jueves, 17 de diciembre de 2015

El “mejor acuerdo posible” / Rafael Poch




El “mejor acuerdo posible” 

POR QUÉ EL “ÉXITO” DE PARÍS NOS MANTIENE EN EL DESASTRE

El acuerdo del clima alcanzado en París está siendo universalmente alabado como “histórico” por el establishment político y mediático, solo porque todos los países, a base de realismo y pragmatismo, han logrado por primera vez firmar un compromiso y una perspectiva de acción mancomunada en materia de cambio climático. Desgraciadamente, el contenido de ese compromiso es claramente insuficiente, injusto y nos lleva directos a más emisiones.

-La reducción de emisiones no es obligatoria sino que depende de la voluntad de cada país.

-No se menciona fecha del pico de emisiones. Se habla de “cuando sea posible” y a largo plazo se relega todo para la segunda mitad del siglo XXI.

-La navegación aérea y el transporte marítimo, responsables de alrededor del 10% de las emisiones, no entran ni son mencionadas en este acuerdo.

– Los objetivos de limitar el calentamiento a fin de siglo a “por debajo de 2 grados” e incluso el deseo de llegar a 1,5 grados, no vienen acompañados por las medidas que la ciencia ha establecido para realizarlos. Para cumplir con esos niveles las emisiones deberían reducirse en más de un 80% hasta 2030, algo a lo que los países del Norte rechazan.

-Se mencionan los “daños y perjuicios” ocasionados por el Norte que inventó este sistema industrial-crematístico y ha contaminado el planeta desde mediados del siglo XIX. Parece admitirse la existencia de esa “deuda ecológica”, claramente reflejada en la encíclica del papaLaudatio si, pero esa deuda va a seguir aumentando. El 50% de las emisiones son responsabilidad del 10% de la población más rica del planeta. Por si acaso, un artículo del acuerdo, el 52, excluye expresamente toda “responsabilidad legal (liability) y compensación” tal como dictó la administración Obama en representación del Norte global.

Por todos estos motivos el acuerdo de París no va a impedir que las emisiones sigan creciendo en los próximos años, superando no solo la barrera teórica de seguridad de los 2 grados establecida por la ciencia, sino la de 3 grados.

Hace más de veinte años que hay cumbres del clima. Desde entonces (1992) las emisiones no han disminuido sino aumentado, en más de un 50%. Parece que esto va a seguir siendo así después de París. ¿Entonces cómo puede celebrarse como un éxito?
El acuerdo es un “éxito” porque es todo lo que el actual sistema socio-económico y político global puede dar de sí. Es imperativo un cambio de mentalidad para sintonizar con los problemas del antropoceno, con los problemas de una época nueva en la que la acción humana es factor geológico y pone en peligro la vida. El actual realismo-pragmatismo del que resultan los “mejores acuerdos posibles”, ya no funciona. Eso afecta tanto al clima como al desarme.

Los acuerdos de desarme nuclear fueron la gran ocasión perdida del fin de la guerra fría. Cuando se trataba de eliminar las armas de destrucción masiva, primero se limitaron de tal forma que la capacidad de destruir quince veces toda vida en el planeta de los años ochenta (13.000 megatones) se limitó a la mitad en los años noventa. Luego, en mayo de 2002 en Moscú las dos superpotencias nucleares decidieron dejar el asunto, dándose libertad recíproca de definir su capacidad, después de que Estados Unidos abandonara unilateralmente el acuerdo ABM, que era la piedra angular de aquella loca geometría.

También aquel acuerdo fue aplaudido como “histórico” y exitoso.

Hoy, el tema de la no proliferación nuclear, el acuerdo internacional encaminado a abolir el recurso militar de la destrucción masiva con carácter universal, es una farsa manifiesta.
La diferencia entre la capacidad de destrucción masiva y el calentamiento global es el factor tiempo: lo primero puede congelarse, mantenerse como amenaza potencial, tal como ocurrió a lo largo de la guerra fría. Lo segundo es una amenaza que si no haces nada, o haces poco, progresa con el tiempo. Y ambos problemas están relacionados.

El cambio climático promete ingentes conflictos de recursos, tensiones y problemas internacionales. En el escenario histórico clásico, la guerra solucionaba las diferencias entre potencias, pero estamos en un mundo nuevo en la que ese tipo de soluciones no solo no funcionan sino que equivalen a suicidio. Parafraseando a Albert Einstein podríamos decir que, “el arma nuclear (y el calentamiento global) lo han cambiado todo en el mundo, menos la mentalidad del hombre”. “War” y “Warming”, guerra y calentamiento, no solo tienen la misma raíz en inglés, sino que precisan del mismo cambio de mentalidad para ser combatidos.

No se trata de pronosticar el fin del mundo, sino de constatar que las ocasiones perdidas en materia de clima y desarme definen un siglo muy complicado. Solo los optimistas o los insensatos pueden consolarse con los “mejores acuerdos posibles” que la vieja mentalidad es capaz de producir.

Rafael Poch




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