domingo, 31 de agosto de 2014

Antonio Orihuela entrevistado por Patricia Simón





“La poca gente que ha tratado el genocidio cometido por el franquismo ha tenido problemas”
Antonio Orihuela: poeta libertario, ensayista, doctor en Historia con tres tesis doctorales y, en la actualidad, profesor en un instituto de secundaria.
Personaje poliédrico que a lo largo de dos décadas ha construido una obra, con más de veinte títulos, apegada a la tierra, de palabra sencilla, buscando devolver la poesía a "los pobres que están demasiado ocupados/trabajando para que los burgueses/puedan escribir poesía”.
Patricia Simón


Al final de la comida
le he enseñado a mi madre
el libro de poemas
que acaban de publicarme.

La artritis de sus manos
apenas le deja mantenerlo abierto
y sus escasos años de escuela
recorren las palabras
como un niño que gatea
hasta hacer incomprensibles mis versos.

Loca de contenta,
orgullosa de su hijo,
le lee un poema a mi padre
que la mira desde el sofá.

Cuando termina,
levanta la cabeza
y ve a mi padre dormido.

Lo despierta
y vuelve a comenzar
hasta tres veces
la lectura…

Yo no digo palabra,
pienso en los amos de la fuerza de los humildes,
en el tiempo delicioso que les robaron,
en la lengua que apenas les dejaron para comer
y reproducirse,

en los profesionales del estilo,
en los críticos de las letras,
y en lo lejos que estará siempre
el pueblo sencillo y trabajador
de eso que llaman literatura.

P. ¿Sigue estando el “pueblo sencillo y trabajador” tan lejos de la literatura? ¿Y qué es eso “que llaman literatura”?
A. O. Lo que llamamos literatura es un producto que surge en el siglo XIX, un producto de clase que inventa la burguesía para satisfacer su ocio a través de un reflejo de su mundo. Rara vez aparecen los trabajadores y cuando lo hacen es como personajes secundarios, subordinadores, marginales… Esa parte defectuosa de la sociedad que hay que evitar. A eso es a lo que llamo literatura. Después, para camuflar ese origen, la burguesía busca una genealogía y empieza a definir a La Odisea, la Iliada, el Poema del Mío Cid también como literatura.


Hace un par de meses, Antonio Orihuela llenó el maletero de su coche de ejemplares de sus libros y recorrió varios cientos de kilómetros para presentar en varios librerías asociativas del norte de España su antología, Arder (1995-2012). Este doctor en Historia con tres tesis doctorales a sus espaldas, ha construido a lo largo de dos décadas una obra poética en las antípodas del academicismo y el ensimismamiento con la forma. Su poesía directa, cincelada con palabras sencillas y apegadas a la tierra y a la Historia reciente, es una de las más conocidas del movimiento anticapitalista Poesía de la conciencia, integrada por autores afines al movimiento libertario. Coordinador desde 1999 de los Encuentros anuales Voces del extremo, celebrados en su Moguer natal y promovidos por la Fundación Juan Ramón Jiménez, sus poemas tildados por algunos de extremistas o extemporáneos en la década de los 90, suenan ahora familiares a las proclamas que se escuchan en las manifestaciones contra las llamadas políticas de austeridad y algunos de sus versos fácilmente podrían haber sido fotografiados en las innumerables pancartas que abarrotaron las plazas de España por el movimiento del 15M.


P. A lo largo de su extensa obra poética es recurrente la denuncia del aburguesamiento de la izquierda, la trampa de creerse la muerte de la lucha de clases… Ahora, con el empobrecimiento generalizado de la población, la proliferación de círculos de pensamiento crítico a raíz del 15M y el nacimiento de nuevos partidos políticos de izquierda, el discurso de tu poesía que en los 90 sonaba a radical incluso para sectores progresistas, ahora resulta familiar, similar al que se escucha en manifestaciones, en las redes sociales… ¿Cómo está viviendo este resurgimiento del espíritu crítico?

A. O. Me produce mucha alegría pero en lo personal nuestra situación como escritores tampoco ha variado excesivamente. Sí hay una mayor recepción a nuestros discursos, pero la desgracia es que haya tenido que ocurrir todo esto. En los años 90 había muy poca necesidad de lo que decíamos. Fuimos la primera generación que habló de memoria histórica en sus poemas, cuando la mayoría estaba instalada en el discurso del olvido. Los primeros que empezamos a hablar del problema ecológico que ya tenemos encima, cuando lo habitual era la poesía hecha de bares, de copas, de mucha evasión. Defendíamos la lucha de clases y ahora el capitalismo le ha dado la vuelta y son los de arriba los que nos la están haciendo a los de abajo, pero además con una inquina que no éramos capaces de imaginar. En España, cada vez que la izquierda institucional ha perdido el poder han puesto a trabajar a sus intelectales orgánicos para que generaran discurso. Recuerdo que durante el segundo mandato de Aznar había instrucciones claras del PSOE a determinados autores para que espabilaran y produjeran un mensaje distinto al gobernante. Lo que pasa es que cuando necesitan a estos autores, éstos se desplazan hacia la izquierda y cuando recuperan el poder se olvidan de ella.






En 1936, a Antonio Orihuela lo vinieron a buscar
en un camión.
Delito:
Ser amigo del alcalde socialista.
Haber abierto un Casino Popular.
Le pegaron dos tiros
y en paz.
Como Ángela Benabat
no dejaba de gritar,
un muchacho le estuvo dando culatazos,
con su máuser,
en la cabeza,
hasta mancharse su bonita camisa azul.

Por los mismos conceptos
su nieto tendría ahora un trabajo fijo en el Ayuntamiento,
y estaría forrado
a base de estrujarles el alma
a cinco trabajadores,
siempre menores de veinticinco años-
A su mujer
Le dirían: Señora.
Este poema se llama
Historia de España.

P. Trabajaste en la Universidad, la institución por antonomasia de generación de conocimiento, pero también un sistema muy endogámico, de luchas intestinas dentro y entre los departamentos, de carreras de fondo interminables para conseguir un puesto medianamente estable.  ¿Cómo te moviste en este ambiente?
A. O. Fatal. Parece mentira que la cuna del conocimiento, lo que debería ser un marco de libertad, horizontalidad, cooperación, sea una estructura tan bajomedieval, de vasallaje, subordinación. Terrorífico. En este sentido ojalá tuviéramos el sistema de la universidad norteamericana basada en el meritaje, porque aquí el meritaje se basa en llevarle al catedrático el café o a sus hijos a la escuela. Normal que no tengamos ninguna universidad entre las 150 mejores del mundo. Yo me aburrí de la universidad porque veía que la lucha de clases también se trasladaba allí. Es una cuestión de resistencia porque aunque decidas convertirte en el vasallo del señor feudal, tienes que tener detrás una familia con recursos económicos para pasarte quince años cobrando una miseria.

