viernes, 31 de julio de 2015

Entrevista a Ángeles Maestro: “Lo ocurrido en Grecia demuestra que otro capitalismo es imposible”.




“Lo ocurrido en Grecia demuestra que otro capitalismo es imposible”.

¿Lo ocurrido en Grecia es un varapalo para los que defienden el "Sí se puede" dentro del marco capitalista?

Es una demostración más de que otro capitalismo es imposible [1]. Dentro de la estructura de poder y las relaciones sociales capitalistas no hay espacio alguno, no ya para recuperar lo perdido y volver al Estado del Bienestar como defienden tanto Podemos, como IU y sus satélites de “Ahora en común”, sino ni siquiera para detener las interminables vueltas de tuerca hacia el abismo, como se ha demostrado en Grecia.
El pago de la Deuda, como lo fue en América Latina, África y Asia, es el mecanismo de extorsión por excelencia para imponer a los gobiernos las políticas que necesitan las clases dominantes; máxime en una situación de profunda crisis general del capitalismo sin salida previsible.
Sin asumir la anulación unilateral del pago de la Deuda y la consecuente salida del Euro y de la UE, no hay otra opción que el espectáculo lamentable de Syriza: doblar la rodilla ante las imposiciones ilimitadas de la troika y llevar al país a la debacle segura.
Red Roja lo viene planteando desde hace dos años: el pago de la Deuda es el final de cualquier soberanía y de los derechos sociales y laborales [2]. No es que tuviéramos una bola de cristal que nos permitiera saber lo que finalmente ha ocurrido en Grecia, simplemente hicimos análisis rigurosos sin las anteojeras del oportunismo electoralista.

¿Por qué fracasa el "buenísmo" reformista de Syriza?

En primer lugar, como he dicho, porque plantea políticas imposibles. El reformismo es un delirio de ilusos que mucha gente acepta - contra toda evidencia – porque es más cómodo y menos peligroso conseguir lo que se necesita introduciendo un voto en una urna y sin tocar los intereses de las clases dominantes....si ello fuera posible.
Que gentes más o menos ignorantes lo crean no es raro. La estafa viene de quienes enarbolan opciones irrealizables a sabiendas que lo son. El criterio mínimo imprescindible de legitimidad debiera ser decir la verdad al pueblo. Y tanto IU, como Podemos, como cualesquiera de las nuevas coaliciones lo saben y callan.
En segundo lugar, Tsipras en nombre de Syriza ha llevado a la práctica por enésima vez la función de la socialdemocracia en la historia. En momentos cruciales, de gran debilidad de las clases dominantes, traiciona al pueblo trabajador - cuyos intereses debía representar - para asegurar el poder de la burguesía. Los ejemplos son innumerables; desde la votación de los presupuestos de guerra en Alemania en 1914 hasta su participación directa en el asesinato de Rosa Luxemburg y de Karl Liebnecht en 1918, al papel de Kerenski desde marzo a octubre de 1917 o al del PSOE y el PCE en la Transición.
Lo que Tsipras ha hecho es lo que yo he visto en la dirección de IU una vez tras otra. Mientras no hay presiones, se mantiene la coherencia; pero cuando el poder ejerce su capacidad de chantaje y de amenaza – cuando de verdad hay que demostrar dónde se está, se traga con lo que haga falta. A velocidades de vértigo se impone lo “políticamente correcto”, es decir, lo que las clases dominantes exigen.
Y no es sólo IU, obviamente [3].
El asunto es que el dilema “reforma o revolución”, que pudiera ser sólo un debate más o menos interesante en otras épocas, hoy es acuciante. Y el problema de fondo, que hoy como en otros periodos históricos de crisis delimita campos irreconciliables, es si se  “vende” (nunca mejor dicho) ante el pueblo la idea de que la democracia burguesa permite opciones políticas que cuestionen el derecho a la propiedad privada de los medios de producción, o se prepara al pueblo para enfrentar ese poder.
Y quien no hable de eso, como ha hecho la Syriza de Tsipras, o como hace Podemos o IU, lo que prepara es la escenificación de la próxima traición.

¿Lo ocurrido confirma lo que venían sosteniendo los comunistas griegos del KKE?

En lo fundamental, si.
Ante el gran revulsivo que fue la convocatoria del Referéndum – y los ataques de la UE al gobierno de Syriza por haber llamado al pueblo a opinar – era difícil entender que el KKE llamara al voto nulo. Pocos se detuvieron a analizar el contenido concreto de la pregunta que en ningún momento cuestionaba la pertenencia de Grecia a la Eurozona y a la UE. Mientras el pueblo construía su gran NO, Tsipras sacaba el conejo de la chistera y decía que lo incuestionable era la permanencia de Grecia en el Euro y en la UE, a costa de lo que fuera.
Las lágrimas de cocodrilo ante la brutal imposición de la troika no sirven. ¿Acaso no sabían los Syrizas de allí y de aquí frente a quién estaban? ¿Creían que era un pulso entre demócratas y no una extorsión de criminales? Es inaceptable alegar ignorancia, después de todas las enseñanzas de la historia, cuando lo que se trata es de  justificar una descomunal cobardía y un crimen contra el pueblo.
Es evidente que el KKE tenía razón. Muchos analistas, James Petras entre ellos, lo han reconocido. No sería de recibo que en momentos tan críticos como los actuales, prevaleciera – al menos entre las gentes de buena fe - un anti-comunismo primario ante la evidente necesidad de unir fuerzas de izquierda frente a un órdago como el que enfrenta la clase obrera y el pueblo griego.
Lo que ocurre en Grecia es un gran laboratorio, tanto para el capital, como para el resto de los pueblos de Europa. Syriza es un experimento amortizado. Tras él se está erigiendo la gran confrontación que delimitará los campos en el futuro y que no ofrecerá muchas opciones.
Una de las más importantes para la clase obrera y para todos los pueblos del sur de Europa es confluir, coordinar políticas y presentar alternativas políticas, económicas y sociales convergentes capaces de enfrentar al enemigo común.




¿Qué otra salida tenía el pueblo griego tras el referéndum?

