa un vistazo al programa de 10 puntos del partido, cada uno de sus puntos resulta tanto o más pertinente 50 años más tarde. El punto décimo incluye el control comunitario de la tecnología. Eso fue muy profético. Se trata de usar la tecnología en vez de que permitir que nos use a nosotros.



Alguna gente todavía debe ver en usted a la joven que apoyaba la violencia contra la policía, la violencia de los movimientos políticos.

Es importante comprender las diferencias entre esa época y ésta. Nuestra relación con las armas era muy diferente y se centraba en buena medida en la defensa propia. Hoy en día, cuando hay del orden de 300 millones de armas en el país y hemos experimentado estos horrendos tiroteos, no podemos adoptar la misma postura. Estoy completamente a favor del control de armas, de eliminar las armas no sólo de los civiles sino también de la policía.

Se utilizaron pistolas de su propiedad en el secuestro y el tiroteo del Marin County Civic Center en 1970. Fue absuelta de todas las acusaciones. He leído que había comprado las pistolas para su propia defensa.

Sí, y comenté la circunstancia de que mi padre tenía armas cuando yo era pequeña; nuestras familias tenían que protegerse del Ku Klux Klan. [Hoy en día] tenemos leyes contra el odio, hacia las que tengo una actitud ambivalente, porque a veces acaban usándose contra la gente que era inicialmente víctima. La legislación contra linchamientos se dirige más hacia los niños negros y las llamadas pandillas. A veces las herramientas contra el racismo se ponen al servicio de una especie de racismo estructural.

El documental Free Angela and All Political Prisoners destaca mucho su relación con George Jackson, el activista de las cárceles muerto en la prisión de Soledad. ¿Demasiado?

Yo habría puesto el énfasis en otra parte. Si hablas con la directora, Shola Lynch, comprobarás que estaba trabajando dentro de géneros convencionales; ve la película como un drama político, un thriller criminal y una historia de amor. Aun así, la investigación que llevó a cabo fue realmente asombrosa. Entrevistó a uno de los agentes del FBI que me detuvieron y gracias a esa entrevista descubrí cómo me atraparon. Me impresiona cómo ha afectado la película a la gente joven. Puede ayudar a conversaciones entre generaciones de las que aprenda yo algo y aprenda algo la gente más joven.

¿Qué pasó con la forma de escribir radical, personal, de enfrentamiento de la década de los 60 y 70?

Es una pregunta interesante. En muchas cosas dependíamos de nosotros mismos. Esos experimentos son importantes, porque sin movernos a terrenos de los que uno no sabe nada, nunca habrá ningún cambio.

Supongo que hay gente que le dice: "Si no le gusta Norteamérica, ¿por qué se queda?"

He vivido en otros países, pero este es mi hogar, y me siento comprometida con la transformación de este país. Así lo he sentido desde que era niña. Mi madre era una activista que creía en las posibilidades de transformar el mundo. Y eso es algo a lo que todavía no he renunciado.

Angela Davis (1944), legendaria activista afroamericana de los años 60 vinculada al movimiento de derechos civiles, los Panteras Negras y el Partido Comunista norteamericano, por el que fue candidata a la vicepresidencia en los años 80, fue discípula de Herbert Marcuse en la Universidad de California, San Diego. Profesora jubilada de la Universidad de California, Santa Cruz, enseña actualmente en la de Syracuse, en el estado de Nueva York. Su trabajo teórico se ha centrado, entre otros temas, en el análisis de lo que denomina el “complejo penitenciario industrial” en los Estados Unidos.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Entrevista original en inglés publicada en Los Angeles Times.




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miércoles, 28 de mayo de 2014