P. Como la carrera para la judicatura.
A. O. Igual. Yo llegué a publicar en la American Journal of Archaeology, pero aquí eso no vale nada. Escribes tres artículos en la revista del pueblo y valen lo mismo. Es una locura. Eso cambió pero yo ya me había retirado. Cuando te decían en los tribunales “va a salir mi plaza”. Pero, ¿qué locura es ésta? Entonces los demás para qué vienen, ¿a hacer el paripé?. Es como las tesis doctorales. Todas tienen buenas notas porque se está valorando al director y si te ponen un aprobado es como si te hubieran suspendido. Hasta donde yo investigué, en España nadie ha suspendido una tesis y me consta que hay amigos que han querido suspender alguna y no les han dejado. Y luego los que compran tesis doctorales. Tengo una amiga que ha escrito dos tesis y se las han pagado muy bien, por cierto. En este país la corrupción ha sido lo normal, la gente vivía diariamente con ella. Esto es, uno se lleva diez millones a Suiza porque puede y otro, una caja de azulejos porque es lo que tiene a mano.

En mi caso, nunca me fié del bicho así que lo compatibilicé con sustituciones en institutos hasta que decidí definitivamente dedicarme a la enseñanza en secundaria.

P. ¿Y qué tal?
A. O. Muy bien, es un espacio que si tienes la suerte de que haya un equipo directivo majo, hay muchas posibilidades de hacer cosas. Además yo trabajo con chavales de diversificación. Curiosamente, cuando me encuentro con poetas o escritores que se dedican a la ensañanza suelen estar en estos programas.

P. El movimiento de la memoria histórica ha vivido en la última década una revitalización muy rápida. Como historiador, ¿qué riesgos crees que se corren en este proceso?

A. O. La memoria histórica que tanto sarpullido le provoca a la derecha, empezó a ser recuperada por ésta el 19 de julio de 1936 y no cesó cuando terminó la guerra, sino que en cada provincia se abrió una causa general donde se recogía a quién se mató, por qué… Y cuando se dan cuenta de que no tienen muchos muertos, tiran de patrimonio, iglesia, santos… Esa memoria ya estaba recuperada.

Cuando llegamos a la Transición sí que hay un proceso de recuperación de la memoria histórica, pero muy particular: se recupera la de la institución republicana y la de la guerra, pero planteada desde una perspectiva falsa. La de dos Ejércitos que se enfrentan cuando la primera batalla entre éstos no se da hasta el otoño del 36 en Talavera de la Reina. Pero hay un pacto sobre lo que no se debe recuperar: el genocidio, el papel de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la Monarquía. Por eso se habla tanto de Guerra Civil en la abundante filmografía existente, y la poca gente que ha tratado el genocidio cometido por el franquismo ha tenido problemas. Pilar Miró lo tuvo muy difícil con El crimen de Cuenca por la visión negativa de la Guardia Civil. Y la película documental Rocío, que trata de recuperar parte de ese genocidio, se prohibió en 1981, su director fue multado con 10 millones de pesetas y el destierro. Se tiene que exiliar y murió hace unos años en Portugal.

Yo he hecho tres tesis doctorales y la última fue sobre la memoria de la represión en mi pueblo, Moguer. A la presentación del acto vino el alcalde, un socialista que ha estado 30 años gobernando, para felicitarme, y me dijo: “Esto no se podía hacer antes”. Le respondí que sí, que debería haberse hecho antes y no in extremis como lo tuve que hacer yo, mientras los entrevistados se me iban muriendo. Sólo me quedaron 12 o 13 personas con edad para tener recuerdos de entonces y la cabeza bien. Es un trabajo que hoy ya no se podría hacer.

El historiador Paul Preston ha calculado que en las fosas comúnes yacen los restos de unas 180.000 personas y el también historiador británico Antony Beevor calcula que la represión franquista durante la guerra y la posguerra acabó con la vida de unas 200.000 víctimas.

P. ¿Y qué cree que pasa cuando se habla de genocidio ahora?

A. O. Como dice Eladio Orta en un poema, se puede cambiar de régimen pero no de apellido. Cuando vas escarbando en el genocidio van apareciendo apellidos muy sorprendentes, y lo que han querido evitar es que se supiera que los apellidos de los represores, hoy están en los dos partidos.

P. Pero tampoco le podemos pedir el carnet de pureza de sangre de las personas.
A. O. Pero ¿por qué lo ocultan? Porque son los principales interesados en que esa parte de la historia quede oculta.


P. “Dilo con adoquines”. Cada día son más los que en España, ante el agravamiento de las consecuencias de la crisis, piden acciones más contundentes que las manifestaciones pacíficas que diariamente se suceden. ¿Cómo sería en la práctica decirlo con adoquines?

A. O. El poder se ríe de las expresiones de disgusto de la ciudadanía. Las personas que participaron en el 15M pensaban que esa protesta tenía que ser oída y se desengañaron cuando vieron que no se les hacía ningún caso, que si no hay disturbios, la manifestación no sale en los medios, que se infiltra a policías para desacreditar la protesta… No basta con reunirnos en las plazas, hay que emplear otros mecanismos como en Gamonal, donde los vecinos fueron capaces de plantarle cara al poder político con muy buenos resultados. Eso es “dilo con adoquinos”.

P. Defiendes una poética “para recuperar la vida”. ¿A qué tipo de vida se refiere?
A. O. El capitalismo es un tiempo de muerte porque cada vez estamos más personas dedicando más horas a alimentar a la bestia. La precariedad significa tener que echar muchas horas, tener varios ‘minijobs’ y muy poco tiempo para uno, para pensar, para disfrutar de la vida. La desgracia es que los buenos trabajos están en vías de desaparecer. Para salir del capitalismo tendríamos que reinventarnos, decidir qué queremos hacer con nuestra vida.

Los pobres están demasiado ocupados
trabajando para que los burgueses
puedan escribir poesía.

P. Por tanto, escribes poesía porque tienes un empleo que te deja tiempo libre.

A. O. De hecho durante un periodo tuve un bar y no escribía ni una línea. Y cuando estuve trabajando como albañil, recuerdo que llegaba a casa tan machacado que no podía pensar en leer ni escribir, ni en recurrir a nada que me hiciera bien espiritualmente o psíquicamente. El cansancio era tan brutal que sólo quería tirarme en el sofá, encender la tele y que me echara lo que quisiera para no pensar.

