viernes, 31 de octubre de 2014

“Yo sé leer”: vida y muerte en Guerrero / Juan Villoro




“Yo sé leer”: vida y muerte en Guerrero 


En este territorio bipolar, el carnaval coexiste con el apocalipsis. El emporio turístico de Acapulco y la riqueza de los caciques contrasta con la pobreza de la mayoría, y el narcotráfico no es la principal causa de su deterioro.

El pasado 17 de octubre el cadáver de Margarita Santizo fue velado en la calle Bucareli de la Ciudad de México, frente a la Secretaría de Gobernación. Así se cumplía la última voluntad de la difunta, que había buscado sin éxito a su hijo desaparecido. La escena sirve de alegoría para un país donde la política amenaza con transformarse en un rito funerario.

La espiral de violencia alcanzó un grado superior el 26 de septiembre con el asesinato de seis jóvenes y el secuestro posterior de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa. Ese día me encontraba en la Universidad Autónoma Guerrero para dar una conferencia sobre José Revueltas. Mi anfitrión era un alto funcionario de la Universidad que en su juventud perteneció a la guerrilla de Lucio Cabañas. Hablamos del escritor comunista tantas veces encarcelado por sus ideas. Esto permitió que el académico repasara su propia trayectoria: “Lucio Cabañas me salvó la vida”, comentó con una peculiar mezcla de admiración y tristeza: “Me obligó a bajar de la sierra antes de que mataran a su gente: ‘No tienes aspecto de campesino’, me dijo: ‘Si te encuentran acá, no podrás decir que andabas sembrando; tienes que continuar la lucha donde vales más: el salón de clases”.
La exigencia del guerrillero significó la pérdida de una ilusión. Al mismo tiempo, el solitario camino de regreso a la vida civil permitió que un luchador social siguiera con vida.

La gran paradoja del Estado de Guerrero es que ser maestro también es un oficio de alto riesgo. Cabañas nació en un pueblo que refutaba su nombre (El Porvenir) y se dedicó a la enseñanza primaria. Muy pronto descubrió que era imposible educar a niños que no podían comer. Al igual que otro maestro, Genaro Vázquez, creó un movimiento para mejorar la vida de sus alumnos y se topó con la cerrazón oficial. Con el tiempo, quienes enseñaban a leer radicalizaron sus métodos de lucha.




La cultura de la letra ha sido un desafío en una zona que dirime discrepancias a balazos. En los años sesenta del siglo XX, dos terceras partes de los pobladores de Guerrero eran analfabetas. La Normal de Ayotzinapa surgió para mitigar ese rezago, pero no pudo ser ajena a males mayores: la desigualdad social, el poder de los caciques, la corrupción del gobierno local, la represión como única respuesta al descontento, la impunidad policiaca y la creciente injerencia del narcotráfico. Esas lacras no son ajenas a otras partes del país. La peculiaridad de Guerrero es que el oprobio ha sido continuamente impugnado por movimientos populares.

En México armado, libro fundamental para entender este conflicto, Laura Castellanos narra el tránsito de los maestros a la guerrilla. Genaro Vázquez fundó una Asociación Cívica que recibió el repudio de las autoridades y el mote despectivo de “Civicolocos”. Por su parte, Lucio Cabañas creó el Partido de los Pobres, pero no logró incidir en la política local. El Gobierno ofreció a los cabecillas dinero y puestos políticos (en Guerrero, suelen ser sinónimos). Los líderes rechazaron esa salida "negociada" y optaron por un camino sin retorno en la montaña.

La salvaje represión de la guerrilla se conoció con el redundante eufemismo de “guerra sucia”. Después de la muerte de Cabañas, hubo 173 desapareciedos. Castellanos cuenta la historia de la base aérea en Pie de la Cuesta, Acapulco, donde los aviones despegaban para arrojar disidentes al océano, inclemente recurso que también usarían las dictaduras de Chile y Argentina. En los años setenta, durante la presidencia de Luis Echeverría, México fue el país esquizoide que daba asilo a perseguidos políticos de Sudamérica y sepultaba a sus inconformes en altamar.

Hablábamos en Acapulco de José Revueltas y Lucio Cabañas cuando supimos que seis jóvenes habían sido asesinados en el municipio de Iguala. Esta noticia del infierno venía agravada por una certeza: el horror no era nuevo; llegaba de muy lejos. En Guerrero, la violencia ha sido sistemáticamente alimentada por las masacres cometidas por el ejército y grupos paramilitares. Luis Hernández Navarro, autor de un libro crucial sobre el tema(Hermanos en armas), señala que todos los movimientos insurgentes de la región han surgido después de matanzas (la de Iguala, en 1962, produjo el levantamiento de Genaro Vázquez; la de Atoyac en 1967, el de Lucio Cabañas; la de Aguas Blancas en 1995, el del Ejército Popular Revolucionario).

¿Cuál será el saldo de 2014? El narcotráfico ha ganado fuerza en la región con la presencia rotativa de los cárteles de La Familia, Nueva Generación, los Beltrán Leyva y Guerreros Unidos. Pero no es la principal causa del deterioro. En ese territorio bipolar, el carnaval coexiste con el apocalipsis. El emporio turístico de Acapulco y la riqueza de los caciques contrasta con la pobreza extrema de la mayoría de la población. La indignante desigualdad social justifica el descontento y explica que muchos no encuentren mejor destino que sembrar marihuana o matar a sueldo.



En 2011, el Partido de la Revolución Democrática llevó a la gubernatura a Ángel Aguirre, que había pertenecido al PRI y fungido como gobernador interino en 1999, sustituyendo a su jefe, Rubén Figueroa, responsable de la matanza de Aguas Blancas. Su elección fue un giro oportunista para sumar intereses políticos con el engañoso mensaje de una alternancia en el poder. Como los barcos que utilizan la insignia de Panamá, el PRD se ha convertido en una entidad que alquila su bandera. En la búsqueda del poder por el poder mismo, apoyó a un personaje que jamás combatiría la corrupción ni la injusticia. Al amparo de esa gestión, surgieron figuras dignas de Los Soprano, como el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, también del PRD y hoy fugitivo. De manera inverosímil, la cúpula partidista respaldó a Aguirre después de la desaparción de los estudiantes. Sólo la presión social llevó a su renuncia, que en modo alguno mitiga el eclipse del “Partido del Sol”.

En la búsqueda de los normalistas desaparecidos se han encontrado fosas con otros muertos. De 2005 a la fecha han aparecido 38 criptas de ese tipo. Excavar la tierra en Guerrero es un inevitable acto forense.
Durante medio siglo, los abusos de las autoridades han sido repudiados por una población pobre pero politizada. La Escuela Normal representa un centro neurálgico de la discrepancia. Conviene recordar que en los años sesenta uno de sus activistas se llamaba Lucio Cabañas.

El 26 de septiembre hubo cuatro balaceras distintas y un solo blanco: los jóvenes. Con el apoyo del crimen organizado, el alcalde Abarca sembró el terror para amedrentar a los normalistas que se movilizaban para recordar a las víctimas de la matanza de Tlatelolco. Una vez desatado el mecanismo represivo, también fue acribillado un equipo de fútbol. ¿Su delito? Ser jóvenes; es decir, posibles rebeldes.
“Hay una tensión entre leer y la acción política”, escribe Ricardo Piglia. Interpretar el mundo puede llevar al deseo de transformarlo. En ocasiones, la letra, y la ortografía misma, son un gesto político que desafía un orden bárbaro: “Podríamos hablar de una lectura en situación de peligro. Son siempre situaciones de lectura extrema, fuera de lugar, en circunstancias de extravío, o donde acosa la amenaza de una destrucción. La lectura se opone a una vida hostil”, argumenta Piglia en El último lector.




