jueves, 14 de enero de 2016

La crucifixión de la CUP / Antonio Torres





Actores políticos por diversos y diferentes motivos, han coincidido en la expiación de sus propios pecados en un cuerpo ajeno: la CUP.

No soy cristiano, soy ateo convencido, y aunque soy andaluz y nada más que andaluz, la Semana Santa es una de las expresiones culturales de Andalucía que menos me llaman la atención, aun reconociendo su valor como expresión cultural andaluza y su interés. Inevitablemente, me  he criado en un ambiente católico y de religiosidad popular andaluza que marca de alguna manera mi imaginario y mi visión global del mundo, aunque a veces no lo quiera. Quizá, por eso, no puedo  evitar que después del acuerdo firmado entre la CUP y Junts pel Sí, y visto las reacciones que se han desatado,  haga una asimilación entre la CUP y la imagen del Cristo crucificado.

La CUP crucificada como forma de expiar los pecados, o más bien como forma de expiar los  pecados ajenos. A todo esto, para quien no lo sepa,   expiar  puede significar sufrir un castigo por haber cometido  una falta, delito o culpa, pero también purificar una cosa profana.

Desde el pasado sábado por la tarde noche 9 de enero, por cierto, día de San Eulogio, aquel cordobés que sufrió supuestamente un terrible martirio a manos de sus paisanos musulmanes, se han sucedido toda clase de reacciones contrarias al acuerdo entre la CUP y Junts pel Sí, en las que en muchas ocasiones la expresión “bajada de pantalones”  era lo más suave que se podía leer, sin olvidarnos de la palabra “traición”.

Sin embargo, está dando la sensación de que diversos actores políticos por diversos y diferentes motivos,  han coincidido en la expiación de sus propios pecados en un cuerpo ajeno: la CUP.
Tenemos a la congregación para la doctrina de la fe marxista-leninista, con todos sus miembros enzarzados permanentemente en las redes sociales en eternas discusiones convertidas en viajes a ninguna parte, en los que el legado comunista marxista-leninista es convertido en su contrario: en letra muerta. Muere el materialismo dialéctico para convertirse en idealismo, mientras la ideología deja de ser una guía para la acción, pasando a ser una suerte de recetario valido pare cualquier lugar y circunstancia. La ideología muere cuando no tiene una traducción política en una realidad espacial y temporal concreta. Los deseos para algunos han de convertirse en realidad por arte de magia y cuando esos deseos no se hacen realidad, la contradicción se resuelve fácilmente: la culpa es de la realidad y de quienes, con errores y limitaciones, pretenden transformarla. De alguna manera, la CUP está muriendo en la cruz por ellos, expiando sus pecados.





Por otro lado, tenemos tanto a los relativistas y agnósticos, como a los hipócritas, es decir,  los que profesan la fe solo en apariencia. Los primeros se han olvidado de la ideología, nos ofrecen juegos de palabras, significantes vacíos dicen; para ellos, no hay guía para la acción, sino relatos sobre la realidad.

El “cambio”- significante vacío- dependerá del relato que se difunda en los platós de televisión y la hegemonía que a partir de ellos se construya, pero nunca de la organización y la movilización popular, métodos asociados con la antigua manera de hacer política que ellos desechan. La CUP para ellos es un enemigo a batir, un estorbo que creen ya eliminado por haber entrado en la “política de verdad”, para ello, en su cinismo, incluso echan mano de argumentos propios de la congregación para la doctrina de la fe marxista-leninista: ¡la CUP prioriza lo nacional a lo social!¡han renunciado a la agenda social! ¡han pactado con corruptos, con los hijos del pujolismo!  Hablan de las renuncias de la CUP, mientras ocultan las propias: sus renuncias a cambios sin significantes vacíos, es decir, a cambios más allá de lo cosmético, y clarificadora su solidaridad con el hermano  Tsipras en Grecia (¿lo de Tsipras no es una traición, lo de la CUP sí?);  y también sus futuros pactos, porque pactar pactarán, tarde o temprano, y ya veremos en qué términos.

Los segundos, mantienen una religiosidad de apariencia, hoces y martillos y retratos de Marx, Lenin y el Che solo en fiestas de guardar. Son hipócritas, tremendamente hipócritas, y con una memoria selectiva: se olvidan del pacto con el PSOE en Andalucía y de los dolorosos recortes que pusieron en marcha, se olvidan incluso del tripartito en la propia Catalunya, y ya ni recuerdan lo más mínimo aquel pacto entre Paco Frutos y Joaquín Almunia, como recientemente recordaba en las redes sociales el compañero Diego Cañamero.

