lunes, 29 de diciembre de 2014

Citas



“En la playa, aquel verano, me afanaba en los esquemas de los crucigramas, de los jeroglíficos, de los anagramas y de las criptografías. Si no los resolvía, no miraba las respuestas publicadas en el número siguiente. Dejaba el vacío a mi espalda y proseguía. Hoy creo que las revistas de pasatiempos son una buena escuela de escritura, adiestran en la exactitud del vocablo, que debe de corresponder a la definición requerida. Excluye los afines, y la exclusión es gran parte del vocabulario de quien escribe historias. Los pasatiempos me han proporcionado las dotes malabaristas necesarias para las palabras. Lo que entonces creía un vicio solitario fue en cambio el taller mecánico de la lengua”.

(Erri de Luca, “Los peces no cierran los ojos” )





“No culpes al espejo: La mueca, la haces tú”

(Proverbio ruso)





“¿Y quiénes son nuestros ídolos? Pues los vocalistas, los escritores de libros de aventuras y los que hacen cine malo y los que editan revistas de actualidad… Hay que dar a los trabajadores aquello que desean… Si quieren porquería, ¡que caray!, porquería les daremos. Todo está bien para nosotros. Porque nosotros no pedimos nada. Porque no sabemos pedir nada más. Y todo el mundo podrido de este bajo comercio de prostitución del obrero nos insulta un día tras otro y a nosotros lo mismo nos da.”

(Arnold Wesker, “Las raíces” )




“No es para que nos contesten a una pregunta por lo que nos hemos puesto en camino, sino para que, en el silencio del lugar de los antiguos oráculos, cada uno descubra cuál es su pregunta.”

(Peter Handke, “El juego de las preguntas” )




“¿Te sorprende ver que los demás pasen por tu lado y no sepan, cuando tú pasas al lado de tanta gente y tampoco sabes, no te interesa qué penas tienen, qué cáncer secreto llevan?”

(Cesare Pavese, “El oficio de vivir” )




“Soñar el sueño imposible, luchar contra el enemigo imposible, correr donde valientes no se atrevieron, alcanzar la estrella inalcanzable. Ese es mi camino.”

(Cervantes, “Don Quijote” )



“Mi verdad, mi carácter y mi nombre estaban en manos de los adultos; había aprendido a verme con sus ojos; yo era un niño, ese monstruo que ellos fabrican con sus añoranzas.”

(Jean-Paul Sartre, “Las palabras” )





“Bobby descubría en los pliegues de los labios, en la barbilla un poco prominente, en las arrugas, en los ojos cansados y en los cabellos blancos de aquella decrépita majestad, aún alta y sonriente, toda la esencia de una Barcelona aristocrática y comercial, popular, orgullosa y un poco infantil, de la cual se acababa el rastro…
La viuda Xuclá representaba  todas esas cosas, y, además, una mujer anciana que ha vivido mucho mantiene, más que un hombre, la huella del pasado y la sensible permanencia de los recuerdos. Porque la mujer tiene unos nervios más pasivos, tiene un alma más perceptiva, no se desgasta ni se abandona totalmente a la acción como un hombre; es más avara y más previsora y en los pliegues de su piel arrugada tiene la buena fe de coleccionar sueños, de arrinconar aventuras y de conservar aquello que no se ve y que sólo se respira: el perfume de la historia.

(Josep-M. de Segarra, “Vida privada” )



Una generación puede ser juzgada por el mismo juicio que ella hace de la generación anterior, un período histórico por su propio modo de considerar el periodo que lo ha precedido.

Una generación que desprecia a la generación anterior, que no logra  ver su grandeza y su significado necesario, no puede más que ser mezquina y carente de confianza en sí misma, aunque adopte poses combativas y exhiba ínfulas de grandeza.
Es la acostumbrada relación entre el gran hombre y el criado.
Hacer el desierto para sobresalir y distinguirse.
Una generación vital y fuerte, que se propone trabajar y afirmarse, tiende por el contrario a sobrevalorar a la generación anterior porque su propia energía le da la seguridad de que llegará aún más lejos; simplemente vegetar es ya una superación de lo que se pinta como muerto. Se reprocha al pasado el no haber realizado la misión del presente; así como sería más cómodo que los padres hubiesen realizado ya el trabajo de los hijos. En la devaluación del pasado se halla implícita una justificación de la nulidad del presente: Quien sabe qué habríamos hecho si nuestros padres hubieran hecho esto y aquello..., pero ellos no lo hicieron y por consiguiente nosotros no hemos hecho nada más.
¿El techo de un primer piso es menos techo que el del piso diez o el piso treinta? Una generación que sólo sabe hacer techos se lamenta de que sus predecesores no hayan construido ya edificios de diez o treinta pisos. Decís que sois capaces de construir catedrales, pero no sois capaces más que de construir techos."


(Antonio Gramsci. Pasado y presente)


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domingo, 28 de diciembre de 2014

La revolución de lo posible / Marina Garcés



La revolución de lo posible 

Últimamente se están imponiendo intelectuales que nos cuentan lo que ya no puede ser.

En las últimas décadas se han impuesto un tipo de intelectuales que se dedican a contarnos lo que ya no puede ser, lo que ya no podemos seguir pensando, haciendo o deseando. Son los predicadores del fin de la historia, del fin de las ideologías, del fin del pensamiento crítico... Son los intelectuales “cierra-puertas”, verdaderos policías del pensamiento que tienen como función precintar aquellos caminos que ellos mismos declaran intransitables ya para siempre. Con este gesto soberbio, evitan tener que buscar esos otros caminos que están aún por descubrir, esas sendas peligrosas que algunos ya han empezado a abrir o simplemente se libran de tener que pelearse con lo emboscado y con los callejones sin salida de nuestro tiempo.