Así que sí, escribimos porque somos unos privilegiados pero también podríamos haber decidido escribir otras cosas y buscar una rentabilidad que esta poesía no tiene.

P. Esta crítica tan furibunda que haces y has hecho a lo largo de los años a una poesía más ensimismada con la belleza o a la poesía de la experiencia… ¿De verdad que no pueden convivir? ¿O la crítica viene de que hayan concentrado la mayoría de la atención de los espacios de divulgación?

A. O. Hoy sería más moderado. Son discursos que elaboré en caliente cuando nos hacían una guerra encarnizada definiéndonos como autores de poesía garbancera. Hoy lo veo de otra manera. Claro que tienen que convivir y, de hecho, conviven en mi poesía porque estamos hecho de pasiones, amores, ilusiones… Lo contrario sería horroroso.

P. Me llama la atención que habiendo muchas mujeres poetas, muy pocas hayan sido reconocidas con premios. ¿Sigue siendo el mundo de la poesía tan machista como tantos otros?

A. O. No sólo eso, sino que además las mujeres siguen siendo las mejores lectoras y hay muchas escribiendo discursos muy potentes. Sinceramente no sé por qué esta falta de visibilidad.

Y Orihuela, empieza a recomendar autoras, amigas: Isabel Pérez Montalbán, María Eloy García, María Salgado, Isla Correllero, Verónica Pérez Montes, Begoña Abad…. De cada una un detalle, una anécdota, un libro, mientras sube al coche para conducir de vuelta a Extremadura, a sus clases, al colegio, a seguir escribiendo poemas, imprudencias, como:

No confíes en los perros de los cazadores

no corras a besar sus colmillos

Tú eres la presa


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sábado, 30 de agosto de 2014

Un diálogo sobre el poder entre Gilles Deleuze y Michel Foucault (Descaradamente manipulado).





Un diálogo sobre el poder entre Gilles Deleuze y Michel Foucault  (Descaradamente manipulado).

Se afirma (aunque no se aportan pruebas) que cualquier discurso “desde” el poder revela cierta verdad.


El intelectual “orgánico” decía la verdad (en nombre de los que no podían o no querían decirla) a los que todavía no la veían (¿por falta de cobertura?): “El rey está desnudo, las cuentas en suiza son un camelo difundido por los rencorosos republicanos”.


El papel de intelectual consiste en “colocarse” a la sombra del poder, allí es (ejerce) a la vez objeto e instrumento, agente de la "conciencia" del discurso del sistema.


Una teoría es exactamente como una caja de herramientas (esto tiene toda la pinta de ser una licencia poética-filosófica muy pero que muy bien avalada). Es preciso que eso sirva, que funcione. Y no para sí misma. Si no hay gente para servirse de ella, empezando por el mismo teórico que entonces deja de ser teórico, es que no vale nada, o que no ha llegado su momento.


Es curioso que haya sido un autor que pasa por un intelectual puro, Proust, quien lo haya dicho tan claramente: tratad mi libro como unos lentes dirigidos hacia fuera y si no os van bien tomad otros, encontrad vosotros mismos vuestro aparato que forzosamente es un aparato de combate. (Mira tú por dónde, el tipo que necesitaba treinta páginas para contarnos cómo se daba la vuelta en la cama, era un auténtico fabricante de artefactos bélicos).


La teoría no se totaliza, se multiplica y multiplica. Es el poder el que por naturaleza efectúa totalizaciones y tú, tú lo dices exactamente: la teoría está por naturaleza en contra del poder. (Tú es Foucault y el que afirma Deleuze).


Este sistema en el que vivimos no puede soportar nada: de ahí su fragilidad radical en cada punto, al mismo tiempo que su fuerza de represión global. (Pues si no puede soportar nada, ¡cómo cojones hace!)


Deleuze: Michel Foucault ha sido el primero en enseñar algo fundamental: la indignidad del hablar por los otros.


¿No ocurrirá que, de un modo general, el sistema penal es la forma en la que el poder en tanto que poder se muestra del modo más manifiesto? Esto es lo fascinante de las prisiones; por una vez el poder no se oculta, no se enmascara, se muestra como feroz tiranía en los más ínfimos detalles, cínicamente, y al mismo tiempo es puro, está enteramente "justificado", puesto que puede formularse enteramente en el interior de una moral que enmarca su ejercicio: su bruta tiranía aparece entonces como dominación serena del Bien sobre el Mal, del orden sobre el desorden.


Debajo del odio que el pueblo tiene a la justicia, jueces y prisiones, hay que ver la percepción de que el poder se ejerce a expensas del pueblo.


El capitalismo necesita con imperiosidad unas "reservas" de desempleo, y abandona la máscara liberal y paternal del pleno empleo. (parece de ahora mismo, pero hablan de la Francia de primeros de los ochenta). Toda clase de categorías profesionales van a ser invitadas a ejercer funciones policíacas cada vez más precisas: profesores, psiquiatras, educadores de toda clase, etc.


Frente a la política global del poder, se dan repuestas locales, cortafuegos, defensas activas y a veces preventivas… lo que tenemos que hacer es llegar a instaurar vínculos laterales, todo un sistema de redes, de bases populares. Y esto es lo difícil.



La realidad es lo que hoy día pasa efectivamente en una fábrica, en una escuela, en un cuartel, en una prisión, en una comisaría. De tal modo que la acción implica un tipo de información de una naturaleza completamente diferente de las (des)informaciones de los periódicos (y demás medios de desinformación).


Esta dificultad, nuestro embarazo para encontrar las formas de lucha adecuadas, ¿no proviene de que aún ignoramos lo que es el poder? …sabemos quién explota, hacia dónde va el beneficio, y dónde se vuelve a invertir… Sabemos que no son los gobernantes quienes detentan el poder… no sabemos quién lo tiene exactamente, pero sabemos quién no lo tiene. El discurso de la lucha no se opone al inconsciente: se opone al secreto. El secreto tal vez sea más difícil de conocer que el inconsciente.


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viernes, 29 de agosto de 2014

El retrato del siglo / Gisèle Freund (1908-2000) / Esther Andradi







El retrato del siglo / Gisèle Freund (1908-2000)

No es fácil retratar a la gente. El cuidado por esa máscara que cultiva cada rostro no tiene límites.  La imagen se cuida, se pule, se talla a lo largo de los años. Y sin embargo el aura de una persona está siempre al alcance en ese invento que día a día se perfecciona pero que, selfies más o menos, sigue siendo el arte de capturar el presente para perpetuarlo. La fotografía puede quemar, alumbrar, ridiculizar o mitificar. Si la técnica juega un papel decisivo, no lo es menos el arte de captar la imagen deseada con el obturador. Una exposición de retratos y escenas fotográficas realizadas por Gisèle Freund en la Academia de las Artes de Berlín, es una buena muestra de su singular talento.

