sábado, 30 de mayo de 2015

George Sand / Un invierno en Mallorca




“Se halla además, en esta biblioteca, la hermosa carta naútica del mallorquín Valseca, manuscrito de 1439, obra maestra de caligrafía y de dibujo topográfico, sobre la cual el miniaturista ha realizado un maravilloso trabajo. Este mapa perteneció a Américo Vespucio, el cual lo compró por un precio muy elevado, como lo atestigua una inscripción de la época en el dorso mismo: “Questa ampla pelle di geographia fú pagata da Amerigo Vespucci CXXX ducati di oro di marco."

‘Este precioso monumento de la geografía de la Edad Media será publicado en breve como continuación al atlas catalano mallorquín de 1375, inserto en el volumen XIV, segunda parte, de las “Noticias de manuscritos de la Academia de Inscripciones y Bellas Letras’.

Al transcribir esa nota se me erizan los cabellos, pues vuelve a mi memoria una escena terrible.

Estábamos en esta misma biblioteca de Montenegro, y el capellán desenrollaba ante nosotros esta carta naútica, este tan precioso y raro monumento comprado por Américo Vespucio en 130 ducados de oro, y sabe Dios por cuanto, por el aficionado a las antigüedades que fue el Cardenal Despuig… cuando uno de los cuarenta o cincuenta criados de la casa se le ocurrió colocar un tintero de corcho sobre una de las puntas del pergamino para mantenerlo desplegado sobre la mesa, ¡Y el tintero estaba lleno, lleno hasta los bordes!

El pergamino, habituado a estar enrollado, tal vez impulsado por algún espíritu maligno, hizo un esfuerzo, crujió, dio un salto, y se enrolló sobre sí mismo arrastrando el tintero que desapareció envuelto en él, mientras saltaba vencedor de todo obstáculo. Se oyó un grito general; el capellán se quedó más palido que el mismo pergamino.

Se desenrrolló lentamente el mapa, animados todos por una vana esperanza. ¡Ay! ¡el tintero estaba vacío! El pergamino quedó inundado, y los pequeños y hermosos soberanos pintados en miniatura, nadaban literalmente en un mar más negro que el Ponto Euxino.

Entonces todos perdieron la cabeza. Creo que el capellán se desmayó. Los criados corrieron en busca de cubos de agua como si se tratara de un incendio, y con escobillas y con esponjas se dispusieron a limpiar el mapa, arrastrando, entremezclando, reyes, mares, islas y continentes.

Antes de que hubiéramos podido oponernos a ese celo fatal, el mapa fue estropeado en parte, pero por suerte el daño no fue irremediable: M. Tastu había sacado un calco exacto del pergamino y gracias a él se podrá, bien o mal, reparar el daño.

Pero, ¡cuál debió ser la consternación del limosnero al enterarse su señor! Todos estábamos a seis pasos de la mesa en el instante de la catástrofe; pero estoy seguro de que la culpa recayó entera sobre nosotros, y que este hecho, imputado a los franceses, no habrá contribuido a dejarnos en buen lugar en Mallorca.

Este trágico acontecimiento nos privó de admirar e incluso percibir las maravillas que contiene el palacio de Montenegro: el gabinete de las medallas, los bronces antiguos y los cuadros. Teníamos prisa por irnos antes de que volviera el dueño y, convencidos de que se nos achacaría el daño, no nos atrevimos a volver.”

George Sand (Un invierno en Mallorca)  


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jueves, 28 de mayo de 2015

Antonio Machado sobre el barroco español




Sobre el barroco español


Se extiende después Mairena en consideraciones sobre el barroco literario español. Para Mairena –conviene advertirlo–, el concepto de lo barroco dista mucho del que han puesto de moda los alemanes en nuestros días, y que -dicho sea de paso–, bien pudiera ser falso aunque nuestra crítica lo acepte, como siempre, sin crítica, por venir de fuera.

"En poesía se define –habla Mairena– como un tránsito de lo vivo a lo artificial, de lo intuitivo a lo conceptual, de la temporalidad psíquica al plano temporal de la lógica, como un piétinement sur place del pensamiento que, incapaz de avanzar sobre intuiciones –en ninguno de los sentidos de esta palabra–, vuelve sobre sí mismo, y gira y deambula en torno a lo definido, creando enmarañados laberintos verbales; un metaforismo conceptual, ejercicio superfluo y pedante del pensar y del sentir, que pretende asombrar por lo difícil, y cuya oquedad no advierten los papanatas."

El párrafo es violento, acaso injusto. Encierra, no obstante, alguna verdad. Porque Mairena vio claramente que el tan decantado dinamismo de lo barroco es más aparente que real, y más que la expresión de una fuerza actuante, el gesto hinchado, que sobrevive a un esfuerzo extinguido.

Acaso puede argüirse a Mairena que, bajo la denominación de barroco literario, comprende la corriente culterana y la conceptista, sin hacer de ambas suficiente distinción. Mairena, sin embargo, no las confunde, sino que las ataca en su raíz común. Fiel a su maestro, Abel Martín, Mairena no ve en las formas literarias sino contornos más o menos momentáneos de una materia en perpetuo cambio, y sostiene que es esta materia, este contenido, lo que, en primer término, conviene analizar. ¿En qué zona del espíritu del poeta ha sido engendrado el poema, y qué es lo que predominantemente contiene? Sigue un criterio opuesto al de la crítica de su tiempo, que sólo veía en las formas literarias moldes rígidos para rellenos de un mazacote cualquiera, y cuyo contenido, por ende, no interesa. Culteranismo y conceptismo son, pues, para Mairena dos expresiones de una misma oquedad y cuya concomitancia se explica por un creciente empobrecimiento del alma española. La misma inopia de intuiciones que, incapaz de elevarse a las ideas, lleva al pensamiento conceptista, y éste a la pura agudeza verbal, crea la metáfora culterana, no menos conceptual que el concepto conceptista, la seca y árida tropología gongorina, arduo trasiego de imágenes genéricas, en el fondo puras definiciones, a un ejercicio de mera lógica, que sólo una crítica inepta o un gusto depravado puede confundir con la poesía.




"Claro es –añade Mairena, en previsión de fáciles objeciones– que el talento poético de Góngora y el robusto ingenio de Quevedo, Gracián o Calderón, son tan patentes como la inanimidad estética del culteranismo y el conceptismo."

El barroco literario español, según Mairena, se caracteriza:

1.° Por una gran pobreza de intuición. –¿En qué sentido? En el sentido de experiencia externa o contacto directo con el mundo sensible; en el sentido de experiencia interna o contacto con lo inmediato psíquico, estados únicos de conciencia; en el sentido teórico de enfrentamiento con las ideas, esencias, leyes y valores como objetos de visión mental; y en el resto de las acepciones de esta palabra. "Las imágenes del barroco expresan, disfrazan o decoran conceptos, pero no contienen intuiciones." "Con ellas –dice Mairena– se discurre o razona, aunque superflua y mecánicamente, pero de ningún modo se canta. Porque se puede razonar, en efecto, por medio de conceptos escuetamente lógicos, por medio de conceptos matemáticos –números y figuras– o por medio de imágenes, sin que el acto de razonar, discurrir entre lo definido, deje de ser el mismo: una función homogeneizadora del entendimiento que persigue igualdades –reales, o convenidas—, eliminando diferencias. El empleo de imágenes, más o menos coruscantes, no puede nunca trocar una función esencialmente lógica sin función estética, de sensibilidad. Si la lírica barroca, consecuente consigo misma, llegase a su realización perfecta, nos daría un álgebra de imágenes, fácilmente abarcable en un tratado al alcance de los estudiosos, y que tendría el mismo valor estético del álgebra propiamente dicha, es decir, un valor estéticamente nulo."

