lunes, 30 de noviembre de 2015

Jean-Loup Amselle y las generaciones machacadas. Entrevista








«Un acto de guerra». François Hollande, presidente en el periodo final de su mandato, no tiene dudas: «Lo sucedido en París y Saint-Denis es un acto de guerra y frente a la guerra el país debe tomar las decisiones adecuadas (…) Un acto de guerra preparado, organizado, planificado en el exterior con complicidad en el interior, que la investigación sacará a la luz».

Entre tanto, mientras Hollande espera sus elecciones y su investigación, por otros medios la guerra ha empezado. Los hechos quizá no están claros todavía, pero las opiniones han empezado a circular. La tragedia de París ha golpeado inevitablemente a todos. Mucho se ha insistido en las emociones e impresiones de cada uno: testimonios, relatos, lágrimas y el infame storytelling que ya se ha enrollado sobre sí mismo. Al luto, nunca elaborado, le ha seguido el pánico  – elaborado hasta demasiado. Nacen aquí, en una zona gris demasiado a menudo infravalorada, las reacciones de los «designados para reaccionar», los intelectuales desorgánicos para los medios académicos, pero orgánicos respecto a los medios, los que en Francia llaman “intellos”. Y aquí el discurso se vuelve diferente, porque corre el riesgo de contribuir – si es que no lo ha hecho ya  – a construir un terreno común dentro del cual deslizar un conflicto y convertir el “clash of civilisations” [“choque de civilizaciones”] en una profecía que todos hemos contribuido a que se autorrealice.

Hablamos de ello con el antropólogo Jean-Loup Amselle, que lleva tiempo trabajando en los fenómenos de «etnicización» del conflicto en el seno de la sociedad europea. Amselle enseña en la Ecole des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París y redactor je de la revista Cahiers d’Etudes Africaines. Ha estudiado las cuestiones del mestizaje y del multiculturalismoen en trabajos como [en edición italiana]: Logiche meticce. Antropologia dell’identità in Africa e altrove (Bollati-Boringhieri, 1999); Connessioni. Antropologia dell’universalità delle culture (Bollati-Boringhieri, 2001); L’invenzione dell’etnia (Meltemi, 2008); Contro il primitivismo (Bollati-Boringhieri, 2012). Sus últimos libros, publicados por Editions Lignes, son [en su edición original francesa] L’Anthropologue et la politique(2011), L’Ethnicisation de la France (2012) y Les Nouveaux Rouges-Bruns (2014) Al inicio de este último trabajo, escribe Amselle: «este libro nace de un sentimiento de urgencia, de miedo ante el avance de una derecha de los valores (…) Esta configuración rojiparda tiene esto de inquitante: tiende a propagarse en el paisaje intelectual en su conjunto, porque tiende a llenar el vacío dejado por la muerte de las ideologías, sobre todo de aquella que formaba el corazón de la izquierda, el marxismo».

El año pasado, justo en las páginas de Il Manifesto (del 19 de septiembre de 2014), hablaba usted de una categoría que había introducido en el debate: los «rojipardos». Los rojipardos son «nuevos» intelectuales habilísimos en constituirse como falsa oposición crítica, siempre bien «mediatizada», pero siempre capaz de presentarse como irregular y fuera de esquemas. Tras los hechos de París, ¿ve usted una reubicación de los «rouge-bruns»?

Nos encontramos en el estado de confusión más total, en virtud del hecho de que tenemos verdaderas dificultades para analizar la naturaleza del Estado islámico. Este posee características ambiguas: es un «Estado» de tipo fascista, animado por una pulsión de muerte, pero al mismo tiempo es la única fuerza contrahegemónica frente a Occidente. Hablamos por lo tanto de un Estado nacionalista-musulmán, pero a la vez, internacionalista. Este sencillo hecho vuelve frágiles los clásicos análisis ortodoxos de la extrema izquierda. La postura del NPA (Nuevo Partido Anticapitalista), por ejemplo, que ve en los atentados del 13 de noviembre una reacción al imperialismo, ilustra bien a este respecto las dificultades de desarrollar una respuesta marxista coherente fuera de antiguos esquemas que ahora ya no funcionan.

La confusión «rojiparda» nace de este problema y está bien representada por Michel Onfray, filósofo de escritorio y teclado, cercano en otras cosas al NPA, que ha atribuido recientemente al Corán la responsabilidad de la violencia yijadista, sosteniendo al mismo tiempo que los atentados del Daesh son una respueta al imperialismo occidental.

Otro representante de la esfera de influencia «rojiparda», Jean-Pierre Chevènement, convoca a una «República enérgica», mientras Jean-Paul Brighelli, viejo personaje de la extrema izquierda pasado a la extrema derecha antisemita, autor de un libro significativamente titulado Voltaire ou le Jihad, pide por su parte que se suspendan algunas libertades y se instaure un Estado fuerte. Por último, last but not least, Michel Houellebecq, viejo gauchiste, autor islamófobo de éxito – pensemos en su Sumisión [su novela más reciente, Anagrama, Barcelona, 2015]– que en un artículo del Corriere della Sera fustiga tanto a la derecha como a la izquierda, preparándole el terreno a Marine Le Pen. En un sentido general, podríamos decir que toda una franja de la intelligentsia está a punto de virar al racismo, pero por debajo de alguna cobertura.

¿Qué cobertura? Parece que los nombres que da usted son sólo la vanguardia que se ve de una reubicación general que está próxima…

La cobertura de la legitimidad del debate, de la libertad de expresión, de la lucha contra lo «políticamente correcto», de la defensa de la laicidad, cosas que no llevan a defender otra cosa que los valores de una Francia «blanca» y «cristiana», hasta en el ámbito culinario, como es el caso del fenómeno que algunos llaman «kebabofobia».

Tras el 13 de noviembre, hemos visto aparecer en Facebook retratos e imágenes en sus perfiles sobre un fondo tricolor. Pero el nacionalismo no es únicamente francés, es también europeo y regionalista. Todo esto no hace otra cosa que llevar agua al molino de Hollande, que se está presentando como un George Bush en salsa francesa, apuntalando así los fundamentos de un Estado seguritario y liberticida. Veremos una Patriot Act à la française, en suma, un «estado de guerra».

Tal vez estamos ya en ello, pero no lo sabemos todavía. En el fondo, toda guerra es hoy una guerra impura que se libra por cualquier medio, y cualquier medio, anulando la célebre máxima de Clausewitz, no es otra cosa que una prótesis de guerra…

A lo que asistimos es a la aceleración del deslizamiento del paisaje político hacia la derecha y la extrema derecha, favoreciendo las posturas más paradójicas. Corriendo junto a Sarkozy e Marine Le Pen, Hollande corre sencillamente el riesgo de hacerle ganar terreno a ambos en las próximas elecciones presidenciales.



