sábado, 31 de octubre de 2015

Sobre el trabajo académico, el asalto neoliberal a las universidades y cómo debería ser la educación superior / Noam Chomsky




Sobre el trabajo académico, el asalto neoliberal a las universidades y cómo debería ser la educación superior

Lo que sigue es la traducción castellana de una transcripción editada en inglés de un conjunto de observaciones realizadas por Noam Chomsky vía Skype el pasado 4 de febrero para una reunión de afiliados y simpatizantes del sindicato universitario asociado a la Unión de Trabajadores del Acero (Adjunct Faculty Association of the United Steelworkers) en Pittsburgh, PA. Las manifestaciones del profesor Chomsky se produjeron en respuesta a preguntas de  Robin Clarke, Adam Davis, David Hoinski, Maria Somma, Robin J. Sowards, Matthew Ussia y Joshua Zelesnick. La transcripción escrita de las respuestas orales la realizó Robin J. Sowards y la edición y redacción corrió a cargo del propio Noam Chomsky. La traducción castellana del texto ingles la realizó para www.sinpermiso.info Mínima Estrella.




Sobre la contratación temporal de profesores y la desaparición de la carrera académica
Eso es parte del modelo de negocio. Es lo mismo que la contratación de temporales en la industria o lo que los de Wall Mart llaman asociados, empleados sin derechos sociales ni cobertura sanitaria o de desempleo, a fin de reducir costes laborales e incrementar el servilismo laboral. Cuando las universidades se convierten en empresas, como ha venido ocurriendo harto sistemáticamente durante la última generación como parte de un asalto neoliberal general a la población, su modelo de negocio entraña que lo que importa es la línea de base. Los propietarios efectivos son los fiduciarios (o la legislatura, en el caso de las universidades públicas de los estados federados), y lo que quieren mantener los costos bajos y asegurarse de que el personal laboral es dócil y obediente. Y en substancia, la formas de hacer eso son los temporales. Así como la contratación de trabajadores temporales se ha disparado en el período neoliberal, en la universidad estamos asistiendo al mismo fenómeno. La idea es dividir a la sociedad en dos grupos. A uno de los grupos se le llama a veces plutonomía (un palabro usado por Citibank cuando hacía publicidad entre sus inversores sobre la mejor forma de invertir fondos), el sector en la cúspide de una riqueza global pero concentrada sobre todo en sitios como los EEUU. El otro grupo, el resto de la población, es un precariado, gentes que viven una existencia precaria.
Esa idea asoma de vez en cuando de forma abierta. Así, por ejemplo, cuando Alan Greenspan testificó ante el Congreso en 1997 sobre las maravillas de la economía que estaba dirigiendo, dijo redondamente que una de las bases de su éxito económico era que estaba imponiendo lo que él mismo llamó una mayor inseguridad en los trabajadores. Si los trabajadores están más inseguros, eso es muy sano para la sociedad, porque si los trabajadores están inseguros, no exigirán aumentos salariales, no irán a la huelga, no reclamarán derechos sociales: servirán a sus amos tan donosa como pasivamente. Y eso es óptimo para la salud económica de las grandes empresas. En su día, a todo el mundo le pareció muy razonable el comentario de Greenspan, a juzgar por la falta de reacciones y los aplausos registrados. Bueno, pues transfieran eso a las universidades: ¿cómo conseguir una mayor inseguridad de los trabajadores? Esencialmente, no garantizándoles el empleo, manteniendo a la gente pendiente de un hilo que puede cortarse en cualquier momento, de manera que mejor que estén con la boca cerrada, acepten salarios ínfimos y hagan su trabajo; y si por ventura se les permite servir bajo tan miserables condiciones durante un año más, que se den con un canto en los dientes y no pidan más. Esa es la manera como se consiguen sociedades eficientes y sanas desde el punto de vista de las empresas. Y en la medida en que las universidades avanzan por la vía de un modelo de negocio empresarial, la precariedad es exactamente lo que se impone. Y más que veremos en lo venidero.
Ese es un aspecto, pero otros aspectos que resultan también harto familiares en la industria privada: señaladamente, el aumento de estratos administrativos y burocráticos. Si tienes que controlar la gente, tienes que disponer de una fuerza administrativa que lo haga. Así, en la industria norteamericana más que en cualquier otra parte, se acumula estrato ad administrativo tras estrato administrativo: una suerte de despilfarro económico, pero útil para el control y la dominación. Y lo mismo vale para las universidades. En los pasados 30 0 40 años se ha registrado un aumento drástico en la proporción del personal administrativo en relación el profesorado y los estudiantes de las facultades: profesorado y estudiantes han mantenido la proporción entre ellos, pero la proporción de administrativos se ha disparado. Un conocido sociólogo, Benjamin Ginsberg, ha escrito un muy buen libro titulado The Fall of the Faculty: The Rise of the All-Administrative University and Why It Matters (Oxford University Press, 2011), en el que se describe con detalle el estilo empresarial de administración y niveles burocráticos multiplicados. Ni que decir tiene, con administradores profesionales más que bien pagados: los decanos, por ejemplo, que antes solían miembros de la facultad que dejaban la labor docente para servir como gestores con la idea de reintegrarse a la facultad al cabo de unos años. Ahora son todos profesionales, que tienen que contratar a vicedecanos, secretarios, etc., etc., toda la proliferación de estructura que va con los administradores. Todo eso es otro aspecto del modelo empresarial.
Pero servirse de trabajo barato y vulnerable es una práctica de negocio que se remonta a los inicios mismos de la empresa privada, y los sindicatos nacieron respondiendo a eso. En las universidades, trabajo barato, vulnerable, significa ayudantes y estudiantes graduados. Los estudiantes graduados son todavía más vulnerables, huelga decirlo, La idea es transferir la instrucción a trabajadores precarios, lo que mejora la disciplina y el control, pero también permite la transferencia de fondos a otros fines muy distintos de la educación. Los costos, claro está, los pagan los estudiantes y las gentes que se ven arrastradas a esos puestos de trabajo vulnerables. Pero es un rasgo típico de una sociedad dirigida por la mentalidad empresarial transferir los costos a la gente. Los economistas cooperan tácitamente en eso. Así, por ejemplo, imaginen que descubren un error en su cuenta corriente y llaman al banco para tratar de enmendarlo. Bueno, ya saben ustedes lo que pasa. Usted les llama por teléfono, y le sale un contestador automático con un mensaje grabado que le dice: Le queremos mucho, y ahí tiene un menú. Tal vez le menú ofrecido contiene lo que usted busca, tal vez no. Si acierta a elegir la opción ofrecida correcta, lo que escucha a continuación es una musiquita, y de rato en rato una voz que le dice: Por favor, no se retire, estamos encantados de servirle, y así por el estilo. Al final, transcurrido un buen tiempo, una voz humana a la que poder plantearle una breve cuestión. A eso los economistas le llaman eficiencia. Con medidas económicas, ese sistema reduce los costos laborales del banco; huelga decir que le carga los costos a usted, y esos costos han de multiplicarse por el número de usuarios, que puede ser enorme: pero eso no cuenta como coste en el cálculo económico. Y si miran ustedes cómo funciona la sociedad, encuentran eso por doquiera. Del mismo modo, la universidad impone costos a los estudiantes y a un personal docente que, además e tenerlo apartado de la carrera académica, se le mantiene en una condición que garantiza un porvenir sin seguridad. Todo eso resulta perfectamente natural en los modelos de negocio empresariales. Es nefasto para la educación, pero su objetivo no es la educación.
 En efecto, si echamos una mirada más retrospectiva, la cosa se revela más profunda todavía. Cuando todo esto empezó, a comienzos de los 70, suscitaba mucha preocupación en todo el espectro político establecido el activismo de los 60, comúnmente conocidos como la época de los líos. Fue una época de líos porque el país se estaba civilizando [con las luchas por los derechos civiles], y eso siempre es peligroso. La gente se estaba politizando y se comprometía con la conquista de derechos para los grupos llamados de intereses especiales: las mujeres, los trabajadores, los campesinos, los jóvenes, los viejos, etc. Eso llevó a una grave reacción, conducida de forma prácticamente abierta. En el lado de la izquierda liberal del establishment, tenemos un libro llamado The Crisis of Democracy:Report on the Governability of Democracies to the Trilateral Commission, compilado por Michel Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki (New York University Press, 1975) y patrocinado por la Comisión Trilateral una organización de liberales internacionalistas. Casi toda la administración Carter se reclutó entre sus filas. Estaban preocupados por lo que ellos llamaban la crisis de la democracia y que no dimanaba de otra cosa del exceso de democracia. En los 60 la población los intereses especiales mencionados presionaba para conquistar derechos dentro de la arena política, lo que se traducía en demasiada presión sobre el Estado: no podía ser. Había un interés especial que dejaban de lado, y es a saber: el del sector granempresarial; porque sus intereses coinciden con el interés nacional. Se supone que el sector graempresarial controla al Estado, de modo que no hay ni que hablar de sus intereses. Pero los intereses especiales causaban problemas, y estos caballeros llegaron a la conclusión de que tenemos que tener más moderación en la democracia: el público tenía que volver a ser pasivo y regresar a la apatía. De particular preocupación les resultaban las escuelas y las universidades, que, decían, no cumplían bien su tarea de adoctrinar a los jóvenes convenientemente: el activismo estudiantil el movimiento de derechos civiles, el movimiento antibelicista, el movimiento feminista, los movimientos ambientalistas probaba que los jóvenes no estaban correctamente adoctrinados.