El Che Guevara pasó su última noche en una escuela rural. Ya herido, contempló una frase en la pizarra y dijo a la maestra: “Le falta el acento”. La frase era “Yo sé leer”. Ya derrrotado, el guerrillero volvía a otra forma de corregir la realidad.
Hace años, maestros acorralados por el Gobierno decidieron tomar las armas en Guerrero. Lucio Cabañas decidió salvar a uno de los suyos para que volviera a la enseñanza, instrumento de lucha en un país sin ley.

43 futuros maestros han desaparecido. La dimensión del drama se cifra en una frase que se opone a la impunidad, el oprobio y la injusticia: “Yo sé leer”. El México de las armas teme a quienes enseñan a leer.

A ese país le falta el acento. Llegará el momento de ponérselo.

Juan Villoro es escritor.


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jueves, 30 de octubre de 2014

Entrevista a Arnaldo Otegi




Arnaldo Otegi: “El eje estratégico debe ser el proceso independentista y ahí hay que inscribir las consecuencias del conflicto”.


Hoy mismo, 26 de octubre, el periódico vasco Berria publica esta larga e interesante entrevista con el preso vasco Arnaldo Otegi, en la cárcel desde hace cinco años. En esta entrevista se abordan muchos temas de indudable actualidad política: la crisis del régimen del 78, la situación del independentismo vasco, el proceso catalán, el socialismo del siglo XXI… Daniel Escribano ha traducido para hacer posible la publicación en la edición de hoy de Sin Permiso esta entrevista. [SP]

Arnaldo Otegi (Elgoibar, Guipúzcoa, 1958) ha contestado desde la celda el largo cuestionario de Berria. Está en la cárcel desde hace cinco años, condenado en el caso Bateragune. Es uno de los principales agentes de que ETA haya dejado atrás el ciclo histórico armado. Sigue la situación política de cerca (pero desde dentro). Considera que el País Vasco debe “priorizar” la independencia, inscribiendo en ella la agenda de las consecuencias del conflicto. La entrevista la realizó Iñaki Petxarroman.
El proceso de resolución del conflicto

ETA ha anunciado que ha destruido su estructura armada y logística. ¿Qué importancia tiene esa decisión?
La decisión, en sí, me parece la consecuencia lógica y coherente del paso dado en su momento en punto a la finalización definitiva de la lucha armada. Es decir, que una vez tomada la decisión, la destrucción de toda la estructura de ETA y el desarme son los únicos escenarios posibles. En el ámbito político, en cambio, la importancia de la decisión es grande, porque, al cabo, se inscribe en la lógica de la unilateralidad y, por tanto, el paso se da con la mirada puesta en las necesidades del proceso, y en modo alguno en los estados.

El Gobierno de España ha respondido como siempre, diciendo que lo único que debe hacer ETA es disolverse.
Tenemos que analizar con gran rigor cuáles son los intereses del Estado en este momento histórico. Una cosa es lo que dice y otra, seguramente, lo que le interesa. A menudo, lo que se dice en la política pública ordinaria no es más que la máscara de lo que de verdad se quiere. Por ejemplo, ¿acaso no decían cada día que la izquierda abertzale debía apostar por las vías democráticas? Y, cuando lo hicimos, nos detuvieron y encarcelaron… Y lo mismo puede decirse de las peticiones de desarme que se hacen a ETA, ya que, cuando los observadores internacionales dieron el primer paso, los llevaron a la Audiencia Nacional.

¿ETA debe seguir desarmándose?
A fin de dar los pasos decisivos en el proceso de liberación que este país tiene entre manos, hay que responder con rigor las siguientes preguntas: ¿interesa al Estado la disolución y desarme de ETA? ¿Y a nuestro país? Y, aunque ésas son preguntas que hay plantear en el ámbito de las consecuencias, en el del conflicto político también ha llegado la hora de contestar ese tipo de preguntas: ¿es posible conseguir con este Estado un acuerdo democrático que contenga el reconocimiento nacional y el derecho a decidir del País Vasco? Sólo avanzaremos si contestamos estas preguntas con rigor y corrección.

Urkullu se negó a reunirse con los mediadores McGuinness y Powell en la última visita de éstos a Bilbao. ¿Qué le parece?
Yo, con todo el respeto, de entrada diría que cada cual es dueño de sus decisiones. No querría entrar en polémicas con Urkullu. Pero, dicho esto, me parece que, con esa decisión, deja en mal lugar esa fama de hospitalarios que tenemos los vascos en todo el mundo y, por tanto, está muy lejos de la voluntad de la sociedad vasca. Más allá de todo eso, me resulta muy doloroso ver la distancia con que el lehendakari se comporta con esos observadores internacionales (para regocijo del PP) y, en cambio, la voluntad que muestra para conversar y llegar a todo tipo de acuerdos con los contrarios a la paz en este país.

Aunque ETA y la izquierda abertzale han dado pasos, existe la impresión de que el proceso de paz está estancado. ¿Cree que tiene futuro?
Este proceso no lo definiría como proceso de paz, puesto que éstos deben cumplir una condición: el compromiso y voluntad de acuerdo de todas las partes. Aquí, sólo el independentismo ha mostrado ese compromiso, de palabra y acción. Por tanto, éste es un proceso de liberación para cuyo desarrollo la izquierda abertzale ha renunciado a entender el uso de la violencia armada y en que ETA ha declarado el fin de la lucha armada. El Estado, en cambio, no ha realizado ni realizará dicha apuesta, porque la violencia le resulta necesaria para negar la palabra y la decisión a este pueblo.

¿Por qué piensa que los estados han tomado la decisión de cerrar todas las puertas de salida?
Nuestro cambio de estrategia y la crisis civilizatoria que se da a escala mundial han agrietado los fundamentos del Estado español —empezando por la crisis de la monarquía y acabando por los ámbitos económico o territorial—. Esa situación ha dejado al Estado sin margen de maniobra. En la época de la transición, tenía la oferta de la autonomía, y ése fue el cebo para hacer frente al independentismo. Esa fase se ha acabado, la hemos agotado.

¿Cuál es la situación actual, pues?
Hay que añadir a todo eso otro factor de importancia estratégica: tanto en Europa (Escocia, Flandes…) cuanto en el Estado español (Cataluña o el País Vasco) es cada vez más evidente la capacidad del independentismo de aglutinar amplias mayorías sociales. Por eso, se han encendido todas las alarmas en el Estado, y su único objetivo es ganar tiempo, practicando para ello el inmovilismo —y tengo la sospecha de que no es el único que está haciendo eso—. En el caso del País Vasco, está utilizando la cuestión de las consecuencias del conflicto para ganar tiempo, con un único objetivo: que no se ponga en marcha otro proceso como el de Cataluña.

