martes, 30 de septiembre de 2014

CUT: Llevar a las urnas la unidad y la lucha de la calle




Llevar a las urnas la unidad y la lucha de la calle

DECLARACIÓN DE LA CUT SOBRE LA CONFLUENCIA
Unidad desde abajo, desde las luchas, programa de transformaciones sociales, primarias, código ético y política de alianzas.

En el séptimo año consecutivo de crisis económica seguimos viviendo una situación de excepcional emergencia social con millones de personas desempleadas y cientos de miles de familias desahuciadas. La juventud más preparada de la historia se ve abocada emigrar buscando empleo. Andalucía sigue siendo una de las naciones europeas con mayores índices de paro, precariedad y desprotección social.

A la crisis de un sistema, el capitalismo, que es incapaz de satisfacer las necesidades más básicas de la población se une el desgaste de unos gobiernos cómplices con La Troika y el deterioro del régimen de La Transición. A nadie se le escapa el posible carácter constituyente de las próximas elecciones municipales.

Tras un ciclo de movilizaciones importantes, con varias huelgas generales, y la participación de millones de personas en la lucha, las elecciones europeas del 25 de mayo abrieron un nuevo ciclo, de carácter electoral, donde sin abandonar las movilizaciones las ansias e ilusiones de cambio de la calle se quieren ver reflejadas en los resultados.

El surgimiento de nuevos movimientos de base y plataformas de lucha y unidad de acción, como el 15M, el 22M y las mareas, con nuevas asociaciones como la PAH, la Coordinadora 25S o el Frente Cívico y la implicación de algunos de estos colectivos, de manera más o menos activa, en procesos de convergencia así lo atestiguan.



2014 nos muestra que la normalidad política ha acabado, asistimos a una nueva situación de extraordinaria inestabilidad social y política. Nunca antes un millón y medio de personas (Marchas de la Dignidad 22 de Marzo) tomaron las calles de Madrid convocados por la izquierda sindical y los movimientos sociales alternativos por fuera de las estructuras del bipartidismo sindical. Nunca antes el tablero electoral se ha trastocado tanto, no sólo por la irrupción de Podemos, sino también por el descalabro del bipartidismo político. La monarquía, uno de los sostenes intocables del régimen de La Transición, producto del pacto con el franquismo, herida por los escándalos de corrupción, ha tenido que abrir la sucesión, con la retirada de Juan Carlos I. El otro elemento de sostén del régimen, la unidad de España, también está siendo socavado por la masiva movilización soberanista catalana en pro del derecho a decidir.

Como en otros momentos de la historia, la lucha por los derechos sociales, por el pan, el techo y el trabajo se une y vincula a demandas políticas como el derecho a decidir, no sólo de los pueblos, sino también de la ciudadanía, que aspira decidirlo todo. Cuando la rebeldía y la insumisión se instala en las mentes y los corazones de la gente, de la multitud, no hay forma de ponerle puertas la campo y el sueño de la utopía, de lo que ayer parecía imposible se abre camino mediante la lucha.

De lo que se trata ahora es de no decepcionar las ansías de cambio que existen en la calle, de encauzar la rebeldía, de llevar la unidad y la lucha en la calle también a las urnas.

La pregunta es: ¿cómo hacerlo?. Desde nuestra humilde organización, la CUT, queremos aportar públicamente nuestra visión no sólo para posicionarnos en el debate de la convergencia sino también para intercambiar opinión con muchos actores políticos, sociales y sindicales que en estos momentos se mueven en esas coordenadas.

En primer lugar, unidad. Unidad de los de abajo, unidad de la gente que ha estado en la lucha, en la movilización. Si fuimos capaces de ponernos de acuerdo para luchar juntas, hombro con hombro, ¿por qué no vamos a conseguirlo en el ámbito institucional?. El activismo, ya sea social, político o sindical, acumula una enorme experiencia de unidad de acción. Hemos sabido tanto en el 15M como en las Marchas de la Dignidad, en numerosas plataformas, fortalecer lo colectivo, mediante el debate asambleario y de base, creando sinergias y complicidades, frente a los cainismos de siempre. No tiene ningún sentido que ese capital acumulado de unidad no se ponga en valor en las instituciones, que constituyen otra parcela de la lucha de clases.

Quienes han aceptado la sucesión borbónica, quienes han reformado el art. 135 de la Constitución para primar el pago de la deuda bancaria antes que el impulso de los derechos sociales y los servicios públicos, quienes nos han impuesto reformas laborales para llevar al mundo del trabajo a la precariedad más absoluta, quienes han desmantelado el sector público mediante reconversiones salvajes, privatizaciones y recortes... no parece que tengan mucho que decir en un proceso de confluencia que tiene como objetivo llevar a las instituciones la lucha contra lo que han hecho y representan.

Y llegados a este punto queremos expresar una alerta. No somos ilusos. En ningún momento hemos confundido instituciones o gobierno con poder. Quien crea que bajo el euro y la ultra neoliberal Unión Europea es posible llevar adelante políticas emancipadoras de nuestra clase y nuestro pueblo se está auto engañando. Las instituciones poseen un margen mínimo de actuación y son más parte del problema que de la solución. Pero eso no quita que las instituciones de su mal llamada democracia también sean terreno en disputa, que intentemos llevar las contradicciones más allá de lo que ellos quieren, para asaltar la tranquilidad de sus sillones gobernantes.

La democracia es una falacia en el capitalismo porque el capital financiero siempre ha dominado a los gobiernos. Sólo es posible articular soluciones duraderas a los problemas de la gente con genuinas políticas de ruptura con el sistema y el régimen al servicio de la mayoría social, esto es, poniendo la banca y los sectores estratégicos de la economía en manos del pueblo y para ello es necesario romper las estructuras dominantes mediante la combinación de una poderosa movilización obrera, popular y ciudadana con la lucha institucional.

Y aquí entramos en una segunda fase de la convergencia. Resuelta la pregunta de con quién hacemos la unidad, se trata de responder a para qué queremos la confluencia, para hacer qué?.

