sábado, 21 de marzo de 2015

Raymond Williams. Una larga revolución / Iván Conte




La reciente publicación de la antología Historia y cultura común (Catarata, 2008) ha vuelto a poner de actualidad a Raymond Williams (1921-1988), uno de los autores clave de las corrientes críticas de la teoría cultural. La obra de Williams abrió la reflexión estética a nuevos territorios en los que el arte, el pensamiento o la literatura establecen relaciones complejas con conflictos sociales y políticos de gran amplitud. Recuperamos algunas declaraciones señeras que realizó a lo largo de su dilatada carrera.

La importancia de las comunidades "El verdadero problema de las políticas tradicionales es que cuando han existido alianzas han sido de liderazgo y, por tanto, de una utilidad muy limitada. Sencillamente, no está bien que sólo los líderes se enzarcen en la construcción de alianzas. Si ha de haber alianzas, vendrán de gente que rechace el liderazgo y construya una base popular".

"Yo veo el socialismo de una manera diferente a la intelligentsia inglesa fabiana o marxista. Todavía recibo reprimendas de cuando en cuando por preocuparme demasiado de las comunidades y no ser lo suficientemente universalista. Pero, naturalmente, ¡la universalidad de la clase media inglesa es una contradicción en sí misma!"

Globalización "Cada vez soy más de la opinión de que en este estadio de la internacionalización de la producción, no hay ninguna posibilidad de que el crecimiento vaya a satisfacer las necesidades de la gente. Simplemente, unos se harán más ricos (por esa internacionalización), y otros más pobres".

Las masas "Siempre he estado en contra del término ‘cultura de masas’. Puede sonar presuntuoso de mi parte, pues el uso del término está muy extendido, pero quiero llamar la atención sobre las asociaciones implícitas que trae consigo. En política, el término ‘masa’ es muy ambivalente. La derecha lo usa para hablar de la democracia de masas, que es algo bastante vulgar e impredecible y volátil; y la izquierda para hablar de la acción de masas como un modo de mostrar solidaridad, gente reuniéndose para cambiar su condición. En el término ‘masa’ se confunden muchas cuestiones. Si es simplemente una etiqueta, vale, pero creo que es más que eso: el término está cargado de presuposiciones, en particular procedentes de prejuicios antidemocráticos sobre cualquier cosa que alcance o esté dirigido a un gran número de gente".


Cultura popular "El término ‘cultura popular’ ha llegado al siglo XX con al menos tres significados. En primer lugar, antes de la revolución industrial, se mezcló con el término ‘folk’. A pesar de que el término alemán ‘volk’ se pudo traducir como ‘popular’, fue vertido como ‘folk’. También estaba ‘popular’ en el sentido más sencillo de algo que se dirigía a un gran número de gente, y el término que llegó al siglo XIX significaba ‘apreciado por un gran número de personas’. La cultura popular significa ahora para algunos de sus practicantes aquello que representa cierto tipo de interés o experiencia en oposición a los modos de una cultura establecida, o enfrentado al poder".

Los peligros de la nostalgia cultural "Existe una interminable reconstitución nostálgica que se debe en parte a la creencia de que en algún lugar yace una esencia del pueblo, una esencia del mundo popular que se ha perdido de alguna manera, pero que se puede reconstruir reconectándonos con nuestro pasado. Cuando, en realidad, la historia ha transformado tanto esta esencia que la única conexión significante sería estrictamente contemporánea, no solamente en el plano material, sino también en la manera en que se produce, sea cual sea el período del que se trate. El mayor peligro es tener fantasías sobre una conciencia pasada que, si se pudiera revivir con unos añadidos contemporáneos, transformaría el presente. No es así. Esta creencia es un ejemplo de una de las estrategias de oposición defectuosas que nos han conducido a donde estamos ahora".

Los medios de comunicación "Hoy existe un falso sentido de comunidad transatlántico dentro del mundo de habla inglesa. La gente dice cosas como ‘¿no es maravilloso que diecisiete millones y medio de nosotros estuviésemos viendo patinaje sobre hielo la pasada noche? Se trata de una experiencia nacional compartida’. Me gustaría dar la bienvenida a cualquier cosa que rompa con esta idea falsa. La idea de nación referida a un área de interés relevante, de gente a la que ‘reconocemos’, excluye a la mayoría de la gente del mundo a la que no reconocemos pero vemos por televisión.

