miércoles, 27 de mayo de 2015

Lectura urgente de un maremoto en Galicia / Antón Sánchez




Lectura urgente de un maremoto en Galicia 

Las mareas gallegas arrebatan al Partido Popular las alcaldías de las tres mayorías absolutas con que contaba en las ciudades gallegas.

Las elecciones municipales han supuesto en Galicia un auténtico maremoto político provocado indudablemente por las “mareas”, candidaturas de unidad popular conformadas por diferentes organizaciones del espacio de ruptura y ciudadanía no organizada partidariamente. La lectura parece clara. El éxito de la izquierda, tanto social como política, es directamente proporcional a su capacidad de generar espacios de confluencia amplios y sin fisuras.
De las siete ciudades gallegas, que es donde se concentra el grueso de la población gallega y donde tradicionalmente comienzan los cambios políticos a nivel de país, las mareas pueden llegar a gobernar tres, precisamente las tres donde el Partido Popular tenía mayoría absoluta: Santiago de Compostela, A Coruña y Ferrol. En las dos primeras las mareas logran además ser la fuerza más votada, algo impensable hace apenas un par de meses.

Muy significativa y simbólica es la victoria de Martiño Noriega y Compostela Aberta en la capital, que vivió una legislatura extremadamente convulsa, con tres alcaldes en cuatro años. El hasta ahora alcalde de Teo, concello limítrofe, logró en poco más de dos meses pasar por encima de la gran apuesta de Núñez Feijoó en estas elecciones, Agustín Hernández. Diez concejales frente a nueve del PP, cuatro del PSOE –que se da un batacazo histórico– y dos del BNG. El propio Martiño hacía ayer, al poco tiempo de conocer los resultados, mención a dos personas, Ánxel Casal y Xosé Manuel Beiras, con el que comparte portavocía en Anova. El primero de ellos fue el último alcalde nacionalista de Santiago, hasta que fue “paseado” en agosto de 1936. Cuatro meses antes nacía Beiras. “Hoy hacemos justicia por Ánxel Casal… y por Xosé Manuel Beiras”, recordó Noriega en su intervención.

En A Coruña la gesta no fue menor. La candidatura de la Marea Atlántica, encabezada por Xulio Ferreiro, superó todas las expectativas al ganar las elecciones. La marea, conformada por un buen número de activistas sociales con el apoyo de todos los partidos de la izquierda rupturista, veía así premiado su gran trabajo y su extraordinaria capacidad para aglutinar la mayor parte de la izquierda bajo una misma ilusión. Tenemos un deseo común, rezaba uno de sus lemas. Mientras, en Ferrol se puede llegar a dar un gobierno tripartito, pero capitaneado por Jorge Suárez, de Ferrol en Común.

Difícil pues queda el panorama urbano gallego para el Partido Popular, que probablemente sólo pueda alcanzar la alcaldía de Ourense. Una derrota muy severa que se ve acrecentada por el hecho de que sólo tendrá mayoría en una de las cuatro Diputaciones provinciales, la de Ourense. El castigo electoral a Núñez Feijoó, que se volcó en la campaña, puede estar indicando un cambio político en el país de mucho mayor calado en el próximo año y medio.

Así, más que en términos cuantitativos, el revolcón provocado por las mareas es cualitativamente una revolución sin precedentes en el panorama político gallego, donde se dibuja claramente la diferencia entre lo viejo y lo nuevo, que ahora si parece que empieza a nacer con claridad.

El mensaje de Anova-Irmandade Nacionalista en esta campaña electoral se centró en que las municipales deberían servir, además de para recuperar el poder para los vecinos y vecinas, para caminar hacia la ruptura democrática con este régimen putrefacto, desembocando en un frente de unidad popular que derrotase al bipartidismo en las elecciones generales, y propiciando así el inicio de un nuevo proceso constituyente.




Los Pactos del 78 giraban alrededor de tres ejes: preservar la situación de privilegio de la oligarquía financiera, el  perdón al franquismo por todos sus delitos y la unidad sagrada de España garantizada por el ejército. En Anova pensamos que estos tres ejes están en disputa. Precisamos una economía al servicio de la sociedad, y no al revés como ahora sucede, al tiempo que luchamos por el final de la monarquía y por el reconocimiento de la libre determinación de las diferentes naciones del estado.

Con este mismo análisis Anova apostó por Alternativa Galega de Esquerda hace tres años en las elecciones autonómicas de Galicia, con un llamamiento de Xose Manuel Beiras a un frente amplio de las fuerzas no bipartidistas de izquierdas, traspasando la frontera tradicional del nacionalismo y federalismo y bajo la premisa de la asunción de las organizaciones políticas del derecho de Galicia a su autodeterminación.

En las elecciones europeas, la llamada se extendió a las fuerzas de izquierdas de las naciones del Estado español, para crear un frente amplio y asestar un duro golpe al bipartidismo. Esa apuesta no cuajó por diferentes razones, como el exceso de cálculo partidario, de manera que sólo pudimos concurrir como Alternativa Galega de Esquerda en Europa, logrando una eurodiputada. Aunque la derrota del bipartidismo pudo ser más evidente, los dos grandes partidos no superaron el 50 por ciento y Podemos irrumpió con fuerza, con un discurso rupturista como síntoma del deseo de cambio de gran parte de la ciudadanía.

Ante este escenario las elecciones municipales no podían ser más que otra oportunidad para redoblar la apuesta por la unidad popular, siendo conscientes de que había que dar entrada a contingentes de ciudadanía no organizada partidariamente, una vez que desde los movimientos sociales de las principales ciudades se determinó por fin la necesidad y oportunidad de la participación en las instituciones para la consecución de sus objetivos. Por eso desde el verano pasado Anova decidio que sus militantes participasen allí donde surgiesen candidaturas ciudadanas de unidad popular, las mareas, pioneras desde Galicia, una vez más, en el Estado.

La materialización de esta idea en cada ciudad o pueblo –se contabilizaron hasta 70 candidaturas de unidad popular diferentes– fue diferente, dependiendo de su realidad, de sus contingentes y del mayor o menor acierto de los actores. Algo normal en un proceso tan nuevo y tan complejo, casi sin ensayos previos y en medio de un escenario rígido durante décadas.

Allí donde mejor cristalizó el proceso, donde las organizaciones políticas como Anova, EU, Podemos, Equo, Compromiso por Galicia o Espazo Ecosocialista remaron con la ciudadanía ejercente sin afiliación partidaria en una sola dirección, donde surgieron líderes indiscutidos, la victoria fue arrolladora. Al tiempo, donde los procesos tuvieron más dificultades los resultados son moderadamente buenos, siendo las mareas llave en varias ciudades, pero con la sensación de no llegar a exprimir todo el potencial de cambio que había.




Sea como fuere, lo que parece patente es que en Galicia está naciendo un nuevo sujeto político y que, a poco que se trabaje en la misma dirección, viene para quedarse, aunque no tenga aún perfilada la fórmula definitiva.

No deberíamos desaprovechar esta oportunidad también a nivel de Estado, un cambio que sin duda pasa también por la generación de una amplia confluencia de las organizaciones rupturistas de las diferentes naciones. Es el momento de ir por la victoria y a por un nuevo proceso constituyente en el estado español.
Ninguna organización por si misma es capaz de alcanzar este objetivo. La suma multiplica. La unidad debe ser la fuerza motriz para cambiarlo todo.

Antón Sánchez  (Coordinador Nacional de Anova)



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