No vamos a ocultar nunca nuestra identidad. Somos de izquierdas, soberanistas y anticapitalistas. Deseamos una república andaluza que responda a los intereses del pueblo trabajador andaluz, por fuera de la Unión Europea y en alianza con las dos orillas del Mediterráneo, nuestro espacio natural. Pero nosotros abordamos la confluencia dejando el carnet en la puerta, porque sólo desde el mestizaje, la generosidad y la honestidad podremos afrontar con viabilidad la confluencia.

La convergencia es programática. No se trata de establecer debates ideológicos sobre que cultura política lleva o no la razón, tendremos que ir todas las personas a la confluencia, confeccionando de manera participada un programa. Un programa que responda a los problemas acuciantes de la población, al modelo de ciudad y pueblo, conectando con los barrios y respirando sus inquietudes.

El programa es el carnet de identidad colectivo y la elaboración de un programa participado es en sí mismo un proceso de conexión con los barrios, con la ciudadanía, es un proceso de empoderamiento colectivo que nos arma políticamente para afrontar el reto de las municipales no contando con la gente como sujeto pasivo, sino siendo la gente.

El programa no es una lista de demandas y reivindicaciones. El programa es, en primer lugar, la comprensión común de las tareas comunes. El programa debe definir el comportamiento ético de los cargos públicos y la política de alianzas. Si queremos algo realmente nuevo, ajeno a la vieja política, es necesario que el código ético de los cargos públicos se cumpla escrupulosamente. Lo contrario sería defraudar a la ciudadanía. Los cargos públicos deben estar bajo mandato revocatorio de la asamblea en el caso de que no cumplan lo acordado democráticamente. Quienes nos representen como cargos públicos deben desde el minuto uno comportarse de forma diferente. Deben repudiar los privilegios y dar ejemplo siendo los primeros a la hora de luchar y situarse en la última línea a la hora de disfrutar los beneficios de la lucha. No queremos ensillonados, queremos cargos públicos que estén con la gente, en las luchas, a pie de tajo y de calle.



La política de alianzas es otro elemento clave. Y ya no vale decir que se afrontará tras las elecciones. La gente quiere estar informada y saber a qué atenerse. Al igual que pensamos que la permanencia de IU en un gobierno con el PSOE es un lastre para la convergencia, consideramos que si queremos representar un nuevo tiempo no valen las argumentaciones de "todos contra la derecha" en el sentido de establecer gobiernos con el PSOE. El PSOE ha estado en las decisiones importantes en la misma trinchera que el PP y forma parte de las políticas de La Troika y del régimen. Nos parece que el nuevo tiempo exige que se tenga un debate sobre esta cuestión y que el electorado sepa y conozca cual es la política de alianzas de forma previa a las elecciones, para que nadie se lleve a engaño. Nosotros adelantamos nuestra opinión, que se sustancia en "nada con el bipartidismo". No queremos gobiernos conjuntos con quienes tienen un modelo de sociedad y de ciudad que no respetan los derechos humanos ni la sostenibilidad medioambiental, con quienes han hecho de la especulación inmobiliaria y el ladrillo, fuente de muchas corruptelas, su modelo estratégico. Y parece que no estamos tan locos cuando en la última encuesta de la SER el 31,6% de los andaluces y andaluzas prefieren un gobierno de "una coalición alternativa de la izquierda que integre a IU, Equo y Podemos" frente al 10% que opta por un gobierno del PSOE en solitario o un ridículo 5,3% que apoya la continuación del bipartito. [1]

Es obvio que el programa debe responder a las peculiaridades de cada ciudad o pueblo. Pero también es lógico que tenga una cohesión. No es de recibo que en un pueblo o ciudad se plantee la privatización de servicios municipales mientras que en otro se apueste por lo contrario. Si estamos contra los recortes vengan de donde vengan, contra La Troika, habrá que establecer un programa marco mínimo que sea común con ejes como la defensa de los servicios públicos, el fomento del empleo público y de calidad, impulso del cooperativismo y la economía social, la democracia participativa, la lucha contra la corrupción, la promoción del alquiler social de la vivienda, el fomento del transporte público... y todo ello atravesado por políticas de igualdad de género y  de sostenibilidad medioambiental.



El tercer estadio de construcción de la confluencia es la confección de las listas. A nuestro parecer hay que huir de cualquier sospecha de pacto de cúpulas o mesas camillas. Y la única forma de evitarlo es el procedimiento de primarias. Hay que darle la palabra a la ciudadanía rebelde, coherente, insumisa... no sólo en el programa, no sólo en la política de alianzas, también en la confección de las listas, en la elección de las candidaturas. Es el mejor método para que la transparencia fluya desde el inicio.

Las candidaturas de confluencia, inevitablemente, deben incorporar una articulación jurídica que permita que los votos puedan sumar a la hora de disputar también las diputaciones. En las elecciones municipales no sólo se eligen concejalías, también se eligen, en función de los votos obtenidos por cada candidatura en el marco de cada partido judicial, los diputados y diputadas que conforman el gobierno de las diputaciones. Partiendo de nuestra apuesta por la desaparición de estos entes administrativos intermediarios, constituiría una locura jugar sólo la mitad del partido y dejar la otra mitad al bipartidismo. Mientras que existan las diputaciones y no tengamos la fuerza suficiente para cambiar la Constitución y hacerlas desaparecer, tenemos que tener en cuenta esa realidad administrativa provincial que ha salido muy fortalecida de la última reforma local auspiciada por el Gobierno del PP en detrimento, una vez más, de los Ayuntamientos. Hasta tal punto esto es así que muchos Ayuntamientos necesitan de los programas de la Diputación para garantizar los servicios básicos esenciales.



