sábado, 11 de abril de 2015

Grecia, el factor OTAN / Manlio Dinucci


 Por afinidad cultural e histórica, Grecia espera que Rusia la ayude a resolver su crisis económica. Pero la Historia, con el golpe de Estado que la OTAN organizó en Atenas en 1967, recuerda los límites políticos de la soberanía de los Estados europeos en general y de Grecia en particular.




El recuerdo del golpe de Estado militar organizado por la OTAN en 1967 sigue pesando sobre la vida política griega. ¿Puede Grecia acercarse hoy a Rusia?


Alexis Tsipras se reúne con Vladimir Putin en Moscú el 8 de abril de 2015, precisamente en momentos en que la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) celebran una nueva cumbre sobre Grecia, que al día siguiente tendría que reembolsar la primera parte de los 450 millones de euros del préstamo concedido por el FMI.

Los temas oficiales del encuentro de Moscú son el comercio y la energía, incluyendo la posibilidad de que Grecia se convierta en el hub europeo del nuevo gasoducto destinado a reemplazar el South Stream, cuya construcción fue bloqueada por Bulgaria bajo la presión de Estados Unidos. El nuevo gasoducto llevaría el gas ruso hasta las puertas de la Unión Europea. También se abordará una posible disminución de las contra-sanciones rusas para permitir la importación de productos agrícolas griegos.

Según sus propias declaraciones a la agencia Tass, el 31 de marzo, el primer ministro griego Alexis Tsipras comunicó al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y a la responsable de la política exterior europea, Federica Mogherini, que «no estamos de acuerdo con las sanciones contra Rusia» [1]. Y en la primera cumbre de la Unión Europea a la que asistió como primer ministro griego, el 19 y 20 de marzo, Tsipras proclamó oficialmente que «la nueva arquitectura de la seguridad europea debe incluir a Rusia».

Para confirmar esa posición, Tsipras estará nuevamente en Moscú el próximo 9 de mayo para participar en el 70º aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi, celebración que la mayoría de los líderes occidentales –comenzando por Barack Obama, Angela Merkel y David Cameron– han decidido boicotear.

Por el contrario, también asistirá a la celebración el presidente chino Xi Jinping y representantes de las fuerzas armadas chinas desfilarán con los militares rusos en la Plaza Roja simbolizando la alianza cada vez más estrecha entre Rusia y China. Por su parte, el presidente ruso Vladimir Putin irá en septiembre a Pekín para celebrar el 70º aniversario de la victoria sobre el Japón militarista.

Al acercarse a Rusia, la Grecia de Tsipras también se acerca de hecho a China y a la nueva área económica euroasiática que está naciendo alrededor del Banco de Inversiones para Infraestructura que ha creado Pekín, al que ya se han sumado Rusia y unos 40 países más. Varios organismos financieros, así como los del grupo BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) –interesados en convertirse en una alternativa al Banco Mundial y al FMI, bajo control de Estados Unidos y de las principales potencias occidentales– podrían aportar a Grecia los medios que necesita para escapar al asfixiante abrazo de la Unión Europea, del Banco Central Europeo y del FMI.
Porque China también quiere hacer del Pireo un hub de primera importancia en su red comercial. Según The Independent, «el gobierno griego está dispuesto a nacionalizar los bancos del país y a crear una nueva moneda», o sea que está dispuesto a abandonar el euro y, si es necesario, salir incluso de la Unión Europea [2].

Pero aquí entra en juego otro factor. Grecia no sólo es miembro de la Unión Europea sino también de la OTAN. «Una Grecia amiga de Moscú podría paralizar la capacidad de reacción de la OTAN ante la agresión rusa», advierte Zbigniew Brzezinski [3].

Palabras amenazadoras que no debemos subestimar ya que Brzezinski fue durante mucho tiempo consejero estratégico de la Casa Blanca, con la que aún se mantiene en estrecho contacto. Aunque el ministro de Defensa Panos Kammenos asegura que «el nuevo gobierno griego mantiene sus compromisos con la OTAN a pesar de sus relaciones políticas con Rusia», en Washington y Bruselas seguramente se están preparando planes para impedir que Grecia se convierta en un «eslabón débil» en el nuevo enfrentamiento con Rusia y, de hecho, con China. No hay que olvidar que en 1976 el «putsch de los coroneles griegos» se basó en el plan «Prometeo» de la OTAN [4].

Han cambiado los tiempos. Pero no han cambiado los intereses políticos y estratégicos en los que se basa la OTAN, que además se ha hecho aún más experta en la aplicación de métodos de desestabilización interna.

Manlio Dinucci




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