2.° Por su culto a lo artificioso y desdeñoso de lo natural. –"En las épocas en que el arte es realmente creador -dice Mairena– no vuelve nunca la espalda a la naturaleza, y entiende por naturaleza todo lo que aun no es arte, incluyendo en ello el propio corazón del poeta. Porque si el artista ha de crear, y no a la manera del dios bíblico, necesita una materia que informar o transformar, que no ha de ser –¡claro está!– el arte mismo. Porque existe, en verdad, una forma de apatía estética, que pretende sustituir el arte por la naturaleza misma, se deduce, groserísimamente, que el artista puede ser creador prescindiendo ella. Esa abeja que liba en la miel y no en las flores más ajena a toda labor creadora que el humilde arrimador de documentos reales, o que el consabido espejo de lo real, que pretende darnos por arte la innecesaria réplica de cuanto lo es."



3.° Por su carencia de temporalidad. –En su análisis del verso barroco, señala Mairena la preponderancia del substantivo y su adjetivo definidor sobre las formas temporales del verbo; el empleo de la rima con carácter más ornamental que melódico y el total olvido de su valor mnemónico.

"La rima –dice Mairena– es el encuentro, más o menos reiterado, de un sonido con el recuerdo de otro. Su monotonía es más aparente que real, porque son elementos distintos, acaso heterogéneos, sensación y recuerdo, los que en la rima se conjugan; con ellos estamos dentro y fuera de nosotros mismos. Es la rima un buen artificio, aunque no el único, para poner la palabra en el tiempo. Pero cuando la rima se complica con excesivos entrecruzamientos y se distancia hasta tal punto que ya no se conjugan sensación y recuerdo, porque el recuerdo se ha extinguido cuando la sensación se repite, la rima es entonces un artificio superfluo. Y los que suprimen la rima –esa tardía invención de la métrica–, juzgándola innecesaria, suelen olvidar que lo esencial en ella es su función temporal, y que su ausencia les obliga a buscar algo que la substituya; que la poesía lleva muchos siglos cabalgando sobre asonancias y consonancias, no por capricho de la incultura medieval, sino porque el sentimiento del tiempo, que algunos llaman impropiamente sensación de tiempo, no contiene otros elementos que los señalados en la rima: sensación y recuerdo. Mas en el verso barroco la rima tiene, en efecto, un carácter ornamental. Su primitiva misión de conjugar sensación y recuerdo, para crear así la emoción del tiempo, queda olvidada. Y es que el verso barroco, culterano o conceptista, no contiene elementos temporales, puesto que conceptos e imágenes conceptuales son –habla siempre Mairena– esencialmente ácronos."

4.° Por su culto a lo difícil artificial y su ignorancia de las dificultades reales. –"La dificultad no tiene por sí misma valor estético, ni de ninguna otra clase –dice Mairena–. Se aplaude con razón el acto de atacarla y vencerla; pero no es lícito crearla artificialmente para ufanarse de ella. Lo clásico, en verdad, es vencerla, eliminarla; lo barroco, exhibirla. Para el pensamiento barroco, esencialmente plebeyo, lo difícil es siempre precioso: un soneto valdrá más que una copla en asonante, y el acto de engendrar un chico, menos que el de romper un adoquín con los dientes."




5.° Por su culto a la expresión indirecta, perifrástica, como si ella tuviera por sí misma un valor estético. –"Porque no existe perfecta conmensurabilidad –dice Mairena– entre el sentir y el hablar, el poeta ha acudido siempre a formas indirectas de expresión, que pretenden ser las que directamente expresen lo inefable. Es la manera más sencilla, más recta y más inmediata de rendir lo intuido en cada momento psíquico, lo que el poeta busca, porque todo lo demás tiene formas adecuadas de expresión en el lenguaje conceptual. Para ello acude siempre a imágenes singulares, o singularizadas, es decir, a imágenes que no puedan encerrar conceptos, sino intuiciones, entre las cuales establece relaciones capaces de crear a la postre nuevos conceptos. El poeta barroco, que ha visto el problema precisamente al revés, emplea las imágenes para adornar y disfrazar conceptos, y confunde la metáfora esencialmente poética con el eufemismo de negro catedrático. El oro cano, el pino cuadrado, la flecha alada, el áspid de metal, son, en efecto, maneras bien estúpidas de aludir a la plata, a la mesa, a la flecha y a la pistola."

6.° Por su carencia de gracia. –"La tensión barroca –dice Mairena– con su fría vehemencia, su aparato de fuerza y falso dinamismo, su torcer y desmesurar arbitrarios sintaxis hiperbática e imaginería hiperbólica, con su empeño de desnaturalizar una lengua viva para ajustarla bárbaramente a los esquemas más complicados de una lengua muerta, con su hinchazón y amaneramiento y superfluo artificio, podrá, en horas de agotamiento o perversión del gusto, producir un efecto que, mal analizado, se parezca a una emoción estética. Pero hay algo a que el barroco ha de renunciar, pues ni la mera apariencia le es dado contrahacer: la calidad de lo gracioso, que sólo se produce cuando el arte, de puro maestro, llega al olvido de sí mismo, y a hacerse perdonar su necesario apartamiento de la naturaleza."

7.° Por su culto supersticioso a lo aristocrático. –Hablando de Góngora, dice Juan de Mairena: "Cuanto hay en él apoyado en folklore tiende a ser, más que lo popular (tan finamente captado por Lope), lo apicarado y grosero. Sin embargo, lo verdaderamente plebeyo de Góngora es el gongorismo. Enfrente de Lope, tan íntegramente español como hombre de la corte, Góngora será siempre un pobre cura provinciano." Y en verdad que la "obsesión de lo distinguido y aristocrático no ha producido en arte más que ñoñeces". "El vulgo en arte, es decir, el vulgo a que suele aludir el artista, es, en cierto modo, una invención de los pedantes, mejor diré: un ente de ficción que el pedante fabrica con su propia substancia." "Ningún espíritu creador –añade Mairena– en sus momentos realmente creadores, pudo pensar más que en el hombre, en el hombre esencial que ve en sí mismo, y que supone en su vecino. Que existe una masa desatenta, incomprensiva, ignorante, ruda, el artista no lo ha ignorado nunca. Pero una de dos: o la obra del artista alcanza y penetra, en más o en menos, a esa misma masa bárbara, que deja de ser vulgo ipso facto para convertirse en público de arte, o encuentra en ella una completa impermeabilidad, una total indiferencia. En este caso, el vulgo propiamente dicho no guarda ya relación alguna con la obra de arte y no puede ser objeto de obsesión para el artista. Pero el vulgo del culterano, del preciosista, del pedante, es una masa de papanatas, a la cual se asigna una función positiva: la de rendir al artista un tributo de asombro y de admiración incomprensiva."

