domingo, 17 de enero de 2016

La Gran Estafa / Gregorio Morán




De todo este espectáculo de circo político que sitúa a las instituciones catalanas al borde de competir, y con gananciales, en la clase política más corrupta de esta zona europea del Sur, Sicilia por ejemplo, lo que más me llamó la atención no fueron los tres meses de chalaneo, ni las mentiras, ni la ocultación a la ciudadanía de lo que se estaba cociendo. No, nada de eso.

Para quienes hemos vivido el espectacular baile financiero del Palau, y el descubrimiento de que fuimos gobernados durante décadas por una familia de devotos delincuentes, lo que más nos conmovió no fue eso, sino algo que pasó desapercibido, porque vivimos en una sociedad construida sobre la base de que tenemos razón desde hace siglos. Verdad incontrovertible asumida incluso por los hijos de quienes vinieron aquí con una mano delante y otra detrás pero que asumieron el canon: “Somos la hostia y lograremos un día que vayamos donde vayamos lo tendremos todo pagado por el hecho de ser nosotros”, como escribió uno de los tontos más ilustres que ha dado este país, que no son pocos.

Lo que me dejó estupefacto es el califato que le montaron a un tipo que jamás nadie, ni él mismo, hubiera pensado que llegaría a ser nombrado presidente de la Generalitat por un procedimiento digno de una tenida siciliana en Catania, ni siquiera en Palermo, ciudad de postín. Ese mismo chico listo, Carles Puigdemont, buen conocedor de los usos del país desde el carlismo, designado digitalmente por los poderes fácticos de la mafia local, a las 18 horas del pasado domingo, apenas le cayó el dedazo, que dirían en México, ¿quieren ustedes creer que ya tenía a los plumillas más notorios de los medios de manipulación con una biografía terminada, en la que los elogios alcanzaban hasta su hermano, ¡pastelero conocido en medio mundo porque nació en Amer, un pueblecito de Gerona! La pastelería está tan ligada a nuestra cultura que tenemos poetas y hasta políticos, aunque por lo demás llamar “pastelero” a alguien suena a ofensivo a menos que se dirija a la CUP, que se han ganado en apenas tres meses el título de “maestros pasteleros del Principado”.



No conozco otro caso con tal velocidad para el elogio, desde el franquismo, al inefable periodista gallego, Victoriano Fernández Asís, insuperable en las entrevistas a las autoridades. Este país se está muriendo mientras las mamás, las suegras, las abuelas, todas esas señoras que adoran al querubín patriótico, no se cansan de escuchar las monsergas de sus criadas ejerciendo de plumillas. En estos días de humillación y vergüenza ciudadana debo destacar la excepción de Josep Cuní, que en una entrevista al inefable Joan Tardà –“el ogro del españolismo tertuliano”– logró convertir a este Pavarotti de la inanidad en una tórtola achicado por el peso de unas preguntas de verdad y unas respuestas dignas de un tartufo que no tenía instrucciones sobre qué decir; porque pensar es una tarea que le excede y para la que no cobra. Fue uno de los pocos momentos gratificantes durante unos días en los que el gremio periodístico cumplió su papel de querida sin amante conocido.



Cuando un president, como Artur Mas, ha llegado a su punto más bajo de humillación, consciente de que será pronto carne de tribunales como lo fue su padre, delincuente probado, como lo son sus instructores, la devota familia Pujol que le inventó y no cumplió las expectativas, cuando un hombre así ocupa el cargo más importante de una sociedad que se cree culta, honrada, respetuosa con las leyes y con los contratos en negro, que diga como resumen de la estafa: “Hemos logrado negociando lo que las urnas no nos dieron”, es que estamos en la vieja Sicilia tan vinculada a usos, costumbres e historias españolas.