La brecha, el Galeano y la digna rabia / Carlos Fazio





Desde la insurrección campesina-indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y su principal ideólogo, socio y patrocinador, el Departamento de Defensa de Estados Unidos, han venido modificando y adaptando sus concepciones sobre el enemigo interno y las modalidades de la guerra. De las políticas de contrainsurgencia contenidas en el Plan de Campaña Chiapas 94 de la Sedena, 20 años después asistimos a nuevas variables de la guerra irregular o asimétrica.
Con especificidades y adaptaciones regionales (Valle de Juárez, Tamaulipas, Michoacán, Chiapas), la guerra no convencional en el México actual se libra en el marco de una estrategia de ocupación de espectro completo ( full spectrum), que abarca una política territorial-espacial combinada, donde lo militar, lo económico, lo mediático y lo cultural tienen objetivos comunes. En ese contexto, y dadas sus características particulares, Chiapas ocupa un lugar central en el mapa del Pentágono. La geografía chiapaneca forma parte de la brecha ( the gap) en que se ubican las zonas de peligro sobre las que el hegemón del sistema capitalista mundial debe tener una política agresiva de prevención, disuasión, control e imposición de normas de funcionamiento afines a los intereses corporativos con casa matriz en Estados Unidos, pero también de persecución, desarticulación y eliminación de disidentes o insurrectos, considerados enemigos.



El capitalismo no se puede entender y explicar sin el concepto de guerra. La guerra es la forma esencial de reproducción del actual sistema de dominación; la guerra es consustancial a la actual fase de reconquista neocolonial de territorios y espacios sociales. Pero es también un negocio; una forma para imponer la producción de nuevas mercancías y abrir mercados con la finalidad de obtener ganancias. La brecha chiapaneca está ubicada en un área intensiva en biodiversidad (incluida la Reserva de Biosfera de Montes Azules), donde también existen grandes recursos acuíferos, petróleo y minerales de uso estratégico, todo lo que da un sentido práctico rentable a su apropiación territorial y espacial.
Además, Chiapas, y en particular el área donde están asentadas las autonomías zapatistas, es una zona creativa y de resistencia civil pacífica al proyecto neoliberal. Es decir, al imperialismo del despojo. Un área donde se están procesando nuevas formas de emancipación, de construcción de libertad en colectivo por diversos sujetos sociales y movimientos antisistémicos que enarbolan un pensamiento crítico, ético, anticapitalista, contrahegemónico. Fuerzas que actúan al margen de las reglas impuestas por el sistema plutocrático mexicano −y de los usos y costumbres de sus administradores de turno y la clase política parlamentaria, signados por la corrupción y la impunidad− y le dan batalla en el campo cultural, donde radican la memoria histórica, las cosmovisiones y utopías. Se trata de un nuevo sujeto histórico que ya no cree en parches ni reformas dentro del sistema, y ajeno a las viejas y nuevas formas de asimilación y cooptación, ensaya otra manera de hacer política y construir un poder alternativo desde abajo. Un verdadero poder popular, autogestivo, plural, de verdadera democracia participativa con sus juntas de buen gobierno, sus municipios autónomos y sus autoridades comunitarias.
Por todo eso, el EZLN, sus bases de apoyo y aliados coyunturales significan un peligro real; un desafío estratégico para Washington y las corporaciones de los sectores militar, petrolero, minero, biotecnológico, agroalimentario, farmacéutico, hotelero, refresquero y del falso ecoturismo. De allí que la guerra asimétrica sea el eje articulador de una estrategia de despeje y control territorial que busca desplazar a la población para facilitar la apropiación y mercantilización de la tierra y los recursos naturales por el gran capital. Quienes se encuentran en los espacios y territorios donde existen agua, bosques, conocimientos ancestrales, códigos genéticos y otras mercancías, son, quiéranlo o no, enemigos del capital. Por eso asistimos a una ofensiva conservadora, que bajo la forma de una guerra integral encubierta, irregular, prolongada y de desgaste busca disciplinar, doblegar y/o eliminar la resistencia del campesinado indígena rebelde, para llevar a cabo una restructuración del territorio de acuerdo con los intereses y requerimientos monopólicos clasistas.
Se trata de una guerra privatizadora, de despeje territorial y despojo social, que echa mano de la militarización y la paramilitarización para tratar de pudrir un prolongado conflicto armado no resuelto, que incluye la contención de los movimientos sociales y la criminalización de la protesta con más medidas de excepción. Verbigracia, el código para el uso legítimo de la fuerza ( ley bala) aprobado por el Congreso chiapaneco, con el objetivo de facilitar la libre acumulación trasnacional.


