miércoles, 11 de febrero de 2015

Susan Sontag, “Sobre la fotografía”


 “Sobre la fotografía”

 

La fotografía es experiencia capturada. Fotografiar es apoderarse de lo fotografiado. Hoy todo existe para culminar en una fotografía.

 

La fotografía en un libro es, obviamente, la imagen de una imagen. La imagen manipulada de una imagen manipulada.

 

Cada ciudadano es un vaciadero de imágenes: una forma irresistible de contaminación mental.

 

La fotografía es un simulacro de conocimiento, un simulacro de sabiduría, tal como el acto de fotografiar es un simulacro de posesión.

 

Las fotografías no explican nada, son inagotables invitaciones a la deducción, la especulación y la fantasía.

 

Toda posibilidad de comprensión arraiga en la capacidad de decir no.

 

Como señala Brecht, “una fotografía de las fábricas Krupp prácticamente no revela nada acerca de esa organización. La comprensión se basa en el funcionamiento de ese algo.”

 

Las imágenes anestesian. Las fotografías de atrocidades se desgastan con la repetición, como el impacto de la pornografía, que acaba llegando a un punto de saturación.

 

El tiempo termina por elevar casi todas las fotografías, aun las más torpes, al nivel del arte.

 

La fotografía no es sólo una fracción de tiempo sino de espacio. Un encuadre establece “nuevas” fronteras. La cámara atomiza, controla y opaca la realidad.

 

El fotógrafo está condicionado por imperativos tácitos de gusto y conciencia. El disparo del fotógrafo es el que privilegia el instante capturado, eso es “una intervención que interpreta” toda una experiencia o acción. La fotografía puede colaborar a consolidar una posición moral, o no.

 

La fotografía traduce “experiencias” a “imágenes”. Las fotografías del turista son la evidencia irrecusable de haber estado allí. El viaje turístico se transforma en una estrategia para acumular fotografías. Se toman fotos “fotogénicas”, dignas de convertirse en convencional “souvenir”. Menos disparar, la cámara lo hace todo por usted, es omnisapiente.

 

El álbum fotográfico familiar es, con frecuencia, lo único que queda de ella. La “nostalgia” de la fotografía nos procura una relación “tenue” con el pasado.

 

Una imagen fotográfica no es meramente el resultado de un encuentro entre un acontecimiento y un fotógrafo. El fotógrafo no interviene en la “acción”, sólo la captura. No interviene pero sí participa, como el voyeur sexual.

 

La imagen fotográfica sobrevive a la experiencia capturada. Pero el caudal de imágenes indiscriminadas consigue que cada nueva imagen anule a la precedente.

 

Fotografiar personas es violarlas, en la medida en que la imagen capturada puede ser poseída simbólicamente.

 

La cámara como falo parece ser una ineludible metáfora: cargar, apuntar, enfocar, disparar… El “Winchester” se ha metamorfoseado en “Hasselblads”, el safari armado en safari fotográfico. La cámara como arma predatoria.

 

Toda fotografía secciona un momento y lo congela, atestiguando el paso despiadado del tiempo. Todas las fotografías son “memento mori”.

 

Susan Sontag

 

 


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