Bien, ¿cómo adoctrinar a los jóvenes? Hay más de una forma. Una forma es cargarlos con deudas desesperadamente pesadas para sufragar sus estudios. La deuda es una trampa, especialmente la deuda estudiantil, que es enorme, mucho más grande que el volumen de  deuda acumulada en las tarjetas de crédito. Es una trampa para el resto de su vida porque las leyes están diseñadas para que no puedan salir de ella. Si, digamos, una empresa incurre en demasiada deuda, puede declararse en quiebra. Pero si los estudiantes suspenden pagos, nunca podrán conseguir una tarjeta de la seguridad social. Es una técnica de disciplinamiento. No digo yo que eso se hiciera así con tal propósito, pero desde luego tiene ese efecto. Y resulta harto difícil de defender en términos económicos. Miren ustedes un poco lo que pasa por el mundo: la educación superior es en casi todas partes gratuita. En los países con los mejores niveles educativos, Finlandia (que anda en cabeza), pongamos por caso, la educación superior es pública y gratuita. Y en un país rico y exitoso como Alemania es pública y gratuita. En México, un país pobre que, sin embargo, tiene niveles de educación muy decentes si atendemos a las dificultades económicas a las que se enfrenta, es pública y gratuita. Pero miren lo que pasa en los EEUU: si nos remontamos a los 40 y los 50, la educación superior se acercaba mucho a la gratuidad. La Ley GI ofreció educación superior gratuita a una gran cantidad de gente que jamás habría podido acceder a la universidad. Fue muy bueno para ellos y fue muy bueno para la economía y para la sociedad; fue parte de las causas que explican la elevada tasa de crecimiento económico. Incluso en las entidades privadas, la educación llegó a ser prácticamente gratuita. Yo, por ejemplo: entré en la facultad en 1945, en una universidad de la Ivy League, la Universidad de Pensilvania, y la matrícula costaba 100 dólares. Eso serían unos 800 dólares de hoy. Y era muy fácil acceder a una beca, de modo que podías vivir en casa, trabajar e ir a la facultad, sin que te costara nada. Lo que ahora ocurre es ultrajante. Tengo nietos en la universidad que tienen que pagar la matrícula y trabajar, y es casi imposible. Para los estudiantes, eso es una técnica disciplinaria.

Y otra técnica de adoctrinamiento es cortar el contacto de los estudiantes con el personal docente: clases grandes, profesores temporales que, sobrecargados de tareas, apenas pueden vivir con un salario de ayudantes. Y puesto que no tienes seguridad en el puesto de trabajo, no puedes construir una carrera, no puedes irte a otro sitio y conseguir más. Todas esas son técnicas de disciplinamiento, de adoctrinamiento y de control. Y es muy similar a lo que uno espera que ocurra en una fábrica, en la que los trabajadores fabriles han de ser disciplinados, han de ser obedientes; y se supone que no deben desempeñar ningún papel en, digamos, la organización de la producción o en la determinación del funcionamiento de la planta de trabajo: eso es cosa de los ejecutivos. Esto se transfiere ahora a las universidades. Y yo creo que nadie que tenga algo de experiencia en la empresa privada y en la industria debería sorprenderse; así trabajan.