En diciembre de 2007, ante la ofensiva que preparaba Felipe Calderón, el subcomandante Marcos advirtió sobre la reactivación de las agresiones militares y paramilitares en la zona de influencia zapatista. Dijo: Quienes hemos hecho la guerra sabemos reconocer los caminos por los que se prepara y acerca. Las señales de guerra en el horizonte son claras. La guerra, como el miedo, también tiene olor. Y ahora se empieza ya a respirar su fétido olor en nuestras tierras. No se equivocaba. El más reciente episodio fue el alevoso asesinato del votán-maestro José Luis Solís (compañero Galeano), a manos del grupo paramilitar Los Luises, el 2 de mayo. La provocación-trampa en La Realidad, lugar emblemático de la resistencia pacífica zapatista, se dio bajo la pantalla de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos Histórica (Cioac-H), que actuó como instrumento de la contrainsurgencia. El paramilitarismo responde a una lógica de Estado, en el marco de la guerra asimétrica de la Sedena.


El 24 de mayo, más de 2.000 bases de apoyo zapatista se daban cita en el caracol de La Realidad para despedir al maestro Galeano, asesinado por paramilitares el 2 de mayo. https://www.diagonalperiodico.net/global/23023-dijeron-cuando-volviera-nacer-lo-haria-colectivo.html



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martes, 27 de mayo de 2014

Trilogía federal: tres cartas de un federalista catalán / Miquel Caminal






El pasado 23 de mayo murió mi amigo, colega y viejo compañero de luchas políticas Miquel Caminal. Nos conocimos militando juntos en la temprana juventud, y nunca dejamos de estar ligados por múltiples vínculos políticos, académicos, editoriales y personales. Muy frecuentemente estuvimos de acuerdo en lo fundamental, y cuando tuvimos discrepancias, siempre conseguimos obrar el milagro de ponernos fácilmente de acuerdo en el desacuerdo, incluso sin necesidad de hablar. Nunca he conocido a una persona más bonancible, y a pocas tan nobles. No por anunciada, deja su muerte de apabullar como un desastre a sus amigos y compañeros. Sabiéndose ya gravemente enfermo, Miquel escribió el pasado noviembre una lúcida reflexión política sobre el federalismo republicano y el nuevo auge del independentismo catalán para SinPermiso. Se publicó el primero de diciembre de 2013. Para honrar su memoria, volvemos a publicarla. Antoni Domènech, Editor general de SP.









Trilogía federal: tres cartas de un federalista catalán

1. Del federalismo utópico al independentismo científico (cuando lo lógico debería ser lo contrario)

Casi ciento cincuenta años en defensa de una España federal, desde el texto de Valentí Almirall, Bases para la Constitución Federal de la Nación Española y para la del Estado de Cataluña (1868), no han conseguido instaurar una Federación democrática de pueblos hispánicos. En España el federalismo es una utopía, mejor dicho una distopía para la derecha y una parte significativa de la izquierda. Pi i Margall se empeñó en hacer pedagogía federal después del fracaso de la Primera República federal, especialmente con su libro Las nacionalidades (1876). No lo consiguió. En España no es posible hacer normal lo que el sentido común indica. Ya podía el gran federalista catalán explicar como la federación era un sistema de larga tradición y estabilidad en Estados Unidos de América o en la Confederación Helvética, y que era el sistema político que se adecuaba más a la España plural y diversa. No convenció. Frente al idealismo de Pi i Margall, la pedagogía que intentó Valentí Almirall era más empírica y positivista. En Lo Catalanisme (1886) hizo una descripción de la España real, la de las distintas lenguas y culturas, con el ánimo de demostrar que el sistema político que se adaptaba mejor a esta realidad española, era una federación sensible e integradora de los particularismos regionales. Tampoco convenció, aunque sólo se necesitaba viajar por las tierras españolas para ver y comprender.

Las Españas, de historia plural, habían sido sometidas a un proceso de unión impuesta por el poder “omnímodo, uniformador y particularista” de la Corona, desde la conquista de Granada. Esta era la opinión de Manuel Azaña en su magistral discurso del 27 de mayo de 1932, sobre el Estatuto de Autonomía de Catalunya. Azaña, como en su tiempo Pi i Margall, los presidentes de gobierno más inteligentes, cultos e incomprendidos de la historia contemporánea española, intentó la rectificaciónhistórica de una tradición de expulsiones y conversiones forzadas de los diferentes, de imposición de un único y centralizador poder con la bendición inquisitorial de la iglesia católica, de recuperación y representación de la España real. Una España, cuya primera víctima “confiscada y esclavizada” fue la propia Castilla, en 1521, de manera que “el defensor de las libertades catalanas pudo decir, con razón, que él era el último defensor de las libertades españolas”. El olvido persistente de las ideas políticas de Azaña, como de Pi i Margall y Valentí Almirall, su soledad, no son casualidad; forman parte de esta España autista con su propia historia, incompetente para la rectificación, obstinada en cometer y repetir los mismos errores del pasado.