En suma, Mairena no se chupa el dedo en su análisis del barroco literario español. Más adelante añade –en previsión de fáciles objeciones– que él no ignora cómo en toda época, de apogeo o decadencia, ascendente o declinante, lo que se produce es lo único que puede producirse, y que aun las más patentes perversiones del gusto, cuando son realmente actuales, tendrán siempre una sutil abogacía que defiende sus mayores desatinos. Y en verdad que esa abogacía no defiende, en el fondo, ni tales perversiones ni tales desatinos, sino a un espíritu incapaz de producir otra cosa. Lo más inepto contra el culteranismo lo hizo Quevedo, publicando los versos de fray Luis de León. Fray Luis de León fue todavía un poeta, pero el sentimiento místico, que alcanzó en él una admirable expresión de remanso, distaba ya tanto de Góngora como de Quevedo, era precisamente lo que ya no podía cantar, algo definitivamente muerto a manos del espíritu jesuítico imperante.


ANTONIO MACHADO, De un cancionero apócrifo: El "arte poética" de Juan de Mairena, Poesías completas, RBA, Barcelona, 2001, págs. 321-326




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miércoles, 27 de mayo de 2015

Lectura urgente de un maremoto en Galicia / Antón Sánchez




Lectura urgente de un maremoto en Galicia 

Las mareas gallegas arrebatan al Partido Popular las alcaldías de las tres mayorías absolutas con que contaba en las ciudades gallegas.

Las elecciones municipales han supuesto en Galicia un auténtico maremoto político provocado indudablemente por las “mareas”, candidaturas de unidad popular conformadas por diferentes organizaciones del espacio de ruptura y ciudadanía no organizada partidariamente. La lectura parece clara. El éxito de la izquierda, tanto social como política, es directamente proporcional a su capacidad de generar espacios de confluencia amplios y sin fisuras.
De las siete ciudades gallegas, que es donde se concentra el grueso de la población gallega y donde tradicionalmente comienzan los cambios políticos a nivel de país, las mareas pueden llegar a gobernar tres, precisamente las tres donde el Partido Popular tenía mayoría absoluta: Santiago de Compostela, A Coruña y Ferrol. En las dos primeras las mareas logran además ser la fuerza más votada, algo impensable hace apenas un par de meses.

Muy significativa y simbólica es la victoria de Martiño Noriega y Compostela Aberta en la capital, que vivió una legislatura extremadamente convulsa, con tres alcaldes en cuatro años. El hasta ahora alcalde de Teo, concello limítrofe, logró en poco más de dos meses pasar por encima de la gran apuesta de Núñez Feijoó en estas elecciones, Agustín Hernández. Diez concejales frente a nueve del PP, cuatro del PSOE –que se da un batacazo histórico– y dos del BNG. El propio Martiño hacía ayer, al poco tiempo de conocer los resultados, mención a dos personas, Ánxel Casal y Xosé Manuel Beiras, con el que comparte portavocía en Anova. El primero de ellos fue el último alcalde nacionalista de Santiago, hasta que fue “paseado” en agosto de 1936. Cuatro meses antes nacía Beiras. “Hoy hacemos justicia por Ánxel Casal… y por Xosé Manuel Beiras”, recordó Noriega en su intervención.

En A Coruña la gesta no fue menor. La candidatura de la Marea Atlántica, encabezada por Xulio Ferreiro, superó todas las expectativas al ganar las elecciones. La marea, conformada por un buen número de activistas sociales con el apoyo de todos los partidos de la izquierda rupturista, veía así premiado su gran trabajo y su extraordinaria capacidad para aglutinar la mayor parte de la izquierda bajo una misma ilusión. Tenemos un deseo común, rezaba uno de sus lemas. Mientras, en Ferrol se puede llegar a dar un gobierno tripartito, pero capitaneado por Jorge Suárez, de Ferrol en Común.

Difícil pues queda el panorama urbano gallego para el Partido Popular, que probablemente sólo pueda alcanzar la alcaldía de Ourense. Una derrota muy severa que se ve acrecentada por el hecho de que sólo tendrá mayoría en una de las cuatro Diputaciones provinciales, la de Ourense. El castigo electoral a Núñez Feijoó, que se volcó en la campaña, puede estar indicando un cambio político en el país de mucho mayor calado en el próximo año y medio.

Así, más que en términos cuantitativos, el revolcón provocado por las mareas es cualitativamente una revolución sin precedentes en el panorama político gallego, donde se dibuja claramente la diferencia entre lo viejo y lo nuevo, que ahora si parece que empieza a nacer con claridad.

El mensaje de Anova-Irmandade Nacionalista en esta campaña electoral se centró en que las municipales deberían servir, además de para recuperar el poder para los vecinos y vecinas, para caminar hacia la ruptura democrática con este régimen putrefacto, desembocando en un frente de unidad popular que derrotase al bipartidismo en las elecciones generales, y propiciando así el inicio de un nuevo proceso constituyente.




Los Pactos del 78 giraban alrededor de tres ejes: preservar la situación de privilegio de la oligarquía financiera, el  perdón al franquismo por todos sus delitos y la unidad sagrada de España garantizada por el ejército. En Anova pensamos que estos tres ejes están en disputa. Precisamos una economía al servicio de la sociedad, y no al revés como ahora sucede, al tiempo que luchamos por el final de la monarquía y por el reconocimiento de la libre determinación de las diferentes naciones del estado.

Con este mismo análisis Anova apostó por Alternativa Galega de Esquerda hace tres años en las elecciones autonómicas de Galicia, con un llamamiento de Xose Manuel Beiras a un frente amplio de las fuerzas no bipartidistas de izquierdas, traspasando la frontera tradicional del nacionalismo y federalismo y bajo la premisa de la asunción de las organizaciones políticas del derecho de Galicia a su autodeterminación.

En las elecciones europeas, la llamada se extendió a las fuerzas de izquierdas de las naciones del Estado español, para crear un frente amplio y asestar un duro golpe al bipartidismo. Esa apuesta no cuajó por diferentes razones, como el exceso de cálculo partidario, de manera que sólo pudimos concurrir como Alternativa Galega de Esquerda en Europa, logrando una eurodiputada. Aunque la derrota del bipartidismo pudo ser más evidente, los dos grandes partidos no superaron el 50 por ciento y Podemos irrumpió con fuerza, con un discurso rupturista como síntoma del deseo de cambio de gran parte de la ciudadanía.

Ante este escenario las elecciones municipales no podían ser más que otra oportunidad para redoblar la apuesta por la unidad popular, siendo conscientes de que había que dar entrada a contingentes de ciudadanía no organizada partidariamente, una vez que desde los movimientos sociales de las principales ciudades se determinó por fin la necesidad y oportunidad de la participación en las instituciones para la consecución de sus objetivos. Por eso desde el verano pasado Anova decidio que sus militantes participasen allí donde surgiesen candidaturas ciudadanas de unidad popular, las mareas, pioneras desde Galicia, una vez más, en el Estado.