Sobre cómo debería ser la educación superior
Para empezar, deberíamos desechar toda idea de que alguna vez hubo una edad de oro. Las cosas eran distintas, y en ciertos sentidos, mejores en el pasado, pero distaban mucho de ser perfectas. Las universidades tradicionales eran, por ejemplo, extremadamente jerárquicas, con muy poca participación democrática en la toma de decisiones. Una parte del activismo de los 60 consistió en el intento de democratizar las universidades, de incorporar, digamos, a representantes estudiantiles a las juntas de facultad, de animar al personal no docente a participar. Esos esfuerzos se hicieron por iniciativa de los estudiantes, y no dejaron de tener cierto éxito. La mayoría de universidades disfrutan ahora de algún grado de participación estudiantil en las decisiones de las facultades. Y yo creo que ese es el tipo de cosas que deberíamos ahora seguir promoviendo: una institución democrática en la que la gente que está en la institución, cualquiera que sea (profesores ordinarios, estudiantes, personal no docente) participan en la determinación de la naturaleza de la institución y de su funcionamiento; y lo mismo vale para las fábricas.
No son estas ideas de izquierda radical, por cierto. Proceden directamente del liberalismo clásico. Si leéis, por ejemplo, a John Stuart Mill, una figura capital de la tradición liberal clásica, verán que daba por descontado que los puestos de trabajo tenían que ser gestionados y controlados por la gente que trabajaba en ellos: eso es libertad y democracia (véase, por ejemplo, John Stuart Mill, Principles of Political Economy, book 4, ch. 7). Vemos las mismas ideas en los EEUU. En los Caballeros del Trabajo, pongamos por caso: uno de los objetivos declaradis de esta organización era instituir organizaciones cooperativas que tiendan a superar el sistema salarial introduciendo un sistema industrial cooperativo (véase la Founding Ceremony para las nuevas asociaciones locales). O piénsese en alguien como John Dewey, un filósofo social de la corriente principal del siglo XX, quien no sólo abogó por una educación encaminada a la independencia creativa, sino también por el control obrero en la industria, lo que él llamaba democracia industrial. Decía que hasta tanto las instituciones cruciales de la sociedad producción, comercio, transporte, medios de comunicación no estén bajo control democrático, la política [será] la sombra proyectada en el conjunto de la sociedad por la gran empresa (John Dewey, The Need for a New Party [1931]). Esta idea es casi elemental, y echa raíces profundas en la historia norteamericana y en el liberalismo clásico; debería constituir una suerte de segunda naturaleza de la gente, y debería valer igualmente para las universidades. Hay ciertas decisiones en una universidad donde no puedes querer transparencia democrática porque tienes que preservar la privacidad estudiantil, pongamos por caso, y hay varios tipos de asuntos sensibles, pero en el grueso de la actividad universitaria normal no hay razón para no considerar la participación directa como algo, no ya legítimo, sino útil. En mi departamento, por ejemplo, hemos tenido durante 40 años representantes estudiantiles que proporcionaban una valiosa ayuda con su participación en las reuniones de departamento.


Sobre la gobernanza compartida y el control obrero
La universidad es probablemente la institución social que más se acerca en nuestra sociedad al control obrero democrático. Dentro de un departamento, por ejemplo, es bastante normal que al menos para los profesores ordinarios tenga capacidad para determinar una parte substancial de las tareas que conforman su trabajo: qué van a enseñar, cuando van a dar las clases, cuál será el programa. Y el grueso de las decisiones sobre el trabajo efectuado en la facultad caen en buena medida bajo el control del profesorado ordinario. Ahora, ni que decir tiene, hay un nivel administrativo superior al que no puedes ni eludir ni controlar. La facultad puede recomendar a alguien para ser profesor titular, pongamos por caso, y estrellarse contra el criterio de los decanos o del rector, o incluso de los patronos o de los legisladores. No es que ocurra muy a menudo, pero puede ocurrir y ocurre. Y eso es parte de la estructura de fondo que, aun cuando siempre ha existido, era un problema menor en los tiempos en que la administración salía elegida por la facultad y era en principio revocable por la facultad. En un sistema representativo, necesitas tener a alguien haciendo labores administrativas, pero tiene que poder ser revocable, sometido como está a la autoridad de las gentes a las que administra. Eso es cada vez menos verdad. Hay más y más administradores profesionales, estrato sobre estrato, con más y más posiciones cada vez más remotas del control de las facultades. Me referí antes a The Fall of the Faculty de Benjamin Ginsberg, un libro que entra en un montón de detalles sobre el funcionamiento de varias universidades a las que sometió a puntilloso escrutinio:  JohnsHopkins, Cornell y muchas otras.
El profesorado universitario ha venido siendo más y más reducido a la categoría de trabajadores temporales a los que se asegura una precaria existencia sin acceso a la carrera académica. Tengo conocidos que son, en efecto, lectores permanente; no han logrado el estatus de profesores ordinarios; tienen que concursar cada año para poder ser contratados otra vez. No deberían ocurrir estas cosas, no deberíamos permitirlo. Y en el caso de los ayudantes, la cosa se ha institucionalizado: no se les permite ser miembros del aparato de toma de decisiones y se les excluye de la seguridad en el puesto de trabajo, lo que no sirve sino para amplificar el problema. Yo creo que el personal no docente debería ser integrado también en la toma de decisiones, porque también forman parte de la universidad. Así que hay un montón que hacer, pero creo que se puede entender fácilmente por qué se desarrollan esas tendencias. Son parte de la imposición del modelo de negocios en todos y cada uno de los aspectos de la vida. Esa es la ideología neoliberal bajo la que el grueso del mundo ha estado viviendo en los últimos 40 años. Es muy dañina para la gente, y ha habido resistencias a ella. Y es digno de mención el que al menos dos partes del mundo han logrado en cierta medida escapar de ella: el Este asiático, que nunca la aceptó realmente, y la América del Sur de los últimos 15 años.