En un acto público, la izquierda abertzale reconoció haberse comportado con “frialdad” con las víctimas de ETA. No obstante, muchos le exigen más, denunciando que eso es una decisión táctica, y no ética. ¿Qué les diría?
Viendo ese tipo de críticas o muchas de las reflexiones realizadas desde una perspectiva de gran cerrazón, a menudo siento un punto de decepción. Por ejemplo, me parece terrible oír que las cosas tienen que moverse antes de diciembre, porque, si no, en época de elecciones, serán más difíciles —estoy seguro de que Paul Ríos siente lo mismo (¡desde aquí todo mi apoyo y ánimo!)—. Cuando oigo cosas así, a menudo pienso: ¿éste es el nivel que tenemos en este país la clase política, los medios de comunicación, etc.? ¿Tan rápidamente hemos olvidado la situación que teníamos apenas hace siete años? ¿Y las heridas y el sufrimiento que todavía están por cerrar?

Pero ¿la izquierda abertzale debe ir más allá?
Mire, el trabajo para que cambiara la estrategia de la izquierda abertzale fue demasiado terrible y duro, implicó demasiada tensión, como para andar ahora con ligerezas en torno a algunas cosas. Nosotros hablamos de ética revolucionaria, porque no hay una única ética, del mismo modo que no existe un único relato. Por tanto, quien dice que tomamos la decisión sin considerar factores éticos no dice la verdad. Pero es claro que nuestros principios éticos no son los de la ética burguesa (y quien quiera saber qué es la ética burguesa que mire lo que ha hecho el PP con la ley del aborto, es decir, cambiar por algunos miserables votos lo que era un principio sagrado).

¿Cuáles son sus principios éticos?
Una vez leí a Fidel Castro que todo revolucionario que lucha por otra sociedad, si puede, debe optar por la vía que genere menos sufrimiento. La izquierda abertzale tiene que pensar sobre eso. Pero, dicho esto, y para poner las cosas en su sitio, añadiría que no somos los únicos. Los estados tiene una responsabilidad histórica tremenda. Nosotros, además de reconocer ante nuestro pueblo nuestras responsabilidades, las hemos pagado caras, y las seguiremos pagando. Sin embargo, eso no me preocupa; antes bien, me alegra, porque demostramos que también en eso somos distintos.

Los presos y el caso Bateragune

Los presos solicitaron ser trasladados al País Vasco, pero no han recibido respuesta afirmativa. ¿Por qué?
La razón es simple: el independentismo vasco, mientras se ocupe de las consecuencias del conflicto, no pondrá en marcha el proceso independentista y, por tanto, no se abrirá en el Estado un segundo frente, junto al de Cataluña.
El gobierno francés ha acercado a unos pocos presos. ¿Podría haber algún tipo de desacuerdo en este tema entre París y Madrid?
No podemos olvidar el camino que ambos estados han hecho juntos contra nuestro país durante estas largas décadas. No obstante, estoy seguro de que la dinámica social y política que se ha desarrollado con gran fuerza en el País Vasco del Norte agrietará la cohesión interna del gobierno francés. Hay que ahondar en esa vía.

Los presos han reconocido el daño causado. En lugar de valorarlo, los partidos y el Gobierno vasco les han exigido que reconozcan que ese daño ha sido “injusto”. ¿Qué le parece?
A mí, al menos, las víctimas directas jamás me han planteado nada semejante. Por tanto, las nuevas exigencias, que cambian continuamente, carecen de todo objetivo ético, sino que éste es político. Aquí, lo que quiere el PNV es muy concreto: que la izquierda abertzale reconozca que, en 1977, hizo una diagnóstico de la transición política de todo punto erróneo y que, además, lo haga públicamente.

Y ¿cuál fue el diagnóstico?
Pues que sería imposible para este país obtener sus derechos en el marco jurídico-político derivado de la reforma del franquismo. Otros partidos, el PNV incluido, defendieron lo contrario, apoyando la reforma del franquismo. Han pasado 35 años y, para saber quién acertó —de pleno, además— en su diagnóstico basta con mirar a Cataluña, o escuchar las últimas declaraciones del señor Erkoreka [portavoz del Gobierno vasco], en que comparaba la situación actual con el franquismo. Otra cuestión es el debate sobre las estrategias concretas puestas en marcha a partir de ese diagnóstico. Sí admito que eso es de todo punto discutible, también desde la perspectiva de los principios éticos revolucionarios. Y tengo claro que ahí tenemos algo sobre lo que reflexionar.

España ha excarcelado a unos 60 presos por decisión del Tribunal de Estrasburgo. ¿Pueden esperarse más excarcelaciones masivas similares?
Tuvimos una alegría tremenda, también en el terreno político, porque se demostró que, incluso luchando en el ámbito de su legalidad, a veces se obtienen grandes victorias. Estoy seguro de que el cambio de estrategia tuvo gran influencia en esa sentencia.

¿Percibe fuerza suficiente en la sociedad para lograr que la situación de los presos se mueva?
Querría contestar desde la perspectiva de nuestro compromiso ético: nosotros somos militantes políticos, voluntarios, somos ciudadanos vascos que luchamos gratuitamente por nuestro país, con todas nuestras virtudes y todos nuestros errores. Por tanto, no somos quien para juzgar a nuestro pueblo; antes bien, nuestro pueblo es nuestro juez. Los presos políticos vascos recibimos mucho apoyo y amor de nuestro pueblo, pero, al mismo tiempo, los presos y los militantes de la izquierda abertzale nos debemos a él y, desde ese punto de vista, le admitiré que, acaso, no hayamos sabido cumplir con la rapidez e inteligencia necesarias los cambios que nuestro pueblo nos planteó hace mucho tiempo. Eso también tendría que servirnos para la autocrítica, porque eso también se lo debemos a nuestro pueblo.

Más de una vez les han negado la oportunidad de salir de la cárcel, a usted y los demás condenados en el caso Bateragune. Tendrán que cumplir toda la condena. ¿Por qué?
Desde el principio, tuvimos bastante claro que cumpliríamos toda la condena. Recuerdo cuando me llevaron al registro de la casa de San Sebastián y, al pasar por el peaje de Zarautz, pensé que pasarían bastantes años hasta volver a pasar por ahí. Nos parece que la razón por la que tenemos que cumplir la condena íntegra es que el mensaje que transmitía el gobierno español a las cancillerías de todo el mundo seis o siete años atrás era que estaban destruyendo a ETA y conduciendo a la izquierda abertzale a la marginación política. Con nuestro cambio de estrategia, pusimos patas arriba ese contexto y llevamos la confrontación al terreno político, desbaratando los objetivos del Estado. Eso no nos lo perdonan y por eso estamos presos. Así las cosas, aprovecharía para reafirmar otra vez que, en ese camino hacia la paz, el trabajo de Sonia [Jacinto], Arkaitz [Rodriguez] y de Miren [Zabaleta], etc. [todos ellos condenados en el caso Bateragune], así como el de Jesus Egiguren [ex presidente del PSE-EE] y Paco Egea, fue mucho más importante que el mío.

En su caso, le han despojado de la oportunidad de trabajar en política. ¿Reparará el Tribunal de Estrasburgo al menos eso?
No dudo de que, en el ámbito jurídico, Estrasburgo nos dará la razón. En el terreno político, en cambio, cuando salga, no será el gobierno español ni los tribunales quienes decidan dónde estaré, sino nuestros militantes.

