sábado, 14 de febrero de 2015

El empeño en hablar del sexo / Maurice Blanchot





El empeño en hablar del sexo 


Hay quizá que decir ahora que Foucault, en esta obra sobre la Historia de la sexualidad, no entabla con el psicoanálisis ningún combate que sería irrisorio. Pero no oculta su inclinación a no ver en él más que desenlace de un proceso, estrechamente asociado a la historia cristiana. La confesión, el reconocimiento del pecado, los exámenes de conciencia, las meditaciones sobre los extravíos de la carne sitúan en el centro de la existencia la importancia sexual, y finalmente desarrollan las tentaciones más extrañas de una sexualidad que se difunde por todo el cuerpo humano. Se alienta lo que se pretende desalentar. Se da la palabra a todo aquello que hasta entonces permanecía en silencio. Se da un precio único a aquello que se querría reprimir mientras lo convierte en obsesivo. Del confesionario al diván hay un recorrido de siglos (pues se necesita tiempo para dar algunos pasos), pero de los pecados a los placeres, y después del murmullo secreto a la charla infinita, se encuentra el mismo empeño en hablar de sexo, a la vez para liberarse de él y para perpetuarlo, como si la única ocupación, en el intento de convertirse en dueño de su verdad más preciosa, consistiera en consultarse consultando a los demás únicamente sobre el dominio maldito y bendito de la sexualidad. He seleccionado algunas frases en las que Foucault formula su verdad con cierto humar: “Somos, después de todo, la única civilización donde hay encargados que reciben retribución por escuchar a cada cual hacer confidencias de su sexo… han puestos sus oídos en alquiler”. 


Y sobre todo este irónico juicio sobre el considerable tiempo pasado y quizá perdido en poner el sexo en discurso: “Quizá un día nos asombremos. No se comprenderá bien que una civilización, consagrada por otra parte a desarrollar inmensos aparatos de producción y de destrucción, haya encontrado el tiempo y la infinita paciencia para interrogarse con toda ansiedad sobre todo lo que tiene que ver con el sexo, se sonreirá quizá al recordar que aquellos hombres que hemos sido creían que por ese lado una verdad al menos tan preciosa como la que habían recabado ya a la tierra, a las estrellas y a las formas puras del pensamiento; sorprenderá el empeño que hemos puestos en fingir arrancar de su noche una sexualidad que todo –nuestros discursos, nuestros hábitos, nuestras instituciones, nuestros reglamentos, nuestros saberes- producía a plena luz del día y divulgaba estrepitosamente…” Pequeño fragmento de un panegírico al revés donde parece que Foucault, ya desde este primer libro sobre la Historia de la sexualidad, quisiera poner término a vanas preocupaciones a las que él se propone sin embargo consagrar un número considerable de volúmenes que finalmente no escribirá.

Maurice Blanchot



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