También la idea de «multiculturalismo» liberal ha entrado en crisis en Europa. Muchos de quienes se encuentran militando en Daesh vienen de una segunda o tercera generación de emigrantes. Son  por tanto personas que en el plano formal han vivido todo el proceso de la integración liberal…

Oficialmente, en Francia el multiculturalismo no tiene carta de ciudadanía, aunque esté presente en las disposiciones de Estado. Pero no es solamente el multiculturalismo liberal el que se salta. Recordemos un punto crítico que a menudo queda en la sombra en la discusión: muchos yijadistas provienen de familias no musulmanas. El problema, entonces, es que las sociedades occidentales, Francia entre ellas, no ofrecen ninguna perspectiva ni futuro alguno a los jóvenes. No hablo sólo en términos de empleo y trabajo sino también en términos de encuadramiento intelectual. Ya no hay un «relato nacional» coherente, ya no hay partidos, ni sindicatos ni escuelas, ni servicio civil o militar, nada que sea capaz de dar  sentido a la existencia de estos muchachos. En un contexto semejante, el culto del dinero promovido por el liberalismo no basta para ordenar la vida de estas generaciones. Este vacío abre las puertas a ideologías de tipo espiritualistia y “new age” que hoy prosperan y florecen. Del mismo modo, la seducción que ejerce Daesh sobre cierto número de chicos y chicas puede explicarse así, aunque esto les conduzca a los actos más horribles.

Hasta el discurso sobre la «laicidad» como antídoto del «fanatismo» se vuelve paroxístico en esta situación…

La laicidad, según el modelo francés, no se podía comprender si no es en relación con la lucha contra una religión hegemónica: el catolicismo, considerado a la manera de un «opio del pueblo». Hoy la religión o, mejor, lo religioso se ve como «el suspiro de la criatura oprimida», por retomar la expresión de Marx. El Islam se inscribe in esta perspectiva y todo esto obviamente se vincula con el desarrollo ideas postcoloniales.

Entre los efectos perversos del postcolonialismo estaría el riesgo de etnicizar los conflictos. Pero en el contexto actual, tampoco la cuestión de los derechos humanos está libre de insidias…

Lo que hacen los postcoloniales es rebelarse contra la imposición de los de los derechos humanos en su totalidad, puesto que juzgan estos derechos de inspiración occidental. Le pongo un ejemplo: algunos homosexuales de los países del sur protestan contra el hecho de que las organizaciones gay occidentales quieran imponerles el coming out[“salir del armario”] a los homosexuales del sur se apoyan en el hecho de que en su sociedad la homosexualidad es un asunto privado y no debe mostrarse en la plaza pública.

En la Ethnicisation de la France habla usted de una fragmentación del cuerpo social. Fragmentación que enfrenta uno contra otro a dos segmentos de la población: identidad mayoritaria contra identidad minoritaria. ¿Cree que tras los sucesos de París asistiremos a una radicalización de esta división? 

Pienso que la guerra emprendida contra Daesh bombardeando Irak y Siria, pero también las intervenciones en Malí y en la República Centroafricana, intervenciones directas contra el Islam radical, no pueden hacer otra cosa que alimentar un flujo cada más importante de yijadistas dirigidos  a Oriente Medio o a operaciones en suelo francés. Por una serie de razones, Francia es el talón de Aquiles de Occidente y por esta razón la ataca Daesh. Por otro lado, va de suyo que los atentados suscitan ya reacciones islamófobas y acentúan la división entre las poblaciones venidas del mundo árabe-musulmán, independientemente de su nacionalidad francesa o meno, que se consideran «français de souche» [“franceses de pura cepa”]. Pero esta islamofobia no impide que se perpetúen otras formas de racismo, como el antisemitismo.




Identidad, una palabra peligrosa. Pero hoy estamos ya también más allá respecto a este peligro y en el espacio público, amén de en el  debate político, hemos pasado a la cuestión de la identidad en guerra. El espacio social parece ya desaparecido de nuestro horizonte…

Creo que todo se está conjuntando de modo tal como para hacernos entrar en una «guerra de civilizaciones». En este proceso se pone entonces la identidad en primer plano. Lo social va dejando poco a poco paso a lo racial. Con gran satisfacción de los postcoloniales. Esta posición quedó claramente expresada el 31 de octubre, en París, en la «Marcha de la dignidad contra el racismo». Estaban todas las organizaciones postcoloniales, con excepción de las organizaciones antirracistas universalistas. Lo que se cuestiona en algunos sectores de las poblaciones discriminadas, al menos a través de  sus portavoces, es la idea de que el universalismo es «blanco», de que existe por tanto un «privilegio bianco», que permite escapar del racismo. Si actuamos así, nos metemos en un callejón sin salida del que debemos salir. Por esto es por lo que debemos luchar.


es un antropólogo africanista de la estirpe de los grandes sabios marxistas franceses Claude Meillassoux y Maxime Rodinson. Inteligente defensor de la ciencia social y la historiografía clásica frente al asalto relativista posmoderno, poscolonial y subalternista (véase en SinPermiso la reseña de su libro de 2008 El Occidente descolgado, un formidable alegato científico y metodológico contra esas corrientes académicas en boga en las últimas décadas), su último libro (2011) es un lúcido ensayo sobre las consecuencias ideológico-políticas de la Etnización de Francia.

Fuente:
Il Manifesto, 24 de noviembre de 2015
Traducción:
Lucas Antón




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domingo, 29 de noviembre de 2015

El oscuro legado de Juan Carlos de Borbón / Enric Llopis





Reseña de “Juan Carlos, un rey con antecedentes” (Akal), de Iñaki Errazkin

El 22 de noviembre de 1975, hace 40 años, se produjo la coronación de Juan Carlos de Borbón como rey de España. Para conmemorar el aniversario, medios oficiales como Televisión Española informaron del legado político del monarca: su papel protagónico en la transición, la oposición a los militares díscolos el 23-F, el poder “moderador” que permitió cuatro décadas de prosperidad y convivencia, y algunos livianos errores por los que cabalmente el rey se disculpó, hasta que finalmente cedió el cetro a su hijo, Felipe VI. Frente a las hagiografías y las visiones rosa que acompañaron casi hasta el final a la monarquía juancarlista, el periodista, escritor y, tal como se define, “militante por la libertad de expresión”, Iñaki Errazkin, ha escrito un pequeño ensayo de 90 páginas, “Juan Carlos, un rey con antecedentes”, publicado en la colección A Fondo de la editorial Akal. El autor rastrea en el libro algunas de las fuentes que trabajosamente, y a contracorriente, han revelado la otra biografía de Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias. Es decir, “el sucesor del dictador Francisco Franco, un monarca protegido por una Constitución hecha a su medida, lo que le ha permitido zascandilear a sus anchas, sabiéndose impune”, apunta el periodista en la introducción.

