jueves, 31 de julio de 2014

Santiago Ramón y Cajal (Charlas de Café, 1921)





“¿Alardeas de carecer de enemigos? Veo que te calumnias. ¿Es que jamás dijiste a nadie la verdad ni realizaste un acto de justicia?”

La Naturaleza ha hecho similares los ademanes de la amistad vehemente y los del sablazo expoliador.”

“En el mundo todos vamos de caza por un coto más escaso en perdices que en cazadores. Y cada pieza cobrada representa para los demás una esperanza desvanecida.”

“…me reservo el precioso e inalienable derecho de evolucionar o de retrogradar al compás de las enseñanzas de los tiempos”

“Casi siempre la alabanza otorgada por los demás representa el eco de las alabanzas que les hemos prodigado. Hacer justicia de balde es una de las cosas más peregrinas y admirables.”

“La sombra va unas veces delante y otras detrás”.
(Séneca)
“Como el odio y la envidia”
( Ramón y Cajal)

“Afirmaba Catón que: “sólo los enemigos dicen verdades”. Y  de vez en cuando la ducha fría de la verdad constituye tónico insustituible.”

“Contra los desengaños del mundo y las fatigas del trabajo, e invirtiendo el viejo refrán, deberíamos decir: “quien bien te quiera te hará reír”

“-Veo que son ustedes muy amigos.
-No tanto…, es que ahora nos necesitamos.”

“A veces nos amamos porque nos conocemos, y otras, acaso las más, nos amamos porque nos ignoramos.”

“Evita asimismo los amigos y protectores ricos y necios. A poco que los trates, te verás convertido en su amanuense o en su lacayo.”





“Agrádame la ingenua sinceridad del pobre mendicante. Al respondernos maquinalmente: “¡Dios se lo pagará!”, expresa una verdad como un templo. ¡Ojalá que los amigos a quienes prestamos dinero o apoyo eficaz gastaran igual ingenua franqueza!... Sobre todo antes de prestárselo.”

“Y a propósito de aduladores, permítasenos un ejemplo: Regalamos un libro. El adulador avisado lo repasa, aunque sea someramente, y escoge en el fárrago de vulgaridades algunas ideas estimables, ponderándolas discretamente. En cambio, el lisonjeador necio alaba sin ton ni son, avergonzándonos con epítetos manidos y frases hechas, y demostrando que ni siquiera le hemos merecido el honor de la lectura.”




“Muchos amargos desengaños ahorraríamos moderando el necio afán de ser admirados o de pasar plaza de amenos conversadores.
Ejemplo al canto:
Cuando llenos de inquietud preguntamos en el café acerca de la ausencia definitiva de ciertos queridos contertulios, oímos desilusionados las siguientes respuestas:
-¿Qué es de Fulano?
-Como perdía una hora de trabajo todas las tardes, ha adelantado la de la consulta.
-¿Y de Zutano?
-Una vez votado académico o catedrático, ha vuelto a su antiguo Casino.
-¿Supongo que no habrá ocurrido lo mismo con Mengano, que, además de ser rico, carece de aspiraciones académicas?
-Cierto; pero se ha hecho socio de la Gran Peña, y prefiere el tresillo a la conversación.
-Está bien; mas Perengano debe de estar enfermo, ya que ni juega al tresillo, ni charla apenas, ni ejerce ninguna profesión. ¿Qué es de él?
-Muy sencillo: Perengano ha cambiado de tertulia, por estar harto de paradojas y desatinos.
Y ponemos el grito en el cielo, desazonados y amargados, por ignorar que las más amenas divagaciones políticas, filosóficas o científicas no valen, a los ojos del mundo, lo que una vanidad satisfecha, un billete de cinco duros o una hora de tresillo.”

