lunes, 13 de julio de 2015

¡Comunarios de todos los países, uníos! / Benjamin Coriat





¡Comunarios de todos los países, uníos!  



El economista aterrado llama a potenciar formas de compartir que se practicaban antes de la expansión de la ideología propietaria: ayer en torno a los pastizales, hoy con Wikipedia. Unos comunes en los que el entrevistado ve una alternativa al capitalismo, en cierto modo una respuesta a los 'impasses' del comunismo. La entrevista la realizó Vittorio de Filippis.

El 16 de junio de 1980, en una decisión llamada “el fallo Chakrabarty”, la Corte suprema estadounidense convirtió lo vivo en patentable. La ideología propietaria acababa de dar un gran salto hacia adelante. Siguieron tres décadas de endurecimiento y extensión de esta ideología a nuevos objetos (seres vivientes, software informático, semillas, moléculas, algoritmos matemáticos...).

Profesor de ciencias económicas en la Universidad Paris-XIII y miembro del comité de presentación del grupo de economistas aterrados, Benjamin Coriat ha dirigido el libro “El retorno de los comunes”. En él regresa a los fundamentos teóricos de la ideología propietaria y muestra cómo ésta ha devenido una fuerza autodestructiva.

Basándose en encuestas de investigaciones académicas a lo largo de más de tres años, el libro muestra en qué sentido esta ideología se encuentra en crisis hoy en día. Según Benjamin Coriat, los comunes, que consisten en formas de compartición y distribución de atributos del derecho de propiedad, están experimentando un gran impulso en este momento. Y, sobre todo, significaría la esperanza de una transmutación del capitalismo en economía colaborativa.


Usted sostiene la tesis según la cual habría un retorno de los comunes, pero ¿podría precisar qué es lo que entraña esa noción?

Tradicionalmente los comunes son formas de organización social entorno a un recurso, como un pastizal, un molino de grano o un lago, en los que hay unos derechos de uso y de explotación compartidos por la comunidad. Para que sea sostenible, esta forma de acceso compartido al recurso requiere un conjunto de derechos distribuidos entre los usuarios. Los comunes se caracterizan a fin de cuentas por tres elementos: un recurso, una repartición de derechos entorno a ese recurso, y unas reglas de gobernanza para resolver, si es necesario, los conflictos. La pesca es un caso típico del común tradicional: hay un lago que contiene peces y a su alrededor están los derechohabientes, los comunarios, que son en general los ribereños. Ellos fijan conjuntamente las reglas que permiten explotar y asegurar la sostenibilidad del recurso a largo plazo.




Estos son ejemplos del pasado... ¿Qué son los comunes hoy?

Un ejemplo de común moderno es la Wikipedia. A diferencia de una pesquería, la base de datos informacionales que es Wikipedia concierne una comunidad universal que puede recopilar tanta información como quiera. A diferencia del lago, que requiere reglas para asegurar la simple preservación del recurso, el común Wikipedia se gestiona siguiendo reglas dispuestas a enriquecer el stock de datos compartidos. Se trata de dos tipos diferentes de comunes. Tras ambas está la idea que una propiedad compartida puede ser una forma eficaz de gestionar y enriquecer los recursos. En este sentido, estas prácticas abren una brecha en la ideología prioritaria, dominante hoy en día.

¿Qué hay que entender por “ideología propietaria”?

Es la ideología por la cual siempre debe prevalecer la forma de propiedad basada en la exclusividad, la integridad, la plenitud de derechos atribuidos a un solo individuo. En 1804, el código napoleónico consagró centenares de artículos a la defensa e ilustración de la propiedad bajo esta forma exclusiva. Sin embargo ya existían formas de propiedad comunal, como los bosques, lagos, senderos o acuíferos subterráneos. Pero el código no decía nada al respecto.  Santificó el único derecho de propiedad privada y exclusiva y permaneció mudo sobre todas las formas de propiedad “comunales”, que entonces eran legión...

¿Mediante qué mecanismos se ha reforzado este dogma sobre la propiedad en la esfera de la economía?

La afirmación de la ideología propietaria es concomitante al neoliberalismo. Se basa en la tesis de que los mercados se autorregulan y son eficientes, pero a condición de que los derechos de propiedad sobre los bienes sean plenos e íntegros, “exclusivos”. ¡Así se llegaría a un óptimo de bienestar! Tales supuestos son los que están en el origen de la explosión de los derechos de propiedad intelectual, de la patentabilidad de la vida, de las moléculas terapéuticas o de algoritmos matemáticos y programas informáticos, todo lo necesario para transformarlos en productos comerciales. Esta misma ideología es la que sostiene la idea de que se podría contener el aumento de temperaturas y controlar el clima por la vía de instaurar el permiso a contaminar...

¿Retomaría usted la expresión de mercantilización del mundo?

