viernes, 5 de junio de 2015

Sobre el folletín, los superhéroes y las doctrinas de consolación (y 3).




Sobre el folletín, los superhéroes y las doctrinas de consolación.


“…Sue descubre la existencia de las jerarquías y la necesidad de la lucha de clases. Ahora ya no cree en las conciliaciones paradisíacas y sus proletarios ya no dicen ‘¡Ah, si los ricos supieran!’ Saben que los ricos lo saben y por eso son y quieren continuar siendo ricos. Por consiguiente, cogen las armas y se echan a la calle. La obra concluye con las jornadas de febrero de 1848 y lanza un grito de acusación indignada a Bonaparte. Sue ha descubierto, por fin, que ‘el odio de la injusticia también descompone el rostro’ y que ‘no es posible ser bueno’. Y la realidad ya no puede nada para disuadirle.”

“La publicación de “Les mystères du peuple’ tropieza con muchas dificultades y el aire se hace irrespirable. Sue ahora ya predica abiertamente la sublevación, pero es demasiado tarde. El 2 de diciembre del mismo año se da el golpe de Estado. La República muere y vuelve el Imperio. Sue es detenido junto con otros diputados de su partido. Corre el peligro de ser deportado, pero con la ayuda de amigos influyentes y, aunque Napoleón III le odia con toda su alma, consigue un permiso para ganar la frontera. Empiezan los años del exilio en Saboya, en Annecy, entre miles de peripecias y tentativas de fijar su residencia en otro país vive entonces un desesperado amor senil, asiste a las reuniones de exiliados en el Piamonte liberal, entabla amistad con Gioberti y Mazzini (éste hará publicar ‘Les mystères du peuple’ en Suiza), es blanco de ataques feroces por parte del clero saboyano y de la clase conservadora que mira con malos ojos la presencia en su territorio del Corruptor. La alianza entre Piamonte y Napoleón III dificultará el exilio. Termina ‘Les mystères du peuple’ a finales de 1856 y, cuando escribe la palabra fin, su fin también es próximo.

Por aquel entonces, el dandy ya se habrá convertido en un hombre de ideas firmes y sólidas.”




“Con Sue, muere el folletín clásico. (…) El año anterior, el barón Haussmann había hecho demoler el viejo París. Con él, suprimió el escenario de eventuales misterios e impidió sobre todo que en las nuevas calles, anchas y bordeadas de árboles, se pudiera levantar barricadas.

Muerto Sue, murió también el París de Sue: queda el libro. Aún puede suscitar en nosotros bastantes emociones: donde la participación se hace imposible, compensa el deleite nostálgico de la lóbrega tienda de antigüedades y el gusto crítico que se siente al saborear un documento característico de la época romántica –testimonio más próximo de lo que se suele creer a las obras relevantes de Sand, Balzac, Hugo, Poe, Cooper o Scott.

Por otra parte, es un ejemplo digno de estudio. Si la problemática de un género narrativo de masas merece consideración- y si los problemas actuales se anticiparon en los fenómenos de mercado literario en los siglos XVIII y XIX-, “Los misterios de París” presentan un campo ideal para investigar cómo se conectan y cómo se influyen mutuamente industria cultural, ideología de consolación y técnica narrativa de la novela de consumo”.


(Umberto Eco sobre Eugène Sue y Los misterios de París.)


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