Cada día recibe mensajes de solidaridad de todo el mundo. ¿Piensa que ha llegado al mundo algún indicio de la injusticia cometida con los condenados en el caso Bateragune?
En nuestro caso —como en el de muchos otros—, nuestro compromiso nos ha supuesto tener algunas relaciones estrechas en el ámbito internacional. Ahora estamos aprovechando eso y lo ocurrido en el caso Bateragune para evidenciar la verdadera naturaleza antidemocrática del Estado y el problema general de los presos. Ese trabajo ha dado resultados y creo que todavía dará más.

La izquierda abertzale Tras la reflexión y el debate internos, ¿cómo ve, actualmente, a la izquierda abertzale?
El análisis realizado durante estas últimas y largas décadas me ha llevado a la conclusión de que la izquierda abertzale dispone de una capacidad enorme para crear nuevos escenarios y sembrar una gran ilusión entre nuestro pueblo. Pero, luego, tiene unos problemas terribles para adecuarse al nuevo escenario y actuar en coherencia con él. Siempre nos surgen grandes inercias de responder a las nuevas situaciones con los esquemas del pasado o de siempre.

¿Podría concretar eso?
Por ejemplo, tenemos una propensión tremenda a utilizar esquemas políticos, modelos organizativos o formas de dirección del pasado, cuando son imposibles, al menos si queremos obtener el beneficio político correspondiente a la nueva estrategia y a los nuevos escenarios. Si, en su momento, el cambio de estrategia implicó una primera revolución, ahora hay que afrontar la segunda, que implicará el cambio de nuestra cultura política; sólo así lograremos crear un proyecto independentista renovado y formar en el País Vasco una mayoría social sólida favorable a él. Sé que Sortu está pensando en ella, y estoy seguro de que acertará.

La izquierda abertzale ha decidido avanzar unilateralmente. ¿Chocará ello en algún momento con la cerrazón de Francia y España?
El motor del proceso es el choque democrático. ¿O alguien cree que podemos obtener nuestros objetivos sin choques ni luchas? Y, dicho eso, iría más allá: nuestra estrategia histórica tenía como objetivo la negociación y el acuerdo con el Estado de un marco democrático que incluyera nuestros derechos nacionales y democráticos. Pues acaso nos haya llegado el momento de
empezar a pensar que tendremos que llevar a cabo el proceso de liberación, íntegramente y hasta el final, sin acuerdo alguno con el Estado.

¿No existe espacio alguno para el acuerdo?
Nos lo muestra Cataluña. Y, analizando la posición actual e histórica del Estado —a menos que ocurra una revolución a escala estatal—, todo aquel que plantee una tercera vía no hace más que vender humo. Eso les pasa a Unió [Democràtica de Catalunya] y a los que hablan de soberanía compartida. ¿O acaso alguien cree que los gobiernos del PP o el PSOE tienen voluntad de compartir con alguien la soberanía que sólo es del pueblo español? Seamos realistas: aquí, la única alternativa es la independencia.

La izquierda abertzale se encuentra sumergida en el trabajo institucional, en todas las instituciones. ¿Ves algún riesgo de que ello desgaste su capital militante y ansia por cambiar la sociedad?
Una vez leí a Lenin que “hacer política es como andar al borde del precipicio”. Por tanto, para los que queremos cambiar el mundo, nuestra actividad política está llena de riesgos, contra los cuales creo que existen dos poderosos antídotos. Por una parte, tener muy claro que, siendo el trabajo institucional muy importante y necesario, no obtendremos nuestros objetivos nacionales y sociales solamente con el trabajo que hagamos en ese ámbito. Y, por la otra, que, para conjurar el riesgo de ser asimilados por la política cotidiana, nos resulta de todo punto necesario crear y construir contrapoderes ciudadanos (en el sindicalismo, la ecología, el feminismo, la cultura…).

¿Autónomos?
Esos contrapoderes necesitan autonomía total y espacio ilimitado para la crítica, porque sólo así serán efectivos. Con esos dos antídotos nos aseguraremos de que el trabajo que realicemos en las instituciones y en las luchas populares van de consuno, es decir, en la dirección de construir una sociedad libre, culta y socialmente avanzada.

¿Qué opinión tiene del trabajo que está realizando EH Bildu —incluyendo a Sortu— en las instituciones?
Quiero transmitir mi apoyo, respeto y admiración a todos cuantos trabajan en esa tarea. Eso no significa —y lo saben— que no sea crítico con varias decisiones o con diversos estilos y modos de gestión. Pero yo estoy en la cárcel y ellos, trabajando, y también tengo eso en cuenta. No obstante, mi opinión no es la más importante; la más importante es la opinión del pueblo, ya que a él corresponde juzgar nuestro trabajo. Para saber si los que queremos cambiar la sociedad estamos hacien bien o mal nuestro trabajo institucional, tenemos que responder a una simple pregunta: ¿qué cambio han percibido los ciudadanos en las instituciones que gestionamos, por ejemplo, en la política de vivienda? ¿En política social? ¿En cultura? ¿En los procesos de participación ciudadana? Ahí nos jugamos el crédito quienes queremos ser una alternativa transformadora. Ahí está la clave.

¿En qué ha acertado, en estos tres años, la izquierda abertzale? ¿En qué ha fallado?
Aunque todavía tenemos un largo camino que recorrer, diría que hemos acertado de pleno en el cambio de estrategia y en la conclusión de alianzas populares amplias (EH Bildu). Los fallos son los ya mencionados, es decir, seguir respondiendo a la nueva estrategia con formas y esquemas políticos del pasado, porque eso limita mucho el potencial.

¿Cuáles son, a su juicio, los principales retos de la izquierda abertzale en la época política que viene?
Matizo nuevamente que yo no estoy en la calle y, por tanto, tampoco en la dirección. Por eso, las mías son sólo aportaciones y como tales deben entenderse. Así, en primer lugar, diría que aún no nos hemos percatado de la dimensión de la fase histórica en que vivimos. Por un lado, de que la crisis capitalista no es una crisis cíclica ordinaria y de que implica un choque económico y político que tiene como escenario al mundo entero, entre otras razones porque implica el hundimiento de la que hasta ahora ha sido la potencia hegemónica —los EEUU— y el prolongado nacimiento de nuevas potencias que se están reanimando —China, sobre todo—. Si nos percatáramos de ello, entenderíamos mejor lo que está ocurriendo en Ucrania o Siria, o la decisión de Japón de rearmarse.

¿Y en el País Vasco?
El otro eje es la crisis estructural del Estado español, en que están en solfa todas los fundamentos construidos en la transición. En ese contexto, tengo claro que el proyecto de liberación surgido desde el pueblo ha agotado una fase. Por tanto, debemos devolver ese proyecto al pueblo y, con él, soñar, debatir y construir un proyecto independentista y socialista que responda al contexto de los albores de este siglo XXI. Para ello, el debate, como es estratégico, debe salir de las estructuras cerradas y realizarse en los pueblos y con el pueblo, porque ahora, más que cohesión, se necesita ilusión y pasión para la lucha.

