sábado, 28 de febrero de 2015

Con quién está negociando exactamente Varoufakis, y cuál es la estrategia del gobierno de Syriza. Entrevista Michael Hudson






Con quién está negociando exactamente Varoufakis, y cuál es la estrategia del gobierno de Syriza. 

Sharmini Peries entrevistó al gran economista norteamericano Michel Hudson sobre el curso de las negociaciones entre el gobierno de izquierda radical griego y las autoridades de la Unión Europea, el BCE y el FMI. En su programa televisivo The Real News Network. Lo que sigue es una traducción castellana de la transcripción de la conversación en lengua inglesa. Se ha procurado respetar en todo momento el tono propio de una conversación oral más o menos informal. SP



Los cuatro meses de extensión del préstamo que se aseguró el viernes de la semana pasada por el ministro griego de finanzas, Yanis Varoufakis, venían con la condición de que Grecia proporcionara una lista de medidas que convencieran a los prestamistas internacionales, particularmente a los bancos alemanes representados por los ministros de finazas en Bruselas, quienes temían que Atenas pudiera eludir los compromisos de recorte del gasto y introducción de medidas de austeridad. El pasado lunes, Atenas envió la lista. Hoy tenemos para discutir todo esto a Michael Hudson. Es un distinguido investigador y profesor de teoría económica en la Universidad de Missouri-Kansas. Su próximo libro se titila: Matar al huésped: cómo los parásitos financieros y la servidumbre por deuda destruyeron la economía global.

PERIES: Muchas gracias por acompañarnos, Michael

HUDSON: Gracias a vsotros por invitarme.

PERIES: Bien, Michael, esos bancos a los que, en realidad, representan ahora en Bruselas los ministros de finanzas no tuvieron el menor problema cuando estaban en crisis y el tesoro público los rescató. ¿Por qué rechazan ahora la asistencia a Grecia en tiempos de necesidad, cuando, de hecho, algunos políticos, y hasta la Troika son más receptivos a lo que dice Grecia?

HUDSON: Porque lo que está en curso es una Guerra de clases. No se trata tanto de Alemania contra Grecia –como repiten hasta el hartazgo los medios de comunicación—, cuanto de una verdadera guerra de los bancos contra el mundo del trabajo. Y es una continuación del thatcherismo y el neoliberalismo.

El problema no es simplemente que la Troika se empeñe en que Grecia equilibre el presupuesto; lo que quieren es que Gracia equilibre el presupuesto rebajando salarios e imponiendo austeridad a la fuerza de trabajo. Muy al contrario, los términos sugeridos por Varoufakis para equilibrar el presupuesto pasan por imponer austeridad a la clase financiera, a los magnates y a los evasores fiscales. Varoufakis ha venido a decir: de acuerdo, en vez de rebajar las pensiones de los trabajadores, en vez de contraer el mercado interior, en vez de perseverar autodestructivamente en la austeridad, vamos a recaudar dos mil quinientos millones de los potentados griegos. Vamos a recaudar sus impuestos atrasados. Vamos a desbaratar el contrabando ilegal de combustibles y a desarticular otras redes de propietarios de bienes raíces que han eludido al fisco… Porque las clases altas griegas son notorias por su capacidad de evasión fiscal…

Bueno, eso ha enfurecido a los bancos, porque resulta que los ministros de finanzas de Europa no están todos a favor de equilibrar el presupuesto, si el presupuesto tiene que equilibrarse cargando de impuestos a los ricos: los bancos saben que todos los impuestos que los ricos son capaces de evadir terminan en manos de los bancos. De modo, pues, que ahora han caído las máscaras, y la guerra de clases ha vuelto a la escena de forma descarnada. Al principio, Varoufakis pensaba que estaba negociando con la Troika, es decir, el FMI, el BCE y la Comisión Europea. Pero estos vinieron a decirle: no, no, usted está negociando con los ministros de finanzas. Y los ministros de finanzas en Europa se parecen mucho a Tim Geithner, el antiguo secretario del Tesoro en los EEUU. Son lobbystas de los grandes bancos. Y los ministros de finanzas lobbystas lo que se dicen es: ¿cómo podemos dar otra vuela de tuerca aquí, y convertir a Grecia en objeto de escarmiento, al estilo del trato dispensado por Norteamérica a Cuba en los 60?



PERIES: Un momento, un momento, Michael. Expliquemos esto, porque es evidente que Yanis Varoufakis, el ministro de finanzas griego, es un excelente experto y está en perfectas condiciones de saber negociar todo esto. ¿Por qué pensaba, pues, Varoufakis que estaba negociando con la Troika, si de hecho negociaba con los lobbystas de los grandes bancos que son los ministros de finanzas europeos?

HUDSON: ¡Porque oficialmente está negociando con la Troika! Él llegó, y les tomó la palabra. Y entonces resultó –ayer lo contaba en Fortune Jaime Galbraith [véase en SinPermiso AQUÍ], que acompañó a Varoufakis estos días— que los ministros de finanzas estaban luchando con la Troika. Lo de la Troika no es una cosa clara y homogénea. La Troika y los ministros de finanzas disputan todos entre sí sobre lo que hay que hacer. Y para acabarlo de arreglar, el ministro alemán de finanzas, Schäuble, dijo: ¡eh!, un momentito, tenemos que incorporar aquí al gobierno español y al portugués y al finlandés, también ellos tienen que estar de acuerdo.

Bueno, pues, repentinamente, España, por ejemplo, dijo: ¡eh!, un momentito, que nosotros somos un gobierno thatcherita neoliberal, y si resulta que Grecia se va de rositas con la austeridad y salva a sus trabajadores, entonces el partido español equivalente del griego  Syriza, Podemos, va a ganar las próximas elecciones y nos echará del poder. Tenemos que aseguraros de que Varoufakis y Syriza fracasen, para que nosotros podamos decir a los trabajadores españoles: “¿no veis lo que ha pasado en Grecia? Fue aplastada, y nosotros os aplastaremos también si tratáis de hacer algo parecido; si tratáis de fiscalizar a los ricos, si tratáis de tomar el control de la banca y de prevenir la cleptocracia, esto terminará en un desastre”.

De modo que, obvio es decirlo, los gobiernos español y portugués están empeñados en imponer la austeridad a Grecia. Y hasta el gobierno irlandés se ha sumado ahora: “dios mío, ¿qué hemos hecho? Hemos impuesto la austeridad durante una década, a fin de rescatar a los bancos. ¡Si hasta el mismísimo FMI nos ha criticado por alinearnos con Europa, rescatar a los bancos e imponer la austeridad! Si Syriza gana la partida contra la austeridad en Grecia, querrá decir que todo el sacrificio que hemos impuesto a nuestra población, toda la miseria que les hemos inflingido, todo el thatcherismo contra ella perpetrado habrá sido en vano, de todo punto innecesario”.




