lunes, 9 de febrero de 2015

Historias de la mala muerte, de Max Aub / Miguel Sánchez-Ostiz




Historias de la mala muerte, de Max Aub 

Publicados en México, en 1965, las Historias de la mala muerte, de Max Aub, son su particular contribución a la celebración de los XXV años de paz, los de la absolución franquista, el turismo y la propaganda del bienestar, y una obsesión: el olvido –hasta los asesinos de uniforme confiaban en ello, después de cometer una atrocidad festiva: “Y pensar que dentro de nada de esto nadie se recordará!” –, el olvido de lo que fueron, el olvido por lo que lucharon, la derrota… una amargura y un desgarro ciertos y legítimos, los del exilio –Francia, México, Argelia–, cárceles, fusilamientos, vidas arruinadas, manipulación política también del PC de la época, rebelión, ansia de libertad… Max Aub, olvidado en vida, enterrado también en vida, por los que le negaron la existencia y la posibilidad real del regreso, y por los que, fatuos y felices, le perdonaron la vida literaria y baldada –el paisaje de La gallina ciega es de una mugre que ahora mismo solo ha tenido como heredero el Gregorio Morán de El cura y los mandarines. Y un propósito que compartía el autor con sus baldados personajes: escribir para que cuando menos se supiera que Queipo de Llano era un asesino y quienes festejan sus hazañas, sus cómplices, hasta ahora mismo.

Miguel Sánchez-Ostiz




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