La única posibilidad de evitar lo que ha ocurrido era haber depuesto a Syriza con  la lucha obrera y popular. Obviamente, aún no estaban las condiciones dadas.
El único camino serio que se abre es el de la resistencia frente a todas y cada una de las medidas que la alianza de Syriza con los partidos de la burguesía pretenda imponer al pueblo trabajador griego y que acentuarán el empobrecimiento masivo en el que ya vive. Es preciso fortalecer el poder de la clase obrera y construir una alternativa a Syriza desde la izquierda que inevitablemente tendrá como pilar al Partido Comunista y como programa suspender el pago de la Deuda, nacionalizar la banca y las grandes empresas monopolistas y salir del Euro y la UE.
Esa única opción de futuro desde la izquierda debe construirse también en el resto de los países de la UE, pero sobre todo en los del sur. Como lo están señalando muchas voces, es preciso aprovechar las contradicciones internas en el seno de la UE y entre Alemania y EE.UU., pero sobre todo marcar un rumbo claro y firme.
Red Roja lo ha planteado hace tiempo: romper con la extorsión de la Deuda tiene carácter de línea de demarcación. Pone de manifiesto ante el pueblo el eje político principal que sostiene en este momento todo el engranaje del poder y del que éste no puede prescindir. En ese sentido, No pagar la Deuda equivale a la exigencia de Paz, Pan y Tierra de los bolcheviques.

Trasladando lo ocurrido a España recordemos que IU, Podemos e incluso Amaiur fueron a Atenas a apoyar a Syriza en las elecciones....
El panorama que los nuevos gobiernos elegidos se han encontrado tras elecciones es pavoroso. Once CC.AA. están incumpliendo los objetivos de déficit y de deuda. Y la amenaza de intervención de ellas y de cientos de ayuntamientos está sobre la mesa. Por ejemplo en el País Valenciá, donde ya se habla abiertamente de Valenexit, el nuevo Consell se ha encontrado ante “una Generalitat Valenciana intervenida de facto, que antes de que llegara ya tenía todos los parámetros que debían haber conducido a la intervención de iure que Europa puede exigir en cualquier momento”[4]. Lo curioso es que, no sólo nadie habla de no pagar la Deuda, sino que en la pasada reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera lo único que cuestionaron las autonomías no gobernadas por el PP fueron las cifras concretas propuestas por Montoro de disminución del déficit y de % de reducción de la deuda, no la necesidad de reducir ambos indicadores.
Lo que sorprende es ese espeso muro de silencio de los nuevos gobiernos de izquierdas. Si no se le está explicando al pueblo que tienen las manos atadas si aceptan los objetivos del Tratado de Estabilidad de la Zona Euro y de las leyes que aquí lo desarrollan, como la Ley 2/2012, es porque no se plantean otro horizonte que acatar ese marco normativo. En otras palabras, jugar el mismo papel de esbirro que está jugando Tsipras.

¿Cómo resolver la dicotomía reforma/revolución en este momento, en este país?

El agotamiento, la inutilidad de las opciones reformistas, va a suceder pronto. Rajoy miente como un miserable, pero también engañan quienes ocultan que tras las elecciones generales – la misma troika, los mismos “hombres de negro” de Grecia van a exigir nuevas contrarreformas laborales y de las pensiones, más privatizaciones y mayores reducciones del gasto público. Y lo van a hacer, como en Grecia, con más ensañamiento si hay un gobierno de “izquierdas”, precisamente para demostrar que nos hay ninguna esperanza de soberanía y de democracia,  que sólo cabe bajar la cabeza para encajar el yugo.

La ilusión depositada en las elecciones generales va a estallar como una pompa de jabón. Muy pronto. Por eso el trabajo oscuro de organización desde cada barrio, desde cada pueblo, las explicaciones pacientes acerca de la necesidad de prepararse para lo que se avecina y de no confiar en ilusiones sin fundamento alguno.
Por si cupiera alguna duda de la vacuidad abismal de los discursos de los nuevos “referentes”, léase el artículo de Pablo Iglesias que lleva un título tan sugerente como “Podemos: Una nueva Transición”[5]. Si no estuvieran jugando con las vidas de tanta gente, podría hablarse de una antología del absurdo.

¿Cómo se encuentra de salud la izquierda no reformista?

La confirmación de la justeza de los análisis – con el último ejemplo de lo ocurrido en Grecia con Syriza – es muy importante. Tanto como el silencio actual de quienes se daban codazos en Atenas para aparecer al lado de Tsipras.
La realidad es tozuda y se impone a las brumas de los sueños o los delirios. Por muy sugerentes que sean. Y el pueblo la ve.
La construcción del puente entre el descrédito de las falsas ilusiones – que como en Grecia puede ser rápido y brutal – exige confluencias que partan del trabajo codo a codo con quienes más están percibiendo la necesidad de organización y de lucha: los sectores más explotados del movimiento obrero y los barrios populares.
La izquierda revolucionaria es la única capaz de ofrecer una alternativa al callejón sin salida de los nuevos señuelos electorales. A condición de que sepa estar bien cerca del pueblo trabajador, para que su mensaje sea escuchado cuando se vea que “el rey está desnudo”.
Ese trabajo de explicación paciente, que a algunxs impacientes desespera, es el único fecundo. Como decía Red Roja en su último Comunicado [6], “ĺa ambigüedad solo sirve a la desmoralización y a la derrota. Se está confirmando que es mucho menos útil que hablar claro y que nos hace perder un tiempo precioso. La victoria solo podrá venir de conjugar una línea revolucionaria y la máxima solidaridad internacionalista. Y hay que prepararla desde ya. ¿Acaso Ítaca no es tanto aquella isla “a lo lejos” como su propia singladura?”






[1] http://redroja.net/index.php/comunicados/831-el-mito-de-la-vuelta-al-estado-del-bienestar-otro-capitalismo-es-imposible
[2] http://redroja.net/in dex.php/noticias-red-roja/noticias-cercanas/1910-informe-de-red-roja-sobre-la-ley-organica-22012-el-final-de-cualquier-soberania-y-el-arma-de-destruccion-masiva-de-los-servicios-publicos
[3] En el caso de la alemana Die Linke (La Izquierda) la presiones se recrudecieron ante la posibilidad de que su ascenso electoral le permitiera gobernar en determinados länders con el SPD y se concretaron en necesidad de eliminar su apoyo a la causa palestina para pasar a  apoyar el “derecho de Israel a defenderse” y evitar así ser acusada de “antisemita”. En un comunicado de 2011 la organización citada afirmaba: “No participaremos en iniciativas sobre el conflicto de Oriente Medio que hacen llamamientos por la solución de un Estado para Palestina e Israel, o por la implementación de boicots contra productos israelíes, o incluso, en la Flotilla de este año hacia Gaza". http://redroja.net/index.php/noticias-red-roja/opinion/2789-las-tareas-de-la-izquierda-revolucionaria-ante-podemos-y-otras-opciones-electorales







