jueves, 29 de octubre de 2015

Párrafos de “La mina” (y 3) / Armando López Salinas






“La muerte de los ocho hombres pesaba sobre el pueblo. Las gentes, con aire sombrío, se estacionaban delante de las casas de las víctimas y a las puertas de las tabernas. Se hablaba a media voz.
Un periodista de la capital se mezclaba entre los grupos de mineros. Se llamaba Sánchez y no hacía más que repartir tabaco entre los hombres.
-Póngalo en los papeles –decía un minero-. Diga que el minero José de Dios lo dice. Diga que no han muerto, diga que los han matao.

-Se llamaba Luciano y era de Córdoba. Siempre tenía la mano abierta para los amigos. Donde estaba él no había otro dinero que el suyo –contaba Amelia al periodista-. No tenía a nadie en el pueblo, y aunque era soltero más de cuatro mujeres le echarán de menos.
‘Luciano “El Cordobés”. Soltero. Treinta y cuatro años. De Rute. Su familia reside allí.’

-No hará cosa de dos meses, los de la cuarta del Inclinao nos quejamos a la Dirección de que el aire que daban los dos “Berrys” no era bastante para los hombres y los martillos”.
-¿Y eso de los “Berrys”, qué es?
-Son compresores para ventilación forzada y mover las máquinas. También protestamos por el entibao. Aquello no estaba en condiciones y no aguantó, como se ha visto. Protestamos, ¿ y qué? Se llamaron andana y nos castigaron dos semanas sin destajo. Suerte que yo no estaba en ese corte. Ahora, seguro, lo de la cebada al rabo del burro muerto. Pondrán pozos de ventilación y reforzarán las cimbras. (…)

-Vinimos de las Hurdes porque allí no había manera de ganarse el pan. Ahora no sé… Tendré que ponerme a trabajar.
‘Pedro Jiménez, “El Extremeño”. Casado. Escombrero. Veintinueve años. Natural del Gasco, Ayuntamiento de Nuñomoral.”




-Mi marido estaba baldao por el mercurio; estuvo trabajando en Almadén. Dicen que la Empresa costeará el entierro y mandará a los huérfanos a la escuela de aprendices. Dicen…
-Sus compañeros le decían “el Asturiano” porque era de la parte de Langreo. Era el mejor barrenero de la cuenca. No es que lo diga yo; lo dice todo el mundo. Los hijos y yo nos iremos para León a casa de mi madre.
‘Laureano Ruiz, “El Asturiano”. Treinta y siete años.’

‘Emilio López, “el Viejo”. Llanero de nacimiento. Cuarenta y seis años, martillero de oficio. Su hijo vive en Ciudad Real y es un mozo de cara avispada.’
-Era un buen hombre mi marido, era un buen hombre.
-Mi padre nunca quiso que trabajara en las minas. Cuando saquemos la indemnización me llevaré a la vieja a Ciudad Real.

-Su padre también murió en un atierre. La mano que arrebata los hijos es odiosa para una madre. Tenía novia y estaba muy ilusionado con ella. Yo también lo estaba con los dos. Yo quería que me llenaran de nietos. Ahora estoy sola y siento ganas de morirme. ¿Qué pinta en el mundo una vieja como yo?
‘Luis Vallejo, llanero. Veintidós años. Picador de la cuarta.’

-El más pequeño no sabe ni hablar. Tengo cinco hijos: tres hembras y dos varones. Mi marido era excombatiente. Don Rosario, el ingeniero, me ha dicho que no les faltará un trozo de pan a los hijos. Mi Felipe estaba muy considerado en la Empresa; nos iban a dar una vivienda y le habían subido quinientas pesetas al mes. ¿Usted cree que ahora nos darán la vivienda?
‘Felipe del Amo, capataz. Treinta y ocho años. Nacido en Huelva. Su mujer se llama Emiliana.’

‘Joaquín García, “el Granadino”, de Tero. Caballista de cuadrilla.’
-Mire, no sé lo que haré, aun no lo sé.

Dejó de tomar notas.”


Armando López Salinas, “La mina”


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