Finalmente, queremos reiterar de nuevo y nunca insistiremos suficientemente en esta idea, que las elecciones no son un fin en sí mismo y que no constituyen ninguna solución real y definitiva para los problemas de la gente. Nuestro objetivo nunca deberá ser gestionar las miserias presupuestarias que nos deja el sistema, sino intentar la subversión del mismo, incluso dentro de esas mismas instituciones. Claro que hay que mitigar, en la medida de lo posible, el sufrimiento de la gente, pero no es esa la finalidad. No es la finalidad de la izquierda recortar mejor que la derecha, sino acabar con los recortes. Las elecciones son un medio más del que disponemos para sumar fuerzas en la lucha por transformar la realidad, por cambiar el sistema, por derrocar el régimen y abrir un proceso de ruptura democrática y por derribar a los gobiernos de La Troika. Las posiciones ganadas en las instituciones deben estar al servicio de la lucha y no al revés.

Estamos por la confluencia y participaremos en todos los procesos de unidad que se abran a cualquier nivel territorial y lo haremos con los criterios que aquí hemos apuntado.

Andalucía, 16 de septiembre de 2014


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domingo, 28 de septiembre de 2014

La visión del búho de Minerva / Noam Chomsky






La visión del búho de Minerva 


No es agradable contemplar los pensamientos que deben de pasar por la mente del búho de Minerva cuando, al caer la noche, ella emprende la tarea de interpretar la era de la civilización humana, que ahora tal vez se acerque a su nada glorioso final.
La era comenzó hace casi 10 mil años en la Media Luna Fértil, que se extendía desde las tierras entre el Tigris y el Éufrates a través de Fenicia hacia la costa oriental del Mediterráneo, y de allí al valle del Nilo, a Grecia y más allá. Lo que ocurre en esa región ofrece dolorosas lecciones sobre las profundidades a las que la especie es capaz de descender.

La tierra entre el Tigris y el Éufrates ha sido escenario de indecibles horrores en años recientes. La agresión de George W. Bush-Tony Blair en 2003, que muchos iraquíes compararon con las invasiones mongolas del siglo XIII, fue un golpe letal más. Destruyó mucho de lo que sobrevivió a las sanciones de la ONU impulsadas por William Clinton contra Irak, condenadas por genocidas por los distinguidos diplomáticos Denis Halliday y Hans von Sponeck, quienes las administraban antes de renunciar en señal de protesta. Los devastadores informes de Halliday y Von Sponeck recibieron el tratamiento que se suele dar a los hechos indeseables.
Una consecuencia terrible de esa invasión se muestra en la guía visual a la crisis en Irak y Siria del New York Times: el cambio radical de los vecindarios en que convivían diversas religiones, en 2003, a los actuales enclaves sectarios, atrapados en un odio profundo. Los conflictos incendiados por la invasión se han extendido y ahora reducen toda la región a escombros.



Gran parte de la zona del Tigris y el Éufrates está en manos del Isil y su autoproclamado Estado Islámico, sombría caricatura de la forma extremista del Islam radical que tiene asiento en Arabia Saudita. Patrick Cockburn, corresponsal de The Independent en Medio Oriente y uno de los analistas mejor informados sobre el Isil, lo describe como una horrible organización, en muchos sentidos fascista, muy sectaria, que mata a todo el que no cree en su particular versión rigurosa del Islam.
Cockburn destaca también la contradicción en la reacción occidental al surgimiento del Isil: esfuerzos por cortar su avance en Irak, junto con otros para socavar al principal opositor del grupo en Siria, el régimen brutal de Bashar Assad. Entre tanto, una importante barrera a la propagación de la plaga del Isil en Líbano es Hezbolá, odiado enemigo de Estados Unidos y su aliado Israel. Y para complicar más la situación, Estados Unidos e Irán tienen ahora en común una justificada preocupación por el ascenso del Estado Islámico, como otros en esta región tan conflictiva.

Egipto se ha hundido en uno de sus tiempos más oscuros bajo una dictadura militar que continúa recibiendo apoyo de Washington. Su destino no fue escrito en las estrellas: durante siglos rutas alternativas han sido bastante viables, pero no con poca frecuencia una pesada mano imperial ha bloqueado el camino.
Luego de los renovados horrores de las semanas pasadas, debe ser innecesario comentar sobre lo que emana de Jerusalén, considerada un centro moral en la historia remota.




Hace 80 años, Martin Heidegger ensalzó a la Alemania nazi por aportar la mejor esperanza de rescatar la gloriosa civilización de los griegos de manos de los bárbaros de Oriente y Occidente. Hoy los banqueros alemanes aplastan a Grecia bajo un régimen económico diseñado para mantener la riqueza y el poder que poseen.
El probable fin de la era de la civilización se atisba en el borrador de un nuevo informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC), el observatorio, conservador en general, de lo que ocurre en el mundo físico.
El informe concluye que incrementar las emisiones de gases de efecto invernadero conlleva el riesgo de impactos graves, generalizados e irreversibles para las personas y los ecosistemas en las próximas décadas. El planeta se acerca a la temperatura en la que la pérdida de la vasta capa de hielo sobre Groenlandia será incontenible. Eso, junto con el derretimiento del hielo del Antártico, podría elevar los niveles del mar hasta inundar ciudades importantes y planicies costeras.



La era de la civilización coincide de cerca con la edad geológica del holoceno, que comenzó hace unos 11 mil años. El periodo anterior, pleistoceno, duró 2.5 millones de años. Ahora, científicos sugieren que una nueva era empezó hace 250 años, llamada antropoceno, en la cual la actividad humana ha tenido un impacto dramático en el mundo físico. El ritmo de cambio de las edades geológicas es difícil de pasar por alto.
Un índice del impacto humano es la extinción de especies, que ahora se estima del mismo ritmo que hace 65 millones de años, cuando un asteroide golpeó la Tierra, lo cual se presume que fue la causa del fin de la era de los dinosaurios, que abrió el camino a la proliferación de mamíferos pequeños y, a la larga, de los humanos modernos. Hoy los humanos somos el asteroide que condena a gran parte de la vida a la extinción.
El informe del PICC reafirma que la vasta mayoría de reservas conocidas de combustibles deben quedar en el suelo para evitar riesgos intolerables a las generaciones futuras. Entre tanto, los principales consorcios energéticos no ocultan su objetivo de explotar esas reservas y descubrir otras.
Un día antes de presentar un resumen de las conclusiones del panel, el New York Times reportó que grandes existencias de granos en el medio oeste de Estados Unidos se pudren porque los ferrocarriles están ocupados transportando los productos del boom petrolero de Dakota del Norte a los puertos de embarque hacia Asia y Europa.