Santiago Ramón y Cajal (Charlas de Café, 1921)


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miércoles, 30 de julio de 2014

“Cansancio” / Oliverio Girondo




“…Lloremos purificantes lágrimas,
hasta ver disolverse el odio, la mentira,
y lograr algún día -sin los ojos lluviosos-
volver a sonreírle a la vida que pasa…”

OG


“Cansancio”

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.
Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.
Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.
Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

Oliverio Girondo


Oliverio Girondo nació en Buenos Aires en 1891, en el seno de una familia adinerada, que le procuró muy buena formación en los mejores centros educativos de Europa.
Estudió Derecho, y muy pronto, entró en contacto con los poetas exponentes de la vanguardia europea.
Publicó en 1922 su primer libro de poemas, “Veinte poemas para ser leídos en el tranvía”, seguidos luego por “Calcomanías” en 1925, “Espantapájaros” en 1932, “Persuasión de los días”, en 1942, “Campo nuestro”, en 1946 y “En la masmédula” en 1954, obra que constituye en su trabajo más audaz en el campo de la poesía.
Al iniciarse la década de 1950, guiado por su interés en las artes plásticas, incursionó en la pintura con una marcada tendencia surrealista, gracias a su profundo conocimiento de la pintura francesa.
En 1961 sufrió un grave accidente que le disminuyó sus condiciones físicas.
En 1965 viajó por última vez a Europa y a su regreso a Buenos Aires, murió el 24 de enero de 1967.



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martes, 29 de julio de 2014

35 años después, ¿qué fue de la revolución sandinista? / Marcos Roitman Rosenmann

              


 35 años después, ¿qué fue de la revolución sandinista?
                              
El pasado siempre vuelve para  desgracia de los desmemoriados.  La identidad nacional,  memoria colectiva de un pueblo, se construye sobre sus mitos,  derrotas y  esperanzas, en ocasiones  traicionadas,  abandonadas o travestidas. Así se hace la historia de América latina, a retazos.   Nicaragua, paso de la noche a la mañana a condensar  los sueños de emancipación política del continente. Los ojos del mundo se dirigieron hacia ese pequeño país centroamericano desconocido para intelectuales, académicos y políticos occidentales. Hubieron de  recurrir al mapa para situarlo en el mundo. 



Nicaragua se puso de moda. El nombre Cesar Augusto Sandino,   general de hombres libres,  quien luchara contra la invasión  yanqui, asesinado en 1933,   unió su gesta al Frente Sandinista de Liberación Nacional, cuyos militantes entraban un  19 de julio de 1979, en  Managua, hondeando  banderas rojinegras en señal de un triunfo doloroso, que dejó  miles de muertos en la guerra contra la tiranía.  Una insurrección popular, gestada en décadas, lograba deshacerse de una de las dictaduras más siniestras: los Somoza.  Una saga familiar que se adueño del país gracias a Estados Unidos. Sus posesiones cubrían todo el espectro económico,  agencias de viaje, plantaciones, cementeras, alimentación,  hasta la  compra y venta de sangre. 
El fin de la dictadura fue una bocanada de aire fresco, en medio del pesimismo que asolaba a la izquierda, tras el golpe de Estado en Chile,  que puso un final trágico a la vía pacífica al socialismo, defendida por el gobierno  de la Unidad Popular. En este contexto,  pocos apostaban a un triunfo armado e insurreccional. Estados Unidos se sentía cómodo apoyando dictaduras militares  en Guatemala, Nicaragua,  El Salvador y Honduras, dejando a Costa Rica como el escaparate de una sociedad ordenada y democrática.  Era una época donde  se expandían las dictaduras hegemonizadas por  las fuerzas armadas bajo la doctrina de la seguridad nacional,  el enemigo interno, la lucha contra el marxismo-socialista y el  comunismo internacional. Cuba sobrevivía en medio del bloqueo internacional  y la acusación de instigar todas las revoluciones en América latina.  Las guerrillas y ejércitos de liberación nacional habían sido política  y militarmente perseguidas hasta  reducirlas a la nada. El asesinato del Che fue el comienzo de la debacle. Desde México hasta Chile, la población civil pasó a ser un objetivo militar en la guerra contrainsurgente.
Para darnos cuenta de la situación, en 1975,  Regis Debray,  escribía una obra demoledora contra la lucha armada en América latina: La crítica de las armas,  las pruebas de fuego.  Su autor  acompaño al Che en Bolivia y encandiló a Fidel con su ensayo "revolución en la revolución".  Sergio Ramirez, dirigente del sector tercerista del FSLN, escritor, figura destacada de la lucha antisomocista  y posterior vicepresidente hasta 1990,  en su ensayo Adiós Muchachos, recuerda corregir  al intelectual francés el mismo m19 de julio de 1979: "viste, si se pudo".