Errazkin titula el capítulo IV del ensayo “De pobretón a millonario”, basándose en un artículo publicado en 2012 por Juan José Morales en la revista mexicana “Gaceta del Pensamiento”, “De mendigo a monarca multimillonario”. Durante décadas las informaciones sobre el proceder del rey, que fueran más allá de la pompa y el incienso, había que buscarlas en publicaciones extranjeras. Así, el citado artículo, que califica al monarca de “noble” y “archimultimillonario”, se remite a una estimación de la revista Forbes del año 2003 sobre la fortuna de don Juan Carlos: 2.500 millones de euros. La revista no llegó a circular por el estado español. En febrero de 2003, otra revista, EuroBusiness, sitúa al rey en la posición 112 dentro de los 300 personajes más ricos de Europa. Lo de menos eran los siete millones de euros del presupuesto de la Casa Real.


Lo que comúnmente se desconoce son sus fincas, colecciones de arte y extensas propiedades de todo tipo. Cuando en 2012 otra fuente extranjera, The New York Times, indagaba en la fortuna regia, que tasaba en 1.800 millones de euros, añadía un detalle de interés: los bienes con los que Juan Carlos I accedió al trono eran escasos.

Fundador y presidente de la asociación “Pensamiento Libre”, editora del periódico digital “Insurgente”, Iñaki Errazkin ya buceó en los entresijos de la monarquía en otro libro, “Hasta la coronilla. Autopsia de los borbones”, publicado por Txalaparta en 2009.

El periodista indaga en la realidad que se esconde en los sótanos del palacio, fuera de los focos y las visiones amables, como la que ofrecía, coincidiendo con el 40 aniversario de la coronación de don Juan Carlos, el periódico La Razón. Este diario daba cuenta de la visita del rey “emérito” al rastrillo solidario de Nuevo Futuro el 22 de noviembre, junto a su hermana Pilar, donde -según informa el rotativo- llegó triunfalmente entre aplausos, se hizo fotografías con niños, “selfies” y fue saludado con gritos de “¡Viva el rey!”. Pero el autor de “Juan Carlos, un rey con antecedentes” pone la lupa en otros frentes, por ejemplo, la comunión entre la familia regia y la banca privada española, sobre todo con banqueros como Mario Conde, Emilio Botín o José Ángel Sánchez Asiaín. “No ha habido reunión importante del Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC), representado por las principales multinacionales patrias, que no haya contado con la presencia de Juan Carlos de Borbón”.

Otra de las fuentes a las que recurre el autor es el periodista especializado en asuntos financieros Jesús Cacho. Las informaciones publicadas en “El Confidencial” por este veterano periodista revelan que el marqués Juan Miguel Villar Mir, propietario de la constructora OHL y actualmente imputado por el caso “Son Espases” (amaños en la adjudicación de las obras de un hospital en Palma de Mallorca), es una de las personas que proporcionó más ayuda financiera al rey. “En los últimos tiempos el grupo OHL se muestra particularmente activo en las monarquías de la península Arábiga y el golfo Pérsico, donde Juan Carlos I es considerado un hermano”, escribe Cacho en un párrafo del artículo reproducido por Iñaki Errazkin. Días después Jesús Cacho fue destituido como director de “El Confidencial”. En mayo de 2015 el presidente de OHL afirmó respecto a Podemos: “Lo que pide con expresiones marxistas-leninistas y de apoyo bolivariano no caben en España; este país tiene un nivel de vida lo suficientemente grande para impedir que gane el comunismo”. Otro personaje influyente en la Transición y en el itinerario mayestático de don Juan Carlos fue Emilio Botín-Sanz de Sautuola y López, abuelo de Ana Patricia Botín-Sanz de Sautuola O'Shea, actual presidenta del Banco Santander.

El libro publicado por Akal dedica algunas páginas a detallar las grandes cacerías en las que se embarcaba el actual rey “emérito”. Por ejemplo, en marzo de 2004 el corresponsal en Varsovia de El Mundo relataba cómo después de descerrajarles varios tiros a una banda de faisanes, don Juan Carlos liquidó a un bisonte anciano en una reserva natural polaca. Siete meses después pulverizó con la escopeta a nueve osos en la región de Covasna (Rumanía). En 2006, durante las vacaciones estivales, cazó un oso en Rusia previamente alcoholizado. Aunque tal vez el safari más sonado, el de abril de 2012 en Botsuana, que además iniciaría la agonía de su reinado, fue algo más que una cacería de elefantes.

“El rey había viajado a tierras africanas, invitado por un millonario saudí, para matar elefantes junto a su última amante conocida, la plebeya empresaria alemana Corinna Larsen”, explica Iñaki Errazkin. El autor del ensayo cita como ejemplo del compadreo una información del portal “Espía en el congreso” de julio de 2014, titulada “El sablazo de Juan Carlos y Corinna al príncipe Salman (hermano del fenecido rey Fahd de Arabia Saudí) en su palacio de Marbella”. La noticia detallaba el logro de 110 millones de euros para un negocio del yerno del exmonarca, Iñaki Urdangarín. Precisamente las “comisiones” obtenidas de los consorcios petroleros, afirma el autor a partir de las indagaciones de Jesús Cacho, han constituido una de las principales fuentes de lucro para Juan Carlos de Borbón y Borbón-dos Sicilias.

El capítulo amatorio del ensayo de Errazkin no se limita a enunciar un listado “rosa”, que por lo demás prosigue la tradición de la estirpe borbónica: la Chunga, Sandra Mozarowski, Nadiuska, Raffaella Carrà, Paloma San Basilio, Bárbara Rey, Antonia Dell'Atte, Yvonne Reyes, Sara Montiel, Carmen Díez de Rivera.... El periodista rescata alguno de los casos ocurridos hace cuatro décadas, oscurecidos por el paso de los años, y que trascienden la condición de reales amoríos. Sandra Mozarowsky, una actriz menor de edad, falleció en diciembre de 1977 al ser arrojada por el balcón de su piso en Madrid. “Las sospechas recayeron en los Servicios de Seguridad del Estado, pero la autoría del crimen sigue siendo oficialmente un misterio”, explica el autor de “Juan Carlos, un rey con antecedentes”. La relación con la actriz y vedette Bárbara Rey también se acabaría convirtiendo en un “problema de estado”. Por otro lado, la actriz Nadiuska resultaría “gravemente perjudicada”.