El caso es que con tanta crucifixión y con tanto aprendiz de soldado romano lanceando el cuerpo de Cristo hay cosas que están pasando desapercibidas, entre tanto ruido y entre tanta interpretación torticera del acuerdo entre la CUP y Junts pel Sí:
Con el No de la CUP, Junts pel Sí, tanto CDC como ERC, pero especialmente CDC, se encontraban en una situación cómoda, si el proceso descarrilaba era culpa de la intransigencia de la CUP y de su nulo sentido de país. Con el No de la CUP, los diferentes representantes políticos de la burguesía catalana tenían la excusa perfecta para renuncia al proceso y volver al redil del autonomismo, es decir, del régimen del 78.

Tanto si CDC cumple lo acordado como si no, la burguesía catalana se está jugando su hegemonía social. En el caso de cumplir con lo acordado, el abismo con la gran burguesía se abrirá, la tensión será mucho mayor, con mayores riegos de desinversiones, por no hablar de la situación en la que quedaría la futura República catalana respecto a la Unión Europea y la OTAN; demasiadas incertidumbres. En el caso de no cumplir el acuerdo, la culpa ya será exclusivamente suya, de los representantes políticos de la burguesía catalana, de su poco o nulo sentido de país.
La constitución de la República catalana, por mucho que lo niegue Juan Carlos Monedero (“Dudas razonadas sobre la decisión de la CUP”,http://www.comiendotierra.es/2016/01/11/dudas-razonadas-sobre-la-decision-de-la-cup/), puede abrir expectativas tanto dentro de Catalunya (e incluso de los Països Catalans), como fuera. Si tenemos en cuenta el punto anterior, o la futura República catalana avanza en posiciones socializantes o es abortada por la burguesía, no hay otro camino. Por otro lado, en el Estado español va a suponer un mayor desgaste del régimen del 78, y más aún si como consecuencia se propicia una gran coalición PP-PSOE; puede que en un momento dado el discurso reaccionario nacionalista español pueda tener cierta audiencia, pero teniendo en cuenta los graves problemas económicos y sociales que tiene que afrontar el Estado español, el discurso nacionalista reaccionario tiene fecha de caducidad.

Es más, aunque Juan Carlos Monedero no lo diga, esta situación beneficia a Podemos: el mejor escenario posible políticamente para Podemos es la gran coalición PP-PSOE, un escenario político en el que se profundizaría de forma irreversible la podredumbre del régimen del 78 y del bipartidismo.

Por supuesto, las declaraciones unilaterales de independencia, cuando no se cuenta con un poder imperialista detrás como ocurrió con las ex repúblicas soviéticas y yugoslavas, pueden tener corto recorrido, pero la opción de hacer esperar al movimiento nacional-popular catalán a que haya un cambio de gobierno en Madrid favorable a un referéndum vinculante tampoco ofrece mucha seguridad.




No quiero dar la impresión equivocada de que el acuerdo es perfecto, no lo es en absoluto, por supuesto, el acuerdo suscita dudas. El compromiso de la CUP a no votar junto a los grupos contrarios al proceso cuando esté en riesgo la “estabilidad”, queda en el aire, casi a la interpretación del momento, especialmente cuando se tengan que votar los presupuestos. Igualmente, la incorporación de dos diputados de la CUP a la dinámica del grupo parlamentario de Junts pel Sí puede acabar afectando a la cohesión interna del grupo parlamentario de la CUP.  Por último, no sé si será cierta o no la filtración hecha por la diputada de la CUP, Anna Gabriel, de la frase pronunciada en las negociaciones por el bando de Junts pel Sí: “la cabeza de un israelí (Mas) valía diez cabezas palestinas (CUP)”, quitando el mal gusto de la frase, no deja de ser una especie de declaración de intenciones amenazante  por parte de Junts pel Sí, que, de alguna manera se plasma en  el punto 4 del acuerdo:

“Hay que reconocer errores en la beligerancia expresada hacia Junts pel Sí, sobre todo en lo relativo a la voluntad inequívoca de avanzar en el proceso de independencia y en el proceso constituyente que conlleva, único escenario de construcción de estructuras y marcos de soberanía que nos puede permitir, como sociedad, vislumbrar otras cuotas de justicia social y participación democrática. Por todo ello, la CUP-CC se compromete a reconstruir, a todos los efectos, la potencia discursiva y movilizadora de la etapa política que se inicia con este acuerdo, incluyendo la defensa activa de todos los agentes que lo hacen posible.”.

Solo el tiempo y las dinámicas que a partir de ahora se desarrollen en favor de los derechos nacionales y para el bienestar global del pueblo trabajador catalán darán validez o no a este acuerdo, solo entonces nos daremos cuenta de los errores y los aciertos. Mientras tanto la crítica es legítima y necesaria, el debate sobre el acuerdo está la orden del día y no solo en los Països Catalans sino también aquí, en Andalucía, pero sin olvidarnos por un instante que la crítica más legítima que existe es la que se ejerce, no solo desde el respeto, sino desde la autocrítica.

A Jierro 24 Horas



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