lunes, 16 de marzo de 2015

Vázquez Montalbán / “Autobiografía del General Franco”.







“…Julio Amescua era un héroe ligero, como pedían los tiempos y estuvo en todas las listas para ministeriales, las hiciera UCD, las hiciera el PSOE y ni siquiera nosotros los comunistas le hubiéramos hecho asco, de hecho yo le propuse ser senador por Madrid en la primera convocatoria electoral y él se emocionó, recordó mis síntesis de Marx y Freud y tantas luchas, pero por la buena salud de la editorial que nos daba de comer a todos no podía comprometerse. Dado el clima de sinceridad de la conversación, me puse nostálgico y le dije que mi síntesis entre Freud y Marx se la debía a Trotski. 

Fue entonces cuando me di cuenta de las hondas raíces ideológicas que siempre había albergado Julio, porque hizo un mohín de refinado distanciamiento y dijo: “¡Ah, Trotski…!”. Pero especialmente emocionado y comunicativo, aquel día me explicó por qué le tenía manía a Trotski: “ Hay un monumento clave en la historia del comunismo mundial, y es ese encuentro en Viena entre Trotski, Stalin y Bujarin. Stalin está realizando un trabajo sobre nacionalidades y sabe mediocremente el alemán, no olvidemos que era hijo de una sierva y un borracho, Stalin era un ex seminarista espabilado… en cambio Bujarin y Trotski hablan perfectamente alemán. Los dos habían hecho estudios superiores, eran capaces de estar hablando horas y horas desde posiciones mentales de alta abstracción, mientras a Stalin le había costado muchísimo entrar en la dialéctica hegeliana, ¿me sigues?, bien. Trotski recuerda aquel encuentro desagradablemente, memoriza un dato menor, frívolo diría yo en el contexto del gigantismo de la época: recuerda que Stalin tenía los ojos “glaucos”, ¿qué te parece? De un camarada tan fundamental como Stalin sólo le queda el que tenía los ojos glaucos. Es la frivolidad del señorito burgués marxista frente al intelectual proletario. Por eso no me extraña que la concepción política en su totalidad de Trotski se resintiera de esa malformación de origen. Stalin pisaba tierra, pero Trotski podía permitirse el lujo de soñar revoluciones totales y universales desconociendo la capacidad de réplica del antagonista, ¿me sigues? 

Stalin acertó en el diagnóstico de la situación, tanto en los años veinte como en los treinta, pero sobre todo en los treinta. Sí, ya sé que a los intelectuales nos molesta su crueldad, su zafiedad, todo eso. Al fin y al cabo ¿qué somos, de dónde venimos, adónde vamos? Pero ¿qué capitalismo podía ser competitivo del capitalismo real ya que no podía serlo un socialismo internacionalizado? Pues un capitalismo de estado que fue lo que Stalin fraguó con mano de hierro, porque no había otra manera, mientras Trotski se iba a México a inspirar manifiestos surrealistas a Bretón y declaraciones hiperliberales sobre el arte y la cultura. Marcial. Trotski era un jilipollas”.


Manuel Vázquez Montalbán, en “Autobiografía del General Franco”.



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