El ensayo puede leerse como una contra-biografía de la persona que oficialmente pilotó la Transición, también como un ejemplo de pensamiento crítico, entendido éste como la floración de realidades que el discurso oficial oculta. Así, el libro de Iñaki Errazkin incluye informaciones de periodistas como Manuel Cerdán, quien ha asegurado que Juan Carlos de Borbón es uno de los 32 españoles y 22 empresas hispanas con una parte de su patrimonio en cuentas suizas. O que existe una página en la red social Facebook, titulada “Conoce la verdad de por qué abdicó Juan Carlos I”, editada por un exagente del CESID con muchos años de prisión a sus espaldas, que cita más de mil delitos comunes cometidos por don Juan Carlos en los últimos 30 años. El autor termina afirmando que el libro continuará... Y avanza posibles contenidos: “las relaciones de Juan Carlos con el Opus Dei y con la Orden de Malta, su implicación directa en el 23-F y en el terrorismo de estado, y un largo etcétera de atrocidades”.





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sábado, 28 de noviembre de 2015

CARTAS de ENGELS





CARTAS de ENGELS A JOSE BLOCH EN KÖNIGSBERG

Londres, 21- [22] de setiembre de 1890.

....Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta --las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas-- ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores, en el que, a través de toda la muchedumbre infinita de casualidades (es decir, de cosas y acaecimientos cuya trabazón interna es tan remota o tan difícil de probar, que podemos considerarla como inexistente, no hacer caso de ella), acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico. De otro modo, aplicar la teoría a una época histórica cualquiera sería más fácil que resolver una simple ecuación de primer grado.
Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en primer lugar con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia. Pero también desempeñan su papel, aunque no sea decisivo, las condiciones políticas, y hasta la tradición, que merodea como un duende en las cabezas de los hombres. También el Estado prusiano ha nacido y se ha desarrollado por causas históricas, que son, en última instancia, causas económicas. Pero apenas podrá afirmarse, sin incurrir en pedantería, que de los muchos pequeños Estados del Norte de Alemania fuese precisamente Brandeburgo, por imperio de la necesidad económica, y no por la intervención de otros factores (y principalmente su complicación, mediante la posesión de Prusia, en los asuntos de Polonia, y a través de esto, en las relaciones políticas internacionales, que fueron también decisivas en la formación de la potencia dinástica austríaca), el destinado a convertirse en la gran potencia en que tomaron cuerpo las diferencias económicas, [515] lingüísticas, y desde la Reforma también las religiosas, entre el Norte y el Sur. Es difícil que se consiga explicar económicamente, sin caer en el ridículo, la existencia de cada pequeño Estado alemán del pasado y del presente o los orígenes de las permutaciones de consonantes en el alto alemán, que convierten en una línea de ruptura que corre a lo largo de Alemania la muralla geográfica formada por las montañas que se extienden de los Sudetes al Tauno.
En segundo lugar, la historia se hace de tal modo, que el resultado final siempre deriva de los conflictos entre muchas voluntades individuales, cada una de las cuales, a su vez, es lo que es por efecto de una multitud de condiciones especiales de vida; son, pues, innumerables fuerzas que se entrecruzan las unas con las otras, un grupo infinito de paralelogramos de fuerzas, de las que surge una resultante --el acontecimiento histórico--, que a su vez, puede considerarse producto de una fuerza única, que, como un todo, actúa sin conciencia y sin voluntad. Pues lo que uno quiere tropieza con la resistencia que le opone otro, y lo que resulta de todo ello es algo que nadie ha querido. De este modo, hasta aquí toda la historia ha discurrido a modo de un proceso natural y sometida también, sustancialmente, a las mismas leyes dinámicas. Pero del hecho de que las distintas voluntades individuales --cada una de las cuales apatece aquello a que le impulsa su constitución física y una serie de circunstancias externas, que son, en última instancia, circunstancias económicas (o las suyas propias personales o las generales de la sociedad)-- no alcancen lo que desean, sino que se fundan todas en una media total, en una resultante común, no debe inferirse que estas voluntades sean == 0. Por el contrario, todas contribuyen a la resultante y se hallan, por tanto, incluidas en ella.
Además, me permito rogarle que estudie usted esta teoría en las fuentes originales y no en obras de segunda mano; es, verdaderamente, mucho más fácil. Marx apenas ha escrito nada en que esta teoría no desempeñe su papel. Especialmente, "El 18 Brumario de Luis Bonaparte" [*] es un magnífico ejemplo de aplicación de ella. También en "El Capital" se encuentran muchas referencias. En segundo término, me permito remitirle también a mis obras "La subversión de la ciencia por el señor E. Dühring" y "Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana" *[*], en las que se contiene, a mi modo de ver, la exposición más detallada que existe del materialismo histórico.
El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la [516] culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios, teníamos que subrayar este principio cardinal que se negaba, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar la debida importancia a los demás factores que intervienen en el juego de las acciones y reacciones. Pero, tan pronto como se trataba de exponer una época histórica y, por tanto, de aplicar prácticamente el principio, cambiaba la cosa, y ya no había posibilidad de error. Desgraciadamente, ocurre con harta frecuencia que se cree haber entendido totalmente y que se puede manejar sin más una nueva teoría por el mero hecho de haberse asimilado, y no siempre exactamente, sus tesis fundamentales. De este reproche no se hallan exentos muchos de los nuevos «marxistas» y así se explican muchas de las cosas peregrinas que han aportado....

Se publica de acuerdo con el texto de la revista "Der Sozialistische Akademiker".
Traducido del alemán.

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F. Engels CARTA A W. BORGIUS EN BRESLAU [1]



Londres, 25 de enero de 1894

Muy señor mío[2]:

He aquí la respuesta a sus preguntas:
1. Por relaciones económicas, en las que nosotros vemos la base determinante de la historia de la sociedad, entendemos el modo cómo los hombres de una determina sociedad producen el sustento para su vida y cambian entre sí los productos (en la medida en que rige la división del trabajo). Por tanto, toda la técnica de la producción y del transporte va incluida aquí. Esta técnica determina también, según nuestro modo de ver, el régimen de cambio, así como la distribución de los productos, y por tanto, después de la disolución de la sociedad gentilicia, la división en clases también, y por consiguiente, las relaciones de dominación y sojuzgamiento, y con ello, el Estado, la Política, el Derecho, etc. Además, entre las relaciones económicas se incluye también la base geográfica sobre la que aquéllas se desarrollan y los vestigios efectivamente legados por anteriores fases económicas de desarrollo que se han mantenido en pie, muchas veces sólo por la tradición o la vis inertiae[3], y también, naturalmente, el medio ambiente que rodea a esta forma de sociedad.

Si es cierto que la técnica, como usted dice, depende en parte considerable del estado de la ciencia, aún más depende ésta del estado y las necesidades de la técnica. El hecho de que la sociedad sienta una necesidad técnica, estimula más a la ciencia que diez universidades. Toda la hidrostática (Torricelli, etc.) surgió de la necesidad de regular el curso de los ríos de las montañas de Italia, en los siglos XVI y XVII. Acerca de la electricidad, hemos comenzado a saber algo racional desde que se descubrió la posibilidad de su aplicación técnica. Pero, por desgracia, en Alemania la gente se ha acostumbrado a escribir la historia de las ciencias como si éstas hubiesen caído del cielo.