Una de las consecuencias más temidas del calentamiento global antropogénico es el derretimiento de las regiones de hielo permanente. Un estudio en la revista Science advierte que incluso temperaturas ligeramente más elevadas (menos de las previstas para los próximos años) podrían comenzar a derretir la capa de hielo, con posibles consecuencias fatales para el clima global.
Arundhati Roy sugiere que la metáfora más apropiada para la insania de nuestros tiempos es el glaciar Siachen, donde soldados indios y paquistaníes se han matado en el campo de batalla de más altitud en el mundo. El glaciar se está derritiendo y revela miles de proyectiles de artillería usados y tambos de combustible vacíos, hachas para hielo, botas viejas, tiendas y muchos otros desperdicios que miles de combatientes humanos generan en conflictos sin sentido. Y mientras los glaciares se derriten, India y Pakistán enfrentan un desastre indescriptible.
Triste especie. Pobre búho.





* El libro más reciente de Noam Chomsky es Power Systems: Conversations on Global Democratic Uprisings and the New Challenges to U.S. Empire. Interviews with David Barsamian. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge.
© 2014 Noam Chomsky
Distributed by The New York Times Syndicate
Traducción: Jorge Anaya




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viernes, 26 de septiembre de 2014

Suecia y el renacimiento de la novela negra marxista / Louis Proyect





Suecia y el renacimiento de la novela negra marxista / Louis Proyect

Tengo buenas noticias para los seguidores de las novelas de Stieg Larsson de la serie El tatuaje del dragón y las adaptaciones cinematográficas, tanto americanas como suecas, que inspiró: otras historias de crímenes del mismo tipo, que aparecieron en la televisión sueca originalmente, se pueden ver ya en Netflix, Amazon y otras fuentes de fácil acceso.

Por razones que se explican por la coyuntura, hay buenas razones por las que marxistas como Larsson decidieron escribir lo que sin duda se puede calificar como pulp fiction. Lo más importante para Larsson era asegurar el futuro de su compañera de muchos años que, por desgracia, ha terminado enfrentada al padre y los hermanos de Larsson por el patrimonio del autor. (Larsson, quien murió inesperadamente de un ataque al corazón, no dejó testamento). Aunque en sus novelas se pueden encontrar, sin duda, agudas observaciones sobre el lado oscuro de la sociedad sueca, su principal objetivo era contar historias convincentes con personajes impactantes. Si ese es el tipo de cosas que se buscan en la cultura popular, la existencia de otras novelas suecas de este género deben ser bienvenidas.

Para la mayoría de nosotros, incluyéndome a mí, debo confesar, la sociedad sueca es algo borroso. La percepción más común es el de una plácida socialdemocracia sólo perturbada por el asesinato de Olof Palme en 1986. Cuando hace mucho tiempo vendía el periódico Militant en los dormitorios de la universidad presentándolo como un semanario socialista, los estudiantes me preguntaba, "¿Socialista, como en Suecia?". Yo solía mofarme de la idea de que Suecia tuviese nada en común con mis ideales bolcheviques, pero no deja de ser irónico que la sanidad, la educación y la vivienda públicas  que subsidiaba el gobierno sueco hoy nos parezcan algo tan radical como el asalto al Palacio de Invierno en 1917.

Mi estereotipada percepción de Suecia como una socialdemocracia aguada cambió, sin embargo, gracias a la olvidada obra maestra del cine de Bo Widerberg, Adalen 31, sobre la huelga general que condujo a la elección del primer gobierno socialdemócrata social del país. De hecho, fue una huelga sangrienta que sentó las bases para las reformas necesarias, de la misma manera que ataques sangrientos contra los políticos reformistas como Palme contribuyeron a crear un entorno favorable para el desmantelamiento del Estado de bienestar. Fue un desmantelamiento con la complicidad instigadora de los fascistas que Larsson y sus compañeros de la novela negra marxista intentaron analizar con procedimientos policiales o lo que los franceses llaman le policier.



