lunes, 9 de noviembre de 2015

Tres apuntes carcelarios de Gramsci




“En realidad, no existe la filosofía en general: existen diversas filosofías o concepciones del mundo y se hace siempre una elección entre ellas. ¿Cómo se realiza esa elección? ¿Es un hecho meramente intelectual o algo más complejo? Y ¿no ocurre con frecuencia que entre el hecho intelectual y la norma de conducta existe contradicción? ¿Cuál es entonces la verdadera concepción del mundo: la afirmada lógicamente como hecho intelectual, o la que resulta de la actividad real de cada uno, que está implícita en su actuación? Y puesto que el actuar es siempre un actuar político, ¿no se puede decir que la filosofía real de cada uno está contenida toda ella en su política?”






“No se puede separar la filosofía de la historia de la filosofía ni la cultura de la historia de la cultura. En el sentido más inmediato y ajustado, no se puede ser filósofo, esto es, tener una concepción del mundo críticamente coherente, sin la conciencia de su historicidad, de la fase de desarrollo que ella representa y del hecho de que está en contradicción con otras concepciones o con elementos de otras concepciones. La propia concepción del mundo responde a determinados problemas planteados por la realidad, que son perfectamente determinados y ‘originales’ en su actualidad. ¿Cómo es posible pensar el presente, y un presente bien determinado, con un pensamiento formado a partir de problemas de un pasado con frecuencia muy remoto y superado?Si eso ocurre, significa que se es “anacrónico” en el propio tiempo de uno, que se es un fósil y no un ser viviente en la modernidad. O, por lo menos, que está uno “compuesto” de manera extravagante. Y de hecho ocurre que ciertos grupos sociales que en algunos aspectos expresan la modernidad más desarrollada, en otros se hallan retrasados respecto de su posición social y son, por consiguiente, incapaces de una completa autonomía histórica.”





“¿Cuál es la idea que el pueblo se hace de la filosofía? Se puede reconstruir a través de los modos de decir del lenguaje común. Uno de los más difundidos es aquel de “tomar las cosas con filosofía”, que, bien analizado, no hay que desdeñar del todo. Es cierto que contiene una invitación implícita a la resignación y a la paciencia, pero parece que el punto más importante es, en cambio, la invitación a la reflexión, a darse cuenta de que lo que sucede es en el fondo racional y que como tal hay que afrontarlo, concentrando las propias fuerzas racionales y no dejándose arrastrar por los impulsos instintivos y violentos. Se podrán agrupar esos modos populares de decir con las expresiones parecidas de los escritores de carácter popular –tomándolas de los grandes diccionarios- en las que entran los términos de “filosofía” y “filosóficamente”, y se podrá ver que éstos tienen un significado muy preciso, de superación de las pasiones animales y elementales en una concepción de la necesidad que da al propio actuar una dirección consciente. Es ese el núcleo sano del sentido común, lo que precisamente podría llamarse buen sentido, y que merece desarrolarse y hacerse unitario y coherente. Así se pone de manifiesto que también por eso es imposible separar lo que se llama filosofía “científica” de la filosofía “vulgar” y popular, que es sólo un conjunto disperso de ideas”.


(Antonio Gramsci, “Cuaderno de la cárcel, nº XI”)


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