Hay, así pues, todo un efecto de demostración, y esa es la razón por la que están todos ellos tratando a Grecia como poco menos que un símbolo de la guerra de clases: ya están viendo al mundo del trabajo decir: “¡eh!, un momentito, no tenemos por qué imponer austeridad; podemos recaudar impuestos a los evasores fiscales”.

¿Recuerda usted que hace unos pocos años Europa decía que Grecia tenía una deuda externa de 50 mil millones de euros? Bueno, pues resultó que el banco central ha proporcionado a los partidos políticos griegos una llamada lista Lagarde [por Christine Lagarde, presidenta del FMI] de todos los evasores fiscales griegos con cuentas en bancos suizos. Bueno, las cuentas bancarias en Suiza de esos evasores fiscales acumulan un monto de, precisamente, ¡50 mil millones de euros! Eso quiere decir que Grecia podría devolver la deuda contraída con los préstamos simplemente procediendo contra los evasores fiscales.

Claro está que eso sería a expensas de los bancos suizos y de otros bancos. Con el resultado de que los bancos se devolverían el dinero a sí mismos. ¡Y no quieren devolverse el dinero a sí mismos! Lo que quieren los bancos es sacar ese dinero del mundo del trabajo, exprimiéndolo, y dejar que los evasores fiscales y los magnates griegos sigan robando dinero de las arcas públicas griegas. Así, pues, en efecto, la Troika-que-no-esTroika y los ministros de finanzas lo que están realmente haciendo es respaldar a esos mismos evasores fiscales y a esos mismos estafadores a los que Syriza trata de combartir, mientras que, en cambio, el FMI, ahora mismo, y por una vez, busca una posición más moderada de conjunto. Hasta el Presidente Obama parece que ha intervenido llamando por teléfono a la canciller Merkel para decirle: “mucho ojo, señora mía, que no puede usted llevar la austeridad tan lejos, porque les va usted a echar del euro, y los va a echar precisamente en los términos más favorables para Syriza”. Porque Syriza podría entonces decir a su población: “oigan, hicimos lo que prometimos hacer. Frenamos la austeridad. Nosotros no salimos del euro; se nos ha echado del euro en una campaña de guerra de clases”.

PERIES: Michael, antes sugiriste una analogía entre lo que está pasando ahora con Grecia y lo que se hizo con Cuba en los 60… 

HUDSON: Cuba tenía bajo Castro un sistema social alternativo. Castro deseaba distribuir ampliamente la riqueza (era un sistema marxista) a su manera. Quería realmente librarse de los magnates estafadores que rodeaban a Batista y que mandaban en el país, de los ricos que no pagaban impuestos. Y deseaba una revolución social en Cuba. Y el gobierno norteamericano dijo: “¡eh!, un minutito; si Cuba triunfa, habrá un rimero de revoluciones por toda América Latina. Los latinoamericanos se darán cuenta de que pueden confiscar las haciendas azucareras, de que pueden tomar el control de las compañías bananeras, de que pueden hacer pagar impuestos a los ricos, y de que pueden obligar a las empresas a pagar impuestos, y a los exportadores a pagar también impuestos, no sólo salarios. De que pueden favorecer la sindicalización del mundo del trabajo, de que pueden dar educación a los trabajadores, y si Cuba puede educar a los trabajadores, eso sería un desastre para nuestros planes capitalistas, porque si el mundo del trabajo ha sido educado y tiene un programa, se dará cuenta de que hay alternativas”…

Bueno, sobre ese tipo de problema escribió el propio Varoufakis a comienzos de este mes en The Guardian, contando cómo evolució él mismo en el movimiento marxista. Vino a decir que todo el problema al que se enfrenta Grecia es que, si sale del euro, si se ve forzada a salir, se producirá un trauma económico, y las izquierdas en Europa, lo mismo que en los EEUU, carecen de programa económico. Tienen un programa político, pero no realmente un programa económico. Y la única alternativa a Syriza con un programa económico son los tipos de Alba Dorada, los neonazis. Y lo que preocupa a Varoufakis es que no sólo está luchando contra los ministros europeos de finanzas en un frente, sino que está también luchando, en el frente griego, con los partidos ultraderechistas que son partidos nacionalistas por el estilo del de Marine Le Pen en Francia, partidos que dicen: “sí, tenemos una alternativa; salir del euro”. Pero no ese no es el tipo de salida y de alternativa deseable para las izquierdas, porque no hay precisamente muchos partidos políticos de izquierda como Syriza en Europa, desde luego no el partido socialista de Papandreu, y desde luego no los partidos nominalmente socialistas europeos, como el PSOE en España, que es un partido thatcherita, como el partido laborista luego de Tony Blair.

Así pues, Varoufakis tiene cuatro meses para educar a la opinión pública griega y convencerla de que sí, de que hay una alternativa, y de que esa alternativa al neoliberalismo no tiene por qué ser el nacionalismo ultraderechista. Hay una alternativa de inspiración socialista, y tratamos de promoverla con todas las reformas y planes que podemos, de manera que si nos echaran del euro y si los bancos se fueran a pique, tenemos un plan de emergencia preparado. Lo que es obvio es que Varoufakis no puede ir por ahí diciendo en qué consiste ese plan, porque tiene que quedar meridianemente claro que son los ministros de finanzas de Alemania, España, Portugal, Irlanda y Finlandia los que, si acaso, están echando a Grecia, no el FMI, ni el BCE, ni siquiera los gobiernos europeos centristas.

PERIES: Michael, muchas gracias por venir a charlar con nosotros hoy al programa The Real News Network. Vuelve pronto.   

HUDSON: Es un placer siempre estar aquí. Gracias a vosotros.





Michael Hudson es un reconocido analista económico norteamericano, con amplia experiencia en Wall Street. Profesor de investigación económica en la Universidad de Missouri en Kansas y antiguo profesor de teoría económica y director de investigación económica en la Facultad de Derecho de Letoni. Sus últimos artículos sobre economías postsoviéticas son: “Stockholm Syndrome in the Baltics: Latvia’s neoliberal war against labor and industry,” en: Jeffrey Sommers y Charles Woolfson, comps., The Contradictions of Austerity: The Socio-Economic Costs of the Neoliberal Baltic Model (Routledge 2014), pp. 44-63, así como “How Neoliberal Tax and Financial Policy Impoverishes Russia – Needlessly,” Mir Peremen (El mundo de las transformaciones), 2012 (3):49-64 [en ruso: МИР ПЕРЕМЕН 3/2012 (ISSN 2073-3038) Неолиберальная налоговая и финансовая политика приводит к обнищанию России, 49-64]. Sus dos últimos libros son The Bubble and Beyond (La burbuja y sus secuelas) y Finance Capitalism and Its Discontents (El capitalismo financiero y sus críticos).   Su próximo libro llevará por título: Matar al huésped: cómo los parásitos financieros y la servidumbre por deuda destruyeron la economía global.