Esta es la intransigencia del nacionalismo español, el más particularista de todos los nacionalismos hispánicos, como el propio Ortega y Gasset reconocía. Lo inteligente para una España democrática y plural sería el reconocimiento en la igualdad de las diversas identidades culturales y lingüísticas, así como la regulación constitucional como lenguas oficiales del Estado del castellano, el catalán, el vasco y el gallego. ¿Tan complicado es entender que la unión voluntaria solamente es posible si se produce un igual reconocimiento para todos con su identidad de origen? El sentimiento de pertenencia compartido surge cuando existe esta igualdad, y no la imposición de una cultura y lengua sobre las demás. En Suiza no hay discriminación entre las lenguas, aunque el alemán es la lengua de una gran mayoría de la población, que casi triplica a la población de habla francesa y multiplica por diez o más a la población de habla italiana.

El nacionalismo español nunca ha defendido la autonomía política por convicción, lo ha hecho por resignación. Así es imposible la construcción positiva de un Estado Autonómico con horizonte federal. Ha sido el catalanismo político quien ha protagonizado a lo largo del Siglo XX una visión de Estado, fundada en la correspondencia e interdependencia entre democracia y autonomía. Un catalanismo que en sus distintas corrientes, autonomista, federalista e independentista, ha defendido la identidad nacional de Catalunya y la plurinacionalidad del Estado español. Cuando este catalanismo ha promovido una lectura autonomista y pluralista de la Constitución española de 1978, mediante las reformas estatutarias, la respuesta de las Instituciones del Estado ha sido negativa y decepcionante.

La fatiga y desafección han arraigado en la gran mayoría de la sociedad catalana. En política el tiempo es muy importante y el tiempo federal está siendo sobrepasado por los acontecimientos. O se asume con valentía la necesidad de un pacto de Estado entre todas las fuerzas democráticas para el desarrollo federal y plurinacional del Estado Autonómico, o el catalanismo político puede intentar acometer un paso histórico hacia la constitución de un Estado propio dentro de la Unión Europea. En todo caso, de confirmarse el fracaso final del proyecto autonomista y federalista, como propuestas mayoritarias y generalizables de la historia del catalanismo, habrá que encontrar una solución específica para el autogobierno de Catalunya, desde la negociación bilateral y el reconocimiento de la voluntad democrática de la nación catalana. El independentismo ya no es una utopía, como sí ha devenido el federalismo en la Iberia soñada por republicana y federal. El objetivo de Catalunya como nuevo Estado europeo ha entrado en un proceso político real, donde su consecución no es dependiente de lo que quieran o hagan las otras partes implicadas en un proceso federal. En este caso, se depende primeramente y fundamentalmente de la propia fuerza democrática de los ciudadanos de Catalunya, con el respeto hacia las minorías discrepantes. Este es el momento político que vive Catalunya, aunque no hay separación sin negociación, y no es concebible en democracia una secesión unilateral.

Aún se está a tiempo de no perder un último tren federal en España, si se quiere evitar realmente la deriva independentista en Catalunya. No debería ser tan inalcanzable en democracia, emprender una reforma constitucional en sentido federal, que como mínimo desarrollara el modelo autonómico, teniendo como referencia el federalismo alemán en su organización institucional, distribución de competencias y sistema fiscal, así como el federalismo suizo, en cuanto al reconocimiento constitucional de las lenguas y culturas. Se puede pedir más, pero esto ya sería un éxito y tendría efectos muy positivos en la desactivación de todos los nacionalismos, central y periféricos, y, en lo principal, conseguiría una mayor identificación y lealtad compartida de los ciudadanos y pueblos de España. Es verdad que persistirían las reivindicaciones nacionalistas finalistas, aquellas que no consiguen satisfacción si no es mediante un Estado soberano e independiente. Pero la turbulencia nacionalista se habría suavizado y, quizá, se habría conseguido aquella rectificación azañista, tan necesaria para que España siga, por fin, el principio que los conflictos en democracia, incluidos los nacionales, se resuelven con más democracia y no con menos libertad.




