jueves, 29 de enero de 2015

Discurso del jefe indio “Seattle” dirigido al hombre blanco (1854) / EEUU: los apaches defienden sus tierras / Brenda Norrell





Discurso del jefe indio “Seattle” dirigido al hombre blanco (1854)


El gran Jefe de Washington nos envía un mensaje para hacernos saber que desea comprar nuestra tierra. También nos manda palabras de hermandad y de buena voluntad. Agradecemos el detalle, pues sabemos que no necesita de nuestra amistad. Pero vamos a considerar su oferta, porque también sabemos de sobra que, de no hacerlo así, quizá el hombre blanco nos arrebate la tierra con sus armas de fuego.

Pero... ¿Quién puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?. Esa idea es para nosotros extraña. Ni el frescor del aire, ni el brillo del agua son nuestros. ¿Cómo podría alguien comprarlos?. Aún así, trataremos de tomar una decisión.

Mis palabras son como las estrellas: eternas, nunca se extinguen. Tenéis que saber que cada trozo de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada aguja de un abeto, cada playa de arena, cada niebla en la profundidad de los bosques, cada claro entre los árboles, cada insecto que zumba es sagrado para el pensar y sentir de mi pueblo. La savia que sube por los árboles es sagrada experiencia y memoria de mi gente.

Los muertos de los blancos olvidan la tierra en que nacieron cuando
desaparecen para vagar por las estrellas. Los nuestros, en cambio, nunca se alejan de la tierra, pues es la madre de todos nosotros. Somos una parte de ella, y la flor perfumada, el ciervo, el caballo, el águila majestuosa, son nuestros hermanos. Las escarpadas montañas, los prados húmedos, el cuerpo sudoroso del potro y el hombre..., todos pertenecen a la misma familia.

Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington nos envió el recado de que quería comprar nuestra tierra, exigía demasiado de nosotros. El Gran Jefe nos quiere hacer saber que pretende darnos un lugar donde vivir tranquilos. Él sería nuestro padre, y nosotros seríamos sus hijos. ¿Pero eso será posible algún día?. Dios debe amar a vuestro pueblo y abandonado a sus hijos rojos.



Él ha enviado máquinas para ayudar al hombre blanco en su trabajo, y con ellas se construyen grandes poblados. Él hace que vuestra gente sea, día a día, más numerosa. Pronto invadiréis la tierra, como ríos que se desbordan desde las gargantas montañosas, como una inesperada lluvia. Mi pueblo, sin embargo, es como una corriente desbordada, pero sin retorno. No, nosotros somos razas diferentes. Nuestros hijos y los vuestros no juegan juntos, y vuestros ancianos y los míos no cuentan las mismas historias. Dios os es favorable, y nosotros nos sentimos huérfanos. Aun así, meditaremos sobre
vuestra oferta de comprarnos la tierra. No será fácil, porque esta tierra es sagrada para nosotros.
Nos sentimos alegres en estos bosques. Ignoro el por qué, pero nuestra forma de vivir es diferente a la vuestra. El agua cristalina, que corre por los arroyos y los ríos no es sólo agua, es también la sangre de nuestros antepasados. Si os la vendiéramos tendríais que recordar que es sagrada, y enseñarlo así a vuestros hijos. De hecho, los ríos son nuestros hermanos.
Nos libran de la sed, arrastran nuestras canoas y nos procuran alimento. Cada imagen que reflejan las claras aguas de los lagos son el recuerdo de los hechos que ocurrieron y la memoria de mis gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Así es, Padre Blanco de Washington: los ríos son nuestros hermanos. Si os vendemos nuestra tierra, tendréis que recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos -y en adelante, los vuestros- y tratarlos con el mismo cariño que se trata a un hermano.

Es evidente que el hombre blanco no entiende nuestra manera de ser. Os es indiferente una tierra que otra porque no la ve como a una hermana, sino como a una enemiga. Cuando ya la ha hecho suya, la desprecia y la abandona.
Deja atrás la tumba de sus padres sin importarle. Saquea la tierra de sus hijos y le es indiferente. Trata a su madre -la Tierra- y a su hermano -el firmamento-como a objetos que se compran, se usan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Hambriento, el hombre blanco acabará tragándose la tierra, no
dejando tras de sí más que un desierto. Mi gente siempre se ha apartado del ambicioso hombre blanco, igual que la niebla matinal en los montes cede ante el sol naciente. Pero las cenizas de nuestros antepasados, sus tumbas, son tierra santa, y por eso estas colinas, estos árboles, esta parte del mundo, nos es sagrado.

No sé, pero nuestra forma de ser es muy diferente de la vuestra. Quizás sea porque soy lo que vosotros llamáis "un salvaje" y, por eso, no entiendo nada. La vista de vuestras ciudades hiere los ojos de mi gente. Quizá porque el "Piel Roja" es un salvaje y no lo comprende. No hay silencio alguno en las ciudades de los blancos, no hay ningún lugar donde se pueda oír crecer las hojas en primavera y el zumbido de los insectos. No hay un solo sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar desde el que poder escuchar en primavera el brote de las hojas o el revolotear de un insecto. Tal vez sea porque soy lo que llamais "un salvaje" y no comprenda algunas cosas...