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro



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viernes, 27 de febrero de 2015

“El silencio atómico” / Miguel Muñiz




“El silencio atómico” 

“Es curioso que entonces la crítica de la presencia del franquismo en todas las instituciones, como no podía ser de otro modo, partía de la obviedad de que estaban tan en evidente declive y desaparición que no merecía la pena insistir en ello. Había tareas más importantes para la inteligencia.”

Gregorio Morán, El cura y los mandarines (p. 586), refiriéndose a la presencia del franquismo en todas las instituciones políticas y culturales en el período de la “transición”.


Se trata de algo ya sabido pero que conviene recordar. El 25 de marzo de 2011, cuando sólo habían pasado catorce días desde el inicio de la catástrofe de Fukushima, la consultora ambiental Llorente & Cuenca difundió un documento titulado “La comunicación de la industria nuclear después de Fukushima” [1]; en siete páginas se analizaban variables de lo sucedido, lo que denominaban la “gestión” de la comunicación, y se marcaban pautas a seguir para afrontar el “escenario” que se había producido.
Releer este documento, notable por su crudo lenguaje, es un ejercicio interesante a casi cuatro años de distancia; no porque sea especialmente original en su contenido, sino porque permite interpretar la realidad presente y comprobar cómo las pautas marcadas se han desarrollado hasta sus últimas consecuencias. Como muestra, dos párrafos de su conclusión (las palabras en negrita están en el original).

Esta crisis nuclear aún tiene consecuencias imprevisibles. Pero la toma de decisiones estratégicas de comunicación por parte de los principales actores del sector, en especial de las empresas —a nivel local y global— en sus relaciones con las autoridades, medios de comunicación y sociedad en general, también en lo local y en lo global, resultarán determinantes para su sostenibilidad. Para su supervivencia.

La industria energética necesita ajustar de inmediato su narrativa sobre la legitimidad del negocio, que debe adaptarse a las dramáticas circunstancias actuales, y organizar una transmisión de la misma por canales tradicionales y online hacia sus stakeholders críticos. De no hacerlo, las emociones, el miedo, la presión de los activistas y la natural necesidad de los políticos de responder a las demandas sociales podrán acabar por fijarle un escenario de pesadilla para el futuro de su negocio.




El texto no tiene desperdicio. Dejando a un lado la referencia a los problemas que supone para la industria atómica la remota posibilidad enunciada como “la natural necesidad de los políticos de responder a las demandas sociales”, interesa comprobar cómo se han desarrollado a lo largo de estos cuatro años los planteamientos que formula, y cómo se han traducido en las políticas actuales.
En primer lugar, los defensores de las nucleares han trabajado sistemáticamente. Sólo un ejemplo: los días 9 y 10 de mayo de 2012 se celebró en Madrid el seminario “Crisis communications: facing the challenges”; la segunda sesión, el llamado “Workshop Internacional sobre comunicación de crisis en el sector nuclear”, se centró en el control de la información, en el apoyo global y la cooperación internacional, y en los procedimientos para hacer frente a lo que denominan “información informal”, es decir, las redes sociales y los canales que no se consideran “oficiales” [2]. Esta línea de trabajo se ha venido desarrollando y desplegando de manera continua; basta comprobar los recursos existentes en la Asociación Internacional de Energía Atómica y los encuentros programados a lo largo de 2015 [3].

En segundo lugar, se ha impuesto el silencio atómico. Al revisar 2014, sorprende ver la discreción informativa desarrollada a lo largo del año; el recuento de las notas informativas y las reseñas del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) permite comprobar que de los 34 sucesos que afectan al funcionamiento de las centrales [4], sólo uno ha aparecido en los medios de comunicación de difusión general: el escape de agua radiactiva del 28 de noviembre en la central atómica Ascó 2 (en El Periódico y el diario Ara, ente otros), lo que no es de extrañar dado el historial de la central en temas de dispersión de contaminación radiactiva.



Otros acontecimientos importantes, ocultos tras la confusa jerga desinformativa del CSN, tales como problemas en el presionador de Almaraz 1 (17 de octubre), extrañas anomalías en el control de gases de Ascó 1 (9 de mayo), o la incidencia relacionada con las pruebas que Garoña realiza para su puesta en funcionamiento (5 de noviembre), no pasaron de breves referencias en internet y en algunas webs especializadas.

Ni siquiera las operaciones de carga y descarga de combustible atómico, tan publicitadas y jaleadas en los medios hace un tiempo como fuente de “ocupación laboral”, han conservado su carácter publicitario. Un silencio espeso se ha ido imponiendo en todo lo relacionado con el tema atómico.

En tercer lugar, la información descontextualizada. Es cierto que la catástrofe de Fukushima aparece de vez en cuando en las noticias, pero siempre puntualmente, al hilo de datos que se descubren o que se facilitan (a veces con meses de demora para reducir o anular una posible respuesta social) de manera fragmentada, datos que sirven para distraer de lo que está sucediendo a nivel social, ambiental y de salud, e impedir una visión de conjunto de cómo la peor catástrofe atómica de la historia está transformando Japón, una sociedad que se presentaba como un modelo de capitalismo dinámico [5].




En cuarto lugar, con la desinformación, con la mención de tecnologías para mitigar la devastación continuada, pero sin ofrecer detalles de su eficacia, de su escala, ni informar de su fracaso cuando éste se produce. Es el caso del famoso “muro de hielo” que impediría el vertido continuo de agua radiactiva al océano.

En quinto lugar, el silencio afecta a la manera en que compañías eléctricas, bancos, estamentos universitarios y grupos de presión social y mediática que configuran el llamado “lobby nuclear” han silenciado incluso el discurso económico sobre la energía atómica. En consecuencia, una parte del estamento crítico ha abandonado la esgrima dialéctica que desplegaba sobre costos, inversiones, ocupación, agentes económicos, racionalidad y beneficios; y, por ello, una parte del discurso ecologista, que se había ido situando mayoritariamente en esas coordenadas, también ha quedado mudo.