2. Federalismo o barbarie (la fuerza de la razón o la razón de la fuerza)

El mundo tiene un futuro de paz si se orienta hacia el federalismo, pero persiste la hegemonía del nacionalismo, un nacionalismo que se resiste a la pérdida de soberanía de los estados nacionales. En los últimos años, sobre el fondo de la profunda crisis económica y social, el nacionalismo ha rebrotado con especial virulencia en todos los países. Un ultranacionalismo populista y demagogo está ganando posiciones dentro del tejido social, penetrando en todas las clases sociales. Los estados han dejado atrás los efectos de la última ola de nacimiento o restitución de estados nacionales en 1989, cerrando de nuevo las fronteras y oponiéndose a todo nuevo proceso de autodeterminación. Las grandes potencias no están por avalar ningún proceso hacia la independencia o reconocimiento de nuevos estados. Por supuesto, así es en Palestina, Sahara, Cachemira, Tibet o Chechenia, entre tantos otros conflictos nacionales combatidos con toda la violencia necesaria, pero tampoco se percibe ninguna empatía o complicidad hacia las naciones sin estado del mundo occidental, que desde hace años defienden su derecho a la autodeterminación de forma pacífica y democrática, como Quebec, Flandes, Cataluña o Escocia. En este último caso, la convocatoria del referéndum no debería ocultar la seguridad con que David Cameron contempla su previsible resultado contrario a la secesión de Escocia.

Los Estados nacionales no son nada democráticos en lo que se refiere a su integridad territorial y, por consiguiente, no reconocen en sus ordenamientos constitucionales el derecho de autodeterminación de las naciones que puedan formar parte de ellos. ¿Entonces, cómo se pueden resolver por la vía pacífica y negociada los conflictos nacionales? No se me ocurre ninguna otra vía que la federal. En un mundo interdependiente y con una multiplicación exponencial de las relaciones de todo tipo, económicas, financieras, culturales o políticas gracias a la revolución tecnológica de la comunicación en los últimos lustros, no cabe poner puertas al campo, ni elevar tantos muros inútiles para frenar la natural relación y cooperación del género humano hacia un mundo más próspero y libre para todos. Un mundo enfrentado (nacionalmente) agudizará la crisis hasta niveles extremos sin excluir el conflicto bélico. La recuperación económica y la pacificación política serán globales o no se producirán. Sólo la colaboración internacional como ciudadanos del mundo antes que como nacionales, puede abrir caminos hacia una paz más estable y de futuro menos incierto. El mundo ya no puede ser gobernado por una única potencia, ni por el empate perpetuo entre dos o más de dos potencias. Urgen unas Naciones Unidas reformadas y con autoridad autónoma y vinculante sobre los Estados. El principio federal fundado en el pacto es la única vía para construir un mínimo e incipiente gobierno mundial, imprescindible para la paz en este ya convulso y muy inestable Siglo XXI.

Más necesario todavía es el desarrollo del principio federal en la Unión Europea. Es la única forma de frenar el avance de los ultranacionalismos en la mayoría de los estados europeos. Los grandes Estados nacionales europeos de larga tradición histórica, como España, Francia o el Reino Unido, también los Estados de unificación nacional más tardía, como Alemania e Italia, han de asumir que el tiempo de las soberanías absolutas e indivisibles ha terminado. No habrá Europa política sin replantear la soberanía, tanto a nivel supraestatal como infraestatal. Las próximas elecciones europeas deberían ser el momento de recobrar la visión federalista y europeista de Altiero Spinelli y, al mismo tiempo, el sentido práctico y de gobierno hacia una Europa unida de Jacques Delors. Sólo así volverá la esperanza y enterraremos para siempre la engañosa y reaccionaria presencia de los nacionalismos populistas.

El nacionalismo español tiene un problema añadido a los propios de aquellos Estados nacionales europeos de pasado colonialista, que se resisten a una revisión total de las tesis de Jean Bodin sobre la soberanía. En España antes fue el imperio que la nación. Un imperio que nunca consiguió la cohesión nacional de los pueblos peninsulares. El Estado constitucional español fracasó como liberal y como nacional. Todavía no lo ha superado, a pesar de que durante años de democracia liberal ha parecido que comenzaba una nueva España que se reconocía en su diversidad interna. Ha sido un espejismo, nunca se ha ido la España acomplejada internacionalmente, temerosa con sus periferias nacionales, reticente hacia todo proceso de reforma progresiva de la Constitución. El nacionalismo español es genéticamente incapaz de encabezar un desarrollo pluralista y federal de la democracia y, al mismo tiempo, se ve incompatible con un reconocimiento positivo de la plurinacionalidad, que fundamente y constituya la unión del Estado español.