2. Nosotros vemos en las condiciones económicas lo que condiciona en última instancia el desarrollo histórico. Pero la raza es, de suyo, un factor económico. Ahora bien; hay aquí dos puntos que no deben pasarse por alto:

a) El desarrollo político, jurídico, filosófico, religioso, literario, artístico, etc., descansa en el desarrollo económico. Pero todos ellos repercuten también los unos sobre los otros y sobre su base económica. No es que la situación económica sea la causa, lo único activo, y todo lo demás efectos puramente pasivos. Hay un juego de acciones y reacciones, sobre la base de la necesidad económica, que se impone siempre, en última instancia. El Estado, por ejemplo, actúa por medio de los aranceles protectores, el librecambio, el buen o mal régimen fiscal; y hasta la mortal agonía y la impotencia del filisteo alemán por efecto de la mísera situación económica de Alemania desde 1648 hasta 1830, y que se revelaron primero en el pietismo y luego en el sentimentalismo y en la sumisión servil a los príncipes y a la nobleza, no dejaron de surtir su efecto económico. Fue éste uno de los principales obstáculos para el renacimiento del país, que sólo pudo ser sacudido cuando las guerras revolucionarias y napoleónicas vinieron a agudizar la miseria crónica. No es, pues, como de vez en cuando, por razones de comodidad, se quiere imaginar, que la situación económica ejerza un efecto automático; no, son los mismos hombres los que hacen la historia, aunque dentro de un medio dado que los condiciona, y a base de las relaciones efectivas con que se encuentran, entre las cuales las decisivas, en última instancia, y las que nos dan el único hilo de engarce que puede servirnos para entender los acontecimientos son las económicas, por mucho que en ellas puedan influir, a su vez, las demás, las políticas e ideológicas.

b) Los hombres hacen ellos mismos su historia, pero hasta ahora no con una voluntad colectiva y con arreglo a un plan colectivo, ni siquiera dentro de una sociedad dada y circunscrita. Sus aspiraciones se entrecruzan; por eso en todas estas sociedades impera la necesidad, cuyo complemento y forma de manifestarse es la casualidad. La necesidad que aquí se impone a través de la casualidad es también, en última instancia, la económica. Y aquí es donde debemos hablar de los llamados grandes hombres. El hecho de que surja uno de éstos, precisamente éste y en un momento y un país determinados, es, naturalmente, una pura casualidad. Pero si lo suprimimos, se planteará la necesidad de remplazarlo, y aparecerá un sustituto, más o menos bueno, pero a la larga aparecerá. Que fuese Napoleón, precisamente este corso, el dictador militar que exigía la República Francesa, agotada por su propia guerra, fue una casualidad; pero que si no hubiese habido un Napoleón habría venido otro a ocupar su puesto, lo demuestra el hecho de que siempre que ha sido necesario un hombre: César, Augusto, Cromwell, etc., este hombre ha surgido. Marx descubrió la concepción materialista de la historia, pero Thierry, Mignet, Guizot y todos los historiadores ingleses hasta 1850 demuestran que ya se tendía a ello; y el descubrimiento de la misma concepción por Morgan prueba que se daban ya todas las condiciones para que se descubriese, y necesariamente tenía que ser descubierta.

Otro tanto acontece con las demás casualidades y aparentes casualidades de la historia. Y cuanto mas alejado esté de lo económico el campo concreto que investigamos y más se acerque a lo ideológico puramente abstracto, más casualidades advertiremos en su desarrollo, más zigzagueos presentará la curva. Pero si traza usted el eje medio de la curva, verá, que cuanto más largo sea el período en cuestión y más extenso el campo que se estudia, más paralelamente discurre este eje al eje del desarrollo económico.
El mayor obstáculo que en Alemania se opone a la comprensión exacta es el desdén imperdonable que se advierte en la literatura hacia la historia económica. Resulta muy difícil desacostumbrarse de las ideas históricas que le meten a uno en la cabeza en la escuela, pero es todavía más difícil acarrear los materiales necesarios para ello. ¿Quién, por ejemplo, se ha molestado en leer siquiera al viejo G. von Gülich, en cuya árida colección de materiales [4] se contiene, sin embargo, tanta materia para explicar incontables hechos políticos?

Por lo demás, creo que el hermoso ejemplo que nos ha legado Marx con "El Dieciocho Brumario" podrá orientarle a usted bastante bien acerca de sus problemas, por tratarse, precisamente, de un ejemplo práctico. También creo haber tocado yo la mayoría de los puntos en el "Anti-Dühring", I, caps. 9-11, y II, 2-4, y también en el III, cap. 1º en la Introducción, así como en el último capítulo del "Feuerbach".

Le ruego que no tome al pie de la letra cada una de mis palabras, sino que se fije en el sentido general, pues desgraciadamente no disponía de tiempo para exponerlo todo con la precisión y la claridad que exigiría un material destinado a la publicación....



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[1] Nombre actual: Wroclaw. (N. de la Edit.)
[2] Esta carta fue publicada por primera vez sin indicación del destinatario en la revista "Der Sozialistische Akademiker" («El académico socialista»), Nº 20, 1895, por su redactor H. Starkenburg. Por eso, en las ediciones precedentes se mencionaba sin razón a Starkenburg como destinatario.
[3] La fuerza de la inercia. (N. de la Edit.)
[4] Se trata de la obra de G. von Gülich titulada "Geschichtliche Darstellung des Handels, der Gewerbe und des Ackerbaus der bedeutendsten handeltreibenden Staaten unserer Zeit" («Descripción histórica del comercio, la industria y la agricultura de los más importantes Estados comerciales de nuestra época») publicada en varios tomos en Jena de 1830 a 1845.






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viernes, 27 de noviembre de 2015

La diplomacia de Hollande ha nacido muerta / Rafael Poch




La diplomacia de Hollande ha nacido muerta 


No es la coalición, sino la tensión entre potencias lo que tiene futuro en Siria

El Presidente francés, François Hollande, despliega estos días una enorme actividad encaminada a forjar esa “gran y única coalición” contra el Estado Islámico que los bárbaros atentados de París le han inspirado. El lunes recibió a David Cameron en París, el martes se encontró con Obama en Washington, ayer cenó con Merkel en el Elíseo y hoy recibe a Matteo Renzi antes de salir para Moscú a entrevistarse con Vladimir Putin. Esta actividad será inútil.