Pero la revolución se gestó en mala hora.  Atacada   desde todos los frentes, en medio de un vuelco neoconservador en lo político y neoliberal en lo económico,  la nueva derecha mundial  cambió el itinerario de la guerra fría.  La política de James Carter de criticar la violación de los derechos humanos pasó a mejor vida. Ronald Reagan y sus asesores, Henry  Kissinger,  Jeane  Kirkpatrick,  Roger Fontaine o Irving Kristol,   tomaron las riendas de la política exterior hacia América latina.    La teoría del dominó, el miedo a la revolución centroamericana y la doctrina de las guerras de baja intensidad,  precedió cualquier análisis geopolítico de seguridad hemisférica.  La invasión  de Estados Unidos a la isla de Granada en octubre de 1983 marco el fin de la distención. Las guerras de baja intensidad entraban en su apogeo, siendo  Nicaragua el escenario perfecto para practicar la estrategia de reversión de procesos, eje central de la doctrina. Desertores,  mercenarios, ex-guardias somocistas y militares estadounidenses construyeron un  ejército que hostigaba y desestabilizaba el proceso político. Se les llamó "luchadores de la libertad".  Desde Honduras y Costa Rica se acosó la revolución militarmente, mientras tanto el discurso ideológico descalificador corrió a cargo de la derecha occidental y una parte de  la socialdemocracia europea. 
El proyecto sandinista: fundar una revolución nacional, antiimperialista, popular, democrática y de economía mixta encontró múltiples trabas. El FSLN hubo de improvisar en un país destrozado por la guerra y  el terremoto de1972.   Así,  una revolución cuyo origen  se asentó en  los valores éticos y los principios más nobles de la justicia social, la igualdad, la democracia y la libertad entró pronto en barbecho. Mónica Baltodano lo refleja en su obra: Memorias de la lucha sandinista. 



 La contra, los errores propios, la desestabilización, y el nacimiento de una nueva elite política,  conocida como "la piñata", dieron al traste con la revolución. El punto de inflexión lo constituyó  la derrota  en las  presidenciales de febrero de 1990. El acoso, la invasión de Panamá,  se sumaron al  coste humano, militar y económico de una guerra mercenaria  que frustra  el proyecto de liberación nacional. El triunfo de la derecha y el retorno de somocistas fue un balde de agua fría.  El FSLN comenzó una deriva donde    los  principios éticos se relegaron en pro de un pragmatismo para recuperar el poder.   A 35 años de la revolución, el  FSLN gobierna, gana elecciones, pero es una caricatura de sí, sólo le queda la retórica.  La revolución sandinista se fue para no volver en 1990.

       Marcos Roitman Rosenmann

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lunes, 28 de julio de 2014

El agresor agredido ¿hasta cuándo? / Eduardo Galeano





El agresor agredido ¿hasta cuándo?

Periódico del bien común. Bariloche, Argentina


Un país bombardea dos países. La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre. Algunas tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán llamando errores?
Esta carnicería de civiles se desató a partir del secuestro de un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá justificar el secuestro de la soberanía Palestina? ¿Hasta cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá justificar el secuestro del Líbano entero?
La cacería de judíos fue, durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz desembocó un antiguo río de espantos, que había atravesado toda Europa. ¿Hasta cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando crímenes que no cometieron?
Hezbollá no existía cuando Israel arrasó el Líbano en sus invasiones anteriores. ¿Hasta cuándo nos seguiremos creyendo el cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo porque tiene derecho a defenderse del terrorismo?
Iraq, Afganistán, Palestina, Líbano… ¿Hasta cuándo se podrá seguir exterminando países impunemente?
Las torturas de Abu Ghraib, que han despertado cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para nosotros, los latinoamericanos. Nuestros militares aprendieron esas técnicas de interrogatorio en la Escuela de las Américas, que ahora perdió el nombre pero no las mañas. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga legitimando, como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la legítima defensa de la patria?