Sobre la pretendida necesidad de flexibilidad
Flexibilidad es una palabra muy familiar para los trabajadores industriales. Parte de la llamada reforma laboral consiste en hacer más flexible el trabajo, en facilitar la contratación y el despido de la gente. También esto es un modo de asegurar la maximización del beneficio y el control. Se supone que la flexibilidad es una buena cosa, igual que la mayor inseguridad de los trabajadores. Dejando ahora de lado la industria, para la que vale lo mismo, en las universidades eso carece de toda justificación. Pongamos un caso en el que se registra submatriculación en algún sitio. No es un gran problema. Una de mis hijas enseña en una universidad; la otra noche me llamó y me contó que su carga lectiva cambiaba porque uno de los cursos ofrecidos había registrado menos matrículas de las previstas. De acuerdo, el mundo no se acabará, se limitaron a reestructurar el plan docente: enseñas otro curso, o una sección extra, o algo por el estilo. No hay que echar a la gente o hacer inseguro su puesto de trabajo a causa de la variación del número de matriculados en los cursos. Hay mil formas de ajustarse a esa variación. La idea de que el trabajo debe someterse a las condiciones de la flexibilidad no es sino otra técnica corriente de control y dominación. ¿Por qué no hablan de despedir a los administradores si no hay nada para ellos este semestre? O a los patronos: ¿para qué sirven? La situación es la misma para los altos ejecutivos de la industria; si el trabajo tiene que ser flexible, ¿por qué no la gestión ejecutiva? El grueso de los altos ejecutivos son harto inútiles y aun dañinos, así que ¡librémonos de ellos! Y así indefinidamente. Sólo para comentar noticias de estos últimos días, pongamos el caso de Jamie Dimon, el presidente del consejo de administración del banco JP Morgan Chase: acaba de recibir unsubstancial incremento en sus emolumentos, casi el doble de su paga habitual, en agradecimiento por haber salvado al banco de las acusaciones penales que habrían mandado a la cárcel a sus altos ejecutivos: todo quedó en multas por un monto de 20 mil millones de dólares por actividades delictivas probadas. Bien, podemos imaginar que librar de alguien así podría ser útil para la economía. Pero no se habla de eso cuando se habla de reforma laboral. Se habla de gente trabajadora que tiene que sufrir, y tiene que sufrir por inseguridad, por no saber de donde sacarán el pan mañana: así se les disciplina y se les hace obedientes para que no cuestionen nada ni exijan sus derechos. Esa es la forma de operar de los sistemas tiránicos. Y el mundo de los negocios es un sistema tiránico. Cuando se impone a las universidades, te das cuenta de que refleja las mismas ideas. No debería ser un secreto.



Sobre el propósito de la educación
Se trata de debates que se retrotraen a la Ilustración, cuando se plantearon realmente las cuestiones de la educación superior y de la educación de masas, no sólo la educación para el clero y la aristocracia. Y hubo básicamente dos modelos en discusión en los siglos XVIII y XIX. Se discutieron con energía harto evocativa. Una imagen de la educación era la de un vaso que se llena, digamos, de agua. Es lo que ahora llamamos enseñar para el examen: viertes agua en el vaso y luego el vaso devuelve el agua. Pero es un vaso bastante agujereado, como todos hemos tenido ocasión de experimentar en la escuela: memorizas algo en lo que no tienes mucho interés para poder pasar un examen, y al cabo de una semana has olvidado de qué iba el curso. El modelo de vaso ahora se llama ningún niño a la zaga, enseñar para el examen, carrera a la cumbre, y cosas por el estilo en las distintas universidades. Los pensadores de la Ilustración se opusieron a ese modelo.
El otro modelo se describía como lanzar una cuerda por la que el estudiante pueda ir progresando a su manera y por propia iniciativa, tal vez sacudiendo la cuerda, tal vez decidiendo ir a otro sitio, tal vez planteando cuestiones. Lanzar la cuerda significa imponer cierto tipo de estructura. Así, un programa educativo, cualquiera que sea, un curso de física o de algo, no funciona como funciona cualquier otra cosa; tiene cierta estructura. Pero su objetivo consiste en que el estudiante adquiera la capacidad para inquirir, para crear, para innovar, para desafiar: eso es la educación. Un físico mundialmente célebre cuando, en sus cursos para primero de carrera, se le preguntaba ¿qué parte del programa cubriremos este semestre?, contestaba: no importa lo que cubramos, lo que importa es lo quedescubráis vosotros. Tenéis que ganar la capacidad y la autoconfianza en esta asignatura para desafiar y crear e innovar, y así aprenderéis; así haréis vuestro el material y seguir adelante. No es cosa de acumular una serie fijada de hechos que luego podáis soltar por escrito en un examen para olvidarlos al día siguiente.
Son dos modelos radicalmente distintos de educación. El ideal de la Ilustración era el segundo, y yo creo que el ideal al que deberíamos aspirar. En eso consiste la educación de verdad, desde el jardín de infancia hasta la universidad. Lo cierto es que hay programas de ese tipo para los jardines de infancia, y bastante buenos.



Sobre el amor a la docencia
Queremos, desde luego, gente, profesores y estudiantes, comprometidos en actividades que resulten satisfactorias, disfrutables, actividades que sean desafíos, que resulten apasionantes. Yo no creo que eso sea tan difícil. Hasta los niños pequeños son creativos, inquisitivos, quieren saber cosas, quieren entenderlas, y a no ser que te saquen eso a la fuerza de la cabeza, el anhelo perdura de por vida. Si tienes oportunidades para desarrollar esos compromisos y preocuparte por esas cosas, son las más satisfactorias de la vida. Y eso vale lo mismo para el investigador en física que para el carpintero; toenes que intentar crear algo valioso, lidiar con problemas difíciles y resolverlos. Yo creo que que eso es lo que hace del trabajo el tipo de actividad que quieres hacer; y la haces aun cuando no estés obligado a hacerla. En una universidad que funcione razonablemente, encontrarás gente que trabaja todo el tiempo porque les gusta lo que hacen; es lo que quieren hacer; se les ha dado la oportunidad, tienen los recursos, se les ha animado a ser libres e independientes y creativos: ¿qué mejor que eso? Y eso también puede hacerse en cualquier nivel.
Vale la pena reflexionar un poco sobre algunos de los programas educativos imaginativos y creativos que se desarrollan en los distintos niveles. Así, por ejemplo, el otro día alguien me contaba de un programa que usa en las facultades, un programa de ciencia en el que se plantea a los estudiantes una interesante cuestión: ¿Cómo puede ser que un mosquito vuela bajo la lluvia? Difícil cuestión, cuando se piensa un poco en ella. Si algo impactara en un ser humano con la fuerza de una gota de agua que alcanza a un mosquito, lo abatiría inmediatamente. ¿Cómo puede, pues, el mosquito evitar el aplastamiento inmediato? ¿Cómo puede seguir volando? Si quieres seguir dándole vueltas a este asunto dificilísimo asunto, tienes que hacer incursiones en las matemáticas, en la física y en la biología y plantearte cuestiones lo suficientemente difíciles como para verlas como un desafío que despierta la necesidad de responderlas.
Eso es lo que debería ser la educación en todos los niveles, desde el jardín de infancia. Hay programas para jardines de infancia en los que se da a cada niño, por ejemplo, una colección de pequeñas piezas: guijarros, conchas, semillas y cosas por el estilo. Se propone entonces a la clase la tarea de descubrir cuáles son las semillas. Empieza con lo que llaman una conferencia científica: los nenes hablan entre sí y tratan de imaginarse cuáles son semillas. Y, claro, hay algún maestro que orienta, pero la idea es dejar que los niños vayan pensando. Luego de un rato, intentan varios experimentos tendentes a averiguar cuáles son las semillas. Se le da a cada niño una lupa y, con ayuda del maestro, rompe una semilla y mira dentro y encuentra el embrión que hace crecer a la semilla. Esos niños aprenden realmente algo: no sólo algo sobre las semillas y sobre lo que las hace crecer; también aprenden algo sobre los procesos de descubrimiento. Aprenden a gozar con el descubrimiento y la creación, y eso es lo que te permitirá comportarte de manera independiente fuera del aula, fuera del curso.
Lo mismo vale para toda la educación, hasta la universidad. En un seminario universitario razonable, no esperas que los estudiantes tomen apuntes literales y repitan todo lo que tu digas; lo que esperas es que te digan si te equivocas, o que vengan con nuevas ideas desafiantes, que abran caminos que no habían sido pensados antes. Eso es lo que es la educación en todos los niveles. No consiste en instilar información en la cabeza de alguien que luego la recitará, sino que consiste en capacitar a la gente para que lleguen a ser personas creativas e independientes y puedan encontrar gusto en el descubrimiento y la creación y la creatividad a cualquier nivel o en cualesquiera dominios a los que les lleven sus intereses.