¿Puede concretar más su propuesta?
A la hora de emprender nuestro camino, tomo la lección del proceso de creación de Herri Batasuna —cuando se organizó pueblo a pueblo, cuando defendía la filosofía de que el mejor alcalde es el pueblo, cuando optó por la unidad popular…—. Hace poco he leído a Hasier Arraiz que, en este momento, lo verdaderamente importante es organizar bien un Frente Amplio más allá de Sortu. Estoy de acuerdo. Y ese Frente Amplio no puede perder su pluralidad, sus distintas culturas internas y, sobre todo, el modelo de funcionamiento democrático, en que las decisiones las toman todos los militantes. Sólo así lograremos construir el Frente Amplio de modo estable y efectivo. Si alguien me preguntara cuál era el objetivo que perseguíamos con el cambio de estrategia, le contestaría que, en el ámbito nacional, realizar un proceso como el que se da en Cataluña y, en el terreno político-ideológico o en el modelo organizativo, el que Herri Batasuna puso en marcha en 1978.

El PNV ha solido imputar como responsabilidad de la izquierda abertzale el que se saliera del ciclo político-militar sin compensación alguna, por haber dejado pasar trenes. Dicha crítica ¿es digna de ser tomada en consideración?
No tengo ningún problema en reconocer que, en los procesos en que he sido protagonista (Lizarra, Loyola), hemos cometido errores. Y, dicho eso, no pongo la responsabilidad de esos errores en tejados ajenos, sino en el mío. Que quede claro. No obstante, mi preocupación es qué quiere obtener el PNV diciendo cosas así. ¿Crear tensiones entre nosotros? ¿O que nosotros, siguiendo las dinámicas del pasado, critiquemos duramente la posición del PNV en esos procesos? Lo digo de nuevo: es momento de mirar hacia delante, no hacia atrás. En ese sentido, la carta publicada por Ibarretxe e Iñigo Iruin [en que pedían la libertad de los condenados en el caso Bateragune (n. del tr.)], además de plausible, me parece ejemplar. Ése es el camino.

¿Qué le parecen las sentencias de la Audiencia Nacional sobre las herriko taberna y los 40 jóvenes de Segi?
La absolución de los jóvenes nos alegró mucho; la sentencia sobre las herriko taberna, en cambio, nos preocupó. Y miramos con la misma preocupación a los juicios venideros. No obstante, no necesitamos realizar grandes análisis políticos en torno a las sentencias. Al cabo, no debemos olvidar que la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional son instrumentos políticos que actúan bajo el control del gobierno y que éste los empleará para detener el proceso.

El proceso soberanista y el País Vasco
En varios países europeos, los procesos soberanistas están rebosantes de fuerza: Cataluña, Escocia… ¿Qué opinión tiene de la situación que vivimos?
Hace algo más de cinco años, cuando escribimos la ponencia Argitzen, decíamos que “actualmente, pueden crearse nuevos estados, también en la Unión Europea, siempre que se construyen mayorías sociales amplias para ello”. Recientemente, Escocia lo ha demostrado —y, aunque haya ganado el no, estoy seguro de que más pronto que tarde veremos la independencia escocesa—. También en el Estado español, con sus grandes peculiaridades, está en marcha el proceso independentista catalán. En el País Vasco, veo que las tareas básicas para un proceso así están bastante atrasadas, entre otras razones porque aun no se ha puesta en marcha el debate popular para esbozar y construir el proyecto independentista y de izquierda para el siglo XXI.

Sigue de cerca la situación catalana. ¿Lograrán los independentistas catalanes su objetivo: crear un estado soberano?
En comparación con nosotros, Cataluña ya ha realizado el mencionado debate. También tiene una hoja de ruta precisa, incluso el Libro blanco de la independencia. Por si fuera poco, se han puesto en marcha miles de voluntarios para ir casa por casa a convencer a la gente de la necesidad de la independencia. Eso proceso tendrá dificultades, obstáculos terribles, pero, a mi juicio, es irreversible. Y lo es porque el proceso, en su origen y desarrollo, ha surgido del pueblo. Eso nos debería dar la oportunidad de aprender.

¿Cómo puede influir eso en el País Vasco?
Ya está influyendo, entre otras razones, porque quienes vienen a usted o a mí nos plantean la misma pregunta: ¿por qué no está en marcha en el País Vasco el mismo proceso independentista que en Cataluña? Estoy seguro de que cada vez sectores más amplios se hacen esa pregunta.

¿En el País Vasco, se están aprovechando como es debido las oportunidades políticas que pueden surgir en ese contexto?
Repito que no estoy en la calle ni en la dirección… Y, por tanto, responderé con toda sinceridad lo que veo desde mi celda: a mi juicio, no.

Gure Esku Dago está uniendo a abertzale de distintas tendencias y a muchos agentes partidarios del derecho a decidir. Después de la demostración de fuerza del 8 de junio, ¿es optimista respecto a la que pueda aportar?
El primer paso ha sido espectacular. Ahora se han anunciado otros y, en mi opinión, está llegando el momento de acompañar las movilizaciones de propuestas concretas. Dicho eso y, aunque pueda resultar algo atrevido, si tuviera que decir algo a las personas implicadas en ese movimiento sería que no dejen que nadie se entrometa en la agenda de lo que sólo es del pueblo; que sea del pueblo, y, de ningún modo, de los partidos.

¿Puede el País Vasco emprender el camino de la soberanía sin deshacer el nudo del conflicto? ¿O considera que lo primero es superar las consecuencias del conflicto?
Cuando, en su momento, planteamos el cambio, dividimos, de modo muy mecánico, el proceso en dos ámbitos: primero superar las consecuencias y, después, resolver el conflicto político. Visto con la perspectiva temporal, pienso que, en aquella época, el esquema clásico de la negociación todavía pesaba mucho entre nosotros o, al menos, en mí. De ahí que yo también deba hacer autocrítica. Ese esquema nos ha hecho entender y detener el proceso en términos muy cerrados y mecánicos. En lugar de entenderlo y desarrollarlo en términos dialécticos y dinámicos. Por eso, diría que deberíamos entender el proceso en su totalidad.
Por tanto, hay que acometer la cuestión de la soberanía.
Emprender el camino de la soberanía, además de posible, es también imprescindible. ¿Por qué? Porque puede ser la vía más efectiva y, seguramente, la única para forzar soluciones políticas tanto en el ámbito de las consecuencias como en el político. Por tanto, el eje de nuestra estrategia general debe ser el proceso independentista e inscribir ahí las consecuencias del conflicto. Y superar mediante decisiones uniliterales los elementos de la agenda que sólo puedan superarse unilateralmente, para reforzar el proceso independentista. Ahí debemos colocar la tarea de los presos. Es decir, colocar los pasos que demos en favor del proceso independentista y de su desarrollo, para dar una solución a ese problema, gradual, pero general y total.

¿Se imagina un País Vasco independiente en un plazo relativamente corto?
Aun no tenemos sobre la mesa propuestas —¿qué tipo de estado?, ¿qué modelo social?— ni hoja de ruta concretas —¿en qué plazos?, ¿qué sujeto?— para que el País Vasco sea un estado. Por tanto, este país no tiene los instrumentos necesarios para acometer ese proceso. Ese camino sólo puede hacerse en un debate amplio y abierto, pueblo a pueblo, sin tabúes ni prejuicios. Hay que crear un proyecto constructivo y atractivo, que active pasión e ilusión. El camino no será fácil, pero, haciendo eso, nos percataremos de que la independencia es más asequible de lo que pensamos.

La territorialidad del País Vasco
Para algunos, territorialidad a independencia son opciones contrapuestas o imposibles, alegando que debe respetarse el ritmo de cada provincia o ámbito. ¿Son incompatibles?
Esos debates generan desconfianza y miedo en algunos sectores y eso, en gran medida, puede ser comprensible. Yo, en cambio, los contemplo con gran alegría. ¿Por qué? Pues porque indica que, por fin, hemos salido del terreno de la reivindicación del estado propio y nos hemos empezado a ubicar en el de su materialización.