***

miércoles, 29 de julio de 2015

La debacle griega /Perry Anderson





La debacle griega 

La crisis griega ha provocado una mezcla previsible de indignación y autosatisfacción en Europa, donde se oscila entre deplorar la dureza del acuerdo impuesto a Atenas y celebrar el mantenimiento in extremis de Grecia en la familia europea, o bien las dos cosas a la vez. La primera reacción es tan fútil como la segunda. Un análisis realista no deja lugar a ninguna de las dos. Que Alemania sea una vez más la potencia hegemónica del continente no supone notición alguno en 2015: la cosa resulta evidente desde hace por lo menos veinte años. Que Francia se comporte como servidora suya, en una relación bastante semejante a la del Reino Unido frente a los Estados Unidos, no resulta para empezar una novedad política: después de De Gaulle, la clase política francesa ha vuelto a sus reflejos de los años 40. Se acomoda y admira incluso a la potencia dominante del momento: ayer, Washington, hoy, Berlín.




Menos sorprendente todavía resulta la cuestión actual de la unión monetaria. Desde su origen, las ventajas económicas de la integración europea que da por hecho la opinión bienpensante de toda laya, han sido en realidad muy moderadas. En 2008, los cálculos de Barry Eichengreen y Andrea Boltho, dos economistas favorables a la integración, concluían que ésta había aumentado el PIB del mercado común un 3 o un 4% entre el final de los años 50 y la mitad de los años 70, que el impacto del Sistema Monetario Europeo era insignificante, que el Acta Única Europea ha podido añadir un 1% y que la Unión Europea no había tenido casi ningún efecto discernible sobre el crecimiento o la producción.




Eso fue antes de que la crisis financiera golpease a Europa. Desde entonces, la cortapisa de la moneda única se ha revelado tan desastrosa para los estados del sur de Europa como ventajosa para Alemania, donde la represión salarial — que enmascara un crecimiento muy débil de la productividad— ha asegurado a la industria alemana su ventaja competitiva contra el resto de Europa. En cuanto a la tasa de crecimiento, la comparación con las cifras del Reino Unido o de Suecia, desde Maastricht, basta para desmontar la afirmación de que el euro habría beneficiado a otro país aparte de a su principal arquitecto.



Esta es la realidad de la  «familia europea», tal como la ha construido la Unión Monetaria y el Pacto de Estabilidad. Pero su ideología es inquebrantable: en el discurso oficial e intelectual, la UE siempre garantiza la paz y la prosperidad del continente, destierra el espectro de la guerra entre las naciones, defiende los valores de la democracia y los derechos humanos y hace respetar los principios de un libre mercado moderado, zócalo de todas las libertades. Sus reglas son firmes pero flexibles, pues responden a un doble imperativo de solidaridad y eficacia. Para las sensibilidades que se empapan de esta ideología común al conjunto del personal político europeo y a la vasta mayoría del comentario mediático, el sufrimiento de los griegos ha constituido un espectáculo doloroso. Pero, felizmente, ha triunfado el buen sentido, se ha llegado a un compromiso y no queda más que esperar todos juntos que la Unión no haya sufrido daños irreparables.  



Desde la victoria electoral de Syriza en enero, el curso de la crisis en Grecia era igualmente previsible, a excepción del golpe de efecto final. Los orígenes de la crisis eran dobles: la calificación fraudulenta para la entrada en la zona euro por parte del  PASOK de Simitis y el impacto del crac global de 2008 sobre la economía frágil de una Grecia endeudada y no competitiva. Desde 2010, ha aplicado la troïka compuesta por la Comisión Europea, el BCE y el FMI programas de austeridad sucesivos — antaño llamados «planes de estabilización» — dictados por Alemania y Francia, cuyos bancos habían sido los más expuestos al riesgo de impago. Cinco años después de paro masivo y de recortes presupuestarios sociales, la deuda alcanzaba nuevas cimas. En este contexto, Syriza ganó porque prometía con fogosidad y convicción poner fin a la sumisión a la troïka. «Renegociaría» las condiciones de la tutela europea.  

¿Con qué contaban para lograrla? Simplemente, con implorar un trato más suave, y con jurar cuando no se conseguía con esto, ruegos y juramentos dirigidos, por tanto, a los nobles valores de Europa, a los cuales el Consejo Europeo no podía ser indiferente. Estaba clarísimo, desde un principio, que ese verter súplicas e imprecaciones resultaba  incompatible con toda idea de salida del euro. Por dos razones. Los dirigentes de Syriza no llegaron a hacer la distinción mental entre la pertenencia a la zona euro y a la EU, considerando la salida de la primera como equivalente a la expulsión del otro, es decir, la peor pesadilla para los buenos europeos que aseguraban ser. Luego, sabían que, gracias a los fondos estructurales y a la convergencia inicial de los tipos de interés europeos, el nivel de vida de los griegos había progresado efectivamente durante los años Potemkin de Simitis. Los griegos tenían por tanto buenos recuerdos del euro, que no vinculaban a su miseria actual. Más que tratar de explicar este vínculo, Tsipras y sus colegas repitieron a quien quiso oírles que estaba fuera de discusión abandonar el euro.  

Al obrar de este modo, renunciaron a toda esperanza seria de negociar con la Europa real y no con la Europa con la que fantaseaban. La amenaza económica de un Grexit era desde luego bastante más débil en 2015 que en 2010, al haberse reflotado los bancos alemanes y franceses entretanto por los planes del sedicente rescate de Grecia. Pese a algunas voces alarmistas residuales, el Ministerio de Finanzas alemán sabía desde hace algún tiempo que las consecuencias materiales de un impago griego no serían dramáticas.  Pero desde el punto de vista de la ideología europea a la que se adhieren todos los gobiernos de la zona euro, este golpe simbólico asestado a la moneda única y al «proyecto europeo», como gusta de decirse en estos días, habría supuesto una terrible regresión que había que impedir a toda costa. Si Siriza hubiera elaborado desde su llegada al poder un plan B para un impago organizado — preparando los controles de capital, la impresión de una moneda paralela y otras medidas de transición imposibles en 24 horas para evitar el desorden  — y hubiese amenazado a la UE con aplicarlo, habría dispuesto de armas para negociar. Si hubiera declarado que en caso de prueba de fuerza, retiraría a Grecia de la OTAN, hasta Berlín se lo habría pensado dos veces antes de un tercer programa de austeridad, ante el temor americano que suscita una perspectiva así. Pero para los Cándidos de Syriza, esto era todavía más tabú que la idea de un Grexit.

