sábado, 3 de enero de 2015

Bohumil Hrabal, (Tierno bárbaro)





“Con leche desnatada hacía nata, con hollín de carbón brillantes, con un gorrión el ave Fénix, a un tullido lo convertía en un corredor de carreras, siempre que había poco de algo echaba su talento para demostrar que omnia ubique y que en lo mínimo está el máximo, que cada punto en el mundo es el centro del jardín del paraíso, mientras que los jardines colgantes se convierten despacio en ruinas y polvo y en ese polvo se contiene toda la belleza, en una pizca de tierra todo empieza de nuevo…




En los Antiguos Correos había una guapa camarera, una gitana casi rechoncha, y a Vladimir le gustaba sentarse allí a escribir cartas. Y, como siempre, atraía alguna escena. Al sentarme, un joven guapo explicaba: Cuando la conocí, tenía el brazo escayolado, así que solía abrazarla con mi zarpa, sí que ella siempre se quejaba, pero se acostumbró. Los chicos me dibujaron de todo en el yeso, un escritor que vino a una charla en el hospital, como yo no tenía su libro me firmó el brazo en el yeso… pero un marrón, me quitaron la escayola y mi chica, aunque íbamos a casarnos, pues que yo ya no soy tan tierno como antes… y me abandonó. Ayer, ¡por poco me desmayo! A quién vi: A mi ex yendo con un chico que tiene el mismo brazo escayolado. Las mujeres de todas formas son unas perversas… Vladimir siguió escribiendo y su voz gruñó indignada: A mí también me dejó, así que escribo, así que escribo a la fiscal, el presidente del senado me recomendó que fuera delicado con la fiscal… así que le escribo enamorado ya la sexta carta… pero mira, hijo, ¿sabes qué son los experimentos de Marton? Pues ahora mismo estoy yendo. A desnudarme. Una película con mujeres desnudas, unos cables a mi alrededor y alrededor de mis partes, un aparato en el sexo. Una película pornográfica. Las bombillas se encienden, las manillas de los aparatos chocan, rasgan. Informes para psiquiatría. Martonová, la doctora. ¿Sabes? Y los aparatos descubrieron un complejo de Edipo. Cuando mamá se levanta por la mañana, estoy al acecho, como por error paso desnudo. Sigue teniendo un cuerpecito tremendo. Hace como que no me ve… El joven estaba pensativo, la barbilla hundida en las manos, los dedos hasta los ojos. Luego dijo reflexivo: Traiga la cuenta, sabe, la chica ésa lo tiene supongo de su padre, su padre es de la región de las montañas de los Gigantes, una vez cogió el carné de conducir y se fue a anunciar al consejo nacional una nueva profesión: Anton Hulík, Dios. Un mes después le atraparon en la estación en una gran helada llevando sólo una camiseta. Y en el manicomio no le trataron con shocks, sino que le indujeron la llamada vomitera, así que después de las inyecciones estuvo vomitando tanto que en tres meses se agotó. Y cinco meses después volvía a ser un tipo corriente, un electricista, y le devolvieron el permiso y el carné de identidad… Y se puso en pie, repicó solemnemente en el mantel y se fue. Vladimir siguió escribiendo frenéticamente, alrededor de los labios le brillaban cintas de absenta, sin duda el tabernero le traería la tercera copa, ay, será una carta, será una carta, por misericordia, la cuarta página y Vladimir aún no va de bajada sino cuesta arriba, sigue con su humor maníaco, en el que dice cosas de las que mañana se arrepentirá…”



Bohumil Hrabal, (Tierno bárbaro)

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