Sobre el uso de la retórica empresarial contra el asalto empresarial a la universidad
Eso es como plantearse la tarea de justificar ante el propietario de esclavos que nadie debería ser esclavo. Estáis aquí en un nivel de la indagación moral en el que resulta harto difícil encontrar respuestas. Somos seres humanos con derechos humanos. Es bueno para el individuo, es bueno para la sociedad y hasta es bueno para la economía en sentido estrecho el que la gente sea creativa e independiente y libre. Todo el mundo sale ganando de que la gente sea capaz de participar, de controlar sus destinos, de trabajar con otros: puede que eso no maximice los beneficios ni la dominación, pero ¿por qué tendríamos que preocuparnos de esos valores?

Un consejo a las organizaciones sindicales de los profesores precarios
Ya sabéis mejor que yo lo que hay que hacer, el tipo de problemas a los que os enfrentáis. Seguid adelante y haced lo que tengáis que hacer. No os dejéis intimidar, no os amedrentéis, y reconoced que el futuro puede estar en nuestras manos si queremos que lo esté.


Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro
Fuente:

http://www.counterpunch.org/2014/02/28/on-academic-labor/27

Podemos y un viaje al centro político / Emilio Pizocaro






Podemos y un viaje al centro político 

Ha quedado atrás, olvidada como un mal recuerdo, la audacia del pequeño grupo que en su momento supo interpretar el sentimiento y las consignas del 15M. Hablo de aquellas consignas llenas de creatividad que sedujeron a millones y que nos hablaban de una revolución democrática. Es el precio que Podemos ha pagado para ubicarse en el “extremo centro”.

Cuentan sus amigos que el día de la grabación de “Salvados” el líder de Podemos se retiro con un sabor amargo en la boca. La contrariedad se prolongó hasta la noche del domingo. Al finalizar la emisión Pablo Iglesias tuvo una certeza; había perdido el debate frente a un neoliberal como Albert Rivera.

Hoy nadie discute que Iglesias desaprovechó una oportunidad de oro para explicar su programa económico . Todo el mundo esperaba una respuesta consistente del partido morado . Una posición que esclareciera como va a terminar con el paro y con los crecientes índices de pobreza en España. No hubo tal.
Para dar una respuesta creíble había que mojarse, pero desde hace un tiempo Iglesias elude las definiciones importantes. Con razón la opinión publica al día siguiente se hizo muchas preguntas.
¿Que esta pasando con Pablo? ¿Porque un buen polemista como Iglesias ha sido incapaz de responder acerca del empleo y la economía?
¿Donde quedo el joven profesor que denunciaba a la casta política? ¿ Donde está el apasionado que reclamaba cárcel para los banqueros corruptos y exigía la salida del euro para terminar con la austeridad?
¿En que vuelta del camino quedo esa radicalidad democrática que cautivó a tantos?



La decepción que produjo Pablo Iglesias no es pecata minuta. No se trata de un fracaso personal , es mucho más serio que eso. Es el naufragio, en toda la línea, de una estrategia electoral trabajosamente elaborada por el núcleo duro de la formación morada.

Quienes conocen de cerca lo ocurrido con Podemos certifican que después de las elecciones europeas el eje fundador (compuesto por cientistas políticos y profesores universitarios) definió una estrategia para “asaltar los cielos”. La consigna fue; hay que ganar el centro político para llegar a la Moncloa.

El primer Podemos – ese Podemos anticapitalista que nació combatiendo a una Izquierda Unida integrada al sistema- ya no servía para un objetivo tan ambicioso.

Había llegado el momento de mantener una calculada ambigüedad en los temas conflictivos como aprendieron del filósofo peronista y post-marxista Ernesto Laclau. Entonces, se hizo imprescindible moderar el discurso. El programa de gobierno que los llevo a irrumpir con éxito en las elecciones europeas se fue al tacho de la basura.

Para llevar a cabo la estrategia de la moderación los capitanes de Podemos necesitaron controlar verticalmente la naciente organización; lo lograron con relativa facilidad en la Asamblea Ciudadana de Vista Alegre. Domeñado el Partido, el paso siguiente fue desplegar la operación de posicionamiento en el “centro del tablero”.

En esta” maniobra  centrista” el primer detalle notorio fue la entrevista que hizo la periodista Ana Pastor a Pablo Iglesias. Para sorpresa de los televidentes Iglesias responde con “un no sé” cuando le preguntan que va hacer con las bases de la OTAN en España . De ahí en adelante la entrevista son muchos “no sé” en todos los temas que pudieran aclarar lo que efectivamente piensa.
En realidad, Iglesias muestra que domina a la perfección el lenguaje de la política-espectáculo. Estudioso de la comunicación de masas esta convencido que los votos se ganan en la televisión. Y no se equivoca . Todo vale para la novísima generación de políticos españoles instalados en casi todos los partidos. Con tal de obtener unos cuantos segundos de pantalla, en un horario “prime time”, practican genuinos esperpentos.



En esta tarea, Iglesias no se anda con chicas. Ha sido coherente con la estrategia del “centro populista”. Por ejemplo; regala al Rey la serie Juegos de Tronos; dedica ásperos mensajes a sus antiguos compañeros de IU; desprecia olímpicamente los símbolos de esa izquierda tradicional ; canta, por cierto muy desabrido, una popular canción de Javier Krahe ; no tiene empacho en salir de la ducha con el pelo suelto en el programa del corazón de Ana Rosa..