Durante décadas el catalanismo ha pugnado por la modernización de España y por el reconocimiento del autogobierno de sus pueblos. Desde Valentí Almirall, en 1868, hasta Pasqual Maragall, en 2006, la voluntad mayoritaria del catalanismo ha sido siempre la de defender el autogobierno de Cataluña dentro de una España federal y plurinacional. Cierto que han existido otros dos catalanismos, hegemónicos en algunas etapas históricas, que no son federalistas o que ven la alternativa federal como solución transitoria. De una parte, es el caso del separatismo o independentismo, cuya máxima presencia y fortaleza la ha conseguido precisamente en los últimos años, especialmente gracias a la ceguera histórica y cerrazón mental del nacionalismo español. De otra parte, el catalanismo regionalista o autonomista de Prat de la Riba y Cambó, cuya continuidad histórica la ha representado el pujolismo hasta la pérdida del gobierno de la Generalitat, en el año 2003, ha sido un catalanismo pragmático y gradualista, siempre con el acento puesto en la singularidad nacional de Cataluña. Este catalanismo ha tenido sus dudas democráticas en momentos clave de la historia contemporánea, particularmente en los años de la dictadura de Primo de Rivera, en su resistencia contra la ley de “Contractes de Conreu”, promovida por el Presidente Companys, en 1934, y en la actuación o pasividad profranquista de algunos de sus destacados dirigentes en la guerra civil y primeros años de la dictadura de Franco. Los mejores y más esperanzadores momentos del catalanismo han surgido de la unidad y del sentido de la oportunidad en las circunstancias históricas que se vivían. Así fue con la Mancomunidad de Prat de la Riba (1914), con la proclamación de la República catalana por parte de Macià, y posterior restablecimiento de la Generalitat en la perspectiva de la unión federal de los pueblos hispánicos (1931), y con la constitución de la Asamblea de Cataluña bajo la hegemonía del PSUC (1970), pilar sobre el que se fundamentó la exigencia del restablecimiento de la Generalitat republicana y el retorno del presidente Josep Tarradellas.

En la actualidad, el catalanismo navega en la desunión, y a los dirigentes del proceso independentista dominante les falta sentido de la responsabilidad del momento histórico que se está viviendo. Han promovido una acción política sin matices ni estrategia, a caballo de una legítima y lógica movilización popular ante la discriminación y humillación de la identidad y derechos de la sociedad catalana. Pero esta desorientación y división interna del catalanismo no debe ocultar la cuestión de fondo: el autoritarismo que caracteriza a un nacionalismo español, que lejos de abrir vías de diálogo, se mueve entre el autismo, el insulto y la amenaza. Al final sus representantes conseguirán la unidad de casi todo el catalanismo en torno a la única opción defendible por exclusión de todas las demás: la independencia.

El nacionalismo español es el principal responsable de la permanencia de los conflictos nacionales en las periferias de la península. La Constitución democrática no ha cambiado sus miedos y su oposición a toda redistribución territorial del poder. Este nacionalismo de estado desconoce los efectos tan positivos que ha tenido el federalismo para la unión nacional en Estados Unidos, Suiza, Alemania o Canadá. En todos estos países existe la diversidad y, también, tensiones territoriales, como es natural, que se resuelven mediante el diálogo y el consenso. Claro que son países con una cultura democrática muy superior a la que se tiene en España. ¿Por qué el nacionalismo español no aprende de estos ejemplos externos y, por el contrario, se adentra en su propia historia de intolerancia y tragedia? ¿Tan difícil es cambiar el rumbo de esta negativa historia e impulsar un desarrollo verdaderamente federal del Estado Autonómico? El federalismo puede poner los puentes de la convivencia plurinacional entre los pueblos de España, en el marco de una Unión Europea, que debe asimismo renacer mediante la ciudadanía europea y poniendo en un segundo plano las identidades estatales-nacionales. ¿No es sensata y razonable esta proposición? ¿Entonces, por qué parece tan irreal? ¿Es más atractiva la barbarie que conllevan los enfrentamientos nacionalistas que la pacificación mediante los valores federales del pacto, el pluralismo y la fraternidad entre las naciones? No hay futuro para Europa si no es en federal, al igual que España, que sucumbe bajo un nacionalismo español, anclado entre el autoritarismo y la impotencia.




