miércoles, 21 de enero de 2015

Citas




A la hora del parto, mi madre seguía sin conocer el sexo de su hijo.
Una enfermera entró a la habitación donde ella yacía medio dormida tras el esfuerzo y le dijo:
“Señora, usted ha sido tocada por la desgracia. Es una niña.”
Es así como mi nacimiento le fue anunciado.

F., nacida en Nápoles en 1975





—Es así: las mujeres sólo han tenido falsas noticias sobre el amor. Muchas noticias diferentes, todas falsas. Y experiencias inexactas.
Sin embargo, siempre confianza en las noticias, no en las experiencias. Es por esto que tienen tantas cosas falsas en la cabeza.
[…]
—Verás —dice Mariamirella—, tal vez te tengo miedo. Pero no sé dónde refugiarme. El horizonte está desierto, sólo estás tú. Eres el oso y la cueva. Es por esto que me quedo acurrucada en tus brazos, porque tú me proteges del miedo que te tengo.

I. Calvino, Prima che tu dica pronto




“Mujer hay que se vende y que no hubiera valido para darse de balde.”

(Stendhal)




Mucho tiempo después, viejo y ciego, mientras caminaba por la calle, Edipo percibió un olor familiar. Era la Esfinge. Edipo dijo:
“—Quiero hacerte una pregunta. ¿Por qué no reconocí a mi madre?”
“—Diste la respuesta equivocada”, dijo la Esfinge.
“—Pero fue mi respuesta lo que hizo posible todo.”
“—No, dijo. Cuando te pregunté: quién camina en cuatro patas en la mañana, dos al mediodía y tres en la tarde, tú respondiste el Hombre.
De las mujeres no hiciste mención.”
“—Cuando dices el Hombre —dijo Edipo— incluyes también a las mujeres. Eso todo el mundo lo sabe.”
“—Eso es lo tú crees”, respondió la Esfinge.

Muriel Rukeyser, Myth, 1978




“La confusión ideológica fundamental entre la mujer y la sexualidad […] sólo hoy adquiere toda su amplitud, puesto que la mujer, ayer sometida en cuanto sexo, hoy está ‘LIBERADA’ en cuanto sexo […] Las mujeres, los jóvenes, el cuerpo, cuya aparición después de milenios de servidumbre y de olvido constituye en efecto la virtualidad más revolucionaria y, por lo tanto, el riesgo más fundamental para cualquier orden establecido, se presentan integrados y recuperados como ‘mito de emancipación’. A las mujeres se les da a consumir la Mujer, a los jóvenes los Jóvenes y, en esta emancipación formal y narcisista, se consigue exorcizar [conjurer] su liberación real.”

(Jean-Trissotin Baudrillard, La sociedad de consumo)






Ellos dicen que es Amor. Nosotras decimos que es trabajo no remunerado.
Ellos lo llaman frigidez. Nosotras lo llamamos absentismo.
Cada embarazo involuntario es un accidente de trabajo.
Homosexualidad y heterosexualidad son ambas condiciones de trabajo…
Pero la homosexualidad es el control de los obreros sobre la producción, no el fin del trabajo.
¿Más sonrisas? Más dinero. Nada será más eficaz para destruir las virtudes de una sonrisa.
Neurosis, suicidio, desexualización: enfermedades profesionales del ama de casa.

Silvia Federici, Salarios contra el trabajo doméstico, 1974





El trabajador puede sindicalizarse, irse a huelga; las madres están aisladas unas de otras en sus casas, atadas a sus hijos por lazos compasivos. Nuestras huelgas salvajes se manifiestan casi siempre bajo la forma de un derrumbamiento físico o mental.

Adrienne Rich, Nacemos de mujer, 1980





La diferencia está en el hecho de que mientras la derecha hace una distinción entre la madre y la puta, la izquierda declara la libertad de hacer uso de todas las mujeres para todos los hombres. La izquierda implica a las mujeres con el concepto de libertad, que éstas buscan por encima de todo, pero en realidad sólo las quiere libres para usarlas; la derecha las engaña con el concepto de buenas mujeres, cosa que ellas quieren ser por encima de todo, y hacer uso de ellas en cuanto esposas: las putas que procrean.

A. Dworkin, Pornography





En el seno del Espectáculo, se puede decir de la Jovencita lo que Marx señala del dinero: que es “una mercancía especial que es apartada por un acto común del resto de las mercancías y sirve para exponer su valor recíproco”.





“Además —y aquí empezaba el verdadero pandemónium de la colegiala— había todo un montón de íntimas cartitas de parte de los jueces, abogados y procuradores, farmacéuticos, comerciantes, estancieros, médicos, etc. ¡De todos aquellos brillantes e imponentes personajes que tanto me impresionaran siempre! Me asombraba. […] ¿Entonces ellos también, a pesar de las apariencias mantenían relaciones con la  colegiala? ¡Increíble —repetía— increíble! ¿Entonces la Madurez les resultaba tan pesada que, en secreto para la esposa y los hijos, mandaban largas epístolas a la colegiala del 2° año? […] Esas cartas me evidenciaron de golpe todo el poder de la moderna colegiala. ¿Dónde no dominaba?”

(Gombrowicz, Ferdydurke)





“Y si es cierto que lo jurídico pudo servir para representar, de manera sin duda no exhaustiva, un poder centrado esencialmente en la retención y la muerte, resulta absolutamente heterogéneo respecto a los nuevos procedimientos de poder que funcionan no en el castigo sino en el control, y que se ejercen en niveles y en formas que desbordan el Estado y sus aparatos. Hace ya siglos que hemos entrado en un tipo de sociedad en la que lo jurídico puede cada vez menos codificar el poder o servirle como sistema de representación. Nuestra línea de pendiente nos aleja cada vez más de un reino del derecho que empezaba ya a retroceder hacia el pasado en la época en que la Revolución Francesa y, con ella, la edad de las constituciones y los códigos, parecían convertirlo en una promesa para un futuro cercano.
Es esa representación jurídica la que todavía está en obra en los análisis contemporáneos sobres las relaciones del poder con el sexo. Ahora bien, el problema no consiste en saber si el deseo es ajeno al poder, si es anterior a la ley como se imagina con frecuencia, o si, por el contrario, es la ley la que lo constituye. Ése no es el punto. Ya sea el deseo esto o aquello, de cualquier manera se continúa concibiéndolo en relación a un poder siempre jurídico y discursivo, un poder que encuentra su punto central es la enunciación de la ley. Se permanece aferrado a una determinada imagen del poder-ley […] Y es de esta imagen que es preciso liberarse, es decir, del privilegio teórico de la ley y de la soberanía, si se quiere realizar un análisis del poder dentro del juego concreto e histórico de sus procedimientos. Es preciso construir una analítica del poder que ya no tome al derecho como modelo y como código. […] Pensar a la vez el sexo sin la ley, y el poder sin el rey.”

Michel Foucault, La voluntad de saber





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