domingo, 26 de abril de 2015

Párrafos de… “Un invierno en Mallorca” / George Sand




Párrafos de… “Un invierno en Mallorca” 


“Es que no se trata tanto de viajar como de partir. ¿Quién de nosotros no tiene algún dolor que olvidar o algún yugo que sacudir”


“…si hay vanidad y tontería en publicar los halagos que se reciben, ¿no hay mayor tontería y vanidad, aun en los tiempos que corremos, a alardear con las injurias de las que se es objeto?”

“A pesar de sus huracanes y sus asperezas, Mallorca, con mucho acierto llamada Isla Dorada por los antiguos, es extremadamente fértil, y sus productos son de una calidad exquisita. El trigo es tan puro y hermosos que sus habitantes lo exportan y de él se sirven exclusivamente en Barcelona para hacer una clase de pasteles, blancos y ligeros, llamados “pan de Mallorca”. Los mallorquines importan de Galicia y Vizcaya un trigo más barato y de calidad inferior, con el cual se alimentan, por cuyo motivo en el país más rico en excelente trigo comen un pan detestable. Ignoro si esta especulación les es muy ventajosa.”



“…cuenta que las montañas y particularmente las de Torrella y Galatzó, poseían en su época los más hermosos árboles del mundo. Había olivo que medía 42 pies de circunferencia y 14 de diámetro; pero estos magnífico bosques fueron devastados por los carpinteros de ribera, los cuales, con motivo de la expedición española contra Argel, extrajeron de ellos las maderas necesarias para la construcción de una flotilla completa de lanchas cañoneras. Las vejaciones a que fueron sometidos entonces los propietarios de estos bosques y la mezquindad de las indemnizaciones que les fueron dadas, indujeron a los mallorquines a destruir sus bosques en vez de aumentarlos. Hoy la vegetación es aún tan abundante y hermosa que el viajero no piensa en lamentar el pasado, pero hoy como entonces y en Mallorca como en toda España el “abuso” es aún el primero de todos los poderes. No obstante el viajero no oye jamás un lamento, porque al empezar un régimen injusto, el débil se calla por temor y, cuando el mal está hecho, siguen callando por costumbre.”




“Como en Mallorca no saben ni engoradar los bueyes, ni utilizar la lana, ni ordeñar las vacas, puesto que detestan la leche y la mantequilla tanto como desprecian la industria; como no saben producir el trigo suficiente para atreverse a comerlo, ni cultivar la morera para criar el gusano de seda; como han perdido el arte de la carpintería, antes muy floreciente y ahora completamente olvidado; como no tienen caballos, porque España, materialmente se apodera de sus potros para utilizarlos en su ejército, razón por la cual el pacífico mallorquín, para no ser tomado por tonto, no quiere trabajar para sostener la caballería del reino, como no cree necesario tener ni una carretera, ni un solo sendero practicable en toda la isla, puesto que el derecho de exportación está entregado al capricho de un gobierno que no tiene tiempo de ocuparse de estas minucias, el mallorquín vegetaba y no tenía otra cosa qué hacer y qué decir, sino rezar su rosario y remendar sus calzones, más estropeados que los de Don Quijote, su patrón en miseria y en orgullo, hasta que vino el cerdo a salvarlo todo. Una vez autorizada la exportación de este cuadrúpedo, ha empezado la era nueva, la era de la salvación.”


George Sand, “Un invierno en Mallorca”



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