Frente a un interlocutor privado de toda influencia y que alterna entre el ruego y los insultos, ¿por qué iban a las potencias europeas a hacer la menor concesión, sabiendo desde el principio que todo lo que decidieran sería in fine aceptado? Visto desde este ángulo, su conducta ha sido completamente racional. La única sorpresa notable en esta crónica ya escrita por anticipado fue que Tsipras anunciara, en último extremo, un referéndum sobre el tercer memorándum y que el electorado rechazara éste de modo masivo. Armado de este rotundo  «No», Tsipras ha pronunciado un «sí» avergonzado a un cuarto memorándum todavía más duro que el anterior, pretendiendo a su vuelta de Bruselas que no había otra elección en razón del apego de los griegos al euro.  Pero, en ese caso, ¿por qué no haber planteado esa pregunta en referéndum: ¿están ustedes dispuestos a aceptarlo todo por permanecer en el euro?  Al llamar después a votar No, y exigir un dócil Sí menos de una semana después, Syriza ha cambiado de chaqueta más rápido de lo que votó la socialdemocracia los créditos de guerra en 1914, aun cuando en esta ocasión una minoría del partido haya salvado el honor. A corto plazo, Tsipras prosperará sobre la ruina de sus promesas, como hizo el primer ministro laborista británico Ramsay MacDonald, cuyo gobierno de unidad nacional, compuesto en su mayoría por conservadores, impuso austeridad en plena Gran Depresión, antes de morir entre el desprecio de sus contemporáneos y el de la posteridad. Grecia ya ha tenido su parte de dirigentes de esta calaña. Poca gente ha olvidado la Apostasía de Estefanópulos en 1965 [1]. El país habrá sin duda de sufrir otras.

¿El quid más general de la lógica de la crisis? Todos los sondeos muestran que en todas partes el apego a la Unión Europea ha descendido fuertemente — y con razón —en diez años. Ahora se la ve como lo que es: una estructura oligárquica, gangrenada por la  corrupción, construida sobre la negación de la soberanía popular, que impone un amargo régimen de privilegios para unos y de coacciones para todos los demás. Pero esto no significa que esté mortalmente amenazada por abajo. La colera aumenta entre la población, pero en ausencia de catástrofe, el primer instinto consistirá en aferrarse a lo que existe, rechazando también lo que pueda ser antes que arriesgarse a lo que pudiera ser radicalmente diferente. Esto no cambiará hasta que la cólera sea, y sólo cuando lo sea, más fuerte que el miedo. Por el momento, los que viven del miedo  — la clase política a la que a partir de ahora pertenecen Tsipras y sus colegas— pueden estar tranquilos.




[1] Apostasía designa al contingente de renegados dirigido por Estéfanos Estefanopulos que pasó de un gobierno de la Unión de Centro a un régimen nombrado por el Rey, dos años antes del golpe de estado militar.
Perry Anderson es una de las personalidades intelectuales vivas más destacada de la izquierda británica. Profesor en el Centro de Teoría Social e Historia dirigido por Robert Brenner en la Universidad de California, fundó y sigue editando la veterana revista bimestral New Left Review.


Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón




***

lunes, 27 de julio de 2015

Zelig en Cataluña: del transformismo político al baile de disfraces / Antoni Domènech, Gustavo Buster y Daniel Raventós








Zelig en Cataluña: del transformismo político al baile de disfraces 

El espectáculo ofrecido ahora mismo por los políticos españoles tal vez no tenga parangón en el resto de Europa. Nuestra vida política se ha convertido en un baile de disfraces. Nadie quiere aparentar lo que es. Muchos no quieren ser lo que aparentan. Y bastantes en Cataluña, ¡qué diablos!, no quisieran ya ser ni lo que aparentaron, ni lo que aparentan ni lo que temen seguir siendo.  





En apenas cuatro años, los sórdidos adalides de aquellas políticas procíclicas de "austeridad expansiva" que iban a sacar a Europa mágicamente de la crisis deprimiendo salarios, yugulando el gasto público, desmantelando derechos sociales, privatizando servicios públicos esenciales, deprimiendo la demanda efectiva agregada y, en general, haciendo todo lo contrario de lo que la macroeconomía seria ha venido enseñando desde los años 30, reconocen tácita pero paladinamente el estrepitoso fracaso de sus fórmulas milagreras. Los éxitos electorales de las candidaturas de la nueva izquierda radical emergente en capitales tan destacadas y emblemáticas como Barcelona, Madrid, Valencia, Zaragoza, Santiago, La Coruña, El Ferrol, Cádiz o Zamora vinieron a certificar el pasado 24 de mayo su naufragio en el cada vez más agitado mar de la opinión popular. Y parecen augurar cosas harto más espantables todavía para las próximas citas electorales: las catalanas del 27 de septiembre y las generales previstas para fines de noviembre.



A la fuerza ahorcan. Todos se hallan ahora en trance de descubrir lo "social". Lo ha hecho, ¡qué caramba!, el mismísimo Rajoy. Lo ha hecho, ¡cómo no!, Pedro Sánchez, aquel joven y oscuro diputado que en agosto de 2011 abogó por y votó con entusiasmo digno de meritorio la reforma express de la Constitución de 1978 para satisfacer a los acreedores extranjeros y blindar bipartidistamente caiga quien caiga el pago de la deuda española en perjuicio del gasto social.