Gisèle Freund nació en 1908 en el barrio de Schöneberg, enfrente del edificio donde vivía Albert Einstein. Ninguna de las viviendas existe ya, la guerra las redujo a escombros, pero sus fotos, testimonio de su vida y sus viajes a través del siglo XX, a uno y otro lado del Atlántico, de París a Buenos Aires y de Chile hasta México, regresan a Alemania. Porque Gisela, que afrancesó su nombre por Gisèle en el exilio, fue una de las primeras mujeres reporteras de prensa en los años treinta, cuando se vio obligada a abandonar Berlín, donde vivían sus padres, y Frankfurt, donde estudiaba sociología.

Su padre, Julius Freund, un apasionado coleccionista de pintura, le había regalado  su primera cámara Leica cuando cumplió veinte años. Aunque ella no quería ser fotógrafa sino escritora. Con veinticinco años emigra a París y ahí se encuentra en el centro del mundo. Se abre paso fotografiando escenas con su cámara, y poco después encuentra la forma de mantenerse haciendo retratos. Comienza retratando a hombres de negocios. Hasta que el azar la  lleva a vincularse con la crema y nata de la intelectualidad del siglo. En 1935 conoce a varios escritores al participar del Congreso de Intelectuales por la defensa de la cultura en París. Entonces, la editorial Gallimard le solicita un retrato de su joven autor André Malraux. La fotógrafa cita a Malraux en su departamento, pero como la luz no es buena, lo fotografía en el balcón con el cabello al viento y un cigarrillo en los labios, al más puro estilo Jean Paul Belmondo, cuando el actor apenas había nacido. Ese retrato de Malraux pronto ilustra su libro premiado con el Goncourt, y aunque la joven Freund no percibe honorarios muy importantes, descubre su camino.




Le siguen retratos de Anna Seghers, Paul Nizan, André Gide. De James Joyce relajado y en familia, con sus dedos enjoyados. De Vladimir Nabokov y André Breton. A Virginia Woolf, que  detesta que la fotografíen, logra arrancarle una sonrisa entre perpleja y sorprendida, jugando con su perro. Bernard Shaw se indigna porque lo retrata con la barba recortada. Freund no sólo se dedica a los contrastes del blanco y negro, de la luz y las sombras, sino que es pionera en experimentar con los matices de la fotografía en color, recién descubierta.

En la Biblioteca Nacional, donde acude diariamente para trabajar su tesis sobre la fotografía, entabla relación con Walter Benjamin, su vecino berlinés que le dobla en edad, emigrado por la persecución nazi. Benjamin, que también investiga en la Biblioteca, se convierte pronto en el amigo admirado que le gana todas las partidas de ajedrez y en el objeto de lujo de su cámara. Todos los retratos del filósofo se exponen por primera vez en la Academia de las Artes: Walter Benjamin leyendo, o en la naturaleza florida en Pontigny sosteniendo una flor entre sus dedos como si se tratara de una pipa. Y ese retrato, icono de la melancolía, con la cabeza levemente inclinada, sostenida por su mano, con un gesto reflexivo. También se exhiben las cartas que intercambian en ese período intenso de persecución e incertidumbre.

Aunque Freund proviene de una familia con recursos, pronto las fronteras nacionales se cierran y ya no es posible recibir ayuda paterna. A su hermano en Londres tampoco le va mejor. "¿Es usted judía?" La interroga un oficial poniendo a prueba su capacidad de improvisación. "¿Cuándo vio usted una judía que se llame Gisela?" Responde ella con absoluta frialdad. Sin embargo, en Francia los controles se hacen cada vez más estrictos, los refugiados de origen judío son confinados en campos de trabajo y hay que resguardarse o huir. La fotógrafa escapa a esa amenaza a través de un matrimonio convenido. Pero Benjamin es arrestado. Los amigos de París se deshacen en solidaridad para lograr su liberación. Lo consiguen. La correspondencia entre Freund y Benjamin en esos meses prueba los esfuerzos que se hacen para ayudarlo. Ella lo alienta, que todo va a ir mejor.

"No te preocupes" –le dice el entonces joven Stéphane Hessel a Walter Benjamin, el amigo de su padre, a su paso por Marsella–. La guerra ya está por terminar... Estamos a principios de 1940, apenas comienza la pesadilla que va a destruir Europa con horrores inimaginables. Benjamin ya no los vería. Se iba a quitar la vida semanas más tarde en Portbou.




El cerco del terror se estrecha. Tres mujeres son clave para la salvación de Freund en este mundo de límites cada vez más borrosos. Adrianne Monnier y Sylvia Beach, cuyas librerías en la rue de l´Odeon en París son el punto de encuentro de los intelectuales de la época. Y la argentina Victoria Ocampo, activista cultural, traductora, gestora de puentes entre los mundos, directora de la revista Sur, que le ofrece todas las posibilidades para que atraviese el Atlántico y comience su periplo desde Buenos Aires hasta México. Retratos de Evita Perón en Argentina, del poeta Pablo Neruda en Chile, de Frida Kahlo y Diego  Rivera en México, escenas de la vida de la casa de Coyoacán.

En los años cincuenta, a su regreso a Europa, Freund seguirá capturando el aura de los elegidos en sus fotografías. Sartre en el balcón, Simone de Beauvoir con su tenida china, Breton con su colección de arte mexicano, Malraux con varias décadas más.

“Ninguna pose y nunca la misma foto‘‘ es su lema. Y lo cumplió.



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miércoles, 27 de agosto de 2014

RECORTES







(De una entrevista de Enric González a Quim Monzó)


EG -¿El proceso de tus padres te impresionó?