Uno de ellos es Byul Chul-Han, ensayista de éxito, porque con sus críticas mordaces contribuye a dejar aún más impotentes a quienes se lamentan pero no quieren incomodarse intentando cambiar nada. Hace poco tiempo, concretamente el 3 de octubre de este mismo año, publicó en este periódico un artículo titulado ¿Por qué hoy no es posible la revolución? En él partía literalmente de una escena, la del Berliner Schaubühne, en la que él y Antonio Negri se habían dado cita para hablar de la vigencia de la idea de revolución. Frente a la ingenuidad del comunista revolucionario que aún es Negri, Chul-Han se había propuesto la tarea iluminadora de intentar hacerle y hacernos entender por qué hoy no es posible la revolución. Los precintadores del cambio radical siempre se presentan con las credenciales de la lucidez frente ingenuos, inmaduros y románticos.
Los argumentos de Chul-Han se reducían básicamente a uno solo: el régimen de poder neoliberal es incontestable porque seduce, estabiliza y lo mercantiliza todo, incluso el comunismo. Me pregunto desde dónde escribe alguien que habla del poder de seducción y de estabilización de un régimen de dominación que precariza y destruye la vida natural, social, cultural y personal al nivel que lo ha hecho y lo sigue haciendo, cada vez con más intensidad, el capitalismo. ¿Es que los niños-esclavos indios, o los hombres y mujeres que cada día trepan la valla de Ceuta o Melilla son seres libremente seducidos por el discurso de la emprendiduría? ¿Es que las multitudes que madrugan para ir a trabajar cada mañana o que llenan las listas del paro de este país y de tantos otros son usuarios complacidos de un sistema en el que desean libremente ingresar?

Me pregunto, también, qué experiencia social tiene alguien que ve en toda respuesta colectiva o cooperativa a la precariedad actual un nuevo producto del mercado capitalista. Pero contestar uno por uno los diferentes aspectos de su argumentación desbordaría el espacio de este artículo. Analizaré solamente la tesis que se recoge en el título de su artículo, no porque la sostenga Chul-Han, sino porque es un lugar común de la actual ideología con la que el poder mantiene su propia legitimidad.

Que “la revolución ya no es posible” es una tesis que sólo puede sostenerse desde la mirada del poder. Tener poder es precisamente pretender dominar un determinado espacio de lo posible: de lo que puede ser o no ser, de lo que puede pasar o no pasar. En este caso, el “ya no” de la sentencia encierra la revolución entre una posibilidad pasada y una imposibilidad futura. La neutraliza presentándola como una experiencia histórica caducada. Pero para los sin-poder, lo posible siempre es una cárcel, un espacio de dominación. La revolución, por tanto, nunca ha sido posible ni imposible. Revolucionaria es, precisamente, esa acción colectiva que hace emerger una posibilidad imprevista, una novedad radical que no estaba contenida en el abanico de lo que podía pasar.




¿En qué consiste esa posibilidad con la que el poder, ya sea neoliberal o disciplinario, nunca cuenta como realmente posible? El mismo Marx la describe en La ideología alemana con unas palabras muy claras: la revolución consiste en “la apropiación de la totalidad de las fuerzas productivas por parte de los individuos asociados (…) que adquieren, al mismo tiempo su libertad asociándose y por medio de la asociación”.

En el capitalismo actual, las fuerzas productivas ya no son solamente los medios de producción industrial. Son todos los medios que reproducen la vida, material y simbólicamente. La revolución es reapropiarse de ellos colectivamente, es decir, por medio de esta capacidad de asociación y de cooperación que nos hace libres. Me pregunto: ¿no es esto, precisamente, algo que está pasando? Los movimientos sociales y los emprendimientos cooperativos que, en tantas partes del mundo hoy, autonomizan su capacidad de gestión y de creación de formas de vida, ¿qué hacen sino proponer y plantear concretamente formas de reapropiación colectiva de la vida?





¿Y si la revolución, más que “no ser ya posible”, es algo que está continuamente pasando? La revolución sería entonces la posibilidad más permanente, más insistente y más inminente del sistema capitalista. No es que ya no sea posible, sino que está siempre ahí, teniendo lugar y siendo combatida, reconducida, neutralizada. Lo que ha cambiado no es la posibilidad de la revolución sino su forma y concepción histórica. En un mundo posthistórico, la revolución ya no será un acontecimiento histórico, único, que cambiará para siempre el curso de la historia. Y en un mundo postpolítico, la revolución ya no será una mera toma del poder político. Más allá de la historia política de las revoluciones, hoy se impone la intempestividad de las revoluciones que ya están teniendo lugar. Si el poder no quiere verlas, nosotros sí.

Marina Garcés es filósofa.



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Hay "otro" cine, pero...



Hay "otro" cine, pero no llega a los cines...

Víctor Erice: "Vidrios partidos. Testes para un filme em Portugal"


sábado, 27 de diciembre de 2014

El pavo de Russell y la muerte del pensador / Diego Rasskin Gutman




El Principito en el asteroide B-612. Foto: GNU-FDL.



El pavo de Russell y la muerte del pensador

Lo encontraron muerto, sobre la cama. Allí estaba, como el Principito, envenenado por la serpiente. Ahora está en su asteroide, viéndonos con su ironía filosófica desde ese lugar silencioso y sutil, cuidando la rosa que tanto amaba, la rosa del conocimiento. Se llamaba Werner Callebaut y tuve el privilegio de haberle conocido y haber compartido risas y saberes en interminables conversaciones que nos llevaron de Austria a España, de Estados Unidos a Japón, de México a Francia. Este es mi pequeño homenaje.

Desde los principios del conocimiento la humanidad busca la congruencia; las gallinas también y los pavos. Especialmente el pavo de Russell, una famosa parábola del filósofo Bertrand Russell en donde, en una de las múltiples versiones, nuestro héroe, el pavo, encuentra día tras día que la vida es una delicia llena de parabienes, cuidados y alimentos por parte de su ama. Hasta que llega el 24 de diciembre. Ese día la granjera, en vez de traer el cuenco con las semillas y los gusanos que tanto le gustaban al señor pavo, lo enfila directamente con las manos, le retuerce el pescuezo, lo despluma y al horno.