Beck
En 1965, Per Wahlöö y Maj Sjöwall, marido y mujer y coautores, publicaron su primera novela,  Roseanna, en la que el protagonista era el inspector jefe de la policía de Estocolmo, Martin Beck. Ambos eran unos marxistas confesos y querían, en palabras de Wahlöö, a "abrir de arriba abajo el vientre de una sociedad ideológicamente empobrecida".
Al igual que la serie Wallander, que analizaré a continuación, la serie de televisión sueca titulada Beck debería probablemente describirse como "inspirada" en las novelas más que ser una adaptación fiel de la visión radical que los autores tenían de la sociedad sueca. Dicho esto, Beck conserva la sensibilidad negra del original y es capaz de poner de relieve el lado oscuro de la sociedad sueca, siendo al mismo tiempo una serie televisiva de gran calidad dramática.
En el primer episodio de la primera temporada, que se emitió en 1997, dos chaperos inmigrantes adolescentes aparecen muertos. La primera reacción de Beck y sus compañeros policías es preguntarse si se trata de otro "asesino del láser" que anda suelto, una referencia sin sentido para la mayoría de los tele-espectadores no suecos, pero clave para entender las preocupaciones de los escritores.
Desde agosto 1991 a enero 1992 John Ausonius disparó a 11 personas en Suecia, la mayoría de ellos inmigrantes, utilizando un rifle equipado con láser, de ahí su apodo. Los disparos se produjeron cuando el partido Nueva Democracia estaba en su apogeo en Suecia, un partido que tenía mucho en común con el Amanecer Dorado griego y otros partidos fascistas europeos.
Poco después de comenzar la investigación, Martin Beck vuelve a centrarse en la búsqueda de un pederasta homicida. Como Bjurman, el asistente social que se aprovecha de Lisbeth Salander en La chica con el tatuaje del dragón, el asesino es un respetable miembro de la sociedad sueca. Este es el elemento más común de todas las series de televisión a las que me refiero: la podredumbre moral de la gente que forma parte de la casta.
Siguiendo a Beck y su equipo en sus interrogatorios de sospechosos en la oscuridad de la noche, Estocolmo es descrita como un paisaje negro bajo las nubes oscuras y la lluvia. No es la ciudad habitada por robustos hombres y mujeres rubios que se preparan para un fin de semana de esquí, sino por yonquis y prostitutas que parecen salidos de la novela de William S. Burroughs El almuerzo desnudo.
Nadie podría confundir a Beck con el ideal ario. Con el pelo ralo, el rostro vulgar y el cuerpo flácido, el policía cincuentón es interpretado por Peter Haber, que se parece a Karl Malden. Se podría tomar por un contable o un gerente de nivel medio pero no por alguien encargado de dirigir una investigación sobre un homicidio, o al menos ese no es el estereotipo de la televisión americana para ese tipo de personajes. Tampoco es Beck particularmente asertivo en sus relaciones con la gente fuera de su departamento. Después de negarse a avalar un préstamo que su hija necesita para mudarse a un apartamento obtenido ilegalmente (probablemente violando los estrictos reglamentos de las viviendas públicas en Suecia), ella le echa a gritos de un restaurante lleno de gente como si se tratase de un mendigo.
En el primer episodio, nos encontramos con dos de los personajes con papeles importantes en Beck, su subordinado Gunvald Larsson que está constantemente saltándose o violando las reglas, como si se tratase de un Harry “El Sucio” cualquiera, y Lena Klingström, una ciber-policía que se pasa el día buscando en Internet pistas, como en Larsson, en vez de salir y reventar cabezas. En este primer episodio, tanto el saltarse las reglas como el Internet producen resultados.
La parte cómica tiene lugar en cada episodio cuando el divorciado Beck vuelve a casa cada noche a su solitario apartamento. Como un reloj, se encuentra con su vecino sesentón sin nombre con el pelo teñido y un collarín ortopédico cuyo motivo nunca se explica. Interpretado por el actor veterano Ingvar Hirdwall, él vecino siempre está reflexionando sobre la decadencia y caída de todo, como un perfecto coro griego para acompañar algunas historias clásicas de crímenes.
Las tres primeras temporadas de Beck, están disponibles en Amazon.



Wallander
Kurt Wallander es el jefe de policía de Ystad, un pueblo costero y tranquilo, más propio como escena de pequeños delitos, como estacionamientos indebidos, que de frecuentes asesinatos horribles. Al igual que Beck, las novelas de Mankell Hanning sirven más de inspiración que de guión. Escrita por un pequeño ejército de guionistas, la serie es un despliegue impresionante de tramas, diálogos y actuaciones que hacen palidecer de vergüenza a las series policiacas de Estados Unidos, aunque estructuralmente recuerden algo a Ley y Orden.
Cada episodio comienza con el descubrimiento de un cadáver en circunstancias macabras. Kurt Wallander tiene que dirigir la investigación que acaba inevitablemente en algún villano de la alta sociedad sueca.
Las dos primeras temporadas de Wallander" pueden verse en Netflix y la temporada final sólo está disponible en DVD en Amazon. Tuve la suerte de hacer la crítica previa de episodios de la tercera temporada gracias al distribuidor americano MHz Redes, uno de los principales distribuidores de series de TV policíacas y de misterio europea. Mi consejo es comprar la tercera temporada en MHz Redes en lugar de Jeff Bezos por razones obvias: los escritores marxistas suecos de novelas policíacas probablemente creerían que es demasiado malo como  para ser un personaje creíble de una de sus novelas.
Kurt Wallander es, obviamente, un primo segundo de Martin Beck. Divorciado y de unos sesenta años, su principal placer en la vida es escuchar música clásica, mientras bebe whisky en su casa junto al mar después del trabajo. También le gusta pasear a su amado perro Jussi, llamado así en honor del famoso tenor sueco Jussi Bjorling. A diferencia del típico jefe de policía americano, Wallander tiene problemas para poner las cosas en su sitio. Cuando se enfrenta a un criminal más joven y en buena forma física, casi siempre es derribado y pateado convenientemente.
Pero como investigador, es insuperable. "El hombre atormentado", mi episodio favorito de la tercera temporada, se basa en una novela de Mankell del mismo nombre y muy centrada en los enredos políticos de la Guerra Fría en la que creció este novelista, como yo y otros baby boomers.
En la escena inicial, el cadáver de un hombre rana aparece en las redes de un pescador décadas después de que desapareciera en una misión de seguimiento de un submarino soviético avistado en aguas suecas
Poco después de que Wallander sea encargado de la investigación, un almirante retirado de la Armada y suegro de Linda Wallander, su hija, que trabaja en el departamento de policía de Ystad, desaparece en circunstancias misteriosas. Conoceremos que está relacionado con la muerte del hombre rana y traiciones al más alto nivel que hacen tambalear suposiciones de la Guerra Fría y difícil explicar las peculiares relaciones de Suecia tanto con Occidente como con el bloque soviético. En pocas palabras, las mismas iniciativas políticas suecas que hicieron de Olaf Palme un hombre marcado explican la muerte del hombre rana y la presión constante sobre Suecia para que se adapte a la economía neoliberal y las ambiciones de la OTAN.
Hay que hacer un par de comentarios sobre la adaptación de la televisión británica de Wallander, con Kenneth Branagh en el papel principal y que se puede ver también en Netflix. Tienen la ventaja de estar en Inglés, un regalo a los reacios a la lectura de subtítulos. Por desgracia, el equipo creativo detrás del proyecto decidió hacer un Kurt Wallander mucho más neurótico y dubitativo que en la versión sueca. Si el Kurt Wallander sueco puede ser golpeado en el suelo por un criminal, el Wallander británico probablemente colapse en lágrimas en tales circunstancias. Dicho esto, la serie es estupenda también y tiene sus propios méritos.
Debemos estar agradecidos de que Henning Mankell, a sus 66 años, esté en plena producción. Hace apenas un mes, The Guardian resumió su última novela, Paraíso traicionero:
Henning "Wallander" Mankell parte de un acontecimiento histórico fascinante como base de esta historia en el África portuguesa. En el siglo XX, uno de los mayores prostíbulos de Lourenço Marques (hoy Maputo, capital de Mozambique) era propiedad de una mujer sueca blanca.
Aparece en las declaraciones fiscales, pero no sabemos nada más acerca de ella. Nombres Mankell la llama “Hanna” y la convierte en un personaje reflexivo (que "irradia un aura que sugiere que es un auténtico ser humano") y un pasado turbulento: creció en el norte remoto de Suecia, fue expulsado por su pobre familia y acabó en un barco a Australia, pero nunca llegó a su destino. Las mejores escenas de la novela retratan la brutal vida segregada de Lourenço Marques: una población negra que tiene que bajar la mirada ante los blancos que pueden golpearles por cualquier cosa, aunque temen y desconfían que esa docilidad aparente esconda su desafío. La inocencia y bondad de Hanna son socavadas por la sociedad en la que se encuentra; cuando se embarca en una cruzada personal, la ciudad cierra filas contra ella.
¿Quién dijo que la novela política estaba muerta?