QM -Mucho. Ya no era un niño, era un señor mayor, pero no había visto nunca la decrepitud humana. Porque soy solitario, no he conocido a mucha gente. En el caso de mi madre vi la degradación del cerebro, y en el caso de mi padre la degradación del cuerpo. Siempre me pregunté qué era peor. Mi padre tuvo la cabeza perfecta hasta pocos días antes de morir, cuando empezó a tener las piernas rígidas (y entonces entendí aquello de ‘estirar la pata’). Es tan triste la decrepitud. Eso es lo que da miedo. La muerte no importa. Pfff…, adiós y sin despedirme. Un bar que me gustaba mucho cuando salía cada noche era el Bikini. ¿Sabes por qué me gustaba tanto? Primero porque el lugar era excepcional, había todo tipo de gente, conocías ganado muy diferente. Y había dos pistas, y el hecho de que hubiese dos pistas permitía que también hubiese dos salidas diferentes. Odio despedirme, por las noches. Por eso si estaba en la pista del rock decía que me iba un momento a la de salsa. Hacía ver que iba hacia esa pista pero entonces salía a la calle por la otra puerta, sin decir nunca adiós a nadie. No soporto el rollo de los besos y de los adioses y del ya nos veremos. No, a ver: ya nos llamaremos si tenemos ganas y para eso no hay que despedirse. La sala Bikini sería el lugar ideal para morirse y así marcharse sin decir adiós. El problema es todo lo que viene antes. Además, salen fantasmas. En el caso de mi padre y mi madre, una pareja que hubiera tenido que separarse a los cinco minutos de haberse conocido, en la residencia mi madre hacía una cosa muy buena. Le decía a mi padre: “Mira que eres idiota, mira que eres imbécil, porque… porque…” Y entonces se quedaba parada porque había olvidado porqué lo insultaba. ¡Pero es que no había ningún porqué! Treinta años atrás, cuando la cabeza todavía le regía un poco, le decía “eres imbécil” porque has dejado la silla así y la tienes que dejar de esa otra forma, o “eres imbécil” porque llevas eso así y tiene que ser asá… Buscaba la excusa para decir “eres un imbécil, eres un idiota”. Ahora no, como ya había perdido definitivamente la cabeza, agredía pero no podía justificarlo con ninguna excusa porque la cabeza ya no le funcionaba lo bastante… ¡Ah, y perdona, otros fantasmas! No es un caso mío, pero un amigo librero me explicó el de un hombre que, ya muy mayor y con su mujer muerta, cogía el autobús y se iba al pueblo de al lado de esa ciudad, donde habían vivido de jóvenes, y se pasaba el día intentando pillar a su mujer con el amante. La mujer ya estaba muerta y él debía tener cerca de noventa años, pero le salían los fantasmas de cuernos."








“El dinero ha sido bien definido por Marx como un equivalente general. El dinero es lo que equivale a cualquier otra cosa. Esto es lo que hace que exista la pasión por el dinero. Esa pasión por el dinero sustituye a la pasión por todas las cosas que deseamos. Es como si el dinero se pusiera delante de las cosas que queremos y fuera el medio de satisfacer cualquier deseo.”

(Alain Badiou).




“Herbert Marcuse, el filósofo americano de origen alemán, perteneciente a la Escuela de Frankfurt, creó toda una escuela en la defensa de los estudiantes y de los marginados como grupo que ha relevado en la edad contemporánea, al proletariado en la vanguardia de la revolución. Según Marcuse, que vio el esplendor de sus teorías en las barricadas del mayo francés del sesenta y ocho, la clase obrera tenía ya bastante que perder en su combate y había sido asimilada por la complejidad y las migajas del sistema capitalista.”

“El poder de la trilateral en España” J. Estefanía (Akal, 1979)





¿Por qué darle a la otra persona la satisfacción de descubrirlo por sí misma? Una vez ventilado el asunto, al menos sabes que nunca será un problema en la relación, y si lo es, siempre puedes decir: «Pues te lo dije al principio».

(Andy Warhol)




 "Sabes, no sé si voy a vivir mucho tiempo. Creo que pinté bastante. Llegué a lo que quería…" nota de Nicolas de Staël, escrita el 5 de marzo de 1955, se mató el 16 de Marzo, lanzándose desde la terraza de su estudio, piso 11.




"Generalmente no sé lo que me hago; robo mis ideas de los libros, tomo prestadas mis miradas a los ojos de otros, no adelanto a los subnormales ni tullidos por la calle porque temo que mi agilidad los deprima, me encanta ver jugar tanto a los niños como a los animales, pero no me importaría ver cómo le dan una patada a un pordiosero o cómo atropellan a una niña porque no son más que nuevas experiencias que voy acumulando; no me gusto a mí mismo y observo con burlona sonrisa este mundo más feo y menos inteligente que yo...."

(Martin Amis."El Libro de Rachel")


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lunes, 25 de agosto de 2014

La concepción de la historia de Walter Benjamin / Michael Löwy





 Progreso e historia
La concepción de la historia de Walter Benjamin

Michael Löwy

Acostumbramos a clasificar las diferentes filosofías de la historia según su carácter progresista o conservador, revolucionario o nostálgico del pasado. Walter Benjamin escapa a estas clasificaciones. Es un crítico revolucionario de la filosofía del progreso, un adversario marxista del “progresismo”, un nostálgico del pasado que sueña en el futuro.
La acogida de Benjamin, sobre todo en Francia y en EEUU, se interesó prioritariamente por la vertiente estética de su obra, con una cierta propensión a considerarlo sobre todo como un historiador de la cultura o un crítico literario. Ahora bien, sin despreciar este aspecto de su obra, hay que destacar el alcance bastante más amplio de su pensamiento, que se dirige nada menos que hacia una nueva comprensión de la historia humana. Los escritos sobre el arte o la literatura no se pueden comprender sino en relación con esta visión de conjunto que los ilumina desde el interior.
La filosofía de la historia de Walter Benjamin se basa en tres fuentes muy distintas: el romanticismo alemán, el mesianismo judío y el marxismo. No es una combinación o “síntesis” de estas tres perspectivas (aparentemente) incompatibles, sino la invención, a partir de ellas, de una nueva concepción, profundamente original.
La expresión “filosofía de la historia” tiene el riesgo de inducir a error. En Benjamin no hay un sistema filosófico: toda su reflexión toma la forma del ensayo o del fragmento – cuando no de la cita, pura y simple, de pasajes arrancados de su contexto, puestos al servicio de su propio planteamiento. Toda tentativa de sistematización es por lo tanto, problemática e incierta. Los breves comentarios que siguen son algunas pistas de investigación.