La materialización de esta idea en cada ciudad o pueblo –se contabilizaron hasta 70 candidaturas de unidad popular diferentes– fue diferente, dependiendo de su realidad, de sus contingentes y del mayor o menor acierto de los actores. Algo normal en un proceso tan nuevo y tan complejo, casi sin ensayos previos y en medio de un escenario rígido durante décadas.

Allí donde mejor cristalizó el proceso, donde las organizaciones políticas como Anova, EU, Podemos, Equo, Compromiso por Galicia o Espazo Ecosocialista remaron con la ciudadanía ejercente sin afiliación partidaria en una sola dirección, donde surgieron líderes indiscutidos, la victoria fue arrolladora. Al tiempo, donde los procesos tuvieron más dificultades los resultados son moderadamente buenos, siendo las mareas llave en varias ciudades, pero con la sensación de no llegar a exprimir todo el potencial de cambio que había.




Sea como fuere, lo que parece patente es que en Galicia está naciendo un nuevo sujeto político y que, a poco que se trabaje en la misma dirección, viene para quedarse, aunque no tenga aún perfilada la fórmula definitiva.

No deberíamos desaprovechar esta oportunidad también a nivel de Estado, un cambio que sin duda pasa también por la generación de una amplia confluencia de las organizaciones rupturistas de las diferentes naciones. Es el momento de ir por la victoria y a por un nuevo proceso constituyente en el estado español.
Ninguna organización por si misma es capaz de alcanzar este objetivo. La suma multiplica. La unidad debe ser la fuerza motriz para cambiarlo todo.

Antón Sánchez  (Coordinador Nacional de Anova)



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martes, 26 de mayo de 2015

Iván Giménez, “El corralito foral”




“ La siniestra imagen de varios camiones cargados de cadáveres dando tumbos por las carreteras navarras en 1980, de Corella a Azagra, y de allí a Pamplona, solo es superada por la inquietante evidencia de que ese cargamento desapareció, y que hoy nadie es capaz de averiguar qué ocurrió de verdad. Se trata, sin duda, de la más lograda metáfora de la Transición, como paradigma del ocultamiento, la amnesia y la impunidad. No es creíble que aquellos 52 cuerpos, prueba de cargo contra los asesinos de 1936 en Valcardera, desaparecieran sin la intervención de altas instancias muy incómodas ante la posibilidad de un acto público en Pamplona que hiciera patentes los crímenes cometidos  cuarenta años antes…

En 1980 sus responsables seguían vivos, y muchos de ellos ocupaban importantes parcelas de poder. No hay que olvidar tampoco que por aquellas fechas, José María Jimeno Jurío se vio obligado a abandonar sus investigaciones sobre la represión de la Guerra Civil tras recibir una amenaza de muerte firmada por la Triple A. En muchos casos, el olvido y el silencio no fueron una opción, sino la única manera de salvar la vida… y eso que Franco ya llevaba cinco años bajo tierra.

Poco antes, en 1974, había muerto a los 94 años el capuchino Gumersindo de Estella (Martin Zubeldia era su nombre civil) sin poder ver la publicación de su escalofriante testimonio, recogido entre 1936 y 1939 en Torrero (Zaragoza), donde asistió en sus últimos momentos a 1700 fusilados. El manuscrito cayó en 1978 en manos de Víctor Manuel Arbeloa, sacerdote, historiador y poco después figura central del PSN, con encargo por parte de los capuchinos de publicarlo. Arbeloa lo consultó con el arzobispo, y conscientes de la carga de profundidad que encerraba el texto, decidieron ocultarlo. El original acabó en manos de una familia de Pamplona, y finalmente se hizo con una copia Pablo Antoñana, quien en 2002 se lo mostró al periodista de “Egunkaria”, Alberto Barandiaran. Este publicó un reportaje sobre los fusilamientos de Torrero y la figura de Gumersindo de Estella, y finalmente en octubre de 2003 la editorial zaragozana Mira se atrevió a publicar el manuscrito estellés, editado por Tarsicio de Azcona. Es decir, hubo que esperar 64 años desde el final de la Guerra Civil y 25 años desde la censura total que Víctor Manuel Arbeloa y la jerarquía eclesiástica navarra decretaron contra el relato en primera persona de la represión que falangistas y requetés ejercieron en la retaguardia”.

Iván Giménez, “El corralito foral”


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domingo, 24 de mayo de 2015

EL RECHAZO / Maurice Blanchot




EL RECHAZO 

En un determinado momento, frente a los acontecimientos públicos,
sabemos que debemos rechazar. El rechazo es absoluto, categórico. No discute ni hace oír sus razones. En esto es silencioso y solitario, incluso cuando se afirma, como debe ser, a plena luz del día. Los hombres que rechazan y que están ligados por la fuerza del rechazo saben que aún no están juntos. El tiempo de la afirmación común les ha sido precisamente arrebatado. Lo que les queda es el irreductible rechazo, la amistad de ese No certero, inquebrantable, riguroso, que les mantiene unidos y solidarios.

El movimiento de rechazar es raro y difícil, aunque idéntico y el mismo en cada uno de nosotros desde el momento en que lo hemos captado. ¿Por qué difícil? Porque hay que rechazar no sólo lo peor, sino también una apariencia razonable, una solución que se diría feliz. En 1940, el rechazo no tuvo que ejercerse contra la fuerza invasora (no aceptarla caía por su propio peso), sino contra la posibilidad que el viejo hombre del armisticio, no sin buena fe ni justificaciones, creía poder representar. Dieciocho años después, la exigencia del rechazo no se ha producido a propósito de los acontecimientos del 13 de mayo (que se rechazaban por sí mismos), sino frente al poder que pretendía reconciliarnos honrosamente con ellos mediante la simple autoridad de un nombre.

Lo que rechazamos no carece de valor ni de importancia. Es precisamente por esto por lo que el rechazo es necesario. Hay una razón que ya no aceptaremos, hay una apariencia de cordura que nos produce horror, hay una oferta de acuerdo y de conciliación que ya no escucharemos. Una ruptura se ha producido. Se nos ha conducido hasta esa franqueza que ya no tolera la complicidad.

Cuando rechazamos, rechazamos por un movimiento sin desprecio, sin exaltación, y anónimo, en la medida de lo posible, pues el poder de rechazar no se realiza a partir de nosotros mismos, ni en nuestro solo nombre, sino a partir de un comienzo muy pobre que pertenece en primer lugar a quienes no pueden hablar. Se dirá que hoy es fácil rechazar, que el ejercicio de tal poder entraña pocos riesgos. Sin duda es cierto para la mayoría de nosotros. Creo, sin embargo, que rechazar no es nunca fácil y que debemos aprender a rechazar y a mantener intacto, mediante el rigor del pensamiento y la modestia de la expresión, el poder de rechazo que desde ahora cada una de nuestras afirmaciones debería verificar.

