jueves, 26 de noviembre de 2015

Ingres, los terroristas del EI y el negocio de los rufianes de siempre... / ELOTRO




“Con palabras se disputa a gusto,
con palabras se arma un sistema”
(Palabras de Mefistófeles en el “Fausto” de Goethe)


Ayer, 24 de noviembre, visité la expo de Ingres en el Museo del Prado.  El pasado día 3 de octubre leí un interesante artículo titulado “El 'duty free' del arte para millonarios”. Y el pasado 23 de noviembre copié y pegué un artículo de Robert Fisk titulado “Lo que el EI gana con la destrucción de antigüedades” (1) en “Escomberoides”. Y desde que salí del Prado algo martilleaba de forma incesante y despiadada mi mente. Me refiero a esos tres “algos” en concreto que acabo de enumerar. A mí las obsesiones me asaltan siempre en comandita y por asociación, o sea, eslabonadas.  Aunque lo más probable es que sea mi propio cerebrito el que las agrupa o arrejunta. Para el caso es lo mismo, porque nunca falla, acaban apareciendo los nexos comunicantes, los pasillos o pasadizos más o menos ocultos que los relacionan, conectan, vinculan y, por fin, ensamblan, digo que los completan o, mejor dicho, se autocompletan en su interrelación. Elementos como el arte, las antigüedades, las grandes fortunas que nunca se sienten suficientemente grandes, la ambición insaciable que no conoce escrúpulos ni impedimento, el dinero (en el sentido que les daban Quevedo y Marx) el poder criminal a secas que opera emboscado, el robo por la fuerza con o sin disimulo, los saqueos no televisados, el terrorismo teledirigido… y Business, Business, Business…(En resumen, que todos ellos, los subordinantes y los subordinados, forman equipo y comparten entrenador y directiva; aunque vistan, por  el qué dirán los aficionados, distintas camisetas y distintos escudos e himnos).






Fisk nos cuenta “¿Por qué el Estado Islámico (EI) hace volar en pedazos los magníficos artefactos de la historia antigua de Siria e Irak?   La arqueóloga Joanna Farchakh tiene una respuesta única para este crimen único. En primer lugar, el EI vende las estatuas, los rostros de piedra y los frescos que tienen demanda entre compradores internacionales. Cobra el dinero, entrega las reliquias y hace estallar los templos y edificios de donde estas piezas provinieron para ocultar la evidencia de lo que fue saqueado”. Bueno, la opinión de esta arqueóloga no es precisamente la de un “experto” de esos que trabajan “en la sombra” para los gobiernos o los organismos internacionales y cuyo único “crédito” procede del amo para quien trabaja. Otra cosa es la prueba fehaciente  y tangible: la presencia de esas “obras” en las subastas (públicas o ilegales) o en las colecciones privadas y secretas de las grandes fortunas (públicas o privadas) o en los emblemáticos museos de los países imperialistas (Louvre, British, Pérgamo y toda la Isla de los Museos…) o, en su caso, colonizadores-saqueadores (España, Portugal, Austria, Holanda…).



O, atravesando uno de esos mentados pasillos o corredores comunicantes, en el estupendo, exclusivo y blindadísimo: “puerto franco de Luxemburgo, único lugar de la UE sin aduana ni impuestos, un almacén donde guardar (esconder, amatojar) arte” sin que nadie se pueda enterar de qué obras o piezas  se trata o de dónde proceden. Como lo leen amigos, en el mismísimo meollo de la culta y civilizada Unión Europea, una cámara acorazada donde cualquier ladrón, se entiende que potentado, puede alquilar su cámara acorazada donde guardar su rufianesco botín. Qué, piensan en todo o no piensan en todo los corruptibles burócratas de Bruselas (Y yo que me creía el único que vinculaba y enlazaba elementos aparentemente diversos y ajenos en su función). Amigos, el sanguinario capitalismo funciona. Cierto que algo mejor para unos, los menos, que para otros, los más, pero ese es un pequeñísimo inconveniente y, además, no es el tema: funciona y punto pelota. ¿Qué otro sistema económico puede decir lo mismo? Pues eso, que no hay alternativa. Ni, sépanlo, nunca y bajo ninguna circunstancia permitiremos que aflore, hay mucho botín, y es sólo nuestro, en juego.