Pero quien seguramente se lleva la palma es Artur Mas, el presidente de la Generalitat catalana, que en poco más de cuatro años ha pasado de enérgico defensor de políticas extremistamente neoliberales en el arranque de su autonómico Govern dels millors sostenido por el PP catalán (en 2010) y de votar entusiásticamente  con el PP en las Cortes de Madrid los primeros presupuestos extremistamente austeritarios del gobierno Rajoy (en 2012), a realizar un espectacular ejercicio de autopresentación como independentista forzado por el asfixiante acoso fiscal a que esa misma política presupuestaria de Madrid sometía a su govern. Ahora se reinventa como campeón de la justicia social, casi como un hombre del centroizquierda; algo así como el Salmond catalán.  
Auparse inopinadamente a la ola popular independentista que irrumpió con fuerza en septiembre de 2011 no le permitió a Mas contener el desgaste provocado por sus políticas austeritarias. Lejos de ganar la mayoría absoluta ambicionada, no hizo sino perder muchos escaños en las elecciones autonómicas anticipadas de noviembre de 2012, lo que puso a su gobierno en situación de extrema precariedad. Quedó parlamentariamente a merced de una ERC (el viejo centroizquierda de larga tradición independentista) que no buscaba otra cosa que el sorpasso electoral. Los distintos escándalos de corrupción que fueron salpicando a su partido (con sede embargada), coronados por el mayúsculo escándalo del "pujolazo" –la autoinculpación de su padre político y fundador del partido— hace ahora un año pusieron definitivamente a CDC a los pies de los caballos. Sólo el indudable talento para el medro y el regate en corto de Mas y la estupefaciente impericia del entero y variado arco de la oposición parlamentaria (incluida ERC) permitieron que su gobierno sobreviviera al "pujolazo" y a la consiguiente muerte técnica de su partido.

Menos de cuatro meses después, Mas era el amo de la política catalana. Entre doloridas llantinas de una ERC noqueada de tanto boxear con sombras y emocionados abrazos de una eufórica CUP (la extrema izquierda independentista), el éxito del pseudoreferéndum de autodeterminación celebrado el 9 de noviembre lo consagró como líder indiscutible del independentismo catalán. ¡Ah! Pero un líder sin partido.

En un nuevo alarde de capacidad de maniobra en seco, diseñó entonces un itinerario –una "hoja de ruta"— para la independencia de Cataluña que pasaba por unas nuevas elecciones autonómicas, la clave plebiscitaria de las cuales consistía en presentar una lista única que reuniera a todas las fuerzas independentistas, desde la extrema izquierda a la derecha neoliberal apabullantemente hegemónica en los medios públicos y privados (subvencionados) de Cataluña, la Llista del President: una suerte de propuesta de Union Sacrée de la nación catalana. Exceptuando tal vez –sólo tal vez— a sus numerosos y bien pagados palmeros mediáticos, resultó evidente para todo el mundo, empezando por los atribulados dirigentes de ERC, que con esa nueva maniobra Mas pretendía matar varios pájaros de un tiro. Eludía presentarse con su maltrecho y desacreditado partido. Evitaba tener que dar cuentas al electorado de su inmisericorde gestión austeritaria de la crisis en el último lustro. Y afianzaba todavía más la obvia e ininterrumpida hegemonía política e ideológico-mediática de la derecha catalanista sobre un Procés soberanista de innegable base social democrática y de masas.

(Una derecha, dicho sea de paso, cuyos intelectuales públicos, salvo en la reivindicación –cuando menos de boquilla— del derecho democrático del pueblo catalán a la autodeterminación, en nada significativo se distinguen muchas veces de los de la derecha españolista más primitivamente venenosa. Tan brutalmente pro-sionista es Pilar Rahola como Hermann Tertsch. Tan necia y grasientamente demófobos son un Francesc Abad o un Bernat de Deu como Arcadi Espada o don Alfonso Ussia. Tan fanática, grosera y superficialmente "neoliberal" es el ultramediático Xavier Sala i Martín como el ultramediático Daniel Lacalle. Tan grotesca y subvencionadamente manipulador es el "historiador" Jordi Bilbeny como el "historiador" César Vidal. Ni es distinto el pazguato europeísmo austeritario del eurodiputado Ramon Tremosa del de los eurodiputados de Ciudadanos y UPyD, compañeros suyos en el grupo parlamentario liberal de Bruselas.)

La victoria de Ada Colau y su sólido equipo de Barcelona en Comú y la pérdida del gobierno municipal de la capital en las elecciones locales del pasado 24 de mayo fue un auténtico shock para Mas y su entorno. También para una ERC que cosechó resultados peor que modestos y que vio desvanecerse así definitivamente sus ya desmayados sueños de sorpasso. Astutamente, Mas aprovechó el doloroso revés electoral para lanzar un definitivo crochet de izquierda y tumbar en la lona a una dirección de ERC que venía resistiéndose cual gato panza arriba desde hacía meses a la trampa mortal de la Llista del President. Este fue, sobre poco más o menos, el tenor del nuevo discurso de Mas tras el rebencazo municipal:
La situación se habría polarizado falsamente. Contra lo sostenido por una nueva izquierda radical dudosamente soberanista, Mas y su Govern no serían encallecidos neoliberales, sino genuinos partidarios de un país nuevo y más justo socialmente. Lo hecho hasta hora, terrible, sí, ¡qué me va usted a contar!, pero siempre obligados por el estrangulamiento financiero malignamente administrado desde el gobierno reaccionario de Madrid. Si los del "espacio Sí-se-Puede" habían conseguido unirse y triunfar en las municipales, si con toda seguridad repetirían candidatura de unidad en las elecciones autonómicas anticipadas del 27S, entonces ¿por qué no habríamos de hacerlo nosotros, no menos afines, como soberanistas pura raza, en el anhelo de plena liberación nacional que en las ansias sinceras de justicia social y bienestar popular? De no lograr comparecer en una lista única, esas elecciones jamás podrían considerarse plebiscitarias, y el independentismo entraría en vía definitivamente muerta. Quien pusiera obstáculos a esa unidad, sería el principal responsable del suicidio nacional. Por lo demás, ni siquiera habría que hablar ya de una Lista del President; bastaría una "Lista con el President", y acaso ni siquiera encabezada ya por el President.

Mas proponía, y dejaba que las manidas "organizaciones de la sociedad civil" (la ANC y Omnium Cultural) dispusieran. Un órdago irresistible. Sólo una CUP suficientemente escaldaba por las visibles secuelas que le dejó su incauto comportamiento del pasado 9 de noviembre –y temerosa de abandonar buena parte de su potencial electorado al "espacio del Sí-se-Puede"—, resistió. No es improbable que en poco tiempo pase a ser la fuerza principal, y con diferencia, de un independentismo dignísimo… y definitivamente minoritario.