Maurice Blanchot



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viernes, 22 de mayo de 2015

Una reflexión de Mario Benedetti





La cómoda clave de semejante complicidad es precisamente la simplificación en el entendido, y más aún en el sobreentendido, de que un poeta sensible a su contorno está definitivamente perdido para la excelsa poesía. Dan por sentado, o tal vez simulan que lo dan, que la preocupación social corta las alas, frena la osadía experimental, castra la imaginación. No les interesa verificar si sus prejuicios son válidos; les alcanza y les sobra con expresarlos. En consecuencia exaltan la soledad, los sueños, la magia, el homo ludens, el protagonismo de la palabra. No están más allá, sino más acá del bien y del mal, ya que aún no se han chamuscado en esos fuegos. […] Creer, o hacer creer, que la definición política o social de un intelectual sólo habrá de llevarle al esquematismo, al maniqueísmo, o a la pobreza formal, es hacer una torpe evaluación de los caminos y procesos del arte. Desde la Divina Comedia al Guernica, desde Marat-SadeNovecento, desde España aparta de mí este cáliz al Canto general, el ingrediente social ha servido para nutrir el arte de todos los tiempos.

Achacar a ese componente el esquematismo de los inevitables mediocres, equivaldría a atribuir a la magia y a los sueños la indigencia estética de algunos autores venerablemente burgueses.


MARIO BENEDETTI, fragmento de De la cultura, ese blanco móvil, 1989, recogido en Textos preferidos y complementarios de autor y lector, Anthropos, 1992, pág. 117




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miércoles, 20 de mayo de 2015

Miguel Sánchez-Ostiz, “Perorata del insensato”



“Un pintor que ha pasado muchos años de su vida recluido en centros psiquiátricos, ve en la sala de espera de un dentista una revista en la que se informa de que el manicomio donde pasó su juventud va a ser derribado para construir un hotel de quince estrellas y un campo de golf de cuatro hoyos, o al revés, él no se aclara muy bien. Como además van a trasladar el camposanto del manicomio, se acuerda de la monja difunta que le cuidó de joven y decide rescatar su momia, con la que pasará toda una noche hablando de su infancia, su vocación de pintor, sus internamientos y exposiciones, sus años de artista al tiempo de la movida madrileña; del arrebuche político-cultural al amparo de las instituciones en los últimos treinta años, de los cambios de chaqueta y del poder de los «iberdrolos», de los hampones del arte, la cultura, las finanzas y la política, y del paso irreparable del tiempo, mientras las ruinas del manicomio de Crecell están cercadas por los antidisturbios… «¡Sabemos que estáis ahí!»


 Miguel Sánchez-Ostiz, “Perorata del insensato”





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lunes, 18 de mayo de 2015

Luciano Canfora / "Exportar la libertad”





“Apenas dos años antes de la revolución de Hungría, en junio de 1954, el presidente Eisenhower había hecho que los “liberadores” (mercenarios) de Castillo Armas invadieran Guatemala y derrocaran el legítimo gobierno del presidente Arbenz Guzmán, reo de haber perjudicado los intereses de la United Fruit Company

Pero, frente a Europa del Este, la no intervención era la única opción posible, pues la alternativa pasaba por una nueva guerra en Europa. Resulta palmario el cinismo de una propaganda que sin embargo sólo podía tomarse en serio del otro lado del telón que dividía Europa. Hasta qué punto las férreas reglas de la Realpolitik determinaron todos los actos de los protagonistas de esos acontecimientos memorables resulta aún más evidente si se tiene en cuenta que, por el contrario, sí hubo una reacción pronta, dura y resolutiva por parte de Estados Unidos contra el desembarco anglofrancés en Port Said, que se produjo el mismo día de la invasión soviética de Hungría. 

Estados Unidos no podía permitirse “perder” Oriente Medio para secundar el viejo colonialismo de sus aliados. Anthony Eden y Guy Mollet, primer ministro británico y jefe de gobierno francés, respectivamente, conservador el primero y socialista el segundo, que llevaban meses preparando la agresión contra Egipto en connivencia con el ejército israelí, inmerso por entonces en el mayor error de su difícil historia, tuvieron que inclinar la cabeza, retirarse y tragarse el orgullo. Para Inglaterra ese episodio marcó el final de cualquier veleidad imperial; para Francia fue la antesala del final de la IV República. 

La URSS pudo proseguir la guerra en Hungría y derrotarla, después de semanas de combates, devolviendo al poder a una élite política considerablemente afecta.”

Luciano Canfora en "Exportar la libertad”

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P. S. 
A propósito de Guatemala:

“Si en 1940 la población del Distrito Federal era de un millón y medio de habitantes, ahora (1955) llegaba ya a los cuatro y medio. A lo largo de esos mismos años el ingreso natural bruto había pasado de 6.000 a 52.000 millones de dólares, en tanto que la producción industrial se había multiplicado por 5,5 y la construcción por 4,5. Por otra parte, vivían en el país (en el Distrito Federal, principalmente) muchos refugiados políticos centroamericanos, núcleo extranjero que aumentó notablemente en 1954 cuando, con la CIA, Eisenhower destruyó el gobierno democráticamente elegido de Arbenz en Guatemala. (5)
(…)
(5) De las 100.000 páginas de documentos que la CIA tiene sobre aquel crimen se han “abierto” al público sólo unas 1.500. Están, por supuesto, muy censuradas, a pesar de lo cual son horripilantes. En algunas de ellas se explica, por ejemplo, que para matar a cualquier político de izquierdas o líder sindical puede bastar un destornillador: el secreto está en clavarlo en el lugar justo, en la nuca, por ejemplo, para romper el nervio que recorre la columna vertebral. Incluye también una lista de personas a las que hay que asesinar, pero todos los nombres están borrados. Escribo esto (septiembre 2001) en plena “cruzada” yanqui contra el “terrorismo” y, creo, sobran comentarios.

(Carlos Blanco Aguinaga, “De mal asiento”)


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sábado, 16 de mayo de 2015

Entrevista a Miguel Sánchez-Ostiz para “Gara” / Patxi Irurzun





MSO:  “Mientras escribía este libro pensaba en el epitafio de Gogol: “Se reirán de mis amargas palabras”.



El pasado jueves el escritor navarro presentó su última obra, Perorata del insensato, el delirante soliloquio de un pintor ante la momia robada de una monja, con el escenario de fondo de un manicomio abandonado. Un libro escrito con ánimo de chanza, al modo del esperpento o los títeres de cachiporra. 
 Patxi Irurzun. Iruñea


Con Perorata del insensato  Miguel Sánchez-Ostiz ha regresado a su infancia, a las representaciones de títeres, a los curriños, como popularmente eran conocidos los guiñoles que solía ver en la pamplonesa plaza de San José, o a las propias funciones que él representaba, como un germen de su literatura, en un teatrillo que le regalaron de niño “con el que aprendí a hablar en solitario, con voces distintas, desde detrás de la escena, sin ser visto, a  veces aunque delante no hubiera nadie”, recordó el escritor navarro en la presentación de su nueva obra, el pasado jueves en la librería Walden de Iruñea.

Porque eso es Perorata del insensato: “Un guiñol burlesco, escrito con ánimo de chanza, y por tanto una representación de títeres de guante, al margen de ser  una “Historia fingida, texida sobre los casos que comúnmente suceden o son verisímiles”, que decía el Diccionario de la lengua castellana en su edición de 1791, y en consecuencia por completo imaginaria”, aclara.