La parábola de Russell es una crítica filosófica a la inducción como fuente de conocimiento. Imagínense. La inducción genera confianza en el pasado como explicación del presente y representación del futuro. Pero un día empieza la III guerra mundial y al día siguiente la vida en un refugio. Un día nos dicen que tenemos una enfermedad terrible y al día siguiente la vida en un hospital. Un día damos una curva con el coche, confiados en que todas las curvas que hemos dado hasta la fecha son y por tanto serán iguales y un camión nos embiste de frente. Un día el sol explota y todos muertos sin saberlo.
La filosofía del conocimiento busca preguntas sobre cómo nos enfrentamos a la ardua tarea de comprender el mundo y, para eso, elabora respuestas a las causas de todos los fenómenos naturales. Primero fue el animismo, después la mitología, seguida de la filosofía y de la religión. Cuando surgió la ciencia, allá por los años de la Ilustración, se creía que todo se alcanzaría gracias al razonamiento, nada de verdades absolutas o dogmas de fe, ni de palabras sagradas. En la Viena de principios de siglo, donde todo bullía, se estaba fraguando la cultura contemporánea de Occidente. En ese espacio de músicas de vals, muebles modernistas, ambiente de secesión, entre los cedros del laberinto barroco de los jardines del Augarten del distrito segundo, donde nació Arnold Schönberg a orillas del canal del Danubio para refundar la música, se dedican a hacer epistemologías científicas ni más ni menos que el círculo de Viena, der Wiener Kreis, una panda de filósofos que bebieron de los jugos de los Poincaré, Wittgenstein y Popper, con sus filosofías positivistas acerca de la realidad. Y de ese legado beben las fuentes del conocimiento de la ciencia moderna. El convencimiento de que la ciencia nomotética/deductiva nos lleva a saber cada vez más y mejor lo que pasa y lo que ocurre y lo que ocurrirá.




El problema de los tres cuerpos de Poincaré. Un sistema dinámico complejo.


Ciencia nomotética y deductiva. Proposiciones sobre la realidad, «leyes», acerca del comportamiento del mundo y, a partir de ellas, la deducción de las consecuencias. ¿Qué hay más científico que todo eso? Cuando jugamos al ajedrez experimentamos algo parecido: si juegas la india de rey sé que tarde o temprano avanzarás los peones de alfil y caballo, de manera salvaje contra mi enroque; si juegas la siciliana sé que quieres dominar la columna «c»; si tienes un peón pasado, sé que tengo que bloquearlo con un caballo; si sacas la dama temprano, sé que tengo que ir a molestarla desarrollando mis piezas. Toda esta nomotética me proporciona seguridad y me deja deducir qué hacer para enfrentar tus ideas. Pero un día te sacas un movimiento de la nada y me dejas frito; y el ataque a mi rey se confunde con un ataque por el ala de dama y la columna «c» ya no te importa y avanzas por el centro y el peón pasado que he bloqueado tan a gusto resulta que no deja que mi caballo juegue y estoy a tu merced con una pieza de menos y esa dama tempranera que salió a pasear resulta que está a salvo y termina en una casilla poderosa desde donde montará un contraataque letal.

Cuando se vayan los hombres, las piezas se extrañarán de no encontrar manos que las muevan, les fallará a ellas también el método nomotético. Las piezas asistirán inmóviles al paso del tiempo y hasta las moscas ocasionales que se habían posado una y otra vez sobre cada una de ellas hasta chupar la última gota de grasa de las incontables manos que las tocaron en los últimos años acabarán por desaparecer. El escenario quedará vacío. Numerosos tableros con sus piezas dispuestas para la contienda, encerrando toda la complejidad de miles de años de historia, en la penumbra de un teatro sobre el que el polvo se adueñará de los días. La dama negra toserá irremediablemente y la dama blanca solo podrá hacer una mueca seca de asentimiento, ya no podrán enfrentar sus movimientos poderosos sobre las casillas. Los alfiles derramarán una lágrima de pena. Las torres mirarán aún con cierta medida de esperanza más allá del escenario por si volviesen los hombres. Los caballos intentarán saltar, pero será inútil. Los reyes quedarán paralizados: tanta soledad les dejará aterrados. Los hombres se habían ido. Todo quedará tal como lo habían dejado.






Tableros solitarios. Los hombres se han ido. Foto: Diego Rasskin.

Esos hombres que se van sin avisar, sin apenas molestar son infinitos borgianos. Porque hay infinitos borgianos e infinitos más ásperos, tendenciosos. Estos últimos, si se los dejan solos, son capaces de encogerse y acabar en nada. Se dicen a sí mismos que son infinitos, pero en realidad tienden a contraerse (infinitamente) y acaban siendo un cero, solos, agotados, muertos por su propia ensoñada e irreal tendencia. Así son la mayoría de los hombres. Los infinitos borgianos, en cambio, se aprestan a la concupiscencia: cuando se encuentran (allá, en el infinito, claro está) se amalgaman en una orgía numérica de proporciones pantagruélicas y su estado de despreocupación es tal que desafía toda descripción humana de la felicidad.
Werner fue uno de estos infinitos borgianos. Qué duda cabe. Lo supe desde el día, hace ya diecisés años de esto, en que, sentado frente a mí escuchando a Serge Gainsbourg en medio de las laderas ondulantes que flanquean el margen derecho de las orillas del Danubio, donde mueren los Alpes y comienzan a deslizarse los bosques de Viena, me dijo con esa seriedad de niño con la que se vestía cada día:

—¿Y si el universo no es congruente?

El filósofo en su salsa. Yo me revolví en la silla. Jamás había escuchado semejante afirmación. Aterrado por la simple posibilidad de que lo que acababa de decir pudiese poseer una simple brizna de verdad, le respondí:

—¿Pero qué dices, profesor? ¡Estás planteando que pudiera no haber leyes generales, que no exista la posibilidad para la predicción, que el conocimiento es solo fenomenológico, aquí y ahora! ¿Dónde quedan entonces el círculo y la ciencia nomotética?

Werner movió sus ojos profundamente azules a ritmos diferentes debido a ese estrabismo, sutil pero evidente, detrás de sus gafas de sabio. Su sonrisa delataba una sabiduría exagerada, monumental; demasiado conocimiento, demasiado pensamiento, demasiada reflexión. Nada que no se pudiese reificar con varios Krügels de cerveza seguido de un Vogelbeerschnap. Era entonces cuando el conocimiento pasaba a ser uno con uno mismo y ya no había mucho más que preguntar (ni que responder, después de todo, ¿a quién le importaba que el universo no fuera congruente?), solo disfrutar el momento, el presente sin conocimiento. Podíamos hablar de Lakatos y de Feyerabend, de Kant y de Schopenhauer, de Nietzche y de Marx, deDarwin y de Einstein con la misma naturalidad con la que, acto seguido, me proponía huir a Montana e hincharnos a comer helados Ben and Jerry’s. Todo tomaba sentido detrás de su sonrisa de Principito.




Werner, con su sonrisa inconfundible, en 2010. Savoir vivre. Foto: Diego Rasskin.