El montaje de las elecciones autonómicas del año pasado exigiría un análisis minucioso que desvelaría la miseria política de una clase corrupta, dispuesta a todo para que no les retiren la impunidad. Un presidente que se presenta de número tres, o cuatro, ni me acuerdo. Sustituido por otro en aplicación del sindicato de las prisas, también número 3 por Girona. Música: unos pánfilos radicales que hacen de palanganeros para sostener la impostura. ¡Y ganan!, pero no lo suficiente. Ya es bastante que ganaran para demostrar a qué niveles de deterioro político hemos llegado. Les falló la ambición plebiscitaria que ellos mismos se habían planteado. ¡Qué sucedió para que todos consideraran que se pasaban los resultados del fallido plebiscito por el arco de triunfo y que la monja tornera, Carme Forcadell, declarara la República Catalana! ¡Qué importa la minucia de unos tantos por ciento si la historia nos pertenece! Estaba cantado. Cuando un supuesto grupo de izquierda se plantea el dilema de mejorar la situación de los trabajadores o nacionalizar los bancos, es obvio que no se hará ninguna de los dos cosas, pero a ellos los subvencionarán.



Seguí con interés esas negociaciones entre lo que creíamos nuevo –la CUP– y lo que de tan viejo y corrupto se caía, Convergència y la asociación de trepas rebotados de toda Catalunya, Esquerra Republicana, un partido que nació para la traición y la trampa. La gente joven, o no tanto, se pregunta cómo fueron posibles esos largos conciliábulos para llegar a convertirse en los caganers del belén que fueron durante la campaña electoral. Muy sencillo. El valor de una asamblea es efímero, como los bellos pensamientos. Luego está el tejido de intereses. Dan un pasito adelante los Julià de Jòdar, con una sencilla pregunta, ¿no sería mejor “para las clases populares” que alguno de nosotros aceptara el juego, mientras los demás conserváis las esencias? Ay, las esencias. Se van con el aire y están para eso. Un aroma, un instante, un guiño, un me he equivocado… pero a lo hecho, pecho, que queda mucha batalla por ganar.

El problema de los caganers electorales de la CUP consistió en que, embelesados por el espectáculo que se les ofrecía, se lo hicieron encima. El olor de la CUP durará más de lo que sus creadores pensaron nunca; la mierda, como el hedor, no se reparte, cada uno se queda con lo suyo. Otro dilema escolástico de la posmodernidad: hacerse a balón pasado. ¿Te acuerdas de lo divertido que era Baños, el rey de la improvisación, que siempre tenía respuesta para todo? ¿Y el abrazo de David Fernàndez a un Artur Mas exultante? En política el corazón, cuando se arruga, es que tiene pliegues que amenazan su supervivencia.

Mala época nos ha tocado vivir. Por sucia, sobre todo por sucia. Porque nadie quiere hablar claro y decir su aspiración: “Quiero seguir viviendo de la Generalitat en sus múltiples facetas, es lo mejor para mí y para Catalunya. Y como Catalunya y yo somos como madre e hijo, ¡qué tiene de malo proclamarlo! La independencia me promete una seguridad incontestable, y como no leo ni escucho más medios que los míos, es decir, los subvencionados por la Generalitat, no tengo razones para dudar”.
De momento hemos llegado a la denuncia y al chantaje. Un grupo de repre­sentantes periodísticos ha escrito a mi director exigiendo que mis artículos sean revisados (censurados) para no ofender a instituciones dentro de toda sospecha. El otro día, una señora a la que sólo conozco de encontrármela en el supermercado, me abordó para advertirme: “Nosotros (sic) sabemos muchas cosas sobre ti, y muy feas, y todavía no las hemos contado”.

Esto le puede pasar, y no es la primera vez, a todo el mundo, pero que añada con reiteración que es la mujer de Josep Gifreu, a quien no conozco ni creo haber ­visto en mi vida, pero que consultada la Wikipedia aparece como la máxima autoridad de la “ética periodística en Catalu­nya”… Confieso no haber leído de él en mi vida ni una línea pero figura o figuraba como “presidente del Comité de Control Ético de los Medios en Catalunya”.

