miércoles, 1 de julio de 2015

Cómo resistir a las fuerzas del olvido / John Berger






Cómo resistir a las fuerzas del olvido

de la naturaleza leída como un texto no escrito que sin embargo nos habla. De la deshumanización debida a la abstracción de las cifras, por el espectáculo impactante sin desciframiento

Hace unas semanas el cuadro Les femmes d’Alger, pintado por Picasso en 1955 (hace sesenta años), se vendió en Christie’s de Nueva York por la suma de 180 millones de dólares. Parte de la decisión de pintarlo fue inspirada por el deseo de anunciar su respaldo al pueblo argelino en su lucha y su guerra contra el colonialismo francés, que comenzara un año antes.
Hoy es día de la Ascensión, cuarenta días después de la Pascua. Según los Evangelios, ése fue el día en que Cristo, como lo testimoniaron sus discípulos, ascendió por el aire hacia los cielos. Y en la tierra la gente quedó abandonada a su suerte.



La semana pasada estuve dibujando, más que nada flores, motivado por una curiosidad que poco tiene que ver con la botánica o la estética. Me he estado preguntando si las formas naturales –un árbol, una nube, un río, una piedra, una flor– pueden mirarse y ser percibidas como mensajes.
Mensajes –no hace falta decir más– que nunca pueden verbalizarse, y que no están dirigidos particularmente a nosotros. ¿Es posible “leer” las apariencias naturales como textos?
Para mí no hay nada místico en este ejercicio de dibujo. Es un ejercicio gestual cuyo propósito es responder a diferentes ritmos y formas de energía –que me gusta imaginar como textos de un lenguaje que no se nos ofreció para leer. Y no obstante, conforme trazo el texto me identifico físicamente con la cosa que estoy dibujando y con la inconmensurable lengua madre en que está escrita.




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En el orden global totalitario del capitalismo financiero especulativo en el que vivimos, los medios no dejan de bombardearnos con información, pero esta información es casi siempre una diversión planeada, que nos distrae la atención de lo que es cierto, esencial y urgente.




Mucha de esa información tiene que ver con lo que alguna vez llamamos política, pero ahora la política fue subsumida por la dictadura global del capitalismo especulativo, con sus comerciantes y grupos bancarios de presión.
Los políticos, tanto de derecha como de izquierda, continúan en sus debates, en sus votaciones, en la aprobación de resoluciones, como si no fuera así. El resultado es que su discurso no se refiere a nada. Es inconsecuente. Las palabras y los términos que utilizan y repiten –como terrorismo, democracia, flexibilidad– se vaciaron de cualquier significado. A lo ancho del mundo sus públicos siguen sus cabezas parlantes cual si atisbaran un interminable ejercicio escolar o una clase donde aprendieran retórica. Pura mierda.




Otro capítulo de la información con la que nos bombardean se concentra en lo espectacular, en los eventos violentos y chocantes dondequiera que ocurran por el mundo. Asaltos, terremotos, embarcaciones capturadas, insurrecciones, masacres. Una vez mostrados cualquier espectáculo es reemplazado por otro. Casi no existen explicaciones pacientes ni seguimientos. Nos llegan como impactos, no como historias. Son el recordatorio de la impredictibilidad de lo que puede ocurrir. Demuestran los factores de riesgo en la vida.



Añadamos a esto la práctica lingüística utilizada por los medios en su representación y descripción del mundo. Es muy cercana a la jerga y lógica de los expertos en administración y manejo. Cuantifica todo y casi no hace referencia a la sustancia o a la cualidad. Se ocupa de los porcentajes, de los virajes en las encuestas de opinión, de las cifras del desempleo, las tasas de crecimiento, las crecientes deudas, las estimaciones de dióxido de carbono, etcétera, etcétera. Es una voz que se siente a gusto con los dígitos pero nada tiene que ver con los cuerpos vivos, o con los que sufren. Y no habla ni de remordimientos ni de esperanzas.



Entonces, lo que se dice públicamente y el modo en que se dice promueven una especie de amnesia cívica e histórica. La experiencia nos es arrebatada. Los horizontes del pasado y el futuro se borronean. Estamos siendo condicionados a vivir en un interminable e incierto presente, reducidos a ser ciudadanos en el Estado del Olvido.
Mientras, lo que ocurre a nuestro alrededor va de mal en peor. El planeta se sobrecalienta. La riqueza del planeta está siendo concentrada en menos y menos manos, mientras la mayoría está mal alimentada, no encuentra sino comida chatarra o de plano pasa hambre. Más y más millones de personas están siendo forzadas a emigrar con ínfimas posibilidades de sobrevivir. Las condiciones laborales se tornan más y más inhumanas.
Aquellos que están listos para protestar contra lo que ocurre hoy, o resistir ante esas fuerzas, son legión. Pero los medios políticos para hacerlo son por el momento poco claros o están ausentes. Necesitan tiempo para desarrollarse, así que hay que esperar. Pero cómo esperar en tales circunstancias. Cómo esperar en esta condición de olvido.


Recordemos que el tiempo, como lo explicaron Einstein y otros físicos, no es lineal sino circular. Nuestras vidas no son puntos en una línea –una línea que hoy es amputada por la voracidad instantánea del orden capitalista global sin precedentes. No somos puntos en una línea, somos los centros de círculos.
Tales círculos nos rodean con testamentos dirigidos a nosotros por nuestros predecesores desde la Edad de Piedra, y por textos que no se dirigen a nosotros pero que nosotros presenciamos. Son textos de la naturaleza, del universo, y nos recuerdan que la simetría coexiste con el caos, que el ingenio puede burlar las fatalidades, que lo que deseamos nos tranquiliza más que las promesas.



Entonces, sostenidos por lo que heredamos del pasado y por lo que testimoniamos, tendremos el coraje para resistir y continuar resistiendo en circunstancias aún inimaginables. Aprenderemos a esperar en la solidaridad.
Y al infinito seguiremos valorando que juremos y maldigamos en todas las lenguas que conocemos.

John Berger

Traducción de Ramón Vera Herrera




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3 comentarios:

  1. Aunque no siempre las comento, no me pierdo ni una de tus publicaciones, que garantizan que el tiempo empleado en leerlas es tiempo ganado. Y aunque en cada ocasión espero de ellas la oportuna mirada que incida sobre la realidad o la desvele, siempre me sorprende ese punto -yo diría poético- que le confieren las acertadas ilustraciones con que las refuerzas y acompañas. En esta en concreto has superado todas mis expectativas.

    Salud

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  2. Se agradecen los elogios pero no se merecen, Y como carezco de modestia en cualquiera de sus versiones, debes creerme. Entré en el blog de un reciente visitante de escomberoides y tropecé con esa magnifica "narración" fotográfica. Copié y archivé. Un día después apareció en La Jornada de México el estupendo artículo de Berger. Y eso es todo...

    Salud.

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    1. Más allá del elogio, por otra parte merecido, el reconocimiento (de "el Tro") es uno de los más saludables, y desgraciadamente raros, actos de solidaridad.
      Respecto a las coincidencias que mencionas, como decía Picasso: "La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando". Y con el rumbo claro, añadiría yo.

      Salud

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