Werner se acostó, como había hecho todos los días de los últimos veinte años, en su pequeño piso alquilado, donde escondía su alma de proletario del saber. A pesar del conocimiento, a pesar de toda la epistemología de la ciencia, de la cerveza y del Schnapps, la noche le sorprendió, como a toda la humanidad del pasado, presente y futuro, convertido en el pavo de Russell.




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viernes, 26 de diciembre de 2014

Erri De Luca (Los peces no cierran los ojos)





-Te lo voy a decir una vez y ya es demasiado: enjuágate las manos en mar antes de poner el cebo en el anzuelo. El pez nota el olor, rehúye el bocado que viene de tierra. Haz exactamente lo que veas hacer, sin esperar a que nadie te lo diga. En el mar no es como en el colegio, no hay profesores que valgan. Está el mar y estás tú. Y el mar no enseña nada, el mar hace, y a su manera.

Escribo en italiano sus frases y todas juntas. Cuando las decía eran escollos separados con muchas olas entre medias. Las escribo en italiano; sin su voz pronunciándolas en dialecto suenan apagadas.

Empezaba a menudo con una “y”. En el colegio nos enseñan que no se empieza un período con una conjunción. Para él, la frase era la continuación de otra que había dicho una hora, un día antes. Hablaba poco, con anchos espacios de silencio, mientras despachaba las tareas de una barca de pesca. Para él se trataba de un único razonamiento, que de vez en cuando se desprendía de su boca con la “y”, letra que al escribirla dibuja un nudo. Aprendí de su voz a empezar muchas frases con una conjunción.

Veía algo bueno en mí, niño de ciudad que en verano acababa en la isla. Bajaba a la playa de los pescadores, me pasaba las tardes mirando el ajetreo de las barcas. Con permiso de mamá, podía montar en una de las más largas, con remos gruesos como árboles jóvenes. A bordo no hacía casi nada, el pescador se dejaba ayudar en algunas maniobras y me había enseñado a mover los remos, el doble de grandes que yo, permaneciendo de pie y empujándolos con mi peso con los brazos extendidos y en cruz. Muy despacio, la barca se desplazaba e iba moviéndose. Aquel resultado me hacía mayor. El pescador necesitaba en ciertos momentos mis pequeñas fuerzas en los remos. No dejaba que me acercara a los anzuelos, a los sedales largos con el plomo de profundidad. Eran instrumentos de trabajo y no estaban bien en manos de un niño. En tierra firme, en Nápoles, en cambio, sí que estaban, y de qué manera, los instrumentos y las horas de trabajo en los niños.

Me dejaba echar el ancla. Yo había llegado a los diez años, una maraña de infancia enmudecida. Diez años era una meta solemne, por primera vez se escribía la edad con doble cifra. La infancia acaba oficialmente cuando se añade el primer cero a los años. Acaba, pero no ocurre nada, uno se queda dentro del mismo cuerpo de crío atascado de los demás veranos, revuelto por dentro e inmóvil por fuera. Tenía diez años. Para decir la edad, el verbo tener es el más preciso. Estaba en un cuerpo encapullado y sólo la cabeza intentaba forzarlo.




Tras terminar la escuela primaria con un año de adelanto, en aquel verano ya había salido del primer curso de la escuela media. Por fin se admitía el bolígrafo, se libraba uno del babi negro, ya nada de tintero, plumilla ni papel secante, llamado “carta zuca” en dialecto, papel chupón.

Me notaba la cabeza cambiada y creía que a peor. A la edad en la que los niños dejan de llorar, yo, por el contrario, empezaba. La infancia había sido una guerra, a mi alrededor morían más los niños que los viejos. Nada en su época era un juguete, por más que se la jugaran tenazmente. Yo me había librado, pero debía merecerme el tiempo.

Permanecía encerrado en la infancia, cual seca ama de cría tenía el cuartito donde dormía bajo los castillos de libros de mi padre. Se alzaban desde el suelo hasta el techo, eran torres, caballos y alfiles de un tablero colocado en vertical. Por la noche, entraba en los sueños el polvillo del papel. En la infancia a los pies de los libros, los ojos no conocían las lágrimas. Jugaba a ser soldadito, el día era el turno de ir y venir en el escaso espacio de la garita…”


Erri De Luca, (Los peces no cierran los ojos)


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jueves, 25 de diciembre de 2014

La lucha contra el olvido y la impunidad: juicio en España contra los crímenes de guerra de la Aviación Italiana durante la Guerra Civil. / Pascual Aguilar Pérez






La lucha contra el olvido y la impunidad: juicio en España contra los crímenes de guerra de la Aviación Italiana durante la Guerra Civil.



En la Guerra Civil Española se experimentaron nuevos métodos bélicos. Entre ellos, la aviación adquirió un protagonismo decisivo. Una forma de utilizar la fuerza aérea consistió en el bombardeo indiscriminado y sistemático sobre la población civil. Así se convirtió la retaguardia en frente de guerra y se vulneraron todos los tratados y convenios internacionales que se firmaron al finalizar la Primera Guerra Mundial. Giulio Douhet, general italiano, fue uno de los primeros en teorizar sobre la participación de la aviación en los conflictos bélicos. En 1929, Douhet escribe: «El objetivo de la lucha bélica ha cambiado: ya no es la fuerza del adversario, es la resistencia moral de la nación enemiga […] Sobre ésta caerán los golpes más formidables […] se desencadenará una carrera espantosa hacia la masacre».

A finales de julio de 1936 Franco ya contaba con el apoyo del fascismo europeo, que fue determinante para conseguir la victoria. En la guerra aérea Mussolini contribuyó con la Aviazione Legionaria y 764 aviones. Hitler aportó los militares que formaban parte de la Legión Cóndor y 277 aviones. El conflicto español también sirvió como campo de pruebas para las aviaciones italiana y alemana, que estaban desarrollando armamento y tecnología aplicados a la eficacia destructiva [1]

La ciudad de Barcelona fue una de las más castigadas por los bombardeos de la Aviazione Legionaria. Mussolini fue responsable directo de los momentos más álgidos del hostigamiento durante los días 16, 17 y 18 del mes de marzo de 1938, en los que murieron más de mil personas.[2] La brutalidad de los bombardeos de saturación tuvo tanto eco internacional que Franco, después de treinta y seis horas de ataques ininterrumpidos, envió a Roma dos telegramas ordenando parar la acción inmediatamente.

Hasta ahora las iniciativas políticas emprendidas en el parlamento catalán y en el italiano para que Italia pida perdón han fracasado. Italia, al contrario que Alemania, se ha negado siempre a asumir cualquier responsabilidad institucional derivada de la intervención fascista.