Sea de todo ello lo que fuere, lo cierto es que en la escena política catalana empezaba el desarrollo de un colosal baile de disfraces. Mas se disfrazaba de ERC, por así decirlo. ERC se disfrazaba, a su vez, de verdadero heredero de aquel viejo y glorioso PSUC de la resistencia antifranquista que, a diferencia de sus herederos por línea directa (ICV o EUiA) sí habría entendido cabalmente la "cuestión catalana". ¿Qué mejor, entonces, que esconder al President, el verdadero candidato a la presidencia de la Generalitat, como número 4, detrás de tres nombres pretendidamente muy "civiles"? Una, Carme Forcadell –la expresidenta de la ANC—, vinculada desde siempre a ERC. Y dos de pasado y tradición psuqueros: la veterana resistente antifranquista y expresidenta de Omnium cultural, Muriel Casals y, nada menos que como cabeza de lista, el exeurodiputado de ICV Raul Romeva, un auténtico profesional de la política sin otro oficio ni beneficio conocido hasta la fecha que el de haberse bañado tan a gustito desde nene en las viejas aguas de la marrullería política que tan antipática resulta al espíritu de los nuevos tiempos.

Lo más divertido de este baile de disfraces es que alcanza también a los herederos más o menos directos –y en cualquier caso, no bastardos— del viejo PSUC ahora interesadamente loado por casi todos. Pero los copistas legítimos suelen andar más avisados que los fraudulentos. Diríase que las direcciones de ICV y de EUiA han comprendido inteligentemente y a tiempo el signo de los tiempos y el espíritu rector o inspirador de las recientes victorias de las candidaturas de unidad popular forjadas desde abajo, desde la calle y las luchas sociales, en los –digámoslo con Mas— nuevos "espacios del Sí-se-Puede". Por lo pronto se libraron del eurodiputado Romeva hace un año. Y no han puesto ahora mayor objeción a dar varios pasos atrás y colocar de número uno a un genuino agente de la "sociedad civil", un veterano activista muy conocido y reconocido en la calle y entre los movimientos sociales: Lluis Rabell, presidente de la legendariamente combativa Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona. Se vio con la estupenda y casi desconocida Manuela Carmena, se ha visto, en sentido exactamente inverso, con la monja/vedette Forcades: que sea casi un desconocido mediáticamente podría ser incluso más una ventaja que un inconveniente para el solvente Rabell, habida cuenta de la creciente antipatía despertada entre la población por unos medios de comunicación considerados por los expertos como los menos fiables de Europa para su propia opinión pública.  Augurémosle todos los éxitos, que no ha podido empezar mejor:  "El 27-S habrá que elegir entre la amnesia y hacer limpieza".
El caso es que Rabell, además de un decidido partidario del derecho de autodeterminación de todos los pueblos de España –votó, como Ada Colau, Sí-Si el pasado 9N—, fue un viejo militante trotskista que nunca se ha alejado demasiado del mundo cultural de la Fundación Andreu Nin. Así que cuando todos quieren disfrazarse de PSUC –incluida la bisoña dirección de Podemos en Cataluña—, parecería que los nietos y biznietos del PSUC de verdad, más avisados y ya abiertamente críticos con el suicida papel de ala izquierda del arco dinástico jugado en la Transición por sus cofoïstes padres, se lo piensan mejor y les da, tal vez en buena hora, por disfrazarse de POUM.

Todo en el baile de disfraces catalán, ¿¡qué le vamos a hacer!?, recuerda más al Zelig de Woody Allen que al transformismo político en el sentido de Gramsci. Pero aires cómicos aparte, la cosa parece un índice claro del acelerado deslizamiento hacia la izquierda de la llamada "centralidad política" en Cataluña. Que, como tuvo ocasión de comprobar en directo en su reciente visita a Barcelona el propio Felipe VI, sigue siendo la más persistente, dolorosa e incómoda piedra rupturista alojada en el gastado zapato de la Segunda Restauración borbónica.


Antoni Domènech es el Editor general de SinPermiso. Gustavo Buster y Daniel Raventós son miembros del Comité de Redacción de SinPermiso.



***

viernes, 24 de julio de 2015

Coleta de ratón





Coleta de ratón obteniene el 93% de los votos. Casi, ojo al detalle, cocido a la búlgara, by la chef Bescansa.


*** 

miércoles, 15 de julio de 2015

Cartas desde la cárcel y otros textos de Gramsci.





“Cada día hay que comprender, prever, proveer…”
(Antonio Gramsci)

“…me he encontrado en condiciones terribles otras veces, sin desesperarme por ello. Toda esa vida me ha consolidado el carácter. Estoy convencido de que incluso cuando todo está o parece perdido hay que volver a ponerse a trabajar tranquilamente, volviendo a empezar por el principio. Estoy convencido de que, no hay que contar nunca más que consigo mismo y con sus propias fuerzas, sin esperar nada de nadie y sin procurarse, por tanto, desilusiones. Que no hay que proponerse hacer más que lo que se sabe y se puede hacer, y que hay que andar por el propio camino. Mi posición moral es excelente: hay quien me considera un demonio y quien me cree un santo. Yo no quiero representar ni al mártir ni al héroe. Creo ser simplemente un hombre medio que tiene sus convicciones profundas y no las vende por nada del mundo.”
(Cartas desde la cárcel).





“En ningún país puede el proletariado conquistar y conservar el poder con sus solas fuerzas; por tanto, tiene que conseguir aliados, o sea, tiene que llevar a cabo una política que le permita ponerse en cabeza de las demás clases que tienen intereses anticapitalistas y guiarlas en la lucha por derribar la sociedad burguesa. La cuestión es de particular importancia en Italia, donde el proletariado es una minoría de la población trabajadora y está distribuido geográficamente de tal modo que no puede pensar en llevar adelante una lucha victoriosa por el poder sino después de haber dado una solución exacta al problema de sus relaciones con la clase de los campesinos”
(…)
“El metalúrgico, el carpintero, el albañil, etc., tienen que pensar no ya solo como proletarios, y no como metalúrgico, carpintero, albañil, etc., sino que tienen que dar un paso más: tienen que pensar como obreros miembros de una clase que tiende a dirigir a los campesinos y a los intelectuales, como miembros de una clase que puede vencer y puede construir el socialismo sólo si está ayudada y seguida por la gran mayoría de esos estratos sociales”.
(Informe al C.C. 1925).