¿Debe respetarse la capacidad de decisión de los tres ámbitos?
Aunque para nosotros sea claro el objetivo final —un estado vasco formado por los siete territorios—, debemos tener en cuenta que tendremos que respetar los tres ámbitos de decisión: la Comunidad Autónoma Vasca (CAV), Navarra y el País Vasco del Norte. Por tanto, lo que debe establecerse en ese debate nacional y popular, entre otras cosas, es cuál es el medio más efectivo para llegar a la meta final, considerando las distintas correlaciones de fuerzas que hay en cada realidad jurídico-política. Y, repito, al ser tan importante ese debate, y tan profundas las decisiones que hay que tomar, no se puede realizar en los aparatos de los partidos. Antes bien, esas decisiones se deben tomar entre miles de independentistas, mediante un proceso participativo que debe realizarse a lo largo y ancho del País Vasco. De lo contrario, nos equivocaremos.

¿Qué priorizaría políticamente: la independencia de una parte o la obtención de la territorialidad del País Vasco del Sur o de todo el País Vasco?
La prioridad y lo único que importa es establecer el medio más efectivo para llegar a los objetivos
Navarra puede estar ante una situación política distinta, ya que parece que el régimen regionalista navarro se está despeñando.

¿Es optimista?
Es evidente que el régimen construido en la transición atraviesa una grave crisis y que sectores cada vez más amplios están a favor del cambio. En ese sentido, soy optimista, pero también prudente, porque no podemos olvidar que Navarra es un problema de Estado y, por tanto, harán todo lo posible para salvar al régimen.

¿Ve posible un gobierno alternativo en Navarra sin el PSN, esto es, un gobierno progresista que aúne a EH Bildu, Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra?
La señora Barcina no es sólo la candidata de UPN, también lo es del régimen. Y, por tanto, sabe que, además del apoyo de UPN, tiene el del PP y el del PSOE. De modo que una alternativa sin el PSN, además de posible, es imprescindible. Así las cosas, si el bloque por el cambio obtiene mayoría absoluta, estoy seguro de que, aun entonces, el Estado, para impedir el cambio, moverá la pieza del PSN para realizar un pequeño cambio y formar un gobierno alternativo a la UPN. Eso sí, con varias condiciones: excluir a EH Bildu y negar a los navarros la palabra y la decisión. Por tanto, cuidado con identificar el cambio sólo con la expulsión de UPN, porque cuando hablamos de cambio, hablamos de una iniciativa de mayor profundidad, al menos los independentistas de izquierda.

¿Qué tarea debería desempeñar la izquierda abertzale en ese camino?
En Navarra, debemos actuar con responsabilidad histórica y total generosidad y, por tanto, ser conscientes de la importancia de Navarra en nuestra estrategia nacional. Por eso repito que la izquierda abertzale debe salir de su nosotros pequeño y dirigirse a nuestro nosotros grande. Poniendo los intereses de los navarros y de todos los ciudadanos vascos por encima de nuestros intereses pequeños y debatiendo y decidiendo en Navarra las líneas y propuestas que haya que seguir en Navarra.

El socialismo del siglo XXI
En una entrevista, declaró que, en la Europa actual, la tarea de los revolucionarios es defender los objetivos de la socialdemocracia. ¿Cómo ve la situación?
No nos encontramos en una crisis cíclica normal del capitalismo. Crisis como ésta sólo han ocurrido tres o cuatro veces en la historia del capitalismo —como ha explicado G. Arrighi, en el libro El largo siglo XX—. Todas esas crisis han solido anunciar el final de un ciclo de acumulación capitalista y el inicio de uno nuevo. Y no está de más recordar que han solido acabar en grandes guerras.

¿Qué tiene de especial la crisis actual?
En comparación con las anteriores, tiene una especificidad: el anunciar también el agotamiento del capitalismo, ya sea por el inicio del agotamiento de diversas materias primas, ya sea por el cambio climático o ya sea por la supuesta confrontación nuclear. Por tanto, ya está en peligro la supervivencia misma de la especie humana. No quiero ser apocalíptico, pero muchos de los conflictos que ocurren en el mundo —el de Ucrania, por ejemplo— o la decisión de rearmarse de Japón no presagian ningún futuro apacible. De modo que se trata de una reorganización económica y político-militar a escala planetaria.

¿A dónde vamos, pues?
La crisis no tiene solución económica, sino política. Ahora, para aumentar su tasa de beneficio, la oligarquía financiera e industrial ha empezado a desmantelar el Estado del bienestar, derrochando dinero público para llevarlo a manos privadas y rapiñando y sobreexplotando las materias primas. Ése ese su modelo para salir de la crisis. En ese contexto, hay que entender que muchas medidas económicas y sociales que ha defendido la socialdemocracia —sus modelos nórdicos— actualmente son revolucionarias —la defensa del sector público, las políticas sociales…—, entre otras razones, porque son contrarias a la oligarquía. Por tanto, a quienes nos toman por radicales les diría que repasaran, por ejemplo, el programa histórico —de la década de 1980— del Partido Socialdemócrata Sueco, y se percatarían de lo que estamos hablando. No estamos vendiendo humo, a pesar de que tenemos claro que los programas de la —verdadera— socialdemocracia no pueden ser nuestra estación final, pero sí la primera hacia un socialismo basado en la igualdad y la justicia.

Sortu se considera socialista. ¿Qué es ser socialista en la Europa de 2014?
Resumiendo, le diría lo siguiente: comprometerse con las condiciones de vida para la felicidad de todos los seres humanos, ya sean económicas, sociales o culturales. Tomar como único valor lo que dijo Protágoras: “el ser humano —aunque él dijo el hombre— es la medida de todas las cosas”. Así, hay que desarrollar una economía que sacie las necesidades de todos los seres humanos, y no el ansia de acumulación de una ínfima minoría, como hace el capitalismo. Ser socialista es oponerse a las guerras y estar a favor de la paz, de la libertad de los pueblos y en contra del imperialismo. Y, por encima de todo eso, ser consciente del siguiente principio ético y moral: sentir cada injusticia que se cometa contra cualquiera en el mundo como si nos la hubieran hecho a nosotros, porque todos los hombres y mujeres del mundo formamos una familia universal.

Y ¿desde el punto de vista del País Vasco?
Cuando se pregunta por el socialismo —la pregunta me alegra mucho—, es muy habitual oír que nuestras alternativas económicas o bien son locuras, o bien ocurrencias, o están importadas de otros modelos (Cuba, Venezuela…). Eso tiene como objetivo distorsionar nuestras propuestas. Nosotros, en cambio, tenemos que decir que el País Vasco debe construir su propio modelo de socialismo, que tenga en cuenta las características culturales, sociológicas y socieoconómicas de la sociedad vasca, y se base en ellas. En segundo lugar, le diré que, a nuestro juicio, la superación del capitalismo, más que imprescindible, es algo de vida o muerte para la especie humana, pero teniendo claro que no se puede realizar de un día para otro ni en un solo país. Eso tiene que hacerse a escala mundial, y con el consenso de la sociedad; no hay otra manera.