Sin embargo, Pablo Iglesias es mucho más que este show populachero. Sabe que estos gestos son absolutamente insuficientes. Quienes realmente detentan el poder siguen percibiéndolo como una amenaza, Con aplomo, decide que si consigue tranquilizar a los poderosos también tranquilizará a los timoratos sectores medios.

La clave se llama Estados Unidos. Iglesias ha observado que la elite española siempre esta pronta a sumarse disciplinadamente a las decisiones políticas del “líder del mundo libre”. La solución esta a la vista. Para transmitir una imagen de “hombre de estado”, es necesario sacarse “la foto” con los que realmente mandan.
(Como este articulo no va de ninguna teoría de la conspiración, sino que solo pretende explicar los resultados de la política “centrista ” de Podemos, los siguientes enlaces de prensa documentan los esfuerzo hechos en esa dirección por este partido ;http://www.eldiario.es/politica/Pablo-Iglesias-embajador-EEUU-situacion_0_362214814.htmlhttp://www.elmundo.es/espana/2015/04/15/552e8265e2704eca768b4578.html )

La gran hemeroteca que es Internet lo evidencia. Desde principios de este año la cúpula de Podemos programa una serie de reuniones destinada a enviar una fuerte señal para “apaciguar” a los mercados financieros y calmar las preocupación exteriorizada por influyentes círculos políticos norteamericanos.
La operación empieza en febrero con un viaje de Pablo Iglesias a Estados Unidos; prosigue en marzo, con una amable reunión con el embajador norteamericano en España, se prolonga hasta mediados de abril con otra importante reunión con los representantes del Bank of América. La encargada de este revelador encuentro fue una antigua becaria de la Universidad de California, la socióloga Carolina Bescansa*

Como se aprecia en solo tres meses Podemos efectúa un verdadero “rally político”; construyendo tres acontecimientos claves para perfilar el partido como una formación política seria y responsable ante el verdadero poder.
Hasta ese minuto todo parece ir miel sobre hojuelas para los estrategas de la Complutense. Están seguros que ocuparán la “centralidad del tablero”. Las encuestas de esos días les profetizan más de un 26 por ciento.



Para este viaje no hacían faltas tantas alforjas.
Lo que no calculan estos jóvenes políticos es que la elite gobernante también puede mover ficha. Esa pieza se llama Ciudadanos; partido que emerge con fuerza apropiándose del discurso contra la corrupción de Podemos. Eso sí que ofreciendo un “cambio sensato”.

Este movimiento en el tablero pone de manifiesto que las conjeturas de los politólogos universitarios están a punto de irse al traste . Las nuevas encuestas revelan que Ciudadanos ha dado un “sorpasso”. La agrupación naranja está ganando ese centro tan ambicionado por los podemitas.

Los recientes estudios demoscópicos , de medios cercanos al partido morado, dan cuenta de este proceso de desafección. La Sexta TV le da un 13,4 por ciento. El Diario.es (periódico digital dirigido el periodista simpatizante de Podemos, Ignacio Escolar) le proporciona un 10.1 por ciento.

Lo que aseveran estos pronósticos es que Podemos está en pleno declive. Carolina Bescansa, experta electoral, se ve obligada a reconocer públicamente esta tendencia.

Pero Carolina, no cuenta toda la verdad . En las ultimas elecciones autonómicas Podemos no superó el 15 por ciento de los votos . Otro gallo cantaría en los próximos comicios si Pablo Iglesias hubiera aceptado la “unidad popular” , ofrecida por Alberto Garzón. Los números no mienten; ese 15 por ciento se habría sumado al 5 por ciento de los votos duros de Izquierda Unida.

Todos los analistas estiman, casi por unanimidad, que con la formula propuesta por “Ahora en Común” se habría producido una pujante ilusión ciudadana análoga a la llevo a las fuerzas del cambio a triunfar en Madrid y Barcelona

En ese escenario, probablemente, Iglesias habría podido disputar los dos primeros lugares con los partidos del régimen. Al revés de lo que muchos creían Pablo no quiso escuchar los consejos de amigos y mentores políticos. En ese momento fue más fuerte la convicción “centrista” del líder podemita..

Los resultados están a la vista. La estrategia planificada por la propia Bescansa es ya un auténtico fiasco. A menos de dos meses de las elecciones, la marcha forzada al centro ha sido un viaje a ninguna parte.
Por el contrario, los resultados de esta periplo han fortalecido el cambio cosmético del PSOE, planificado en detalle por el “viejo” pero astuto Rubalcaba.

La moderación de Podemos, también ha servido de abono para el populismo de derecha de Ciudadanos. Ha legitimado ante la “ clase media” un Albert Rivera que sin asco se declara neoliberal para a continuación coincidir en todo lo demás con Pablo Iglesias.
En la práctica Ciudadanos se siente muy cómodo denunciando la corrupción. Total , las mafias corruptas se han transformado en un lastre para el desarrollo del sistema capitalista que defienden él y sus partidarios.

Mientras tanto Podemos no solo pierde fuelle por el centro también pierde rápidamente los votos del pueblo de izquierda que había cifrado ilusión y esperanzas en esta nueva fuerza.
El comienzo del fin de la ilusión se produjo este verano. El drama de Grecia demostró, que sin coraje los gobernantes terminan aplicando la feroz política de recortes que Tsipras esta imponiendo en Grecia con el apoyo de la derecha y de Bruselas .

El respaldo sin fisuras de Pablo Iglesias a Alex Tsipras, a pesar de la escandalosa capitulación de este personaje, ha dejado sin piso programático ni político a Podemos.
Por muchas conferencias de prensa que ofrezca, el partido morado todavía no cuenta con un programa de gobierno que permitan vislumbrar un cambio de régimen.

En el campo económico, sus propuestas programáticas son abiertamente insuficientes. En efecto, Podemos no propone ninguna medida verosímil que ponga fin al austericidio dictado por la Merkel y la Troika. Esto, a pesar que Iglesias entiende muy bien que para terminar con la austeridad hay que salirse del euro.
En el campo político la dirigencia de Podemos ha dado otro paso hacia su institucionalización. Se manifiesta por abandonar su compromiso con un proceso constituyente – realizado desde abajo y por los de abaja – para manifestarse disponible a negociar con los partidos de la casta cinco reformas a la constitución del régimen del 78.

Paso a paso Pablo Iglesias va entrado por la puerta ancha a la “normalización” de los políticos al uso. Con la ayuda de medios de comunicación afines está logrando transformar a Podemos en un partido más del sistema.
Sin embargo, los vertiginosos acontecimientos de este año electoral amenazan con una derrota histórica para estos discípulos Laclau y partidarios intransigentes de los significantes vacíos en la política . Las elecciones catalanas han puesto ante sus ojos un hecho inevitable; las antiguas contradicciones territoriales y de clase siguen vivitas y coleando en la vieja España.