Estamos en manos de delincuentes intelectuales seguros y bien pagados. Como los viejos franquistas, nos salvarán de nuestros pecados. Nos van a crujir.

Gregorio Morán




***

4 comentarios:

  1. Lo iba a colgar, pero no lo hago. He tenido mís problemas. Mí página se llama Totbarcelona y no es la primera vez que recibo alguna imprecación, sobre todo porque sigo a este señor de la misma forma forma que leo a Vila Matas y al que ahora encumbran pero en su tiempo tanto desagradó y escribio "los otros catalanes".

    Lo resumo todo en un párrafo, que para mí, hijo de las chabolas de Montjuich y de madre catalana, es muy importante:
    Se puede ser catalán y no independentista.
    Salut

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  2. Supongo, Miquel, que el autor a que te refieres es el gran Francisco Candel (emigrante valenciano que, leo, habitó en sus primeros tiempos en Barcelona, barraca o chabola en Montjuich), y al que por cierto tengo en lista de espera de lectura y relectura con varias de sus obras que, no sé muy bien por qué, han emergido con inusitada profusión en las casetas de las librerías de viejo de la madrileña Cuesta de Moyano. Ese maestro también a la hora de poner títulos: “Ser obrero no es ninguna ganga” o “Donde la ciudad cambia su nombre”, llenos de ecos metafóricos de indudable sentido y crítica social y cultural, más allá, quizás por eso, de estrechas concepciones nacionalistas y nunca, eso también, por encima de la realidad realmente existente: la lucha de clases.

    Sobre las imprecaciones que recibes de los energúmenos de siempre, de esos que decía Machado que, cuando por fin se deciden a utilizar la cabeza, no hacen otra cosa que embestir con la brutal ceguera de las bestias, qué quieres que te diga: en éste blog se suceden los intentos de fascistas, nazis y fanáticos de distintos pelajes que no tienen más argumento que el insulto y la amenaza de la manera más vil y cobarde: desde el anonimato. No merecen ni la saliva que se gasta. Que les den.

    Un saludo.

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  3. Supones bien.
    Él era de Casa Antunez, las barracas bajo el cementerio que daban al mar, en Montjuich; yo de Can Valero Petit, las barracas al otro lado del cementerio que daban a la ciudad, también en Montjuich.
    Como decía Blas de Otero, a mis sesenta y tres, ¡ leches ¡. (Él ponía una edad inferior).
    Juan Marsé, Vila Matas, Ferrer Lerín, Eduardo Mendoza...y cuantos y cuantos me dejo en el tintero que no son subvencionados ideológicos.
    El Sr Mas, con su miedo a "la trena", ha encarrilado lo que llama "el proces", que no es más que tirar pa´lante como sea, a costa de dividir el pensamiento familiar y fracturar a la sociedad.
    Es decadente que parte de la sociedad catalana no recuerde que este señor fue puesto a dedo por un banquero, hijo de banquero, en un partido creado por su padre, también banquero, y que ha estado rodeado de banqueros, todos, absolutamente todos procesados, imputados y algunos en la trena, Alaavedra y Prenafeta entre ellos. O sea, personas que de profesión no era la de políticos, sino la del dinero.

    Gregorio Morán es el único que se mantiene en La Vanguardia en una columna sabática, y que por lo que tengo entendido, es el único que ese día les hace ganar dinero a los acomodados de los Godó, lameculos del sistema parasitario de las subvenciones de la Generalititat. No lo han quitado porque es el "rara avis" y el que el más leído del día, y eso al Sr Godó le causaría más problemas que beneficios.

    Tenemos, sin embargo, los lunes, los martes, los miércoles, los jueves y los viernes y, a columnas impares, a varios cronistas "de la casa",militantes de partidos extintos, siempre con sabor "cassolá" y lamedores del contribuyente que son malos de solemnidad. Por eso no compro la Vanguardia cotidiana y si me dedico ha hacerlo los sábados, por el Sr Gregorio Morán.

    Salut...y por muchos años ¡¡

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    1. Por muchos años, un abrazo fraternal.

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