viernes, 3 de julio de 2015

Aniversario del asesinato de Valentín González Ramírez / Alfredo Grimaldos



Nuestros mártires en la Transición. 29 de junio, aniversario del asesinato de Valentín González Ramírez 


 “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”
Rodolfo Walsh





- El 29 de junio (de 1979) muere el trabajador del mercado de Valencia Valen­tín González Ramírez, de 20 años, a consecuencia del impacto de una bala de goma que le dispara a bocajarro un policía nacional. Valentín se dispone en ese momento a ayudar a su padre, que está siendo brutal­mente apaleado por otro agente. Los hechos suceden durante una huel­ga legal de las collas de carga y descarga del mercado valenciano. Los tra­bajadores de este sector reclaman el cumplimiento del laudo dictado por la Delegación de Trabajo de Valencia, que obliga a los empresarios del sector a subir los salarios de sus empleados. Los asentadores no han he­cho caso de la resolución: ni la recurren, ni pagan. Las deudas a los tra­bajadores se han ido acumulando hasta superar los 13 millones de pese­tas. Los descargadores deciden entonces recurrir a la huelga legal, en defensa del cumplimiento del laudo y del pago de los atrasos. Se entrega en el Gobierno Civil un extenso escrito informando a las autoridades de cuál es la situación y señalando que se convoca la huelga como única po­sibilidad de presión que les queda.

El día 25 por la mañana hay una asamblea en la que participan los 115 descargadores del Mercado de Abastos. En ella se decide no provo­car el menor incidente y se recuerda que están actuando dentro de la más estricta legalidad. Se propone que los piquetes informativos que se van a situar a la entrada del mercado estén compuestos por trabajadores mayores de 60 años. El resto de los huelguistas se mantendrá dentro del mercado en actitud pacífica. Hacia las ocho de la tarde, se forma una ba­rrera a la entrada del mercado, con vallas metálicas y carretillas, para im­pedir la entrada a los transportistas, y se reparten hojas explicativas a camioneros y transeúntes. No hay ningún enfrentamiento con los transportistas.
Media hora después llega a las inmediaciones del mercado un fuerte contingente policial, al mando de un oficial, que se dirige a los trabaja­dores diciendo que la policía no interfiere en asuntos laborales y que sólo quiere saber si la huelga es legal. Mientras un trabajador va a buscar los papeles oficiales que acreditan la legalidad de la convocatoria, el mando policial se acerca a su vehículo y habla por teléfono. Cuando vuelve, le enseñan los papeles, pero se desentiende de ellos y conmina a los huelguistas a que desalojen la zona en tres minutos.



Algunos trabajadores, entre ellos Valentín y su padre, se refugian en la caseta de vestuarios que hay a la entrada del mercado. La policía lanza una bomba al interior y el ambiente se hace allí irrespirable. Con una si­lla, los hombres que hay dentro de la caseta rompen los cristales de la ventana que da a la calle y saltan desde ella. Valentín, con su padre y otros compañeros, sale por la puerta.

Un policía comienza a apalear al padre del joven y éste se acerca para protegerle con su cuerpo. En ese momento, otro agente, que está a sólo dos metros, dispara una bala de goma contra Valentín, quien, casi inconsciente tras recibir el impacto del proyectil, se derrumba sobre una valla. Un golpe terrible en la cabe­za, con una porra, le hace caer definitivamente al suelo. Se produce una gran tensión y algunos policías, montando sus subfusiles, impiden que otros trabajadores se acerquen al joven caído. Los mismos policías le practican la respiración artificial y un masaje cardíaco y, al ver que no reacciona, permiten que se suba su cuerpo al coche de un compañero, que le traslada al Hospital Provincial. Cuando llega allí, a Valentín sólo le queda un aliento de vida y no hay tiempo de intervenirle quirúrgica­mente: la gran hemorragia interna que sufre acaba con su vida. Ante tan inesperada tragedia, su padre queda completamente trastornado, sin ca­pacidad para reaccionar.
Un centenar de compañeros de Valentín hacen guardia ante un círcu­lo de carretillas de carga y descarga, en el lugar donde el joven ha caído herido de muerte. En el centro, pintan la silueta del trabajador con una cruz sobre el corazón. Sindicalistas, trabajadores y vecinos inundan de flores ese reducido espacio. El gobernador civil, José María Fernández del Río, que estaba fuera de Valencia mientras se producían los aconteci­mientos, regresa rápidamente a la ciudad y declara provocativamente: «La policía ha sido demasiado blanda».



El día 27 tiene lugar en Valencia una jornada de huelga general, que es respaldada de forma masiva, y más de cien mil personas salen a la calle para protestar contra el crimen. Es la mayor manifestación celebrada en la ciudad del Turia hasta ese momento. A las tres en punto, las sirenas de los barcos del puerto suenan tres veces, cuando la cabeza de la comitiva llega al cementerio. El féretro con el cadáver de Valentín, cubierto por la bande­ra rojinegra de la CNT, sindicato al que pertenecía, pasa en volandas sobre manos acostumbradas a cargar y es depositado en la tumba. El silencio queda roto a partir de ese momento, con gritos que reclaman justicia.




Un comunicado conjunto, firmado por todos los sindicatos de clase, el día 26, señala: «Otro militante obrero ha caído. Una vez más, cuando todavía suenan los ecos de las balas de Euskadi, las fuerzas de "orden pú­blico" han hecho otra víctima para ofrecerla al Estado que las ceba. Los hijos de las dictaduras son como ellas mismas. Los retoños del franquis­mo y las instituciones que lo prolongan son familiares a los métodos de aquél en cuyo seno se han hecho políticos y cuya política hoy tenemos que sufrir. ¡ABAJO LA MONARQUÍA! ¡FUERA SUS ASESINOS A SUELDO!».
Ningún político dimite y ningún policía es procesado por la muerte de Valentín.

En 1993, por iniciativa de la central sindical CGT y del Ateneo Li­bertario Al Margen, se constituye una plataforma popular para reivindi­car que el Instituto de Enseñanza Media ubicado en lo que fue el antiguo Mercado de Abastos de Valencia lleve el nombre de Valentín González. «Queremos homenajear, en el recuerdo de Valentín, a los tra­bajadores anónimos que lucharon por las libertades, tanto en la Dicta­dura como en la Transición. Pensamos que esta iniciativa puede consti­tuir un ejercicio de recuperación de la memoria histórica de una época sobre la que se quiere echar un manto de olvido», manifiestan los impul­sores de esta iniciativa en un comunicado. Desde entonces siguen recor­dando a Valentín con periódicas concentraciones en el lugar donde el joven trabajador fue asesinado.

Tomado de “La sombra de Franco en la Transición
 de Alfredo Grimaldos. OBERON 2004



***