Setenta años después de los hechos, en 2009, se fundó en Barcelona la asociación AltraItàlia, que agrupó a ciudadanos de origen italiano residentes en la ciudad. Gentes que provenían de un amplio espectro de la izquierda y compartían un sentimiento común de vergüenza e indignación por la banalización de la política que han generado los gobiernos de Berlusconi. AltraItàlia criticaba la oleada de revisionismo histórico que sufre la sociedad italiana y defendía la necesidad del recuerdo y la reparación a las víctimas del fascismo. La Asociación se propuso llevar a cabo una acción judicial contra el estado italiano como respuesta al negacionismo, a la falta de excusas y compensaciones y a las anomalías que plantea la realidad española en torno a la memoria histórica.[3] Se consideró a Italia responsable de crímenes de guerra y de lesa humanidad al bombardear Barcelona entre el 13 de febrero de 1937 y el 29 de enero de 1939.




Los procedimientos judiciales establecen que las querellas deben interponerse contra personas concretas, en este caso los aviadores italianos supervivientes. Los demandantes han de ser víctimas de la acción de los denunciados. Los miembros de AltraItàlia iniciaron contactos para encontrar personas que estuvieran dispuestas a denunciar los hechos, contando con el apoyo jurídico y la personación en la causa de la Asociación. Dos vecinos del popular barrio marítimo de la Barceloneta, duramente castigado por la Aviazione Legionaria, interpusieron las denuncias.

 Al formalizar la acusación AltraItàlia declaraba que: «Entendemos la denuncia dentro de un contexto de derecho europeo y de construcción de las memorias compartidas, pero pensamos que la reconstrucción de estas memorias no es posible sin un claro y abierto reconocimiento de las culpas, que en este caso son particularmente graves». La Asociación exigía una indemnización simbólica que comporte un acto oficial de disculpa. También proponía, en el hipotético caso de que el estado italiano fuera condenado y obligado a reparar económicamente a las víctimas, crear un fondo para la construcción y mantenimiento en Barcelona de alguna infraestructura formativa o sanitaria.

La denuncia se presentó ante la Audiencia Nacional el 2 de junio de 2011 y, aunque se admitió a trámite, el tribunal se declaró incompetente por razones de ámbito territorial. Esta decisión dejaba en suspenso el inicio de las acciones judiciales hasta que el pasado 23 de enero de 2013 la sección X de la Audiencia Provincial de Barcelona se hizo cargo de la querella e inició el procedimiento judicial[4]. La decisión fue histórica ya que por primera vez se abría un juicio en España sobre crímenes de guerra perpetrados por el bando franquista durante la Guerra Civil.

Esta situación era posible porque los miembros de la Aviazione Legionaria, cuerpo expedicionario de un país tercero que no había declarado la guerra a la República, no quedan protegidos por la vergonzosa Ley de Amnistía de 1977. Ley de punto final blindada por las posteriores leyes de Memoria Histórica que garantizan la impunidad a los criminales franquistas.

A pesar de la falta absoluta de colaboración en esta iniciativa por parte de instituciones y partidos políticos, fieles también en esta ocasión al «pacto del Olvido», que ha marcado la mal llamada transición española, la interlocutoria de la sección X de la Audiencia Provincial recordaba a la Generalitat de Cataluña y al Ayuntamiento de Barcelona la posibilidad de actuar como parte activa en el proceso. Implícitamente se recordaba a estas instituciones que su papel es el de acompañar y apoyar a las víctimas de los hechos, tal y como ha sucedido numerosas veces en Italia en los juicios contra los crímenes cometidos por el ocupante nazi al final de la Segunda Guerra Mundial.

Una de las consecuencias concretas de la decisión judicial es que se abre la vía para que otras poblaciones afectadas por los bombardeos emprendan acciones legales y se personen en el proceso. La acusación difunde esta posibilidad en Cataluña y en otros territorios devastados por la Aviazione Legionaria, como en la villa bajo aragonesa de Alcorisa.

Respecto a los aviadores que están vivos, y podrían ser encausados por delitos imprescriptibles de lesa humanidad, se tiene noticia de la existencia de como mínimo cuatro miembros de la Aviazione Legionaria que intervinieron en la guerra de España. Una dificultad añadida para la identificación de los responsables concretos de los bombardeos es que, como forma de protección, las tripulaciones entraban en España con identidad falsa.

La primera reacción del estado italiano respecto a la denuncia fue una declaración de colaboración fiel con la justicia española. En julio de 2013 el Ministerio de Defensa  italiano respondió a la primera comisión rogatoria internacional que le demandaba las filiaciones y el paradero de los miembros de la Aviazione Legionaria con base en Mallorca. Así se facilitó a la magistrada titular del juzgado de instrucción número 28 de Barcelona, Olalla Ortega, un listado incompleto de oficiales de alta graduación de la Aviazione Legionaria que habían fallecido. Jaume Assens, uno de los abogados de los denunciantes declaraba, «el Ministerio de Defensa sólo se ha limitado a constatar la veracidad de los datos de cuatro querellados identificados plenamente por la acusación».



Pese al requerimiento de la juez, el estado italiano no ha aportado más información de todos los supuestos participantes en los bombardeos. La democrática república italiana, como responsable civil subsidiaria de los hechos juzgados, es consciente de que la dilación en el tiempo es su mayor aliado para que se declare el archivo de la causa. De esta forma el estado italiano incumple los tratados jurídicos bilaterales, europeos e internacionales que le obligan a la colaboración judicial.

Italia no se plantea realizar ningún acto simbólico de desagravio, ni mucho menos negociar una reparación económica, a pesar de que la guerra de 1936-1939 fue una buena operación para sus arcas: Franco saldó religiosamente la deuda de guerra mediante pagos que se alargaron hasta la década de los sesenta.

Desde marzo de 2013 la juez busca sin éxito a los autores de los bombardeos. La obstaculización a la justicia se ha evidenciado durante la primavera pasada, cuando en los medios de comunicación aparecía la noticia de que en el mes de marzo se había condecorado al ex aviador Luigi Gnecchi al cumplir los 100 años. La ministra de defensa italiana, Roberta Pinotti, felicitaba de manera elogiosa al piloto, que había hecho méritos por acciones de bombardeo entre 1935 y 1943. En la fotografía publicada del anciano Gnecchi se le veía lucir con orgullo, entre otras, la primera medalla al valor por su participación en la Guerra Civil Española.