Y también entroncado, el inmenso (sobre todo dibujante) y reaccionario Ingres con su arte al servicio del poder. En ese Museo del Prado también lleno de “donaciones” de mafiosos, ladrones o “amantes” del arte y las desgravaciones: Arango, Villar-Mir, Várez Fisa… En fin, lo cierto es que ningún espectador no avisado podrá percibir el olor a sangre que emana de esas obras tan generosamente “donadas”. Volviendo a Auguste-Dominique, digamos de entrada que es un pintor que me interesa mucho pero que me gusta muy poco. Me gusta bastante como dibujante,ciertamente magistral, incluso cuando se trata de ligeros esbozos. Para ilustrar esta opinión pondría como ejemplo el caso de un pequeño dibujo preparatorio del cuadro “El baño turco” de 1862, colocado justo al lado del famoso tondo. Se trata de la figura que vemos en primer plano a la izquierda con los brazos cruzados sobre la cabeza. En el dibujo la figura femenina posee y transmite “verdad”, una vitalidad “autentica” a flor de piel, una fuerza y una sensualidad que, por el contrario, en la “lamida” e inerte pintura, en la misma figura  brilla por su ausencia. Su empeño en “idealizar” la belleza, una estilización absolutamente afectada y remilgada, le aboca a una artificiosidad fría, engolada y hasta pedante, me atrevería a calificar a "lo baroja". Si contextualizáramos la obra de Ingres, el contraste con las aportaciones de sus contemporáneos, aún agravaría más la indigente valoración "estrictamente" pictórica que me merece su obra. Corramos un (es)tupido velo.

Abundando en la brecha, se puede ver en la muestra un enorme lienzo titulado “Napoleón I en su trono imperial” que, literalmente y según me encaré casi accidentalmente con él, me provocó una medio carcajada absolutamente irreprimible. Claro que el folleto oficial dice: “supo reflejar con maestría la imponente presencia de un emperador”. Ya comprenderán que el escriba laudatorio habla de propaganda política, no de la patética pintura. En fin, me gustaría añadir que precisamente unos días antes de la inauguración sucedió en París la gran matanza terrorista y la posterior campaña orquestada del miedo y la desinformación, y quizás por ello, la expo del pintor francés con obras procedentes en su totalidad de los museos franceses, visibilizaba un enorme despliegue de ¿medidas de seguridad?, armas espectaculares y policias de talla especial, además de más de un vigilante de sala que delataba ser poco habitual de los museos.

No quiero terminar sin insistir en el motivo que me ha llevado ha perpetrar esta entrada, o sea, a enfatizar la idea de que nada en esta sociedad es un hecho aislado, es algo que empieza y termina en sí mismo, sino más bien que todo, absolutamente todo, esta interelacionado y, por lo tanto, si queremos de verdad conocer y comprender, si de verdad deseamos disponer de los elementos necesarios para poder formarnos una opinión mínimamente fundamentada (Aprehender el porqué de las cosas), es imprescindible ir más allá de una mirada parcial, mutilada, y superficial que es la que ofrecen masiva y generosamente los medios de desinformación y persuasión.



Pude leer en un blog vecino un comentario del típico memo buenista que, a la vista de las imágenes de los destrozos que en aquellos budas gigantes infligieron los mercenarios talibanes, llegaba a justificar y a celebrar, el robo y saqueo perpetrado por los imperios coloniales ingleses, franceses y alemanes… alegando que los bárbaros nativos nunca hubiesen conservado convenientemente las obras de arte que les tocó en suerte “poseer” (Quizás por eso ahí llevaban miles de años). 



Esa milonga con flecos criminales es la que desmonta Robert Fisk pero, a nuestro burguesito cultureta, lo que de verdad le ocurre, como lo pienso lo escribo, es que se siente un orgulloso representante de una clase medianamente privilegiada que tiene interiorizada la superioridad egocéntrica del simiesco europeo típico y tópico, ese que confunde, a sabiendas, la caridad con la justicia y que sabe que su “elevado” nivel de vida se sostiene sobre la explotación criminal de millones de seres “inferiores, incultos y de color o por lo menos morenos o agitanados”. Aunque, claro está, no se lo confiese a sí mismo ni siquiera en privado. Es la clase media, la mercancía más eficaz, para sus intereses, que ha producido el capitalismo: pura escoria.

ELOTRO

“El ‘valor’ no es una ‘cosa’  ni una sustancia físico-química,
sino una relación social”
(Marx, hablando de la mercancía)


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