Lo aclara en la presentación y en la nota final del libro, porque no quiere que este sea tomado por lo que no es, que se confunda lo vivido con lo imaginado, al narrador (“mi loquico”, como llama cariñosamente al protagonista de su obra) con el autor y “para evitar que alguien caiga en la tentación de mirar por la cerradura no la vida ajena sino su propia vida, algo que pasa mucho”, que pasó por ejemplo con una de sus novelas referenciales, Las pirañas, y con la que seguramente habrá odiosas comparaciones. “No me cabe ninguna duda porque esa murga ya ha empezado. Les ha faltado tiempo. Allá ellos”, cuenta a GARA Sanchez-Ostiz

Títeres de cachiporra
Perorata del insensato es el soliloquio que mantiene a lo largo de una noche un pintor loco, un insensato, ante la momia robada de la monja que lo cuidó durante su juventud, encerrados ambos en un manicomio en ruinas y cercados por los antidisturbios. Un delirio absoluto, un esperpento, que sin embargo, recuerda o funciona como espejo, deformante pero espejo, de la realidad en que vivimos, y que quizás, le preguntamos al autor, sea la única manera de narrarla:  “No, la única no es desde luego, pero a este desdiós en el que vivimos, bueno es responder con otro: me he quedado corto”, responde.

Y eso que este guiñol burlesco  “funciona con la exageración, el delirio, el malhablar, el descoque, la desvergüenza…”. Y que a lo largo de sus páginas el loquico de Sánchez-Ostiz va narrando sus internamientos en centros psiquiátricos, sus fugas de los mismos, sus avatares como pintor de cartelones para barracas de feria o incluso como actor en alguna de ellas, o que, cual Gorgorito, saca a menudo la cachiporra y hace una crítica feroz de los ambientes artísticos, de la movida madrileña, del despiporre autonómico, de aquellas épocas en el que el dinero estaba en el aire y lo cogían al arrebuche los más listos o los menos desvergonzados. Cachiporrazos que, comparados con todo eso, se quedan en nada: “Peor se las gasta contigo la gentelmundolacultura afín al gobierno de turno”, dice Sánchez-Ostiz.  “Pero mucho peor todavía quien te deja sin trabajo o te echa de tu casa o te apalea (por gusto y por dinero) o te multa o te condena de manera injusta a una pena de cárcel… Los abusos del mundo de la cultura son dengues, boberías si los comparamos con lo que otros están padeciendo. Lujos. ¿De qué se puede quejar el loquico? ¿De que le han jodido? Bueno, pues no está solo”.

Delirios y bromas literarias
Perorata del insensato es también una reflexión sobre el éxito y el fracaso, sobre las condiciones que hay que tener para triunfar; y sobre “el paso irredimible del tiempo, que nos daña si remedio ni misericordia”, dice Sánchez-Ostiz. Todo ello, sin embargo, contado en un tono descacharrante. “Cuando iba escribiendo la novela tenía en mente la frase que escribió para su epitafio Nikolai Gogol: “Se reirán de mis amargas palabras”, citó el autor en la presentación.  “Yo creo que esto pasa en este guiñol, que yo mismo me he reído mucho, a veces de recuerdos propios no muy gratos, pero me daría por satisfecho si el lector también se riera, aunque fuera de la amargura de fondo de este soliloquio enloquecido,”.

La novela, por lo demás, está trufada de bromas y referencias librescas, y también a canciones (desde Jorge Drexler a José Larralde pasando por Mari Trini) o cuadros (como aquel de Rembrandt en el que este aparecía cagando delante de sus críticos y acreedores). “Aunque esto es como cuando vas a un restaurante, que no nos suele interesar saber cómo esta cocinado o qué lleva el plato, a veces de hecho es mejor no saberlo”.  Sobre la tramoya de este libro, Sánchez-Ostiz dice no recordar con precisión cómo ni cuándo surgió la idea “aunque estas cosas no caen del cielo, un disparate arrastra a otro y al final se va armando”,  y también que no le costó mantener el tono delirante: “Una vez que «coges» esa voz locoide no la sueltas (de ahí la cita de Alejandra Pizarnik en las páginas finales: «No puedo hablar con mi voz sino con mis voces»)”.

Que es de lo que se trata en definitiva en este guiñol burlesco, en el que, como cuando era niño, Miguel Sánchez-Ostiz ha movido los curriños y ha impostado las voces, para deleite de sus lectores.


Publicado en Gara


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jueves, 14 de mayo de 2015

Europa: contra los inmigrantes subsaharianos, drones y represión / Marcos Roitman




Europa: contra los inmigrantes subsaharianos, drones y represión  


- En el siglo XVI los esclavos traídos de África podían tirarse al mar como parte de la carga. Morían ahogados. Las compañías de seguros asumían los riesgos.

- Hoy los inmigrantes de las pateras mueren en el Mediterráneo. Las autoridades europeas se lavan las manos y apuntan a un problema de seguridad estratégica y defensa de fronteras.

- El mensaje es claro: la culta Europa "se reserva el derecho de admisión".






Las noticias no pueden ser más desalentadoras. Un día sí y otro también, los medios de comunicación proyectan imágenes de inmigrantes subsaharianos rescatados de las aguas del Mediterráneo por patrulleras pertenecientes a la Unión Europea. Mujeres embarazadas, madres con bebés en brazos, jóvenes en estado de hipotermia y shock; todos ellos, desorientados y con la mirada perdida, son atendidos por personal militar y la Cruz Roja. Los militares apuntan sus armas, mientras médicos y personal auxiliar visten monos blancos, guantes y mascarillas; los inmigrantes ilegales son considerados una epidemia contagiosa. Los sobrevivientes que han sorteado la muerte son sometidos a interrogatorios, fichados, fotografiados y trasladados a centros de acogida de extranjeros, que más bien parecen campos de confinamiento, donde lo más probable es que sean repatriados. La petición de asilo o refugio político es una lotería.
Las costas de Italia y España se han trasformado en un caladero de muerte. La tragedia toma una dimensión difícil de entender. No hay palabras. La sinrazón se apodera del drama humano convertido en pesadilla. Las agencias y los informativos prefieren relatar lo morboso, aquello que centre la atención del espectador. Los muertos no son noticia. En Palermo -nos anuncia una presentadora vestida a la moda- han sido detenidos quince inmigrantes musulmanes, rescatados en aguas próximas a Sicilia, por tirar al mar a una docena de inmigrantes cristianos. Meses antes, nos asombraban con otra noticia: en las costas de Almería algunos sobrevivientes de pateras declararon haber tirado por la borda a una docena de subsaharianos para evitar zozobrar y haber dado una paliza a otros hasta matarlos.
En abril de este año en Italia, atravesando el canal de Sicilia, han muerto mil personas en solo dos pateras. Son más de cien mil quienes han perdido la vida en esta travesía imposible. Y qué decir de aquellos que caminan hasta llegar a la frontera marroquí con España, esperando tener mejor suerte que sus compatriotas en las pateras. Les espera una realidad poco halagüeña. En Melilla se levanta una valla de espinos, cuchillos de seis metros de altura, perfectamente custodiada en ambos lados por guardias civiles españoles y miembros del ejército marroquí. A sus alrededores se encuentra un excelente campo de golf, donde sus habituales socios contemplan la verja de la vergüenza, mientras lanzan sus pelotitas y se divierten a costa del sufrimiento humano. Al igual que en Gaza, expresan la ignominia y la falta de humanidad de quienes se arrogan la decisión de señalar quiénes son de los suyos y quiénes unos don nadie, sin derecho a la vida. Muros, verjas y vallas se alzan como un mecanismo disuasorio y de poder contra los inmigrantes. Estéril decisión. Cada semana saltan la valla decenas de personas, aunque pocos logran el éxito. Y quienes lo consiguen son detenidos y expulsados en caliente, negándoles el habeas corpus, acusándoles de agresión a la autoridad y entregándoles a las autoridades marroquíes, donde su policía y fuerzas del orden les reciben de manera ejemplar, es decir, con palizas y torturas que en algunos casos les supone perder la vida.