3. La secesión de Catalunya (una opción inevitable y legítima cuando el pacto federal es imposible)

La autodeterminación es un concepto republicano que tiene su origen en la Ilustración y en el pensamiento de Kant. En la sociedad moderna, basada en el principio que las personas nacen libres e iguales, la autodeterminación incluye varios derechos a la vez: la libertad de pensamiento, el derecho a decidir y a elegir en libertad, el derecho a expresar las propias ideas mediante cualquier medio de comunicación con el objetivo de promover ideales compartidos. La autodeterminación tiene su origen necesario en la libertad individual, pero puede desarrollarse mediante el reconocimiento mutuo entre ciudadanos que reivindican y participan de un ideal colectivo y público. Cuando un 4 de julio de 1776, ciudadanos de las 13 colonias británicas, se unen colectiva y solidariamente para afirmar su libre autodeterminación, y su efecto mediante la proclamación de la independencia frente a la Corona Británica, están ejerciendo su derecho inalienable a decidir su destino político y a constituirse como pueblo soberano.

La autodeterminación de las personas, fundamento imprescindible de toda sociedad democrática, es, al mismo tiempo, expresión del zoon politikon, es decir del ciudadano que vive su libertad con los otros, como parte de una comunidad política que decide y se autodetermina libremente. No hay autodeterminación republicana que no surja de la libertad de todos y cada uno de los miembros de la comunidad política. En este sentido, el legítimo ejercicio de la autodeterminación no tiene otra vía que la consulta democrática de toda la ciudadanía.

Las personas y los pueblos son libres en la medida que previamente posean independencia real para decidir sin coacciones. Es así en el ámbito privado (el feminismo lo ha señalado con meridiana claridad) y lo es en el ámbito público (¿quien decide en unas elecciones, los ciudadanos independiente y libres, o los votantes dependientes de quienes controlan o son propietarios de los medios de información y comunicación?). La autodeterminación promovida y conducida por el nacionalismo corre el riesgo de ser desvirtuada, cuando sustituye la libre ciudadanía por la exaltación de la nación como concepto supremo y de obligada lealtad. Sólo el federalismo, comprendido como pacto entre iguales, garantiza el desarrollo republicano de la autodeterminación. Porque toda unión federal no puede olvidar que su legitimidad de origen es el pacto democrático y, por tanto, su efecto o resultado no puede imponer una única y suprema lealtad. Cuando dos o más pueblos se unen federalmente, asumen dos lealtades, la de la nación de origen y la de la unión federal. Dos lealtades perfectamente compatibles sin que una sea superior a la otra.

Un futuro imaginado de paz y fraternidad será federal, porque no es imaginable un mundo pacífico y fraternal hegemonizado por el/los nacionalismos. El Siglo XX ha sido suficientemente claro y contundente como reflejo de la tragedia y destrucción que conllevan los enfrentamientos nacionalistas, especialmente a escala mundial. El federalismo debe renacer como ideología alternativa al nacionalismo en la organización interna de los Estados, en las relaciones supraestatales y uniones continentales, en la urgente y necesaria fundamentación de un derecho mundial vinculante para todos. El desarrollo de la democracia pluralista implica la división territorial de poderes, ya enunciada y promovida por Montesquieu y asumida por los padres fundacionales del federalismo estadounidense.

El gran obstáculo contra el proceso federal es el nacionalismo inherente a los estados nacionales. Parecen tranquilos hasta que se despierta la fiera nacionalista. Los nacionalismos de estado son intransigentes frente a los objetivos de cualquier otro nacionalismo, que aparezca en su territorio considerado como propio y exclusivo. Se establece de inmediato la dialéctica centro-periferia de confrontación nacionalista. No hay posibilidad de acuerdo final, como no sea el resultado de la imposición de los intereses del nacionalismo de estado. Podrán haber acuerdos parciales en el mejor de los casos, pero serán transitorios y siempre sujetos a la provisionalidad.

