sábado, 30 de mayo de 2015

George Sand / Un invierno en Mallorca




“Se halla además, en esta biblioteca, la hermosa carta naútica del mallorquín Valseca, manuscrito de 1439, obra maestra de caligrafía y de dibujo topográfico, sobre la cual el miniaturista ha realizado un maravilloso trabajo. Este mapa perteneció a Américo Vespucio, el cual lo compró por un precio muy elevado, como lo atestigua una inscripción de la época en el dorso mismo: “Questa ampla pelle di geographia fú pagata da Amerigo Vespucci CXXX ducati di oro di marco."

‘Este precioso monumento de la geografía de la Edad Media será publicado en breve como continuación al atlas catalano mallorquín de 1375, inserto en el volumen XIV, segunda parte, de las “Noticias de manuscritos de la Academia de Inscripciones y Bellas Letras’.

Al transcribir esa nota se me erizan los cabellos, pues vuelve a mi memoria una escena terrible.

Estábamos en esta misma biblioteca de Montenegro, y el capellán desenrollaba ante nosotros esta carta naútica, este tan precioso y raro monumento comprado por Américo Vespucio en 130 ducados de oro, y sabe Dios por cuanto, por el aficionado a las antigüedades que fue el Cardenal Despuig… cuando uno de los cuarenta o cincuenta criados de la casa se le ocurrió colocar un tintero de corcho sobre una de las puntas del pergamino para mantenerlo desplegado sobre la mesa, ¡Y el tintero estaba lleno, lleno hasta los bordes!

El pergamino, habituado a estar enrollado, tal vez impulsado por algún espíritu maligno, hizo un esfuerzo, crujió, dio un salto, y se enrolló sobre sí mismo arrastrando el tintero que desapareció envuelto en él, mientras saltaba vencedor de todo obstáculo. Se oyó un grito general; el capellán se quedó más palido que el mismo pergamino.

Se desenrrolló lentamente el mapa, animados todos por una vana esperanza. ¡Ay! ¡el tintero estaba vacío! El pergamino quedó inundado, y los pequeños y hermosos soberanos pintados en miniatura, nadaban literalmente en un mar más negro que el Ponto Euxino.

Entonces todos perdieron la cabeza. Creo que el capellán se desmayó. Los criados corrieron en busca de cubos de agua como si se tratara de un incendio, y con escobillas y con esponjas se dispusieron a limpiar el mapa, arrastrando, entremezclando, reyes, mares, islas y continentes.

Antes de que hubiéramos podido oponernos a ese celo fatal, el mapa fue estropeado en parte, pero por suerte el daño no fue irremediable: M. Tastu había sacado un calco exacto del pergamino y gracias a él se podrá, bien o mal, reparar el daño.

Pero, ¡cuál debió ser la consternación del limosnero al enterarse su señor! Todos estábamos a seis pasos de la mesa en el instante de la catástrofe; pero estoy seguro de que la culpa recayó entera sobre nosotros, y que este hecho, imputado a los franceses, no habrá contribuido a dejarnos en buen lugar en Mallorca.

Este trágico acontecimiento nos privó de admirar e incluso percibir las maravillas que contiene el palacio de Montenegro: el gabinete de las medallas, los bronces antiguos y los cuadros. Teníamos prisa por irnos antes de que volviera el dueño y, convencidos de que se nos achacaría el daño, no nos atrevimos a volver.”

George Sand (Un invierno en Mallorca)  


***

No hay comentarios:

Publicar un comentario