Israel ha desoído cuarenta y seis recomendaciones de la Asamblea General y de otros organismos de las Naciones Unidas. ¿Hasta cuándo el gobierno israelí seguirá ejerciendo el privilegio de ser sordo?
Las Naciones Unidas recomiendan pero no deciden. Cuando deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque tiene derecho de veto. La Casa Blanca ha vetado, en el Consejo de Seguridad, cuarenta resoluciones que condenaban a Israel. ¿Hasta cuándo las Naciones Unidas seguirán actuando como si fueran otro nombre de los EE.UU.?
Desde que los palestinos fueron desalojados de sus casas y despojados de sus tierras, mucha sangre ha corrido. ¿Hasta cuándo seguirá corriendo la sangre para que la fuerza justifique lo que el derecho niega?
La historia se repite, día tras día, año tras año, y un israelí muere por cada diez árabes que mueren. ¿Hasta cuándo seguirá valiendo diez veces más la vida de cada israelí?
En proporción a la población, los cincuenta mil civiles, en su mayoría mujeres y niños, muertos en Iraq, equivalen a ochocientos mil estadounidenses. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando, como si fuera costumbre, la matanza de iraquíes, en una guerra ciega que ha olvidado sus pretextos? ¿Hasta cuándo seguirá siendo normal que los vivos y los muertos sean de primera, segunda, tercera o cuarta categoría?
Irán está desarrollando la energía nuclear. ¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que eso basta para probar que un país es un peligro para la humanidad? A la llamada comunidad internacional no la angustia para nada el hecho de que Israel tenga doscientas cincuenta bombas atómicas, aunque es un país que vive al borde de un ataque de nervios. ¿Quién maneja el peligrosímetro universal? ¿Habrá sido Irán el país que arrojó las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki?
En la era de la globalización, el derecho de presión puede más que el derecho de expresión. Para justificar la ilegal ocupación de tierras palestinas, la guerra se llama paz. Los israelíes son patriotas y los palestinos son terroristas, y los terroristas siembran la alarma universal.
¿Hasta cuándo los medios de comunicación seguirán siendo miedos de comunicación?
Esta matanza de ahora, que no es la primera ni será, me temo, la última, ¿ocurre en silencio? ¿Está mudo el mundo? ¿Hasta cuándo seguirán sonando en campana de palo las voces de la indignación?
Estos bombardeos matan niños: más de un tercio de las víctimas, no menos de la mitad. Quienes se atreven a denunciarlo son acusados de antisemitismo. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo antisemitas los críticos de los crímenes del terrorismo de estado? ¿Hasta cuándo aceptaremos esa extorsión? ¿Son antisemitas los judíos horrorizados por lo que se hace en su nombre? ¿Son antisemitas los árabes, tan semitas como los judíos? ¿Acaso no hay voces árabes que defienden la patria palestina y repudian el manicomio fundamentalista?
Los terroristas se parecen entre sí: los terroristas de estado, respetables hombres de gobierno, y los terroristas privados, que son locos sueltos o locos organizados desde los tiempos de la guerra fría contra el totalitarismo comunista. Y todos actúan en nombre de Dios, así se llame Dios o Alá o Jehová. ¿Hasta cuándo seguiremos ignorando que todos los terrorismos desprecian la vida humana y que todos se alimentan mutuamente? ¿No es evidente que en esta guerra entre Israel y Hezbollá son civiles, libaneses, palestinos, israelíes, quienes ponen los muertos? ¿No es evidente que las guerras de Afganistán y de Iraq y las invasiones de Gaza y del Líbano son incubadoras del odio, que fabrican fanáticos en serie?



Somos la única especie animal especializada en el exterminio mutuo. Destinamos dos mil quinientos millones de dólares, cada día, a los gastos militares. La miseria y la guerra son hijas del mismo papá: como algunos dioses crueles, come a los vivos y a los muertos. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que este mundo enamorado de la muerte es nuestro único mundo posible?


Eduardo Galeano



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“¡Repita conmigo...!” / MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ






“¡Repita conmigo...!” 

Nada, con usted, doña Aguirre, no repetiría ni diría nada y mucho menos lo que usted le exigía hace unos días a Pablo Iglesias. Esa ha sido una muestra zafia de sus repugnantes maneras de clase, de quien se cree investido de una autoridad moral que le permite dar lecciones y escarmientos a quien trata, por costumbre de casta, como a un doctrino o a un lacayo. No tenemos nada que decirnos ni nada que decir al unísono. No somos sus sirvientes ni sus aparceros, no cuidamos ni de sus marranas ni de sus perros. Esas maneras resérveselas para sus fincas o cortijos, si todavía tiene quien se las aguante, tal vez porque no les quede más remedio.
Y en el caso concreto de ETA, diré lo que mi conciencia me dicte, nunca, jamás, con usted ni con ninguno de los suyos, lo que usted quiera y pretenda dictarme. Aquí se ha llevado demasiado lejos el conmigo o contra mí, el cantar a capella y el actuar como al generalito de ocasión le diera la gana, para establecer un cómodo estado de cosas en el que los buenos eran ustedes y los réprobos los que no les aplaudíamos y decíamos amén a todo, aunque nos opusiéramos a la violencia y al crimen. Había que repetir la consigna, y eso, no, ya no, al menos por lo que a mí respecta.



