domingo, 15 de marzo de 2015

Ramón del Valle-Inclán / Josep Mª de Sagarra





Ramón del Valle-Inclán

…Don Ramón del Valle-Inclán, cuando se había pasado seis horas sentado en el café Regina, disertando sobre los endemoniados de Sanlúcar o los hijos naturales de don Porfirio Díaz, se iba al Ateneo seguido de dos o tres admiradores más adictos. A veces don Ramón no entraba en la cacharrería; situábase en uno de los asientos del amplio corredor y continuaba el tema del café con un grupo que lo escuchaba boquiabierto. Pero si venía cargado con bala, y tenía necesidad de llamar follón, forajido o mal nacido a algún germanófilo que le saliese al paso, penetraba en el lugar de la conversación más viva y en seguida le hacían corro. Don Ramón pasaba por un momento brillantísimo, estaba trabajando en sus esperpentos y acababa de escribir los poemas de la “Pipa de Kif”, que leyó una noche en el salón de actos, delante de quienes se lo tomaban de buena fe, y de unos jóvenes más o menos institucionistas que se las daban de finos y contemplaban a Valle-Inclán como si fuese un payaso. Yo creo que el tipo más asno y más obtuso se encuentra entre los intelectuales peripuestos y suficientes, que imaginan que el mundo ha comenzado con su insignificancia y la peca que les ha salido en la nariz.

Recuerdo que oí la lectura de don Ramón al lado de Pérez de Ayala, y ante las risas y aspavientos de ciertos jóvenes, Pérez de Ayala, que no era un incondicional de Valle-Inclán, se puso hecho una furia. Valle-Inclán era magnífico contando embustes con su hablar ceceante y sincopado, que en el momento oportuno salía con un gallo que se quebraba líricamente, o se deprimía en una voz lúgubre de capuchino que pasa hambre. Valle-Inclán, con todas sus coronas de papel mascado que emergían de su sueño cafre y con las escobas más viles y prostibularias que él, como don Quijote, consideraba como escobas de brujas omnipotentes, ha sido una figura colosal, y si en sus escritos hay mucho oro auténtico, a pesar de un latón que no deja de haber sido forjado con cazurrería y hasta con alma, en su persona de carne y huesos y en el cucurucho alucinante de su imaginación existió uno de los españoles más ricos de materia fáustica. Era naturalísimo que Valle-Inclan, Baroja y Unamuno no se pudieran ver mutuamente; si los hubiesen dejado se habrían comido los hígados uno a otro. Y digo que era naturalísimo porque los tres llevaban dentro un fantasma excepcional y exclusivista que no quería competencias. Lo que yo no veía naturalísimo, sino grotesco, era la posición melindrosa de unos intelectuales universitarios que hacían circular sobre Valle-Inclán cuatro tópicos de portería y no veían la densidad de aquel gran lobo cenceño perfumado de desolación y papel de Armenia.

Josep Mª de Sagarra,  (Retratos)


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2 comentarios:

  1. De la señalada terna me quedo con Vallen-Inclan... y con su benjuí.

    Salud

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  2. Para mí el descubrimiento ha sido Josep Mª de Sagarra, magistral prosista, que ejerció de periodista, dramaturgo, traductor de Dante y Shakespeare, y memorialista… y del que tenía buenas referencias pero hasta ahora nunca lo había leído. El libro se titula “Retratos”, me ha costado 1 euro en una caseta de La cuesta de Moyano, y es una selección de sus famosas “Memorias”, donde realiza estupendos apuntes de figuras como Gómez de la Serna, Ortega, Rubén Dario, Azorín, Maragall… otro autor catalán, como su contemporáneo Josep Pla, que anduvo de jovencito por el Madrid de principios de siglo y nos cuenta, de manera espléndida, lo que vio.

    Salud

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