domingo, 13 de septiembre de 2015

Adelanto de “El Botín”, la última obra de Miguel Sánchez-Ostiz





El escritor y colaborador de cuartopoder.es Miguel Sánchez-Ostiz presentará el lunes, día 14, en San Sebastián, El Botín, una obra sobre el saqueo de los bienes de los vencidos en la Guerra Civil y la apropiación del relato de su historia por parte de los vencedores. Publicamos los siguientes fragmentos e imágenes del libro por cortesía del autor y de su editorial, Pamiela.



El periodista británico Raymond Walker arriesga su vida cruzando el puente internacional bajo las balas desde Irún a Hendaya llevando en sus brazos a un niño vasco. / Horace Abrahams

«Y por lo que respecta a la retaguardia, el botín hace días que ha comenzado con la incautación en Pamplona de todas las empresas y bienes de los hermanos López, socios de Huarte y Cía., construcciones.

Una de las López estaba casada con el diputado de Izquierda Republicana Mariano Ansó, y en ese momento están refugiados en San Juan de Luz o al menos es a ese puerto donde Baroja les ha visto llegar en un barquito que viene de Zarauz, donde la familia López estaba veraneando. Baroja no puede resistir la tentación de asomarse a la tragedia ajena para afilar el lapicero de su desdén.
La incautación de”los López” o “la fábrica López” se da en titulares para general instrucción y aviso de caminantes. Además fabrican calzado, que enseguida va a ser un artículo de primera necesidad.

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 “¿Y en la retaguardia ¿qué pasa en la retaguardia?”, insiste el que tiene prisa.
Pues qué va a pasar, que se sigue matando, mucho. Sí, en esos primeros días de septiembre, la conquista de Irún y el hallazgo de los asesinados del fuerte de Guadalupe van a tener como celebración y respuesta las sacas de la cárcel de Estella de los días 6, 7 y 8 de septiembre, Virgen de Guadalupe, santa Regina y santa Alegría, y de todo, lo que gusten, no hay más que asomarse a un santoral para poner un adorno a lo Cela, rancio, carpetovetónico, de almanaque de cocina de muertos; pero también hubo sacas los días 5, 9, 12 y 24. En total asesinaron a 81 presos de los 82 sacados de la cárcel de Estella con la complicidad de todas las autoridades: José Méndez, cenetista de Andosilla, que sobrevivió al fusilamiento y al tiro de gracia, se les escapó.
Cuántos de aquellos terminaron en Engarisun, en una finca de Oteiza de la Solana cedida por un falangista del pueblo, a quien señalan como “Fernández, el fascista”, para dar tierra a los presos de la cárcel de Estella que iban a ser fusilados, eso al menos dicen los vecinos.




Imagen captada en la localidad navarra de Estella el 21 de julio de 1936. / Colección Sarobe. Autor: Vidal López

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En Gallipienzo dicen que recuerdan la noche del 17 de septiembre de 1936 como la noche del Chato de Berbinzana.
Al Chato, Pedro Díez Terés, se le recuerda como un asesino sádico y una mala bestia que desde su cargo de la Falange de Tafalla aterrorizó la zona media de Navarra, una zona muy castigada por la represión… Berbinzana, su pueblo, Falces, Mués… durante unos meses aparece recorriendo los pueblos de esa zona llevando el terror con él. Capitán de Falange Española, su existencia y andanzas no podía, por fuerza, negar nadie, ni los de Arriba España ni Quinito Elizalde, mi vago informador de algunas trastiendas, pero las negaron, durante todos aquellos años en que los nombres y las fotografías habían permanecido sepultadas, y no hubo otra versión posible de los hechos que la oficial. Ahora es distinto, que no se quieran consultar es otra cosa, pero las fotografías, por ejemplo, ahí están, en el Archivo Municipal, engrosando poco a poco. Y entre ellas las del Chato, un chulo enzamarrado.



El matón Pedro Díaz Terés, Chato de Berbinzana

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Ese día, Eladio Esparce desde su columna ‘Friso Rojo’, de Diario de Navarra, escribe que el comunismo ha de ser extirpado aun en la zona de la mera sospecha y dice que se impone urgentemente la creación de una:
Junta de expurgación social […] sin cuya autorización no pueda ser considerado como obrero apto para el trabajo a nadie que, por su antecedentes de actuación de izquierdistas o de afiliado a organizaciones disueltas, infunda recelos”. No puede ser que mientras los voluntarios están en el frente, los rojos estén tranquilamente en sus casas ganando un jornal sin peligros ni zozobras.
Hay que perseguirlos como se persigue, dice, a los maestros y si quieren trabajar que primero se arrepientan públicamente de sus errores pasados, para enviar esos arrepentimientos al frente junto a la ropa y tabaco, para satisfacción de nuestros voluntarios… ¡Por la sangre de nuestros héroes!
La Falange se aprovechará de ese ambiente para atraerse al obrero, o al menos intentarlo, y esto dará lugar a continuos conflictos con la Junta de Guerra.