En sexto lugar, no debe dejar de mencionarse el hecho de que continúa el silencio mediático sobre las líneas de denuncia que, desde el principio, fueron vetadas por el lobby nuclear con el consentimiento de una parte de los críticos: los llamados factores “emocionales” [6]; el riesgo y la angustia asociados a la idea de un “accidente”; la negligencia o la complicidad con las empresas de los organismos supuestamente reguladores o de control (como el CSN en España); la creciente contaminación radiactiva de las personas, el entorno y los alimentos; las enfermedades derivadas; el incremento del cáncer; la angustia que provocan las irracionales cifras vinculadas a los residuos radiactivos; la seguridad técnica de las centrales en funcionamiento; las vinculaciones militares, el estudio de las secuelas de Chernóbil, etc.

Recapitulemos. Existe una “verdad inconveniente”: ¿qué sentido tiene “agobiar” a una parte de la ciudadanía económicamente solvente y medio informada con determinados datos?; una parte de la ciudadanía que intuye el horror sobre el que se ha construido el “bienestar” no puede ser sometida a información que pueda generar angustia. Si son esos sectores sociales los que prestan apoyo económico y legitimidad a los colectivos que proclaman su voluntad de avanzar hacia la sostenibilidad, ¿por qué correr el riesgo de que dichos sectores se aparten por el rechazo a una información saturada de carácter “negativo”?

Todo esto ha llevado a la paradoja de que, estando en medio de la peor catástrofe atómica de la historia, el nivel de denuncia sobre ella se halla en mínimos históricos. Se ha impuesto una narrativa desordenada, limitada a la economía (“costos”), la tecnología (fusión, nuevos reactores, etc.) y con la contaminación radiactiva limitada a Fukushima; se insiste en la mentira sobre la aportación atómica a la “mitigación” del cambio climático. Cuestiones como la seguridad, la contaminación radiactiva de reactores que funcionan “sin problemas”, o los impactos sobre la salud y el medio ambiente de Ascó, Vandellós, Cofrentes, Trillo, Almaraz, están fuera de la agenda.



Además, el reajuste en la distribución social de la renta en favor de las clases dominantes —reajuste que se presenta a la opinión pública bajo la etiqueta “la crisis”— también ha provocado cambios en el mapa de los conflictos sociales. Las amenazas ambientales globales, aquellas que nos interpelan sobre la sostenibilidad del mundo en que vivimos [7], siempre han sido sufridas de manera diferente por ricos y pobres cuando se han afrontado catástrofes [8].

La promoción de una reflexión crítica desde el discurso ecologista tradicional sobre los limites temporales de las pautas de vida y consumo en los países ricos, así como la profundización en el conocimiento y nuevas formas de intervención social, ha eludido sistemáticamente entrar en la cuestión de las desigualdades. En el otro extremo, la renovación del discurso sobre el valor absoluto de “los puestos de trabajo” ha eludido el problema de los límites a la hora de justificar actuaciones [9]. En el fondo de ambos, la lógica económica como única fuente de legitimación, respaldada por la retórica al uso sobre “competitividad”, “emprendimiento”, “flexibilidad” y otros tópicos vacíos.

El silencio atómico se inscribe en esta lógica, en el rechazo al conflicto político en clave energética y su reducción a un “problema tecnológico”, de supuesta ignorancia de las amenazas globales, o de necesaria “reactivación del crecimiento”. Por detrás, los grupos de presión y las empresas eléctricas atómicas imponen el silencio con su enorme capacidad de incidir.

Frente a este silencio, una parte de los críticos de la energía atómica optan, en analogía con la cita que encabeza este artículo, por constatar “la obviedad” del “evidente declive y desaparición que no merecía la pena insistir en ello”, y se apuntan a “tareas más importantes para la inteligencia”.

Esperemos que, como se ha puesto de manifiesto tras 39 años en el caso del franquismo, no se descubra que la presencia actual del lobby atómico en todas las instituciones donde se elabora la política energética no era una “obviedad” que despreciar ante su “evidente declive”, sino que era parte de una calculada estrategia que comienza a rendir sus frutos. El alargamiento a 60 años, de momento, lo tienen prácticamente ganado [10].





Notas
[5] Basta comprobar la distancia que existe entre la política informativa general sobre Japón y la visión detallada que se puede consultar en el excelente blog de seguimiento semanal en castellano “Resúmenes desde Fukushima”, http://resumenesdesdefukushima.blogspot.com.es/, o las crónicas periódicas disponibles en http://www.sirenovablesnuclearno.org/fukushima/fukushima.html
[6] Otro motivo para leer el informe “La comunicación de la industria nuclear después de Fukushima”, en especial la parte en que da instrucciones a la industria para abordar la “crisis”, indicando que había que “llevar el debate al terreno técnico, lejos de las emociones (…)” (p. 1), en http://www.slideshare.net/LLORENTEYCUENCA/110321-llampc-handoutnuclearfukushima
[7] En síntesis, dichas amenazas globales se pueden caracterizar como las provenientes del cambio climático de origen antropogénico, la pérdida de biodiversidad, la dispersión de residuos y sustancias que amenazan la salud y la base biológica de las especies superiores, y el despilfarro de recursos limitados como los combustibles fósiles, el agua y otras sustancias minerales.
[8] La forma en que se han vivido (y se han utilizado políticamente) catástrofes provocadas por el cambio climático en sociedades con fuertes desigualdades sociales, por ejemplo, el huracán Katrina en EE.UU., nos ilustra que, pese a la veracidad de la adjetivación de “amenaza planetaria” o “amenaza sobre la especie humana”, la “especie” no es una categoría uniforme. Véanse la introducción y el cap. 20 del libro de Naomi Klein La doctrina de shock. En este orden de cosas, es evidente que no sería igual el impacto social que tendría un incremento del nivel del mar por el calentamiento global en la cuenca del Indo que en la cuenca del Mississippi.
[9] Resulta significativa, por poner un ejemplo de última hora, la reacción social de los habitantes del municipio de Carboneras ante el engendro urbanístico y ambiental del hotel El Algarrobico realizando una contraacción que cuestiona la denuncia previa emprendida por diversas organizaciones ecologistas. Véase http://www.europapress.es/andalucia/almeria-00350/noticia-mas-centenar-vecinos-carboneras-reivindican-hotel-algarrobico-sea-legal-20140515134022.html
[10] La p. 203 del documento de registro de la Oferta Publica de Venta de Endesa indica: “(e) Hipótesis asociadas a los criterios de amortización. A partir del 1 de octubre de 2014, Endesa ha reestimado las vidas útiles de las centrales nucleares y los ciclos combinados que pasan a ser de 50 y 40 años, respectivamente, como consecuencia de estudios técnicos y jurídicos realizados internamente”. Ejemplo de una empresa que comunica las regulaciones políticas a los analistas y expertos en función de sus intereses, y sin que el gobierno sea tenido en cuenta.