Nos encontramos a menudo en la literatura sobre Benjamin con dos errores simétricos que hay que evitar a cualquier precio: el primero consiste en disociar, mediante una operación (en el sentido clínico del término) de “corte epistemológico”, la obra “idealista” y teológica de juventud, de la “materialista” y revolucionaria de su madurez; el segundo, al contrario, contempla su obra como un todo homogéneo y no tiene en cuenta para nada la profunda convulsión que implica, hacia mediados de la década de los 20, su descubrimiento del marxismo. Para comprender el movimiento de su pensamiento hay que considerar pues simultáneamente la continuidad de algunos términos esenciales y los distintos giros y rupturas que jalonan su trayectoria intelectual y política.
Se podría tomar como punto de partida la conferencia de 1914 sobre “La vida de los estudiantes”, que presenta de entrada, algunas de las principales líneas de fuerza de esta trayectoria. Las observaciones que abren este ensayo contienen un anuncio sorprendente de su filosofía mesiánica de la historia: “Confiada en lo infinito del tiempo, una cierta concepción de la historia solamente discierne el ritmo más o menos rápido según el cual hombres y épocas avanzan por la vía del progreso. De ahí el carácter incoherente, impreciso, sin rigor, de la exigencia dirigida al presente. Aquí, al contrario, como lo han hecho siempre los pensadores presentando imágenes utópicas, vamos a considerar la historia a la luz de una situación determinada que la resume como un punto focal. Los elementos de la situación final no se presentan como una deforme tendencia progresista, sino que, a título de creaciones e ideas en muy gran peligro, muy criticadas y escarnecidas, se incorporan de manera profunda en todo presente. (…) Esta situación (…) no es asible más que en su estructura metafísica, como el reino mesiánico o como la idea revolucionaria en el sentido del 89”1.
Las imágenes utópicas – mesiánicas o revolucionarias – contra esta deforme tendencia progresista: he aquí planteadas en resumen, los términos del debate que Benjamin va a proseguir a través de toda su obra. ¿Cómo esta primera intuición va a articularse más tarde con el materialismo histórico? A partir de 1924, cuando lee la Historia y Conciencia de Clase de Lukacs – y el descubrimiento del comunismo a través de los ojos de Asja Lacis – el marxismo se convertirá gradualmente en un elemento clave de su concepción de la historia. Aun en 1929, Benjamin se refiere el ensayo de Lukacs como a uno de los raros libros que siguen vivos y actuales: “La obra más acabada de la literatura marxista. Su singularidad se basa en la seguridad con la que él aprehendió por un lado la situación crítica de la lucha de clases en la situación crítica de la filosofía, y por otro, la revolución, ya concretamente madura, como la precondición absoluta, es decir, el cumplimiento y realización del conocimiento teórico.”2




Este texto muestra cuál es el aspecto del marxismo que más interesa a Benjamin y que va a iluminar como un nuevo día, su visión del procesus histórico: la lucha de clases. Pero el materialismo histórico no va a sustituir sus visiones “anti-progresistas”, de inspiración romántica y mesiánica: va a articularse con ellas, adquiriendo así una cualidad crítica que la distingue radicalmente del marxismo “oficial” por entonces vigente.
Esta articulación se manifiesta por primera vez en el libro Sentido Único, escrito entre 1923 y 1926, donde encontramos, bajo el título “Alarma de incendios”, esta premonición histórica de las amenazas del progreso: si el derrocamiento de la burguesía por el proletariado “no se cumple antes de un momento casi calculable de la evolución técnica y científica (señala la inflación y la guerra química), todo está perdido. Hay que cortar la mecha prendida antes de que la chispa alcance la dinamita.”3
Contrariamente al marxismo evolucionista vulgar, Benjamin no concibe la revolución como resultado “natural” o “inevitable” del progreso económico y técnico (o de la “contradicción entre fuerzas y relaciones de producción”), sino como interrupción de una evolución histórica que lleva a la catástrofe.
Por eso, porque percibe este peligro catastrófico Benjamin se reclama, en su artículo sobre el surrealismo de 1929, pesimista- un pesimismo revolucionario que no tiene nada que ver con la resignación fatalista, y menos aun con el Kulturpessimismus alemán, conservador, reaccionario y prefascista (Carl Schmitt, Oswald Spengler, Moeller van der Bruck): aquí el pesimismo está al servicio de la emancipación de las clases oprimidas. Su preocupación no es el “declive” de las élites, o de la nación, sino las amenazas que se ciernen sobre la humanidad con el progreso técnico y económico promovido por el capitalismo.




Nada hay más ridículo a los ojos de Benjamin que el optimismo de los partidos burgueses y de la social-democracia, cuyo programa político no es más que “un mal poema de primavera”. Contra ese “optimismo sin consciencia”, ese “optimismo de los diletantes”, inspirado en la ideología del progreso lineal, él descubre en el pesimismo el punto de convergencia efectivo entre surrealismo y comunismo 4 . Ni que decir tiene que no se trata de un sentimiento contemplativo, sino de un pesimismo activo , “ organizado ”, práctico , totalmente dirigido hacia el objetivo de impedir, por todos los medios posibles, el advenimiento de lo peor .
Nos preguntamos ¿a qué puede hacer referencia el concepto de pesimismo aplicado a los comunistas cuando su doctrina en 1928, en plena celebración de los triunfos de la construcción del socialismo y la inminente caída del capitalismo, no es precisamente un ejemplo de ilusión optimista? De hecho Benjamin tomó prestado el concepto de “organización del pesimismo” de una obra que él califica de “excelente”, La Revolución y los intelectuales (1926), del comunista disidente Pierre Naville. Naville había hecho la opción de compromiso político en el partido comunista francés del que quería hacer partícipes a sus amigos.
Ahora bien, para Pierre Naville el pesimismo, que constituye “la fuente del método revolucionario de Marx”, es el único medio de “escapar a los fallos y decepciones de una época de compromiso”. Rechazando el “tosco optimismo” de un Herbert Spencer – al que despacha con el amable calificativo de “cerebro monstruosamente estrecho” – o de un Anatole France, cuyas “insoportables bromas” no aguanta, concluye: “hay que organizar el pesimismo”, “la organización del pesimismo es la única consigna que nos impide fracasar.” 5