El vínculo entre ideología propietaria y mercantilización del mundo es íntimo. Los defensores de la ideología propietaria han desarrollado una nueva teoría de la empresa según la cual la eficacia de la misma se alcanza solamente cuando está gestionada con arreglo a la maximización de la satisfacción de los accionistas, a través de mercados vigorizados. La traducción de esta teoría ha tenido lugar por principios de management completamente centrados en la famosa “creación  de valor para los accionistas” [shareholder value]. Es esta transformación de la gobernanza de las empresas la que ha llevado a un gigantesco secuestro de los propietarios-accionistas sobre el valor creado por estas,  a los que se han asociado los altos directivos, acarreando las catastróficas consecuencias que conocemos sobre el plano social y ecológico.




¿Cómo se impuso esta ideología propietaria?

Para imponerse, esta teoría de derechos de propiedad ha batallado con un enfoque rival sobre la empresa, que durante mucho tiempo ha sido la dominante. En esa visión (teoría de las partes interesadas o “stakeholder theory”), la empresa se concibe como el resultado de un compromiso entre sus diferentes actores, esencialmente accionistas, directivos y empleados. Se presenta entonces como una “comunidad de destinos”. Este discurso ha desaparecido. En nombre de la ideología propietaria, los accionistas y algunos altos directivos se apropian hoy en día de la casi totalidad de la riqueza creada y lo justifican diciendo: “¡nosotros acaparamos el valor porque somos nosotros quienes lo hemos creado!”. Esta ideología propietaria se refleja también en la agenda de políticas económicas. Pensemos en Thatcher a finales de los años 70. O todavía en los programas de ajuste estructural del FMI destinados a expandir las privatizaciones sin fin.

¿Qué se pone en entredicho sobre la ideología propietaria con la crisis?

El punto de partida y el corazón de la crisis actual, son las subprimes. Esta crisis nos lleva al núcleo de la ideología propietaria y su quiebra.  Para aumentar sus ganancias, los bancos idearon que los norteamericanos pobres totalmente insolventes se convirtieran en propietarios de sus viviendas. Para ello fabricaron productos financieros que correspondían a préstamos que sabían que nunca serían devueltos. Algo que no les preocupaba lo más mínimo, puesto que los revendían a otros... Finalmente todo acabó por explotar, la ideología propietaria incluida.

Vuelve entonces la lógica de los comunes...

Arrasando con todo, gracias al endurecimiento de la propiedad intelectual, en nuevos dominios como lo vivo, el software, las producciones intelectuales, el CO2, etc., la lógica propietaria finalmente ha desarrollado múltiples frenos: freno a la circulación de conocimientos, a la innovación sofocada por las patentes... En este contexto encontramos los trabajos de Elinor Ostrom, premio Nobel de economía en 2009. Ostrom mostró que bienes comunes como el agua o hasta recursos genéticos, pero incluso también nuevos tipos de bienes que se inventan hoy en día en el mundo del software libre, pueden ser gestionados de forma perdurable y eficaz como comunes. Siguiendo los pasos de su pensamiento nos vienen ganas de decir: “¡Comunarios de todos los países, uníos!”.

En víspera de la gran conferencia sobre el clima que tendrá lugar en Paris en diciembre, ¿cómo debemos valorar la gestión del calentamiento climático?

A propósito del clima, los términos utilizados son engañosos. Hablamos de “un bien público mundial”. Y es verdad que la atmósfera pertenece a todos. Es un “bien común”, pero de momento no es todavía un común. Porque, a pesar de las reglamentaciones llevadas a cabo, no existe una gobernanza que permita gestionar el efecto invernadero y las emisiones de CO2.

Si el común es, como usted afirma, un “constructo social”, su usuario o su gestor, llamados comunarios, ¿hacen política?

Sí, es evidente. No sé si los comunes, como hemos dicho alguna vez, anuncian un “postcapitalismo”. Lo que sí es seguro es que nos empujan a repensar nuestra forma de vivir y gobernarnos.




¿El común es un neocomunismo, un neosocialismo o una tercera vía?

Los recursos gestionados en común no son ni recursos gestionados por propietarios privados ni recursos gestionados por el poder público y sus delegados. El común es un híbrido que se caracteriza por una implicación directa de los actores implicados. Los napolitanos han rechazado la privatización del agua. Han realizado un referéndum y lo han ganado. Han retomado la gestión del agua. Pero no ha sido simplemente la delegación pública del ayuntamiento quien ha asumido su gestión.

Las comunidades de usuarios han devenido partes activas y ejercen un control sobre una entidad concebida como un bien común. En este sentido, hay un progreso de la democracia. Este ejemplo muestra cómo, en torno a los comunes, un auténtico movimiento social está en curso. En el fondo, este movimiento es la respuesta finalmente hallada ante los 'impasses' del comunismo. Ante los excesos y defectos del exclusivismo de Estado, los comunes y los comunarios aportan soluciones.


Benjamin Coriat es profesor de economía en la Universidad Paris XIII y miembro destacado del colectivo Economistas Aterrados.

Traducción para www.sinpermiso.info: Edgar Manjarín




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