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jueves, 26 de febrero de 2015

Párrafos de 'EL CURA Y LOS MANDARINES' Gregorio Morán





Párrafos de 'EL CURA Y LOS MANDARINES' 


Durante la dirección de Lázaro Carrater de 1991-1998 "empezarían las prácticas más estrafalarias y picarescas, llevadas al alimón entre el director, don Lázaro, y el secretario de la docta institución, un personaje entre Clarín y Arniches (...) Víctor García de la Concha, responsable de prensa con aires y responsabilidades propias de magistral de la Catedral de Oviedo, como el famoso Fermín de Pas de 'La Regenta', y sin embargo no tiene nada de personaje clariniano, diríamos que por falta de cochura, como los garbanzos. En apenas cinco años pasará de recién ingresado en la RAE (1992), a convertirse primero en secretario de la Academia y luego en jefe de la banda (1998). Un profesional de la cucaña y de las relaciones públicas con el poder, cualquiera que sea".



"Lázaro Carreter, académico de la lengua desde 1972, lo sabía todo de cómo hacer dinero. A él se deben -y a sus 'negros', especialmente- textos pedagógicos casi obligatorios durante el bachillerato franquista (...) La filología es oficio de gente sin ambición a menos que disimule y esté allí porque no pudo hacerlo en otro sitio. Ese era el caso del descubrimiento de Víctor García de la Concha, ignorante, taimado y sumiso, pero siempre que no le dieran una oportunidad para desquitarse; actitudes muy ligadas al mundo agrario astur, entre la braña y la pomarada. Lázaro lo nombró secretario de la RAE, el que lo lleva todo y que acabaría sucediéndole, como en una monarquía de astutos perillanes".



"Quien tenga la humorada de leer en Wikipedia el perfil biográfico de Víctor García de la Concha se encontrará con uno de esos divertidos trampantojos que imitan fachadas dieciochescas, con la pretensión de que parezca antiguo lo que no es más que pasado miserable".

"Un humilde seminarista de Villaviciosa (Asturias) de la inmediata posguerra -había nacido en enero de 1934- con sede en el improvisado y hacinado Seminario de Valdediós (...) una especie de gran campo de concentración místico para aspirantes a sacerdotes (...) Valdediós, vecino a Villaviciosa, en la hondonada de un valle hermoso fue el lugar natural de reclutamiento de centenares de jóvenes con aspiraciones a salir de la miseria por la vía del sacerdocio. Víctor García de la Concha tenía algo que llamaba la atención entre aquel barullo de faldones, según recuerdan sus hambrientos cofrades: un trato especial. Aseguraban que le venía de la protección del marqués de Villaviciosa al que su madre había servido mientras su padre se empleaba en el juzgado de Chantada (Lugo). Destacó en seguida y acabó, su etapa eclesiástica, de Secretario Diocesano de Información en la Catedral de Oviedo. En los currículos recientes de estos conversos al revés, sus etapas de seminario y cursos universitarios aparecen bajo el marbete genérico de 'estudió Teología y Filología en la Universidad' (...) Consiguió a duras penas aprobar Filología gracias a los apuntes de una alumna que aún está esperando que se los devuelva".

"Aún el 2 de abril de 1961, la prensa local asturiana daba noticia de que el padre Víctor García de la Concha bendijo la piscina infantil del Frente de Juventudes en Oviedo, junto al gobernador civil y Jefe Provincial del Movimiento, camarada Marcos Peña Royo".



- "El pícaro clerical que había leído apenas y estudiado muy poco, bastante frecuente en los albores del Siglo de Oro, él lo cumplía a rajatabla. Conocía muy bien el material con el que estaban hechos el hombre y la mujer; el confesionario es una escuela de altísima psicología, sin comparación ni siquiera con el psicoanálisis. Eso sí, siempre que el confesor tenga maneras, y Víctor las tenía".



"Víctor García de la Concha fue el primero en reconocer que la RAE cambió gracias al 'Gobierno de Felipe González... La Academia fue muy pobre en épocas anteriores'. Los gobiernos pasan, los hombres como él quedan. Son los representantes intelectuales de los nuevos tiempos. Se adaptan a todo y han ido borrando todos y cada uno de los recuerdos ominosos de otra época. Dormirán bien y asegurarán, con la mano en el corazón, que no se arrepienten de nada".


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miércoles, 25 de febrero de 2015

Venezuela, revertir el proceso democrático / Marcos Roitman



Venezuela, revertir el proceso democrático 

Derrocar gobiernos democráticos, al menos en América Latina, requiere un elaborado plan donde se busca deslegitimar las políticas populares bajo el argumento de ser portadoras de odio social e ideologías ajenas a la idiosincrasia nacional, identificándolas con el marxismo, el comunismo o el socialismo. Dichas ideologías atentarían contra la propiedad privada, la paz, la familia cristiana, la religión católica o la libertad individual, poniendo el peligro la unidad de la patria. Los responsables de tal situación no son otros que los partidos de izquierda, al querer instaurar un orden totalitario cuyo propósito sería aniquilar la oposición y amordazar la prensa. Así se desarrolla el lenguaje de la desestabilización y se urde la trama del golpe de Estado. El postulado es maniqueo. La patria está secuestrada en manos de revolucionarios, sin principios ni moral. Es necesario acudir al rescate. De esta forma se llama a movilizarse, tomar la calle, protestar y rebelarse contra el gobierno. Invirtiendo las tornas, los conspiradores se apropian del discurso democrático y comienzan a practicar la violencia callejera, la descalificación política y la provocación. Buscan tensar la cuerda y obligar al gobierno a tomar decisiones que puedan presentarse ante la opinión pública como parte de la intolerancia y la negativa al dialogo. Buscan cabezas de turco caídas en defensa de la libertad, víctimas de las hordas chavistas. Hay que provocar, convocar manifestaciones no autorizadas, hacer declaraciones desconociendo el poder legítimo, practicar el sabotaje, asaltar locales públicos, bloquear calles, paralizar el transporte, poner bombas en centros neurálgicos, etcétera.

En este contexto, la oposición se proclama salvaguarda de los valores nacionales, defensora de la paz, la familia, la libertad individual, la propiedad privada, la libre empresa y la economía de mercado, y sus dirigentes serían la avanzadilla de una cruzada contra el chavismo y el comunismo marxista, que derrocará el gobierno del presidente Nicolás Maduro. Se presentan como héroes vilipendiados y mártires redentores. Es el precio a pagar para recuperar la ansiada libertad.