“Es interesante también desde el punto de vista psicológico, como son interesantes las medidas tomadas por los mismos industriales americanos, como Ford, por ejemplo. Ford tiene un cuerpo de inspectores que controlan la vida de los empleados y trabajadores y les imponen un régimen determinado; controlar hasta la alimentación, la cama, las dimensiones de las habitaciones, las horas de descanso e incluso asuntos más íntimos: el que no se doblega a eso queda despedido y deja de tener los seis dólares de jornal mínimo. Ford da seis dólares como mínimo, pero quiere gente que sepa trabajar y que esté siempre en condiciones de hacerlo, es decir, que sepa coordinar el trabajo con el régimen de vida”.
(Cartas desde la cárcel).


“La unidad y la disciplina no pueden ser en este caso mecánicas y obligadas; tienen que ser leales y de convicción, no las de una tropa enemiga prisionera o cercada que piensa en la evasión o en la salida por sorpresa”.
(Sobre la crisis del PCUS, 1926)



“Somos demasiados románticos, de un modo absurdo, y por no querer ser pequeño-burgueses caemos en la forma más típica del espíritu pequeño-burgués, que es precisamente la bohemia”.
(Cartas desde la cárcel).




“Querría contar a Delio (hijo mayor de Gramsci) un cuento de mi tierra que me parece interesante. Te lo resumo y tú se lo cuentas a él y a Giuliano (el hijo pequeño).
Un niño está durmiendo. Hay una jarrita de leche dispuesta para cuando se despierte. Un ratón se bebe la leche. El niño, al no encontrarla grita, y su madre grita también. El ratón, desesperado, se da de cabezadas con la pared, pero, luego se da cuenta de que eso no sirve para nada y corre a pedirle leche a la cabra. La cabra está dispuesta a darle leche si él le da hierba para comer. El ratón se va a ver al campo a pedirle hierba, y el campo árido quiere agua. El ratón se va a la fuente. Pero la fuente está destruida por la guerra y el agua se pierde: quiere que acuda el albañil a arreglarla. El ratón se va a ver al albañil; este quiere piedras. El ratón se va a la montaña y entonces se desarrolla un diálogo sublime entre el ratón y la montaña, la cual ha sido desarbolada por los especuladores y muestra por todas partes sus huesos sin tierra. El ratón le cuenta toda la historia y promete que el niño, cuando sea mayor, volverá a plantar pinos, encinas, castaños, etc. De este modo la montaña le da las piedras, etc., y el niño tiene tanta leche que se baña en ella. Crece, planta los árboles, y todo cambia; desaparecen los huesos de la montaña, cubiertos por un nuevo humus, la precipitación atmosférica vuelve a ser regular porque los árboles retienen los vapores e impiden los torrentes que desnudad la llanura, etc. En suma, el ratón concibe una verdadera “piatilietca” (Plan quinquenal. Gramsci tenía noticias del primer plan quinquenal soviético por un artículo del “Ecomist” que recibió en junio de 1931).

Es un cuento característico de una tierra arruinada por la explotación especulativa de los bosques. Carissima Giulia, debes contarles este cuento y decirme luego las impresiones de los niños. Te abrazo con ternura.

Antonio "



***

lunes, 13 de julio de 2015

¡Comunarios de todos los países, uníos! / Benjamin Coriat





¡Comunarios de todos los países, uníos!  



El economista aterrado llama a potenciar formas de compartir que se practicaban antes de la expansión de la ideología propietaria: ayer en torno a los pastizales, hoy con Wikipedia. Unos comunes en los que el entrevistado ve una alternativa al capitalismo, en cierto modo una respuesta a los 'impasses' del comunismo. La entrevista la realizó Vittorio de Filippis.

El 16 de junio de 1980, en una decisión llamada “el fallo Chakrabarty”, la Corte suprema estadounidense convirtió lo vivo en patentable. La ideología propietaria acababa de dar un gran salto hacia adelante. Siguieron tres décadas de endurecimiento y extensión de esta ideología a nuevos objetos (seres vivientes, software informático, semillas, moléculas, algoritmos matemáticos...).

Profesor de ciencias económicas en la Universidad Paris-XIII y miembro del comité de presentación del grupo de economistas aterrados, Benjamin Coriat ha dirigido el libro “El retorno de los comunes”. En él regresa a los fundamentos teóricos de la ideología propietaria y muestra cómo ésta ha devenido una fuerza autodestructiva.

Basándose en encuestas de investigaciones académicas a lo largo de más de tres años, el libro muestra en qué sentido esta ideología se encuentra en crisis hoy en día. Según Benjamin Coriat, los comunes, que consisten en formas de compartición y distribución de atributos del derecho de propiedad, están experimentando un gran impulso en este momento. Y, sobre todo, significaría la esperanza de una transmutación del capitalismo en economía colaborativa.


Usted sostiene la tesis según la cual habría un retorno de los comunes, pero ¿podría precisar qué es lo que entraña esa noción?

Tradicionalmente los comunes son formas de organización social entorno a un recurso, como un pastizal, un molino de grano o un lago, en los que hay unos derechos de uso y de explotación compartidos por la comunidad. Para que sea sostenible, esta forma de acceso compartido al recurso requiere un conjunto de derechos distribuidos entre los usuarios. Los comunes se caracterizan a fin de cuentas por tres elementos: un recurso, una repartición de derechos entorno a ese recurso, y unas reglas de gobernanza para resolver, si es necesario, los conflictos. La pesca es un caso típico del común tradicional: hay un lago que contiene peces y a su alrededor están los derechohabientes, los comunarios, que son en general los ribereños. Ellos fijan conjuntamente las reglas que permiten explotar y asegurar la sostenibilidad del recurso a largo plazo.




Estos son ejemplos del pasado... ¿Qué son los comunes hoy?

Un ejemplo de común moderno es la Wikipedia. A diferencia de una pesquería, la base de datos informacionales que es Wikipedia concierne una comunidad universal que puede recopilar tanta información como quiera. A diferencia del lago, que requiere reglas para asegurar la simple preservación del recurso, el común Wikipedia se gestiona siguiendo reglas dispuestas a enriquecer el stock de datos compartidos. Se trata de dos tipos diferentes de comunes. Tras ambas está la idea que una propiedad compartida puede ser una forma eficaz de gestionar y enriquecer los recursos. En este sentido, estas prácticas abren una brecha en la ideología prioritaria, dominante hoy en día.

¿Qué hay que entender por “ideología propietaria”?