¿Están relacionadas las soberanías política y económica?
En mi opinión, debemos recuperar la soberanía económica al mismo que tiempo que la política. Una vez hecho eso, construir un sector público lo más fuerte posible, recuperar el control público y democrático en los sectores estratégicos —energía, por ejemplo—, poniendo la propiedad privada, en esos casos, al servicio de toda la sociedad; garantizar la provisión pública y universal de la educación y la sanidad, reforzar su control popular y democrático, impulsando y respetando la paridad entre hombres y mujeres… Al fin y al cabo, construir las bases materiales y culturales para garantizar la felicidad de todos los seres humanos.

¿Es optimista respecto a la situación de la izquierda en el mundo?
Hay razones para serlo, pero también hay motivos de preocupación. Si nos fijamos en la fase histórica antes citada, hace tiempo que sostengo la necesidad de que la izquierda construya — tomándose el tiempo necesario— una nueva internacional, a escala mundial. Lo repito: con la supervivencia de nuestra especie en peligro, hay que poner en marcha una estrategia a escala mundial, entre otros ámbitos, a favor de la paz y por el desarme nuclear; para impulsar una dinámica contra el cambio climático y para dar una alternativa global al neoliberalismo. ¿Cómo? Al hilo de esa conciencia universal antes mencionada, hay que plantear una reorganización radical de las Naciones Unidas y construir instrumentos alternativos para algún tipo de gobernanza mundial, con referencias éticas y morales de todo el mundo. Por ejemplo, aunque están muertos, Mandela, Rosa Parks o, entre los vivos, Pepe Mújica, Al Gore, Malala Yousafzai, Desmond Tutu, Pérez Esquivel y algunos otros ganadores del Premio Nobel de la Paz…, políticos que siempre han tenido la capacidad de salir de la perspectiva de su partido y poner los intereses de toda la sociedad por delante —Fidel Castro, también lo podría ser Ibarretxe— o cineastas —Oliver Stone—… Por tanto, resumiendo, en esa reorganización de las Naciones Unidas, debe organizarse un consejo mundial que impulse esa necesaria conciencia universal. Debemos dar formar a ese tipo de propuestas y sería hermoso que los primeros trabajos para ello se emprendieran en el País Vasco, porque demostraríamos nuevamente que lo pequeño también es grande en su pequeñez.

En España, la creación de Podemos ha generado gran controversia. ¿Ve futuro a ese movimiento? ¿Qué le parece el trabajo que pueda hacer?
Como utilizarán en su contra todo lo que yo pueda decir de Podemos, seré muy cauto en la respuesta: parece que nos traen aire fresco.

Arnaldo Otegi (Elgoibar, Guipúzcoa, 1958) es un preso político vasco, lleva cinco años en la cárcel. Es uno de los dirigentes más conocidos de la izquierda independentista vasca.
Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Escribano
Berria, 26 de octubre de 2014



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miércoles, 29 de octubre de 2014

Dardo Sebastián Dorronzoro: “Mi lengua no sirve para tapar basura” / Horacio Papaleo




Dardo Sebastián Dorronzoro:   “Mi lengua no sirve para tapar basura” 



Hace 38 años pasaba a formar parte de la lista de desaparecidos Dardo Sebastián Dorronzoro, el poeta y herrero lujanense que comprometió su palabra hasta los últimos días. El periodista Horacio Papaleo nos cuenta parte de la historia encubierta de este imprescindible de las letras.



Ni un solo rastro digital de un tal Ernesto Lennard, juez que estampó sello y firma en la Causa Nº 59092, Legajo 1525 caratulada “Dorronzoro de Dorronzoro, Nelly Adela, Denuncia Privación ilegal de la libertad. Víctima Dorronzoro, Dardo Sebastián”.

Tampoco es mucho lo que se puede conseguir si se intenta dar con la suerte laboral, personal o judicial que corrió el comisario Víctor Jorge Yostak, aquel uniformado que registró los detalles de denuncias que se acercó a radicar Nelly Dorronzoro en la Comisaría Luján primera, el diez de marzo de 1976. Apenas un listado del “Grupo de Apoyo a los Juicios por la verdad”, a partir de una solicitud de la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, en el marco de la Ley Provincial N° 12498 “Registro Único de la Verdad”. Allí consta la identidad de los jefes y subjefes de las Brigadas dependientes de la Dirección General de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y aparece, perdido entre nombres grises, Víctor Jorge Yostak.



El treinta de marzo de 1976 Dardo se presentaba espontáneamente en la Comisaría de Luján y sentía la necesidad de dejar plasmado en actas, primero, que “hace diez años aproximadamente dejó su actuación política como afiliado en el Partido Socialista de los Trabajadores, con asiento en Luján”.

El oficial de turno golpeaba las teclas de una vieja Olivetti y escribía: “El día diez del corriente, en horas de la madrugada, siendo la una de la mañana y en circunstancias en que el deponente se hallaba con su esposa Nelly Adela Dorronzoro, dormitando, cuando alguien golpea la puerta de acceso. Entonces su esposa responde al llamado preguntando quién es. Desde afuera le respondieron que eran Policías Federales. Acto seguido el dicente se coloca sus prendas de vestir y abre la puerta, pero sin mediar palabras lo cubren con una prenda al tiempo que lo amenazan con armas de fuego. Acto seguido ingresan varias personas a la casa y obligan al dicente a tirarse al suelo, esposándolo en las manos, haciendo lo mismo con su esposa, según creyó en ese momento”.




El relato de Dardo seguía; el oficial azulado pasaba al papel. “Después de dos horas y media, según le comentara su esposa, la liberaron dentro de la casa. En cuanto al dicente alrededor de la una y media lo llevaron a un automóvil estacionado afuera de la vivienda y se lo llevaron sin rumbo fijo, quedando cautivo tres días en una misma casa. Que como lo mantuvieron siempre con los ojos cubiertos, no pudo identificar a los secuestradores ni tampoco el sitio donde lo tenían. Que realizaron un interrogatorio acerca de vinculaciones políticas y acusándolo de ‘marxista-leninista’, pero aclara que las preguntas que le efectuaron el dicente respondió con claridad y veracidad, por cuanto resolvieron dejarlo en libertad en un camino de tierra jurisdicción de Carmen de Areco”.

Por entonces algún baqueano pudo haber cruzado a Dardo, quien caminó varias horas hasta llegar a un pueblo y en él tomarse un tren que lo llevó hasta San Andrés de Giles. Horas más tarde un micro que lo dejó cerca de su casa.
El oficial que tipeaba aquel suceso quizás sintió un zonzo orgullo castrense cuando escribió: “Que en ningún momento lo maltrataron”, pero “sí siempre bajo amenazas de armas de fuego”.
“Cuando regresó a su casa su esposa le manifestó que no había sido maltratada, pero sí que los malhechores habían hecho inscripciones en el interior y exterior de la casa. Que los mismos actuaron encapuchados. Que es todo, no siendo más para el acto, se da por finalizado”. Conste, y consta aún, en actas.
En un derroche de creatividad, los que en aquella jornada de 1976 entraban a la casa de Dardo y Nelly a avisar sobre sus intenciones, estampaban en las paredes “Dios, Patria, Hogar”; “Croto” y una pista más para reconstruir aquel pasado: “Comando Jordán Bruno Genta”.