El motivo es que tal ofensiva no tiene la menor posibilidad ni intención de abordar el principal problema del momento: el sostén al enemigo declarado por parte de los Estados amigos del Golfo y de potencias de la OTAN, particularmente Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Turquía. La propia OTAN, como tal, está mucho más preocupada por los “avances” rusos -los insólitos desafíos militares de Moscú, primero en Ucrania y ahora en Siria- que por el Estado Islámico que militarmente no es gran cosa.

El viernes, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad la resolución francesa que llama a “redoblar y coordinar esfuerzos para prevenir y suprimir los actos terroristas cometidos por el Estado Islámico así como el Frente Al Nusra y los demás individuos, grupos, proyectos y entidades asociados con Al Qaeda y otros grupos terroristas”. Esa voluntad nace muerta mientras no se ponga orden en la coalición occidental. Y el problema es que eso no puede hacerse sin desestabilizar toda la geopolítica de occidente en la primera región energética del mundo.




En Siria hay tres fuerzas que combaten al espectro señalado por la resolución de la ONU: el régimen de Asad, dictatorial y sanguinario, los rebeldes kurdos y la aviación rusa. Las potencias occidentales y sus amigos del Golfo son hostiles a los tres; el cambio de régimen en Damasco ha sido hasta ahora la prioridad occidental, los rebeldes kurdos son bombardeados por Turquía, y el derribo del avión ruso y los apoyos que ha recibido en Bruselas y Washington, hablan por si solo. Y eso en la hipótesis más optimista de que no hubiera un acuerdo previo de Turquía con la OTAN respecto al derribo del avión.

Para quienes definen la estrategia belicista en Bruselas y Washington -que son los mismos- que Rusia se haya metido en el avispero sirio y que el ejercito de Asad avance posiciones gracias a ello, es mucho peor que el Estado Islámico. Respecto a Turquía y los amigos del Golfo, basta con echar un vistazo al documentado informe de Nafeez Ahmed, un conocido periodista británico de The Guardian, para comprender el alcance de la broma.

Turquía ha proporcionado miles de pasaportes falsos al Estado Islámico, incluido a sus brigadistas europeos que entran y salen de la UE como Pedro por su casa, como se ha demostrado trágicamente en París. Turquía ha permitido el tránsito de columnas islamistas por su territorio para atacar a los kurdos en la ciudad siria de Serekaniye, informó el año pasado Newsweek. “Comandantes del Estado islámico nos decían que no temiéramos nada porque había una plena cooperación con los turcos”, explicó un técnico de esa organización citado por el semanario. En los tribunales y diarios turcos, son abrumadoras las pruebas y testimonios de esa complicidad, tanto en tráfico de armas, como de personas y de petróleo a lo largo de la frontera. El periodista Ahu Ozyurt del diario Hurriyet ha explicado su “conmoción” al conocer los sentimientos pro Estado Islámico de los “pesos pesados del AKP -el partido de Erdogan- en Ankara. “Son como nosotros, luchando contra siete grandes potencias en la guerra de independencia”, señalaba uno de ellos. “Prefiero tener al Estado Islámico de vecino que no al PKK”, el partido kurdo, decía otro, citado en el mencionado informe de Nafeez Ahmed.

Mientras las modernas armas antitanque occidentales y la financiación llegan al Estado Islámico y otras franquicias integristas a través de los amigos del Golfo, y mientras el petróleo y las personas circulan a través de la frontera turca, en Occidente se asombran por la resistencia y la expansión del proclamado enemigo, cuya logística y economía cuenta con complicidades tan flagrantes como inconfesables. En el Bundestag la vicepresidenta Claudia Roth, una partidaria de las “intervenciones militares humanitarias” se asombra de que la OTAN haya consentido a Turquía el entrenamiento y la transferencia de armas para los guerrilleros integristas. Cuando en septiembre del año pasado, en la comisión militar del Senado de Estados Unidos se le preguntó al entonces militar número uno del país si algún Estado árabe “aceptaba” al Estado Islámico, la respuesta del General Martin Dempsey, presidente del Estado Mayor Conjunto, fue meridiana: “conozco a grandes Estados árabes que lo financian”.



El martes en Washington Hollande propuso a Barack Obama que se selle la frontera turco-siria, un propósito elemental dada la situación, pero el Presidente de Estados Unidos no estuvo nada receptivo al respecto. Su mensaje general, además de defender el derribo del avión ruso, fue que Rusia no puede ser un “socio fiable” mientras apoye a Bashar el Asad.
“Detrás de la idea de una “gran y única coalición” contra el Estado Islámico que Hollande abrazó en su marcial discurso de Versalles del día 16, “está la voluntad de los rusos de primar sobre los americanos en Europa y dividir a la OTAN”, advierte un experto americano en declaraciones a Le Figaro. La lógica de bloque, de hacer pagar caro a Moscú su desafío militar -en Ucrania y en Siria- pesa en Washington mucho más que cualquier veleidad de coalición. Ante estas señales el propio Hollande vacila. Su visita de hoy a Moscú, significativamente la última de la serie, no aportará nada.
Sin sus amigos, sus cómplices y sus flujos, en y desde Turquía, Arabia Saudita y Qatar, el Estado Islámico no tendría gran cosa que hacer. El problema de la OTAN es que no puede actuar de verdad contra el Estado Islámico sin fortalecer a Asad y a los rusos, lo que aún incrementa más la ambigüedad.
Un estudio de la Rand Corporation de Estados Unidos, institución estrechamente vinculada al complejo militar-industrial, evocaba en 2008 así el nudo de la aparente incongruencia: tras evocar la “fuerte dependencia” que las economías de los países industrializados tienen del petróleo de Oriente Medio, concluía que, “Estados Unidos tiene motivos para mantener la estabilidad y buenas relaciones” con esos países. Naturalmente, siempre y cuando estén en el cuadro de la geopolítica occidental.
No era el caso de Siria, que se alineó con un proyecto energético ruso-iraní, negándose a firmar en 2009 el proyecto de oleoducto para llevar crudo saudí hasta Turquía. En lugar de eso Asad firmó en 2011 un acuerdo de 10.000 millones para otro oleoducto desde Irán-Iraq hasta el Mediterráneo (es decir hasta la Unión Europea), vía Siria, con participación de Gazprom el gran consorcio energético ruso. Eso eran palabras mayores que invitaban a Europa hacia una mayor autonomía internacional, algo a evitar. Hoy el acuerdo nuclear de Occidente con Irán abre de par en par la puerta a ese proyecto.
Fue entonces, en 2011, cuando empezaron los problemas para Asad. 250.000 muertos después, todos bombardean un país que ya ha dejado de existir, generando ese tipo de desolación material que es el caldo de cultivo para nuevos y futuros monstruos.