A partir de esta noticia la juez Ortega tramitó la solicitud para crear una nueva comisión rogatoria a la justicia italiana y poder desplazarse e interrogar a Gnechi. Hasta el momento las demandas de la juez no han tenido respuesta a pesar de las gestiones que se están realizando amparadas en organismos de coordinación judicial de la Unión Europea.

La demora ha provocado que los querellantes, asesorados por el historiador Xavier Domènech, planteen otra forma de identificar a los militares implicados. Los imputados fueron laureados por el gobierno español, gesto que implicaba el cobro de una pensión de guerra desde 1938 a 1943. Se sospecha que algunas distinciones comportaban la percepción de una asignación vitalicia, por lo que se ha solicitado a la magistrada que requiera los datos de los pensionistas de la Aviazione Legionaria al Ministerio de Defensa y al Ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno español. Según Domènech, «esta información no es secreta, sólo hace falta voluntad política para hacerla pública y accesible.»

Mientras, el gobierno de Madrid y las instituciones catalanas guardan silencio y miran hacia otro lado. La pasividad es tal que no se intuye ni un mínimo incidente diplomático por esta cuestión. Aunque parezca inaudito los representantes institucionales de los bombardeados y sus descendientes están haciendo caso omiso a la posibilidad de conseguir justicia para sus ciudadanos. Una falta de reacción que demuestra que la denuncia, consiga sus objetivos o no, ha destapado un poco más la losa de impunidad sobre la que se fundamenta la arquitectura jurídica, política e institucional de la marca España.

Pascual Aguilar Pérez





Fotografía del bombardeo a Caspe del 7 de marzo de 1938. El objetivo del bombardeo es el puente de la carretera. La imagen está extraída del libro ‘Marzo de 1938. Bombardeos italianos en el Bajo Aragón’, de Roberto Alquézar, David Alloza y Natanael Falo. Editado por el Ayuntamiento de Alcorisa, 2012.


[1] En este sentido, recientemente, se ha divulgado el motivo de los bombardeos de los pueblos de Benassal, Ares del Maestrat, Vilar de Canes y Albocàsser, en Castellón, comarca del Alto Maestrazgo. Estas poblaciones estaban alejadas del frente de guerra y no tenían valor estratégico. Ver Óscar Vives, miembro del grupo de Recuperación de la Memoria del siglo XX de Benassal y coordinador de la Exposición Experimentos de la Legión Cóndor en el Alto Maestrazgo. Se puede consultar su artículo Experiments de la Legió Còndor a l’Alt Maestrat, 1938. Revista L’Avenç, Barcelona, número 390, mayo de 2013. Páginas 37-43. El acceso a los archivos de la Legión Cóndor demuestran que estos ataques tuvieron como objetivo comprobar la precisión de los bombardeos de los aviones Stuka con bombas de 500 kilogramos.

[2] El 31 de marzo de 1938 el gobierno de la República solicitaba a la Sociedad de Naciones que condenara a Italia por estos bombardeos. La petición argumentaba que la agresión violaba una resolución que ya había sancionado la Sociedad el 25 de julio de 1932, en la que se prohibía el bombardeo aéreo sobre objetivos civiles. La respuesta de la Sociedad de Naciones, de enfoque limitado y legalista, se remitía a un Protocolo firmado en 1925 en el que no se consideraba este tipo de ataque. La petición fue rechazada. La debilidad de la Sociedad de Naciones frente a las acciones cada vez más violentas del nazi-fascismo alimentó un ambiente de impunidad que llevaría a cometer innumerables crímenes durante la Segunda Guerra Mundial.

[3] La ONU ha recordado reiteradamente a los diferentes gobiernos españoles que la Ley de Amnistía de 1977 no es de aplicación para los crímenes de lesa humanidad que se produjeron en España durante más de 40 años. Después de un año de investigaciones, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias y el Relator de la ONU para la Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición presentaron el mes de septiembre pasado sus informes sobre los crímenes del franquismo ante la asamblea del Comité de Derechos Humanos de la ONU. Tanto el Grupo de Trabajo como el Relator exigen a España que corrija de forma inmediata la desatención que padecen las víctimas del franquismo. También recogen en sus informes la omisión en los programas escolares de esta parte de la historia, la escasa operatividad de la Ley de Memoria Histórica y el desentendimiento de la administración de Justicia en el descubrimiento y la exhumación de fosas. España es el segundo país del mundo, después de Camboya, que tiene el número más alto de desaparecidos y de fosas comunes pendientes de exhumar.

[4] AltraItàlia consiguió su objetivo inicial pero se produjeron divergencias políticas entre sus miembros. Por un lado se afianzó en los órganos de la Asociación una tendencia posibilista que planteaba el entendimiento con las instituciones y el rechazo a exigir compensaciones económicas al estado italiano. Por otro lado, la mayoría de los componentes de la Asociación no estaban dispuestos a conformarse con arrancar al estado italiano solamente un acto simbólico de disculpa, desestimaban practicar la vieja política de siglas, pasillos y negociaciones y dejar de lado el discurso reivindicativo. Este grupo de activistas abandonó AltraItàlia y asumió las responsabilidades derivadas de la denuncia: búsqueda de información, coordinación con abogados, historiadores, asociaciones memorialistas y otros movimientos sociales, realización de jornadas y de todo tipo de actos divulgativos…





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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Byung-Chul Han / Aviso de derrumbe / por Francesc Arroyo





No es extraño que Alemania, el país que ha producido mentes como las de Kant, Hegel, Nietzsche o Marx, tenga devoción por la filosofía, lo inusual es que la nueva revelación del pensamiento alemán —tronco inevitable del pensamiento occidental moderno— sea un autor oriental que cuando era un treintañero cambió Corea del Sur por Europa. Hoy los libros de ese autor, Byung-Chul Han, son prestigiosos superventas en un país que todavía discute apasionadamente a sus filósofos vivos, sean Jürgen Habermas, Peter Sloterdijk o Richard David Precht. Han ya es uno de ellos.