La agencia católica “ACI” ayuda a desempolvar aquella referencia, aunque tampoco abundan los rastros para saber a qué se referían los graffiteros de la dictadura. “Jordán Bruno Genta, catedrático católico asesinado en la década del setenta por un comando terrorista marxista cuando se dirigía a participar de la Misa dominical (se respeta la mayúscula de la fuente consultada). Los organizadores recordaron que Genta fue asesinado ‘por el delito de haber sido un catedrático católico que jamás fue acallado, pese a las amenazas, en su inquebrantable prédica de la Doctrina de la Iglesia’. En ese sentido, afirmaron que se trata de ‘un verdadero mártir de la Iglesia, porque murió por Cristo´”.




Don Genta, quien le cedía el nombre a los personeros de la muerte organizados en un supuesto “Comando” había nacido en Buenos Aires el dos de octubre de 1909. “Su madre, Carolina Coli, falleció de una enfermedad del corazón cuando su hijo tenía trece años de edad. Su padre, Carlos Luis Genta, era ateo y anticlerical, motivo por el cual Jordán ni sus dos hermanos fueron bautizados.”
Destaca la prosa católica que “en los años sesenta la izquierda radical inicia en Argentina la llamada ‘Guerra Revolucionaria’. Genta, preocupado por la realidad de su país, inicia desde la docencia la oposición intelectual al marxismo. Sin embargo, esta toma de posición llevó a que el veintisiete de octubre de 1974 un comando del Ejército Revolucionario del Pueblo lo acribillara de once disparos cuando salía de su casa para participar en la Misa dominical. Este asesinato nunca fue investigado por la Justicia argentina y según recuerdan los organizadores de la próxima Misa, han habido algunos intentos por abrir su causa de beatificación”.
ACI te “informa”, aunque sin duda encontramos más rigurosidad histórica en un tramo del “Proyecto ‘Los muertos de la tapera de Perel’”, redactado por alumnos de la EEMNº 5 de Mercedes en 2008. “Nuestra ciudad siempre ha sido bastante politizada. Así, en los años del terrorismo de Estado, la dictadura se ensañó con los más activos de sus habitantes. Mercedes cuenta con veintidós desaparecidos y con algunas otras terribles bajas. Cuatro en particular, serán objeto de esta investigación. Estudios recientes dan cuenta de un comando, “Bruno Genta”, dependiente del Regimiento 6 de Infantería local, que habría sido el encargado de operaciones de la inteligencia, persecución y amedrentamiento a militantes populares antes y durante la dictadura militar”.
Así te “informan” alumnos de secundaria.




Poco tiempo más tarde de aquel aviso documentado por la Olivetti de la Comisaría de Luján, Dardo Dorronzoro fue secuestrado de su domicilio y desde entonces permanece desaparecido. El calendario marcaba veinticinco de junio de 1976.
Él se anticipaba a su forzado destino escribiendo: “Desde hace tiempo siento la amenaza de este viento sobre la luz de mi lámpara, sobre esa luz que apenas me alcanza para no perderme entre las garras del mundo, entre los dientes de esa inmensa muchedumbre de lobos en la sombra”.

El resto es historia más conocida.
Dorronzoro escribió gran cantidad de libros, pero solo se publicaron la novela La nave encabritada (1964) y las obras de poemas Una sangre para el día (1974), Llanto americano(1984) y Viernes 25 (1989).

En el año 1983 se alzó con el primer premio de poesía en el IX Concurso Rafael Morales de Talavera de la Reina (Toledo), España, por el libro Llanto Americano. Estaba desaparecido y recién en junio de 1986 su esposa Nelly recibió ejemplares de ese trabajo que contenía más de treinta poemas.
Es a raíz de otro premio, otorgado en marzo de 1971 por la Biblioteca Ameghino de Luján, cómo se puede acceder a una descripción de Dardo en primera persona.

Como parte de ese reconocimiento, el poeta y herrero ganaba ochenta mil pesos de la época y rápidamente trascendieron las críticas de sectores que le cuestionaban aceptar el dinero luego de acusar a la institución de “macartismo”. A través de las páginas de El Civismo de entonces, Dardo escribió:
“El primer deber del hombre es defender su pellejo, dijo Martín Fierro, y como mi pellejo anda volando por todas partes, incluso hasta por teléfono, salgo a defenderlo. Después de las pocas palabras que dije en la Biblioteca Ameghino el sábado 4, al presentarme para recibir un primer premio de poesía y los ochenta mil pesos correspondientes al premio, cierta ‘gentecita que se llueve en los jardines’ me acusa –sin levantar cargos- de haber aceptado ese dinero. “¿Por qué –dicen algunos- Dorronzoro agarra esa plata de una institución a la que ha acusado de practicar un grosero macartismo?



 “Otros dicen: ‘Acusó pero agarró la lista, ¿eh? ¿Por qué no la regaló a los pobres, él que es tan revolucionario?’. Y otro, alguien sin nombre ni apellido, está enojado porque no les di las ochenta lucas a los menesterosos. Y todos déle con eso. Pero nadie levanta cargos. “Aunque, en realidad, ya estoy sospechando que lo que les duele a estos benéficos ciudadanos no son los cargos, sino que un simple herrero se junte con ochenta billetes de a mil, y para colmo, por la estúpida razón de haber garabateado un poema.

“Para mí resulta fácil explicar por qué agarré esos zarandeados papeluchos y enseguida lo digo, parad vuestras orejas:
1- porque, como todos saben, amo extraordinariamente el dinero.
2- porque de ninguna manera podía dejarlo en manos de gentes que, muy probablemente, irían a utilizarlo en comprar una soga para ahorcarme, o algo parecido.
3- porque, dado mis convicciones ideológicas, no puedo regalárselo a los menesterosos (como pretende un anónimo y melancólico Orfeo), pues los menesterosos no saldrán de esa terrible condición con limosnas sino con una auténtica revolución socialista.




4- porque no soy un imbécil.
“Además, siempre fui enemigo de hacer regalos. Y a no engañarse con mi cara de ángel. Todos recordarán, tal vez, cuando en una ocasión liquidé completamente un asilo de ancianos prendiéndolo fuego.
“Porque, lo reconozco, yo tengo un alma diabólica, pero mi lengua no sirve para tapar basura. Prefiero morir sin pellejo antes que silenciar inmoralidades.
“En cuanto al autor del anónimo publicado en El Civismo del 11 del corriente, le digo que sí, que soy yo tan vanidoso como el que más, pero le digo también que para decir cosas no recurro a esa sucia arma, impropia de utilizar en un periódico decente, sino que las digo con mis dos nombres y apellido o frente a una cara, por más fea que sea.
Y a dejar los ochenta mil tranquilos, que ya están gastados”.

“Hay hombres imprescindibles. Para Luján Dardo fue uno de esos hombres imprescindibles. ¿Por qué? Porque con su herrería decoró algunos rincones de nuestra ciudad. Porque con su poesía realzó las grietas de este pueblo. Porque su casa, de puertas abiertas, permitió la reunión, el debate y la formación de jóvenes que en los setenta iniciaron su militancia política. Porque Dardo fue un provocador de encuentros”. Las palabras las pronunciaron el año pasado Adriana Acosta y Analía Gómez, integrantes del Grupo de Apoyo a Madres de Plaza de Mayo de Luján y organizadoras de un homenaje a Dardo que colmó las instalaciones de la Biblioteca Popular Jean Jaurés.




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