Inútil decir que esta apología apasionada del pesimismo era poco representativa de la cultura política del comunismo francés de aquella época. De hecho, Pierre Naville pronto (1928) iba a ser excluido del Partido: la lógica de su anti-optimismo lo llevará a las filas de la oposición comunista de izquierda (“trotskista”), de la que llegará a ser uno de los principales dirigentes.
La filosofía pesimista de la historia de Benjamin se manifiesta de manera particularmente aguda en su visión del porvenir europeo: “Pesimismo en toda la línea. Sí, por cierto, y totalmente. Desconfianza en cuanto al destino de la literatura, desconfianza en cuanto al destino de la libertad, desconfianza en cuanto al destino del hombre europeo, pero sobre todo, desconfianza ante el entendimiento entre las clases, entre los pueblos, entre los individuos. Y confianza ilimitada únicamente en el I.G. Farben y en el perfeccionamiento pacífico de la Luftwaffe.” 6
Esta visión crítica permite a Benjamin percibir –intuitivamente pero con una rara agudeza – las catástrofes que esperaban a Europa, perfectamente resumidas en la frase irónica sobre la “confianza ilimitada”. Por supuesto, él mismo, el más pesimista de todos, no podía prever las destrucciones que la Luftwaffe iba a infligir a las ciudades y a la población civil europeas; y menos aun podía imaginar que el I.G. Farben iba, apenas doce años más tarde, a hacerse célebre por la fabricación del gas Zyklon B utilizado para “racionalizar” el genocidio, ni que sus factorías iban a emplear, por cientos de miles, mano de obra de los campos de concentración. Sin embargo, único entre todos los pensadores y dirigentes marxistas de entonces, Benjamin tuvo la premonición de los monstruosos desastres que podía producir una civilización industrial/burguesa en crisis.





Fue sobre todo en el Libro de los Pasajes Parisinos y en diferentes textos de los años 1936-40 donde Benjamin va a desarrollar su visión de la historia, apartándose, cada vez con mayor radicalidad, de las “ilusiones del progreso” hegemónicas dentro del pensamiento de izquierda alemán y europeo. En un artículo publicado en 1937 en la célebre Zeitschrift für Sozialforschung, la revista de l’École de Francfort (ya exiliado en USA), dedicado al historiador y coleccionista Edouard Fuchs, arremete contra el marxismo socialdemócrata, mezcla de positivismo, de evolucionismo darwinista y de culto al progreso. “”No podía ver en la evolución de la técnica más que el progreso de las ciencias naturales y no la regresión social (…) Las energías que la técnica desarrolla más allá de este umbral son destructoras. Ponen en primera línea la técnica de la guerra y su preparación por la prensa 7 .
El objetivo de Benjamin es profundizar y radicalizar la oposición entre marxismo y las filosofías burguesas de la historia, agudizar su potencial revolucionario y elevar su contenido crítico. Es en este espíritu como, de una manera radical, define la ambición del proyecto de los Pasajes Parisinos : “Se puede considerar también como fin metodológicamente buscado en este trabajo, la posibilidad de un materialismo histórico que aniquile ( annihiliert ) en sí mismo la idea de progreso. Es justamente oponiéndose a los hábitos del pensamiento burgués como el materialismo encuentra sus fuentes” 8 . Un programa así, no implicaba ningún “revisionismo” sino más bien, como lo había intentado Karl Korsch en su libro – una de las principales referencias de Benjamin – una vuelta al mismísimo Marx.




Benjamin era consciente de que esta lectura del marxismo hundía sus raíces en la crítica romántica de la civilización industrial, pero estaba convencido de que el mismo Marx también había encontrado su inspiración en esta fuente. Encuentra un apoyo a esta interpretación heterodoxa de los orígenes del marxismo en el Karl Marx (1938) de Korsch: “ Muy acertadamente, y no sin hacernos pensar en Maistre y en Bonald, Korchs dice así: Así en la teoría del movimiento obrero moderno también, hay una buena parte de la “desilusión” que, después de la gran Revolución Francesa, fue proclamada por los primero teóricos de la contra-revolución y enseguida por los románticos alemanes y que, gracias a Hegel, tuvo una fuerte influencia sobre Marx” 9 .
La formulación más sorprendente y radical de la nueva filosofía de la historia – marxista y mesiánica – de Walter Benjamín se encuentra sin duda en las Tesis sobre el concepto de historia de 1940, uno de los documentos más importantes del pensamiento revolucionario después de las Tesis sobre Feuerbach de 1845.
La exigencia fundamental de Benjamin es la de escribir la historia “a contrapelo”, es decir, desde el punto de vista de los vencidos – en contra de la tradición conformista del historicismo alemán cuyos partidarios entran siempre “en empatía con el vencedor” (Tesis VII).10




Obviamente la palabra “vencedor” no hace referencia a las batallas o a las guerras habituales, sino a la “guerra de clases” en la que uno de los campos, la clase dirigente, “no ha cesado de ganar” (Tesis VII) sobre los oprimidos – desde Espartaco, el gladiador rebelde, hasta el grupo Spartacus de Rosa Luxemburgo, y desde el Imperio romano hasta el Tercer Imperio Nazi. El historicismo se identifica empáticamente ( Einfühlung) con las clases dominantes. Ve la historia como una sucesión gloriosa de grandes hechos políticos y militares. Al hacer el elogio de los dirigentes y al rendirles homenaje, les confiere el status de « herederos » de la historia pasada. En otras palabras, participa – como esos personajes que ponen la corona de laurel encima de la cabeza del vencedor – en “ese cortejo triunfal de los dominadores de hoy, que avanza por encima de aquellos que hoy yacen en el suelo” (TesisVII).
La crítica que Benjamin formula contra el historicismo se inspira en la filosofía marxista de la historia, pero tiene también un origen nietzscheano. En una de sus obras de juventud, De la utilidad y de la inconveniencia de la historia (citada en la Tesis XII), Nietzsche ridiculiza la “admiración ingenua del éxito” de los historiadores, su “idolatría hacia lo factual” (Götzerdienste des Tatsächlichen) y su tendencia a inclinarse ante el “poder de la historia”. Puesto que el Diablo es el amo del éxito y del progreso, la verdadera virtud consiste en levantarse contra la tiranía de la realidad y nadar contra la corriente histórica.




Hay un lazo evidente entre este panfleto nietzscheano y la exhortación de Benjamin a escribir la historia gegen den Strich [a contrapelo]. Pero las diferencias no son menos importantes: mientras que la crítica de Nietzsche contra el historicismo se hace en nombre de la “Vida” o del “individuo heroico”, la de Benjamin habla en nombre de los vencidos. En tanto que marxista, éste último se sitúa en las antípodas del elitismo aristocrático del primero y opta por identificarse con los “condenados de la tierra”, los que yacen bajo las ruedas de los carros majestuosos y magníficos llamados Civilización o Progreso.
Al rechazar el culto moderno a la Diosa Progreso, Benjamin pone en el centro de su filosofía de la historia el concepto de catástrofe. En una nota preparatoria de las Tesis de 1940, observa: “La catástrofe es el progreso, el progreso es la catástrofe. La catástrofe es el continuum de la historia” 11 .
La asimilación entre progreso y catástrofe tiene en principio una significación histórica: el pasado no es, desde el punto de vista de los oprimidos, más que una serie interminable de derrotas catastróficas. La revuelta de los esclavos, la guerra de los campesinos, junio 1848, la Comuna de París, el levantamiento berlinés de enero de 1919 – son ejemplos que aparecen a menudo en los escritos de Benjamin, para quien “este enemigo no ha dejado de vencer” (tesis VI). Pero esta ecuación tiene también un significado eminentemente actual, porque, “a la hora de hoy, el enemigo no ha terminado de triunfar” (Tesis VI): derrota de la España republicana, el Pacto Molotov-Ribbentrop, la victoriosa invasión nazi en Europa.