Byung-Chul Han nació en 1959 en Seúl y allí estudió metalurgia, pero pronto llegó a la conclusión de que con aquello no iba a ninguna parte. La carrera ni siquiera le interesaba. Decidió instalarse en Alemania y estudiar literatura, aunque acabó interesado en la filosofía. En 1994 se doctoró por la Universidad de Múnich con una tesis sobre Martin Heidegger y poco después se estrenó como profesor universitario tras haber obtenido la habilitación en Basilea. Actualmente enseña Filosofía en la Universidad de las Artes de Berlín después de ejercer en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe al lado de Sloterdijk, que no ha evitado polemizar con el que muchos consideran su sucesor en el trono simbólico de la filosofía germana.

En los últimos meses se han publicado en España dos libros de Han —La sociedad del cansancio y La sociedad de la transparencia—, en abril aparecerá un tercero —La agonía de Eros (en la editorial Herder, como los anteriores)— y varios más serán traducidos pronto. En ellos analiza los males del presente: el hombre contemporáneo, sostiene el filósofo, ya no sufre de ataques virales procedentes del exterior; se corroe a sí mismo entregado a la búsqueda del éxito. Un recorrido narcisista hacia la nada que lo agota y lo aboca a la depresión. Es la consecuencia insana de rechazar la existencia del otro, de no asumir que el otro es la raíz de todas nuestras esperanzas. Más aún, solo el otro da pie al eros y es precisamente el eros el que genera el conocimiento.

La entrevista se celebra en el Café Liebling, situado en la berlinesa Raumerstrasse, en Prenzlauer Berg, un barrio que ha pasado en poco tiempo de bohemio a aposentado. Suena una música ambiental suave que los camareros no tienen problema en suavizar aún más para evitar interferencias en la grabación de la charla. Han es puntual a la cita. Se sienta y pide café. La primera pregunta es sobre la relación directa que él establece entre el eros y el pensamiento. Mira al entrevistador, se mira las manos, se mesa el cabello, calla. Al cabo de unos segundos empieza a hablar: “Creo que para responder a eso necesitaría antes pensar durante un par de semanas”. En apariencia deja el asunto de lado, aunque lo abordará al final de la entrevista. No tiene prisa. Se toma su tiempo. Para todo. “Cuando llegué a Alemania, ni siquiera conocía el nombre de Martin Heidegger”, cuenta. “Yo quería estudiar literatura alemana. De filosofía no sabía nada. Supe quiénes eran Husserl y Heidegger cuando llegué a Heidelberg. Yo, que soy un romántico, pretendía estudiar literatura, pero leía demasiado despacio, de modo que no pude hacerlo. Me pasé a la filosofía. Para estudiar a Hegel la velocidad no es importante. Basta con poder leer una página por día”.



El esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento. Uno se ve libre y se explota a sí mismo hasta el colapso
Cualquier cosa menos volver a la metalurgia que había dejado en Corea. “Al final de mis estudios me sentí como un idiota. Yo, en realidad, quería estudiar algo literario, pero en Corea ni podía cambiar de estudios ni mi familia me lo hubiera permitido. No me quedaba más remedio que irme. Mentí a mis padres y me instalé en Alemania pese a que apenas podía expresarme en alemán”.

Inició un proceso de aprendizaje del idioma y de nuevas materias que le permitieran comprender los problemas que aquejan al hombre de hoy. Explicarlo es el objetivo de sus libros. A diferencia de lo que ocurría en tiempos pasados, cuando el mal procedía del exterior, ahora el mal está dentro del propio hombre, subraya Han: “La depresión es una enfermedad narcisista. El narcisismo te hace perder la distancia hacia el otro y ese narcisismo lleva a la depresión, comporta la pérdida del sentido del eros. Dejamos de percibir la mirada del otro. En uno de los últimos textos que he escrito insisto en que el mundo digital es también un camino hacia la depresión: en el mundo virtual el otro desaparece”. ¿Hay posibilidades de vencer ese estado depresivo? “La forma de curar esa depresión es dejar atrás el narcisismo. Mirar al otro, darse cuenta de su dimensión, de su presencia”, sostiene. “Porque frente al enemigo exterior se pueden buscar anticuerpos, pero no cabe el uso de anticuerpos contra nosotros mismos”.

Para precisar lo que sugiere recurre a Jean Baudrillard: el enemigo exterior adoptó primero la forma de lobo, luego fue una rata, se convirtió más tarde en un escarabajo y acabó siendo un virus. Hoy, sin embargo, “la violencia, que es inmanente al sistema neoliberal, ya no destruye desde fuera del propio individuo. Lo hace desde dentro y provoca depresión o cáncer”. La interiorización del mal es consecuencia del sistema neoliberal que ha logrado algo muy importante: ya no necesita ejercer la represión porque esta ha sido interiorizada. El hombre moderno es él mismo su propio explotador, lanzado solo a la búsqueda del éxito. Siendo así, ¿cómo hacer frente a los nuevos males? No es fácil, dice. “La decisión de superar el sistema que nos induce a la depresión no es cosa que solo afecte al individuo. El individuo no es libre para decidir si quiere o no dejar de estar deprimido. El sistema neoliberal obliga al hombre a actuar como si fuera un empresario, un competidor del otro, al que solo le une la relación de competencia”.


Retomando la idea hegeliana de la dialéctica del amo y del esclavo, Byung-Chul Han denuncia que “el esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento”. Y lo ha hecho a cambio de un modo de vida escasamente interesante, “la mera vida, frente a la vida buena”, dice, casi pura supervivencia. A cambio de eso, el hombre cede su soberanía y su libertad. Pero lo más llamativo es que el propio amo ha renunciado también a la libertad al convertirse en explotador de sí mismo. Ha interiorizado la represión y se ve abocado al cansancio y la depresión. Pero el cansancio y la depresión no se pueden interpretar como alienación, en el sentido tradicional marxista. “Solo la coerción o la explotación llevan a la alienación en una relación laboral. En el neoliberalismo desaparece la coerción externa, la explotación ajena. En el neoliberalismo, trabajo significa realización personal u optimización personal. Uno se ve en libertad. Por lo tanto, no llega la alienación, sino el agotamiento. Uno se explota a sí mismo, hasta el colapso. En lugar de la alienación aparece una autoexplotación voluntaria. Por eso, la sociedad del cansancio como sociedad del rendimiento no se puede explicar con Marx. La sociedad que Marx critica, es la sociedad disciplinaria de la explotación ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad del rendimiento de autoexplotación”. El hombre se ha convertido en un animal laborans, “verdugo y víctima de sí mismo”, lanzado a un horizonte terrible: el fracaso.