Texto de Eladio Esparza en el Diario de Navarra sobre la necesidad de extirpar el comunismo.

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Tal vez para celebrar el anuncio de la llegada de los brigadistas fascistas que van a apoyar el alzamiento militar, Sebastián Taberna, empresario panadero, se apropia de los bienes de la Panadería Obrera de Pamplona, es decir de la competencia o de una parte de esta porque otra estaba en manos falangistas y era intocable (hasta muy tarde). El documento es incontestable y se conserva por duplicado ejemplar, con la firma del panadero mayor: útiles del oficio, objetos menudos, maquinaria y sobre todo casi tres toneladas de harina y cinco de leña, el todo por importe de 3.144,50 pesetas. Al principio veo por los inventarios que también se iban a llevar un par de zapatos de goma, pero lo dejaron, y dos bombillas corrientes para alumbrado, también.
El gremio estaba en huelga desde antes del golpe militar, de modo que esa apropiación, amparada por la Junta de Guerra, suena a venganza. Otros panaderos, como Escribano, se vengaron de manera más cruenta. Los herederos de Taberna, también del gremio, acabarán llevándose no sé qué medalla de oro otorgada por mediación de algún otro pariente: los mismos a lo mismo, la cosa nostra foral, incurable, eterna o casi, hasta ahora mismo. El autor de la fechoría: el carlista Esteban Ezcurra. Está en los papeles de la Junta. El que quiera ir a consultarlos, que vaya. El que quiera mirar, que mire, que se entere, en los periódicos de aquellos días, en el Boletín Oficial de Navarra, en lo que queda en el Archivo General.
Expolios y más expolios. Queda rastro documental de cómo, desde hace semanas, en la Ribera de Navarra jóvenes de ambos sexos, acompañados de guardias o de un suboficial, van por las casas de significados izquierdistas que se hallen en buena situación económica para pedirles cuantiosos “donativos”. En uno de los casos, a Máximo Pagola, de Andosilla, le arrebataron por las bravas títulos de deuda perpetua por valor de 45.000 pesetas. Más tarde, las juntas de guerra locales se dedicaron a perseguir los títulos porque por lo visto los fondos de las requisas tenían tendencia a esfumarse o a adelgazarse por el camino. La idea de botín de guerra como premio a ser cómplice del golpe militar y a asumir la ideología del cura y del cacique y de la Junta, se extiende… Ladrones impunes que pensaban que todo les estaba permitido.
Ladrones y cínicos… porque tienen el cuajo de oficiarle un agradecimiento cordial al vecino de Elizondo Ignacio Iturria, nacionalista vasco, al que han conseguido despojarle de golpe de 50. 000 pesetas. Y le quitarán más, bastante más, gracias a un requeté de la ribera que hizo carrera en el valle… “y utilizó la casa de Iturria para bailes, aprovechando que estaba huido… tenía la llave”, me contó un vecino.
Acababan robándose entre ellos… basta echar un vistazo al cruce de denuncias y reclamaciones… ¿El frente? Lejos.

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Otro represaliado será Juanito Quintana, del Hotel Quintana del número 18 la plaza del Castillo, el Hotel Montoya, de Fiesta. A Quintana el golpe militar le coge en Mont-de-Marsan y se cuida mucho de regresar, aunque acabe dando, y no sé cómo, en una cantina de las cercanías del campo de concentración de Miranda de Ebro colaborando en la fuga de aviadores aliados: “Su esposa pasó los planos de las rampas de lanzamiento de las V-2 en el moño”. En su hotel se había celebrado “banquetes republicanos”. Acabaría convertido en el Hotel España, tras una subasta en la que fue adjudicado por 120.000 pesetas, las dos terceras partes de la tasación, sobre las que caen (28/10) los de la Junta de Guerra, vía Comandancia Militar para imponer multas. Mucha España hotelera, me dirán, pero es lo que había, una vez que quitaron por las bravas los nombres vascos y los que hacían referencia a sus propietarios ‘extremistas’.

Ah, se me olvidaba, no sé qué fue de la taberna que tenía en Peralta Francisco Ulibarrena, que como estaba en la cárcel desde el 27 de julio y lo fusilan en la tejería de Monreal el 25 de octubre, no puede defenderse de las asechanzas burocráticas de la Junta de Guerra. ¿No tenía o tuvo también una camioneta? Por cierto, no puedo silenciar la labor memorialística de su hijo, el escultor José Ulibarrena. Solo de pensar cómo vivieron estas gentes los años de la dictadura, al menos a mí me induce al respeto… “En estas cuestiones no hay mayor daño moral que la indiferencia”, decía el amigo Arana cuando se ponía campanudo, pero creo que al margen de la voz que pusiera, estaba en lo cierto. Esa, la indiferencia es el enemigo más corrosivo que puede tener el empeño de Verdad, Justicia y Reparación, peor que el de la mala fe y las actuaciones gubernamentales dolosas.