Annika Bengtzon: periodista de sucesos
En sentido estricto, esta serie, disponible en Netflix, no es de inspiración marxista. Liza Marklund, la autora de las novelas en las que se basa, es de izquierdas, pero no marxista. La mayor parte de su activismo tiene que ver con los derechos humanos y se canaliza a través de su embajada de UNICEF.
Lo que le falta de ortodoxia marxista está compensado por su habilidad como narradora de historias, que de alguna manera es superior a la de los autores antes citados. Por otra parte, a todos los efectos prácticos, su tarea es idéntica a la de los escritores de formación marxista, que consiste en poner el foco en la corrupción y la codicia del uno por ciento de Suecia.
Al igual que Martin Beck y Kurt Wallander, la carrera y vida personal de Annika Bengtzon no están sincronizadas. A diferencia de los dos viejos divorciados suecos, está casada y es madre de dos niños pequeños. Pero no todo funciona en el hogar de Bengtzon. Su marido está cada vez más molesto por su dedicación al trabajo que requiere que pase muchas horas investigando un caso, de manera que le toca preparar a él las comidas y cuidar de los niños, un trabajo de mujeres en su opinión. Huelga decir que la serie tiene una fuerte perspectiva feminista.
La primera temporada de Annika Bengtzon está en Netflix y recomiendo encarecidamente el episodio cuatro, titulado "El lobo rojo". Basada en una novela Bengtzon, es la historia de unos viejos radicales de los años 60, parecidos a los Weathermen de EE UU, que se reúnen para preparar un último “golpe” contra el Imperio que recuerde al mundo que la lucha continúa.
Bengtzon se tropieza con su conspiración cuando investiga por qué un colega suyo que había estado siguiendo a unos maoístas muere en un misterioso accidente en una persecución.
Sin duda, "El lobo rojo" no es un homenaje a la guerra de guerrillas urbana de la década de los años 60, sino más bien una visión cáustica de por qué fracasó a la hora de provocar cambios significativos. De lo que trata en realidad, en última instancia, es de la psicología del "extremista", algo que ha supuesto un desafío para la imaginación de escritores desde la época de Dostoievski y Joseph Conrad.




Un balance de la novela negra
Por mucho que me gusta ver todas estas historias de crímenes, nunca podría superar la disonancia cognitiva implícita en comparación con nuestros jefes de policía norteamericanos, desde William Bratton con su filosofía de "romper la ventana", que permite que Eric Garner,  residente en Staten Island, muera sofocado, hasta el jefe de policía blanco de Ferguson, que tiene una bandera confederada colgada de la pared de su despacho.
Supongo que es por eso que las llaman obras de ficción.
El dirigente trotskista Ernest Mandel era un aficionado de toda la vida a la novela negra. De la misma manera que Stieg Larsson escribió las novelas de la serie El tatuaje del dragón en su tiempo libre, Mandel hizo lo propio con Delightful Murder: a Social History of the Crime Story probablemente durante un fin de semana de 1984.
En el capítulo titulado “Inward Diversificación”, Mandel sitúa la novela negra clásica en el contexto de los primeros tiempos del capitalismo, cuando todo era competencia:
La parafernalia del oficio – la lupa o los preparados químicos de Sherlock Holmes - son meras herramientas secundarias, subordinadas totalmente a la Razón. El criminal, también, es inteligente, y con frecuencia se burla de la policía, pero no puede engañar al super-cerebro del gran detective.
Aquí tenemos la expresión más pura, más elemental de la sociedad burguesa: la producción de mercancías y la circulación de mercancías en condiciones de competencia perfecta. Todo es racional, totalmente orientado a la maximización de beneficios (ganancias), a través de recortes continuos en los costes de producción y venta, incluyendo los márgenes de beneficio). Bien está lo que bien acaba. Al final, el comportamiento económico individual racional de todos producirá el máximo bienestar (incluyendo la satisfacción del consumidor) al mayor número de personas. Que gane el mejor (Sherlock Holmes, no el criminal), y esto será bueno para todo el mundo, incluido el propio criminal (si no para su cuerpo, si por lo menos para su alma inmortal).
Pero cuando aparece el imperialismo -la última etapa del capitalismo como lo definió Lenin con razón- la razón tiende a colapsar bajo el peso muerto de la irracionalidad, sobre todo en la época de Hitler y Mussolini. Ahora que estamos en un período en el que las nubes de tormenta de la rivalidad inter-imperialista se arremolinan, habrá una demanda cada vez mayor de una literatura capaz de ridiculizar la irracionalidad, como Jonathan Swift hizo en su momento, o denunciarla proféticamente, como hicieron los grandes escritores de la década de 1930 y 40, de Silone a Orwell. Para los jóvenes aspirantes a escritores deseosos de cumplir con sus obligaciones con un mundo que se desploma en el abismo, echar un vistazo a las series mencionadas en este artículo puede ser un buen comienzo.