En la memoria reciente, las imágenes captadas por periodistas y video aficionados de guardias civiles disparando a inmigrantes cuando intentaban llegar a la playa. Muchos de ellos se ahogaron y otros desaparecieron sin recibir ayuda. Los responsables directos y quienes autorizaron abrir fuego han sido transformados en héroes de la patria por el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz y su homólogo de Defensa, Pedro Morenés. Ambos los elogian. Y los mandos de la Guardia civil esconden pruebas, ocultan grabaciones y culpan a los inmigrantes de ser los agresores. La versión oficial es un insulto a la inteligencia: la guardia civil se defendía de los agresores que les increpaban y amenazaban. ¿Les estarían haciendo aguadillas, mojando sus uniformes o con las manos fuera del agua, en vez de nadar?
En este contexto, desde hace un tiempo las autoridades europeas han descubierto un argumento para justificar la represión, las extradiciones y las matanzas, señalando que actúan en nombre de la libertad y en defensa de la democracia occidental. Mientras recogen los cadáveres en alta mar, le ponen nombre a las operaciones disuasorias: "Mare Nostrum" o la ultimísima "Tritón de Frontex", criticada por Nicolás Beger, director de la Oficina de Amnistía Internacional ante las Instituciones Europeas, al subrayar que la Unión Europea "sigue más preocupada por proteger sus fronteras que proteger a las personas".
Hoy, los sesudos representantes de la Unión Europea nos dicen que en las pateras y barcos piratas se encuentran camuflados miembros del Estado Islámico, cuyo objetivo es realizar atentados terroristas en los países de acogida. Preocupados por el cariz del problema, a jefes de Estado, presidentes de gobierno, ministros de exteriores, defensa e interior, es decir, a la inteligencia en pleno se les ocurre una gran idea para enfrentar el problema de la inmigración: aumentar el presupuesto militar destinado a las tareas de control, inteligencia y patrullaje en las aguas del mediterráneo. En esta febril decisión, el primer ministro de Gran Bretaña, David Cameron, ofrece fragatas para abordar los barcos pateras con la condición de desembarcarlos en cualquier país menos en sus costas, no sea que se contaminen de inmigrantes.  




El enemigo -señalan concienzudamente- es un conglomerado de traficantes de personas, mafias pertenecientes al crimen organizado y miembros del Estado Islámico. Para las autoridades europeas la buena voluntad debe dar paso a la férrea decisión de atacar el problema de la inmigración ilegal como parte de una política de defensa estratégica. En esta perspectiva consideran que las autoridades "nativas" en los países de origen deben ser aleccionadas para que vigilen e informen de los barcos piratas que actúan en sus costas, para su posterior bombardeo y de esa manera disuadir el tráfico de inmigrantes. Aquí no se discrimina. Al fin y al cabo da igual un liberiano que un nigeriano, un etíope que un eritreo; en definitiva, son todos negros, no tienen pasaportes y hablan raro. No se les puede dejar entrar a Europa. Son unos muertos de hambre. Si arriesgan la vida son insensatos, con lo que se les debe aplicar la misma receta que las casas reales de España, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica y Dinamarca, junto con la pulcra burguesía francesa o la culta clase dominante alemana, practicaron durante siglos. Explotarlos hasta la muerte, primero como esclavos y hoy como países subordinados y dependientes. Nada mejor que extraer sus riquezas naturales a cambio de celebrar un mundial de futbol y mantenerlos en sus lugares de origen, regalándoles camisetas deportivas de sus equipos y jugadores. Deben entender que sus aspiraciones tienen límites y que, salvo casos excepcionales, no son bien recibidos en la cuna de la democracia occidental. Si no lo entienden por las buenas, lo harán -como siempre- por las malas. Palo, azote, cárcel, tortura y muerte. Eso sí, con un coste mínimo, no sea que el presupuesto se les vaya de las manos.

Marcos Roitman




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martes, 12 de mayo de 2015

Entrevista a Remedios Zafra / José Durán

 




"Desconectarse de internet es una herramienta revolucionaria"

El ensayo ‘Ojos y capital’ indaga en el reverso tenebroso de la red y la sociedad digital


Remedios Zafra (Córdoba, 1973) ha pasado las últimas dos décadas estudiando las relaciones entre el yo y el nosotros en la era digital, cómo se construye sociedad en internet y cómo la red construye una nueva sociedad. Escritora y profesora de Arte, Innovación y Cultura Digital en la Universidad de Sevilla, acaba de publicar Ojos y capital (Consonni, 2015) un atrevido ensayo que profundiza en las conexiones entre personas mediadas por la pantalla y cómo el poder utiliza sus viejos mecanismos para seguir sacando tajada en esta nueva realidad.

Imágenes sin carne, hipervisibilización o identidades  de comparecencia son algunos de los conceptos con los que Zafra analiza “el espejismo de una cultura-red donde la máquina y sus dispositivos se han camuflado como neutrales” pero que produce exclusión y desigualdad reales al condicionar cuantitativamente (más “me gusta” o favoritos, más beneficio) el valor y reconocimiento del otro.



La autora disecciona la “rotunda capitalización de las autovías y espacios de comunicación online por grandes empresas dedicadas a la socialización del yo digital y disfrazadas de filantropía” pero también reconoce que en la red “se articulan espacios que recuperan y actualizan otras formas de intercambio basadas en la confianza y en la primacía de las personas”.

Para Zafra, Internet es simultáneamente espejo del capital e instrumento de resistencia, y ha alcanzado una preeminencia irreversible, sin vuelta atrás. “Se trata de que las personas puedan ser sujetos libres y formados capaces de habitarla crítica y creativamente”. Repetir mundos o imaginar nuevos es la encrucijada a resolver, plantea.

PREGUNTA. ¿Es posible vivir hoy en Occidente sin ver o ser visto en internet o eso supone condenarse a la exclusión?