Las  víctimas de París son inseparables del más de millón de muertos que se ha cobrado hasta ahora la desastrosa serie de guerras emprendidas después del 11-S neoyorkino.“Formamos parte del terrorismo porque en Oriente Medio vendemos armas y libramos guerras petroleras y gasísticas”, dice Oskar Lafontaine. “Hasta que los Obama, Merkel y Hollande no comprendan que las madres de Afganistán, Iraq, Siria, Yemen, y de todos los lugares en los que la “comunidad de valores Occidental” promueve guerras, lloran a sus hijos igual que las de París, no estaremos en situación de luchar contra el terrorismo”, dice Lafontaine.

“La causa del terrorismo está en las guerras entre potencias para controlar una zona del mundo en la que se produce una riqueza inmensa », dijo ayer Jean-Luc Mélenchon en el Parlamento Europeo.

Así que, de momento, no va a ser la coalición de Hollande contra el Estado Islámico, sino la tensión entre potencias animada por el Imperio del Caos, lo que tiene un buen futuro en Siria. Hasta el próximo desastre.

Rafael Poch



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jueves, 26 de noviembre de 2015

Ingres, los terroristas del EI y el negocio de los rufianes de siempre... / ELOTRO




“Con palabras se disputa a gusto,
con palabras se arma un sistema”
(Palabras de Mefistófeles en el “Fausto” de Goethe)


Ayer, 24 de noviembre, visité la expo de Ingres en el Museo del Prado.  El pasado día 3 de octubre leí un interesante artículo titulado “El 'duty free' del arte para millonarios”. Y el pasado 23 de noviembre copié y pegué un artículo de Robert Fisk titulado “Lo que el EI gana con la destrucción de antigüedades” (1) en “Escomberoides”. Y desde que salí del Prado algo martilleaba de forma incesante y despiadada mi mente. Me refiero a esos tres “algos” en concreto que acabo de enumerar. A mí las obsesiones me asaltan siempre en comandita y por asociación, o sea, eslabonadas.  Aunque lo más probable es que sea mi propio cerebrito el que las agrupa o arrejunta. Para el caso es lo mismo, porque nunca falla, acaban apareciendo los nexos comunicantes, los pasillos o pasadizos más o menos ocultos que los relacionan, conectan, vinculan y, por fin, ensamblan, digo que los completan o, mejor dicho, se autocompletan en su interrelación. Elementos como el arte, las antigüedades, las grandes fortunas que nunca se sienten suficientemente grandes, la ambición insaciable que no conoce escrúpulos ni impedimento, el dinero (en el sentido que les daban Quevedo y Marx) el poder criminal a secas que opera emboscado, el robo por la fuerza con o sin disimulo, los saqueos no televisados, el terrorismo teledirigido… y Business, Business, Business…(En resumen, que todos ellos, los subordinantes y los subordinados, forman equipo y comparten entrenador y directiva; aunque vistan, por  el qué dirán los aficionados, distintas camisetas y distintos escudos e himnos).






Fisk nos cuenta “¿Por qué el Estado Islámico (EI) hace volar en pedazos los magníficos artefactos de la historia antigua de Siria e Irak?   La arqueóloga Joanna Farchakh tiene una respuesta única para este crimen único. En primer lugar, el EI vende las estatuas, los rostros de piedra y los frescos que tienen demanda entre compradores internacionales. Cobra el dinero, entrega las reliquias y hace estallar los templos y edificios de donde estas piezas provinieron para ocultar la evidencia de lo que fue saqueado”. Bueno, la opinión de esta arqueóloga no es precisamente la de un “experto” de esos que trabajan “en la sombra” para los gobiernos o los organismos internacionales y cuyo único “crédito” procede del amo para quien trabaja. Otra cosa es la prueba fehaciente  y tangible: la presencia de esas “obras” en las subastas (públicas o ilegales) o en las colecciones privadas y secretas de las grandes fortunas (públicas o privadas) o en los emblemáticos museos de los países imperialistas (Louvre, British, Pérgamo y toda la Isla de los Museos…) o, en su caso, colonizadores-saqueadores (España, Portugal, Austria, Holanda…).



O, atravesando uno de esos mentados pasillos o corredores comunicantes, en el estupendo, exclusivo y blindadísimo: “puerto franco de Luxemburgo, único lugar de la UE sin aduana ni impuestos, un almacén donde guardar (esconder, amatojar) arte” sin que nadie se pueda enterar de qué obras o piezas  se trata o de dónde proceden. Como lo leen amigos, en el mismísimo meollo de la culta y civilizada Unión Europea, una cámara acorazada donde cualquier ladrón, se entiende que potentado, puede alquilar su cámara acorazada donde guardar su rufianesco botín. Qué, piensan en todo o no piensan en todo los corruptibles burócratas de Bruselas (Y yo que me creía el único que vinculaba y enlazaba elementos aparentemente diversos y ajenos en su función). Amigos, el sanguinario capitalismo funciona. Cierto que algo mejor para unos, los menos, que para otros, los más, pero ese es un pequeñísimo inconveniente y, además, no es el tema: funciona y punto pelota. ¿Qué otro sistema económico puede decir lo mismo? Pues eso, que no hay alternativa. Ni, sépanlo, nunca y bajo ninguna circunstancia permitiremos que aflore, hay mucho botín, y es sólo nuestro, en juego.





Y también entroncado, el inmenso (sobre todo dibujante) y reaccionario Ingres con su arte al servicio del poder. En ese Museo del Prado también lleno de “donaciones” de mafiosos, ladrones o “amantes” del arte y las desgravaciones: Arango, Villar-Mir, Várez Fisa… En fin, lo cierto es que ningún espectador no avisado podrá percibir el olor a sangre que emana de esas obras tan generosamente “donadas”. Volviendo a Auguste-Dominique, digamos de entrada que es un pintor que me interesa mucho pero que me gusta muy poco. Me gusta bastante como dibujante,ciertamente magistral, incluso cuando se trata de ligeros esbozos. Para ilustrar esta opinión pondría como ejemplo el caso de un pequeño dibujo preparatorio del cuadro “El baño turco” de 1862, colocado justo al lado del famoso tondo. Se trata de la figura que vemos en primer plano a la izquierda con los brazos cruzados sobre la cabeza. En el dibujo la figura femenina posee y transmite “verdad”, una vitalidad “autentica” a flor de piel, una fuerza y una sensualidad que, por el contrario, en la “lamida” e inerte pintura, en la misma figura  brilla por su ausencia. Su empeño en “idealizar” la belleza, una estilización absolutamente afectada y remilgada, le aboca a una artificiosidad fría, engolada y hasta pedante, me atrevería a calificar a "lo baroja". Si contextualizáramos la obra de Ingres, el contraste con las aportaciones de sus contemporáneos, aún agravaría más la indigente valoración "estrictamente" pictórica que me merece su obra. Corramos un (es)tupido velo.