Louis Proyect es un conocido marxista que escribe en el blog louisproyect.org y hace reseñas de películas para CounterPunch.

Traducción para www.sinpermiso.info: Gustavo Buster


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jueves, 25 de septiembre de 2014

Ébola, el Pentágono se instala en África / Manlio Dinucci





Ébola, el Pentágono se instala en África 



Dando prueba de un gran sentido de las relaciones públicas –o de gran hipocresía– el presidente Obama ha anunciado su plan de lucha contra la epidemia de ébola. La desgracia que enluta África no es para él más que un buen pretexto para desplegar tropas estadounidenses en ese continente.
Ante la «epidemia sin precedente de ébola que se extiende de manera exponencial en África Occidental», el presidente Obama anunció que «a pedido del gobierno liberiano» Estados Unidos establecerá «un puesto de mando militar en Liberia».
Se trata de un «cuartel general de mando para la fuerza conjunta», precisa el AfriCom ([el mando militar estadounidense en África] cuya «área de responsabilidad» cubre todo el continente, con excepción de Egipto). Bajo las órdenes del general Darryl Williams –quien ya se halla en Liberia–, ese cuartel general contará con al menos 3 000 militares estadounidenses, un puente aéreo y un centro de selección en Senegal y ejercerá el «mando y control» de la operación internacional contra el ébola, que incluye el envío de personal médico y hospitales de campaña.
Según Obama, esto es «un ejemplo de lo que sucede cuando Estados Unidos toma el mando para enfrentar los más importantes desafíos mundiales». En su reciente discurso, Obama detalló al mundo la lista de esos desafíos, afirmando que sólo Estados Unidos tiene «la capacidad y la voluntad de movilizar el mundo contra los terroristas del ISIS [Emirato Islámico (ex EIIL)]», de «unir el mundo contra la agresión rusa» y de «contener y erradicar el ébola».



Aunque es extremadamente remota la posibilidad de que el ébola llegue a extenderse hasta Estados Unidos, Obama subrayó en el discurso que pronunció en el Centro de Control y Prevención de Enfermedades –con sede en Atlanta, Georgia– que en África Occidental esa enfermedad ha provocado la muerte de «más de 2 400 hombres, mujeres y niños». Acontecimiento ciertamente trágico aunque bastante limitado si lo relacionamos con el hecho que la población del África Occidental se eleva a alrededor de 350 millones de personas, que toda la región subsahariana cuenta casi 950 millones de habitantes, que cada año el sida mata en la región más de un millón de adultos y niños, y que en el África subsahariana y en el sur de Asia simples diarreas acaban cada año con las vidas de 600 000 niños de menos de 5 años (más de 1 600 muertes al día).

Esas enfermedades, al igual que todas las demás llamadas «enfermedades de la pobreza», que cada año provocan en el África subsahariana varios millones de muertes prematuras y casos de invalidez, son consecuencia de la malnutrición, de la escasez de agua potable y de las malas condiciones higiénico-sanitarias en las que vive la población pobre. Esa población, según los datos del Banco Mundial) es el 70% de los habitantes de la región y el 49% vive en condiciones de pobreza extrema. Así que la campaña de Obama tiene todas las características de un pretexto.

El África Occidental, donde el Pentágono ahora instala su propio cuartel general invocando oficialmente la lucha contra el ébola, es muy rica en materias primas: petróleo en Nigeria y Benin; diamantes en Sierra Leona y Costa de Marfil; fosfatos en Togo y Senegal; caucho, oro y diamantes en Liberia; oro y diamantes en Guinea y Ghana; y bauxita en Guinea. Las tierras más fértiles se reservan para el cultivo de cacao, piña, maní y algodón. Pero la población local prácticamente no se beneficia con la explotación de esos recursos ya que las transnacionales y las élites locales se reparten los ingresos, además de enriquecerse con la exportación de maderas preciosas, sin importarles las graves consecuencias de la deforestación para el medio ambiente.

Pero los intereses de las grandes compañías estadounidenses y europeas están en peligro debido a las rebeliones populares (como la del delta del Níger, resultado de las consecuencias medioambientales y sociales de la explotación del petróleo) y a la competencia de China, cuyas inversiones resultan mucho más útiles y ventajosas para los países africanos.



Para tratar de mantener su influencia en África, Estados Unidos creó en 2007 el AfriCom. Utilizando como cobertura las supuestas operaciones humanitarias, esa estructura militar estadounidense recluta y forma en los países africanos oficiales y miembros de las fuerzas especiales locales a través de cientos de actividades militares. Una base fundamental para la realización de esas operaciones es la base de Sigonella –en Sicilia–, donde está desplegada la Task Force de los marines estadounidenses. Desde esa base parte la rotación de los escuadrones estadounidenses en África, fundamentalmente en África Occidental.
Desde allí comienza la campaña de Obama «contra el virus del ébola».

Manlio Dinucci / Il Manifesto (Italia)



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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Entrevista a Noam Chomsky / David Brooks






La era digital no cambia la misión de la prensa libre
Entrevista a Noam Chomsky

Por David Brooks

Nueva York, 18 de septiembre.

La era digital no cambia en lo esencial la misión del periodismo comprometido e independiente, sobre todo en momentos en que se requiere de una ciudadanía consciente y comprometida para responder a los sistemas del poder que llevan al mundo al borde de un desastre apocalíptico, comentó Noam Chomsky en entrevista con La Jornada.

A pesar del sombrío panorama que pinta la coyuntura actual, Chomsky señala que algunos “rayos de luz” esperanzadores para el mundo provienen de los cambios históricos en América Latina.

Chomsky, el intelectual vivo más citado en el planeta y uno de los 10 más citados en la historia, es un feroz crítico del modelo neoliberal, de las políticas imperiales de Estados Unidos y de las de Israel contra el pueblo palestino, así como del uso y abuso de la comunicación y los medios.