Es la ideología por la cual siempre debe prevalecer la forma de propiedad basada en la exclusividad, la integridad, la plenitud de derechos atribuidos a un solo individuo. En 1804, el código napoleónico consagró centenares de artículos a la defensa e ilustración de la propiedad bajo esta forma exclusiva. Sin embargo ya existían formas de propiedad comunal, como los bosques, lagos, senderos o acuíferos subterráneos. Pero el código no decía nada al respecto.  Santificó el único derecho de propiedad privada y exclusiva y permaneció mudo sobre todas las formas de propiedad “comunales”, que entonces eran legión...

¿Mediante qué mecanismos se ha reforzado este dogma sobre la propiedad en la esfera de la economía?

La afirmación de la ideología propietaria es concomitante al neoliberalismo. Se basa en la tesis de que los mercados se autorregulan y son eficientes, pero a condición de que los derechos de propiedad sobre los bienes sean plenos e íntegros, “exclusivos”. ¡Así se llegaría a un óptimo de bienestar! Tales supuestos son los que están en el origen de la explosión de los derechos de propiedad intelectual, de la patentabilidad de la vida, de las moléculas terapéuticas o de algoritmos matemáticos y programas informáticos, todo lo necesario para transformarlos en productos comerciales. Esta misma ideología es la que sostiene la idea de que se podría contener el aumento de temperaturas y controlar el clima por la vía de instaurar el permiso a contaminar...

¿Retomaría usted la expresión de mercantilización del mundo?

El vínculo entre ideología propietaria y mercantilización del mundo es íntimo. Los defensores de la ideología propietaria han desarrollado una nueva teoría de la empresa según la cual la eficacia de la misma se alcanza solamente cuando está gestionada con arreglo a la maximización de la satisfacción de los accionistas, a través de mercados vigorizados. La traducción de esta teoría ha tenido lugar por principios de management completamente centrados en la famosa “creación  de valor para los accionistas” [shareholder value]. Es esta transformación de la gobernanza de las empresas la que ha llevado a un gigantesco secuestro de los propietarios-accionistas sobre el valor creado por estas,  a los que se han asociado los altos directivos, acarreando las catastróficas consecuencias que conocemos sobre el plano social y ecológico.




¿Cómo se impuso esta ideología propietaria?

Para imponerse, esta teoría de derechos de propiedad ha batallado con un enfoque rival sobre la empresa, que durante mucho tiempo ha sido la dominante. En esa visión (teoría de las partes interesadas o “stakeholder theory”), la empresa se concibe como el resultado de un compromiso entre sus diferentes actores, esencialmente accionistas, directivos y empleados. Se presenta entonces como una “comunidad de destinos”. Este discurso ha desaparecido. En nombre de la ideología propietaria, los accionistas y algunos altos directivos se apropian hoy en día de la casi totalidad de la riqueza creada y lo justifican diciendo: “¡nosotros acaparamos el valor porque somos nosotros quienes lo hemos creado!”. Esta ideología propietaria se refleja también en la agenda de políticas económicas. Pensemos en Thatcher a finales de los años 70. O todavía en los programas de ajuste estructural del FMI destinados a expandir las privatizaciones sin fin.

¿Qué se pone en entredicho sobre la ideología propietaria con la crisis?

El punto de partida y el corazón de la crisis actual, son las subprimes. Esta crisis nos lleva al núcleo de la ideología propietaria y su quiebra.  Para aumentar sus ganancias, los bancos idearon que los norteamericanos pobres totalmente insolventes se convirtieran en propietarios de sus viviendas. Para ello fabricaron productos financieros que correspondían a préstamos que sabían que nunca serían devueltos. Algo que no les preocupaba lo más mínimo, puesto que los revendían a otros... Finalmente todo acabó por explotar, la ideología propietaria incluida.

Vuelve entonces la lógica de los comunes...

Arrasando con todo, gracias al endurecimiento de la propiedad intelectual, en nuevos dominios como lo vivo, el software, las producciones intelectuales, el CO2, etc., la lógica propietaria finalmente ha desarrollado múltiples frenos: freno a la circulación de conocimientos, a la innovación sofocada por las patentes... En este contexto encontramos los trabajos de Elinor Ostrom, premio Nobel de economía en 2009. Ostrom mostró que bienes comunes como el agua o hasta recursos genéticos, pero incluso también nuevos tipos de bienes que se inventan hoy en día en el mundo del software libre, pueden ser gestionados de forma perdurable y eficaz como comunes. Siguiendo los pasos de su pensamiento nos vienen ganas de decir: “¡Comunarios de todos los países, uníos!”.

En víspera de la gran conferencia sobre el clima que tendrá lugar en Paris en diciembre, ¿cómo debemos valorar la gestión del calentamiento climático?

A propósito del clima, los términos utilizados son engañosos. Hablamos de “un bien público mundial”. Y es verdad que la atmósfera pertenece a todos. Es un “bien común”, pero de momento no es todavía un común. Porque, a pesar de las reglamentaciones llevadas a cabo, no existe una gobernanza que permita gestionar el efecto invernadero y las emisiones de CO2.

Si el común es, como usted afirma, un “constructo social”, su usuario o su gestor, llamados comunarios, ¿hacen política?

Sí, es evidente. No sé si los comunes, como hemos dicho alguna vez, anuncian un “postcapitalismo”. Lo que sí es seguro es que nos empujan a repensar nuestra forma de vivir y gobernarnos.




¿El común es un neocomunismo, un neosocialismo o una tercera vía?

Los recursos gestionados en común no son ni recursos gestionados por propietarios privados ni recursos gestionados por el poder público y sus delegados. El común es un híbrido que se caracteriza por una implicación directa de los actores implicados. Los napolitanos han rechazado la privatización del agua. Han realizado un referéndum y lo han ganado. Han retomado la gestión del agua. Pero no ha sido simplemente la delegación pública del ayuntamiento quien ha asumido su gestión.

Las comunidades de usuarios han devenido partes activas y ejercen un control sobre una entidad concebida como un bien común. En este sentido, hay un progreso de la democracia. Este ejemplo muestra cómo, en torno a los comunes, un auténtico movimiento social está en curso. En el fondo, este movimiento es la respuesta finalmente hallada ante los 'impasses' del comunismo. Ante los excesos y defectos del exclusivismo de Estado, los comunes y los comunarios aportan soluciones.


Benjamin Coriat es profesor de economía en la Universidad Paris XIII y miembro destacado del colectivo Economistas Aterrados.

Traducción para www.sinpermiso.info: Edgar Manjarín




***