sábado, 15 de agosto de 2015

Lección de listos / Miguel Sánchez-Ostiz




Lección de listos


«Los tiempos están muy mal, pero la crisis ha pasado», lo dicen los que saben, siempre los mismos, con un inimitable deje de satisfacción. Ya puedes estar muriéndote de asco o de miseria, escucha y traga, y no te quejes, no abras la boca, escucha la lecciçon, perdedor, que no sabías de qué iba el juego.

Son los mismos listos que al tiempo de Las pirañas –felices ochenta, comienzo de los noventa de borrasca–, decían que había pasta en el aire y que no hacía falta más que… y amagaban un cuco gesto de cazo con la mano.

Eran izquierdistas confesos, algo más que confesos: habían borrado a la izquierda del paisaje, demasiado tosca, demasiado palurda para su gusto. Traían el cambio con ellos y un buen ramillete de sermones,  pero no dudaron en comprar billetes de lotería premiados para encubrir saqueos públicos y privados, en cobrar y pagar en negro en verde y en colorao, en chulearse al de arriba y al de abajo, a todos los que les pagaran la farra. Se arrimaron a las ejecutivas regionales del PSOE antes formar en las filas de la ventaja «moscosita», de un partido a otro, de un pufo a otro, de una cueva de ladrones a una multinacional energética, y de llenar de paso la andorga en las reales academias de gastronomía y cofradías de la buena mesa donde se cocían los pelotazos de todas las especulaciones, y muchos toros, que no falten las barreras de capotes en esta puerca farra nacional, campeones del pagar lo menos posible o nada, sobre todo nada, y en evadir dineros propios y ajenos a Luxemburgo, a través de bufetes por encima de toda sospecha, eh, cazo, cazo, boca de lapo corellano, ¿oyes? Pues si oyes, escucha, escucha, que te hablo de los tahúres de la toga que código en mano no dudaron en comprarles bienes a sus clientes en apuros, sus viviendas de cuatro perras, sus zulicos o en hacer que los compraran sus amiguetes, compañeros de la farra nocturna, en la que todos eran iguales, coleguis que iban camino de la cárcel, y total ya para qué, unos arriba, otros abajo, lo primero cobrar la minuta y asegurarse la ganancia futura.

«Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades», dijeron la noche de los golpes de pecho, antes de pedir otra ronda bien tirada. Les había quedado de verdad lejos el PCml, la Bandera Roja, la estrella ídem, lo que se pusieran en el mástil, la ORT, la LKI, la LCR, la perra que os tiró… No, no, esta no es un partido, es un juramento, una maldición, un pobre consuelo…

«¿La crisis,  pero qué crisis, si ya ha pasado?». Te lo dicen desde su retiro de lujo, copazo en mano, el pericón salpicando de las napias como tarascas de carnaval, paladines de su tiempo, príncipes de la desvergüenza; te lo dicen y repiten a la puerta del funeral del perdedor, cuando van a asegurarse de rematar el entierro que empezó hace años, al grito de: «¡Qué vida esta la nuestra, eh!», antes de irse al garito de la puerta cerrada, al corta y al pares, al llevo y a la oreja, al galimatías, al bien tirado, al juego, al no y al sí… claro que sí, me kagaré en vuestros muertos mientras viva… Claro, bandarra, claro que sé que es mutuo. A mano vamos. Se ha hecho tarde, eso es lo que pasa, que no hay tiempo y que vamos a ir liquidando por derribo.

Miguel Sánchez-Ostiz




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