RESPUESTA. La Cultura-Red ha convertido tendencias de época en necesidades de época, y “estar (ser visto) en internet” como “estar conectado” son dos de ellas. La  sensación hoy es que no es posible vivir en Occidente sin ver y ser visto en internet. La inmersión en la red en Occidente es hoy vivida con la naturalidad de quien respira. Y en ella, “ser visto” opera como un claro incentivo que marca algo parecido a un cambio de paradigma. Me refiero a cómo hasta hace poco nuestra mayor amenaza era la “pérdida de privacidad”, sin embargo hoy esto no nos importa, o no de la misma manera. Acostumbrado a compartir cada fragmento de vida, el sujeto contemporáneo online parece estar convirtiéndose en otro tipo de humano, para quien la pérdida realmente importante sería, como sugería Eco, “la pérdida de visibilidad”.
Tengo la impresión de que “no estar” en la red apunta, cuando menos, a dos exclusiones distintas: las involuntarias de quienes han quedado fuera de la cultura digital por cuestiones generacionales (algunos ancianos) o marginación social (las personas sin hogar); y la de quienes se excluyen voluntariamente porque pueden permitírselo o como gesto de disentimiento y libertad sobre sus acciones. Es decir quienes convierten lo inclusivo en algo “electivo”. En este último caso, advierto un posicionamiento de resistencia contra lo irreflexivo de algo que pareciendo voluntario se presenta realmente como obligatorio, no sólo estar permanentemente conectado, sino también tener las últimas y novísimas aplicaciones de comunicación, participar activamente en todas las redes sociales mayoritarias (Facebook, Twitter, Instagram,…).



P. ¿Las lógicas y el funcionamiento de internet son un modo de capitalismo moderno pero tan despiadado como el tradicional?

R. En las lógicas de los intercambios online conviven clásicas formas del capitalismo con nuevas relaciones de intercambio y reciprocidad. La cuestión es si son usadas por el capitalismo para la perpetuación de su poder y sistema, o si son apropiadas por la ciudadanía para su empoderamiento y para la transformación.

'En las lógicas de los intercambios online conviven clásicas formas del capitalismo con nuevas relaciones de reciprocidad'

El capitalismo precisa apoyarse en dos características favorecedoras de su poder. De un lado, la velocidad y la primacía del “presente continuo” como gestores del exceso de datos que caracteriza internet; ambas dificultando el tiempo para pensar y reclamando posicionamientos rápidos apoyados en ideas preconcebidas (únicas que toleran esa velocidad).

Estos intercambios rápidos obvian los vínculos morales entre las personas (omisión que opera como base del capitalismo). Esta crisis del tiempo reflexivo (que algunos han diagnosticado como crisis de la atención) junto a una crisis ética son, a mi modo de ver, los mejores aliados para la perpetuación de la hegemonía del capital, es decir para la repetición de mundos de vida bajo nuevos disfraces tecnológicos.




P. ¿Qué sucedería si Internet se cayese durante tres o cuatro días? ¿sería una de las tragedias más graves que hoy le pueden ocurrir a Occidente?

Me parece que para la ciudadanía no sería negativo, tres días de desconexión nos permitirían cambiar la mirada y mirar a la cara de las personas, descubrir las “imágenes con carne” que hace tiempo dejamos de mirar y las distancias cortas, devolver la pantalla a un lugar secundario. Es más, el tiempo de desconexión me parece una de las más eficaces herramientas revolucionarias, sobre todo para el “uno mismo”; un tiempo liberados del exceso de información y sus demandas, nos permitiría distanciarnos y pensar, incluso descubrir que ¡caramba!, ¡hay cuerpos, mundo material, gente que sufre mientras andamos entretenidos actualizando nuestro perfil!

'Un parón temporal de internet no es un motivo de alarma, sino una oportunidad para identificar las costuras del sistema'

Por otro lado, un ejercicio de especulación que nos llevara a deducir las consecuencias concretas podría esbozar una imagen más distópica connotada por: desabastecimiento, confusión, parálisis, miedo … Y acompañados de los altos grados de ansiedad y dependencia que genera estar permanentemente conectados, podrían hacernos dibujar un escenario caótico y conflictivo, pero no alcanzo a creer que un parón temporal sea motivo de alarma, sino una oportunidad para pensar y tal vez identificar las costuras y el backstage del sistema.

Claro está que para el poder pudiera ser más traumático, pues los días conectados son días de “vida del capital” que si no se mueven, no producen.

P. Ante esa posibilidad, Dan Dennett consideraba imprescindible la construcción de un bote salvavidas para aguantar al menos las primeras 48 horas. ¿Cómo crees que sería ese bote?




'Hay que crear estructuras tecnológicas y humanas que garanticen la vida offline'

R. Es verdad que la red se ha convertido en un apéndice humano y que opera en distintos niveles de nuestra vida, pero creo que ante un posible fallo global, ese bote salvavidas al que alude Dennet debiera, ante todo, primar la vida de las personas por encima de cualquier otro valor a salvar. Me refiero a la necesidad de crear estructuras tecnológicas y humanas que garanticen la vida offline (y como necesidades de la vida además de los derechos básicos, la sanidad y la educación). Hacerlo por encima del capital y las ganancias de quienes detentan el poder tecnológico y el poder del capital, que es hoy una de las más perversas y evidentes formas de poder sobre el mundo. La historia seguramente nos repetiría alguna variante de la huida de los ricos en los botes medio vacíos, esa escena que tantas veces hemos visto en los imaginarios y ficciones contemporáneas como si con su reiteración quisieran acostumbrarnos o advertirnos, nunca está claro… No es descabellado pensar en ese bote desde la ciudadanía.

P. ¿Existe la posibilidad de una comunidad colectiva en Internet o son remedos? ¿Dónde quedan la solidaridad y el nosotros?

R. Desde los noventa hemos visto aparecer muchas formas de comunidades online, desde las zonas temporalmente autónomas de las que hablaba Hakim Bey, pasando por comunidades cohesionadas por proyectos, trabajos o por filosofías que duraban lo que la motivación fuera capaz de unir y sostener un “nosotros”, hasta  las hoy derivadas de una renovada fuerza política y moral transformada y motivada por la crisis y la apropiación social de la red. Todo ello conviviendo con la extensión de la red como parte del círculo familiar y afectivo que nos ha permitido crear nosotros sin compartir una misma ubicación, transformando lazos de afecto y solidaridad reforzados por la complejidad de las relaciones ya no sólo presenciales, ya no sólo materiales.




'Existe la posibilidad de una comunidad solidaria en la red, siempre que se resista a convertirse en producto'

Lo más inquietante en este contexto sería que los poderes que estructuran internet pudieran determinar una u otra colectividad y creo que en cierta manera esto está ocurriendo. Por tanto, insisto, sí existe posibilidad de comunidad solidaria y de nosotros en la red, pero siempre que parta de la libertad y motivación de las personas y se enfrente con recelo a las tendencias de espacios/poderes que busquen comunidades como “productos” a rentabilizar.

P. Hay prácticas de resistencia en las que internet ha sido una herramienta fundamental (15M, Anonymous, activismo hacker,…). ¿Cómo valoras estos movimientos, frente a las prácticas políticas presenciales (lo que hace la PAH, por ejemplo)?

R. La dimensión adquirida por los colectivos activistas online es fascinante por muchas razones: la posibilidad de multiplicar personas implicadas, la difusión de conocimiento (y de otra mirada al conocimiento), la fácil disponibilidad de instrumentos que permiten accesibilidad, la posibilidad de intervenir en dichos instrumentos, la pluralidad de personas que a nivel global pueden unirse en estas comunidades, la potencia de actuar desde el “cuarto propio conectado” y la implicación de personas que hasta hace poco no podían formar parte de espacio público y estaban sentenciadas a la esfera doméstica… Éstas, entre otras, serían potencias que no se han contrapuesto al activismo presencial sino que lo han implementado, pues habitualmente actúan unidos.




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