Revertir procesos democráticos como el que vive Venezuela desde 1999 conlleva una hoja de ruta en dos frentes, en el campo de la política interna y el escenario internacional. En el plano exterior, se organizan simposios, conferencias y debates, proyectando una imagen de Venezuela sumida en el caos económico, el odio de clases y la ingobernabilidad. Asimismo, recaudan fondos para promover la desestabilización. En otro orden de cosas, los opositores realizan visitas a sus aliados de la derecha mundial, presidentes de gobiernos, líderes conservadores o representantes de las internacionales. Se busca la complicidad y restar apoyos al gobierno constitucional de Venezuela, frenar inversiones, acuerdos o simplemente torpedear las relaciones institucionales. Nada se deja al azar. Por ejemplo el presidente saliente de Chile, Sebastián Piñera, recibió a Capriles y la entrante Bachelet se deja fotografiar con Leopoldo López. La prensa y los medios de comunicación también juegan su papel. Desvirtuar al máximo la realidad con el fin de crear una opinión internacional favorable al golpe de Estado, haciéndose eco del discurso desestabilizador. En esta ocasión, como en otras, no importa manipular la información, mostrando material fotográfico o videos de archivo correspondientes a la represión en Chile, Grecia o Egipto y ponerlos como si acontecieran en Venezuela.

En esta coyuntura no puede faltar la intervención de Estados Unidos, gendarme de la zona. El vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, señala su preocupación por los acontecimientos en Venezuela y el secretario de Estado, John Kerry, asiente al concretar que hacemos un llamado al gobierno de Venezuela para que proporcione espacio político necesario para un diálogo y para que libere a los manifestantes detenidos. Como en los años ochenta del siglo XX, a quienes desestabilizan se les considera luchadores por la libertad, término acuñado por la administración de Ronald Reagan para adjetivar a los mercenarios y la contra nicaragüense. Asimismo, su embajada alienta y promueve la intervención en asuntos internos. Para ello se vale de sus agregados culturales, militares, etcétera.




En el plano interno, políticos, académicos, periodistas, empresarios, comunicadores, instituciones, organizaciones no gubernamentales y movimientos gremialistas constituyen la avanzada. Ellos se convierten en la mano que mece la cuna. Son portavoces y sujetos de la conspiración; su función, paralizar las actividades productivas, desgastar al gobierno y boicotear las políticas sociales. Deben crear una imagen sobrecargada de violencia e inseguridad ciudadana. En esta labor fabrican rumores que favorecen el acaparamiento de bienes de primera necesidad, fomentando el mercado negro, la desinversión y la especulación. Todo suma en esta campaña destinada a desacreditar al gobierno del presidente Maduro y provocar la repulsa de la comunidad internacional. Especialistas e intelectuales son la guinda del pastel. Se consideran disidentes, víctimas del socialismo del siglo XXI. Hablan de totalitarismo, corrupción y nepotismo. Bien retribuidos, se les da voz y pasea por las cadenas de televisión privadas, las radios y los periódicos afines de todo el mundo. Sus palabras consiguen caricaturizar la realidad y ridiculizar a sus dirigentes, calificándolos de megalómanos, locos o iluminados. El siguiente paso de esta estrategia es pedir el retorno al pasado, al capitalismo de usura, para sí recuperar sus privilegios. Para ello llamarán a la unidad nacional en pro de un golpe de Estado que los legitime.




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martes, 24 de febrero de 2015

Los incendiarios gritan “¡Fuego!” / Manlio Dinucci




Los incendiarios gritan “¡Fuego!” 

Iniciada bajo un pretexto humanitario enteramente fabricado, la guerra contra Libia no ha terminado todavía. Después del derrocamiento de la Yamahiriya, de la muerte bajo las bombas de la OTAN de 120 000 libios (según las cifras de la Cruz Roja Internacional) a los que supuestamente había que proteger, después del linchamiento de Muammar el-Kadhafi y del ulterior éxodo de 2 tercios de la población libia, es evidente que “el trabajo” sólo está comenzando.



La guerra que se extiende por Libia está provocando cada vez más víctimas, y no sólo en tierra sino también en el mar. Se trata de las numerosas personas que, empujadas por la desesperación, tratan de atravesar el Mediterráneo y terminan ahogándose en sus aguas.
«Desde el fondo del mar nos preguntan dónde están nuestros sentimientos humanos», escribe Pier Luigi Bersani.

Bersani tendría que preguntarse primeramente dónde estaban sus propios sentimientos humanos y además su propio concepto de la ética y de la política el 18 de marzo de 2011, cuando, en vísperas de la guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Libia, él mismo, desde su posición de secretario del PD (Partito democratico), gritaba «¡Enhorabuena!» afirmando que «el Artículo 11 de la Constitución (italiana) repudia la guerra, no el uso de la fuerza por razones justas».



Enrico Letta, quien –como Bersani– lanza hoy un llamado al sentimiento humanitario, debería acordarse del 25 de marzo de 2011, cuando, como vicesecretario del PD, declaraba: «guerreristas son quienes están en contra de la intervención internacional en Libia y no nosotros que somos constructores de la paz».

Esta «izquierda» disimulaba las verdaderas razones –económicas, políticas y estratégicas– de la guerra al afirmar, el 22 de marzo de 2011, por boca de Massimo d’Alema (ya todo un experto en «guerra humanitaria» en Yugoslavia) que «en Libia ya existía la guerra, emprendida por Kadhafi en contra del pueblo insurgente, una masacre que había que detener».

Siguiendo fundamentalmente esa misma línea, el 24 de febrero de 2011 –día del inicio de la guerra–, el secretario del PRC (Partito della rifondazione comunista) Paolo Ferrero acusaba a Berlusconi de haber demorado «días en condenar la violencia de Kadhafi» y afirmaba que había que «desmantelar lo más rápidamente posible el régimen libio».

Ese mismo día, jóvenes «comunistas» del PRC, junto a «demócratas» del PD, tomaban por asalto la embajada de Trípoli en Roma, quemaban la bandera de la Yamahiriya libia e izaban la del rey Idris, la misma que hoy ondea sobre la ciudad libia de Sirta ocupada por los yihadista, como pudimos ver hace 3 días en el noticiario del primer canal de Italia.

Esta «izquierda» se iba incluso por delante de la derecha en cuanto a empujar hacia la guerra al gobierno de Berlusconi, inicialmente reacio –por razones de interés– pero que inmediatamente después pisoteó cínicamente el Tratado de No Agresión y participó en el ataque permitiendo el uso de las bases y de las fuerzas aeronavales de Italia.