El ruido de vuestras ciudades es un insulto para el oído de mi gente y yo me pregunto ¿Qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de la garza o el diálogo nocturno de las ranas en un estanque?. Mi pueblo puede sentir el suave susurro del viento sobre la superficie del lago, el olor del aire limpio por el rocío de la mañana y perfumado al mediodía por el aroma de los pinos. El aire es de gran valor para nosotros, pues todas las cosas participan del mismo aliento: el animal, el árbol, el hombre, todos.

El hombre blanco parece no dar importancia al aire que respira, a semejanza de un hombre muerto desde hace varios días, embotado por su propio hedor. Pero, si os vendemos nuestra tierra, no olvidéis que tenemos el aire en gran estima, que el aire comparte su espíritu con la vida entera.

El viento dio a nuestros padres el primer aliento, y recibirá el último. Y el viento también insuflará la vida a nuestros hijos. Y si os vendiéramos nuestra tierra, tendríais que cuidar el aire como un tesoro y cuidar la tierra como un lugar donde también el hombre blanco sepa que el viento sopla suavemente sobre la hierba en la pradera.Cuando el último de entre mi gente haya desaparecido, cuando su sombra no sea más que un recuerdo en esta tierra -aun entonces- estas riberas y estos bosques estarán poblados por el espíritu de mi pueblo, porque nosotros amamos este paisaje del mismo modo que el niño ama los latidos del corazón de su madre. Si decidiese aceptar vuestra oferta, tendría que poneros una condición: que el hombre blanco considere a los animales de estas tierras como hermanos.
Soy lo que llamáis "un salvaje" y no comprendo vuestro modo de vida, pero he visto miles de búfalos muertos, pudriéndose al sol en la pradera. Muertos a tiros, sin sentido, desde las caravanas. Yo soy un salvaje y no puedo comprender cómo una máquina humeante -el caballo de hierro- puede importar más que el búfalo, al que sólo matamos para sobrevivir. ¿Qué es el hombre sin animales? Si todos los animales desaparecieran el hombre también moriría en la soledad de su espíritu. Lo que le suceda a los animales tarde o temprano le sucederá también al hombre. Todas las cosas están estrechamente unidas.

Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la Tierra es su madre…


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EEUU: los apaches defienden sus tierras 

Los propietarios apache de tierras en Río Grande le dijeron a la Agencia de Seguridad Nacional el 7 de enero de 2008 que detuviese la confiscación de sus tierras para el muro fronterizo entre EE.UU. y México. Fue el mismo día en que expiró el aviso de treinta días de la Seguridad Nacional junto con la amenaza de confiscar las tierras mediante el derecho a expropiación para construir el muro fronterizo entre EE.UU. y México.

La Agencia de Seguridad Nacional (ASN) declaró que utilizará el derecho de expropiación para tomar posesión de las tierras que ahora tienen propietarios privados. ASN también ha presentado exoneraciones exigiendo que los propietarios de las tierras garanticen al personal de ASN el acceso a su propiedad durante un periodo de doce meses con tal de llevar a cabo estudios para el proyecto de construcción propuesto. Los propietarios fueron informados de que si no permiten voluntariamente el acceso de los agentes federales a sus tierras, el gobierno de EE.UU. entablará una demanda para garantizar a las autoridades de la seguridad nacional el acceso irrestricto a las tierras privadas, a pesar de la oposición de los dueños. Seguridad Nacional ha afirmado que si es necesario expropiará propiedades incluso sin el consentimiento de los propietarios de las tierras, con el fin de completar la construcción de la valla fronteriza.



Muchos propietarios de tierras, como también líderes civiles y activistas de derechos humanos, se oponen a los planes del gobierno de EE.UU. de permitir el acceso de agentes federales de seguridad del estado a propiedades privadas. Las exigencias del gobierno y la estrategia agresiva entran en conflicto con los derechos de propiedad privada y son particularmente desconcertantes para las comunidades indígenas afectadas por esta situación.
Raíces profundas de resistencia
Las comunidades tejanas que se encuentran en la zona de la frontera internacional consisten principalmente de nativos americanos y de herederos de concesiones de tierras que han residido en estas propiedades heredadas durante cientos de años. La Seguridad Nacional tiene previsto completar las porciones tejanas de la valla antes del final del 2008.

“Hay dos tipos de personas en este mundo, los que construyen muros y los que construyen puentes,” dijo Enrique Madrid, miembro de la comunidad apache Jumano, propietario de tierras en Redford, y administrador arqueológico de la Comisión Histórica de Tejas.
“El muro en el sur de Tejas es militarización,” dijo Madrid acerca del aumento de las patrullas fronterizas y la presencia militar. “Estarán armados y dispararán a matar.”