Estoy en contra de la noción de un servicio público que afirme representar ideas como el interés nacional o el interés público, que considero construcciones falsas. Hablando con algunos licenciados de la Universidad de Cambridge en un seminario, gente que normalmente no trabaja en los medios de comunicación, les pedí que imaginasen que, al ir a una biblioteca, se encontraran con un encantador bibliotecario que les dijese: ‘Tenemos una selección de libros muy interesante para que leas esta semana. Tenemos una novela histórica, un libro de bricolaje, un thriller y un libro de jardinería’, y todo lo que tuviesen que hacer fuese llevarse los libros a casa. Es algo absurdo para cualquiera que valore los libros, pero esta es precisamente la convención que se ha naturalizado en el medio televisivo: gente preparando una selección para ti".




La importancia de la responsabilidad civil y las ciudades "Últimamente pienso a menudo acerca de una tradición ciudadana, en particular respecto a Europa [...]. En la actualidad hay signos en Europa de que cada vez se reconoce más la importancia de la ciudad, a pesar de ser algo todavía muy problemático. Después de todo, a través de la historia de la cultura europea, la responsabilidad civil ha sido con frecuencia más importante que la responsabilidad nacional. Esto trae consigo la posibilidad de tener experiencias diferentes en distintas ciudades y que eso sea algo bueno, porque es deprimente pensar en ir de una ciudad a otra y encontrar lo mismo".

Literatura distópica "No puedo soportar gran parte de la literatura distópica. Son proyecciones de fealdad y odio en torno a las dificultades de una revolución o un cambio político, y me parece que señalan un periodo de escritura burguesa realmente decadente en el que el estatus de los seres humanos se ve reducido… Confieso que ahora no sería capaz de leerla".






Raymond Williams a través de sus libros

El origen de Raymond Williams (1921-1988) en un entorno rural galés marcado por la minería, y su posterior viaje con una beca a Cambridge, en donde terminaría ejerciendo como profesor, marcaron profundamente sus líneas de pensamiento. Así, su biografía siempre está presente, ya sea en sus ideas sobre el campo y la ciudad, en la importancia de extender el alcance de las oportunidades educativas a todas las clases y edades, o en su crítica a las aspiraciones hegemónicas de ciertos grupos. También fue un determinante analista de los matices presentes en términos que usamos a diario, como "masas" o "medios de comunicación". Aunque una reciente biografía sostiene que disfrutaba más escribiendo novelas, son sus ensayos literarios los que han dejado una huella más profunda en los estudios culturales, el materialismo cultural y la Nueva Izquierda.

El libro Historia y cultura común (Catarata, 2008) recoge ensayos que dan una visión de conjunto de las principales áreas en las que trabajó Raymond Williams. Se caracterizan por un estilo accesible, didáctico y riguroso y constituyen una excelente puerta de entrada al resto de su obra. En "La cultura es algo ordinario" (1958), "La idea de cultura común" (1968) y "Los usos de la teoría cultural" (1986) ataca las connotaciones negativas asociadas a las "masas", y defiende la cultura como algo creado entre todos, en continuo estado de transformación, frente a los intentos por parte de determinados grupos de imponer su idea de cultura al resto de la sociedad, y de limitar la participación de otros grupos en la articulación de esta idea, revisando el papel que juegan en el proceso los medios de comunicación. Se trata de una cultura determinada por los medios de producción característicos de un momento histórico determinado, como expone en "Es usted marxista, ¿verdad?" (1975). Finalmente, en "Individuos y sociedades" (1961), se ocupa cómo se relaciona un individuo con la sociedad mediante el asociacionismo y mediante relaciones de tensión y cooperación, uno de sus grandes intereses.

Raymond Williams dio el salto a la notoriedad con el pionero Cultura y sociedad (1958). Estructurado como un estudio de la evolución del concepto de cultura entre los siglos XVIII y XX, plantea la omnipresente relación de la cultura con la ideología. La larga revolución (1961), otro de sus títulos emblemáticos, se refiere a la revolución cultural que tiene lugar de manera paralela a las revoluciones democrática e industrial. En El campo y la ciudad (1973) confronta su percepción del entorno rural de Gales con la visión del mismo estudiada en Cambridge a través del prisma de la literatura, para postular que, de hecho, "campo" y "ciudad" son construcciones mentales en continuo proceso de transformación que reflejan los cambios socioeconómicos motivados por el capitalismo. Planeado en un principio como un apéndice de Cultura y sociedad, Palabras clave: un vocabulario de la cultura y la sociedad (1976) tiene la ventaja de que puede ser leído de un tirón o usado como libro de consulta, especialmente mientras se lee otro texto de Raymond Williams. Se trata de un glosario con descripciones etimológicas de los conceptos clave en su pensamiento, en el que se revelan las tensiones históricas ocultas en palabras aparentemente neutrales. Por último, Marxismo y literatura (1977) tiene mucho de culminación de su obra anterior. En él establece las principales bases teóricas de lo que hoy conocemos como materialismo cultural y que parten principalmente de su pensamiento.




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