martes, 26 de mayo de 2015

Iván Giménez, “El corralito foral”




“ La siniestra imagen de varios camiones cargados de cadáveres dando tumbos por las carreteras navarras en 1980, de Corella a Azagra, y de allí a Pamplona, solo es superada por la inquietante evidencia de que ese cargamento desapareció, y que hoy nadie es capaz de averiguar qué ocurrió de verdad. Se trata, sin duda, de la más lograda metáfora de la Transición, como paradigma del ocultamiento, la amnesia y la impunidad. No es creíble que aquellos 52 cuerpos, prueba de cargo contra los asesinos de 1936 en Valcardera, desaparecieran sin la intervención de altas instancias muy incómodas ante la posibilidad de un acto público en Pamplona que hiciera patentes los crímenes cometidos  cuarenta años antes…

En 1980 sus responsables seguían vivos, y muchos de ellos ocupaban importantes parcelas de poder. No hay que olvidar tampoco que por aquellas fechas, José María Jimeno Jurío se vio obligado a abandonar sus investigaciones sobre la represión de la Guerra Civil tras recibir una amenaza de muerte firmada por la Triple A. En muchos casos, el olvido y el silencio no fueron una opción, sino la única manera de salvar la vida… y eso que Franco ya llevaba cinco años bajo tierra.

Poco antes, en 1974, había muerto a los 94 años el capuchino Gumersindo de Estella (Martin Zubeldia era su nombre civil) sin poder ver la publicación de su escalofriante testimonio, recogido entre 1936 y 1939 en Torrero (Zaragoza), donde asistió en sus últimos momentos a 1700 fusilados. El manuscrito cayó en 1978 en manos de Víctor Manuel Arbeloa, sacerdote, historiador y poco después figura central del PSN, con encargo por parte de los capuchinos de publicarlo. Arbeloa lo consultó con el arzobispo, y conscientes de la carga de profundidad que encerraba el texto, decidieron ocultarlo. El original acabó en manos de una familia de Pamplona, y finalmente se hizo con una copia Pablo Antoñana, quien en 2002 se lo mostró al periodista de “Egunkaria”, Alberto Barandiaran. Este publicó un reportaje sobre los fusilamientos de Torrero y la figura de Gumersindo de Estella, y finalmente en octubre de 2003 la editorial zaragozana Mira se atrevió a publicar el manuscrito estellés, editado por Tarsicio de Azcona. Es decir, hubo que esperar 64 años desde el final de la Guerra Civil y 25 años desde la censura total que Víctor Manuel Arbeloa y la jerarquía eclesiástica navarra decretaron contra el relato en primera persona de la represión que falangistas y requetés ejercieron en la retaguardia”.

Iván Giménez, “El corralito foral”


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