En 1997, un marine de los EE.UU. emplazado en la frontera disparó y mató a Esequiel Hernández de 18 años, que estaba cuidando a sus ovejas cerca de su hogar en Redford. “Tuvimos la esperanza de que sería el último ciudadano de EE.UU. y el último nativo americano asesinado por las tropas,” dijo Madrid durante una conferencia de prensa el siete de enero con apaches de Tejas y Arizona. En lugar de eso, el número de personas disparadas y matadas o atropelladas por patrullas fronterizas y otros agentes estadounidenses ha aumentado bruscamente al continuar la militarización.

La doctora Eloisa Garcia Tamez, una profesora apache lipán que vive en Río Grande, describió como los oficiales estadounidenses intentaron presionarla para que les permitiese acceder a sus tierras privadas para realizar inspecciones para el muro fronterizo entre EE.UU. y México.
“Les he dicho que no está a la venta y que no pueden entrar en mis tierras.” Tamez es una de las propietarias y propietarios de las tierras sobre las que la Agencia para la Seguridad Nacional planea erguir setenta millas de valla doble e intermitente en el valle de Río Grande.
Tamez dijo que el gobierno de EE.UU. quiere acceso a todas sus tierras, que está a ambos lados de un dique. “Después decidirán donde construir el muro. Podría ser sobre mi casa.” Tamez dijo que puede tener sólo tres acres, pero que es todo lo que tiene.
La hija de Tamez, Margo Tamez, poeta y académica, dijo: “No somos gente de muros. Va en contra de nuestra cultura tener muros. La Tierra y el Río van juntos. Tenemos que estar con el río. Tenemos que estar con esta tierra. Hemos nacido de esta tierra.”
Margo Tamez añadió que la recientemente aprobada Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas garantiza el derecho de los pueblos indígenas a sus territorios tradicionales.
Rosie Molano Blount, apache chiricaucha de Del Río señalo que muchos de los apaches chiricauchas habían servido en el ejército estadounidense. “Estamos orgullosos de ser americanos,” dijo Blount, añadiendo que los Chiricahua siempre han apoyado al gobierno estadounidense. Ahora, con el creciente hostigamiento a la gente en la zona fronteriza, la actitud local hacia el gobierno federal está cambiando.

“¡Ya Basta!” dijo Blount, repitiendo la frase que se convirtió en el grito de guerra de los zapatistas luchando por los derechos de los pueblos indígenas.
Blount dijo que hace falta un diálogo acerca de los asuntos de la frontera, pero no una militarización o un muro fronterizo. También lanzó un mensaje al secretario de la Seguridad Nacional Michael Chertoff. “No venga aquí a dividir nuestras familias, Chertoff. Usted cree que esa es la única manera de hacer las cosas.”
Michael Paul Hill, apache San Carlos de Arizona, describió como agentes fronterizos de EE.UU. violaron y abusaron sus objetos sagrados mientras cruzaba la frontera, incluyendo una piedra sagrada, pluma de águila, y un tambor utilizado en las ceremonias.
Después de participar en una ceremonia apache en México, cuando Hill y otros apaches volvieron a entrar en EE.UU. un equipo SWAT totalmente equipado estaba esperándolos y los interrogó. “Me llamaron extranjero”, dijo Hill, añadiendo que los agentes fronterizos maltrataron sus objetos ceremoniales y le advirtieron de que quizá podía conseguir cruzar la frontera sin inspecciones exhaustivas en Nogales, Arizona, “pero no en Tejas.”
“Daba mucho miedo,” dijo Margo Tamez, que también estaba ahí. Señaló cómo la creciente militarización está aterrorizando a la gente que intenta seguir con su vida, trabajando, cuidando a sus familias y manteniendo sus ceremonias tradicionales.



Isabel García, co-presidenta de Derechos Humanos en Tucson, Arizona, dijo que Arizona ha sido un laboratorio sobre los efectos de criminalizar la frontera. Señalando que la frontera de Arizona es la tierra ancestral de los tohono o’odham (también llamados pápagos), dijo: “En estas fronteras ha sido donde ha vivido la gente desde tiempos inmemoriales.” Garcia describió el clima de militarización y abuso de los agentes de las patrullas fronterizas, recordando que en 2002 agentes fronterizos “cowboy” atropellaron y mataron al tohono o’odham Bennet Patricio Jr. de dieciocho años. Su madre, Angie Ramon, todavía busca justicia por la muerte de su hijo.

García también describió las muertes por deshidratación y calor en el desierto de Sonora en el sur de Arizona, donde las fallidas políticas fronterizas han empujado a los inmigrantes, que sólo buscan una vida mejor, hacia los traidores desiertos. “Doscientos treinta y siete cuerpos fueron encontrados en un año y la mayoría estaba en las tierras tribales de los tohono o’odham…”


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