En 7 meses la aviación de Estados Unidos y la OTAN efectuó 10 000 misiones de ataque, utilizando más de 40 000 bombas y misiles contra los libios mientras que se infiltraban en Libia unidades de fuerzas especiales, que incluían miles de comandos qataríes. Simultáneamente se proporcionaba financiamiento y armas a grupos islamistas anteriormente definidos como terroristas. No está de más recordar que entre esos grupos se hallaban los que más tarde, después de ser enviados a Siria para derrocar el gobierno de Damasco, fundaron el actual Emirato Islámico e invadieron Irak. Así se provocó la desintegración del Estado libio y también el éxodo –y por consiguiente la hecatombe que actualmente ocurre en el Mediterráneo– de los inmigrantes africanos que habían encontrado trabajo en Libia.

También se propició así la guerra interna entre sectores tribales y religiosos que ahora luchan en Libia por el control de los campos petrolíferos y de las ciudades costeras, hoy principalmente en manos de los grupos vinculados al Emirato Islámico.

Y ahora, después de reiterar nuevamente que «abatir a Kadhafi era una causa sacrosanta», el ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Matteo Renzi, Paolo Gentiloni, toca la alarma porque «Italia está amenazada por la situación en Libia, a sólo 200 millas». Gentiloni anuncia por lo tanto que se dirigirá al parlamento sobre la posible participación italiana en una intervención militar internacional «enmarcada por la ONU». En otras palabras, nos anuncia una segunda guerra en Libia presentándola como una misión de «preservación de la paz», tal y como Obama le había pedido en junio de 2013 al entonces primer ministro Letta, con el respaldo de la ministra de Defensa italiana Pinotti y la aprobación de Berlusconi.

Así que otra vez estamos en la encrucijada.

Manlio Dinucci





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lunes, 23 de febrero de 2015

Falla el putsch de Obama en Venezuela / Thierry Meyssan





Falla el putsch de Obama en Venezuela 


Una vez más, la administración Obama trata de cambiar por la fuerza un régimen que se resiste a sus designios. El 12 de febrero de 2015, un avión propiedad de Academi (ex Blackwater) disfrazado con las insignias de las fuerzas armadas de Venezuela debía bombardear el palacio presidencial de Caracas para eliminar físicamente al presidente Nicolás Maduro. Los conspiradores tenían previsto poner en el poder a la ex diputada María Corina Machado y hacerla aclamar de inmediato por varios ex presidentes latinoamericanos.



El presidente Obama había emitido un claro aviso. Lo puso por escrito en su nueva doctrina de defensa (National Security Strategy): «Estamos del lado de los ciudadanos cuyo pleno ejercicio de la democracia está en peligro, como los venezolanos». Siendo Venezuela, desde la adopción de la Constitución de 1999, uno de los Estados más democráticos del mundo, esa frase presagiaba lo peor en materia de intentos destinados a impedir su marcha por el camino de la independencia y la redistribución de la riqueza nacional.




Era el 6 de febrero de 2015. Washington terminaba de planificar el derrocamiento de las instituciones democráticas de Venezuela. El golpe de Estado estaba planificado para el 12 de febrero.
La «Operación Jericó» contaba con la supervisión del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), bajo la responsabilidad de Ricardo Zúñiga. Este «diplomático» es el nieto de otro Ricardo Zúñiga, el presidente del Partido Nacional de Honduras que organizó los golpes militares de 1963 y de 1972 a favor del general López Arellano. El Ricardo Zúñiga que ahora trabaja en la Casa Blanca dirigió desde 2009 hasta 2011 la estación de la CIA en La Habana, donde reclutó agentes y los financió para fabricar una oposición contra Fidel Castro a la vez que negociaba la reanudación de las relaciones diplomáticas con Cuba, finalmente anunciada en 2014.
Como siempre en ese tipo de operaciones, Washington se esfuerza por no parecer implicado en los acontecimientos que sin embargo dirige. La CIA organiza y dirige a los golpistas a través de organizaciones supuestamente no gubernamentales: la NED (National Endowment for Democracy) y sus dos tentáculos de derecha, el International Republican Institute (IRI) y de izquierda, el National Democratic Institute (NDI); la Freedom House y el International Center for Non-Profit Law.

Además, Estados Unidos siempre recurre a sus aliados utilizándolos como contratistas en ciertos aspectos del putsch. Esta vez participaron al menos Alemania –a cargo de la protección de los ciudadanos de los países de la OTAN durante el golpe–, Canadá –a cargo del control del aeropuerto internacional civil de Caracas–, Israel –encargado de garantizar los asesinatos de varias personalidades chavistas– y el Reino Unido –a cargo de la propaganda de los golpistas. Finalmente, también moviliza sus redes políticas para que reconozcan a los golpistas: en Washington, el senador Marco Rubio; en Chile, el ex presidente Sebastián Piñera; en Colombia, los ex presidentes Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana; en México, los ex presidentes Felipe Calderón y Vicente Fox; en España, el ex presidente del gobierno José María Aznar.

Para justificar el putsch, la Casa Blanca había estimulado grandes empresas venezolanas a retener en sus almacenes enormes cantidades de productos de primera necesidad. La no distribución de esos productos tenía como objetivo provocar grandes colas ante los comercios y el estallido de motines estimulados por la acción de provocadores infiltrados entre los consumidores descontentos. La maniobra fracasó ya que, a pesar de la escasez artificialmente provocada durante enero y febrero y de las colas ante las tiendas, los venezolanos nunca llegaron a atacar los comercios.

Para reforzar el sabotaje económico, el presidente Obama había firmado, el 18 de diciembre de 2014, una ley que impone sanciones contra Venezuela y contra varios de sus dirigentes. Oficialmente, Washington decía querer sancionar a las personalidades responsables de la represión contra manifestaciones estudiantiles. En realidad, desde el inicio del año, Washington estaba pagando un salario -4 veces superior al ingreso medio de los venezolanos– a los miembros de pandillas que se dedicaban a agredir a las fuerzas del orden. Estos falsos estudiantes asesinaron a 43 personas en varios meses y sembraban el terror en las calles de Caracas.

La acción militar estaba bajo la supervisión del general Thomas W. Geary, desde la sede del SouthCom en Miami, y de Rebecca Chavez, desde el Pentágono. Como subcontratista de la parte militar del golpe aparecen el ejército privado Academi (ex Blackwater); una firma actualmente administrada por el almirante Bobby R. Inman (ex jefe de la NSA) y John Ashcroft (ex secretario de Justicia de la administración Bush).