En estas circunstancias y cuando el nacionalismo de estado se cierra a cal y canto, el federalismo contempla la opción democrática de la secesión. El pacto federal, para ser válido en sentido democrático y republicano, debe ser igual y conmutativo. Es decir, las partes que pactan lo hacen con reciprocidad y plena libertad, de forma que todos salen beneficiados con la unión federal, sin que nadie tenga que renunciar a su identidad y autogobierno. Un federalista que asume un contrato desigual o de sumisión no es tal. Por el contrario, debe contemplar la opción de la independencia o secesión cuando no es posible un pacto federal en condiciones de libertad e igualdad.

Esta es la realidad que afecta en la actualidad al autogobierno de la nación catalana. Después de más de 30 años de aprobada la Constitución española de 1978, el Estado Autonómico ha entrado en un callejón sin salida por la voluntad del Partido Popular de no permitir ningún desarrollo federal del mismo. Quienes no apoyaron el proceso constituyente español, o lo hicieron con gran reticencia, se presentan ahora como los máximos valedores de una Constitución, que interpretan de forma restrictiva y centralista. El Estado Autonómico era un modelo abierto e híbrido, fundado en el reconocimiento y garantía de la autonomía política de las nacionalidades y regiones, que podía y debía desarrollarse en sentido federal, plurilingüístico y plurinacional. No ha sido así, sino que ha quedado reducido a una descentralización administrativa, que siendo importante, no tiene nada que ver con un modelo de estado compuesto o federal. Así lo señalarían autores que son referentes de la teoría federal del Siglo XX, como Wheare o Elazar. El Partido Popular sigue la tradición autoritaria del constitucionalismo conservador español de negarse siempre a la enmienda constitucional si no es para retroceder. Ahora lo hace nuevamente al considerar que el Estado Autonómico regulado por la CE78, era un punto de llegada, nunca de partida y, en todo caso, de procederse a su reforma, la orientación de la misma será regresiva y recentralizadota.

En este escenario, la nación catalana no tiene más opción que movilizarse en defensa de su derecho a decidir, de su derecho a ser consultada en democracia sobre su voluntad política con relación al autogobierno de Catalunya y su relación con el Estado español. En democracia nadie debe ser sometido contra su voluntad. Y si la gran mayoría del pueblo catalán quiere y exige ser consultado, las instituciones del Estado deben respetar esta voluntad y adoptar las decisiones necesarias para que la consulta democrática sea posible. Asimismo, si la mayoría del pueblo catalán decide en referéndum optar por la constitución de un Estado independiente, las instituciones del Estado español deben respetar esta voluntad y abrir un proceso de negociación política con los legítimos representantes del pueblo catalán. La democracia es el único sistema válido para negociar y consensuar acuerdos tanto de unión como de secesión. Toda imposición autoritaria, sea cual fuere la vía utilizada, es antidemocrática e inconstitucional.

Así que la obligación de todo federalista es promover la unión en la diversidad, pero cuando esto no es posible, también asume el deber y el derecho a promover la secesión o independencia, aunque sea la última opción, cuando todas las demás han resultado baldías o imposibles. La autodeterminación en su sentido federal se fundamenta en la consulta democrática y pluralista, se orienta hacia la unión de pueblos libres y acepta la posibilidad de la independencia o secesión cuando no hay otra salida democrática. El catalanismo, en la hora actual, está asumiendo de forma preponderante la opción por la independencia de Catalunya y su separación del Estado español. Durante décadas se han defendido de forma mayoritaria las opciones autonomista y federalista dentro del Estado español, pero la cerrazón e intolerancia del nacionalismo español ha dejado sin futuro ni credibilidad estas tradiciones pactistas del catalanismo. Sólo una rectificación radical y profunda en los planteamientos del nacionalismo español podría cambiar las cosas y reabrir un escenario de entendimiento y concordia federal. No parece que esto suceda. En este caso la ruptura se hace inevitable y a la nación catalana, siempre abierta al acuerdo y convivencia con los demás pueblos hispánicos, no le queda más remedio que iniciar su propio camino, navegar por su cuenta, y esperar que su voluntad de autodeterminación sea respetada y no ahogada por la fuerza.

Barcelona, 6 de octubre de 2013

                                Miquel Caminal (1952-2014)




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