No, doña Aguirre, ni con usted ni con ninguno de los suyos se puede repetir ni compartir nada, porque no vivimos en el mismo mundo, ya no, ni de lejos. Ese es el problema, que buena parte de la izquierda parlamentaria les compadrea, que al final se dan ustedes la mano, se palmean los lomos y se van a comer arremetidas de cangrejos como si no pasara nada. Y pasa, claro que pasa. Por eso le abuchearon y abroncaron al alcalde Maya, con todas las de la ley. Pero ¿qué se esperan?
Yo no voy a pedirle a usted que repita nada conmigo porque ni puedo ni sobre todo quiero, y además, ¿para qué? Baladronadas de guapetones, que esa es su manera de hacer política, como si los parlamentos y los puestos públicos fueran cosos taurinos y tendidos (de sombra), con charangas y patrióticos pasodobles, con mantillas y chulapos, con orejas, rabos y paseíllos. Un asco.
Otra cosa es que me gustaría oírle decir algunas cosas, pero claro, eso tendría que ser en un guiñol en el que el curriño que la representara fuera manejado por un artista que con voz de falsete dijera que ustedes manipulan y se aprovechan de las víctimas de ETA y que jamás han estado con todas las víctimas de la violencia, jamás, pese a letra muerta de los estatutos de su propio partido; que pertenece a un partido dañino que ha hecho de la mentira sistemática la trama de su discurso político; que han desmantelado servicios sociales elementales y lo van a seguir haciendo; que sobre la pobreza de varios millones de españoles se bailan un chotis tocado por un organillo de patrañas, como acaba de hacer Guindos; que han estafado de nuevo a la ciudadanía con los 11.000 millones de la última mano de timba bancaria; que entre sus filas hay auténticos chorizos consentidos que se benefician de una justicia lenta y chicanera que solo ha conseguido meter a doce en la cárcel cuando debería haber doscientos, por lo menos; que su compañero del ministerio del Interior es un trastornado; que su mayoría parlamentaria encubre a duras penas una dictadura; que ya no son capaces de mantener la cohesión social más que a base de violencia policial; que les constaba de manera cumplida cómo y gracias a qué se finan-ciaba su partido; que la trama Gürtel era de conocimiento general; que la ministra Mato es una desvergonzada que se ha beneficiado de sus cargos y puestos de manera indecorosa; que son ustedes franquistas hasta las cachas, sin recato; que retuercen las leyes hasta hacer de estas auténticas burlas, instrumentos de dominación y no marcos de derechos y libertades...



No, por favor, no lo repita conmigo, dígalo si quiere a solas, frente al espejo, en el que sin duda ve otra cosa que la torva imagen que vemos los que no somos sus lacayos ni estamos obligados a acatar sus órdenes por ser vos quien sois, porque es usted la dueña del cortijo. Repita si quiere, pero a solas: “Patraña, bonita”.

Miguel Sánchez-Ostiz




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sábado, 26 de julio de 2014

Citas de Sacristán, Castilla del Pino, Manguel, Günther Anders…




“ Cuentan que cuando  Proust propuso a Gallimard el primer tomo de la inmensa novela que acabaría siendo En busca del tiempo perdido,  André Gidé, que trabajaba allí como editor, rechazó el manuscrito después de leer el primer capítulo diciendo: “No entiendo que un señor pueda llenar treinta cartillas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de poder conciliar el sueño”. Después de que la novela conociese el éxito merecido, Gide, como se sabe, presentó sus avergonzadas excusas al autor, pero su primera reacción ejemplifica claramente la rivalidad entre los dos campos en los que se inscribe toda ficción: aquel que se propone una recreación fotográfica de la realidad, tal como la memoria del autor cree verla, opuesta a aquel que desdeña esa documentación fidedigna y prefiere imaginarla. La primera se enorgullece de contar los hechos tal como se supone que han ocurrido; la segunda, de inventarlos para mejor serles fiel. Ambas mienten.”