Ante esta nueva manifestación de la crisis, muy rápido de reflejos, Podemos se prepara para endurecer su discurso. Desde ya, su eficaz aparato de propaganda esta utilizando – en las redes sociales – antiguas declaraciones de Julio Anguita para reivindicar el origen izquierdista de la formación.

El problema es que ya nadie sabe donde está y a donde va Pablo Iglesias y Podemos ¿Es el partido anti-casta o es solo un afable contertulio que comenta al señorito Albert Rivera “ si seguimos así podríamos ir juntos a las elecciones “.

Lamentablemente ha quedado atrás, olvidada como un mal recuerdo, la audacia del pequeño grupo que en su momento supo interpretar el sentimiento y las consignas del 15M. Hablo de aquellas consignas llenas de creatividad que sedujeron a millones y que nos hablaban de una revolución democrática. Es el precio que Podemos ha pagado para ubicarse en el “extremo centro”.

(*) Es importante esta reunión porque el Bank of América no es cualquier Banco, según Forbes es la tercera empresa más grande del mundo. Este gigante es uno de los responsables directos de la crisis del 2008. Esta implicado hasta el tuétano en la estafa de las sub-prime y ha sido acusado por el gobierno de defraudar escuelas, hospitales, y otras reparticiones estatales, además de a millones de norteamericanos. A pesar que todavía se amontonan en los juzgados miles de demandas sin resolver, las multas que ya ha tenido que pagar el Banco creado por el inmigrante italiano Amadeo Giannini suman muchos cientos de millones de dólares.



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viernes, 30 de octubre de 2015

Grecia: la traición de Tsipras a su pueblo / Dimitri Konstantakopoulos




Y LAS FUERZAS QUE ESTÁN DETRÁS DE TODO ESTO

Grecia: la traición de Tsipras a su pueblo 

Se ha hablado mucho de Grecia estos tiempos, de deuda, austeridad, de referéndum y de las duras condiciones de ajuste financiero impuestas a este país. Se habla mucho del líder Alexis Tsipras, de SYRIZA y su nuevo gobierno. Pero dentro de esta trágica historia de apariencias económicas, hay un aspecto oculto, una agenda programada, unas fuerzas tenebrosas que emergen contra las sociedades civiles y que casi nadie ha hecho alusión. Son pocos los que nos advierten del peligro de la Hidra del siglo XXI. Uno de ellos es nuestro colega Dimitri Konstantakopoulos, que desde su Grecia natal comparte experiencias y cuenta cómo esta Hidra devora su patria y porqué es importante comprender lo que realmente ha pasado y está pasando en Grecia.


Entrevista a Dimitris Konstantakopoulos realizada por Sandro Cruz

1. Pregunta: ¿Cuál es el sentimiento de la gran mayoría del pueblo griego hoy frente a la situación económica del país y después que el gobierno de Alexis Tsipras aceptase el ultimátum de la Troika, es decir haber aceptado el dictado dado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, para controlar la economía griega y su deuda, a pesar que el pueblo griego en un referéndum votó masivamente NO ante estas abusivas exigencias de los acreedores financieros?
Dimitri Konstantakopoulos: No somos nosotros, no es el pueblo griego que ha aceptado las condiciones financieras impuestas por la Troika [1]. Ha sido el gobierno de Tsipras yKamenos que lo han hecho, dos personajes políticos que vienen, uno de la «izquierda radical» y el otro de la «derecha soberana» y son quienes han aceptado eso.

El pueblo griego denegó de manera abrumadora el dictado de la Troika —y en un contexto de guerra financiera contra el país, entre presiones y amenazas viniendo de las más poderosas potencias extranjeras—, pero a pesar de todo el pueblo griegorechazó en un referéndum nacional, el 5 de julio de 2015, el ultimátum de los acreedores financieros piratas, diciendo muy claramente y masivamente ¡NO! no queremos aceptar eso.
Lo que sucedió después fue que Alexis Tsipras, quien llegó al cargo de Primer Ministro de Grecia con el partido Syriza, quien logró obtener masivo apoyo popular, quien logró todo esto únicamente porque había prometido al pueblo oponerse a las duras condiciones impuestas por la Troika a Grecia —es decir al dictado de acreedores financieros— y Alexis Tsipras que había recibido en ese sentido un enorme respaldo nacional, que había recibido un mandato de toda la nación griega para defender al país, para resistir al ultimátum, traiciona finalmente al pueblo firmando la capitulación y aceptando el dictado de los acreedores ¡y esto después del referéndum! Un referéndum cuyo veredicto, según los principios los más fundamentales de nuestra Constitución y nuestra democracia, es obligatoria y superior a cualquier otra decisión del parlamento o del gobierno. La decisión tomada por el pueblo sólo puede ser cambiada legalmente por otro referéndum.
El gobierno de Alexis Tsipras al firmar el acuerdo con la Troika ha creado una enorme desilusión, quitó toda esperanza y generó una gigantesca confusión al pueblo griego, un golpe terrible, el de ver a nuestros líderes políticos capitular, sin que el pueblo griego sepa, comprenda verdaderamente ¡por qué han hecho eso!

Hablando de SYRIZA, el partido político que llevó al poder a Alexis Tsipras, era un partido de izquierda radical hasta antes del 5 de julio de 2015, fecha del referéndum, y que se ha convertido hoy en día —y no nos equivoquemos en ese sentido— en un partido que ha aceptado no solamente una política neoliberalsino una política que es de un ¡extremismo neoliberal alucinante!
Alexis Tsipras ha transformado al país en un protectorado de los acreedores financieros piratas, de arriba a abajo.

2. Pregunta: Entonces, ¿cómo explicar que Tsipras haya podido ganar nuevamente las elecciones parlamentarias de septiembre de 2015, sobre todo sabiendo esta vez que no había cumplido su promesa y que peor, traicionó al pueblo entero un mes antes?
Dimitri Konstantakopoulos: Entonces los griegos se encontraron en una situación en la que no había ninguna otra alternativa ni posibilidad. Es decir, no había ninguna otra fuerza política en el país capaz de imponerse de manera creíble, para continuar con la lucha del NO, me refiero de continuar la resistencia frente al dictado financiero de la Troika (y de los Memorándums [2]). El pueblo griego se vio obligado a elegir entre lo que existía y entre todas estas malas opciones, votaron nuevamente por SYRIZA de Alexis Tsipras, pero ¡cuidado! ¡En estas últimas elecciones ha habido una gigantesca abstención!