El fascismo ocupa un lugar muy evidente en la reflexión histórica de Benjamin en las Tesis. Para él no se trata de un accidente de la historia, de un “estado de excepción”, algo imposible en el siglo XX, un absurdo desde el punto de vista del progreso: al rechazar este tipo de ilusión, Benjamin apela con todas sus fuerzas a “una teoría de la historia a partir de la cual el fascismo pueda ser percibido”12, es decir, una teoría que comprenda que los irracionalismos del fascismo no son más que el reverso de la racionalidad instrumental moderna. El fascismo lleva hasta sus últimas consecuencias la combinación típicamente moderna entre progreso técnico y regresión social.
Mientras que Marx y Engels, según Benjamin, habían tenido en sus pronósticos sobre la evolución del capitalismo13, “la intuición fulgurante” de la barbarie que venía, sus epígonos del siglo XX han sido incapaces de comprender – y por ende de resistirle con eficacia – una barbarie moderna industrial, dinámica, instalada en el corazón mismo del progreso técnico y científico.
Buscando las raíces, los fundamentos metodológicos de esta incomprensión catastrófica, que ha contribuido a la derrota del movimiento obrero alemán en 1933, Benjamin la emprende contra la ideología del progreso en todas sus componentes: el evolucionismo darwinista, el determinismo de tipo científico-natural, el ciego optimismo – dogma de la victoria “inevitable” del Partido – la convicción de “nadar a favor de la corriente” (el desarrollo técnico); en una palabra, la creencia confortable en un progreso automático, continuo, infinito, fundado en la acumulación cuantitativa, el desarrollo de las fuerzas productivas y el crecimiento del dominio sobre la naturaleza. Cree detectar detrás de estas manifestaciones múltiples un hilo conductor que él somete a una crítica radical: la concepción homogénea, vacía y mecánica (como un movimiento de relojería) del tiempo histórico.
A esta visión lineal y cuantitativa, Benjamin opone una percepción cualitativa de la temporalidad, fundada por un lado en la rememoración, y por otro en la ruptura mesiánica/revolucionaria de la continuidad. La revolución  es lo “correspondiente” (en el sentido baudelairiano de la palabra) profano de la interrupción mesiánica de la historia, de la “detención mesiánica del acaecer” (Tesis XVII): las clases revolucionarias, dice en la Tesis XV, son conscientes, en el momento de su acción, de estar “rompiendo el continuum de la historia”. La interrupción revolucionaria es pues la respuesta de Benjamin a las amenazas que se ciernen sobre la especie humana con la búsqueda de esa tormenta maléfica que llaman “Progreso”, una tormenta que acumula ruina sobre ruina y prepara nuevas catástrofes (Tesis XII). Era el año 1940, poco antes de Auschwitz y Hiroshima…
Según Habermas, hay una contradicción entre la filosofía de la historia de Benjamin y el materialismo histórico. El error de Benjamin fue, según él, haber querido imponer –“como una capucha de monje sobre la cabeza” – al materialismo histórico marxiano, “que sí tiene en cuenta los progresos no sólo en el ámbito de las fuerzas productivas sino también en el de la dominación”, “una concepción histórica anti-evolucionista.” 14
En realidad, una interpretación dialéctica y no evolucionista de la historia, que tenga en cuenta a la vez los progresos y las regresiones – como lo han hecho Benjamin y sus amigos de la Escuela de Fráncfort –puede basarse en varios escritos de Marx. Sin embargo, es verdad que entra en conflicto con las interpretaciones dominantes del materialismo histórico desarrolladas a lo largo del siglo XX. Lo que piensa Habermas que es un error, es precisamente la fuente del valor singular de la filosofía benjamiana de la historia y de su capacidad para comprender un siglo caracterizado por la estrecha imbricación de la modernidad y la barbarie.





Traducción para Marxismo Crítico de J.Mª Fdez. Criado
*Progrès et catastrophe. La conception de l’histoire de Walter Benjamin
Michael Löwy
1 W.Benjamin, “ La vie des etudiants ” , 1915, en Mythe et Violence , Lettres Nouvelles, 1971, p. 37.
2 W.Benjamin, Gesammelte Schriften , Francfort, Suhrkamp Verlag, 1980, III, p. 171.
3 W.Benjamin, Sens Unique , Paris, Lettres Nouvelles / Maurice Nadeau, 1978, pp. 205-206.
4 W.Benjamin, “ Le surrealisme. Le dernier instantané de l’intelligence europeenne ” , Mythe et Violence , p. 312.
5 Pierre Naville, La révolution et les intellectuels , Paris, Gallimard, 1965 , pp. 76-77, 110-117.
6 W.Benjamin, “ Le surrealisme ” , p. 312. [El Edificio IG Farben Gebäude, del arquitecto alemán Hans Poelzig, se levantó en la ciudad de Fráncfort del Meno para la industria química IG Farben en 1931. Durante la Segunda Guerra Mundial, bajo el poderío alemán nazi, se sirvió de mano de obra esclava judía. Luftwaffe: Fuerzas Aéreas de la Alemania Nazi. N. del T.]
7 W.Benjamin, Gesammelte Schriften , III, p. 474.
8 W.Benjamin, Passagenwerk – Gesammelte Schriften V, p. 574.
9 W.Benjamin, Ibid., p. 820.
10 Las citas de las “ Tesis sobre la filosofía de la historia ” están sacadas de la traducción de Bolívar Echeverría « Tesis sobre la historia y otros fragmentos ». Ed. Itaca, 2008.
11 W.Benjamin, G.Schriften , I, 3, p. 1244 (notas preparatorias para las Tesis).
12 W.Benjamin, G.S. , I, 3, p.1244 (notes preparatoires).
13 W.Benjamin, G.S. , II, 2, p. 488.
14 J.Habermas, “ L’actualite de W. Benjamin. La critique: prise de conscience ou preservation ” , Revue d’esthétique nÆ 1, 1981, p. 121.



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