Según esa parte del plan, un avión militar Super Tucano, matrícula N314TG, comprado por Academi en Virginia, en 2008, para asesinar a Raúl Reyes, número 2 de las FARC colombianas, avión falsamente identificado con las insignias de las fuerzas armadas de Venezuela, debía bombardear el palacio presidencial de Miraflores y otros objetivos entre los que se encontraban la sede del ministerio de Defensa, la dirección de Inteligencia y la sede de TeleSur, el canal de televisión multinacional creado por el ALBA. El avión se hallaba en Colombia, el cuartel general de los putchistas había sido instalado en la embajada de Estados Unidos en Bogotá –la capital colombiana– con la participación del embajador estadounidense Kevin Whitaker y de su segundo, Benjamin Ziff.

Varios oficiales superiores, activos y retirados, habían grabado de antemano un mensaje a la Nación anunciando que habían tomado el poder para restaurar el orden en el país. También estaba previsto que suscribirían el plan de transición, publicado en la mañana del 12 de febrero de 2015 en el diario El Nacional y redactado por el Departamento de Estado estadounidense. El plan incluía la formación de un nuevo gobierno, encabezado por la ex diputada María Corina Machado.




El golpe de Estado pondría en el poder a María Corina Machado. El 26 de enero de 2015, la ex diputada recibía en Caracas a sus principales cómplices extranjeros.


María Corina Machado fue presidenta de Súmate, la asociación que organizó y perdió el referéndum revocatorio contra el presidente Hugo Chávez Frías, en 2004, utilizando para ello –ya en aquel momento– los fondos de la NED (National Endowment for Democracy) y los servicios del publicista francés Jacques Seguela. A pesar de aquella derrota, María Corina Machado fue recibida con honores por el presidente George W. Bush en el Buró Oval de la Casa Blanca el 21 de marzo de 2005. Después de ser electa en 2011 como representante del Estado de Miranda, el 21 de marzo de 2014 María Corina Machado se presentó ante la Organización de Estados Americanos (OEA) como jefa de la delegación de Panamá a ese foro continental y fue inmediatamente destituida de su cargo de diputada por haber violado así los artículos 149 y 191 de la Constitución de Venezuela.

Para facilitar la coordinación del putsch, María Corina Machado organizó en Caracas, el 26 de enero, un coloquio denominado «Poder ciudadano y Democracia hoy», en el que participaron la mayoría de las personalidades venezolanas y extranjeras vinculadas a la intentona golpista.

¡Mala suerte! La Inteligencia Militar venezolana estaba vigilando a las personalidades sospechosas de haber fomentado un complot anterior para asesinar al presidente Maduro. En mayo de 2014, el fiscal de Caracas había acusado a María Corina Machado, el gobernador Henrique Salas Romer, el ex diplomático Diego Arria, el abogado Gustavo Tarre Birceño, el banquero Eligio Cedeño y el hombre de negocios Pedro M. Burelli, quienes negaron haber escrito sus propios e-mails afirmando que habían sido falsificados por la Inteligencia Militar. Por supuesto, todos eran cómplices.
Al seguir la pista de estos conspiradores, la Inteligencia Militar descubrió la «Operación Jericó». En la noche del 11 de febrero, los principales líderes de la conspiración y un agente del Mosad israelí fueron arrestados y se reforzó la protección aérea de la capital venezolana. Otros implicados fueron arrestados el 12 de febrero. El día 20, las confesiones de los arrestados permitieron la detención de otro cómplice: el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma.






El alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, era el agente de enlace con Israel. Ledezma había viajado secretamente a Tel Aviv, el 18 de mayo de 2012, para reunirse con el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu y con el ministro de Relaciones Exteriores Avigdor Lieberman actuando como representante del jefe de la oposición venezolana, Henrique Capriles Radonski.


El presidente Nicolás Maduro compareció de inmediato en televisión denunciando a los conspiradores. Mientras tanto, en Washington, la portavoz del Departamento de Estado hacía reír a los periodistas que recordaban el golpe de Estado organizado por Obama en 2009 en Honduras o más recientemente, en enero de 2015, en la intentona golpista de Macedonia, al declarar: «Esas acusaciones, como todas las anteriores, son ridículas. Es una política de hace tiempo, Estados Unidos no apoya las transiciones políticas por medios no constitucionales. Las transiciones políticas deben ser democráticas, constitucionales, pacíficas y legales. Hemos visto varias veces que el gobierno venezolano trata de desviar la atención de sus propias acciones acusando a Estados Unidos u otros miembros de la comunidad internacional por los acontecimientos en el interior de Venezuela. Esos esfuerzos reflejan falta de seriedad de parte del gobierno de Venezuela al enfrentar la grave situación que está confrontando.»
Para los venezolanos, este golpe de Estado abortado plantea un grave dilema: ¿Cómo mantener la democracia cuando los principales líderes de la oposición están en la cárcel por haber preparado crímenes en contra de la democracia?
Para quienes aún creen, erróneamente, que Estados Unidos ha cambiado, que ese país ha dejado de ser una potencia imperialista y que ahora defiende la democracia en el mundo, la «Operación Jericó» es un obligado tema de reflexión.




Estados Unidos contra Venezuela 

En 2002, Estados Unidos organizó un golpe de Estado contra el presidente democráticamente electo Hugo Chávez Frías [1] y posteriormente asesinó al juez venezolano a cargo de la investigación, Danilo Anderson [2].

En 2007, Estados Unidos intentó un cambio de régimen organizando en Venezuela una «revolución de color» con la participación de grupos trotskistas [3]. 

En 2014, Estados Unidos pareció renunciar a su objetivo y respaldó grupos anarquistas que realizaron innumerables actos vandálicos para desestabilizar Venezuela, lo que los venezolanos llaman la Guarimba [4].




[1] «Implicación de las redes secretas de la CIA para derribar a Chávez», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 18 de mayo de 2002.
[2] «Nuestro amigo Danilo Anderson asesinado en Caracas», «¿La CIA detrás del asesinato de Danilo Anderson? », por Marcelo Larrea, Red Voltaire, 20 de noviembre y 20 de noviembre de 2004. “FBI and CIA identified as helping Plan Venezuelan Prosecutor’s Murder”, por Alessandro Parma, Voltaire Network, 11 de noviembre de 2005.
[3] «Venezuela: conclusion d’une année déterminante», por Romain Migus, Réseau Voltaire, 10 de octubre de 2008. Ver también la respuesta de Gene Sharp a nuestras acusaciones: « La Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 10 de febrero de 2005.
[4] «Estados Unidos contra Venezuela: la guerra fría se calienta», por Nil Nikandrov, Strategic Culture Foundation, Red Voltaire, 12 de marzo de 2014. «Las “guarimbas” de Venezuela: derecha embozada», por Martín Esparza Flores, Contralínea (México), Red Voltaire , 28 de abril de 2014.





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