Hay que destacar que la victoria electoral de Tsipras, aunque real, es irrisoria en cuanto apoyo popular y la impresión de grandeza dado en la prensa comercial es una manipulación. En realidad, SYRIZA recibió menos del 20% de votos del 100% del electorado griego, esto es un registro muy paupérrimo para un partido que gobierna y gana. Sólo han participado el 45% del electorado griego en las elecciones parlamentarias de septiembre 2015, y ese 45% de electorado ha votado por cualquier cosa, por cualquier programa político, lo que hace que este nuevo parlamento elegido con el señor Kamenos y Tsipras nuevamente a la cabeza [del gobierno] sea muy poco representativo de la voluntad real del pueblo. Me gustaría volver sobre este tema más tarde.
Hay una enorme abstención en las elecciones de septiembre de 2015, es decir después de la traición de Alexis Tsipras. ¡Alrededor del 55% de abstención!

Pero para entender los resultados electorales de septiembre 2015, primero debemos analizar las condiciones muy excepcionales en las cuales se llevaron a cabo estas elecciones. La capitulación de Tsipras apoyada por el Sr. Kamenos, ha tenido un efecto psicológico devastador, y no podría ser de otra manera. Cómo si la capitulación no hubiese sido suficiente, Tsipras para justificar su política comenzó a decir [amenazar] que si él no firmaba el acuerdo con la Troika, Grecia se convertiría en algo ingobernable, sería un colapso total, Grecia sería expulsada de la eurozona. Tsipras decía que fue buscar apoyo en EE.UU. y Rusia, pero que no encontró ningún apoyo —cosa que es completamente falsa—, Tsipras nunca consideró seriamente una ruptura con los acreedores financieros piratas, menos aún un giro [geopolítico] hacia otros polos alternativos de remplazo [aliados], como pudieron ser Rusia o China. Su equipo estaba más o menos controlado por los estadounidenses y por el sistema financiero internacional.
En resumen, Tsipras, tratando de justificar su cambio radical de actitud —es decir, de supuesto defensor del país contra los especuladores financieros a traidor del pueblo—, fue él mismo quien ha sembrado el pánico en la sociedad civil griega. Pero el pueblo ha sabido resistir a este primer choque [de guerra psicológica], cuando el choque planeado [planeado por el estado profundo] fue lanzado poco antes del referéndum y también por el establishment político griego y las fuerzas extranjeras. Sin embargo, el impacto en la población puede ser muy diferente cuando este discurso derrotista viene de otros o cuando viene directamente del líder en el cual todo el mundo ha depositado su confianza, todo el pueblo confiaba en él y en su partido, se le había dado todo el apoyo popular necesario para resistir, y todo esto ¡apenas unos días antes!

Imagínense sólo un momento, lo que hubiese sucedido siCharles de Gaulle o un Winston Churchill, en el momento más crítico de la Segunda Guerra Mundial, hubiesen de repente, firmado la capitulación con la Alemania nazi, pretextando que no había otra posibilidad, que no había otra alternativa y que si se continuaba con la idea de seguir luchando contra los nazis ¡íbamos camino al desastre total! O recordar lo que sucedió cuando el líder de la Unión Soviética y las televisiones que estaban bajo su control, comenzaron a transmitir a los ciudadanos soviéticos el mensaje que su sistema económico era fallido y que el capitalismo occidental era finalmente superior al «socialismo».

No es solamente un tremendo golpe, choque, con «objetivo» político que el pueblo ha experimentado, también es un tremendo golpe moral y psicológico que se le ha dado al pueblo griego. Casi todos mis amigos se enfermaron después del anuncio de la capitulación, me refiero a enfermedades orgánicas. Una amiga mía muy cercana, activista desde hace tiempo, miembro del Comité Central de SYRIZA se fue de vacaciones por unos días. Ella iba a la playa cada día y cada día lloraba. La mayoría de la gente no quería ver ni siquiera las noticias en la televisión. Incluso aquellos que tenían dudas hacia Tsipras no podían creer realmente que haya podido hacer lo que hizo.
Este es el método del «Choque». Usted hace algo tan increíble, que muchas personas terminan creyendo que tenía muy buena razón para hacerlo.

Indirectamente, Tsipras emitió igualmente otra señal con un efecto devastador. Que cualquier resistencia era vana o inútil, que todo ya estaba jugado con anterioridad. Podemos afirmar que el cinismo de este personaje ¡ha pagado! Y todo esto es un duro golpe moral para todo el pueblo, de ver capitular cínicamente a la persona en quien Usted ha depositado toda su confianza y apoyo, de verlo traicionar descaradamente, de ver firmar un acuerdo que llevará sin duda alguna la catástrofe más grande al país.
Ante tal situación, las personas se encontraron con el siguiente dilema: sea aceptaban la realidad, es decir, reconocer que sus líderes los han traicionado, que se encuentran en una situación desesperada, desprovistos de líderes políticos capaces de defender la nación y sus intereses, a la merced de acreedores financieros sin escrúpulos; sea aceptar la idea que sus ilusiones verán el día en otro momento o simplemente ¡no pensar más!

La reacción del pueblo ante una tal situación la podemos comparar con las reacciones que podría tener una familia que de pronto se entera de que su padre y protector no solamente ha muerto, sino que además ¡ya los vendió a todos antes de morir!
Este choque, este golpe psicológico por supuesto que no va durar para siempre, sobre todo sabiendo que la situación real del país va a deteriorarse rápidamente. Ya comenzamos a sentir los primeros signos premonitorios de advertencia de una oleada de ira social que vendrá. Tsipras y las fuerzas detrás de toda esta planificación sabían que el choque, el golpe psicológico no puede durar mucho, es por esa razón se apresuraron a realizar elecciones anticipadas.
Y todo pudo haber pasado de otra manera, si solamente hubiese existido una fuerza o líderes honestos para contestar o desafiar inmediatamente la política traicionera de Tsipras, para denunciarlo à él y su compinches, de manera análoga al tamaño monumental de su capitulación y traición, ejerciendo su pleno mandato, no hubo nadie para tratar de impedírselo por todos los medios y conservar la promesa de continuar la lucha contra el régimen neocolonial [financiero] a toda costa. Pero desgraciadamente no había ningún tipo de fuerza alternativa e incluso los «disidentes» de Tsipras al interior de su mismo partido SYRIZA, indirectamente lo apoyaron, primeramente por la suavidad de sus reacciones ante su traición, segundamente por su falta de credibilidad y eficacia política frente a tales circunstancias críticas y cruciales.



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