Anuncio del “nuevo” Hotel España, tras haberle robado a Juanito Quintana –el amigo de Hemingway– su Hotel Quintana, lugar donde realmente se alojaba el escritor norteamericano

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Y por seguir con el rubro del llamado esparcimiento, también se incautarán de un cine propiedad de la Sociedad de Corralizas de Artajona, a la que le han dado duro, pidiendo desde el frente que a esos traidores, Domezáin y Armendáriz, se les hiciera pagar, a por ellos. Le pegaban a todo, a todo se le podía sacara algún beneficio.
El propio santero Santesteban irá detrás de Domezáin, a quien en lo privado le quitarán “3 vacas, 8 terneros paridos, 1 toro semental, 2 terneros de días, 161 gallinas… quedando 450 gallinas a disposición de la Junta de Guerra”, más 3.150 pesetas en metálico que se convierten en generoso donativo voluntario. De lo mayor a lo menor, el cine, la Electra y lo que pillaran. Aclaremos, cómo se vio obligada a aclarar la Junta de Guerra (29 de agosto), que ella no roba, como mucho incauta y sobre todo acepta donativos, como los que se vieron obligados a entregar sin decir esta mesa es mía, todos y cada uno de los asesinados en la mayoría de los pueblos de la provincia.




Cubierta de la obra editada por Pamiela.

Ropa, enseres, animales domésticos, objetos de adorno… y automóviles, no solo los que requisan en los primeros días, sino que se apropian de aquellos que pertenecen o pertenecían a los que han sido eliminados o han huido, como ese Fiat NA-4430 propiedad de Carmelo Monzón, a quien el garajista Astiz da como “desaparecido”, eso dicen de Monzón que, casualmente, es hermano de Jesús Monzón Repáraz, del PC, dos señoritos rojos de los que la buena sociedad de Pamplona carlista y falangista está harta, por traidores a su casta.
La Junta tiene a su disposición muchos coches requisados, alguno, como el de Víctor Eusa Razquin, arquitecto, el NA-3213, que tiene el 1591 de número de requisa. También tienen coche a su disposición Jesús Sanz Orrio (requisa 1576), Bonifacio Frías, Serafín Yanguas o la propia Junta en general, coches que no son suyos y que en el fondo no necesitan para gran cosa… Hay gente que se niega a dejar sus coches y hay que presionarles con amenazas, hasta que acaban cediendo o buscando amparo militar.
Y por lo que respecta al botín de guerra. Al principio se disputan entre ellos banderas arrebatadas al enemigo en el frente de Madrid. Una de los rojos se la dieron a la Urraca Pastor, pero la quieren de vuelta para decorar el domicilio o la sede social del requeté del gache… Unas semanas después tendrán una reunión más seria en San Sebastián a la que asisten el superjefe Juan Vigón, Martínez de Morentin, Martínez Berasáin, Moreno, es decir, Pepe Perla, y Juaristi, para planear el inmediato expolio de periódicos de Bilbao, repartiéndoselos entre carlistas y falangistas… “Con excepción de La Gaceta del Norte y El Pueblo Vasco el resto de los periódicos de Bilbao serán incautados por las Autoridades Militares”… Así con todo. Al final, ya en agosto de 1937, conseguirán apropiarse de la rotativa de El Liberal y traérsela a Pamplona para El Pensamiento Navarro.




Apropiarse de lo que otros tenían, ampliar los negocios, aprovecharse de la situación.
Veamos el gesto de dignidad patriótica de J. Bellber, presidente del Círculo Carlista que el 15 de octubre intenta echarse sobre los bienes de Tirso Aldaz: “Cuyo Sr. de significación izquierdista provada [sic] tiempo ha desapareció […]. Este Sr. tiene además en Aoiz 2 Casas y en Górriz muy cerquita de aquí un gran caserío y esto naturalmente no cabe quedarse así”.
Ignoro cómo se sentirían después, si como hombres de negocios o como patriotas en marcha y ejercicio. Tirso Aldaz Jaurrieta no podía defenderse de esa posible incautación porque había sido asesinado cerca de Noáin el 23 de agosto. Y como él, a docenas. La indefensión jurídica de la víctima formaba parte del botín, jurídico, de los alzados, luego vencedores, hasta muy tarde. Ejemplos, ejemplos, con unos pocos basta para dibujar siquiera de manera difuminada el clima de aquellos días».



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