Como todo buen romántico, Han encuentra la solución en el amor. Hay que negar el presente represivo y aceptar la existencia del otro y, de su mano, la posibilidad del amor. Un buen ejemplo es la película Melancolía, de Lars von Trier. En ella aparece Justine, un personaje deprimido “porque es incapaz de amar. La depresión aparece como una imposibilidad de amor. Pero Justine alcanza a salir de la depresión gracias a la aparición de un planeta que va a destruir la Tierra. Es la amenaza de esa catástrofe la que le permite curarse de la depresión porque la hace capaz de percibir la existencia del otro. Primero, el otro es el planeta y luego los demás. Y al salir de la depresión se siente capaz de amar, de recuperar el sentimiento del eros”. Y es que “el eros es la condición previa del pensamiento. Sin el deseo hacia un ser amado que es el otro, no hay posibilidad de filosofía”.

Mientras Grecia y España están en ‘shock’ por la crisis, se endurecen la competencia descarnada y los despidos

Hay una relación directa entre eros y logos que pasa por descubrir al otro. Sin eso no hay posibilidad de verdad. El eros tiene una relación vital con el pensar. El logos sin eros sería pensamiento puro. Así termina La agonía de Eros, recuerda: “El pensamiento en sentido enfático comienza bajo el impulso de eros. Es necesario haber sido amigo, amante para poder pensar. Sin eros, el pensamiento pierde la vitalidad y se hace represivo”. Ahí está el ejemplo de Alcibíades, que accede al conocimiento gracias a la seducción que Sócrates ejerce sobre él. “Siempre se había pensado que el eros estaba excluido, pero es condición para el pensamiento”, insiste. “Es el amigo el que introduce una relación vital que hace posible el pensar”. Por el contrario, “la falta de relación con el otro es la principal causa de la depresión. Esto se ve agudizado hoy en día por los medios digitales, las redes sociales”.




La soledad, la incapacidad para percibir al otro, su desaparición.

No hay, sin embargo, que confundir la seducción con la compra. “Creo que no solo Grecia, también España, se encuentran en un estado de shock tras la crisis financiera. En Corea ocurrió lo mismo, tras la crisis de Asia. El régimen neoliberal instrumentaliza radicalmente este estado de shock. Y ahí viene el diablo, que se llama liberalismo o Fondo Monetario Internacional, y da dinero o crédito a cambio de almas humanas. Mientras uno se encuentra aún en estado de shock, se produce una neoliberalización más dura de la sociedad caracterizada por la flexibilización laboral, la competencia descarnada, la desregularización, los despidos”. Todo queda sometido al criterio de una supuesta eficiencia, al rendimiento. Y, al final, explica, “estamos todos agotados y deprimidos. Ahora la sociedad del cansancio de Corea del Sur se encuentra en un estadio final mortal”.

En realidad, el conjunto de la vida social se convierte en mercancía, en espectáculo. La existencia de cualquier cosa depende de que sea previamente “expuesta”, de “su valor de exposición” en el mercado. Y con ello “la sociedad expuesta se convierte también en pornográfica. La exposición hasta el exceso lo convierte todo en mercancía. Lo invisible no existe, de modo que todo es entregado desnudo, sin secreto, para ser devorado de inmediato, como decía Baudrillard”. Y lo más grave: “La pornografía aniquila al eros y al propio sexo”. La transparencia exigida a todo es enemiga directa del placer que exige un cierto ocultamiento, al menos un tenue velo. La mercantilización es un proceso inherente al capitalismo que solo conoce un uso de la sexualidad: su valor de exposición como mercancía.

Lo propio ocurre en la exigencia de transparencia en la política: “La transparencia que se exige hoy en día de los políticos es cualquier cosa menos una demanda política. No se pide la transparencia para los procesos de decisión que no interesan al consumidor. El imperativo de transparencia sirve para descubrir a los políticos, para desenmascararlos o para escandalizar. La demanda de transparencia presupone la posición de un espectador escandalizado. No es la demanda de un ciudadano comprometido, sino de un espectador pasivo. La participación se realiza en forma de reclamaciones y quejas. La sociedad de la transparencia, poblada de espectadores y consumidores, es la base de una democracia del espectador”.

La exigencia de transparencia, acompañada del hecho de que el mundo es un mercado, hace que los políticos no acaben siendo valorados por lo que hacen, sino por el lugar que ocupan en la escena. “La pérdida de la esfera pública genera un vacío que acaba siendo ocupado por la intimidad y los aspectos de la vida privada”, afirma. “Hoy se oye a menudo que es la transparencia la que pone las bases de la confianza. En esta afirmación se esconde una contradicción. La confianza solo es posible en un estado entre conocimiento y no conocimiento. Confianza significa, aun sin saber, construir una relación positiva con el otro. La confianza hace que la acción sea posible a pesar de no saber. Si lo sé todo, sobra la confianza. La transparencia es un estado en el que el no saber ha sido eliminado. Donde rige la transparencia, no hay lugar para la confianza. En lugar de decir que la transparencia funda la confianza, habría que decir que la transparencia suprime la confianza. Solo se pide transparencia insistentemente en una sociedad en la que la confianza ya no existe como valor”. Un ejemplo de esta contradicción es el Partido Pirata que se presenta a sí mismo como el de la transparencia, lo que en realidad equivale a una propuesta de despolitización. “Se trata, en realidad, de un antipartido”, afirma Han.

Y se ha diluido también la “verdad”, porque en la sociedad de la transparencia lo que importa es la apariencia. Parte de su discurso recuerda el de los situacionistas franceses de los sesenta, que sostenía que la historia podía explicarse por el predominio de los verbos que explican las cosas. En la antigüedad, lo importante era el ser, pero el capitalismo impuso el tener. En la actual sociedad del espectáculo, sin embargo, domina la importancia del parecer, de la apariencia. Así lo resume Han: “Hoy el ser ya no tiene importancia alguna. Lo único que da valor al ser es el aparecer, el exhibirse. Ser ya no es importante si no eres capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes. Ahí está el ejemplo de Facebook, para capturar la atención, para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en un escaparate”. Y el mundo de la apariencia se nutre de las aportaciones de los medios de comunicación. Pero hay una gran diferencia entre el saber, que exige reflexión y hondura, y el conocer, que no aporta verdadero saber. “La acumulación de la información no es capaz de generar la verdad. Cuanta más información nos llega, más intrincado nos parece el mundo”.


Fuente: elCultural



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