Alberto Manguel





«Los seres humanos son adiestrados en la pasividad. Dado que estamos acostumbrados a ver imágenes pero no a ser vistos por ellas; a escuchar a las personas, pero no a ser escuchados por ellas, nos acostumbramos a una existencia en la que se nos ha privado de una mitad de la humanidad. (…) Se nos roba hasta la posibilidad de notar esta pérdida de libertad porque a nosotros la ‘servidumbre’ nos llega a casa y se nos expone como producto de entretenimiento y como una comodidad.»

Günther Anders




“La amistad –dice Cicerón, reflejando opiniones de algunos sabios griegos- es un perfecto acuerdo sobre todas las cosas divinas y humanas, junto con un sentimiento recíproco de benevolencia y afección.”
Este juicio, formulado por el admirable creador romano, es demasiado exclusivo. A menudo nos apreciamos porque, dentro de esos sentimientos recíprocos de simpatía y respeto, nos sentimos algo diferentes. La conversación misma, indispensable al mantenimiento de la amistad, vendría a ser imposible. Sin alguna discrepancia en la manera de concebir los problemas filosóficos, políticos o científicos –discordancia encaminada a sostener el fuego sagrado del ingenio y de la contradicción mesurada-, la afección más viva y antigua se extinguiría en el hastío.”

S. Ramón y Cajal




“Claro está que con anterioridad al diálogo cada cual tiene lo que se llama un “punto de vista” que “cree” razonable. Todavía no lo es, mientras no demuestre su coherencia con la realidad, es decir, su validez en la práctica. Porque es en ella en donde hay que confirmar o negar su validez. Sobre ello habló muy claramente Marx en la tesis segunda sobre Feuerbach. Decía él que la cuestión de si un pensamiento es de por sí verdadero o falso, es una cuestión puramente escolástica. La verdad o falsedad se demuestra en la praxis, es decir, por su validez o invalidez para la interpretación y la acción sobre la realidad. (...) 
"No es tanto tener la razón como estar con la razón"

Carlos Castilla del Pino





“Los principales obstáculos a que se refieren los autores (del Club de Roma) son el abuso del poder y los impedimentos estructurales. Estudian uno y otros con cierto detalle y, por lo general, con menos pelos en la lengua que en otros capítulos. A propósito, por ejemplo, de una de las causas de obstáculos al aprendizaje innovador se expresan así: “La primera y más notoria es que la inmovilización de recursos, tanto intelectuales como financieros, priva al sistema social de una importante fuente de innovación, resolución de problemas y autorrenovación. En el sector básico de la investigación y el desarrollo, más de medio millón de científicos e ingenieros –casi la mitad de la cifra total mundial- colaboran en la investigación sobre armamentos. A un promedio de treinta mil millones de dólares año, la investigación y desarrollo militar consume más fondos públicos que toda la investigación en educación, sanidad, energía y alimentación juntas.”

Manuel Sacristán, (Pacifismo, Ecologismo y Política Alternativa, 1979).





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viernes, 25 de julio de 2014

Disculpen la molestia / Eduardo Galeano




Disculpen la molestia

Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.

¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?

El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?

¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío, y legalizó la tortura y mandó aplicarla?

¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?

Según la revista “Foreign Policy”, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos, o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?

¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?




¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Walmart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. MacDonald´s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura, y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?

¿Quiénes son los justos, y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?

¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?

Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.




Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?

¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?

¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.




Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.

En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?

Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?

¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?

¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?

Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿Por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ése un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?

¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?

Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?





Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:
-Ahí lo tienes -dijo la Reina-. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.

En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. Él murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.

El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?

A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.

Eduardo Galeano - Mayo de 2009.