Abundando en la brecha, se puede ver en la muestra un enorme lienzo titulado “Napoleón I en su trono imperial” que, literalmente y según me encaré casi accidentalmente con él, me provocó una medio carcajada absolutamente irreprimible. Claro que el folleto oficial dice: “supo reflejar con maestría la imponente presencia de un emperador”. Ya comprenderán que el escriba laudatorio habla de propaganda política, no de la patética pintura. En fin, me gustaría añadir que precisamente unos días antes de la inauguración sucedió en París la gran matanza terrorista y la posterior campaña orquestada del miedo y la desinformación, y quizás por ello, la expo del pintor francés con obras procedentes en su totalidad de los museos franceses, visibilizaba un enorme despliegue de ¿medidas de seguridad?, armas espectaculares y policias de talla especial, además de más de un vigilante de sala que delataba ser poco habitual de los museos.

No quiero terminar sin insistir en el motivo que me ha llevado ha perpetrar esta entrada, o sea, a enfatizar la idea de que nada en esta sociedad es un hecho aislado, es algo que empieza y termina en sí mismo, sino más bien que todo, absolutamente todo, esta interelacionado y, por lo tanto, si queremos de verdad conocer y comprender, si de verdad deseamos disponer de los elementos necesarios para poder formarnos una opinión mínimamente fundamentada (Aprehender el porqué de las cosas), es imprescindible ir más allá de una mirada parcial, mutilada, y superficial que es la que ofrecen masiva y generosamente los medios de desinformación y persuasión.



Pude leer en un blog vecino un comentario del típico memo buenista que, a la vista de las imágenes de los destrozos que en aquellos budas gigantes infligieron los mercenarios talibanes, llegaba a justificar y a celebrar, el robo y saqueo perpetrado por los imperios coloniales ingleses, franceses y alemanes… alegando que los bárbaros nativos nunca hubiesen conservado convenientemente las obras de arte que les tocó en suerte “poseer” (Quizás por eso ahí llevaban miles de años). 



Esa milonga con flecos criminales es la que desmonta Robert Fisk pero, a nuestro burguesito cultureta, lo que de verdad le ocurre, como lo pienso lo escribo, es que se siente un orgulloso representante de una clase medianamente privilegiada que tiene interiorizada la superioridad egocéntrica del simiesco europeo típico y tópico, ese que confunde, a sabiendas, la caridad con la justicia y que sabe que su “elevado” nivel de vida se sostiene sobre la explotación criminal de millones de seres “inferiores, incultos y de color o por lo menos morenos o agitanados”. Aunque, claro está, no se lo confiese a sí mismo ni siquiera en privado. Es la clase media, la mercancía más eficaz, para sus intereses, que ha producido el capitalismo: pura escoria.

ELOTRO

“El ‘valor’ no es una ‘cosa’  ni una sustancia físico-química,
sino una relación social”
(Marx, hablando de la mercancía)


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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ricardo Piglia, “Los diarios de Emilio Renzi”




“Los diarios de Emilio Renzi”


“Podría por ejemplo contar mi vida a partir de la repetición de las conversaciones con mis amigos en un bar. La confitería Tokio, el café del Ambos Mundos, el bar El Rayo, la Modelo, Las Violetas, el Ramos, el café La Ópera, La Giralda, Los 36 billares..., la misma escena, los mismos asuntos. Todas las veces que me encontré con amigos, una serie. Si hacemos algo –abrir una puerta, digamos– y pensamos después en lo que hicimos, es ridículo; en cambio, si observamos desde un mirador la reproducción de lo mismo, no hace falta nada para extraer una sucesión, una forma común, incluso un sentido. Su vida se podría narrar siguiendo esa secuencia o cualquier otra parecida. Las películas que había visto, con quién estaba, qué hizo al salir del cine; tenía todo registrado de un modo obsesivo, incomprensible e idiota, en detalladas descripciones fechadas, con su trabajosa letra manuscrita: estaba todo anotado en lo que ahora había decidido llamar sus archivos, las mujeres con las que había vivido o con las que había pasado una noche (o una semana), las clases que había dictado, las llamadas telefónicas de larga distancia, notaciones, signos, ¿no era increíble? Sus há- bitos, sus vicios, sus propias palabras. Nada de vida interior, sólo hechos, acciones, lugares, circunstancias que repetidas creaban la ilusión de una vida. Una acción –un gesto– que insiste y reaparece y dice más que todo lo que yo pueda decir de mí mismo.



En el bar donde se instalaba al caer la tarde, El Cervatillo, en la mesa de la ochava, contra la ventana, había colocado sus fichas, un cuaderno y un par de libros, el Proust de Painter y The Opposing Self de Lionel Trilling, y al lado un libro de cubierta negra, una novela, por lo visto, con frases elogiosas de Stephen King y Richard Ford en letra roja. Pero se había dado cuenta de que debía empezar por los restos, por lo que no estaba escrito, ir hacia lo que no estaba registrado pero persistía y titilaba en la memoria como una luz mortecina. Hechos mínimos que misteriosamente habían sobrevivido a la noche del olvido. Son visiones, flashes enviados desde el pasado, imágenes que perseveran, aisladas, sin marco, sin contexto, sueltas y no podemos olvidarlas, ¿estamos?, se reía Renzi. Estamos, dijo, y miró al mozo que cruzaba entre las mesas. ¿Otro blanco?, dijo. Pidió un Fendant de Sion..., era el vino que tomaba Joyce, un vino seco, que lo dejó ciego. Joyce lo llamaba la Archiduquesa, por el color ambarino y porque lo tomaba como quien pecaminosamente –a la Leopoldo Bloom– bebe el néctar rubio de una núbil muchacha aristocrática que se agacha desnuda, en cuclillas, sobre una ávida cara irlandesa. Venía Renzi a este bar –que antes se llamaba La Casa Suiza– porque en los sótanos guardaban, al fresco, varias cajas del vino joyceano. Y con su pedantería habitual citó, en voz baja, el párrafo del Finnegans celebrando esa ambrosía... Era una radiografía de su espíritu, de la construcción involuntaria de su espíritu, digamos mejor, dijo, e hizo una pausa; no creía en esas pamplinas (subrayó), pero le gustaba pensar que su vida interior estaba hecha de pequeños incidentes. Así podría empezar por fin a pensar en una autobiografía. Una escena y luego otra y otra, ¿no? Sería una autobiografía seriada, una vida serial... De esa multiplicidad de fragmentos insensatos, había empezado por seguir una línea, reconstruir la serie de los libros, «Los libros de mi vida», dijo. No los que había escrito, sino los que había leído... Cómo he leído alguno de mis libros podría ser el título de mi autobiografía (si la escribiera)”.

Ricardo Piglia, “Los diarios de Emilio Renzi”


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