miércoles, 15 de julio de 2015

Cartas desde la cárcel y otros textos de Gramsci.





“Cada día hay que comprender, prever, proveer…”
(Antonio Gramsci)

“…me he encontrado en condiciones terribles otras veces, sin desesperarme por ello. Toda esa vida me ha consolidado el carácter. Estoy convencido de que incluso cuando todo está o parece perdido hay que volver a ponerse a trabajar tranquilamente, volviendo a empezar por el principio. Estoy convencido de que, no hay que contar nunca más que consigo mismo y con sus propias fuerzas, sin esperar nada de nadie y sin procurarse, por tanto, desilusiones. Que no hay que proponerse hacer más que lo que se sabe y se puede hacer, y que hay que andar por el propio camino. Mi posición moral es excelente: hay quien me considera un demonio y quien me cree un santo. Yo no quiero representar ni al mártir ni al héroe. Creo ser simplemente un hombre medio que tiene sus convicciones profundas y no las vende por nada del mundo.”
(Cartas desde la cárcel).





“En ningún país puede el proletariado conquistar y conservar el poder con sus solas fuerzas; por tanto, tiene que conseguir aliados, o sea, tiene que llevar a cabo una política que le permita ponerse en cabeza de las demás clases que tienen intereses anticapitalistas y guiarlas en la lucha por derribar la sociedad burguesa. La cuestión es de particular importancia en Italia, donde el proletariado es una minoría de la población trabajadora y está distribuido geográficamente de tal modo que no puede pensar en llevar adelante una lucha victoriosa por el poder sino después de haber dado una solución exacta al problema de sus relaciones con la clase de los campesinos”
(…)
“El metalúrgico, el carpintero, el albañil, etc., tienen que pensar no ya solo como proletarios, y no como metalúrgico, carpintero, albañil, etc., sino que tienen que dar un paso más: tienen que pensar como obreros miembros de una clase que tiende a dirigir a los campesinos y a los intelectuales, como miembros de una clase que puede vencer y puede construir el socialismo sólo si está ayudada y seguida por la gran mayoría de esos estratos sociales”.
(Informe al C.C. 1925).




“Es interesante también desde el punto de vista psicológico, como son interesantes las medidas tomadas por los mismos industriales americanos, como Ford, por ejemplo. Ford tiene un cuerpo de inspectores que controlan la vida de los empleados y trabajadores y les imponen un régimen determinado; controlar hasta la alimentación, la cama, las dimensiones de las habitaciones, las horas de descanso e incluso asuntos más íntimos: el que no se doblega a eso queda despedido y deja de tener los seis dólares de jornal mínimo. Ford da seis dólares como mínimo, pero quiere gente que sepa trabajar y que esté siempre en condiciones de hacerlo, es decir, que sepa coordinar el trabajo con el régimen de vida”.
(Cartas desde la cárcel).


“La unidad y la disciplina no pueden ser en este caso mecánicas y obligadas; tienen que ser leales y de convicción, no las de una tropa enemiga prisionera o cercada que piensa en la evasión o en la salida por sorpresa”.
(Sobre la crisis del PCUS, 1926)



“Somos demasiados románticos, de un modo absurdo, y por no querer ser pequeño-burgueses caemos en la forma más típica del espíritu pequeño-burgués, que es precisamente la bohemia”.
(Cartas desde la cárcel).




“Querría contar a Delio (hijo mayor de Gramsci) un cuento de mi tierra que me parece interesante. Te lo resumo y tú se lo cuentas a él y a Giuliano (el hijo pequeño).
Un niño está durmiendo. Hay una jarrita de leche dispuesta para cuando se despierte. Un ratón se bebe la leche. El niño, al no encontrarla grita, y su madre grita también. El ratón, desesperado, se da de cabezadas con la pared, pero, luego se da cuenta de que eso no sirve para nada y corre a pedirle leche a la cabra. La cabra está dispuesta a darle leche si él le da hierba para comer. El ratón se va a ver al campo a pedirle hierba, y el campo árido quiere agua. El ratón se va a la fuente. Pero la fuente está destruida por la guerra y el agua se pierde: quiere que acuda el albañil a arreglarla. El ratón se va a ver al albañil; este quiere piedras. El ratón se va a la montaña y entonces se desarrolla un diálogo sublime entre el ratón y la montaña, la cual ha sido desarbolada por los especuladores y muestra por todas partes sus huesos sin tierra. El ratón le cuenta toda la historia y promete que el niño, cuando sea mayor, volverá a plantar pinos, encinas, castaños, etc. De este modo la montaña le da las piedras, etc., y el niño tiene tanta leche que se baña en ella. Crece, planta los árboles, y todo cambia; desaparecen los huesos de la montaña, cubiertos por un nuevo humus, la precipitación atmosférica vuelve a ser regular porque los árboles retienen los vapores e impiden los torrentes que desnudad la llanura, etc. En suma, el ratón concibe una verdadera “piatilietca” (Plan quinquenal. Gramsci tenía noticias del primer plan quinquenal soviético por un artículo del “Ecomist” que recibió en junio de 1931).

Es un cuento característico de una tierra arruinada por la explotación especulativa de los bosques. Carissima Giulia, debes contarles este cuento y decirme luego las impresiones de los niños. Te abrazo con ternura.

Antonio "



***

No hay comentarios:

Publicar un comentario