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jueves, 24 de julio de 2014

EU, líder mundial en crímenes internacionales / Noam Chomsky




EU, líder mundial en crímenes internacionales


La primera plana del New York Times del 26 de junio muestra la foto de una mujer que llora a un iraquí asesinado, una de las innumerables víctimas de la campaña del llamado Estado Islámico en la que el ejército iraquí, armado y entrenado durante años por Estados Unidos, se disolvió con rapidez, abandonando gran parte de Irak a unos cuantos militantes, experiencia nada novedosa en la historia imperial. Arriba de la fotografía está el famoso lema del periódico: Todas las noticias que es apropiado imprimir.
Hay una omisión crucial. La primera plana debería desplegar las palabras del juicio de prominentes nazis en Nüremberg, las cuales deberían repetirse hasta que penetren la conciencia general: la agresión es el supremo crimen internacional, sólo diferente de otros crímenes de guerra en que contiene en sí mismo el mal acumulado de todos.
Y junto a esas palabras debe estar la admonición de Robert Jackson, fiscal principal de Estados Unidos en ese juicio: El fundamento sobre el cual juzguemos a estos acusados será el fundamento sobre el cual la historia nos juzgará mañana. Dar un cáliz envenenado a estos acusados es ponerlo también en nuestros labios.
La invasión de Irak por Estados Unidos y Gran Bretaña fue un ejemplo de libro de texto de lo que es agresión. Los apologistas invocan nobles intenciones, que serían irrelevantes aun si sus alegatos se sostuvieran.
A los tribunales de la Segunda Guerra Mundial no les importó un bledo que los imperialistas japoneses intentaran llevar un paraíso en la Tierra a los chinos que masacraron, ni que Hitler enviara tropas a Polonia para defender a Alemania del terrorismo salvaje de los polacos. Lo mismo se aplica cuando bebemos del cáliz envenenado.
Los que están del lado donde golpea la cachiporra tienen pocas ilusiones. Abdel Bari Atwan, editor de un sitio web panárabe, observa que el principal factor causante del caos actual (en Irak) es la ocupación de Estados Unidos y Occidente y el apoyo árabe a ella. Cualquier otra afirmación es engañosa y apunta a distraer la atención de esta verdad.


En una entrevista reciente en el programa de televisión de Bill Moyers, Moyers & Company, el especialista iraquí Raed Jarrar delineó lo que nosotros en Occidente deberíamos saber. Como muchos iraquíes, Jarrar es mitad chiíta y mitad sunita, y antes de la invasión apenas si conocía las identidades religiosas de sus parientes porque la secta no formaba parte de la conciencia nacional.
Jarrar nos recuerda que la pugna sectaria que destruye nuestro país... comenzó sin duda con la invasión y ocupación estadunidense. Los agresores destruyeron la identidad nacional iraquí y la remplazaron con identidades sectarias y étnicas, que comenzaron cuando Washington impuso un consejo de gobierno basado en identidad sectaria, algo nuevo en Irak.
Hoy día chiítas y sunitas son enemigos acérrimos, gracias al mazo que blandieron Donald Rumsfeld y Dick Cheney (secretario de Defensa y vicepresidente en el gobierno de George W. Bush, respectivamente), junto con otros como ellos que nada entendían más allá de la violencia y el terror, y que ayudaron a crear conflictos que ahora hacen pedazos la región.
Otros encabezados informan del resurgimiento del talibán en Afganistán. El periodista Anand Gopal explica las razones en su notable libro No Good Men Among the Living: America, the Taliban, and the War through Afghan Eyes (No hay buenos entre los vivos: Estados Unidos, el talibán y la guerra vista con ojos afganos).
En 2001-02, cuando el mazo estadunidense golpeó Afganistán, los extranjeros de Al Qaeda que se ocultaban allí desaparecieron y el talibán se disolvió. Muchos escogieron, en el estilo tradicional, acomodarse entre los nuevos conquistadores.




Pero Washington estaba desesperado de encontrar terroristas que aplastar. Los hombres fuertes que impusieron como gobernantes pronto descubrieron que podían explotar la ciega ignorancia de los estadunidenses y atacar a sus enemigos, incluso a quienes colaboraban gustosamente con los invasores. En poco tiempo el país fue gobernado por esos crueles señores de la guerra, mientras muchos antiguos talibanes que buscaban unirse al nuevo orden recrearon la insurgencia.
Más tarde el mazo fue recogido por el presidente Obama, al encabezar desde atrás el aplastamiento de Libia.
En marzo de 2011, en medio de un levantamiento contra el gobernante libio Muammar Kadafi como parte de la primavera árabe, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la resolución 1973, que llamaba a detener el fuego y poner fin a la violencia y a todos los ataques y abusos contra civiles.