En el ámbito académico, Chomsky no sólo es considerado el padre de la lingüística moderna, sino que el profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts también se ha destacado por sus aportaciones a la filosofía y las ciencias sociales.

Profundamente convencido de que decir la verdad ante el poder es obligación moral, Chomsky desnuda al emperador todos los días y aún es, a sus 85 años de edad, uno de los pocos intelectuales confiables y respetados por las nuevas generaciones, a pesar de que está virtualmente vetado por los medios masivos tradicionales en este país y otros. Por tanto, es un hombre peligroso para el poder, y por eso sigue siendo una voz vital para el presente y el futuro.

Chomsky, colaborador de La Jornada durante varios años, ofreció sus reflexiones sobre aspectos de la coyuntura en una entrevista con motivo del aniversario de este periódico.

–¿Cómo percibe lo que algunos llaman “cambios revolucionarios” en el panorama de los medios al surgir el mundo digital, el cual, según argumentan algunos, prometió “democratizar” el periodismo y abrir una era de comunicación e información masiva? ¿Algo ha cambiado?

–Claro que hay cambios, pero creo que lo fundamental permanece igual. Internet indudablemente ofrece una oportunidad de acceso a una rica variedad de información y análisis, como la producción de este tipo de material, con mayor facilidad que antes. También ofrece oportunidades para la diversión, la distracción, la formación de cultos, el pensamiento descuidado, navegar sin propósito claro y mucho más. Una buena biblioteca puede ofrecer una oportunidad para que alguien se vuelva un biólogo creativo o un lector sensitivo de gran literatura, o para perder el tiempo. Depende de cómo uno escoge usar lo que está disponible. Los resultados [de la nueva era digital] son mixtos.

“Para organizadores y activistas, Internet ha sido una herramienta indispensable. Pero aquí se requiere también una nota de cautela. Uno de los observadores más astutos e informados del tumulto en el mundo árabe, Patrick Cockburn, escribe que durante los levantamientos de la primavera árabe, ‘miembros de la intelectualidad [frecuentemente] parecían vivir y pensar dentro de la cámara de ecos de Internet. Pocos expresaron ideas prácticas sobre cómo ir hacia delante’ o, podríamos agregar, prestaron suficiente atención a las realidades políticas, de clase o militares. Los resultados ahí están a la vista, y esas lecciones se pueden generalizar.





–¿Cuál debería ser el papel de los medios progresistas en este contexto?

–Todos permanecemos dependientes de los reportajes directos de periodistas valientes y honestos, los que hacen su labor con integridad. Ninguna tecnología va a cambiar eso. El papel de los medios progresistas es el mismo de siempre: intentar buscar la verdad en asuntos de importancia, romper el torrente de propaganda y engaño que está enraizado en los sistemas de poder y ofrecer los medios para que la gente pueda avanzar en las luchas por la libertad, la justicia y hasta la sobrevivencia frente a las amenazas ominosas.

–Usted persiste en abordar los efectos devastadores de las políticas del gobierno de Estados Unidos y del mundo empresarial, las cuales se manifiestan en guerras e injusticias sociales y económicas, y más recientemente advirtió que esto está llegando a un punto en el que estamos poniendo en riesgo la sobrevivencia misma de la civilización. Para aquellos que observan Estados Unidos y América Latina en este momento, ¿cuáles son los desafíos más básicos que se enfrentan hoy día? ¿Dónde percibe el potencial más grande para una respuesta ante esos desafíos?

–Las amenazas son muy reales. La amenaza de destrucción por guerra nuclear está siempre presente, y el historial es atemorizante. Lo mismo es cierto, tal vez aún con más prominencia, acerca de la amenaza de una catástrofe ambiental. Por primera vez en la historia humana estamos frente a las posibilidades de destruir las condiciones de una sobrevivencia decente, y los sistemas de poder nos están llevando a ese precipicio.

“Sin embargo, hay señales alentadoras, en gran medida desde América Latina, ya que lo que ha ocurrido en años recientes tiene un significado verdaderamente histórico. Por primera vez en 500 años, países de América Latina han dado pasos muy serios hacia la integración y la independencia del poder imperial extranjero (en el pasado siglo, principalmente Estados Unidos).

“Los cambios, que son espectaculares, se revelan de varias maneras. No hace mucho, América Latina era el ‘traspatio’ de Washington. Los países hacían lo que se les ordenaba, o, si se salían de esa línea, eran sometidos a golpes militares, terror asesino y destrucción. Pero ahora, en conferencias hemisféricas, Estados Unidos y Canadá están virtualmente aislados.

“Un estudio reciente de los programas de rendición extraordinaria de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), una de las formas más salvajes y cobardes de tortura, encontró que colaboró gran parte del mundo, incluida Europa, pero había una excepción: América Latina. Esto es doblemente notable: primero, por la subordinación histórica de la región a Washington, y segundo, porque durante ese periodo [de subordinación] la región era uno de los centros de tortura del mundo.

“Por otro lado, según el Tratado de Tlatelolco, América Latina es una de las pocas regiones del mundo con una zona libre de armas nucleares.

“En otro rubro, con comunidades indígenas frecuentemente como líderes, varios países latinoamericanos han dado pasos significativos hacia reconocer los derechos de la naturaleza y buscar economías sustentables que frenen la precipitación hacia un desastre ambiental.

“Todo esto es dramático y prometedor, aunque no sin fallas y problemas serios.

“Los retos que enfrentamos hoy son inmensos. El más grande potencial [para una respuesta] es una ciudadanía activa y comprometida. No hay mucho tiempo que perder.”





–¿Qué lo hace reír hoy día?

–En la cultura judía en que crecí, hay un concepto de “risa a través de lágrimas”. Lamentablemente, el mundo ofrece muchas oportunidades para esta práctica.

“Pero hay muchos rayos de luz, y amplias razones para esperar que un mundo mejor es posible, como el Foro Social Mundial y sus ramas nos recuerdan continuamente. Y no es accidental que sus raíces son latinoamericanas.”






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