lunes, 2 de marzo de 2015

Andalucía, ¿fin de régimen? / ISIDORO MORENO




Andalucía, ¿fin de régimen?


Treinta y cinco años después del 28 de febrero, Andalucía sigue siendo dependiente en lo económico (quizá aún más que entonces), subalterna en lo político (sólo se tiene en cuenta como granero de votos o trampolín para carreras personales dentro de partidos) y degradada en lo cultural (basta con conectar Canal Sur cinco minutos o comprobar la ausencia de nuestra cultura en las instituciones educativas). Andalucía no ha resuelto ninguno de sus principales problemas, ni ha convergido con otros territorios del Estado, ni ha avanzado en términos comparativos respecto a ellos: estamos donde estábamos, en el último lugar en todas las estadísticas. Ello se debe a que si bien Andalucía conquistó aquel día de 1980 su derecho a ser reconocida como una autonomía de primera división, equiparándose jurídicamente a Cataluña, el País Vasco y Galicia, el Estatuto consensuado luego por UCD, PSOE, PCE y PSA-PA careció de competencias para las transformaciones necesarias y nunca los sucesivos gobiernos de la Junta, siempre del mismo partido, quisieron que Andalucía jugara en la división a la que tenía derecho –la de las nacionalidades- sino en la inferior –la de las regiones-.
Lo que sí ha sido la autonomía andaluza es el medio para la instauración de un régimen. El sueño de Alfonso Guerra de hacer del PSOE un doble del PRI mejicano sí se ha cumplido en Andalucía. Su partido nos viene gobernando un tiempo que ya equivale prácticamente al del franquismo. Por supuesto que debido a los resultados electorales, por lo que nadie debe cuestionar su legitimidad de origen pero sí la legitimidad de función: lo que se ha construido ha sido una trama político-clientelar, una urdimbre económico-política y un monopolio de los medios de comunicación públicos que tiene como resultado la corrupción que emerge por todas partes y una forma prepotente de gobernar que está en las antípodas de una democracia real, aunque a veces esto se enmascare con la retórica o, como ahora, con un populismo barato.




Hace casi tres años, el PSOE no consiguió el necesario apoyo en votos pero allá que fue Izquierda Unida para servirle de muleta de apoyo, ofreciendo sus diputados, como en otras legislaturas ya hiciera el PA con resultado de suicidio, para garantizar la permanencia del régimen a cambio de tres consejerías y un “pacto de 28 leyes”, que ahora ha sido burlado como era fácil de prever. Cuando ya no han sido necesarios para el régimen, una vez aprobados los presupuestos de este año, los de IU han sido puestos de patitas en la calle y todavía hoy, a la vez que critican a quien los ha expulsado (sólo faltaría que aplaudieran a Doña Susana), no cierran la puerta a posibles acuerdos postelectorales con la justificación de siempre: cerrar el paso a “la derecha”. Por lo que se ve, siguen pensando que el PSOE es un partido de izquierda.
Más allá de donde cada quién situemos ideológicamente a cada partido político (si es que alguien piensa que estos responden hoy a ideologías y no son sólo lobbies de intereses), el mantenimiento en el poder de un mismo partido, durante treinta y cinco años, no es sano. Ni en Andalucía ni en ninguna otra parte, porque el territorio se convierte en cortijo y los ciudadanos en clientes. Incluso si no hubiera alternativas, es decir, propuestas que respondieran a una lógica centrada en los derechos de las personas
y los pueblos, en la lucha contra las desigualdades, la interculturalidad y el derecho a decidir a todos los niveles, y no en facilitar los beneficios a bancos y multinacionales, la ocupación por largo tiempo de instituciones y cargos de poder por una misma organización o unas mismas personas es siempre negativa, entre otras cosas porque, como afirma una frase bien conocida, el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Y aquí nunca ha habido ni alternativa ni siquiera alternancia.



El adelanto electoral, posibilitado porque somos, aunque nadie lo tenga en cuenta salvo para esto, una autonomía de primera división, y la defenestración de los socios ¿o peones? de ocasión en el gobierno de la Junta sólo tiene una clave: evitar que las elecciones andaluzas tengan lugar tras dos sucesivos descalabros electorales del PSOE para tratar de mantener, por otros cuatro años, el régimen pesocialista en Andalucía, apuntalando también al partido, si se consiguiera este objetivo, en las municipales y generales. La debilidad aquí de los adversarios en este momento (el PP tiene que esconder a su candidato bajo la chaqueta de Rajoy, Podemos está a medio construir, IU sigue con su posibilismo entreguista) hace ahora más factible esa posibilidad que dentro de un año. Si estas elecciones no significaran el fin del régimen, Andalucía será utilizada como la nueva Covadonga para la reconquista de España por el partido que inventaron Felipe González y Guerra, teledirigidos por Willy Brandt. Y esa guerra en modo alguno nos interesa a los andaluces.

ISIDORO MORENO

Catedrático Emérito de la Universidad de Sevilla
Para Diario de Sevilla y otros diarios del Grupo Joly. Entregado el 15 de febrero de 2015.


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2 comentarios:

  1. "En el año 2006 la Junta de Andalucía le entregó a Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, la medalla como hija predilecta de la comunidad. Esta señora tiene en su propiedad 25.000 hectáreas, siendo la segunda mayor latifundista de España, además de recibir, por tener esas tierras, más de 3 millones de euros anuales en subvenciones."

    Con eso está (casi) todo dicho.

    Salud

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  2. Andalucía es un buen ejemplo de lo que es el Régimen PPSOE. Salvo en la última legislatura el PSOE ha disfrutado de mayorías electorales que le hacen responsable único de las políticas implementadas y de sus frutos obtenidos: ahí está la realidad social, cultural y política para que cada uno saque sus propias conclusiones. Ahí están las bases yanquis, las relaciones con Marruecos, las mafias rusas y los jeques en Marbella, los ERES de CC OO y UGT... y no olvidar que a la duquesa de Alba la declaración de la renta le salía a devolver... las cuentas suizas no tributan!

    Salud

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