El triunvirato imperial –Francia, Inglaterra y Estados Unidos– decidió al instante violar la resolución, convertirse en la fuerza aérea de los rebeldes e intensificar la violencia. Su campaña culminó en el asalto al refugio de Kadafi en Sirte, el cual dejaron devastado por completo, reminiscente de las escenas más sombrías de Grozny, hacia el final de la sangrienta guerra de Rusia en Chechenia, según reportes de testigos en la prensa británica. A un costo sangriento, el triunvirato logró su objetivo de cambio de régimen, en violación de sus piadosos pronunciamientos en contrario.
La Unión Africana se opuso con energía al asalto del triunvirato. Como informó el especialista en África Alex de Waal en la revista británica International Affairs, la UA propuso un mapa de ruta que instaba al cese del fuego, asistencia humanitaria, protección de migrantes africanos (que en su mayoría eran asesinados o expulsados) y otros nacionales extranjeros, y a adoptar reformas políticas para eliminar las causa de la crisis actual, más otros pasos para instaurar un gobierno interino incluyente y consensuado, que conduzca a elecciones democráticas.
El esquema de la UA fue aceptado en principio por Kadafi, pero desdeñado por el triunvirato, que no estaba interesado en verdaderas negociaciones, observa De Waal.
El resultado es que hoy Libia es despedazada por milicias en conflicto, en tanto se ha desatado el terror yihadista en gran parte de África, junto con un flujo de armas que llega hasta Siria.
Existen muchas pruebas de las consecuencias de esta política del mazo. Veamos la República Democrática del Congo, antes Congo Belga, un enorme país rico en recursos… y una de las peores historias de horror contemporáneas. Tuvo la oportunidad de desarrollarse con éxito luego de alcanzar la independencia en 1960, bajo el gobierno del primer ministro Patricio Lumumba. Pero Occidente no quería nada de eso. Allen Dulles, director de la CIA, determinó que la remoción de Lumumba debía ser un objetivo urgente y primordial de una acción encubierta, sobre todo porque las inversiones estadunidenses en el país peligraban a causa de lo que documentos internos llamaban nacionalistas radicales.


Bajo la supervisión de oficiales belgas, Lumumba fue asesinado, cumpliendo el deseo de Eisenhower de que cayera en un río lleno de cocodrilos. Congo fue entregado al favorito de Washington, el asesino y corrupto dictador Mobutu Sese Seko, y de allí el actual naufragio de las esperanzas africanas.
En lugares más cercanos es más difícil cerrar los ojos a las consecuencias del terrorismo de Estado de Washington. Hoy reina la preocupación sobre el éxodo de niños que huyen a Estados Unidos desde Centroamérica. El Washington Post informa que el incremento de estos migrantes procede en su mayor parte de Guatemala, El Salvador y Honduras, pero no de Nicaragua. ¿Por qué? ¿Podría ser que cuando el mazo de Washington aporreaba la región, en la década de 1980, Nicaragua era el único país que contaba con un ejército para defender a la población de los terroristas dirigidos por Estados Unidos, mientras en los otros tres países los terroristas que devastaban a la población eran los ejércitos entrenados y equipados por Washington?
El presidente Obama ha propuesto una respuesta humanitaria a la trágica migración: una deportación más eficiente. ¿A alguien se le ocurren alternativas?
Es injusto omitir los ejercicios de poder blando y el papel del sector privado. Un buen ejemplo es la decisión de Chevron de abandonar sus tan publicitados programas de energía renovable, porque los combustibles fósiles son mucho más redituables.
Exxon Mobil a su vez anunció que “su enfoque tipo láser en combustibles fósiles es una estrategia sólida, sin considerar el cambio climático –reporta Bloomberg Businessweek–, porque el mundo tiene gran necesidad de energía y resulta ‘sumamente improbable’ que ocurran reducciones significativas de carbono”.
Por tanto, es un error recordar día tras día el juicio de Nüremberg a los lectores. La agresión ya no es el supremo crimen internacional. No puede compararse con la destrucción de las vidas de generaciones futuras para obtener mayores ganancias hoy.

© 2014 Noam Chomsky
Distributed by The New York Times Syndicate
Traducción: Jorge Anaya



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